29.- Profecía
El director negó con la cabeza mirando hacia la mesa cuando escuchó el estrépito de la taza contra el suelo. Levantó la vista, Sybill estaba totalmente rígida, con los ojos en blanco y cara inexpresiva; la voz de la mujer era de ultratumba:
«La heredera perdida será hallada, el niño héroe morirá. Hija de luz dañada por la oscuridad, niño de muerte nacido para la luz. El rey dragón volverá al mundo para terminar la nueva era de maldad.»
Todos quedaron estáticos y Draco sintió un escalofrío recorriéndole la columna vertebral. No sabía la real interpretación de la profecía, pero dado cómo le estaban mirando, no dudaba sobre lo que pensaban el resto.
Retrocedió lentamente, viendo por el rabillo del ojo como su padre se mostraba pensativo: ¡¿qué coño había que pensar?!, era su hijo… La imagen se estaba diluyendo en el aire y el Lord aún no había salido del shock; no pensaba quedarse a averiguar su reacción.
Se dio la vuelta, con un rápido giro de muñeca lanzó los "polvos peruanos de oscuridad instantánea", y con la otra mano, un bombarda que mandó a todos los mortífagos en la sala a volar. Corrió con todas sus fuerzas, sólo unos pocos mortífagos podían aparecerse dentro de la Fortaleza, y él no era de ellos: tenía que cruzar las verjas antes de que le alcanzaran.
Una maldición asesina pasó por encima de su cabeza, tandas de cruciatus, bombardas y rompehuesos pasaron a su lado. Algunas de las maldiciones eran desviadas levemente por otras procedentes de la varita de Ibraim, lo estaba haciendo bien, no se notaba su intención de ayudar.
Una rompehuesos le acertó en la pierna derecha y cayó un poco hacia adelante, fue en ese momento que una estaca de hielo le atravesó el hombro izquierdo, un segundo antes le hubiese perforado el corazón. Corazón que terminó de romperse al ver que fue su padre quien se la envió… cruzó las puertas y girando sobre sí mismo, desapareció.
Calabozos, Fortaleza Oscura
La muchacha corrió rápidamente por los pasillos, puede que ahora que estaban distraídos persiguiendo al chico Malfoy, pudiesen escapar; Potter no sería el de la profecía, pero seguía siendo un mago poderoso.
Llegó sin aliento, no era muy adepta al deporte. Sacó la llave de la cadena a su cuello y corrió hacia el chico, gracias al cielo estaba mejor que de normal, parecía que llevaba por lo menos un día sin ser torturado, ¡todo un logro en la Fortaleza Oscura!
- Bien, Potter. En nada estarás fuera de aquí, los mortífagos y el Señor andan un poco liados y con suerte no nos descubrirán. - Con una barra de metal que debía estar allí para torturar, golpeó una y otra vez le plancha de metal en donde estaban las cadenas fijadas. Un ruido seco y el chico cayó hacia adelante, apenas tuvo tiempo de sujetarlo. Pasó el brazo por encima de sus hombros, tendría que cargarlo, el gryffindor no podía andar. - Bien, intenta ayudarme un poco, ¿vale? Mueves un pie y luego el otro, dolerá, pero tenemos que darnos prisa.
Ya estaban cerca de las cocinas, su intención era salir por la puerta del servicio, cuando una voz burlona les hizo detenerse:
- Vaya, vaya, vaya. Menuda ratita que tenemos aquí, ¿acaso te ibas con Potter a algún lado? - Marcus Flint los observaba flanqueado por los gorilas de Crabbe y Goyle. La joven sintió al muchacho tensarse a su lado.
- ¡Vayanse!, ¡largo! Les aseguro que no quieren salir lastimados… - sacó una varita de la manga y les apuntó con ella, puso a Harry tras de sí, él no podría defenderse.
Los jóvenes mortífagos estallaron en risas burlonas e inmediatamente le comenzaron a mandar un millar de maldiciones. Harry apenas era capaz de sostenerse en pie, pero mantuvo un campo de energía que repelía la mayoría de los hechizos, no así los ataque físicos.
Los mortífagos, viendo la inutilidad de sus intentos, y habiendo crecido en un ambiente gobernado por la guerra, sabían unos cuantos trucos. Sa abalanzaron sobre la chica, que dado su pequeña contextura, no pudo hacer nada ante el ataque.
Harry al ver como Goyle agarraba a su salvadora, se echó sobre él, blandiendo las cadenas como si fuesen las mazas medievales. Consiguió romperle la mandíbula y dejarlo inconsciente antes de que Flint y Crabbe se recobraran de la sorpresa y procedieran atacar.
El forcejeo no duró mucho, ellos eran dos y Harry estaba muy débil, le sometieron rápidamente y de un golpe en la nuca quedó inconsciente.
Hogsmeade estaba vuelta loca, de algún modo se habían filtrado las noticias sobre el escape, las familias mágicas habían entrado en pánico.
La Orden y aurores del Ministerio patrullaban las calles pidiendo un milagro, deseando que Dumbledore apareciese en cualquier momento. Se había decidido de manera unánime someterle al beso del dementor, así no podría contar nada. Desgraciadamente, aunque ellos no lo supiesen, llegaban tarde.
Calles de Londres.
Laila, acompañada de su sobrino Dudley y la amiga de Harry, Hermione, se dirigían a su base militar… más bien a sus oficinas en el centro de la capital británica.
Su familia necesitaba ayuda, y si bien sus compañeros no sabían nada del mundo mágico, no dudarían en ayudarla: más que compañeros, eran hermanos. Estaba segura que iba a resultar un shock para ellos, pero no dudaba, que con todas las peculiaridades que tenía su trabajo, aceptarían la magia con los brazos abiertos.
También quería hablar con su superior, no era posible, que con todo lo que había ocurrido por Voldemort, el gobierno muggle no supiese nada. Con suerte, podrían recibir muchas más ayuda de la esperada.
- Bien, aquí es, chicos - miró a ambos. Tanto Dudley como Hermione se sentían aprensivos, ambos sabían del rechazo que podía suscitar lo que era diferente: Dudley lo había visto a través del trato que su padre le dispensó a su primo; y Hermione lo vivió en carnes propias, desde que se supo que era bruja, la mitad de sus tíos y primos le habían dado la espalda. - Pueden parecer un poco intimidantes el principio, pero de verdad que son buenos chicos… ¿listos?
Hermione saltó al sentir la mano de Dudley estrechando la suya, se conocían desde el verano de quinto año, Hermione se había convertido en una presencia constante en Privet Drive, y a pesar de la disparidad de caracteres, eran muy buenos amigos.
- Respira, ¿va? - la sonrisa de Dudley temblaba, a la par que hablaba. - Nadie te va a comer aquí.
- No, sólo a disparar - el cuerpo de la castaña tembló.
Laila puso los ojos en blanco ante la absurda conversación, y de un empujón, les hizo entrar.
Cuartel de la Armada
Draco apareció en su habitación, su hombro empapado en sangre y arrastrando la pierna. Sabía que debía reportar la profecía, pero tenía mucho en que pensar.
No era coincidencia que hubiesen creído que él era, pero resultaba demasiado fácil:
"Niño de muerte nacido para la luz". Él era hijo de un mortífago, "un comedor de la muerte", por lo que se podría considerar como el niño de la muerte. Además estaba luchando en el bando de la luz…
"Rey Dragón". Ostentaba el cargo de Príncipe de Slytherin, es posible que adquiriese más poder en el futuro, o igual simbolizaba que había volado del nido y se había erigido como un líder. En cuanto a lo de dragón, ese era en sentido etimológico de su nombre, y su fecha de nacimiento estaba bajo la constelación del dragón.
La segunda parte en referencia a la mujer: "hija de luz dañada por la oscuridad", podía ser una clara alusión a Ginny. Su novia provenía de una larga línea de magos de la luz, en su primer año había sido poseída por Voldemort y eso le había dejado una marca en su alma… muchas veces tenía que despertarla de sus pesadillas pues ella lloraba y gritaba enloquecida.
Era la primera parte, lo de "la heredera perdida será hallada". Ginny no era heredera de nada, sí, era un bruja poderosa y con talento, pero eso no era suficiente. ¿Tendría algo que ver con ser la séptima hija de la séptima generación?
¡Merlín!, no quería pensar en ello, la cabeza no le paraba de dar vueltas. Se miró el hombro prácticamente curado, tendría que hablar con el resto. En ningún momento quiso pensar en la dichosa frase que le atenazaba el corazón: "el niño héroe morirá", no podía ser otro que Harry, y no estaba dispuesto a perder a ninguno más de sus amigos.
Tampoco le dio vueltas al ataque de Lucius, ya consultaría con la almohada que hacer respecto a su padre, ahora no tenía cabeza para eso.
10:00 p.m.
Un grito resonó en medio de la noche. En una de las calles cercanas al Callejón Diagon, el cuerpo sin vida de un anciano, torturado y mutilado, yacía en el suelo.
