The old redbrick building
Grimmjow
(2)
Sabía que si seguía apretando tanto los dientes, lo más probable era que tuviera que acabar yendo al dentista, pero era un tic típico en él. Cuando se enfadaba, Grimmjow siempre acababa apretando los dientes con rabia y fuerza.
-¡Que no bajes el brazo, te digo!-chilló el mariposón.
Grimmjow se juró que si alguna vez le salían garras en las manos, las estrenaría usándolas con él.
Pero de momento, y de mala gana, se limitó a levantar el brazo desnudo, unido a su torso desnudo.
-¿Se puede saber por que voy yo primero?-masculló entre los colmillos. No le hacía nada de gracia tener a ese mariposón chantajista como-se-llamase revoloteándole alrededor, estando el desnudo, y encima con una cinta de medir con fríos extremos metálicos. Le daba muy mal rollo y hacía que se le erizara la piel.
-Oh, lo he sacado a sorteo. A "pinto-pinto"
"Contrólate, Grimmjow...contrólate..." se decía a sí mismo en inglés para reprimir los impulsos homicidas.
-Vale, ¿pero tienen que estar mirando esos dos?-dijo mientras lanzaba una mirada asesina a sus dos vecinos: el hijoputa de Kurosaki y el pelo-piña, le habían dicho su nombre, pero ya ni se acordaba de cuál era.
-Oye, no te quejes, que nosotros vamos luego...-respondió Kurosaki.
-Sí, pero aún estás vestidito, rico...-un poquito de autocontrol...tan solo necesitaba un poquiiiiito de autocontrol. Vale que llevaba puestos los pantalones. Pero era solo de momento. Esa era la parte que le daba miedo...cuando le cogiera el tiro y el largo de la pierna.
-Sube el otro brazo-le dijo el mariposón. Él decía que al calvorota de su novio, que por solidaridad, más que nada, también estaba allí, no necesitaba toarle las medidas. Que ya se las sabía...
"Iiiiiih..." Qué repelús...
-Bien, vale...una última pregunta...-dijo Grimmjow. Notaba que le empezaba a entrar un tic en una ceja.
-Bueno, pero rapidita.
"Un día de estos...un día de estooooos..."
-¿Se puede saber por que tenemos que hacer esto en mi casa?
No le hacía nada de gracia tener que hacer esas cosa en medio de su salón. Se alegraba de haber puesto una lámina en la ventana para que hiciera de cortina en la ventana de lo que vendría a ser el salón, y de tener la costumbre de cerrar siempre la puerta del dormitorio y el baño (el del agujero en la pared). Pero no lo tenía puesto para recibir visitas. ¡¿Quién iba a visitarle en la otra punta del mundo?!¿Quién iba a visitarle, simplemente? El único detalle decoratorio de la casa eran unos cojines de mercadillo por la esterilla que hacía de alfombra y la estantería con sus discos, que el calvorota espiaba sin reparos.
Estaba llegando al límite. Aún tenía algunas cajas sin abrir. De ropa y cuadernos, más que nada. Pero a aquella troupé de intrusos no parecía importarle allanar por completo su intimidad.
-¡Para cotillear, hombre, que eres el nuevo!-dijeron los otros cuatro al unísono
¡Peroquéhijosdelagrandísimapu taaaaaaaaaa...!
Grimmjow no lo aguantó y acabó gritando, iracundo:
-¡Joder, y si llego a tenerlo todo echo un asco qué, eh!
El pelo-piña se le acercó y le dio una palmada en el hombro.
-Te lo digo por experiencia, tío. Iba a importar un huevo. Cuando eres el nuevo se pasa por esto…
-A nosotros también nos lo hicieron- le secundó Kurosaki- Da gracias a que somos nosotros y no los críos del primero o la borde esa…¿cómo se llama…la de tu piso, Ikkaku?
-Soi no-se-qué…Es china, y lesbiana. Los mocosos del 1ºA son lo peor del edificio, sobre todo esos dos que son mellizos.
Grimmjow se guardó el comentario sobre el hecho de que los dos únicos inquilinos del segundo piso fueran ambos homosexuales. Ya se lo reservaría para otro día, y cuando pudiera disfrutarlo más.
-Hale, contigo ya he acabado. ¡Ichigo, tu turno!
Solo por la cara de susto de Kurosaki, merecía la pena haberse dejado medir.
-¿P-Pero no preferirías empezar por Renji hombre….?
Grimmjow recogió la vieja camiseta del suelo y se la puso.
-Ahora te jodes…-gruñó , lanzándole a Kurosaki una sonrisa larga y afilada como un hilo.
Kurosaki le respondió con un dedo levantado, pero Grimmjow no le hizo ni caso.
En comparación, él era más alto, tenía más cuerpo y era más fuerte. Estaba seguro de que podría cargarse a esa piltrafilla.
"Es un mierda que se cree alguien" Grimmjow ya había derribado y humillado a otros así, y algunos medían el doble que Kurosaki y pesaban lo que tres como él.
-¡Hombre, pero mira qué tenemos aquí! ¡Ven, bichillo!-oía de pronto decir al pelo-piña. Grimmjow estuvo a punto de mirarle con su mejor cara de "pero-tú-qué-coño-haces" hasta que notó la presión del cuerpo de la gata caminando serpenteante por entre sus piernas.
-¡Lo sabía, tienes gato!-se rió Kurosaki.
-No es mía, agilipolláo-respondió Grimmjow-Me sigue por todas partes, y no puedo quitármela de encima.
El pelo-piña se había acuclillado y ahora rascaba las orejas de la gata.
-Ya se ve que es salvaje, la pobre. ¿Le has puesto nombre?
-¡Qué no es mía!
El calvorota preguntó:
-¿Y como la llamas?
-¡No la llamo! ¡Como hay que deciros que no es mía! Es la gata, y punto.-No le importaba tener a la gata rondando por el piso, ya que así le limpiaba de arañas y moscas, pero una cosa era soportarla como "compañera de piso forzosa" y otra ver a esos dos tíos haciéndole carantoñas como si fuera la mascotita de unas niñas de primaria.
"Y la hijaputa disfrutando, claro" Menos mal, que cuando había encontrado hacía unos días las onigiris de sardinas en el suelo de su ducha, la gata debía estar ocupada torturando a los pájaros de un árbol cercano. Esa era otra que le tenía jurada a Kurosaki.
-Va, Renji, tu turno-dijo el mariposón. Grimmjow tuvo la sospecha de que había tardado con Kurosaki mucho menos que con él. El pelo-piña respondió:
-Luego, hombre que ahora estamos con la gata.
La mirada de odio absoluto del mariposón hacia el inocente (maligno) animal solo fue comparable a la de Grimmjow.
-cho-qué-te-to-ca-Ren-ji.
Había algo peligroso en la manera en que marcaba cada sílaba y que disuadió al pelo-piña (Grimmjow pensaba seguir llamándole así, aunque ya se acordara de su nombre) que de mala gana se quitó la ropa y se dejó medir.
Grimmjow se fijó en todos los tatuajes que tenía y los señaló con la barbilla.
-¿Y eso? Había oído que en Japón, la yakuza se llenaba la piel de tinta. Más tinta, más poder, O algo así.
Pero el pelo-piña respondió con una sonrisa
-Molan, ¿eh? En mi pueblo había uno que se quería sacar la licencia y cuando aprobó el examen, nos fuimos de fiesta y nos emborrachamos por primera vez. A la mañana siguiente ya tenía los del brazo derecho.
Por la cara que puso, Grimmjow supo leer que el resto era historia…Bien pensado era para darse de leches (solo a alguien que se acaba de pillar la primera cogorza se le ocurre tatuarse o tatuar estando borracho), pero el resultado era bastante guay.
-¿Qué edad tenías?
-Quince.
El calvorota dijo con una voz cargada de sorna:
-Renji va de duro, pero en el fondo es un tierno, ¿verdad? ¿Les has contado lo de Arisawa?
La cara del pelo-piña se estiró y luego se contrajo de ira:
-Cabrón…
-¿Qué de Arisawa…?-bastaba con saber que iba a acabar jodiendo a alguien, para que Grimmjow se interesara por algo. El pelo-piña le caía bien, pero ahora que tenía la intriga metida dentro, quería saber más.
-Huy, no te lo pierdas. Resulta que el hace unos días…
El pelo-piña trató de impedírselo, pero el mariposón le tenía en sus garras (más que una mariposa era un araña, con una red en la que te enredas y no puedes escapar mientras te chupa las fuerzas) y no tenía intención de soltarle.
-Pero, hombre, qué más te da. Si ya lo sabe el resto de edificio-le decía Kurosaki.
-…y esa es la historia… ¿No es bonita?-se mofaba el calvorota.
-Huy, sí…-Grimmjow le siguió el juego. Lo que fuera por tocar los huevos.-De aquí a la boda hay un paso, ¿eh?
-Arisawa y Renji, bajo un árbol, se están besando…
Cuando el mariposón ya hubo terminado con ellos al pelo-piña le falto poco para irse ladrando y el calvorota le siguió diciendo "¡Vamos, hombre, que estamos de coña!"
Kurosaki estaba a punto de irse cuando la gata se le puso por delante.
-Miauuu…-dijo, reclamando más mimos
-Vaya, gata lista, ¿eh? Es una secuestradora-dijo mientras se agachaba a acariciarla.
Grimmjow ya empezaba a estar hasta el gorro.
-Venga, vete de una vez.
Kurosaki se acercó hasta la puerta y justo cuando estaba a punto de cruzarla se paró y dijo:
-Por cierto, antes no he preguntado, pero ¿la cicatriz esa que tienes?
-Largo.-dijo Grimmjow antes de cerrarle la puerta en las narices con el pie.
Al final su casa volvía a estar en silencio. La gata se revolvió por entre los cojines del suelo, melosa.
Grimmjow apenas la miró, pero casi inconscientemente se llevó la mano hasta el pecho, palpando la larga cicatriz por encima de la tela, y por primera vez en muchos años se acordó de la rubia…
N/A: Jejejejejejeje….GrimmyGrimmyGrimmy…Como me gusta mi Grimmjow…Os gusta a vosotras? Que tal el capi? Pronto aparecerán más personajes a los que estoy segura de que adorareis u odiareis, pero de momento es afortunada que se los pudiera llevar a casa… Un beso y hasta la semana que viene!
