Dardos

Matthew y Francis se conocieron en una fiesta que él dio. Los presentó y al instante hubo esa conexión especial.

Antonio y Lovino se reconciliaron por terquedad suya. No soportaba los lloriqueos del primero ni el mal humor del segundo.

Iván y Yao se juntaron por el simple placer de joderle la existencia.

Gilbert y Elizabeta dieron finalmente el paso que todo el mundo esperaba en una fiesta que organizó él con el simple objetivo de juntarlos.

En conclusión: era todo un Cupido. Lo extraño era que él todavía no hallaba a su pareja. Deprimido por la perspectiva de vivir como un forever alone, Alfred se fue a un bar. Pidió una cerveza e ignoró a su hermano que estaba en una mesa con el galo. ¡No era justo! ¡Él también quería amar!

Frustrado por seguir virgen, digo, solo, se puso a jugar con los dardos. Tiró el primero y quedó muy en la orilla. El segundo casi se entierra en el centro. Llegados al quinto, Alfred frunció el ceño y lo aventó al azar.

— ¡Oye idiota, ten cuidado! —gritó un chico de pelo rubio sobándose la cabeza devolviéndole el dardo con furia.

Alfred se quedó boquiabierto. ¿Podría ser que…?

—Te invito un trago a modo de disculpa —soltó rápidamente sonrojándose tras procesar lo que había dicho. El chico se le quedó viendo raro, pero asintió.

—Arthur —se presentó. Alfred estrechó su mano y sonrió.

Omake:

Heracles se sacó un moco y salió del bar. Kiku Honda seguía en su lista, bueno, ese lo dejaría para él.


#yolo. Lo siento, fue lo que se me ocurrió jajaja