28. Verdades a medias
Albus salió del despacho de la Directora arrastrando los pies, sin ganas de nada. Habían entrado por separado: primero Scorpius, luego Albus, y finalmente, Dylan. La directora quería escuchar todas las versiones. Evidentemente, Albus no había comentado nada acerca del asunto del club secreto. Si Dylan se veía presionado por el Colegio, podía mover sus contactos para ocultar el club a los profesores y sería Albus quien quedaría como un idiota delante de todos. Así que tuvo que obligarse a decir, que en realidad se había puesto celoso de Dylan, por asuntos femeninos, y que el día que Scorpius entró en el dormitorio en realidad, no había nadie, se lo había inventado para hacer romper a la pareja. McGonagall le miró de forma extraña: no estaba seguro de que se lo hubiera tragado, pero tenía que intentarlo. Entro cabizbajo a la Sala Común, y se encontró con Scorpius y Vega, que acababan de llegar.
-Hey.- dijo Scorpius.- ¿Cómo estás?
-Estoy.- susurró Albus mirando a los dos hermanos.- Sólo quiero que se acabe este día de mierda.
-Ya, la verdad que ha sido un día muy raro.- dijo Scorpius mientras Vega les escuchaba en silencio.- De todas formas, hay una cosa que no entiendo.- Albus le miró.-¿Por qué le dijiste a McGonagall que ese día no había nadie en tu habitación? Yo vi un uniforme de chica en el suelo.
A Albus le pareció que Vega quería mirarle, pero él lo evitó. A su pesar, tuvo que ocultar de nuevo una verdad.
-Sí que la había, pero ya no quiero causar más problemas, Scorpius. Es más sencillo así.- dijo. Scorpius sonrió.
-Bueno, espero que la chica al menos mereciera todo esto.- dijo quitándole hierro al asunto. Albus le sonrió, agradecido de que no siguiera preguntando. No quería seguir mintiendo ni ocultando secretos. El rubio se levantó del sofá.- Bueno, yo me voy a la cama.
-Que descanses. Yo...me quedaré un rato más aquí.
-Vega, tú deberías irte también. Albus querrá estar sólo.
La joven miró fugazmente a Albus a los ojos y se dirigió a su hermano con una sonrisa.
-Quiero practicar un poco más el examen de Encantamientos. Hay cosas que no me salen bien.
-Vale, pero no molestes a Albus. No querrá distracciones en la Sala Común, y tú haces mucho ruido cuando practicas con la varita.
-Bueno, en ese caso molestaría a toda la Sala Común, no solo a Albus ¿no?- dijo Vega cruzándose de brazos.
-Si, pero los demás me dan igual.- respondió Scorpius como quien sentencia una obviedad. Se dirigió hacia las escaleras que daban a los dormitorios y se despidió con la mano.- Hasta mañana.
Cuando se hubo ido, Vega se acercó lentamente al sillón donde Albus se encontraba, taciturno y pensativo. Él notó que se acercó a él porque su sombra se dibujaba en el suelo, pero no quería ni levantar la vista. No le apetecía hablar con Vega en ese momento.
-¿ Eres consciente de que hay gente, como yo, que no se ha creido ni un momento toda esa sarta de mentiras que le has contado a McGonagall?
-Lo que penséis los demás no me importa.- dijo Albus en voz baja, sin mirarla. Ella se situó frente a él, bañando con su sombra su rostro, haciendo que el chico levantase la vista. El tono azulado en la penumbra de la habitación unido a sus cabellos claros y su palidez le daban a la chica un aspecto fantasmagórico.
- Puede que no te importe, pero a mi si. Me doy cuenta de que aquí hay muchos más secretos de los que parece, y tú eres un experto en esconderlos.- entrecerró los ojos.- Eres un mentiroso Albus, y sé que no has dicho ni una verdad de lo que pasa entre Drake y tú.
Él no la contestó ¿Qué sabía ella? Sólo era una cría mimada que estaba empezando a salir del cascarón, y todavía se creía con el derecho de regañarle.
-¿ No vas a decir nada?- preguntó ella, volviéndose a cruzar de brazos.- Los dos sabemos que no era Bere la chica que estuvo ese día en tu cuarto. Hay algo más en tu estúpida pelea con Dylan, y será mejor que me digas qué es o tendré que averiguarlo yo.
-¿Y se puede saber qué cojones te importa a ti?- le preguntó Albus, cansado. Le cansaba toda la situación, la frustración de no poder hacer nada, que Bere le creyera un mal amigo y ahora esa maldita cría intentándole dar lecciones de ¿Qué? Viéndola ahí, con su rostro serio, los ojos centelleantes de rabia y sus labios carnosos, le dio rabia, rabia de que ella, que siempre había tenido una vida fácil se creyera con derecho de opinar y rabia también por no poder besarla, no poder susurrarle cosas al oído como hacía ese idiota de Avery, y lo peor de todo es que ella actuaba como si todo diera igual. Se levantó de su asiento.
-Estoy hasta las narices de que aparezcas siempre de algún rincón oscuro como si fueras mi conciencia personal. Siempre diciéndome lo que pienso, lo que siento, creyéndote alguien. Pues despierta: tu opinión me importa.- se acercó a ella hasta quedar frente a su rostro y clavó sus ojos en los suyos.- Una mierda.- se retiró levemente y continuó.-¿Qué sabes tú de Hogwarts? Te has criado en un colegio extranjero. No andes por aquí como si me conocieras a mi, a mis amigos o a tu hermano, porque no tienes ni puta idea, no puedes dar lecciones de nada. Bueno si, de si a Avery le gusta más con lengua o sin lengua, de eso si que puedes dar clases.
Se volvió para no mirarla, pero ella frunció el entrecejo y se puso frente a él, retándole, como el primer día que se vieron, solo que aquella vez le apuntaba con una varita y esta vez, con sus ojos.
-¿Me estás echando en cara algo? Tú pasaste de mí,¿qué querías que hiciera? No tiene que importarte lo que yo haga o deje de hacer, ni eres nadie para decirme nada.- Se acercó a su rostro, como él había hecho un momento antes.- Y por cierto, a Avery le gusta más con lengua.
El la sujetó por la muñeca en un rápido ademán:es lo que pasaba si te acercabas tanto a un buscador, y la obligó a acercarse más. A esa distancia podía incluso oler el aroma de su champú caro.
- Y a ti te gusto más yo.-sonrió sarcásticamente. Ella le miró le miró nerviosa, a Albus le encantaba utilizar sus propias armas contra ella. Chasqueó la lengua.- ¿ Quieres saber qué pienso yo de ti, Vega Malfoy? Pienso que eres tú la que tienes más secretos de los que crees, incluso para ti misma. No puedes evitar hablarme, aunque sea para darme el coñazo como ahora, mirarme cuando tú crees que no me doy cuenta…. Ese imbécil de Avery es tu tapadera para que tu hermano no vaya con el cuento a tus padres. Pero los dos sabemos que en tu interior, en lo profundo de tu mente, donde están las cosas que realmente te importan, están mi nombre y apellidos.- ella le miró sin decir una palabra y Albus aprovechó ese momento de vulnerabilidad para atacarla con una mentira.- Lo siento por ti, pero no es recíproco. Se ve que te revienta recibir un "no" porque estás acostumbrada a que todos bailen alrededor de ti, pero necesitarás mucho más para interesarme a mi. Como tú aquí hay mil.
- Ya…-dijo ella, sonriendo de lado. Era evidente que no le creía.-El día que dejes de mentirte a ti mismo te harás un gran favor.- susurró, muy cerca de sus labios. Él se quedó en silencio, mirándole a los ojos, notando la respiración de ella sobre la piel de sus labios, si se acercaba un milímetro más, sus bocas se encontrarían. Pero no lo hizo. Siguió mirándola, imperturbable, aguantándose las ganas. Ella continuó hablando.- Todo eso suena muy bien, pero lo cierto es que aquí estás, conmigo, y no con las otras mil.
El no respondió. Bajó su mano por el antebrazo de ella, hasta llegar a su estrecha muñeca y notó que llevaba una pulsera. Miró hacia abajo y vio que, alrededor de su muñeca, descansaba una pulsera plateada. Rápidamente, sujetó con más fuerza su antebrazo y de un tirón le subió la manga, dejándose llevar por una corazonada: Lo que Vega llevaba en la muñeca era una pulsera en forma de serpiente plateada, de ojos esmeraldas, tal y como McCauley describió que era la que llevaba su agresor. Su voz se volvió dura.
-¿ Qué diablos es esto?
-¡Suéltame!.- se revolvió ella, soltándose de un ademán de sus manos. Se frotó la muñeca.- Es una pulsera que nos regaló mi padre ¿Por qué te pones así?
-¿Nos regaló?¿A quién?
-A mi y a Scorpius.- dijo ella. Albus se pasó una mano por los cabellos y se dejó caer en un sillón. Había metido la pata hasta el fondo, y al final era Bere la que tenía razón. Era tan increíble, que prácticamente se olvidó de que Vega seguía allí.
-¿Albus?- le llamó cuidadosamente.-¿ Qué pasa?
-Yo...será mejor que no te acerques más a mi,Vega.- le dijo levantándose. Si antes era imposible tener algo con ella, ahora ya era impensable. No quería tener nada que ver con alguien cercano a mortífagos, responsables de un montón de muertes en su familia.- Lo siento, pero por el bien de ambos, será mejor que a partir de ahora actúes como si yo no existiera.
-Pero...¿por qué?- preguntó ella. Los ojos le brillaban, y Albus supo que a ella le afectaba tanto como a él.
-Pregúntale a tu hermano.- contestó Albus, volviéndose.- Buenas noches.
Cuando Albus desapareció por las escaleras a los dormitorios, una lágrima solitaria descendió por la mejilla de Vega Malfoy. Se la limpió furiosamente con la mano, y se dio la vuelta para ir a dormir. Sería difícil, pero iba a olvidarse de Albus Potter, costara lo que costara.
