CAPÍTULO 29
TE ODIO KENJI
Sora, con lágrimas en los ojos, le dio una fuerte bofetada a Kenji. Este se mantuvo indiferente, simplemente mirándola.
- ¡Te odio, no quiero volver a saber nada más de ti! – Le gritó y se marchó corriendo, seguramente en dirección para su casa.
Lo que acaba de hacer le rompió a Kenji el corazón, pero no paraba de repetirse así mismo que era lo mejor que podía hacer. Así todo estaba bien, no era la persona adecuada para estar junto a Sora.
Se volteó para ir a su casa, pero se detuvo, sorprendido de ver que allí estaba su hermano que, con cara de incredulidad, le miraba fijamente.
- T-Tai…
Sin decir nada, su hermano se acercó a él corriendo y le soltó un puñetazo en la cara, en el mismo lado donde le había golpeado Sora. Luego lo agarró del cuello de la camiseta para que lo mirase a la cara.
- ¡¿Se puede saber qué coño te pasa? ¡¿Por qué le has hecho eso a Sora?
- No recuerdo tener que darte explicaciones de las cosas que hago, ¿verdad? – Le respondió, con chulería y le forzó a soltarle – Si tanto te preocupa tu amiguita, ve tras ella.
A regañadientes, Tai salió pitando tras Sora No sin antes decirle una última cosa al pasar por al lado de su hermano.
- Me has decepcionado… me avergüenza tener un hermano como tú.
Como había hecho con Sora, Kenji se mantuvo indiferente, como una estatua sin expresión. Ya sin nada que hacer en ese lugar, emprendió la marcha, sin rumbo fijo. Al pasar por al lado de un edificio cuya fachada estaba completamente hecha de cristales, la figura de Diablomon apareció.
"¿Estás seguro de lo que has hecho? Aún estás a tiempo de arreglarlo"
- Es lo mejor…
Llevaba demasiado tiempo conociendo al chico para darse cuenta de que todo lo decía de boquilla. En su interior estaba destrozado, por haber hecho daño a la persona que amaba, por empezar a ser odiado por su hermano. Y lo que más le destrozaba por dentro, es que le quedaba lo más difícil, y era su hermana pequeña.
Los Takenouchi miraban preocupados la puerta de la habitación su hija. Desde que había llegado se había encerrado allí dentro y se negaba a salir. Por más que lo intentaba, su esposo le decía que la dejara tranquila.
- Pero, cariño…
El negó con la cabeza. Cuando Sora llorando y se encerró en su cuarto, su madre iba a ver que le pasaba y luego llegó Tai. Al ver que ninguno de los dos podía hacer nada por sacar a la niña de su cuarto, pronto desistieron. Al irse Tai, le dijo algo a su mujer, algo que sin embargo, no dejo de preocuparle a la señora Takenouchi.
- No me puedo creer que le haya hecho a Sora… él… ¿por qué no vas a hablar con él? Sora no se merece…
- Ha hecho lo mejor - sentenció su marido.
Sabiendo que no iba a hacerle cambiar de opinión, la señora Takenouchi no podía más que esperar a que su hija saliese de su cuarto por su propia voluntad.
Sora estaba tumbada en la cama, tapada con la manta, con la cabeza hundida en la almohada llorando angustiosamente. En su cabeza no paraba de repetirse las palabras que Kenji le había dicho, y cuanto más las recordaba más le dolía el pecho y más ganas tenía de llorar.
Tras volver sus padres de los asuntos que tuvieron que atender fuera, Kenji se despidió para irse a su casa. Sora decidió acompañarle, y de paso así saludar a sus padres y darles las gracias por permitir que se quedase con ella en esa noche tan… ¿especial? Solo de recordar lo que había pasado se ruborizaba.
Todo iba tan bien, y tan normal, hasta que Kenji se detuvo de golpe y dijo:
- Hemos terminado.
- ¿Eh? – Sora se giró, porque no le había entendido - ¿Has dicho algo, Kenji?
- He dicho que… hemos terminado. No podemos seguir saliendo juntos.
- ¿Q-Qué…? Kenji, ¿qué estás diciendo?
- Lo que has oído. Lo nuestro ha terminado.
- ¿P-Pero por qué? – Quiso saber la joven, que se acercó a él, sin entender porque le decía eso - ¿H-Ha sido por algo que he dicho? ¿Por algo que he hecho? Si hay algo que te molesta de mí y quieres que cambie yo…
- No es nada de eso… simplemente… ya no me interesas – tras esas últimas palabras hizo una pequeña pausa, y desviando su mirada le dijo - . Habiendo conseguido lo que quería de ti ya no tengo interés alguno.
- ¿C-Conseguido lo que… querías de mí?
- Tu virginidad, sentía curiosidad por saber cómo era acostarse con una virgen. Y ha sido patético, Ai lo hace mejor que tú mil veces.
- ¿Q-Qué…? S-s-sí me dijiste que…
- ¿Qué era mi primera vez? Ja, he estado con más chicas de las que puedas contar con los dedos de las manos y los pies. La verdad, para lo que me ha costado que te interesases en mi me esperaba algo más espectacular, no algo tan decepcionante.
Sora empezó a llorar, sin poder evitarlo, pero no apartaba la mirada de Kenji que volvió a mirarla fijamente, con desprecio.
- E-Es mentira… ¡es mentira, ¿verdad? M-Me estás tomando el pelo, ¡¿verdad que si?
- ¿Pero en serio te pensabas que me interesaría una marimacho como tú? Pero mírate, si no tienes ningún atractivo como mujer, ni dentro ni fuera de la cama. En serio, no sé yo que te ve mi…
No pudo terminar la frase, porque Sora le abofeteó con todas sus fuerzas. Y de allí, se marchó para su casa, encerrándose en su habitación y escondiéndose dentro de su futón. Tai al parecer los había visto y la había seguido, pero no quería ver ni hablar con nadie.
Aún no se lo podía creer, ¿de verdad Kenji había estado actuando todo el tiempo? ¿Cuándo la presentó formalmente como su novia ante todos sus compañeros de residencia? ¿Cuándo la defendió ante Ai-san? ¿La noche anterior cuando fue tan tierno y cariñoso con ella mientras lo estaban haciendo? ¿Todo eso había sido una mentira?
- Kenji… ¡te odio…! Te odio… - repetía una y otra vez apretando con fuerza la almohada mientras dejaba que su dolor saliese de su cuerpo en sus lágrimas.
Era bastante tarde cuando Kenji regresó a casa. Esa noche ni se molestó en cenar, tampoco quería encontrarse cara a cara con Tai tras lo que había pasado. Ni tampoco ver a Kari, no podría aceptar que otra persona le dijera en el mismo día lo detestaba. Y todavía tenía que pensar cómo lograr cabrearla para que decidiese olvidar que tiene un hermano mayor.
Estaba en el balcón, con la cabeza apoyada en la barandilla. Necesitaba que le diese el aire, y le daba igual el frío que hacía, no le apetecía meterse en la cama y si pillaba un resfriado tampoco importaba mucho, la verdad.
Desde su habitación, Kari lo miraba desde detrás de las cortinas. En su cama, Tai estaba durmiendo, o haciéndose el dormido. No sabía porque, pero estaba de muy mal humor y desde que había vuelto Kenji ni le dirigió la palabra. La niña sabía que había pasado algo entre ellos, ¿pero el qué?
"Eres un cabezota", le dijo Diablomon a su mente.
- Déjame en paz…
"Si llamas ahora aún podrás arreglar las cosas"
- ¡Te he dicho que me d-!
Unos brazos suaves y delgados le rodearon el cuello y unos pechos, medianamente desarrollados se apoyaron en su espalda, lo que lo sobresalto. La cabeza de su madre se apoyó sobre su nuca.
- ¡¿M-Mamá?
- Hay que ver… no hacía esto desde que eras un crío, ¿te acuerdas? Entonces no me llegabas ni a la cintura y ahora apenas puedo apoyarme en ti. Pero me da igual lo que crezcas, siempre serás mi pequeñín.
- Y-Ya no soy un crío… - se quejó un poco ruborizado, lo que le saco una risilla a su madre.
- Dime, ¿qué te pasa, hijo? Has vuelto muy tarde y no has cenado. ¿Ha pasado algo con Sora?
Kenji sintió como si se le clavaran varias espadas en la espalda, lo que lo desanimó aún más. Eso sonreír a su madre, era verdad que a ellas no se les podía ocultar nada.
- Seguro que todo se arreglará, Kenji. No te atormentes más.
- No creo que esto tenga arreglo… ha sido culpa mía a fin de cuentas.
- Oh, ¿la has hecho enfadar?
- Algo… así…
- Entonces dale tiempo. Las mujeres podemos ser muy rencorosas, pero sabemos perdonar.
- No sé yo si me llegara a perdonar…
- Tú dale tiempo. Y entra en tu habitación, que vas a pillar un resfriado.
Su madre iba a entrar por la puerta que daba al salón, cuando Kenji la detuvo.
- Oye… mamá… una cosa… si alguno de nosotros… ya sabes, Tai, Kari o yo… desapareciese, ¿cuál preferirías que se fuera?
La señora Kamiya se quedó mirando fijamente a su hijo mayor, ya que la pregunta le había pillado desprevenida. Pero su rostro cambió al de una sonrisa, y le contestó sincera.
- Ninguno. Para mí sois mis tesoros. Si os pasará algo a solo uno de vosotros, no sabría qué hacer.
Y se metió de nuevo en la casa. Kenji permaneció un rato con la mirada baja, en el más absoluto silencio.
"¿Esto te hará cambiar de opinión?", le preguntó Diablomon, apareciendo su sombra en la pared.
- N-No… nada me hará cambiar de opinión…
"Cabezota… no te das cuenta del enorme sacrificio que vas a hacer. De lo que vas a perder."
- Esta mañana te habrás dado cuenta… ¿verdad? Han llegado nuevos digimon a este mundo, seguramente para acabar con los niños elegidos.
"Podemos seguir como siempre, así podrás seguir viviendo tu vida en espera de que se encuentre la cura"
- No… no hay nada que yo pueda hacer… - se giró para mirar a la sombra de Diablomon – Ha llegado la hora de que Kamiya Kenji desaparezca para siempre y que Diablomon sea quien entre en escena.
