CAPÍTULO 28
Comentarios a los reviews:
Estefi: ¿Tres veces? Pues sí que te ha gustado XD. Reconozco que es uno de mis favoritos. No me gusta nada escribir peleas y, sin embargo, este capítulo me convenció incluso a mí. Así que es un capítulo que empieza con los sentimientos angustiosos de Misao, un poco de acción para amenizar y un final dulce... Me encanta *o*. Y es cierto, llevamos 5 meses con el fic O_O. Es el que más tiempo me está llevando subir ^_^º
SlayArmisa: Jajajaja, me ha hecho gracia imaginarte escondida en una esquina leyendo el capítulo XD. Eso quiere decir que os tengo enganchadas *o*. ¡Feliz que estoy *o*!
Me alegra saber os ha gustado la pelea. Me cuesta mucho escribir escenas de acción, pero creo que un autor debe salirse de vez en cuando de su zona de confort para seguir aprendiendo, así que ahí que me he metido (y varias veces en este fic O_o). Pero bueno, veo que van quedando legibles poco a poco, así que contenta que me quedo ^_^º. Por cierto, que sepas que estoy contigo en lo que habrías hecho con el idiota que los interrumpe. Creo que muchas le habríamos estacado contra una pared. Pero como bien dices, Soujiro es muy respetuoso con la gente, así que no es algo que hiciera él... aunque ganas no le faltan ^o^
Kaoruca: No te preocupes. El trabajo es más importante, así que centrate en ello ;-D.
Ainsss, qué mona eres... Que sepas que me vas a hacer echar la lagrimita con tus palabras sobre mi narración. Eres más maja que los euros XD. ¡Gracias! Y ¿ves? ¿A que ahora me entiendes cuando te decía que esta pareja me encantaba? Si es que son supermonos juntos *o*. Me encanta la forma en la que se tratan y como reaccionan al otro. Son tan tiernecitos... ¡Ay, por favor! Si es que escupo corazoncitos con ellos XD.
Del capítulo anterior... otro halago a la batalla, voy a llorar de emoción *o* Narrar una escena de acción siempre me ha parecido una de las cosas más problemáticas de hacer, así que hiperfeliz que estoy *o*. De lo que comentas de Misao, es que a la pobre le ha caído una bomba, hay que entenderla XD. Primero el poder quitarse las contiendas y segundo, darse cuenta de su enamoramiento. Normal que esté tan sensible XD. Y sobre la reacción de Soujiro al abrazarla... ya lo iréis viendo, pero es el inicio de una evolución particular en él... y no digo más, muajaja ^o^. En cuanto a la guinda... es que estaba bastante cabreado y le ha salido la vena malvada dentro de su poca malignidad, pues en realidad es muy significativo lo que dice. En el manga, siempre comenta que termina todas su peleas de un solo golpe (de ahí que la de Kenshin le sorprendiera tanto). Y aquí él utiliza el plural, muajaja. Vamos, que le tiene ganas ^o^ Es su forma comedida de decirle: «ven que te crujo» XD . Si es que es más mono... *o*
Gracias a todas por vuestros reviews :-D. Vamos con el siguiente capítulo. Espero que os guste ;-D
CAPÍTULO 28
—Gracias —repitió Misao por enésima vez mientras volvían de camino al Aoiya.
—¿Vas a estar lo que queda del día así? —le preguntó con humor Soujiro.
—Posiblemente más… Gracias.
—Misao… —suspiró con resignación.
—Es que no creo que puedas entender lo que has hecho por mí.
—Llevas varios días haciéndomelo ver —replicó sonriente. De pronto se detuvo y suspiró con cansancio—. Necesito sentarme un rato.
—¿Estás cansado? —Aunque no esperó a su contestación—. Claro que tienes que estarlo después de esa pelea. Vamos a buscar un sitio donde sentarnos.
Le llevó hasta un banco que había en el lateral del camino y se sentaron allí.
—¿Qué tal te encuentras?
—Bien, no es nada en realidad. Me apetecía sentarme un poco.
—Gracias…
Soujiro se llevó una mano a la cara.
—Esa palabra va a acabar por perder su significado si sigues así.
—Es que no hay ninguna palabra para agradecerte lo suficiente. Así que me veo en la necesidad de compensarlo diciéndola más veces.
Soujiro negó con la cabeza y miró al frente, viendo a la gente pasar de un lado al otro.
—¿Y bien? ¿Qué es lo que vas a hacer ahora?
—Bueno, de momento, mantenerte con vida hasta la ceremonia. —Soujiro la miró sorprendido—. ¿Qué? ¿Imagina que te pasase algo antes de casarnos? Volvería al mismo punto.
—Hablando de pasarme algo… —Aunque en realidad quería cambiar de víctima—. ¿Qué habría sucedido en este tiempo si al que le hubiese ocurrido algo fuese al señor Shinomori? Llevo varios días con esa curiosidad rondándome.
—¿Qué? —preguntó atónita.
—Bueno, he visto que teníais algunas cosas y alternativas pensadas en referencia a las contiendas, así que imagino que habréis pensado en eso… ¿o no? —terminó por decir al ver la cara de Misao—. ¿No habría pasado el papel del luchador a otro guerrero vuestro o algo así?
Misao se quedó por completo desconcertada ante la idea.
—No se me había ocurrido.
—Pero, en cambio, sí se te ocurre hablar de mi posible muerte inminente. Me da que pensar…
—Perdona —se rio Misao tras escucharle—. Es que me preocupa mucho que algo pueda estropearme este momento. Es como un sueño para mí. Voy a poder librarme de esto por fin y podré llevar la vida que yo quiera.
—¿Y cuál es esa vida que quieres? —inquirió con curiosidad.
Misao se tensó y miró hacia el frente, aturdida. Soujiro la observó con atención. Todo el momento alegre que tenían se vio interrumpido de pronto.
—En realidad, no es nada del otro mundo.
—Eres la líder de los Oniwaban-shu —dijo sonriente él—. Creo que eso te deja fuera de las cosas normales.
—Lo que quiero sí es normal. El problema es que no podía conseguirlo hasta ahora.
—¿Y eso es…? —instigó Soujiro para que siguiera.
—Lo que tienen todas mis amigas —respondió en un intento por sonar despreocupada. Pero era un tema que, de hecho, le había quitado muchas noches de sueño—. Enamorarme de un hombre, casarme con él y formar una familia.
Se hizo un silencio muy incómodo entre ellos, a pesar de estar envueltos por el bullicio de la calle.
Misao fue consciente, de pronto, que dos de esas cosas las iba a cumplir, por sorprendente que le pareciese. Pero ahora que se detenía a pensarlo, empezaba a ver las complicaciones de todo aquello, porque ¿qué pasaría cuando al fin se marchase?
Soujiro era un hombre extraño… mucho. Pero la divertía y le gustaba estar con él. En esencia, era una buena persona que, por designios de la vida, había acabado siendo criado por una familia maltratadora y un psicópata asesino. Pero dentro de sus limitaciones sociales, era una persona atenta y amable. Si lo pensaba bien, pocas personas habrían hecho lo que él hizo de forma tan desinteresada. Y no sólo hablaba de ese matrimonio de conveniencia. Soujiro no tenía por qué haberla salvado en el bosque, ni cuidado, ni haber pagado sus facturas médicas, ni haberla protegido en su camino hasta casa de los secuaces que la perseguían para matarla… Nada. No estaba obligado a nada de lo que hizo… pero lo hizo. Y eso se debía a que realmente tenía un buen corazón.
Ese sentimiento que tenía hacia él y que había surgido en un lapso de tiempo muy corto era verdadero, a diferencia del que había sentido por Aoshi que no era más que un capricho platónico acerca de una persona imaginaria.
Y el gran problema que ahora veía era que se temía que no podría deshacerse de esos sentimientos tan fácilmente. Porque no habría un momento de desencanto en el que, tras varios meses de convivencia, se diera cuenta de que el hombre del que en teoría se había enamorado no existía. Soujiro no era un producto de su imaginación y por eso su enamoramiento no era platónico.
Se le formó un nudo en el pecho cuando la pregunta volvió a su mente: ¿qué ocurriría cuando se marchase? Sabía que nada bueno. Si tras tan poco tiempo se sentía así, ¿qué pasaría dentro de unos meses más conviviendo con él? Y lo que era peor: ¿la imposibilitaría para un segundo matrimonio? Sabía de gente a la que le costaba mucho superar la separación de la persona que amaba. Y ella ya tenía la experiencia de ser muy persistente. Había perseguido sin descanso a Aoshi durante años. ¿Y si le pasase lo mismo con Soujiro? ¿Qué haría? Encontraría a otra persona cuando ya fuese mayor y, para entonces, sería una vieja decrépita que ya no podría tener hijos.
Ese pensamiento la deprimió muchísimo. Era la gran meta de su vida: quería tener hijos.
—Sí, es verdad que es algo normal —expuso Soujiro sin emoción en la voz, con lo que sacó a Misao de sus pensamientos.
Misao le observó y pudo comprobar que la sonrisa que había tenido hasta ese momento había desaparecido. Parecía estar algo desconcertado y se tensó al entender que podía estar interpretando las cosas como no eran.
Así que sonrió, como pudo, para intentar suavizar y desviar la conversación.
—Sí, y todo será gracias a ti —añadió rápidamente con nerviosismo—. Por fin podré buscar un hombre al que quiera.
—Una vez que me vaya… —agregó en el mismo tono neutro.
—Sí, claro… Cuando decidas marcharte. —Y fue entonces que se dio cuenta de que no habían hablado de ese tema—. ¿Has pensado en ello? —Soujiro no le respondió. Tenía la mirada perdida en algún punto por debajo del suelo—. ¿Soujiro?
Al seguir sin reacción por su parte, intentó volver a llamarle pero se contuvo. Era extraño verle tan abstraído. Ni siquiera la escuchaba y Soujiro siempre estaba muy atento a todo lo que ocurría a su alrededor. Le observó con detalle. Pocas veces podía detenerse a mirarle así. A pesar de tener el semblante serio, le gustaba, aunque reconocía que cuando sonreía de verdad, le quitaba el aliento. Sus ojos eran grandes y risueños, y las facciones de su cara eran suaves. Tenía un aspecto muy juvenil, lo que daba a equívocos como los de esos días, donde pensaban que sólo era un chico para los recados.
Quizás debiera atraerle alguien con aspecto más varonil o masculino, pero se había acostumbrado tanto a él, que a esas alturas no podía hacerse a la idea de otra cosa. Le quería, y sería feliz si no se marchaba de allí; si se quedase en el Aoiya como su marido y formaran una familia. ¿Cómo serían sus hijos? No serían muy altos, eso lo tenía claro, pero serían guapos, no le cabía duda. Soujiro era atractivo, y ella también, por supuesto. Serían como Asuka: una monada gracias a sus dos padres.
Casi se le caía la baba de pensarlo. Adoraba a esa niña; quería a la suya propia. Era muy injusto que tuviera que esperar a encontrar un segundo marido que podría no llegar. ¿Por qué esperar si tenía al hombre que quería delante?
Su mente volvió a paralizarse ante esa línea de pensamiento, igual que le había sucedido cuando trazó el plan para el matrimonio. ¿Y por qué esperar? Si él tuviese claro cuándo iba a marcharse, podría hacer cálculos. Él podría marcharse tranquilo sin saberlo y ella se quedaría en el Aoiya con la mitad de su sueño cumplido.
Soujiro parpadeó, lo que le indicó que había salido de sus cavilaciones, y la miró. Reaccionó alejándose un poco de ella cuando la vio escrutarle con tanta atención.
—Perdona, me he distraído. ¿Has preguntado algo?
—Si has pensado cuánto tiempo te vas a quedar aquí.
—No, la verdad es que no —respondió desconcertado—. ¿Tú lo has pensado?
—Ya sabes que no hay prisa por mi parte. Ahora que me voy a quedar sola, voy a apreciar mucho tu compañía —le dijo con una sonrisa.
Porque era verdad: aunque tuviera ganas de tener un hijo, no desaprovecharía la oportunidad de estar todo el tiempo que pudiera juntos y atesorar la mayor cantidad de recuerdos de él.
—Pero tampoco sería prudente que fuese mucho. Tú quieres continuar con tu vida… —expuso Soujiro a la vez que intentaba esbozar una sonrisa.
—Pero eres tú el que tiene que dejarme a mí, no al revés. Así que tú verás…
— * —
La vuelta a casa fue silenciosa; todo el buen ánimo que había tras la contienda olvidado en algún sitio. Soujiro no paraba de darle vueltas en la cabeza a lo mismo. No tenían por qué extrañarle los sueños de Misao. Era lo normal. De hecho, a las mujeres se las educaba para ser buenas esposas y madres. No era raro que ella quisiese lo mismo. Que tuviera un trabajo sólo era un sueño adicional más, pero, ciertamente, no había oído nunca que una mujer no quisiera tener una familia.
Y Misao ya le había dicho con anterioridad que le encantaban los niños.
A pesar de eso, no se había detenido a meditar en ello hasta ese momento; no se la había imaginado con esas metas, aunque sí se lo hubiera dicho. Ella no rechazaba el matrimonio: rechazaba a Sasaki. Pero no había registrado como era debido esa información. Así que se había hecho la idea de que sería una mujer que se dedicaría el resto de su vida a liderar a los Oniwaban-shu, como si no hubiera más objetivos en su vida.
Qué inesperado era aquello… Le hacía sentirse fuera de lugar. Mientras que él no perseguía ningún sueño, ella tenía muy claro lo que quería en su futuro. Era extraño que, justamente a ella, fuese a la persona a la que habían intentado manejar su futuro. Quizás eso era lo que le había hecho ser tan distante con su problema. A él le daba igual lo que le sucediera, porque viniera lo que viniese, no le afectaría al no tener planes. Pero a ella se los trastocaría por completo y eso la había hecho sentirse desgraciada.
Se giró para mirarla. Misao iba atenta a lo que tenían expuesto las tiendas de la calle. Definitivamente, él no era una persona normal. Para ser la primera mujer a la que quería, había sido un completo insensible. Poco sabía de ese sentimiento, pero la señorita Komagata había sido capaz de sacrificar su vida por hacer feliz a la persona que amaba. En cambio, él, cuando se enteró del problema que tenía Misao, lo primero que había pensado era que habría sido mejor no haberse enterado; huir de todo aquello y dejarlo muy atrás.
¿Quizás se había equivocado y había confundido sus sentimientos? Podría ser eso… A fin de cuentas, ¿qué sabía él? Pero entonces, ¿por qué ella tenía ese efecto en él? Nadie lo había tenido hasta que la conoció. Y en realidad, ni siquiera eso. Cuando la conoció no había sentido nada por ella, ni siquiera compasión por su situación. Pero había ido conociendo a la mujer que era hasta llegar al punto en el que estaba.
Por eso, había una explicación más fácil que negar un sentimiento obvio: era un idiota. Porque en ese terreno no era más que un niño. Había visto una dificultad e, igual que habría hecho cualquier crío, había pensado en huir lo más lejos posible de aquello que podía hacerle daño. Se suponía que era un adulto; debería enfrentarse a los problemas que le surgieran como tal.
Misao se giró y cuando le vio mirarla tan fijamente le sonrió.
—¿Qué pasa?
—Perdóname —se disculpó sin más él.
—¿Por qué? —preguntó Misao desconcertada.
—He sido un estúpido. —Ella abrió los ojos sorprendida—. Eres la persona más importante para mí. Debió haber salido de mí en vez de hacerte suplicármelo.
—De… ¿De qué hablas?
Soujiro apartó sus ojos de ella y miró al frente, con un semblante serio que hizo a Misao agarrarle del brazo por reflejo.
—Vi lo desesperada que estabas, pero no hice nada.
—No digas tonterías. No había solución fácil para esto.
—Para ti, sí —replicó con rotundidad—. Me lo dijiste: si hubiera sido al revés, no lo habrías dudado.
—No es cosa tuya, de verdad —dijo con rapidez para intentar quitar seriedad a la conversación. Misao estaba por completo satisfecha de cómo estaban las cosas. No necesitaba que Soujiro se culpara—. Se podría decir más bien que yo soy un poco inconsciente.
Pero el asunto estaba en que ella ni siquiera le quería, como sí era en su caso. Él habría huido si Misao no hubiera entrado en su habitación en el momento preciso. Aquello le reconcomería por mucho tiempo… y lo sabía.
La señorita Komagata había muerto para hacer feliz a su señor; él se habría marchado, dejándola infeliz, por el simple hecho de no presenciarlo. Pero no habría sido más eficiente que un niño que se tapaba los ojos creyendo que así el peligro desaparecería. Y tiempo después se habría arrepentido. Aquel pensamiento le daba escalofríos. Se habría arrepentido y sería demasiado tarde para arreglarlo.
—De verdad, no pienses en eso —añadió tras agarrar un poco más fuerte su brazo para que centrara su atención—. Hablamos de algo serio. Es normal que te negaras —concluyó ella con una sonrisa nerviosa.
Soujiro se detuvo de pronto y sorprendió a Misao, lo que hizo que por fin le soltara. Se giró y puso sus manos en los hombros de ella. Estaba muy serio, en opinión de Misao. Era evidente que sus esfuerzos por hacer que Soujiro se relajara sobre ese tema no estaban dando sus frutos.
—No volveré a hacerte eso; no volveré a huir —le dijo con solemnidad—. Te lo prometo.
Soujiro suspiró y siguió su camino hacia delante. Misao se quedó absorta mirando su espalda sin saber muy bien a qué había venido aquello.
—¿Estamos hablando de lo mismo? —Porque ella sentía que estaban en conversaciones distintas. No tenía ni idea de a qué pregunta respondían sus palabras.
Misao aceleró su paso para volver a alcanzarle. Seguía muy serio y su ritmo era más rápido que el que habían llevado hasta el momento.
—Soujiro…
—Imagino que cuanto antes termine esto, antes podrás seguir con tu vida —le interrumpió él e impidió con ello que pudiera decir lo que quería.
—Bueno, tampoco es que… —intentó excusarse, pero él siguió sin dejarla.
—Creo que podría quedarme hasta que llegue el invierno, como suelo hacer siempre. Entonces, me iré a mi casa.
—¿Este invierno? —susurró Misao algo descompuesta. No quería que se marchara tan pronto.
—Es medio año, si lo piensas.
—Sí, bueno…
—Es lo mejor para ti —le dijo Soujiro, y volvió a esbozar su eterna sonrisa—. El año que viene serás libre para hacer lo que quieras.
— * —
Fin del Capítulo 28
08 Marzo 2018
Notas finales:
Reconozco que me cuesta un poco (cofcofbastantecofocof) meterme en una mentalidad «maternal» puesto que los niños como que me dan alergia y tal ¬_¬º. Así que me suele costar mucho ponerme en la situación de una mujer capaz de cualquier cosa por conseguir ser madre. De ahí que al principio me costara asimilar las maquinaciones de Misao y me resultaba poco creíble su tenacidad. A ver, que no es como si fuese a hacer algo extremo, que la pobre maquinará dentro de su ingenuidad. Pero es que me cuesta entender esa obcecación. Y como me cuesta, en lo personal me chirria y durante un tiempo me atascó el fic. Por suerte, como resulta que en mi entorno he conocido a algunas que han llegado a tomar medidas salvajes para conseguirlo, pues al final, sólo tenía que pensar en ello para que lo de Misao se me quedara en algo light y poder continuar la historia más tranquila ^_^º.
Esto lo comento por si alguna que lo lee tiene el mismo nulo sentimiento maternal que yo y los pensamientos de Misao se le escapan al entendimiento. Bueno, pues que sepas que hay mujeres mucho más extremas que ella »_«. Además, estamos en una época donde prácticamente a las mujeres les inculcaban que sólo valían para eso y atender al marido ¬_¬º, así que tampoco me estoy inventando nada.
En fin... Paranoias mías... Esta semana tampoco subo capítulo el domingo, así que espero que éste os haya gustado ;-D
¡Saludos!
