Capítulo 29

Al llegar al aeropuerto, Terry fue informado acerca de la captura de Albert y Fiona, los cuales serían extraditados próximamente a los Estados Unidos. Terry estaba feliz por haber recuperado a Holly, pero también se alegraba por el hecho de que Albert no saldría indemne de esa situación. Además, eso también significaba que Stear y Archie ganarían el juicio de su cliente, lo cual sería de gran ayuda para su bufete.

- ¿Tendré que volver a subir al avión? – Preguntó Holly instantes antes de abordar – La última vez no me gustó. Me mareé.

- Es la única forma de volver a casa – Le dijo Terry mientras pasaban por los controles de seguridad. Rebuscó en el bolso que llevaba y sacó de allí una píldora y una botella de agua – Tomate esto.

- ¿Qué es? – Holly tomó la píldora sin pensarlo, confiaba en Terry.

- Impedirá que te marees.

Gracias a esa píldora, Holly no sufrió mareos durante el viaje, pero aún sentía miedo a volar. Terry tomó la mano de Holly durante el despegue y no la soltó hasta que la niña se quedó dormida unos cuantos minutos más tardes.

- ¿Su hija va a cenar, señor? – Le preguntó la azafata que llevaba la comida.

Terry sintió algo en su interior al oír las palabras de la mujer ¿En verdad parecían padre e hija? Antes de conocer a Candy jamás había pensado que podría llegar a sentir algo así por una niña que no era nada suyo, pero lo sentía, y quería convertirse en su padre. Quería que Holly fuera su hija y formar una familia junto con ella, Candy y el nuevo bebé.

Con delicadeza, Terry despertó a Holly.

- Es la hora de la comida.

- No tengo hambre – Le dijo ella con voz somnolienta.

- Vamos – Insistió Terry – Tienes que comer algo.

- De acuerdo.

Sin muchas ganas, Holly se incorporó en su asiento y la azafata le ofreció un menú infantil a ella y lomo al champiñón para Terry.

Luego de la cena, Holly volvió a dormirse y no despertó hasta que el avión hiso su aterrizaje.

En el aeropuerto de Nueva York, los padres de Terry estaban esperándolos para darle la bienvenida nuevamente a la pequeña.

- Nos tenías tan preocupados – Le dijo Eleanor aliviada de ver a la niña.

- Me asusté mucho – Holly se refugió en los brazos de la mujer – Creí que nunca más volvería a verlos.

- Pero ya no debemos pensar en esas cosas – Dijo Richard – Vamos… los llevaré al hospital.

- ¿Al hospital? – Preguntó Holly - ¿Quién está en el hospital?

Terry miró acusadoramente a su padre. Les había contado acerca del embarazo de Candy antes de partir a Buenos Aires. Ellos se habían sorprendido al saberlo, pues habían creído que entre Terry y Candy ya no existía ningún tipo de relación. Como sea, se alegraron por la noticia e intentaron sacarle más información al respecto, pero Terry debía abordar el avión, y lo único que les dijo fue que Candy se encontraba internada pero tanto ella como el bebé estaban fuera de peligro.

- Cariño – Le dijo Terry a la pequeña – Iremos a ver a tu mamá al hospital, ella…

- ¿Está enferma? – Preguntó con preocupación.

- No, no, ella… tu mamá está bien.

- ¿Y porque está en el hospital?

- Porque… bueno, ya te lo contará ella.

ooo

Candy no había logrado dormir en toda la noche. El médico le dijo que le daría de alta esa misma tarde, pero le hubiese gustado estar en su casa para cuando Terry llegara con Holly. No quería asustar a su hija, y tampoco sabía cómo tomaría la noticia de la llegada de un nuevo hermanito.

Susana y Annie le habían estado haciendo compañía durante un tiempo, pero en ese momento se encontraba sola esperando. Quería tener a su pequeña junto a ella y no podía continuar esperando.

De pronto, la puerta de la habitación se abrió de par en par dejando entrar a Holly, quien corrió rápidamente hacia ella.

- ¡Mamá!

Candy abrazó fuertemente a su hija, asegurándose de que estuviera sana y salva. Había sentido tanto temor durante los días que estuvieron separadas que no podía creer que ahora estuviese allí con ella.

- Gracias a Dios que estas bien – Le dijo con alivio.

- Te extrañé mucho.

- También yo, mi amor.

Terry se aclaró la garganta y entonces ambas recordaron que estaba presente.

- Holly, hay algo que debemos decirte – Se acercó a ellas y se sentó a un lado de la cama.

- ¿Qué pasa? – La pequeña miró a su madre y a Terry, ambos sonreían y Holly supo que no estaba sucediendo nada malo.

- Holly, mi amor – Candy acarició el rostro de su hija – Vas a tener un hermanito.

Holly abrió los ojos desmesuradamente, incapaz de pronunciar palabra alguna y tanto Candy como Terry quedaron expectantes a que hablara.

- Entonces… - Dijo Holly al fin – No me están mintiendo ¿Verdad? – Preguntó con precaución.

- Es verdad – Le contestó Terry.

Entonces la niña sonrió ampliamente y abrazó nuevamente a su madre.

- ¿Estás contenta? – Le preguntó Candy.

- ¡Claro que sí! – Exclamó Holly - ¡Voy a tener un hermanito!

Candy y Terry respiraron aliviados al ver que Holly se alegraba ante la llegada del nuevo bebé. Ninguno había sabido cómo podría haber reaccionado la niña ante tal noticia, pero afortunadamente, todo había resultado bien.

- ¿Y se van a casar? – Fue la siguiente pregunta de Holly.

Terry hubiera querido decir que sí, que se casarían cuanto antes, pero no estaba muy seguro de lo que opinara Candy. No habían vuelto a tratar el tema de retomar su relación, pero lo cierto es que Terry moría de ganas por que lo perdonase y aceptara casarse con él. Quería poder entregarle al fin ese anillo que guardaba en el bolsillo de su saco, lo había comprado para dárselo antes de que pasara todo ese mal entendido y Candy nunca lo había sabido.

- No es tan sencillo – Terry escuchó decir a Candy.

- ¿Pero porque? – Era evidente que Holly no iba a aceptar un no por respuesta, y Terry supo que se había convertido en su mejor aliada – Van a tener un bebé y tenemos que vivir juntos como una familia.

- Estoy de acuerdo – Dijo Terry, sabiendo que Candy se podría furiosa por arengar a la pequeña.

- Un matrimonio no es cosa sencilla – Dijo Candy intentando disimular una mirada fulminante a Terry – No es una decisión que se tome a la ligera.

- Pero se aman – Insistió la niña - ¿Qué tiene de malo que se casen?

Holly sentía grandes deseos por formar una familia, y eso Candy lo sabía a la perfección, pero la pequeña no sabía todo lo que había pasado con Terry durante su ausencia y tampoco quería decírselo.

- Solo… nos tomaremos un tiempo para pensarlo.

- De acuerdo – Aceptó Holly de mala gana – Pero no se tomen demasiado tiempo, tienen que casarse antes de que el bebé nazca.

Esa misma tarde, Candy fue dada de alta y Terry acompaño a ella y a Holly hasta su casa. Ayudó a Candy a acomodarse en su cama y no la dejó hacer ningún tipo de tarea. Llamó a la dueña de la tienda de libros para informarle los motivos por los que Candy no iría a trabajar durante los próximos días. Si fuera por él le hubiera dicho que ya no volvería a trabajar, pero ella se lo impidió.

- Me gusta mi trabajo – Le reprochó.

- Pero ya no tendrás necesidad de trabajar, y me haré cargo de ti, de Holly y el bebé – Terry supo que había dicho las palabras equivocadas al ver la expresión ofendida de Candy.

- Siempre me he valido por mí misma – Le dijo – Y nunca he necesitado que ningún hombre se ocupe de mí. Tú no serás la excepción.

- De acuerdo… admito que mi comentaría estuvo fuera de lugar, pero lo que intento decirte es que no es necesario que vuelvas a trabajar allí. Puedes volver a tu antiguo puesto en la compañía, estoy seguro que el sueldo era mejor – Por no mencionar la alegría que él mismo sentiría al verla todos los días como antes.

- Creo que no lo has escuchado bien. Me gusta mi empleo en la tienda de libros. La señora Beth me deja traerme libros a casa. Nunca antes había podido permitirme leer tantos libros como ahora.

- No sabía que te gustara leer.

- Tampoco yo, pero en estos días he tenido tiempo para hacerlo y he descubierto que me gusta. Además… me ayuda con los exámenes que estoy preparando para terminar la secundaria.

- Yo te compraré todos los libros que quieras – Le compraría la luna si eso era lo que ella deseaba.

- Ese no es el punto.

- Candy, estoy haciendo todo lo posible para que me perdones y vuelvas a confiar en mí. No te miento cuando te digo que quiero casarme contigo y formar una familia de verdad, pero también quiero que seas feliz y que estés segura de la decisión que tomes. Sabes que te amo y tú también me amas.

Candy no podía cuestionar eso. Amaba a Terry y nunca había dejado de hacerlo, pero tampoco podía olvidar la forma tan cruel en que la había tratado.

- Sabes que te amo – Le dijo en voz baja – Pero a veces eso no basta.

- Entonces dime que es lo que quieres – Le dijo intentando conservar la calma.

-Quiero que confíes en mí.

- Jamás volveré a dudar de ti – Le sonrió él – Pero para compensar el daño que te he hecho, prometo hacer cualquier cosa que me pidas. Incluso saltar del Empire State si eso es lo que quieres.

Candy rió ante ese comentario. Lo amaba demasiado como para pedirle que hiciera eso.

- Quiero conservar mi empleo – Le dijo después de unos segundos.

- Pero ahora con el embarazo…

- No cambiaré de opinión – Sentenció Candy – Ya te he dicho que me gusta trabajar en la tienda de libros y el embarazo no es motivo para que lo deje. Cuando estaba embarazada de Holly trabajé casi hasta el día del parto.

- Si te casas conmigo ya no tendrás necesidad de trabajar – Candy estuvo a punto de replicar cuando Terry volvió a tomar la palabra – Pero estoy dispuesto a ceder en ese punto si es lo que a ti te hace feliz.

Candy tuvo que hacer un gran esfuerzo para no arrojarse a sus brazos y besarlo. Quería casarse con él, y comenzaba a sentir que el malentendido que tuvieron fue cosa del pasado. Pero por otro lado…

- Yo… la verdad es que no sé si quiero casarme contigo – Le dijo con un tono de picardía que no pasó desapercibido para Terry.

- Estás jugando conmigo ¿Cierto? – Rió él – De acuerdo… Al menos podrías decirme cuantas veces quieres que te pida disculpas.

- Mmmmm… unas ochocientas mil pienso yo…

Terry volvió a reír.

- Bien, pero… - Fue acercando su rostro al de ella - ¿Crees que podría pagártelo en cuotas?

- ¿Y eso cómo sería? – A Candy comenzaba a interesarle ese juego.

- Te casas conmigo, y a cambio yo te prometo ser tu esclavo por el resto de mi vida – Comenzó a besar suavemente las mejillas de Candy.

- Eso es mucho tiempo – Deseaba sentir sus labios sobre los suyos, y Terry la complació. La besó como ella había querido que lo hiciera desde que estaban el hospital - ¿Te casas conmigo? – Le preguntó en un murmullo.

- Sí, Terry – Candy no dudó en contestar – Me casaré contigo.

Terry sentía una felicidad inmensa en su interior. Después de tanto sufrir, Candy había aceptado casarse con él.

- Espera… vamos a hacerlo bien – Terry sacó del bolsillo de su saco el anillo que había comprado para ella y se lo puso en el dedo – Ahora sí.

- Terry… - Le dijo ella con emoción mientras miraba el anillo – Es hermoso.

- Lo compré antes de que todo esto pasara.

- ¿Pensabas pedirme matrimonio?

Candy no podía creerlo. En un comienzo llegó a pensar que Terry se estaba casando con ella por el bebé, pero no era así.

- Eres la mujer que amo, Candy, y nunca estuve más seguro de nada, incluso cuando iba a casarme con Susana tenía mis dudas.

- Te amo, Terry.

- Y yo te amo a ti.

Volvieron a fundirse en un beso hasta que fueron interrumpidos por Holly, quien entró como un torbellino a la habitación cargando al pequeño Ozzy en sus brazos.

- ¿Entonces sí van a casarse? – Les preguntó con alegría.

- ¿Has estado escuchando? – La regañó su Candy.

- No, mamá, te lo juro… solo pasaba por la puerta y escuché cuando le decías a Terry que te casarías con él.

- Pequeña tramposa.

Los tres rieron y pasaron la noche en vela imaginando y planeando como sería la boda, el lugar, los invitados, y todo lo relacionado con ello.

ooo

La boda fue prevista para un mes después. Ninguno de los dos quería esperar más tiempo para estar unidos oficialmente. Además, Candy siempre había soñado con una boda maravillosa, y un vestido de princesa que no habría podido lucir con un vientre de embarazada.

- ¿Es todo como lo habías soñado? – Le preguntó Susana mientras le arreglaba el cabello.

- No – Contestó ella con una sonrisa – Es mejor.

Candy se miró en el espejo. Llevaba puesto un hermoso vestido blanco con la espalda descubierta y mangas de encajes, en la falda llevaba bordados delicados cristales al igual que en los zapatos.

- Será mejor que te apures – Annie entró en la habitación cargando a su pequeño bebé en brazos – Terry ya se está impacientando allí afuera.

- Bien – Susana le dio una última mirada – Ya estas lista - Le entregó un ramo de flores blancas y se dirigieron hacia la puerta seguidas por Holly, quien llevaba un precioso vestidito rosa con volados – ¿Estás nerviosa? – Le preguntó cuándo las damas de honor comenzaron a salir una por una.

- No – Sabía que no era normal, pero nunca había estado más tranquila en su vida – Estoy segura del paso que estoy a punto de dar.

- Bien- Susana tomó su lugar y salió detrás de las demás mujeres que componían el cortejo.

Candy no tenía muchas amigas, así que tuvo que pedirle a Susana, Annie, Patty y Sherry que fueran sus damas de honor.

Fue el turno de Candy de salir, y no pudo explicar la sensación que sintió al sentir la brisa fresca que golpeo su rostro en esa hermosa tarde de verano.

Terry le había propuesto realizar la boda en la playa, y Candy no había dudado un segundo en aceptarlo. No conocía el mar, y aún tenía en la mente ese viaje que Terry le había prometido a Malibu y que nunca habían podido hacer. Era un sueño más cumplido, y todo se lo debía a Terry.

Comenzó a caminar por el pasillo cubierto por las flores que Holly había estado arrojando. A sus costados estaban todas las personas que significaban algo para ella, no eran muchas, pero sí todas las que tenían que estar.

Fijó su vista en el frente y allí, delante de la pérgola, se encontraba él, el único hombre al que había amado en la vida. Continuó su camino hasta llegar al lado de Terry, quien le sonrió con profundo amor y la tomó de la mano.

El cura comenzó a oficiar la ceremonia, y los ojos de Candy se llenaron de lágrimas al darse cuenta de que todo eso era real. Parecía increíble que todavía no había pasado siquiera un año de que había estado trabajando como bailarina exótica en un club nocturno, viviendo solo con lo necesario, y sin la perspectiva de un hombre en su vida. Pero ahora todo era diferente, era como uno de esos cuentos de hadas que solía contarle a su hija, y ahora ella se había convertido en la protagonista.

Terry podía tener muchos defectos, pero era el hombre perfecto para ella, y sabía que jamás sería capaz de amar a otro como lo amaba a él.

- En presencia de sus familias, amigos y nuestro Padre Dios, los declaro marido y mujer – Fueron las palabras que dijo el cura antes de dar por concluida la ceremonia – Puede besar a la novia.

Terry no lo dudó un segundo antes de posar sus labios sobre los de Candy. Ahora era oficialmente su esposa, y las cosas estarían mejor que nunca. Al fin, había encontrado a su verdadero amor.

Fin

Costó pero llegó. Al fin pude terminar de escribir el final de esta historia, ahora solo falta el epilogo.

Besossssssssssssssss