Capítulo 29: "Un Déspota Enamorado"
Esbozó una sonrisa leve, pero de inmediato la sombra de la tristeza se apoderó de ella. Cómo podía estar diciendo eso, cuando ahora definitivamente ya todo estaba acabado. Pero mientras entrecerraba los ojos y se dejaba llevar por sus besos nuevamente, pensaba que aunque era una locura, una despedida estúpida y fuera de lugar, lo amaba y no podía evitar escapar de sus caricias, sus besos, su pasión. No, ella también quería más, una vez más… no podía tolerar que fuera a perder al hombre que tanto amaba pero… el deber era el deber… y ella no le arruinaría su "prometedora vida".
- No debemos… hacernos esto…- Murmuró una vez más, pero vencida y acallada de inmediato por los besos de Inuyasha que se posesionaron como si fuera el "Amo y Señor" de ella. Claro… aunque eso era verdad.
¿Cómo evitarlo? ¿cómo apartarlo así ahora? Sabía que se estaba dañando, la sirvienta comprendía que su situación no cambiaría nada. Inuyasha se iría y se casaría con aquella mujer porque "así debía ser".
Hubieron momentos en que la razón la abandonó y quien la dominó fue un sentimiento fiero de posesión y acaso celos. Quería retenerlo y obligarlo a quedarse, decirle a la cara que le había hecho una promesa ¿no era un Taisho? ¿no era el honor de los Taisho lo más sagrado? Y si aun una garra invisible quería arrebatárselo nuevamente sería capaz de decirle la verdad, decirle que esperaba un hijo suyo… ¿cambiarían así las cosas?
Luego de hacer el amor, ella recostó la mejilla en la almohada, se encontraba boca abajo e intentaba controlar el ritmo de su respiración, mientras él, con su pecho musculoso y desnudo mantenía fija la mirada en el techo de la habitación, parecía pensar, pensar algo muy importante, Kagome vio como él fruncía la frente y movía los labios, como si quisiera hablar, pero luego apretó los labios, reprimiéndose. La muchacha sonrió con suavidad y se obligó a cerrar los ojos. No quería pensar más, sólo descansar, olvidar sus numerosos problemas por ahora y dormir tranquila, aunque fuera sólo esa noche… era increíble que a pesar de las circunstancias, sentir el calor de su cuerpo junto al suyo la hizo sentir protegida.
Aquella noche, extrañamente, no soñó. Cuando despertó, fue lo primero que se dio cuenta. Y se sintió descansada, como hacía nunca. El cuerpo, parecía haber recuperado o quizás obtenido fuerza que antes no tenía, se sentía bien estar ahí, teniendo aquella sensación única y que la sorprendía sobre manera. No soñó, y era demasiado extraño que eso sucediera. Ni siquiera había tenido una pesadilla… de cualquier forma agradeció en silencio. Era mejor que nada a un mal sueño.
Y entonces fue consciente de su desnudez bajo las sábanas. Antes de voltear recordó la intensidad ambarina de unos ojos que se posaban en ella como si quisiera descubrir hasta lo que había en su alma, aquello aceleró el ritmo de su corazón, entonces, experimentó el ardor de su boca por el ímpetu y la pasión de los besos ardientes que ambos compartieron la noche anterior. Y su estómago se hizo un nudo cuando evocó el momento de la unión.
Volteó y vio a Inuyasha aun dormido, con su cabello negro desordenado sobre la almohada y el flequillo cubriendo parte de su rostro, aunque ella sí pudo ver la sonrisa leve en los labios de él.
Su alegría fue inmensa al comprobar que estaba ahí aun, a su lado. Se acercó y posó una mano en su flequillo, apartándolo con suavidad para que el rostro quedara libre de ellos y poder verlo con claridad.
Era guapo, increíblemente hermoso y atractivo. La sonrisa en los labios de él le recordó que aunque fuera como un Dios Griego, seguía siendo tan engreído... y loco. No podía haber estado con ella ahora cuando estaba a punto de casarse.
- Su prometida… - Masculló, de pronto atónita y horrorizada al darse cuenta de lo que había sucedido entre ellos. Se apartó como si hubiera visto una aparición, llevándose la mano a la boca y consternándose de su debilidad por haber caído en sus brazos nuevamente.
¿En qué estaba pensando? ¿por qué había cedido otra vez? Si sabía que él se marcharía, que ya no se verían… ¿pero en qué clase de persona se estaba convirtiendo ella?
Desvió el rostro evitando tener que mirarlo, sentía el corazón palpitar fuerte, desbocado. Podía imaginar el rostro de la que iba a ser la esposa de Inuyasha, tal vez esperándolo, enamorada… y ellos…
- Oh ¡Kami Sama! Estoy loca… ¡loca!- Gimió, dándose cuenta de lo fácil que había caído. No había podido evitarlo… no… oh, no, aunque él dijera que la amaba, ya no era suyo… se marcharía para siempre y ella sólo sería un recuerdo en su vida.
- Buenos días…
Se paralizó cuando escuchó su suave ronroneo tras su espalda. No se movió, pero podía escucharlo ahora como se movía entre las sábanas, el calor de su cuerpo acercándose tras su espalda, luego el pecho robusto presionado contra ella y los brazos fuertes que se enlazaron desde atrás como una enredadera. Kagome tragó fuerte y se quedó sin aliento. El aroma de su perfume la embriagaba y cuando sintió sus besos en su cuello creyó que moriría una vez más, igual como anoche, pensó.
Se agitó y volvió a la realidad, apartándose con pudor de él y volteando apenas el rostro.
- Buenos días.
Lo vio sonreír, y luego sonreír más aun, con aquella sonrisa traviesa y a la vez malvada que solía usar cuando era un niño caprichoso.
- No me digas que ya te arrepentiste…- Se burló con suavidad, estirando la mano para acariciar su mejilla.
Kagome dejó que la acariciara levemente, conteniendo la respiración ¿por qué él tenía que ser así? Tal vez hubiera sido mejor no decirle que aun la amaba.
- Es… es mejor que te vayas…- Musitó en hilo de voz, doliéndole la garganta incluso, apartando su mirada de la suya, porque no quería que supiera lo mucho que aquello le lastimaba.
Mantuvo la sonrisa malvada y la contempló un buen instante. No le extrañaba que ella ahora le dijera eso. Por supuesto. Adivinaba perfectamente los sentimientos que la joven debía albergar ahora en su corazón. Era taaaann inocente y moralista. Jamás se compararía con las astutas jóvenes de Tokio.
Hubiera querido en ese momento provocarla con algún comentario, sólo para que se enojara, adoraba cuando Kagome fruncía la frente y lo miraba directamente con reproche, adoraba contradecirla, molestarla, sólo para verla agitada y despertar sus pasiones. Pero él se contuvo de no hacerlo esta vez. Era algo tarde y tenía una cosa muy importante aquella mañana que hacer. Luego… luego Kagome sería toda suya, pensó satisfecho.
- Bien…- Respondió, dando un suspiro que no borró la sonrisa de sus labios. Había estado demasiado tiempo alejado de ella, era increíble como su cuerpo reaccionaba estando cerca suyo y también como su mente parecía enloquecer, haciéndolo perder la razón y compostura.- Bien… ya nos veremos…
Kagome enrojeció y lo miró de soslayo, impresionada. No podía creer que ese hombre no sintiera remordimiento alguno. Quizás le gustaba ser cruel.
- Lo vio erguirse desnudo y otra vez se le desbocó el corazón al verlo así. Volteó el rostro hacia el frente, mientras lo escuchaba recoger la ropa regada en el piso y sobre la cama y luego vestirse con rapidez.
- Kagome…
El tono de su voz, su susurro, fue distinto ahora y eso la sorprendió. No quería mirarlo nuevamente, pero no pudo evitarlo y tal como lo pensó, lo miró sólo para encontrar su rostro varonil a milímetros del suyo, su mirada dorada en forma suplicante, suave y a la vez apasionada, fija en sus pupilas. No podía odiarlo aunque quisiera y quizás no podía rechazarlo si él volvía a buscarla… estaba loca, pensó derrotada, de verdad estaba loca.
- Kagome…- Volvió a murmurar, posando su mano en su mejilla. Sintió bajo su tacto como la sirvienta se estremecía, enrojecía y se rendía ante su caricia-… te amo, recuérdalo.
Y sin esperar una respuesta, acercó sus labios de forma intempestiva y la besó. Aunque la joven no le respondió enseguida, el hombre buscó la respuesta incitándola con sus labios y acariciándolos, dulce y suavemente y en el momento en que Kagome finalmente le respondió, él ahondó aun más el beso, su mano se deslizó tras la nuca para acercarla más, saboreando aquellos labios que lo enloquecían. Ella logró reaccionar antes de caer nuevamente en aquella tentación, en lo que se estaba convirtiendo en su "perdición. Abrió los ojos y posó la mano suavemente sobre su pecho haciendo presión para apartarlo. Él abrió los ojos y la miró serio. La joven bajó la vista y no dijo nada ¿qué iba a decirle? Inuyasha tenía que alejarse de una vez por todas de su vida.
El muchacho sonrió con presunción y suspiró, apartándose de ella. Volteó y caminó con paso firme hasta la puerta, cuando estaba a punto de cerrarla, volteó hacia Kagome y habló una vez más, sonriendo apenas.
- Gracias por esta noche.
Ella se quedó atónita y sin aliento, no pudo responderle nada ¿y qué iba a decir? La situación los estaba lastimando a ambos, definitivamente. Ahora, más que nunca, tenía que marcharse de esa casa y perder todo contacto con ellos.
- Luces muy bien, hijo… parece que el aire de Santorini te devuelve a la vida.- Se burló su madre mientras lo miraba fijamente y sonreía.
Inuyasha esbozó una leve sonrisa mientras se cruzaba de brazos.
- ¡Feh! Le gusta molestar ¿eh?
Izayoi suspiró y dejó la revista sobre una mesa de vidrio que estaba en medio de la sala de espera de la consulta. Odiaba el lugar por tener que haber sabido allí los resultados de sus exámenes y se había prometido jamás volver, pero había cedido fácilmente y olvidado su promesa cuando su propio hijo había dicho que ambos necesitaban ir con aquel doctor para saber en detalle de su enfermedad.
- Es que me siento contenta de volver a verte…
Inuyasha enfocó su mirada dorada en la mujer.
- ¿Por eso quería que me marchara la otra vez? ¿por eso no hizo ni un esfuerzo en retenerme a su lado? Se quería morir tranquila ¿verdad?
Izayoi sonrió apenas. Las duras palabras de su hijo no era más que la verdad.
- Han pasado muchas cosas desagradables a mi alrededor, sólo quería que volvieras a donde pudieras mantenerte seguro.
Él la escrutó por un momento. La mujer apartó el rostro y lo dirigió hacia el frente, evitándolo ahora.
- ¿Y que más tiene que contar? Dígalo de una buena vez o le juro que me enojo y no le vuelvo a hablar en la vida si sé que me oculta algo. Quiero saberlo todo ¿entiende?- Le tomó la mano, a pesar de la dureza de sus palabras su mano se había posado con suavidad sobre la de la mujer. Ella volvió el rostro a él una vez más- ¿Me lo contará todo?
Izayoi mantuvo la mirada, meditando, la sonrisa había desaparecido pero seguía su rostro manteniéndose sereno, tranquilo. A veces Inuyasha creía que ella seguía siendo una chiquilla, su madre en ocasiones tenía reacciones muy infantiles, pero era completamente adorable en ella. Quizás no es que fuera infantil, tal vez era demasiado inocente, afable… tan distinta a las mujeres de Tokio, preocupadas del lujo y cosas triviales…tan distinta a Seika. Claro, su madre era una nativa de Santorini, eso lo comprendía, la personalidad de las mujeres de la isla era completamente distinta a las de su ciudad. Por supuesto… eso era. Su madre era demasiado pura, demasiado buena, demasiado inocente… inocente… y su cerebro le recordó la imagen de Kagome entre sus brazos. Se estremeció. Inocente, igual que su amada Kagome…
- De pronto te has puesto muy serio…- Lo interrumpió Izayoi.
Sin querer había arrugado la frente y perdido en sus pensamientos. La miró sorprendido y entonces forzó una sonrisa amarga.
- ¡Bah! Tonterías… ¿me lo dirá todo entonces?
Ella suspiró y volvió la vista hacia el frente.
- Más tarde, después de que salgamos de la consulta.
Finalmente fueron llamados y ambos entraron a la luminosa consulta del doctor que había llamado a Inuyasha. Era un hombre amable y muy profesional, a pesar de la seriedad de su rostro era una persona de aquellas escasas que trabajaba más por vocación que por dinero, era por eso que había querido ayudar a la Señora Izayoi como fuera y para eso no escatimó en averiguar el paradero del hijo único de ella. Una mujer tan joven y noble no podía negarse a vivir, eso iba en contra de sus principios más básicos.
Luego de los cordiales saludos y el agradecimiento de Inuyasha, éste le pidió que le revelaba sin omitir nada el verdadero estado de salud de su madre.
El doctor AristoDalaras confirmó a cerca del tumor cerebral. Estaba ubicado en una zona muy delicada y de difícil acceso, eso era cierto, primero había querido tratarla con medicinas pero estas no resultaron, luego la radioterapia, a la cual Izayoi sólo había soportado por un par de días, luego de eso ya no acudió más a la consulta y cuando él la contactó ella se rehusó a volver.
- No, no me someteré a ese infierno otra vez- Respondió la mujer muy seria, tan seria que a Inuyasha sorprendió- Es horrible, no lo haré, prefiero morir con dignidad.
- ¡Madre!
Ella lo miró y sus ojos lucían demasiado brillantes, soportaba las lágrimas a duras penas.
- Lo siento… pero es horrible… el tratamiento es horrible y no seré capaz de soportarlo si sigue con él… no puedo…
Sintió tanto dolor por ella, porque Inuyasha conocía a cerca de las molestias que causaba el uso de la radioterapia, aunque la posibilidad que eso la sanara eran mínimas, también sabía que el dolor y las complicaciones eran insoportable. ¿Por eso estaba tan delgada? ¿por eso se rehusaba a comer? ¿por eso estaba tan demacrada y débil? Quizás su madre no soportaría un tratamiento como él tan devastador.
Miró al médico con determinación.
- Aparte de este tratamiento… ¿qué otra alternativa hay? ¡Porque debe haber otra!
El galeno acomodó sus gafas ópticas sobre el puente de su nariz y observó detenidamente al muchacho.
- Bueno… como le dije, la ubicación del temor esta en una zona de difícil acceso, la operación en este caso es… imposible… no hay tecnología, al menos en nuestro país, para ella aun… - Vio como Inuyasha parecía perder el color-… sin embargo…- Agregó, intentando dar esperanzas al muchacho-… he escuchado que la medicina es bastante avanzada en su país, Japón… tengo un colega allá, el Doctor Namura Sheiyo, es muy importante en nuestro circulo… ha estado haciendo investigaciones… pruebas… todo a un nivel experimental aun…- Miró a Izayoi-… es eso o… - Tragó con fuerza-… como la radioterapia la ha debilitado más de lo debido y no se han notado cambios, el siguiente paso sería la quimioterapia, sin embargo… este tratamiento quizás usted no lo soportaría, esta muy débil… demasiado y… esto sí es muchísimo más doloroso que el tratamiento anterior.
Izayoi sintió que su corazón latía desbocado, por primera vez experimentó verdadero miedo a cerca de su enfermedad.
- Ese doctor Namura…- Dijo Inuyasha-… ¿es aquel que hace experimentos e investigaciones controversiales?
- Sus métodos causan ese revuelo porque la gente a veces no cree en el milagro de la ciencia… créame, el doctor Sheiyo lo ayudará de alguna forma, estoy seguro que es el único en el mundo que podría operar a su madre.
Inuyasha tragó fuerte y entonces, decidido, volteó el rostro hacia Izayoi.
- Parece que tendrá que venir conmigo, después de todo…
La mujer no fue capaz de responder, estaba agitada ¿cómo se iba a negar? No podía hacerlo con Inuyasha… no podía perdonarse siquiera el dejarse morir sabiendo lo preocupado que estaba. Pero… ¿Japón? ¿ir allá? Eso significaba… tal vez… enfrentarse a Inu Taisho… volverlo a ver… No… no podía, no lo soportaría…
- Oh… no…- Balbuceó avergonzada-… no… quiero permanecer aquí.
- Es la única alternativa- Afirmó el galeno, luego miró a Inuyasha- Confío en mi colega, sé que logrará operarla con éxito, además, estando allá, su madre deberá someterse a tratamientos físicos y neurológicos regulares, tal vez tenga que hacerse exámenes periódicos de resonancia magnética nuclear, espectroscopia de RMN, RMN con técnicas de perfusión o difusión, tomografía, análisis de sangre o un procedimiento de endoscopía. Es posible que se le recomiende atención en su casa, terapia ocupacional o vocacional, control del dolor, fisioterapia y que participe en grupos de apoyo.
Inuyasha se puso de pie y estiró su mano al hombre, sonriendo agradecido.
- Muchísimas gracias. Usted me ha devuelto el alma al cuerpo.
Izayoi no lo podía creer. No. Creyó que era irreal, que quizás era un sueño, no la realidad. Pero, para su consternación, era verdad, sin siquiera imaginarlo y menos debido a su enfermedad, tendría que ir a Japón por tiempo indefinido ¿es que acaso Kami seguiría castigándola? ¿qué mal había cometido?
- No, no iré- Le dijo cuando estaban por entrar a la mansión. Se detuvieron junto al pórtico y ella lo enfrentó- No puedo ir.
- No se preocupe madre, no vivo con mi padre si eso es lo que le preocupa. Tengo un departamento y es bastante amplio para que este ahí, además, la cuidaré personalmente.
- Pero tú trabajas…y - Tartamudeó-… y ¡¡vas a casarte!!
Inuyasha pareció volver a la realidad. Kikyo. Y es verdad, el iba a casarse, se suponía que incluso iban a vivir en una casa que su "prometida" había personalmente decorado con bastante esmero. Bueno… las cosas cambiaban ahora, eso definitivamente.
- No saca nada con negarse, además es la única opción. No la dejaré morir ni por enfermedad ni por hambre ¿esta claro?
Izayoi abrió desmesuradamente los ojos y no fue capaz de hablar. Inuyasha se cruzó de brazos y trató de tranquilizarse, para eso, cerró los ojos un momento e intentó regular su respiración, cuando lo hizo, sus ojos dorados parecían más claros, más suaves incluso.
- Lo siento ¿era eso lo que no me quería contar también? Myoga me ha dicho todo. Esta en la ruina ¿verdad? La tormenta de aquella vez…- Y sin querer su mente se pobló de imágenes de Kagome y él en una humilde casita en Thira, amándose junto al fuego de una chimenea. El vello de su piel se erizó y su corazón saltó dentro de su pecho. Oh, Kagome, Kagome, estaba loco por ella ¡¡loco!! Todo giraba en torno a esa muchacha, toda su vida era ella, lo sabía… la amaba tanto, tanto… si debía marcharse ahora ya no podría volver a verla. Oh, no, eso jamás ¡¡¡jamás!!! Necesitaba estar a su lado, lo comprendía ahora, su vida no significaría nada si Kagome no estaba con él. Quererla, amarla… saber que debía dejarla lo hizo pensar en locuras, en actos que quizás estaban fuera de toda moral y lógica, pero a estas alturas, después de tanto sufrimiento en Tokio debido a la separación, y después de haberse amado toda esa noche ahora, el hombre estaba realmente perdiendo el raciocinio con respecto a ella… ¡la necesitaba!
- Ya te quedaste callado…- Dijo Izayoi mirándolo con atención. Inuyasha parpadeó y su mirada casi enfermiza se volvió a suavizar. Su madre había notado los cambios de humor y de personalidad de su hijo, sabía que algo muy grande y grave estaba pasando con él, ahora, al ver la expresión de su rostro mientras parecía pensar algo realmente desquiciado, Izayoi confirmó sus sospechas. Se preocupó. Quizás sería bueno estar con él para cuidarlo. No quería que se volviera igual que su padre, o lo que Inu Taisho quisiera que fuera.
- Lo siento… - Volvió a concentrarse en la conversación, volviendo a la realidad-… le decía que lo sé todo, la tormenta acabó con la cosecha, el contador la ha estafado y le queda una miseria que no le durará más que para un par de meses.
- Myoga es bastante abusivo para revelarte todo eso.
- Sus sirvientes son también sus amigos, y se preocupan por usted.
Inuyasha abrió la puerta y la dejó pasar primero, la mujer caminó lentamente y se refugió en la comodidad de su sillón favorito. En ese instante Kaede se asomó de la cocina, preocupada para conocer a cerca de la entrevista.
- Mi madre se va conmigo esta misma noche. Me gustaría que usted viniera con nosotros para que este cerca suyo- Le informó el muchacho con bastante decisión y madurez, algo que inevitablemente sorprendió a la cocinera.
- Oh… Pero… ¿y la casa? Y… sus cosas…- Balbuceó la anciana mirando asustada a su Señora.
- Esta casa ya si siquiera es mía…- Suspiró Izayoi.
- No hay nada que cuidar- Respondió en cambio el muchacho. Y luego volvió a mirar a su madre- No creo que Myoga nos acompañe, ya que es anciano y seguro querrá permanecer en esta isla… y Toutossai… no ha vendido el yate ¿verdad? - La mujer le respondió con un movimiento negativo de su cabeza- Pues bien, se queda donde siempre… y Kagome… ella viene con nosotros.
Ni siquiera recordó a Natsuna.
- ¡Oh!- Izayoi no sabía si estar contenta por eso o no- No sé si Kagome querrá… a mi me encantaría pero… creo que quizás quiera rehacer una nueva vida…
La mirada de Inuyasha volvió a cambiar, el color de sus ojos se oscureció y casi se volvió diabólica del rencor.
- Oh, no… ella viene con nosotros…- Masculló.
Entonces, caminó volviendo a perder la cordura y subió casi de a dos escalones la escalera que daba a las habitaciones. De un portazo, sin siquiera llamar, entró a la habitación encontrándola sentada en la cama con un par de documentos revueltos a su alrededor. Ella lo miró asustada y se levantó en un segundo, lo vio acercarse mientras él la tomaba con firmeza de los brazos.
- Tu vienes con nosotros a Tokio, lo quieras o no.
Kagome creyó que estaba hablando incoherencias, que estaba loco o quizás tenía fiebre, podía notar el sudor en su frente y los ojos brillantes pero oscuros y con aquellos matices rojo fuego que le recordaban a un demonio.
- De… ¿de qué estas hablando?- Gimió apenas, de pronto experimentó temor por la fuerza que estaba empleando en su brazo y también por su mirada, sintió escalofríos.
- No te dejaré aquí con Kouga ¡jamás! Mi madre se tratará la enfermedad en Tokio y tú te vienes con nosotros.
La joven intentó procesar sus palabras y realmente tuvo que esforzarse para entenderlas ya que su temor le impedía razonar. Sin embargo, cuando recordó que Inuyasha iba a casarse, reaccionó, entonces lo enfrentó con la mirada y habló contradiciéndole.
- Oh no, claro que no iré. Te casarás y no quiero estar ahí para ver eso.
- Tu vendrás sin importar lo que yo haga…- Masculló él acercándola a su pecho y mirándola con deseo enfermizo, luego pareció alejar aquel aura endemoniada para lucir desesperado- Te necesito, no puedo dejarte, si lo hago no podré vivir, no soy nada sin ti, Kagome, por favor, tienes que venir, conoces mi situación… no amo a mi prometida pero… debo casarme con ella… ¿entiendes? Sólo a ti te amaré, lo juro.
A ella le dolieron sus palabras. La amaba, según decía, pero aun así se casaría con otra por deber. Por supuesto, la sirvienta sabía que él debía hacer lo correcto, pero ella también debía ser correcta.
- No… lo siento…- Respondió finalmente entrecerrando los ojos y apelando a la milésima de cordura que le quedaba para tomar aquella decisión.- No puedo… - Gimió con dolor, mirándolo fijamente mientras él mantenía la vista clavada y enfermiza otra vez sobre la suya-… eso me haría en tu… concubina… en tu amante… yo no puedo hacer eso. No, mejor olvidemos este asunto. No quiero perjudicar tu vida. Las personas esperan mucho de ti, tu padre, madre, familia… eres el heredero y el salvador de los Taisho ¿lo recuerdas? Yo no seré quien arruine tu vida…
- ¡¡No!!- Exclamó embravecido y entonces volvió a sujetar con fuerza del brazo de ella. Kagome lo miró con temor una vez más- ¡No! ¡No me importa! ¡Tu vienes conmigo como sea!
- ¡¡No puedes obligarme!!- Respondió Kagome al borde de las lágrimas- ¡Déjame! ¡No quiero verte más! ¡vete! ¡Déjame sola!
- ¡¡Te obligaré si es preciso!!- Bramó Inuyasha sujetándola más fuerte, tanto que ella hizo una mueca de dolor debido a la fuerza que él había empleado.
- ¡¡Me lastimas!!
La soltó volviendo a la realidad mientras la joven se alejaba hacia la puerta, sobándose los brazos y apretando los labios. Quiso disculparse enseguida, pero al acercarse, ella lo empujó y salió a paso rápido de allí.
- ¡¡Kagome!! ¡¡Kagome escúchame!- Gritó, mientras la seguía.- ¡¡Te necesito!!
- ¡No!- Respondió apenas volteando el rostro- ¡No me necesitas! ¡¡Tú no me necesitas!!- Luego volteó y lo miró- Jamás me perdonaría arruinarle la vida, Mi Señor.
Volteó sin esperar respuesta y bajó las escaleras rápidamente, Izayoi estaba aun en la sala y también Kaede, ambas se sorprendieron de ver a Kagome bajar, con el rostro rojo debido a la cólera, nerviosa y enojada. Más atrás la seguía Inuyasha de igual manera aunque más que enojado él parecía enloquecido.
- ¡Tu vendrás aunque tenga que obligarte!- Bramó.
- ¿Pero qué sucede aquí?- Preguntó Izayoi, poniéndose de pie y mirando a su hijo consternada y luego a Kagome que se detenía en frente suyo con reticencia- ¿por qué pelean?
- Lo… lo siento…- Masculló la sirvienta-… yo no puedo… no puedo ir con usted…- Le dolía hasta el alma pero sabía que debía hacer lo correcto ahora.
- Vendrás igual, aunque no quieras, eres la sirvienta de mi madre.
- ¡Inuyasha!- Lo reprendió la mujer, mirándolo con horror- Kagome es como mi hija, no te dirijas de esa forma a ella.
El hombre bufó sin que aquello lo hiciera reaccionar.
- Me importa un bledo, ella se viene con nosotros lo quiera o no. Esta dicho.- Miró a la joven- ¿O es que acaso piensas quedarte sola? ¿lo harías?
- Puedo hacerlo- Respondió ella, enfrentándolo.
- No, lo que quieres es quedarte para ir a los brazos de tu adorado Kouga ¿verdad?
Ella apretó los labios. Cómo la lastimaba ahora. Podía ser así, amarla con locura o lastimarla hasta lo insoportable… ¿qué estaba pasando? ¿por qué se comportaba así? ¿Por qué no simplemente la dejaba ir?
- Ven con nosotros, querida… quizás es mejor… Tokio puede ofrecerte muchas garantías… aquí… aquí no te espera nada…- Intentó la mujer razonar con ella, más por amor a la muchacha que quería como a una hija y no deseaba tampoco separarse de esa forma de ella, quizás, tal vez, jamás la volvería a ver.
- No… no puedo…- Respondió después de un breve segundo la sirvienta, al borde de las lágrimas.
- ¿No puedes?- Preguntó la Señora, hablándole con dulzura- ¿por qué no puedes? No quiero que estes tan lejos y desamparada mi pequeña, eso me romperá el corazón… por favor, Kagome, es lo mejor.
- ¿Ves?- Dijo Inuyasha cruzándose de brazos y sonriendo burlón.
A Kagome le recordó el odiado niño caprichoso, aquel que había quemado todas sus muñecas. Lo detestó por hacerle ésto.
- No, no iré, no puedo…
- ¿Pero por qué no puedes? ¿por qué?- Volvió a preguntar Izayoi.
- ¡Si puede, madre! ¡Si puede y lo hará!- Instigó Inuyasha decidido a hacer cumplir su diabólica voluntad.
Cualquiera que lo viera ahora sabía que ni siquiera estaba en sus cabales, que estaba enloquecido, enceguecido y por eso actuaba de una forma cruel, hiriente, déspota y con pensamientos tan pocos dignos, como aquel de querer a la muchacha aunque fuera su amante. Estaba perdiendo la razón, claramente.
- ¡No lo haré!- Protestó al borde del colapso. Quería de pronto abofetearlo, gritarle en la cara su verdad, la verdad que llevaba escondida en sus entrañas y que lo más probable arruinaría definitivamente su vida. Oh, pero ella no podía hacer eso, no quería llevarlo al infierno igual que Kagura… no, jamás.
- ¿Por qué no Kagome? – Suplicó una vez más Izayoi queriendo que los muchachos terminaran aquella discusión.- ¿Por qué no?
- Sí ¿por que no?- Repitió Inuyasha, desafiante.
Sintiendo los latidos de su corazón en la boca, con la mirada vidriosa, la respiración agitada y dificultosa, incluso con el temblor de sus piernas que se negaban a sostenerse un segundo más sobre el piso, ella colapsó. Pero no fue un desmayo lo que tuvo, más bien fue un desahogo, aunque un desahogo que los dejaría a todos tan sorprendidos que finalmente tendrían que aceptar que se quedara en la isla.
- Por que… ¡¡me casaré con Kouga!!- Bramó.
Y todo fue silencio a su alrededor.
Comenzó a sentir que recuperaba las fuerzas, poco a poco, lentamente. Miró a Inuyasha que lucía totalmente choqueado, la miraba absorto y con la boca semi abierta sin decir palabra. Pero no pasó mucho rato para que reaccionara y se acercara sin importarle que su madre estuviera presenciando la escena, la tomó del brazo mientras volvía a desafiarla con sus palabras y su mirada diabólica.
- Te casa… ¿casarás?- Tartamudeó, luego arrugó la frente, el shock claramente había pasado- No… no lo harás… es mentira… no dejaré que lo hagas.
- Sí lo haré- Respondió desafiante soltándose de un ademán de su brazo- Ya esta arreglado. Lo haremos en un par de días. – Agregó.
Inuyasha la miró como estatua, sin moverse, sin siquiera emitir un sonido, sus ojos grandes y luminosos se fijaban en el rostro de ella, Izayoi en cambio parecía comprender la noticia y la aceptaba con resignación, aunque tampoco estaba feliz por eso.
- Bien… si eso es así… no hay nada más que decir- Dijo Su Señora, brindándole una sonrisa amarga.
Y entonces Kagome supo que todos le habían creído su gran mentira.
Continuará…
N/A: Ufff qué intenso capítulo, me agoté!!
Gracias por esperarme!!! n.n la verdad, han sido días duros para mi, sinceramente, creí que moriría pero bueno, aquí estoy, después del trauma que he pasado la mejor terapia es escribir, al menos en mi caso, aunque aun no puedo escribir lo que pasó aquella horrible noche del terremoto. Y lo que pasó después. Para las que no saben y quienes me preguntaban porqué no actualizaba, si era falta de inspiración, irresponsable o algo así jeje (no dijeron eso, yo le estoy poniendo jeje) es porque vivo en Chile y tuve que soportarme un terremoto grado 8.8 con tsunami incluído que me dejó como si hubiera vuelto a la edad de piedra por bastantes días. Agradezco mucho mucho y de verdad, de todo corazón, a quienes se contactaron por cualquier medio para saber de mi ¿ven? no estaba muerta jeje sobreviví, también a quienes se preocuparon, sé que fueron muchas (os) y les agradezco el que me recordaran pero ya estoy bien, así que a seguir adelante nomás.
Me costó retomar el fic... no por falta de inspiración, fue más por ánimos, no tenía deseos de escribir cuando todo era caos a mi alrededor, espero comprendan. También vuelvo a aclarar, para alguien que comentó en algún lugar por ahí, que no tomaba esto en serio, pues le digo que no, realmente no lo tomo en serio y siempre lo he dicho, para mi es un hobbie escribir, pero me encanta hacerlo y a la gente le encanta leerlo. Soy muy feliz. también soy requete feliz por como soy y no por querer ser como tu escritora favorita. No, para nada, me encanta como escribo yo jeje (sin ofender a nadie porque aquí hay excelentes historias, pero quizás esa escritora favorita lo hace profesional, querrá ser escritora, digo yo)... al contrario mio, que ya tengo mi profesión y soy feliz con ella gracias a Diosito.
Y bueno... nada más, muchísimas gracias por seguirme chicas y chicos, de verdad les estoy muy agradecida, también por hacer ese grupo en face (u.u) me siento halagada, por los regalitos, cartitas, mails, imagenes, avatares, dulces, colonias, etc etc jaja que me han enviado... muuuuchas gracias, no sé como pagarles su cariño, tendrá que ser con mis historias nomás, que aunque se acabó Inuyasha hay harto aun que contar (jojo risa malvadilla) besitos, abrazos, infinitas gracias por los reviews, los estimo mucho y espero de corazón que esten muy bien.
Gracias por el apoyo.
Lady Sakura Lee
PD: Qué tarde es y muero de cansancio por escribir (me falta training XD) y más encima mañana madrugo!... espero sus reviews jejeje.
