Capítulo 28: Preguntas

¿Por qué regresé a buscarlo?

Era lo único que podía pensar sentada en el pasillo de la casa de los Cullen, con la espalda contra la puerta cerrada del cuarto de Edward, las lágrimas amenazando con colmar mis ojos y el pecho desgarrado por la incertidumbre, la confusión y la miseria.

¿Por qué?

Edward y yo nunca habíamos tenido una relación sencilla. Nuestros intercambios siempre habían estado repletos de inseguridades, de verdades dichas a medias, de secretos ocultos en parte, de idas y vueltas que no hacían más que continuar ensanchando la brecha que nos separaba, alejándonos a cada instante.

Todo conspiraba en nuestra contra. Las leyes mismas del universo parecían haberse propuesto hacer de nuestra relación un imposible. La vida se había complotado para evitar que fuéramos algo más que simplemente una chica sintiendo lástima por un chico que no encontraba la forma de relacionarse con nadie.

Irónicamente, más allá de todo lo que nos separaba, Edward y yo habíamos encontrado un puente que unía nuestras vidas. Habíamos visto por encima del abismo que nos apartaba y nos habíamos reconocido en la distancia. Ese algo que siempre había percibido detrás de sus ojos había sido suficientemente intrigante y prometedor para animarme a dar el salto. Y él había confiado en mí, aunque no estaba aún segura de porqué.

Ese día en que habíamos compartido nuestra pasión por la poesía y la música, esa tarde en que había escuchado su talento convertirse en melodía y su voz leer mis palabras como si fueran suyas, mi corazón había dado un vuelco. Pensé que nada sería mejor que ese minuto, que nunca me sentiría más cerca de alguien que de Edward en ese instante. Jamás creí que conocería una intimidad del alma más perfecta que la que sentí en ese momento.

Y, sin embargo, estaba equivocada.

Edward me lo demostró al día siguiente, cuando me invitó a sentarme junto a él en su piano y me ofreció el mejor regalo que alguien puede dar: la dedicación de su talento.

Edward escribió una canción para mi. Aún mejor, dotó a mi creación de música, le dio vida, la hizo vibrar con sus propias notas. Nunca hubiera imaginado una melodía más acertada y más reveladora para mi poesía que la que él le otorgó.

Y en ese preciso instante, en ese minúsculo momento en el tiempo y en el universo, sentí que finalmente alguien me entendía, me comprendía, me aceptaba y me correspondía como ni siquiera yo misma era capaz de hacerlo.

Edward había tocado esa fibra en mi, había indagado en lo más profundo de mi ser y había encontrado mi esencia. Pensé que ya nunca sería posible volver a encontrarme a mi misma. Pero Edward me había hallado. En su canción y en mis palabras; y en la conjunción de ambas.

Edward me había encontrado.

Y yo le había correspondido con desconfianza, duda y miedo.

No había querido hacerlo. Simplemente, no pude controlarlo.

En el instante en que atravesé el umbral de su habitación y vi su pecho descubierto, mi reacción fue instintiva e inconciente.

No pude controlarlo.

Ojalá lo hubiera hecho. Pero no pude.

Durante demasiado tiempo había escuchado los rumores y había soportado las largas sesiones durante las cuales Mike intentaba hacerme ver que estaba equivocada respecto a Edward.

Verlo con mis propios ojos fue como si todos mis temores se confirmaran.

Allí estaba la evidencia de lo que todos me había dicho durante meses. Ante mi estaba la prueba de que había estado equivocada.

"Es cierto entonces…" susurré inconcientemente, pensando que lo hacía en mi cabeza y no en voz alta para que Edward pudiera oírlo.

Pero él lo oyó. Y su reacción, aunque justificada, fue más atemorizante de lo que jamás hubiera imaginado.

Se desprendió de la toalla que cubría su cuerpo y caminó hacia mi con los ojos encendidos en llamas de ira incandescente. Aún en mi parálisis, pude ver que las cicatrices surcaban también sus piernas, sus muslos y su cadera. No fue su desnudez lo que me llenó de estupor, sino la visión de lo que había sido inflingido en su cuerpo.

El sonido febril de su voz fue lo que me trajo de vuelta de mi letargo, y lo que impulsó a mis pies a moverse hacia atrás, hacia la seguridad del pasillo, hacia un espacio lo más lejos posible de la persona que tenía ante mi.

En mi temor, lo desconocí. En mi miedo, creí lo que todos me había dicho de él. En mi turbación, ignoré todo lo que había aprendido acerca de él y todo lo que él me había enseñado.

No le di la chance. No le otorgué la oportunidad de contarme. No dejé un resquicio de duda que le permitiera decirme su verdad.

Sus palabras y su tono mordaz fueron como una bofetada en mi rostro. Jamás olvidaré mientras viva el modo en que su rostro se contorsionó de dolor cuando me dijo que podía correr a contarles a todos lo que él era. Nunca podré borrar de mi memoria el sonido de su voz, esa misma voz que había cantado para mi como un ángel, cuando se llamó a sí mismo una bestia.

Y aún así, aún viendo lo que estaba causando, no pude reaccionar.

Caminé hacia atrás, asustada y recelosa, y dejé que cerrara la puerta en mi rostro. Sólo entonces, en la soledad del pasillo y en el silencio de mi propia conciencia, comprendí lo que había hecho.

Lo había juzgado. Había dejado que lo que todos los demás me habían dicho hiciera mella en el hecho de que Edward era mi amigo, en que lo conocía y en que se merecía que le diera la oportunidad de explicarme.

"Por favor, háblame" le supliqué, en un susurro, a través de la puerta.

No esperaba que me abriera. No creo que lo deseara tampoco. No estaba lista para enfrentarlo. No estaba preparada para su verdad. En ese momento, lo único que me parecía lógico era dejarme ahogar por las dudas, la incertidumbre y la desazón.

Sentada en el pasillo, con la espalda contra la puerta de la habitación de Edward y el rostro entre las manos, no podía dejar de pensar en las palabras de Mike. ¿Era Edward un maniático depresivo? ¿Se había lastimado a sí mismo? ¿Había intentado matarse? Y si era así, ¿cuál debería ser mi reacción?

Sin importar cuál fuera la explicación para lo que había visto, lo cierto es que no podía dejar de sentir que Edward me había traicionado. Su secreto, ese secreto que yo siempre había sospechado que ocultaba, era mucho más grande y más oscuro de lo que yo había imaginado.

Porque él no había confiado en mí. Me había ocultado mucho más de lo que me había revelado acerca de sí mismo. Y era esa deshonestidad la que me estaba rompiendo el corazón.

El abismo que nos separaba, de repente, se volvió insondable. El dolor me atenazó el pecho. Había perdido a la misma persona que un par de horas antes había considerado un hermano de alma. No había forma de que un secreto de ese talante no destruyera algo tan frágil como lo que habíamos construido.

Entonces comprendí que Edward era para mi un desconocido.

Y, de alguna manera, yo misma lo era.

Con Edward me había hallado a mi misma. Si Edward era una mentira, entonces también yo lo era.

En ese momento, me sentí más desorientada que nunca. Ya no era la Alice del pasado, ni la Alice de Mike y Jessica, ni la Alice de Edward.

No sabía quién era.

Me levanté con esfuerzo del suelo, reconociendo que no podía permanecer allí para siempre. De todos modos, Edward no iba a abrir la puerta. Y, de todas formas, yo no quería que lo hiciera.

Bajé las escaleras en silencio y despacio, no sabiendo si quería marcharme o quedarme, si debía huir corriendo para jamás regresar o volver mis pasos hacia su puerta y azotarla hasta hacerlo entrar en razón.

No tenía idea de qué hacer.

Entonces hice lo único en lo que pude pensar. Busqué a Esme en la cocina.

Esme estaba de espaldas a mi cuando entré, ocupada con algo que olía fantástico en la estufa. No se giró para mirarme, pero supo que estaba allí.

"¿Qué te dijo Edward?" preguntó.

Sólo entonces recordé porqué había regresado al cuarto de Edward: era para contarle que Esme me había invitado a pasar la Navidad, junto con mi familia, en su casa. En ese momento, no pude contener mi deseo de decirle a Edward que tal vez pudiéramos pasar las festividades juntos. Estaba tan feliz que no pude esperar al día siguiente, en la escuela, para decírselo. Corrí escaleras arriba e irrumpí en su cuarto. Si tan sólo hubiera sido paciente…

No tenía sentido llorar sobre la leche derramada. Lo hecho, hecho estaba. Ahora tenía que atenerme a las consecuencias de la revelación sorpresiva que había generado.

No respondí a la pregunta de Esme. La verdad era que no había nada para contestar. Ella se giró para observarme, preocupada por mi silencio. No necesité decirle nada para que notara que algo andaba mal. Su instinto fue suficiente.

"¿Alice? ¿Qué ocurre?" quiso saber, abandonando la comida y acercándose a mi.

Me desplomé en una silla y sollocé en silencio durante un momento, incapaz de pronunciar palabra. Esme se sentó a mi lado y puso una mano cálida en mi hombro, pero no dijo nada.

Sólo cuando el llanto comenzó a subsistir me atreví a dar palabras a lo que tenía atravesado en la garganta.

"¿Qué le ocurrió?" pregunté

Esme pareció no entender, porque no dijo nada.

"¿Qué son esas marcas en el cuerpo de Edward?" exclamé, alzando mis ojos y buscando los suyos.

Esme se tensionó un momento, y su rostro pareció envejecer una década cuando murmuró: "Oh Alice…"

"¿Se lastimó a sí mismo? ¿Trataba de suicidarse?" presioné con un tono más duro de lo que hubiera deseado.

Esme lo sabía. Por supuesto que lo sabía. Era su tía y su tutora legal. Esme conocía su secreto y aún así no me lo había confiado.

"No es mi historia para contar, cariño" respondió. "Tendrás que preguntárselo a él"

"Edward me expulsó de su cuarto y cerró la puerta. No quiere hablar conmigo" repuse.

"Dale tiempo. No es sencillo para él" dijo.

"¿No es sencillo para él?" repliqué, alzando mi voz. "¿Y qué hay de mi? ¿Crees que es sencillo descubrir que la persona a la que considerabas tu amigo te ha estado ocultando algo así? Siento que no lo conozco en absoluto. No sé quien es". Era egoísta e injusto decir algo así, pero no pude contenerme. Me sentía cegada por la ira.

Esme suspiró, apesadumbrada. Bajó la cabeza hasta su pecho e inspiró un par de veces buscando sus palabras. Cuando alzó nuevamente sus ojos, la calma y la serenidad habían regresado. Su mirada era nuevamente esa mirada maternal que siempre la había caracterizado en mi mente.

"Alice, creo que eres una chica estupenda. Y también creo que has hecho cosas maravillosas por Edward" exclamó, solemne. "Pero la historia de Edward es una historia complicada. Mucho más de lo que imaginas. Le llevó más de un mes confiar en Carlisle y en mi como para contárnosla"

Extendió su mano y la posó con delicadeza sobre la mía. "A pesar de lo mucho que te aprecio, no puedo dejar de decirte la verdad" dijo mirándome fijamente a los ojos. "Y lo cierto es que tú no siempre has sido honesta con Edward ni con su amistad. Nunca has estado del todo segura de lo que deseas. No terminas de decidir si ser su amiga vale la pena o no"

Abrí la boca para replicar, pero meneó la cabeza y me detuvo. "No lo niegues, sabes que es cierto. Y no estoy juzgándote por ello. Es sólo lógico. Eres joven y estás insegura de ti misma. No sabes qué es lo que quieres de la vida. Y lo comprendo" murmuró. "Pero debes entender también que es normal que Edward no haya confiado en ti. Él tampoco sabe qué actitud tomar respecto a tu amistad. Y es joven y ha sufrido mucho. No es fácil para él abrirse y confiar. Comprendo tu incertidumbre tanto como comprendo la de Edward"

Sus labios se curvaron en una sonrisa dulce y, a la vez, triste. "Ojalá pudiera ayudarlos a ambos; hacer las cosas más sencillas para que pudieran estar uno con el otro como se lo merecen. Pero lamentablemente no puedo hacerlo" susurró. "Ahora depende exclusivamente de ustedes. Y sin importar lo que decidan, yo voy a comprender"

Esme se irguió en su silla, alta y elegante. "De todos modos, hay algo que creo que debes entender" me dijo. "Si decides buscar su verdad, no lo hagas por una curiosidad morbosa. Hazlo sólo si estás dispuesta a escuchar con la mente y el corazón abierto, y a aceptar. Hazlo si estás lista para acompañarlo, sin importar lo que sientas al saberlo"

"¿Y cómo sabré si estoy lista?" pregunté.

"En eso no puedo ayudarte" replicó, meneando la cabeza con tristeza. "Fue difícil para Carlisle y para mi, aún cuando somos mayores y más maduros. Sólo puedo imaginar lo complicado que será para ti, siendo tan joven y habiendo vivido tan poco. No será sencillo ni placentero. La verdad de Edward no es algo fácil de escuchar, ni de comprender, ni de soportar. Es duro vivir con ese conocimiento. Y más duro acompañarlo una vez que esa puerta se ha abierto. No hay vuelta atrás"

El pánico transcurriendo por mis venas pareció intensificarse. Sentí una brisa helada correr por mi sangre al escuchar sus palabras.

¿Cómo podía estar preparada para algo así? Yo era una niña, una niña en el cuerpo incipiente de una mujer y en la mente de alguien que no está segura de quién es. ¿Cómo podía ser capaz de escuchar, aceptar y estar junto a alguien con un secreto atroz, cuando ni siquiera estaba segura de poder aceptarme a mí misma?

"Confío en ti, Alice" susurró Esme entonces. "Sigo creyendo que eres una persona increíble y que hay mucho más en ti que lo que hemos visto hasta ahora. Y sin importar lo que decidas, yo siempre te apreciaré"

Sus dedos se cerraron en torno a los míos, apretándolos con ternura y determinación. "Tal vez en otro momento de sus vidas, si fueran mayores y más maduros, hubiera sido más natural. Su amistad hubiera fluido más límpida y clara, sin obstáculos ni secretos. Pero no es así. Y creo firmemente que todo ocurre por una razón y que, al final, los designios del destino terminan por revelarse lógicos"

Me puse en pie sin decir una palabra y me encamine hacia la puerta de calle, soltando la presa de sus dedos en el camino, buscando la pureza del aire del exterior para salir de mi asfixia mental.

Su voz me llegó firme a través de la pared que separaba la cocina del living, justo antes de que traspusiera la puerta hacia el mundo.

"En tu interior lo sabes, Alice. Conoces todas las respuestas. Porque nadie lo conoce como tú"

….

Primero y principal, vuelvo a agradecer a todos y cada uno de aquellos que se toma el tiempo de leerme y de hacerme saber que piensa de mi historia. Es una caricia para el alma cada vez que leo una review, porque nunca jamás dejan de estar repletas de cariño y palabras de aliento. Jamás les estaré suficientemente agradecida por ello. Trato de responder a todas las personas que me escriben, aunque a veces tardo mucho más tiempo en hacerlo de lo que desearía. De nuevo, gracias por estar del otro lado.

Segundo, quiero decirles que el próximo capítulo será revelador y, por ende, asumo que un tanto más largo. Quisiera actualizar con más frecuencia, pero, como ya les he dicho, no quiero apresurar esta historia. Quiero permanecer fiel a la trama y, sobre todo, a sus personajes que, a esta altura, aunque en nombre y descripción física perteneces a Stephanie Meyer, en su personalidad y en su desarrollo son más míos que ningún otro. Espero que ofender a ningún fan con estas palabras.

Nuevamente gracias. Y espero sus palabras, como siempre, que me hacen una escritora mucho más que feliz.