Continuamos con el maratón que nos llevará al final de esta historia. Disfruten la lectura =)
"Chapitre Vingt-huit"
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Decir que ese día había sido emocional era una sutileza. Kurt Hummel nunca había sentido tantas emociones al mismo tiempo como lo había hecho allí y entonces. Estaba confundido más allá de la creencia en la repentina aparición de Blaine, pero al mismo tiempo nunca se había sentido más feliz en toda su vida. Tenerlo ahí diciéndole que quería estar con él era increíble. Estaba tan enamorado de él.
Los dos permanecieron junto al barco sosteniéndose el uno al otro en el frío mientras observaban a la gente embarcarse, principalmente estaban besándose. La sensación de sus labios tocándose una y otra vez era increíble. Hacía que cada uno se sintiera más feliz de lo que nunca antes lo estuvo.
Kurt podía oír a Samuel llamándolos en francés e inglés para llevarlos a su destino. Por un momento estuvo confundido. ¿Qué iba a pasar? ¿Volvería a su vieja casa y Blaine a su lujoso hogar? No quería estar tan lejos, no quería que su amado dejase sus brazos, y mucho menos que estuviera tan lejos de él.
- Ehh… – Se mordió el labio sin saber qué decir, entonces Blaine lo acercó y presionó el rostro en su costado, frotándose contra su mejilla y nariz.
- Vive conmigo. – Susurró con voz ronca.
Los ojos azules se ensancharon cuando la propuesta que había deseado escuchar escapó de los labios de Blaine. ¿Pero, estaba seguro? Era muy pronto. ¡Oh, señor! Su corazón tronaba en su pecho.
- ¿Lo dices en serio? – No pudo evitar jadear, con los ojos muy abiertos mientras miraba hacia el hombre de quien estaba enamorado. Este le sonrió y lo acercó más, volviendo su agarre muy apretado y enterró el rostro en su cabello.
- Así es, lo digo en serio, no quiero estar lejos de ti nunca más. – Confesó con su voz suave como el terciopelo, y causó que el castaño temblara.
- Oh Blaine… – Susurró abriendo los ojos mientras la suave mano bronceada tocaba su mejilla, inclinándose para que se miraran.
- Te amo Kurt… – Musitó, provocando que otro escalofrío violento le corriera a través del cuerpo mientras cerraba los ojos, sintiendo la boca de su amado cubriendo la suya en un beso tierno.
Todo el aire salió de sus pulmones y sintió que sus piernas se debilitaban mientras envolvía sus brazos alrededor del cuello de Blaine, la nieve caía a su alrededor. Era perfecto… tan perfecto.
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~ Perspectiva de Kurt ~
- Sólo… voy a conseguir algo para ponerme. – Kurt dijo con un débil susurro, observando cómo Blaine se estiraba, trazando el camino de otra gota de agua que corría por su rostro.
Eran patéticos, incapaces de mantenerse alejados uno del otro durante todo el día.
No podía creer su suerte mientras se sentaron en el gran comedor. Los criados les llevaron los más deliciosos y exquisitos manjares. Al parecer el tiempo del diseñador en Japón había reavivado su amor por ese tipo de comida, lo cual era adecuado para él, ya que nunca había probado el sushi antes. Aun así, su parte favorita fue cuando Blaine lo alimentó. Se ruborizó y se rió, probando todos los platos.
Después de la comida ambos habían deseado limpiarse. Habían acordado llevar las cosas despacio entre ellos, así que aunque era difícil resistirse a tomar juntos un baño, decidieron que era lo mejor.
Kurt se había lavado primero, sintiéndose humano mientras se ponía de pie en el agua tibia y envolvía una gruesa y blanca toalla suave a su alrededor. Blaine había entrado entonces, desnudándose frente a él, haciéndolo ruborizarse locamente.
Aunque no regresó a la bañera, se arrodilló al lado de esta mientras el pelinegro se limpiaba y se relajaba.
El joven diseñador por supuesto que se había lavado un poco después de su largo viaje a París, pero el baño caliente se sentía increíble. Se estiraba, incapaz de dejar de tocar al hermoso castaño, y sus dedos errantes alternaban entre jugar con su cabello y trazar algunas gotas de agua sobre la piel de porcelana.
El ojiazul nunca se sintió tan cómodo, pero al mismo tiempo no podía quedarse ahí o no podría resistirse. Es por eso que mencionó tener que buscar algo de ropa.
Blaine ahuecó su mejilla, diciéndole que eligiera lo que quisiera. Kurt se ruborizó y le dio las gracias, inclinándose hacia adelante y presionando sus labios.
- Te amo. – Susurró antes de pasearse en su toalla para encontrar algo que ponerse. El diseñador sonrió y continuó bañándose, queriendo salir y volver a los brazos del joven al que amaba tanto.
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~ Perspectiva de Blaine ~
Blaine envolvió una gruesa toalla tejida alrededor de sus caderas después de que terminó de ducharse y afeitarse con su navaja recta en el pequeño espejo sobre el lavamanos de porcelana. Tuvo que limpiar el vapor tres veces antes de terminar. Deseaba haber tenido tiempo de cortarse el cabello antes de regresar apresuradamente a París, pero no había sido posible.
Con el cabello todavía húmedo y el cuerpo salpicado con gotas de agua terminó su rutina de baño. Estaba nervioso por unirse a Kurt en el dormitorio. Permaneció frente a la puerta cerrada durante varios minutos intentando componerse. El castaño había tomado su túnica de seda esmeralda cuando se había bañado antes, por lo que él iba a tener que encontrar algo para llevar a la cama.
Era temprano, justo después de la puesta del sol, pero ambos hombres estaban tan exhaustos que no tenían la energía para esperar mucho tiempo para acostarse. Kurt se quedaría en sus aposentos mientras él dormiría justo al final del pasillo.
Sintió un nerviosismo por Kurt desde que habían entrado en la habitación después de la cena.
El ojiazul estaba nervioso también. Era la primera vez que estaban completamente solos desde la confesión de sus nuevos sentimientos hacia él.
Empujando ligeramente la puerta, incapaz de esperar un momento más, Blaine se asomó a la habitación. Estaba helada, el fuego que su criado había encendido en la chimenea hacía mucho que se había enfriado. Tendría que volver a encenderlo para Kurt antes de retirarse a la habitación de invitados.
Sus ojos se posaron en la gran cama adornada con sedas de preciosas gemas, observó cómo estaba vacía, la luz de las velas titilaban en el dormitorio.
Por un momento su corazón se detuvo. ¿Se había ido? ¿Había cambiado de opinión? ¿Kurt no confiaba en él después de lo que le había hecho pasar?
Pero al examinar la gran cama, un sonido lo sobresaltó. Sus ojos se movieron hacia el ruido para encontrar al castaño inclinado sobre su tocador. Parecía que estaba husmeando a través de sus efectos personales. Blaine no pudo evitar sonreír como respuesta. Eran tan curiosos el uno del otro. Él conocía muy bien el sentimiento.
El de piel de porcelana chillaba mientras miraba bajo cada caja, tocando las joyas y piedras preciosas que encontraba. El diseñador se apoyó en la puerta, contento de mirar. Este llevaba su bata de baño de seda japonesa color zafiro oscuro. Era un estilo corto de kimono y debía usarse con pantalones debajo, pero el de ojos azules no llevaba nada, incluso sus pies estaban desnudos. Se mordió el labio percibiendo las piernas bien formadas de Kurt, sintiendo su estómago revoloteando con lo que ahora reconocía como deseo sexual.
Kurt estaba tocando todo sobre su tocador, incluso cogió una muestra de tela envuelta en una silla cercana. Era de un azul intenso con algo de verde brillando a través de este cuando la luz golpeaba, y se emparejó con los ojos del chico perfectamente. Blaine sonrió cálidamente mientras lo observaba colocarse la tela por encima de sus brazos y luego tocarla con el rostro. La estaba olfateando con los ojos cerrados, el deleite brillando en su rostro.
Cruzando los brazos sobre el pecho, el diseñador continuó admirándolo, disfrutándolo a fondo, especialmente porque Kurt pensaba que estaba solo y sin ser observado.
Blaine realmente pudo ver sus movimientos en ese momento. Era más parecido a Simone que nunca. La forma en que ronroneaba suavemente contra la lujosa seda, parado en punta de pies en el suelo de madera dura y fría de tal manera que solo emulaba a una mujer. Era fácil ver por qué había pasado por una hermosa cortesana durante tanto tiempo, y por qué él había sido engañado y se había enamorado.
Sus ojos como la miel siguieron la delgada línea de la espalda mientras Kurt se inclinaba de nuevo, la bata se deslizaba hacia arriba mostrando una pierna más larga. Respiró hondo mientras veía el comienzo de su trasero firme y curvilíneo. Era exquisito, cada parte de él era perfecta.
El castaño había encontrado más seda y la estaba palpando con las manos, poniéndola sobre su piel. La túnica que llevaba tenía grandes mangas voluminosas que casi le cubrían las manos, pero incluso aquellas eran bastante femeninas. Blaine no podía esperar a sentirlas por todos lados.
- Podría hacerte algo con esas telas. – Finalmente habló, su voz era profunda y ronca mientras resonaba por la habitación. Kurt se sobresaltó entonces, girándose para mirar al pelinegro presionado contra el marco del baño. – Ese color verde azulado quedaría extraordinario con tus ojos. – Le dijo suavemente mientras el chico se ponía nervioso y volvía a poner las telas sobre la silla donde las había encontrado. Sus mejillas ahora eran de un color rosa brillante y mantenía sus ojos alejados de él.
Al pasar por el piso de madera chirriante, llegó a su lado.
Kurt se movió angustiado, tocando su cabello húmedo antes de pasar su mano entera por su boca nerviosamente.
- No tengas miedo, mi amor. – Susurró Blaine. – Tengo curiosidad por ti.
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~ Perspectiva de Kurt ~
Le había tomado mucho a Kurt dejar a Blaine en el baño unos minutos atrás, pero habían acordado durante la comida tomar las cosas con calma. Sabía que si permanecía más tiempo podría hacer algo que lamentaría. Había tomado la bata de baño del joven, excusándose unos minutos con un beso en los labios. Le gustaba estar al lado de Blaine. Se sentía tan bien, pero también estaba un poco curioso acerca de este.
Desechó la toalla que adornaba sus caderas y tiró de la bata corta color zafiro alrededor de su delgado cuerpo. Tuvo que tirar de la cuerda alrededor del centro con fuerza para que se quedara incluso remotamente cerrada.
Se paró en la habitación del diseñador, mirando a su alrededor la decoración inusual. Este tenía tantas cosas que lo intrigaban, cosas que nunca había visto antes. Había largas y bellamente diseñadas espadas colgadas en la pared, las cuales distaban de las espadas de esgrima que estaba acostumbrado a ver, y se quedó mirándolas unos segundos antes de que algo más pudiera captar su atención.
Había un surtido de baratijas mundanas alrededor de la habitación también. Pequeñas cajas con los diseños más bellos e intrincados. Cogió una, abriéndola. Estaba vacía, pero la suave seda que se alineaba en el interior parecía agradable, y se estiró presionando los dedos sobre la preciosa tela. Se sentía tan bien.
Sonrió dejándola en su lugar y se agachó un poco, mirando algunas de las otras cajas. Hubo una en particular que llamó su atención. Era hecha de haya con una tapa de cerámica. Pasó los dedos por el patrón e intentó abrirla. Al hacerlo notó que en el interior había una pequeña bailarina de porcelana. Se rió notando que una pequeña llave estaba encajada en el frente. Incapaz de contenerse, ya que se sentía como un niño en una tienda de juguetes, giró la llave algunas veces y la bailarina comenzó a girar.
Música hermosa lo rodeó y la reconoció en un instante. Era El Lago de los Cisnes de Tchaikovsky. La había oído tantas veces al haber estado en el ballet más de lo que podía recordar. Tarareaba junto con la bonita canción, dejándola sonar mientras deambulaba en medio de las cosas de Blaine.
Había una serie de botones en una pequeña cesta tejida. Miró cada uno individualmente, todos tan pequeños pero perfectamente diseñados, cada uno de ellos único. Algunos brillaban como joyas pero al final, eran sólo botones, tan increíbles.
Volvió a sonreír mientras otra prenda llamaba su atención. Se estaba volviendo tan extasiado por las pertenencias, cada una recordándole que eran los efectos personales de su amado. Se preguntaba sobre todos los lugares que había visitado para recogerlos.
El siguiente artículo que lo atrajo fue una pequeña muñeca de madera. Se inclinó para estudiar el juguete antes de darse cuenta de otro, un poco más grande, luego otro, y otro. Había ocho en total, cada uno de ellos cada vez más grande y más grande. Finalmente cogió la más grande de las muñecas, pero sus ojos se abrieron cuando sólo la mitad superior salió mientras el fondo cayó al suelo alfombrado.
- ¡Oh Dios, oh no! – Susurró cayendo de rodillas y recogiéndola, mirando a las dos mitades. ¿Cómo podría Blaine perdonarlo si la rompiera? Su corazón tronó y luchó para encajar las dos piezas, apurándose para devolverlas a su lugar de origen. Sus ojos se abrieron ampliamente cuando por suerte volvieron a encajar.
Se puso de pie mirando a las demás. Un examen más detenido mostró que cada una de ellas se abría y cerraba como lo hacía la que tenía en la mano. No pudo detenerse mientras experimentaba colocándolas una dentro de la otra, dándose cuenta de que todas encajaban perfectamente en la más grande se echó a reír, jugando con las muñecas antes de que otra cosa lo distrajera. Habiéndolas puesto de nuevo en orden caminó hasta el borde de la cómoda viendo una hermosa fotografía en un marco de porcelana blanca.
Estaba vieja, un poco amarillenta alrededor de los bordes. Miró la foto en blanco y negro y vio a una mujer sentada con las manos cruzadas sobre el regazo y un hombre parado detrás de ella, con la mano en su hombro.
El hombre lucía casi exactamente como Blaine, era casi idéntico, era un parecido asombroso. Sólo que era obviamente mayor y su barba estaba recortada de una manera diferente a la descuidada del diseñador. Miró al hombre por unos segundos antes de observar a la mujer sorprendente.
Ella estaba sonriendo suavemente pero sus labios eran casi una línea invisible, apropiada para esa época. Era conmovedoramente atractiva. Aunque estaba claro que su amado había sacado todo de su padre, había algo muy "Blaine" sobre aquella mujer. Se veía tan cálida, tan abierta, tan amable, y Kurt no pudo evitar sonreír.
Exploró un poco más antes de llegar a las telas. Estiró una mano, teniendo que tirar de la manga encima de su mano sólo para tocarlas. Había una hermosa banda azul de seda que brillaba como esmeraldas si la vela la golpeaba desde un ángulo. Era tan suave que no pudo evitar presionarla contra su rostro e inhalarla. Era tan hermosa.
Recogió otro trozo de seda, este era de color crema. Le encantaba la sensación de la seda en su piel y suspiró feliz.
De repente la voz de Blaine lo alertó de su presencia. Girando, sus ojos se abrieron con sorpresa cuando vio a su amante. Colocó la mano sobre su corazón y se sonrojó, dándose cuenta de que estaba atrapado. Ni siquiera escuchó lo que le había dicho.
Observó al diseñador casi desnudo caminar, y comenzó a inquietarse. Se calmó de repente cuando lo oyó llamarlo su amor y le explicó que su curiosidad era mutua. Este se estiró, tocándole la mejilla con los nudillos y él cerró los ojos, apoyándose en el toque de su mano.
Su corazón revoloteaba de amor incondicional y excitación, y su estómago giraba ante el tacto.
- Mmm… – No pudo evitar gemir, acariciando su rostro contra la bronceada mano. – Quiero saber todo sobre ti, Blaine. – Respiró, volviendo ligeramente la cabeza para que el joven de rizos le acariciara la mejilla. Sus ojos se abrieron lentamente y lo miró frente a él. "Oh por Dios", pensó mirando los ojos color miel. "Todavía estoy tan enamorado de él."
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~ Perspectiva de Blaine ~
- Mmm… – Gimió en voz baja mientras Kurt ronroneaba, el pálido rostro ahora reposaba en su mano. Había pensado en la sensación de su piel innumerables veces en los últimos meses. Era difícil creer que esto fuera realidad. – Ya sabes mucho de mí. – Susurró, acariciando la mejilla con su pulgar. La piel era de porcelana blanca y más lisa que su más fina seda.
Kurt se estremeció bajo su toque y agitó sus profundos y expresivos ojos hacia él. Era como si la transformación de la mujer al hombre continuara yendo de un lado a otro.
Nunca se había sentido tan atraído o tan intrigado por una persona en toda su vida. Kurt era tan frágil en un momento, mientras que al siguiente era más fuerte que cualquiera que hubiera conocido.
- ¿Tienes frío? – Preguntó sin querer moverse, pero sabía que el castaño estaba congelándose ahí de pie, casi desnudo, cubierto sólo de seda. – Ve y descansa en la cama, reavivaré el fuego.
Era casi una tortura separarse de él, y lo siguió con los ojos cuando este se alejó. Su vientre ardía con fuerza mientras lo observaba caminar hacia la elaborada cama. Tuvo que obligarse a sí mismo y a sus pies a dirigirse hacia la tarea.
La pila de madera que su sirviente había colocado cerca de la chimenea era grande, y Blaine se acomodó sobre una rodilla, todavía sólo en su toalla mientras ponía los leños. Podía sentir los ojos de Kurt por todos lados, era tan erótico. Las cosas eran tan diferentes ahora.
- Se siente bien estar limpio. – Dijo mientras volvía el fuego a la vida. El resplandor de las llamas ardiendo violentamente mientras las atrapaba. – Y cálido. – Añadió mientras sacudía la tierra de leña de sus manos.
Girando hacia la cama pudo ver que Kurt se había reclinado sobre esta, apoyado en las almohadas, sus piernas encogidas bajo él, sólo una rodilla pálida asomándose por debajo de la rica seda azul.
Un golpe en la puerta hizo que Blaine mirara hacia arriba.
- ¿Sí? – Respondió.
- Tengo su brandy. – Dijo su sirviente a través de la puerta cerrada.
- Puedes entrar. – Se puso de pie y avanzó hacia la puerta.
Tomando la bandeja decorativa con el bote de brandy y las dos copas, le dio permiso de retirarse. – Eso será todo por esta noche. – Le dijo en voz baja, la puerta se cerró con un clic detrás del empleado.
- ¿Te importa beber en la noche? – Preguntó colocando la bandeja en el diván cerca de la cama, sin obtener una respuesta. Sabía que Simone adoraba el brandy, y sólo podía asumir que Kurt también lo hacía. De hecho, una vez que se había enterado de aquello, consiguió una reserva de los mejores y más fino licores por si acaso.
El castaño todavía lo observaba de cerca y él se estremeció bajo su mirada. Estaba poniéndolo muy caliente por todas partes. No estaba seguro de cómo responder, pero decididamente seguiría sus instintos como siempre.
Entregándole el pequeño vaso, se excusó para ir a cambiarse.
- Volveré enseguida. – Le dijo, dejando la habitación sólo para ponerse su ropa de noche de franela de color gris oscuro. Se dejó la camisa abierta mientras volvía a la habitación, el material ondulaba ligeramente, y no llevaba nada debajo.
Kurt estaba bebiendo el líquido oscuro y ámbar cuando Blaine apareció de nuevo junto a la cama.
Estaba decididamente más cálido con el fuego vuelto a un constante resplandor. Las sombras proyectadas alrededor de la habitación brillaban en la seda de la bata que el ojiazul llevaba, y llamaron su atención.
Se arrodilló junto a la cama, sin querer molestar o entrometerse, pero queriendo estar cerca de todos modos.
- ¿Estás cansado? ¿Debería dejarte dormir? – Susurró cuando sus ojos se encontraron.
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~ Perspectiva de Kurt ~
Kurt estaba disfrutando tanto el toque de la mano de Blaine en su mejilla. Su corazón latía violentamente y suspiró contento. ¡Dios, estaba tan enamorado de ese hombre! Era increíble pensar que habían estado separados durante tanto tiempo, y sin embargo nada en el mundo se había sentido tan natural como estar ahí juntos en ese momento, como si ni siquiera hubieran transcurrido segundos de estar separados.
No oyó a su amor preguntarle si tenía frío, simplemente se quedó de pie, acariciándolo. Pero cuando mencionó el fuego y se alejó, se estiró apoyando las manos en el brazo de Blaine. Se agarró a él por un segundo antes de inclinarse y besar sus labios, su aliento era cálido y tembloroso. Ya no quería estar lejos de él. ¿A quién le importaba el fuego? Sin embargo, no podía negar que la idea de sostenerlo en sus brazos delante de un fuego rugiente era lo más increíble que podía imaginar.
- Estaré esperando. – Susurró, caminando hacia la cama y arrastrándose sobre sus manos y rodillas.
Podía sentir a Blaine mirándolo, y se ruborizó, dándose cuenta de que su trasero estaba prácticamente expuesto a él. Lentamente se hundió en una posición casi como un gato, acurrucado con la cabeza en la mano, mirando hacia su amor. Su corazón latía fuertemente en su pecho y sonrió ampliamente, descansando su cabeza sobre la almohada.
Miró al diseñador mientras se arrodillaba junto al fuego, intentando reavivar las llamas. La toalla que mantenía alrededor de sus caderas mantuvo su cuerpo fuera de la vista, pero él yacía ahí, con un brazo sobre la cabeza y el otro alrededor de su estómago. Su corazón se aceleraba mientras lo miraba desde su posición en la cama. A pesar de que las brasas eran pequeñas, iluminaban el cuerpo de Blaine, arrojando los más bellos tonos de ámbar contra su piel.
- Así es. – Estuvo de acuerdo cuando su amado mencionó lo de sentirse limpio.
Dios, se veía increíble. Había un tirón innegable en su estómago, su entrepierna se sentía muy caliente y molestaba con sólo mirarlo. Se retorció ligeramente, a punto de decirle lo increíble que se veía cuando de repente fueron interrumpidos.
Blaine fue a la puerta y volvió con un poco de brandy. Él se lamió los labios. Era justo lo que necesitaba en ese momento. Le sonrió mientras lo veía poner la charola al lado de la cama, entregándole un vaso antes de que se apresurara para ir a vestirse.
El castaño se mordió el labio, deseando que estuviese ya de regreso.
- Vuelve… – Gimió suavemente, bebiendo el líquido amargo. Era patético. Ya lo echaba de menos, y no le importó mirar la puerta detrás de la cual había desaparecido su pareja hasta que regresó.
Las puertas se abrieron y en un instante se sorprendió al verlo tan elegantemente vestido con sus pantalones y una camisa abierta. Era tan simple y sin embargo lucía deslumbrante. Sus mejillas se pusieron rosadas y se movió visiblemente, acomodándose en la cama grande.
- Dios mío… – Susurró al pelinegro mientras este se arrodillaba junto a la cama. ¿Por qué no estaba acostado con él? Hizo una pequeña mueca cuando Blaine le preguntó acerca de tener sueño, y sacudió la cabeza, estirándose lo suficiente como para acariciarle el cabello húmedo y suave, y sonrió. – No, no quiero dormir. – Dijo honestamente, tratando de persuadirlo para que se acercara, aplicando la más mínima presión en su cabeza. – Te quiero cerca de mí… por favor, no te vayas…
Rodando su cabeza contra la suave mano de Kurt, quien jugaba con su cabello, su corazón revoloteó como un pájaro en una jaula. Él tampoco quería irse. Nunca querría estar a más de unos metros de él. Nunca más.
- No me iré. – Susurró suavemente. Sus ojos se abrieron para encontrarse con los de Kurt. La oscuridad se volvió más notoria, la luz del fuego parpadeó alrededor de ellos, recogiendo los matices ámbar y haciendo brillar sus ojos. Sintió como si todo su cuerpo flotara cuando su amado lo miró así, suplicando que se quedara. – Nunca más me iré. – Repitió.
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~ Perspectiva de Blaine ~
La bata de seda se resbaló del hombro de Kurt y expuso su piel cremosa, distrayendo los ojos del diseñador, quien gimió suavemente, subiendo de rodillas a la cama.
El castaño rápidamente cubrió su hombro con la tela.
- No… – Pidió Blaine, con los ojos clavados en los de Kurt mientras bajaba la tela hacia donde había caído. Lentamente le quitó el diminuto vaso con brandy de la mano y lo dejó sobre la mesa junto a la cama. – No te escondas de mí… Nos hemos ocultado lo suficiente. – Reflexionó tranquilamente, la sonrisa llegaba hasta sus ojos, y su boca estaba llena de verdad.
Los ojos amielados se volvieron hacia el hombro desnudo y lentamente lo acarició sólo con las yemas de los dedos. – Tan suave. – Dijo justo cuando Kurt por instinto volvió a cubrirse. – Hmm, no… – Gimió cuando lo detuvo, inclinándose cerca, su aliento abanicando a lo largo del blanco cuello. Sus labios rozaron la piel del hombro repetidamente, y su respiración ya estaba atrapada en su garganta.
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~ Perspectiva de Kurt ~
Kurt se sintió aliviado cuando Blaine le susurró que no iría a ninguna parte. Sentía que era imposible evitar que este saliera de la habitación sin que un miedo horrible lo envolviera. Estuvieron separados durante tanto tiempo que no podría soportarlo más.
Al principio no se dio cuenta de que la tela cayó por su hombro, pero el pelinegro al mirarla atrajo su atención, y se cubrió. Siguió un pequeño juego en el que Blaine tiraba de la tela y él se escondía. Tenía una pequeña y juguetona sonrisa en sus labios mientras cubría su hombro una vez más, sintiendo que su amado le quitaba el brandy.
No hizo comentarios, sólo lo miró a los ojos. Podía ver su sonrisa que lo calentaba todo. Su estómago se agitó y se retorció ligeramente con el aliento atrapado en su garganta. Miró al joven que estaba frente a él, tratando de aferrarse a la tela para impedir que este tirara de ella, pero Blaine tuvo éxito al final. Pero no sólo se la quitó del hombro sino que se inclinó hacia adelante, y esos labios perfectos y llenos rondaban su piel.
Un silencioso jadeo escapó de su boca y sus ojos azules se cerraron por un momento. Luego miró con excitación al joven a su lado. Su corazón golpeaba rápidamente en su pecho, y le sonrió, consintiendo en silencio. No se esconderían más.
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~ Perspectiva de Blaine ~
Blaine sintió una burbuja de suspiros en el pecho mientras sus labios finalmente presionaban la piel del hombro de Kurt. Inhaló bruscamente el aroma masculino de su propio jabón a lo largo de la piel blanca, era casi más de lo que podía manejar. Todo su cuerpo se sacudió violentamente aunque no pudo dejar que el cantante viera cómo lo estaba afectando. Su ingle estaba caliente, su vientre revolviéndose mientras repetía la acción.
Sus ojos se volvieron a abrir para ver que el ojiazul se sometía a sus avances. Podía oír el ronroneo salir de sus labios y eso sólo hizo que quisiera gruñir y poseer al hombre que tenía delante. Por desgracia, no podía. No arruinaría ese momento, ese segundo perfecto… con falta de autocontrol.
Mientras miraba hacia abajo podía ver la pálida rodilla escondiéndose bajo la bata. Extendió la mano, estirando los dedos para descubrir la delgada pierna. Una oscura rociada de vellos la salpicaba, y pasó sus dedos a través de ellos, gimoteando ante la textura y la sensación. Simone siempre llevaba medias. Nunca antes había visto las piernas del hombre. Parecía demasiado, sin embargo Kurt rápidamente cubrió la extremidad.
Blaine gimió, mirando con desaprobación el rostro de su pareja. Vio el miedo y se mordió el labio. No quería que le temiera. Nunca haría nada para lastimarlo. Al menos no intencionalmente. Sí, se habían lastimado antes, pero eso era el pasado.
- Shh… – Calmó, cubriéndolo con su mano. – Por favor, no te escondas de mí. Ya no quiero disfraces, sólo te quiero a ti.
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~ Perspectiva de Kurt ~
Kurt tenía los ojos cerrados, disfrutando de la sensación de Blaine respirando sobre la piel de su cuello. Gimió suavemente, inclinándose hacia atrás para que su cuello estuviera más expuesto. Sus ojos se agitaron y suspiró dócilmente, sin darse cuenta de que el pelinegro estaba observando su rodilla, hasta que sintió su mano acariciarla. Se tensó, sintiendo el contacto directo de piel contra piel. Con los ojos revoloteando miró al joven frente a él, con el corazón golpeando su pecho. Rápidamente se cubrió la pierna, acercándola a su cuerpo.
Estaba tan acostumbrado a esconderse. Tenía tanto miedo.
Blaine se había enamorado de Simone, y aunque ahora afirmaba que se había enamorado de la persona que él era… ¿Qué había de su cuerpo? Su cuerpo estaba lejos de ser perfecto, y estaba seguro de que estaba mucho más allá de lo que el diseñador quería. Sin embargo… sí, este estaba siendo tan gentil. Se sentía tan a gusto con él, tan cómodo.
Lo miró a los ojos, tragando con fuerza, con el corazón dolido por el amor que sentía.
Blaine susurró cómo no quería que se escondiera, y sintió que sus mejillas ardían locamente. Lo miró a los ojos, su mano lentamente fue aflojando el agarre y la bajó, la tela dio paso a la mano bronceada errante.
- Está bien. – Susurró, volviendo su mano a la pierna de Kurt. Sus dedos patinaban a lo largo de la cálida piel, observando el vello erizarse en el extremo y la piel de gallina ondulando desde su rodilla. – Shh… – Murmuró mientras se inclinaba, su nariz haciendo contacto con la rodilla pálida mientras sus labios rozaban las protuberancias huesudas. Presionó los labios detrás de su rodilla, sobre su pantorrilla, bajando hasta su delicado tobillo y finalmente a su pie antes de levantar la vista para encontrar al joven que lo miraba, temblando. – Sólo quiero que te sientas bien, voy a detenerme en el minuto que eso cambie.
Kurt estaba temblando completamente, mirando al hombre que tanto amaba. Observó cómo la mano de este se movía hacia abajo, acariciando por todas partes su pierna. El joven diseñador incluso bajó y besó su rodilla. Parecía tan extraño pero al mismo tiempo tan natural. Sus mejillas eran de un rojo brillante debido a su rubor, pero la luz del fuego que bailaba lo ocultó con eficacia.
- Me siento bien. – Dijo mansamente, mirándolo a los ojos con una sonrisa suave. Cuando sintió que Blaine le tocaba el pie, saltó un poco, teniendo que ahogar una risita mientras las poderosas manos acariciaban una de las zonas más sensibles de su cuerpo.
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~ Perspectiva de los dos ~
Alejándose del área que encontró era delicada, Blaine mantuvo sus ojos pegados al hermoso hombre que estaba tendido frente a él. Su mano aflojó la pierna, deslizándose a través del vello sedoso, de nuevo sobre la rodilla y luego sobre el fuerte muslo. La bata se separó revelando una pierna más suave. La mirada hambrienta devoró lo que descubrió mientras observaba cómo sus dedos se deslizaban hacia arriba. No se atrevió a ir por dentro de la bata, simplemente ubicó sus dedos por encima de la tela y se deslizó hasta la cadera.
Kurt se retorcía en ese punto, recostándose en las exuberantes almohadas detrás de él. Tenía los párpados caídos mientras observaba cada movimiento que hacía su amado.
- Mmm… sí. – Gruñó a medias. – Te sientes tan bien, Kurt. – Dijo usando su nombre. Su nombre real.
El diseñador hizo una pausa en la angosta cadera, tocando el hueso antes de deslizarse por la caja torácica oculta por una preciosa seda oscura. Sabía que había alcanzado el pezón, sintiendo como se asomaba hacia él, y se detuvo.
De nuevo sus ojos salieron disparados del pezón a la cara de Kurt, y pudo ver el rubor de fresa en su rostro. Normalmente tenía tan poco color, su piel era blanca lechosa sin el maquillaje. Tocó con su pulgar la dura protuberancia, observando la boca del castaño y la respiración entrecortada, sus ojos cerrándose momentáneamente con placer.
Blaine notó que su ingle se endurecía aún más, casi se presionaba contra las sábanas mientras su pareja se retorcía.
Su cuerpo no había estado tan excitado desde el día… el día que había besado a Kurt por primera vez.
El ojiazul estaba locamente excitado en ese momento. Estaba agradecido de que Blaine tuviera muchas almohadas detrás de él para apoyarlo, ya que estaba débil de deseo.
Reclinado hacia atrás, pero capaz de ver a su amor, las manos vagabundas del diseñador vagaron curiosamente a lo largo de su cuerpo.
Con los ojos cerrados Kurt arqueó la espalda mientras la mano de su amante le acariciaba el muslo.
Lo quería, quería su toque. Si Blaine le hubiera inspeccionado la ingle, entonces habría descubierto que estaba duro. Tenía tanto tiempo que no se sentía así. Lo miró por unos segundos, lamiéndose los labios mientras este mencionaba lo bien que se sentía.
- ¿Lo hago? – Dijo tímidamente.
No estaba seguro de qué hacer.
Había pasado tanto tiempo desde que alguien lo había tocado como un verdadero hombre y no como una mujer escondida. De repente se dio cuenta de que Blaine lo había llamado Kurt. Su verdadero nombre.
Su corazón se detuvo, y gimió en voz alta.
- Oh Blaine… Estoy tan… Nunca… – Ni siquiera llegó a terminar lo que estaba tratando de decir mientras los talentosos dedos del diseñador acariciaban su pezón a través de la tela. La sensación de la seda fresca que se presionaba contra la protuberancia lo hizo temblar ligeramente. No podía hablar, solo gimoteaba mientras se estiraba, su cuerpo se tensaba ante el tacto. – Blaine… tu toque… mmm, tan bueno…
La voz de Kurt adquirió un nuevo sonido mientras más lo tocaba el pelinegro. El tono aterciopelado se volvió áspero como papel de lija cuando esté le frotó el pezón a través de la seda.
- Mmm… – Blaine gimió, cerrando los ojos, su contención disminuyendo. Su cuerpo parecía que estaba en llamas como el fuego a través de la habitación. Una ligera capa de sudor le cubría la parte baja de la espalda y ya quería quitarse la camisa. Arrastrándose más cerca de donde estaba su mano, lentamente retiró la seda hacia atrás para revelar el brote plano que se había puesto duro. Respiró erráticamente mientras miraba el pezón de color claro, y realmente babeó. – ¿Puedo besarte aquí? – Preguntó, con voz ronca.
Nunca haría nada sin el consentimiento de Kurt, pero no podía esperar una respuesta mientras gimió en voz alta justo antes de cubrir la zona con los labios. Chillando y chasqueando su lengua contra el pezón elevado, gruñó dolorosamente. Estaba tan duro que no podía ver, no podía pensar. Nunca antes se había sentido excitado. Nada ni remotamente cerca. Ni cuando estaba con Simone.
