Historia Paralela: Conversación de almohada II

Zelda se lavó el rostro, cepilló su cabello y se puso una delicada bata y camisola, para lucir sutilmente atractiva. Esperó calmadamente a que Link llegara a su habitación mientras escribía en su diario, sonriéndose a sí misma al recordar los eventos del día.

La tinta en el papel ni se había terminado de secar cuando un golpe en la puerta de espejo la hizo saltar de su asiento y correr hacia ella para abrir.

El hombre al otro lado de ésta le trajo una sonrisa a los labios.

-Hola de nuevo… amor -Link la saludó con un beso.

-Hola -contestó tímidamente, mejillas ya sonrojadas-. Te ves de nuevo como tú mismo.

-Sip, la barba estaba bien para mantener el calor, pero me molesta.

-Te veías bien - Zelda acarició sus mejillas-, pero me gustas más así. Ven conmigo.

Lo llevó de la mano frente a la chimenea, donde se sentaron en la alfombra, cerca del fuego. Había servida una bandeja llena de pasteles y una tetera con tazas estaban dispuestas en la mesa de centro. Zelda sirvió té para ambos, bebiendo en silencio mientras Link devoraba rollos de canela y pastel de limón, divertidísima viendo el apetito de su amado.

-No me había dado cuenta de que me rugían las tripas -dijo al terminar-. Extrañaba todo esto.

-Igualmente -dijo, limpiándole unas migas pegadas en la comisura del labio-. Me debes una explicación.

-Ah, verdad -recordó-. Amor de Nayru.

Zelda asintió.

-Historia corta: aparentemente un relámpago cayó en un árbol de una de las laderas de la montaña, y lo hizo caer. Estaba ayudando a unos novatos en la retaguardia a mover carro que había quedado entrampado en la nieve. El tronco pasó de largo, pero una tonelada de nieve y escombros nos cayó encima. -narró a grandes rasgos-. Para todos fines y propósitos, deberíamos haber muerto con esa avalancha, punto.

-Por todas las diosas -la voz de Zelda era casi un murmullo.

-Pero nos salvamos, y no nos pasó nada grave… gracias a tí, y al hechizo que me enseñaste cuando fuimos a Ordon para presentarte a Moy y a mi gente -aclaró-, así que no me pongas esa carita de pena, amor. Ya pasó todo, estoy aquí contigo, y… -la levantó de la cintura, sentándola sobre sus piernas, para su sorpresa- ...eres mía...Nunca pensé que me corresponderías, y aquí estamos, juntitos y felices.

-Estás en lo correcto…- Zelda apoyó la cabeza en su hombro- ...pero esto me recuerda que debería enseñarte más magia -se sentó derecha-. Dame tus manos, por favor.

-Zelda me estás matando a mí y a lo romántico de este momento -dijo, con una mirada decepcionada, pero poniendo sus manos a los lados, con las palmas de frente.

-Será breve -dijo entrelazando sus manos con las de él.

Ambos cerraron sus ojos e hicieron resonar sus Trifuerzas.

Fue una experiencia completamente nueva en comparación a esa primera vez en Ordon. Sus pensamientos, vivencias y sentimientos durante los últimos meses eran muy distintos desde aquella noche. Se reían con el intercambio de recuerdos, rodeados de luz dorada.

-¡No te molestó nada que te hubiera estado mirando el escote en Ordon! -Link exclamó sorprendidísimo- ¡nunca me pude sacar tu lunar de la cabeza!

-No voy a entrar en detalle con respecto a tus pensamientos más que impuros sobre mí -se rió, muy ruborizada -, pero me siento muy, pero muy halagada.

-Bueno, esto no me lo esperaba -Link pensó, soltando las manos de ella nervioso, tratando inútilmente de esconder lo que ella ya había visto claramente.

-No te sientas mal, es natural -se rió, acariciando su mejilla-, si tarde o temprano tendremos intimidad.

Link se dio cuenta de que podría haber entrado en pánico ante esa afirmación, pero se dio cuenta de que ella de hecho estaba en lo cierto, y se serenó.

-Para tu información, he vivido casi veintiún años rodeada de mujeres, la mayoría muy cotillas y atrevidas -Zelda acomodó un mechón de su cabello tras su oreja-. Créeme que he escuchado más cosas sobre relaciones sexuales de las que quisiera.

-Yo he visto cabras apareándose -afirmó, encogiéndose de hombros.

-Ahora me estás matando la inspiración -suspiró, cerrando sus ojos, tratando de borrar la imagen de su mente-. Deberíamos seguir practicando magia.

-¡Deberíamos volver mejor a esto! -la interrumpió con un beso de lleno en los labios, tumbándola en la alfombra.

Eso era algo con lo que Zelda estaba completamente de acuerdo.