Prologo Parte III:
Una guerra interminable, los hermanos Salvatore nunca dejaron de odiarse, el resentimiento por el amor hacia Katerina los derribó, y arruinó sus vidas para siempre, ahora deben vivir como vampiros.
Este año 2013 será una supresa para ambos, re-encontrados en Mystic Falls, ambos hermanos se odian, y siguen haciéndolo hasta el día de hoy. Ambos se encuentran con la noticia de que Katerina sigue viva, y que también está de vuelta en Mystic Falls.
Parece que Katerina corre más peligro que nunca, ya que Klaus está a punto de encontrarla, ¿los hermanos Salvatore la ayudarán a deshacerse de él?
Pero… ¿quien salvó la vida de la joven Katerina esa noche de 1864?
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Capitulo 29: Mystic Falls
Año 2013
Katerina llegó a Mystic Falls, de vuelta al lugar que tantos recuerdos le daban. Tantos recuerdos horribles que nunca pudo sacar de su cabeza, haber perdido a los hermanos Salvatore fue lo que más se recriminó todos estos años, por culpa de ella habían muerto, y eso era lo que a Katerina no la dejaba en paz...
La joven está escapando de Klaus, una vez más. . . El vampiro malvado había intentado asesinarla hacia unos meses atrás, pero como siempre ella lograba escapar. No sabía si por suerte, o porque al parecer tenía un ángel guardián que la salvaba seguido, como aquella noche en que el Señor Salvatore había querido matarla.
Era un día extraño, volver a pisar esa tierra, ese lugar ahora poblado masivamente, y lleno de edificaciones, con gente extraña que ni la miraban a los ojos, "gente del futuro" como solía llamarles Katerina.
Sintió una gran presión en su pecho, ya que ella había jurado dejar su humanidad en Mystic Falls, dejarla junto a los cuerpos de los hermanos Salvatore, y ahora estaba de vuelta allí, quizás podría encontrar esa humanidad otra vez, la necesitaba de vuelta.
Ella no era más que una vampiro llena de fuerza y hambre, su corazón no latía por nadie más, ni nada, y solo se preocupaba por huir de Klaus.
Se alojó en una pensión demacrada y de poca gana. Hipnotizó a la dueña para que la mantuviera al tanto de todo lo que pasaba en Mystic Falls, no quería ninguna sorpresa encontrándose a Klaus vagando por allí...
Una salida a la luz del día la iba a dejar totalmente segura ante los habitantes que pudieran saber algo de vampiros. Tomó su chaqueta negra, se puso el anillo solar, se acomodó las ondas de su cabello marrón chocolate, se puso unos tacones altos, y salió con la frente bien en alto.
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-Un buen regreso a Mystic Falls. . .Masacrar al nuevo pueblo es una buena idea para ir empezando; susurró Damon mientras caminaba por la calle principal de la ciudad.
-Buenas tardes, yo soy el Alcalde Lockwood; se presentó el hombre bien formado y de contextura robusta hacia Damon.
-Oh, que tal...yo soy Damon; dijo con una sonrisita picara y malévola a la vez.
-¿Es nuevo en la ciudad verdad?; preguntó el alcalde.
-Sí, estoy de vacaciones... O algo así; le respondió estirando su mano para estrechar la del alcalde.
Cuando sus manos se tocaron, ambos fijaron su mirada, una mirada de odio y repulsión.
-¿Tu eres...?; dijo el alcalde soltando su mano y horrorizado.
-Sí, bueno y ni hablar de ti, hacia tanto que no veía a uno como tú; exclamo Damon.
-Vete de mi ciudad, ¡AHORA!; le gritó el alcalde.
-No me vengas con tonterías, que yo tengo más fuerza, y ¡Ah! claro tu solo en luna llena...
-Si matas a alguien juro que...
-¿Qué?; le dijo Damon mirándolo fijamente.
-Vete de Mystic Falls.
-¡Este es mi lugar, yo nací aquí, y tengo derecho a asentarme donde se me dé la gana perro!; le dijo Damon riendo.
-Señor alcalde, vamos a llegar tarde a la reunión..; dijo una mujer asomándose por el hombro del alcalde.
-Claro, va a llegar tarde...Vaya tranquilo, mientras voy a comer algo…
-Ni se te ocurra; le dijo el alcalde tomando el brazo de Damon.
-Si no me sueltas juro que te arrancaré el corazón aquí mismo; exclamo el vampiro.
El alcalde lo soltó y tuvo que rendirse ante las palabras de Damon, era obvio que era más fuerte que él, y que en cuanto tuviera la oportunidad lo mataría.
-Si alguien muere, ya sabré a quien culpar...; le susurró el alcalde a Damon.
-Claro, ya sabrá...; le dijo Damon alejándose y mostrando una sonrisa perversa en su rostro.
Damon estaba de vuelta en Mystic Falls, algo dentro de él le había dicho que debía volver, que debía ir otra vez al lugar donde todo comenzó para él y su hermano.
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Katerina estaba en la plaza del centro de Mystic Falls, el lugar donde habían muerto los hermanos Salvatore. Se quedó sentada en un pequeño banco de allí, y se dispuso a analizar a los habitantes.
La noche cayó, y Katerina seguía ahí, esperando para conseguir una presa.
Cuando vio a un hombre solitario corriendo por el parque, Katerina se trepó a un árbol esperando el momento adecuado para atacarlo.
Se lanzó sobre él, y en menos de un segundo ya había succionado la mitad de la sangre del cuello del muchacho.
Katerina se limpió la boca con un pañuelo, y lo tiró con desprecio. La sangre de él no era tan buena como esperaba que lo sea, pero bueno era lo que hoy había conseguido.
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Damon estaba recostado en tejado de una casa, cuando una madera voló a unos centímetros de su rostro. Él se levantó rápidamente y alterado bajó, lleno de furia vio que el hombre que había lanzado la estaca era el alcalde, el 'hombre lobo'.
-¿Qué crees que haces, quieres morir?; le dijo Damon furioso.
-Te advertí que no te metieras con mi gente; le gritó el alcalde con una ballesta que lanza estacas.
-Pues hace tan solo un día que estoy aquí y solo me comí a dos personas. Ah sí, las dueñas de esta casa, ¿está mal?
-¡Sí! ¡Y al hombre del parque!; exclamo el alcalde enojado pero sintiendo miedo del vampiro.
-Yo no ataque a nadie en el parque, pero además si fuera así ¿qué harías, vas a matarme?
-Si...; susurró el alcalde.
Damon tomó la ballesta del hombre, y doblo su brazo, partiéndolo como si fuera un pequeño palillo. Soltó el brazo del lobo y exclamó en forma de susurro:
-La próxima vez te mataré...; grito y se fue corriendo velozmente hacia el centro de la ciudad.
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Katerina estaba esperando a su próxima víctima, era ya el segundo día de su estadía en Mystic Falls, y debía alimentarse bien, ya que la sangre del anterior hombre no la había saciado para nada.
Sintió un ruido de unas pisadas y se subió a un árbol para esperar por su presa.
Cuando salto sobre él, este la tomó del cuello y la estampo contra la pared.
-¡Damon!; exclamo ella frenética.
