28
El descanso
La planta inferior de la casa de Mycroft tenía un baño. Era algo más pequeño que el de la superior, pero el motivo real por el que no lo usaba era que tenía una bañera. A Mycroft no le gustaba perder el tiempo en el agua así que solo había entrado ahí para urgencias.
Claro, que cuando Greg descubrió la existencia de esa bañera y le dijo que estaría bien darse un baño para descansar un poco los músculos, no pudo negarse.
Llenó la bañera hasta la mitad y tras desnudarse se metió dentro. Cerró los ojos y se estiró. Había echado algo de gel para crear espuma así que ahora estaba tapada por ella hasta el pecho. Greg entró al poco con un par de cervezas y cerró la puerta. Le tendió una a Mycroft y dejó la suya sobre el lavabo mientras se quitaba la ropa.
Mycroft se mordió el labio mientras Greg se bajaba lentamente los pantalones.
—No pongas esa cara —pidió el chico antes de reírse.
—Oh, ¿por qué? —preguntó Mycroft sonriendo.
—Porque me entran ganas de follarte y se supone que esto iba a ser un baño relajante —le dijo mirándole fijamente.
Mycroft sonrió. Mientras le daba un sorbo a la botella de cerveza observó cómo Greg se quitaba lentamente la ropa interior y dejaba que se deslizara por sus piernas. Se ensanchó su sonrisa.
—Déjame sitio —pidió Greg a Mycroft mientras cogía el botellín de cerveza...
El pelirrojo se incorporó un poco y abrió las piernas tanto como pudo, así que Greg se sentó allí de espaldas a él. Se apoyó contra el pecho de Mycroft y suspiró.
—Mejor que una ducha. Sin duda —dijo.
—Pero es gastar agua tontamente…
Greg rió.
—Vale, lo admito. Pero igualmente deberíamos de hacer esto una vez al mes, ¿no crees?
Mycroft se encogió de hombros.
—Si tenemos tiempo no estaría mal del todo —respondió.
Los labios de Mycroft pasaron por la oreja derecha de Greg y bajaron por su yugular hasta la nuca.
—Si sigues haciendo esto, la cosa se calentará. Te lo prometo —comentó Greg con una sonrisa.
—Uhm… No estaría tan mal —dijo Mycroft mientras bajaba una mano por su abdomen.
En ese momento la puerta del baño se abrió de par en par. Greg casi se ahoga del susto, Mycroft simplemente gruñó. Se volvió hacia la puerta y entornó los ojos.
—¿Sabes lo que es la intimidad? —preguntó.
Sherlock estaba en el umbral de la puerta. Sujetando el teléfono inalámbrico con la mano izquierda. Soltó un bufido y le alargó el teléfono.
—Es mamá, ya habló conmigo ahora quiere hacerlo contigo —dijo Sherlock.
Greg se apartó de Mycroft y se movió para quedar frente a él. Mycroft dejó el botellín de cerveza en el suelo y cogió el teléfono mientras hacía una mueca. Sherlock se fue dando un portazo.
—Creí que iba a descansar de ella también —le dijo Mycroft a Greg moviendo los labios —. ¡Mamá! ¿Qué tal?
Greg se quedó completamente en silencio mientras su pareja hablaba con su madre. Las respuesta que daba eran cortas y Mycroft parecía completamente desesperado por acabar aquella llamada.
—Si mamá —dijo Mycroft —. Sí, procuro que Sherlock no se meta en líos. No, no ha vuelto a fumar. Mamá, me aseguro de ello le he quitado todo el tab-
Miró fijamente a Greg, el hombre bebía la cerveza con toda la tranquilidad del mundo, pero Mycroft estaba notando como movía los dedos entorno a su miembro.
—¿Mycroft? —se escuchó a través del teléfono.
Mycroft tosió.
—Perdón mamá —susurró —. Sherlock está bien, no se meterá en ningún lio y menos en algo relacionado con las drogas. Si no sale de casa, no le da tiempo. Sí. Sigo con… Con Greg, pasó la Nochebuena aquí. Ya, es una cena en familia pero que yo recuerde ustedes os habéis ido del país, no ha sido familiar así que lo hemos celebrado aquí.
Greg le miró divertido y aumentó la presión y el ritmo a aquello que estaba haciendo. Mycroft aguantaba el aire tanto como podía intentando que sus labios solo se escaparan pequeñas palabras con un tono neutro.
—Oye mamá, ¿me puedes llamar en media hora? Estoy dándome un baño y estaba a punto de salir —logró decir —. Greg está en el s… —empezó Mycroft pero se calló al notar como se corría —. En el salón —logró acabar con un hilo de voz, se aferraba al mármol de la bañera y tenía los nudillos blancos —. Me quemé con el agua caliente, solo eso. Sí. Luego hablamos —dijo colgando precipitadamente.
Greg le miraba divertido, dejó el botellín de cerveza en el suelo. Mycroft dejó también el teléfono allí y lo empujó para dejarlo lo más alejado posible.
—Yo te mato —dijo Mycroft en un gruñido.
—Te vi aburrido durante la conversación, quise que estuvieras animado…
—Me las vas a pagar —dijo Mycroft acercándose a él lentamente.
—Eso me gustaría verlo —rió Greg.
Mycroft comenzó a besarle desesperado. Le haría gritar tan fuerte que le daría vergüenza salir de allí. Era un Holmes. Aquello que se proponía lo cumplía.
