Ninguno de los personajes conocidos que se mencionan son míos, sino de la autora J. K. Rowling.
Tras las mejores vacaciones que había pasado Hermione, la vuelta al colegio fue casi como un mazazo para la pareja. Snape estaba que se tiraba de los pelos preparando los trabajos y exámenes finales de todos los cursos y Hermione no estaba mejor con todo lo que tenía que preparar.
Por suerte, todo aquello no evitaba que pudiesen tener sus noches juntos. Y aunque en ocasiones estas se basasen únicamente en dormir abrazados debido al cansancio que llevaban encima, ninguno de los dos se sentía mal por ello. Notar al otro al lado ya les era suficiente en esos momentos de estrés.
Según les había explicado la directora, el calendario de los de último año era diferente al del resto de cursos. Ellos hacían sus exámenes un par de semanas antes que los demás alumnos, para que así tuviesen tiempo a preparar la fiesta de graduación tranquilamente.
Eso agradaba y desquiciaba a los alumnos a partes iguales. Por una parte, tenían menos tiempo para estudiar, pero por otra, saber que los últimos recuerdos que se llevarían de allí serían la preparación de la graduación y la graduación misma en sí era maravillosos.
Aquella tarde estaban el grupo de serpientes y leones estudiando en la biblioteca mientras una fea tormenta caía fuera.
- ¡Esto es un rollo! – Gimoteó Blaise dándose en la cabeza con un libro – ya no me caben más runas en la cabeza… A este paso voy a tener que olvidar como montar en escoba para que me entre lo que me falta.
- Eso te pasa por querer memorizarte todo – le regañó Hermione – si hubieses ido haciendo esquemas ahora tendrías la información realmente necesaria y eso no te pasaría.
- No todos queremos estar todo el año con los estudios sobre la cabeza, rata de biblioteca – se burló él.
Inmediatamente un golpe le dio de golpe en la espinilla y soltó un quejido. Miró a la culpable de aquel golpe y se encontró con esa pequeña de cabellera roja que tan loco lo volvía.
- Perdón – se disculpó – ya te daré a ti golpecitos luego – le susurró a Ginny a la oreja, haciendo que la chica se pusiese roja de vergüenza.
Siguieron estudiando, o más bien intentándolo, entre bromas y risas, hasta que la hora de la cena llegó.
Y en ese plan llegaron los exámenes. El calendario era sencillo: un día entero dedicado a los exámenes teóricos y otro a los prácticos.
- Suerte hoy – sonrió Severus mientras daba un casto beso a una nerviosa Hermione.
- Gracias – devolvió ella – creo que voy a necesitarla – susurró nerviosa.
El profesor le dio un golpecito en la frente con el índice.
- No seas tonta. Te he visto estudiar y te sabes las lecciones de memoria – la regañó él – anda ve, que aún tienes que desayunar.
- ¿Tu no bajas? – Preguntó ella, hacía días que Severus no bajaba al comedor.
- Tengo que acabar unas cosas – explicó él – te veré al acabar los exámenes, ¿Si?
- Vale, hasta luego – se despidió ella.
Hermione salió del despacho del profesor con la duda instalada en su mente. Severus llevaba días raro y no conseguía saber por qué. Siempre estaba encerrado en su despacho investigando algo que no quería decirle. Alguna vez había conseguido ver sus apuntes, pero aparte de ver que estaba en algo sumamente complicado no llegó a entender nada.
- ¿Mione?
La castaña parpadeó varias veces y miró a sus compañeros.
- ¿Eh? – Preguntó confundida.
- ¿Estás bien? – Inquirió Ginny.
- ¿Sigues preocupada por mi padrino? – Acompañó Draco.
La mirada de la castaña entristeció.
- No sé qué le pasa… No me lo quiere contar – suspiró – apenas nos vemos con los exámenes, y cuando voy a su habitación siempre está en el despacho…
- No te preocupes – sonrió Draco cogiéndole la mano.
- Quizá tiene a otra… - indicó Astoria, con la mala pata con la que siempre hacía sus comentarios, y es que a pesar de haber conseguido homogeneizarse en el grupo, su parte viperina tendía a salir en los momentos menos indicados - ¿Qué? – Preguntó al ganarse una mirada reprobatoria de todos.
Hermione palideció. ¿Severus con otra? No, eso no podía ser… ¿Verdad?
- No hagas caso a Astoria – indicó Draco – mi padrino no es como esos hombres que son infieles – aseguró – además, si fuera infiel, no se quedaría encerrado en la oficina, ¿no? – Intentó bromear.
- ¿Entonces? – Preguntó la castaña ausentemente.
- Quizá está intentando encubrir un crimen… Hace mucho que no sabemos de esos dos bastardos de Potter y la comadreja, ¿verdad? – Se burló Blaise.
- ¡Blaise! – Exclamó Ginny dándole otro golpetazo.
- Eso no puede ser – intercedió Luna – salieron hace unos días en el corazón de bruja.
- Pues es una pena – bromeó el moreno de nuevo – con lo bien que nos habría ido.
Y otro golpe…
- Vamos Hermione, que seguro que no es nada – intentó animarla Ginny – ya verás cómo es una sorpresa o algo así. Ahora tienes que apartar eso y centrarte en los exámenes. No querrás sacar menos de un Extraordinario, ¿verdad? – Rio, consiguiendo que la castaña soltase una pequeña risa.
Los dos días de exámenes pasaron lentamente para todos. Apenas tenían algún que otro descanso entre exámenes y para comer y los gastaban estudiando para lo siguiente que tuviesen.
El tema de Snape seguía dando vueltas por la mente de Hermione, pero no podía permitirse que esos pensamientos interrumpiesen la salida de sus conocimientos, por lo que se obligó a ignorarlos para conseguir la máxima nota a la que aspiraba.
Por la noche estaba tan agotada que ni pudo ni quiso esperar a Severus para ir a dormir. Él seguía ensimismado en lo que fuese y ella se durmió en cero coma, casi ni le dio tiempo a tumbarse.
El día siguiente despertó con un sol tan espléndido que los profesores decidieron hacer los exámenes en los jardines del colegio, para que así al menos la tarea no fuese tan pesada para nadie.
Hermione se sintió de lo más satisfecha con sus exámenes hasta que llegó la hora del último, "Defensa para las Artes Oscuras". Casi tuvo que aferrarse a Draco cuando Mcgonagall avisó de que Snape no estaría presente puesto que le había surgido "algo".
- No será nada, ya verás – la animó Draco – mi padrino debe de tener una buena excusa.
Hermione le miró intentando creerle con todas sus fuerzas, pero lo que estaba pasando estos días con Severus, más cuando él ni quería hablar de ello, la estaba dejando totalmente desconcertada.
Esta vez el examen no le salió tan bien como esperaba pero increíblemente su nota fue de un "Extraordinario". Mientras lo hacía había visto a Draco hablar con Mcgonagall, así que algo le decía que la causa presumiblemente era esa.
Cuando acabo ni siquiera esperó a que sus compañeros terminasen sus exámenes, no pudo. Salió todo lo rápido que sus piernas le dejaron hacia el despacho de Snape importándole poco los alumnos que se quedaban mirándola.
Sintió como si un jarro de agua fría le cayese encima cuando, al entrar en la oficina, vio la mesa limpia de los papeles que con tanto esmero había estado escribiendo Severus. Sólo uno restaba encima, una pequeña nota.
"Me ha surgido un problema y he tenido que salir lo más rápido que he podido a solucionarlo. Volveré antes de que te des cuenta.
Te quiere,
Sev."
Las lágrimas empezaron a surgir de sus ojos cuando, al ir a la habitación, vio que una de las maletas que tenían no estaban y algunos cajones estaban vacíos.
Se dejó caer sobre el baúl y siguió llorando desconsoladamente, sin darse cuenta de las siluetas que entraron en la habitación al cabo de un rato.
- ¿Hermione? – Escuchó que la llamaba Ginny - ¿Qué ha pasado?
- Se ha ido… - sollozó – el muy cabrón se ha marcado y me ha dejado esta estúpida nota – bufó cabreada mientras tiraba la notita al suelo.
Los chicos cogieron la carta y la leyeron, mirándose confundidos al acabar. ¿Snape se había largado sin despedirse? ¿Así, sin más? ¿Acaso Hermione iba a tener razón en sus miedos?
- Vamos Mione, seguro que es algo perfectamente justificado – intentó animarla Draco.
- ¿Y no podía esperar a que acabase la prueba? – Inquirió ella.
- Quizá era algo que no podía esperar – supuso Blaise, intentando poner un poco de calma al asunto – vamos… ¡Es Snape! Ya verás como no es nada…
Pero por alguna razón Hermione no podía creerles. Sentía como si todo su dentro estuviese siendo desgarrado por un dolor tan insoportable que pensaba que iba a desmayarse.
- Vamos, estás exagerando un poco, ¿no? – Preguntó Astoria, volviendo a meter la pata.
Hermione la miró entrecerrando los ojos y la chica le devolvió una expresión aburrida.
- Snape se ha tenido que marchar y te ha dejado una nota – recordó – quién sabe lo que ocurre, pero no sé porque empiezas a pensar ya eso de que es infiel – bufo con indiferencia.
- Astoria – advirtió Draco – cállate.
- ¿Qué? Es como si yo me pusiese así cada vez que tus padres te necesitan en casa por asuntos familiares – aseguró – reaccionar así es la cosa más tonta que he…
No le dio tiempo a responder. Un puñetazo impactó en su mejilla y la tiró al suelo como tal cosa. Los chicos miraron con los ojos abiertos a la enfurecida Hermione que acababa de realizar esa acción tan poco común en ella. Inmediatamente Blaise cogió a la castaña abrazándola por la cintura para evitar que esta se lanzase sobre la aun conmocionada Astoria, cosa que parecía querer hacer.
- ¡Suéltame Blaise! – Bramó la castaña.
- Hermione, por Merlín, cálmate – pidió el moreno procurando cubrirse de sus puñetazos y patadas sin hacerle daño a ella.
- ¡No quiero! – Chilló ella – ya estoy harta de esta idiota, ¡harta!
Draco miro de soslayo a Ginny y en menos de lo que canta un gallo se pusieron de acuerdo. Entre él y Theo cogieron a Astoria y la llevaron fuera, tras lo cual Blaise dejó a Hermione en la cama y salió del cuarto cerrando la puerta tras de sí, dejando a la castaña con Ginny y Luna.
- Hermione, ya se ha ido, cálmate por favor – pidió la pelirroja subiéndose a la cama, en dónde una llorona Hermione se había acurrucado aun llorando.
- Tiene que pasarle algo – digo Luna – lleva días muy rara.
La pelirroja asintió sin saber qué hacer. La rubia tenía razón, su amiga llevaba días, o incluso un par de semanas, de lo más sensible. Cualquier cosa la molestaba, la ponía triste o le hacía gracia. Tan rápido lloraba como reía… Si no fuese porque estaba segura de que Snape y ella tomaban precauciones, incluso notando la magia de él en ella, pensaría que estaba embarazada. Pero sabiendo que eso era imposible no tenía ni la menor idea de lo que ocurría.
- Quizá está enferma… – supuso - ¿Hermione, has tenido fiebre o algo? – Preguntó, observando como la castaña negaba.
- ¿Has notado a alguien hechizarte? – Preguntó Luna intentando seguir a Ginny – quizá sea un hechizo enviado para hacerte daño, o incluso uno accidental que te está haciendo esto.
La castaña volvió a negar y siguió encogida sobre sí misma, sin poder detener en ningún caso el lloro.
Las chicas se quedaron con ella hasta que, al cabo de más de dos horas intentando consolarla, Hermione cayó rendida en un sueño profundo.
- Dejémosla descansar – dijo Ginny – pongamos un hechizo de alarma para saber cuándo despierta por si acaso.
- No creo que le pase nada, tiene hadas blancas encima, ellas la protegerán – sonrió Luna siguiendo a la pelirroja.
¡Pues ya he vuelto! Siento haber tardado tanto esta vez… pero con el trabajo de lunes a viernes y los estudios y compromisos varios los findes poco puedo hacer…
¿Qué creéis que puede estar pasando con Snape? ¿Y Hermione?
¡Espero vuestros comments!
YazminSnape: si es que… esto de tener que trabajar hace que la vida sea muy dura… jajajaja.
SALESIA: jajajaja. Me alegra que te vaya gustando ^^
Guest: actualizado!
503: gracias.
Luni: me alegra que te guste.
La Princesse De L'hiver: pues aquí tienes el siguiente capítulo.
