Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y uno que otro personaje.


Capítulo Beteado por: Dess Cullen


Capítulo 25

Rendición

Edward

Elif y yo entramos a la casa luego de nuestra primera salida con Bella. Estamos murmurando por lo bajo para que nadie nos escuche, a pesar de que no hay nadie alrededor de nosotros. Todavía estamos comentando sobre el notición de Alice, o más bien, el no-notición, ya que aún no ha dicho nada. Bella no pudo escapar de nosotros después de que soltara la lengua, así que logramos alcanzarla para que terminara de decirnos, solo porque ya no tenía más escapatoria.

Nos encontramos a Alice saliendo de la sala muy campante.

—Bien, vamos a preguntárselo con calma ¿de acuerdo? No de golpe —Le digo a mi hija en susurros.

Ella asiente con la cabeza.

—De acuerdo —Cuando Alice nos ve, esboza una genuina sonrisa, acercándose con pasos saltarines— ¿Estás embarazada?

—¡Elif! —Gruño, captando su atención.

—¿Qué? —Encoje los hombros.

—Así era justamente como no debías decirlo. —Sacudo la cabeza, regresando mi atención al rostro pálido de Alice, color que adquirió hace unos cinco segundos— ¿Tienes algo que decir?

Está de piedra frente a nosotros, sus grandes ojos viajando de mi rostro al de Elif, hasta que finalmente la escuchamos suspirar, tropezarse hacia atrás y parpadear repetidas veces.

—¿Cómo lo saben?

Elif toma la palabra.

—Bella… pero no fue su culpa —La defiende— Papá dijo algo y ella pensó que sabíamos y entonces… bueno, solo que no fue su culpa.

Alice frunce el ceño, mirando hacia atrás como para asegurarse de que no hay nadie.

—Sí, es cierto.

Considerando que lo sabíamos, sigue siendo chocante.

—Alice, pero ¡eso es genial! —Le digo, abrazándola— ¡Felicidades!

Elif sigue un poco confundida a mi lado.

—No entiendo por qué no has dicho nada —Eso no sonó especialmente como una pregunta por parte de ella, pero estoy seguro que lo es— Es decir, se te va a notar igual.

Alice ladea la cabeza.

—Con todo esto que pasó, no encontraba el momento —La veo hacer una mueca— pero ya que ustedes lo saben, no creo que sea necesario ocultarlo más.

Elif suspira, sus brazos cayendo a cada lado.

—¡Dios, Alice! —Se acerca para rodearla en un abrazo— ¡Felicidades a los dos!

Escuchamos voces cercanas; la risa de mi madre, Emmett bromeando con Rose y Jasper mirando extrañado el abrazo de Alice y Elif.

—¿Qué está pasando aquí? —Pregunta mamá con curiosidad, girando el contenido oscuro de su copa, probablemente es vino— ¿Felicitar a quién?

Es casi imposible no comparar las situaciones en este momento. Puedo perfectamente recordar la cara pasmada y pálida de mi madre cuando Bella y yo le dimos la noticia de que Elif venía en camino. No es como si una madre quisiera que su hijo de 17 años sea padre y menos que haya dejado embarazada a alguien de 15 casi recién cumplidos. La cosa era simple: regaño o aceptación. Sin embargo, hubo de los dos. Y cuando Emmett con Rose nos anunciaron que estaban esperando gemelos, recuerdo que el rostro de mi madre era un poema. Sí, un poema aplastado contra la pared, porque estaba a punto de desmayarse solo sabiendo que venían dos bebés. Pese a que no se lo esperaba, estaba contenta por ellos, pero porque Emmett ya era bastante mayorcito. Ahora con Alice, sé que todo va a estar bien.

Ella deja la copa de vino encima de una mesita cercana, frunciendo el entrecejo viendo entre nosotros tres.

—Mmm… esto me huele a secreto —Murmura Emmett con los ojos entrecerrados.

Alice suelta un suspiro, estirando la mano hacia Jasper.

Me pregunto que se sentirá dar una noticia así. Y no lo digo como si no tuviese experiencia, lo digo de la forma en que está mi hermana y su esposo. Casados, plenos y esperando un bebé. Me pregunto qué se sentirá saber que estás en la mejor etapa de tu vida y que puedes ofrecerle de todo a un bebé en camino. Cuando Elif nació, yo estaba aterrorizado porque no tenía nada que ofrecerle, no mientras estuviera trabajando como mecánico en el centro. No estoy desmereciendo aquel trabajo, ya que me vino muy bien el tiempo que estuve. Sin embargo, todos mis logros fueron creciendo a la par con mi hija. Y no como me hubiese gustado que fuera: que ella naciera teniéndolo todo ya.

Mi hermana se aclara la garganta, una sonrisa tímida y sus ojos brillando en la emoción. Creo que ahora ya puedo verla de un modo más maternal, si es que eso fuese posible.

—Bueno, Jasper y yo… vamos a tener un hijo.

Escucho exclamaciones sorprendidas. Los rostros desconcertados de mi madre y Rose son para echarse a reír, pero nada como la mandíbula por el suelo de Emmett.

Mi madre es la primera que habla.

—¡Un bebé! —Dice con las manos sobre la cara, una sonrisa emocionada formándosele en el rostro. De pronto, estira los brazos hacia Alice para darle un apretado abrazo— ¡Oh, cariño! ¡Muchas felicidades!

Emmett está abrazando a Jasper y cuando mi madre se separa de Alice, Rose le regaña entre risas sobre por qué no le contó antes. Hay más abrazos mientras que Elif y yo nos quedamos en nuestros lugares, ella rodeándome el brazo para apoyar la cabeza en mi hombro.

—¡Enhorabuena, chicos! —Expresa Rose todavía emocionada— ¡No puedo creer que tendremos otro bebé en casa!

Emmett se acerca a su esposa, tirando de su cintura cerca de él.

—Y eso que no viste a Elif caminando con pañales por los pasillos y a todos nosotros seguirla como idiotas para que no se hiciera daño —Le da una mirada a mi hija, pero ésta no es burlona, mas bien parece emocionarse al recordarlo.

Hay un momento en que todos nos quedamos en silencio y el ambiente de emoción sigue flotando en nuestras cabezas. Me resulta todavía increíble lo mucho que hemos cambiado, lo mucho que nos parecemos a los de antes, pero que no somos los mismos al fin y al cabo. Mis hermanos y yo no somos los mismos adolescentes que éramos antes, ni mamá usa sus vestidos inflados, ni mi hija es un bebé. No vivimos en la antigua casa y tampoco volveremos a ser la familia completa que éramos. Aunque eso no quiere decir que no podamos ser desde ahora una nueva familia. Una familia que no oculte secretos a los demás, una familia a base de amor y no de mentiras, una familia que puede ser incluso mejor que la anterior.

—¿Y qué estamos esperando? —Pregunto para cortar aquel silencio cómodo— ¡Esto hay que brindarlo! No todos los días tengo sobrinos nuevos.

—Yo voy por el champagne —Ofrece Emmett.

Rose le palmea el antebrazo.

—¿Estás ofreciendo alcohol a una embarazada? ¿Es en serio?

Mi hermano se encoje de hombros.

—¿Y con que quieres celebrar? ¿Con agua del grifo?

Ambos se van discutiendo a la cocina. Mi madre le pregunta a Alice sobre sus síntomas y mencionando que nunca sospechó nada.

—¿Puedo decir algo? —Pide Elif dirigiéndose a Alice— Solo no le vayas a poner un nombre tan raro como el mío.

Nos reímos y tengo que rodearla por los hombros, acercarla a mí y besar su cabeza.

.

La mayoría parece haber despertado bastante bien posterior a la ronda de champagne la pasada noche, a excepción de Emmett y Rose que terminaron ebrios a mitad de la noche, y ahora estábamos burlándonos de ella porque fue la primera en querer impedir el alcohol para la celebración.

Así es como se confirma que por la boca muere el pez, simple.

Luego del trabajo paso al departamento de Bella. Habíamos quedado para mañana pero como mi muy preciada princesa está con Casey… ¿A quién quiero engañar? No voy a hacerme el loco con esto, no está con Casey, está con el traidor de Ethan. Al principio quedé sin palabras cuando me dijo por teléfono que Ethan y ella pasearían por la feria navideña, entonces enérgicamente le dije que volviera antes de las 8. Espero me haga caso, pero conociéndola como la conozco, lo más probable es que no lo haga.

Paso un brazo por encima de la cabeza de Bella, atrayéndola hacia mí. Ella sostiene una taza caliente de chocolate casi en la mitad y me tiende la mía, recibiéndola con mi mano desocupada. Su deslumbrante sonrisa aparece cuando nuestros ojos se encuentran.

—Tienes que dejar que Elif vuele, Edward. No puedes siempre ponerte de los nervios solo porque sale con su novio.

Arrugo la nariz.

Ethan —Corrijo.

Ella vuelve a mirarme, sus cejas alzándose.

—Su novio. —Hago una mueca desagradable y mi tensión desaparece cuando escucho su risa. Entrelaza sus dedos con los míos en mi brazo colgado alrededor de sus hombros—Eres increíble.

—Tú eres increíble —Digo devuelta. Luego, me invade nuevamente una desconfianza, pero no hacia Bella, sino al tema "novio".

Suelta mis dedos para abrazarme en torno a mi pecho, asegurándose de que no me estropea con el chocolate de su otra mano.

—¿A qué le tienes miedo, Edward?

Sacudo la cabeza.

—No lo sé, nena.

Bella frunce el entrecejo, dejando el tazón con chocolate en la mesa. El mío sigue alrededor de mi mano.

—¿Es porque no quieres aceptar que creció o es por otra cosa? —La miro, su ceño se ha suavizado y sé que ha adivinado lo que me preocupa— Ella no es como nosotros.

—No, pero se parece mucho a nosotros.

Me sonríe, acariciando mi mejilla.

—Ya lo sé.

—Me recuerda a ti cuando tenías su edad, solo que Elif es más… ¿agresiva?

—¿Qué? —Bella suelta un risita— Dirás, más impulsiva.

—Exacto —Río de vuelta.

Tomo un sorbo de mi chocolate caliente, acercándome a la mesa para dejarla junto al tazón de Bella, luego nos vamos al respaldo nuevamente.

—Entonces, como Elif se parece a mí a esa edad, piensas que va a tener un bebé y entonces vas a odiar a Ethan toda la vida. —No era precisamente las palabras que tenía en la cabeza, pero sí, más o menos así. Respondo con un asentimiento causando que suelte una risa burlona— Lo siento —Me dice— Es que me da ternura tu preocupación.

Encendimos la televisión, la lluvia golpeando en el ventanal del departamento. Ella lleva calcetines polares en sus pies con graciosos diseños de los angry birds.

—Bella —Llamo unos minutos después mientras estamos pegados viendo una película navideña.

—¿Qué? —Levanta la cabeza, sus ojos somnolientos parpadeando con lentitud.

—Habla con ella ¿sí? Por favor.

Por un momento parece demasiado pendiente de mi reacción o como si su cabeza fuera a caer rendida en mi pecho sin respuesta, sin embargo, la veo asentir con una sonrisa sincera.

—Lo haré, papá oso. No te preocupes. —Volvemos nuestra atención a la televisión justo cuando sentimos una melodía de fondo. Bella se acomoda en el asiento, sacando su celular del bolsillo del pantalón. Hace una mueca cuando lo revisa, guardándolo nuevamente. Presiono mi mano en su brazo, preguntando con la mirada qué ocurre. Bella ladea la cabeza— Alguien está divirtiéndose enviándome mensajes sin sentido.

—¿Cómo sin sentido?

Encoje los hombros.

—Escriben puntos suspensivos en mensajes anónimos —Bosteza— Cariño ¿te importaría si me duermo en tu brazo?

Me acomodo en el sofá mientras se duerme. Recojo su celular cuando suena nuevamente, revisando sin que caiga en cuenta el nuevo mensaje. Tal y como dijo, solo eran puntos suspensivos. Reviso si hay más pero Bella los ha borrado tan pronto se lo envían. Borro este también para que no se enfade por unos tontos bromistas.

Cuando finalmente despierta no se percata de su celular, es por eso que va tranquilamente hacia el baño para lavarse la cara. Estoy lavando nuestros tazones de chocolate ya vacíos en el fregadero. Puedo sentirla venir aquí e imaginar que camina con sus pies con calcetines frotando en el suelo. Sus brazos caen alrededor de mi cuerpo, presionando su barbilla en mi espalda y seguramente poniéndose de puntillas. Cierro la llave del grifo, limpiándome las manos y volteándome para tomarla entre mis brazos. Nos fundimos en un tierno beso acompañado de caricias que ella hace en mi cuello. Agarra mi rostro con sus manos para presionarse más cerca de mí y sus piernas se entrelazan en mis caderas.

Aparto un poco su cabello de nuestro contacto visual.

—Como Elif no va a casa hasta las ocho, si es que no viene acá de sorpresa… tenemos tiempo… —Digo sin terminar la frase.

Me sonríe, codeándome y atrapando nuevamente mis labios. Mientras caminamos hacia su habitación, ella abre los ojos para mirar el reloj en forma de pájaro que tiene en la pared.

—Tenemos una hora y media. Y si viene, por las dudas, va a tocar antes, Edward. No tiene aún llave.

Bella arranca mi camisa de un tirón, pareciendo toda una experta en esto. Estoy sorprendido por su reacción desprevenida, buscando mis labios y dándoles un leve topón. Se para sobre la cama dando saltitos, llevando sus manos a los botones de su pantalón pero la detengo, quitándole las manos con suavidad y desprendiéndolo por mi cuenta. Ella parece demasiado agitada mientras nos desvestimos, sin embargo, recuerdo que se ha tomado un tazón de chocolate y lo más probable es que por eso está con demasiada energía. Necesito malditamente poner en su agenda "Modo de alimentación: Chocolate caliente todos los días después de las 7 pm" A pesar de que ella debería estar trabajando en este momento, se ausentó porque se sentía un poco resfriada. Tomaremos esto como una especie de doctor con su paciente. Un nuevo método para los pequeños resfríos de invierno. Me quito de un solo impulso el pantalón y entonces quedo flexionando las piernas en su cama. Bella está recostada con sus brazos estirados y enseñándome su bonito sujetador color crema.

—Bella… —Murmuro con voz temblorosa.

Sus manos cálidas acarician mis mejillas.

—Edward… —Llama del mismo modo.

Presiono mi boca en la suya, alimentándome de su aliento caliente y la forma en que su labio inferior acaricia mi barbilla. Tironeo de la cinta del sujetador, bajándolo por su hombro sin dejar de besarnos. Aún está sosteniendo mi rostro y yo estoy tomándola de la cintura para poder meternos dentro de la colcha. Se ríe con la cabeza inclinada hacia atrás, dejando expuesto su maravilloso y muy deseoso cuello. Mi lengua hace círculos en él, causando que se encoja por el hormigueo. Nos metemos dentro de la funda, empujando la colcha con los pies.

Termino de hacer mi trabajo tanto con el sujetador como con su cuello. La tela de encaje es suave en mis dedos, pero estoy más pendiente de la dueña que del sostén, de modo que lo tiro en algún lugar de la habitación. Mi pecho está aplastando el suyo con suavidad, tratando de no hacerle daño. Reparte besos en mi garganta, barbilla, nuevamente a mis labios y luego juguetea con el lóbulo de mi oreja. Mis manos viajan por sus caderas, suaves y curvilíneas, hasta detenerse en la tira de su tanga.

Bella deja de repartir besos, solo para que nos miremos.

Sonreímos porque ambos nos damos cuenta de la misma sensación. Un éxtasis que solo juntos podemos llegar a tener. Un éxtasis perdido durante 15 años en algún lugar de nuestros cuerpos.

Pero que, por supuesto, ya ha encontrado su camino.

.

Bella

—Se suponía que acertando a cuatro canastas podía llevarse el oso, pero Ethan acertó solo a tres y la vendedora de igual manera dejó que nos lleváramos el oso. Es de felpa, creo, es suave pero tiene cara de asesino.

Me río.

—¿Qué?

—Como Chucky ¿Nunca viste Chucky?

Todavía estoy sonriendo.

—Sí, lo he visto. —Elif y yo llevamos casi media hora hablando por teléfono, más de lo que hablamos normalmente. Está emocionada contándome sobre su salida con Ethan y sobre el oso de felpa que ganó en un juego de las ferias navideñas— Pero ¿sabes? Si el oso quiere matarte, se las va a tener que ver conmigo.

Ahora es su turno para reír. Me encanta su risa porque es dulce y angelical, como una suave y agradable melodía.

—Espera —De pronto, ella se queda en silencio— Dios, no me fijé en la hora. De seguro estabas durmiendo. Lo siento.

Acomodo las almohadas detrás de mí.

—No, no lo sientas, no estaba durmiendo aun. ¿Tú estás acostada ya?

—Sip, tengo clases —Lo dice con tono aburrido.

—Bueno, piensa en las vacaciones que tienes por Navidad —La escucho suspirar— Será mejor que duermas o vas a quedarte dormida por la mañana. Por cierto, me pone muy feliz que estés tan contenta con Ethan.

—Sí, tienes razón. Es que él es muy… atento —No parece muy segura de la palabra— Bien —Dice con otro suspiro, ahora un poco quejumbroso— Buenas noches, Bella.

—Buenas noches, pollito. Que descanses.

—Tú también.

Colgamos.

Siempre que cuelgo una llamada con Elif, mi pecho está agitado, hinchado, desbordando una emoción contenida. Y luego cuando suspiro, esa inflamación va calmándose poco a poco. Es una reacción que siempre tengo cuando escucho su voz, tanto en el teléfono como cara a cara. Es su voz la que me llena el corazón, su voz, su risa. Es su existencia.

Me despierto con dos nuevos mensajes de texto. Pongo una mano sobre mi rostro, berreando por la insistencia. Borro rápidamente los mensajes para dejar otra vez el celular encima de la mesita de noche. Son recién las siete de la mañana y si me quedo durmiendo, voy a llegar tarde al trabajo. Me aferro a la colcha en mis manos, presionando mi nariz en la almohada que aun huele al perfume de Edward. Mi sonrisa se esboza casi al instante recordando sus caricias.

Me entra un escalofrío cuando finalmente decido levantarme, mis pies cubiertos con calcetines gruesos de lana y enredando mi bata alrededor de mi cuerpo, todo eso mientras camino con torpeza al baño.

Luego de darme una ducha, lavarme la cara y los dientes, estoy lista para vestirme. Cuando me acerco a la cama, veo como desde mi ventana caen graciosos copos de nieve. Camino con fascinación hacia ella, viendo como la ciudad parece realmente estar en modo navideño. No puedo evitar recordar los villancicos en mi cabeza, los mismos que cantaba en la escuela o que se escuchan en las tiendas comerciales.

Como el día amaneció muy frío, elijo un manto de lana beige con mangas para los brazos. Me arreglo el cuello de ésta para que no se vea demasiado abultado. Posteriormente me pongo la bolsa alrededor del cuerpo y me voy a la cocina. Preparo un poco de café al tiempo que mastico una tostada.

Mi celular vuelve a vibrar y estoy profiriendo un grito de resignación, pero entonces, no me envían tres puntos suspensivos.

"Tic-Tac"

¿Qué demonios?

Guardo el celular un poco desconcertada, bebiendo de a sorbos el café, apresurándome para irme a trabajar. Dejo suficiente comida y agua para Molly a su disposición. Ella mueve la cola en todas direcciones cuando estoy por salir, rasguñando mi pantalón y sollozando.

—Nos vemos luego, cariño. —Me despido— Te portas bien, nada de fiestas con tus amigos perrunos a espaldas de mamá —Le lanzo un beso, cerrando la puerta.

Pensándolo bien, Molly no tiene amigos perrunos, ya que casi nunca sale. Solo cuando va a casa de mi madre y Nany la lleva a jugar a la calle es cuando realmente está libre. Pobre Molly. Tal vez debería replantearme la propuesta de mi abuela en dejársela en casa. Aunque eso supondría volver a quedarme sola en el departamento.

.

Los proyectos Navideños en la radio siempre me han entusiasmado, pero por alguna razón este año no. Bueno, sé la razón, claro está. Por ejemplo, no quiero hacer una entrevista fuera de Seattle en plena Nochebuena y tampoco hacer un programa en vivo. Antes me gustaba, era mi forma de acabar con las fiestas, que a pesar de que son buenas estando solo Nessie, mi madre y Nany, seguían siendo tristes para mí. Así que mientras mi jefe recita todo lo que tiene en el arrugado papel, no estoy poniendo mucha atención, pese a que sé que dentro de unos segundos sus ojos se posarán en mí.

—¿Bella? —Quiero resoplar.

—¿Sí? —Mi respuesta es segura y tranquila.

—Quiero hablar contigo un momento.

Tanya frunce el ceño en dirección a Jeff y yo solo puedo encogerme de hombros.

Lo primero que me percato cuando entro en su oficina, es en el nuevo tapizado del sofá. Antes era rojo, pero ahora es azul marino. Tiene portarretratos de su esposa e hijos encima del escritorio, un estante con la ficha de todos los trabajadores y un plasma en la pared que le sirve para vigilancia. Allí hay unos 20 cuadritos donde están distribuidas las cámaras de seguridad. Por un momento me siento vigilada e instintivamente miro hacia el rincón de la oficina.

"Saluda a la cámara, Bella" pienso para mí misma.

Mi jefe me indica que tome asiento.

—Verás —Comienza— Estoy entre tres personas para el especial de Navidad. Leah, Ángela y tú están solteras, y a aunque sé que Ángela no tiene cargo de locutor, sus referencias son muy buenas y tiene experiencias. Sin embargo, sabes que eres mi favorita —Me guiña un ojo— los demás tienen hijos y eso complica más las cosas, aunque no es impedimento tampoco. —Se queda mirándome fijamente a los ojos— No creas que no me he dado cuenta de tu nuevo rol últimamente. Siempre trabajas en Navidad y año nuevo, pero ya sabes cómo son los chismes de oficina, gracias a eso me he enterado que no estás realmente soltera, así que, considerando que siempre estás para la radio, podría darte los días libres si quier…

Ese chisme llamado Tanya Denali.

—¿Jeff? —Llamo de pronto. Él me mira con atención— Creo que debería decirte algo para que no tengamos malos entendidos.

—¿Malos entendidos? ¿A qué te refieres?

Me rasco la sien con nerviosismo.

—Mira, no te voy a dar demasiados detalles, pero tengo una hija —Lo digo sin anestesia. Y era verdad que no iba a darle detalles, pero creo que como mi jefe, el cual tiene entendido que no tengo hijos, es justo que lo sepa aunque me lleve un regaño por mentirle.

Se queda un momento observándome.

—Hijastra, querrás decir.

—No, mi hija. Es mía. —Eleva sus cejas hasta la luna y se echa atrás en su silla, pensativo— Vas a decir que te mentí y en cierto modo tienes razón. Hace mucho tiempo que no veía a mi hija y cuando vine a trabajar acá, no teníamos contacto.

Asiente levemente.

—O sea que… ¿viniste a trabajar acá mintiendo para que te contratara?

Frunzo el ceño.

—¿Acaso no me ibas a contratar si te decía que tenía una hija?

Hace una mueca confusa.

—No, quiero decir… te hubiera contratado. Espera un momento, estoy tratando de digerir tu noticia.

Me acomodo en el asiento.

—No estoy tratando de privilegiarme ni nada, voy a seguir trabajando como siempre y si quieres mandarme a hacer notas, lo haré, pero encontré que tenías que saberlo.

Asiente hacia mí con un dedo sobre sus labios, como si todavía estuviera pensándolo.

Aclara su garganta.

—Bien, eh… puedes retirarte. ¿Le puedes decir a Webber que venga a mi oficina, por favor? —Digo que sí y me pongo de pie, lista para salir de su oficina, pero su voz vuelve a detenerme— Por esa razón rechazaste Boston ¿verdad?

Me giro, encontrándome con sus ojos confusos.

—Sí

Lo medita un momento.

—De acuerdo, llama a Ángela.

Tanya, Eric, Tyler y yo estamos adornando el árbol de Navidad del edificio. Somos los únicos desocupados a esta hora, así que para no quedarnos sin hacer nada, sacamos el árbol de la caja y limpiamos los adornos. De vez en cuando algunos salen de sus oficinas para ayudarnos y ahora yo estoy arriba de un pupitre pegando esferas rojas.

Ángela sale de la oficina de Jeff con una sonrisa radiante en el rostro. Levanta su dedo pulgar hacia mí y tengo que sonreír por su entusiasmo.

A la hora del almuerzo, lo único que me apetece comer es una medialuna con frappuccino en la cafetería del trabajo. Ángela elige una ensalada de pollo y Tanya un paquete de galletas. Ninguna de las tres está realmente con mucho apetito, de modo que nos apañamos con nuestro pequeño refrigerio.

Uno de los encargados de la limpieza se acerca a nuestra mesa. No estoy preparada para que dé toquecitos débiles en mi hombro.

—Señorita Swan, la buscan abajo.

Me disculpo con las chicas y bajo hasta la recepción. Como es hora de almuerzo es más fácil recibir a gente de afuera, pero no entiendo quién pudo haber venido. Estoy caminando fuera del elevador, acercándome al mesón cuando veo a Alice de pie frente a una máquina dispensadora. La primera reacción que tengo es de sorpresa, pero no dura mucho cuando recuerdo que me he ido de lengua.

Me acerco con una mueca de disculpa.

—Alice —Digo y ella pega un respingo, quitando los ojos de alguna cosa para comer. Hago rechinar mis dientes, juntando mis manos frente a mi cara— ¡Lo siento tanto! De verdad, pensé que ellos lo sabían, no fue intencionado, te lo juro.

Durante unos segundos su rostro es apacible, pero bien sé que cuanto más apacible es, peor es la represalia.

Voy a seguir disculpándome cuando la escucho decir:

—No vine para reclamarte, Bella. Todo lo contrario.

La palabra se queda en mi boca y lo único que logro hacer es fruncir el ceño.

—Un momento ¿lo contrario?

Alice asiente de una manera tan tranquila que tengo ganas de sacudirla.

—No tenía el valor para contarle a mi familia, no cuando todo se estaba derrumbando frente a mis ojos. Sin embargo, fue el mejor instante que tuve con ellos. Y supe que era el momento indicado, y eso te lo debo a ti.

Estoy asombrada.

—Por mi bocota —Susurro y Alice suelta una risa.

—Sí, tienes razón. —Sonrío de vuelta justo en el momento en que Edward aparece de la nada hacia nosotras. Alice mira hacia él — ¡Ah, pero si aquí estás! ¿Dónde fuiste?

Agita su celular en el aire.

—Lo olvidé en el auto —Explica, acercándose y dejando un beso en mis labios— Hola, cariño.

—Hola —Contesto más sonriente que antes.

Entrelazamos nuestras manos, todo eso mientras Alice nos mira de soslayo.

Edward encoje los hombros mirando a su hermana.

—¿Qué?

—Nada —Ahora ella encoje los hombros— Solo que es extraño verlos juntos de nuevo. —Luego se vuelve a mí— Le pedí a Edward que me trajera a tu trabajo, espero que no te moleste o… ¿estabas ocupada?

—Oh, no te preocupes. Estoy en mi hora de almuerzo.

Tanya y Ángela salen del elevador con sus chaquetas puestas y riéndose de algún chiste que desconozco. Las dos se quedan de pie delante de nosotros. Tanya está controlándose por la presencia de Edward solo por mí, puedo notarlo. Me guiña un ojo con una sonrisa pícara de las que solo Tanya sabe hacer.

—Bella, vamos a la librería de la otra esquina, por si no nos encontrabas —Me comenta la rubia.

Edward está fijamente mirando a Ángela.

—Espera un segundo… —Dice frunciendo el ceño, no estando muy seguro— ¿Ángela Webber?

Ángela tiene una sonrisa tímida en su rostro. Sube un poco sus gafas, flexionando los brazos y abriendo sus palmas.

—La misma —Responde— ¿Qué tal, Edward?

Empiezan una pequeña conversación sobre sus vidas. Le presento a Alice a Tanya y le explico a mi amiga que es la hermana de Edward.

—Deberíamos salir todas juntas algún fin de semana —Se le ocurre decir a la rubia, sus manos dentro de los bolsillos y su perfecto cabello ondeado sobre sus hombros— Ya saben ¡A vivirrrr, disfrutarrrr! Beber hasta perder la razón. No, no es cierto, pero podría ser.

Alice se ríe.

—Bueno, no creo que pueda ponerme ebria —Dice ella, mirándome.

—Oh, ¿Por qué?

—Está embarazada —Explico.

La reacción de Tanya es graciosa. Es como si le hubiese dicho que su hermana está embarazada y eso que apenas conoce a Alice. Solo ubica a Edward y a Elif gracias a su hija Reese, pero no al resto de la familia.

Después de que las chicas se hayan ido a la librería, nuevamente nos quedamos los tres a solas.

—Tu amiga es muy simpática —Opina Alice aun riéndose.

Edward me jala de la mano, acercando su cuerpo al mío.

—¿Por qué nunca me dijiste que Ángela y tú trabajan juntas? ¡Dios! ¡Qué tiempo que no la veía!

Recojo un hombro, abrazándolo por la cintura.

.

El fin de semana antes de Navidad invito a Elif a casa de mi madre. Lo acepta sin problemas, así que ahora estoy aparcando en la entrada de la casa de los Cullen, sintiendo un poco de escozor en el estómago. Giro la llave en mi dedo mientras camino hacia la puerta. Doy tres toquecitos a la madera, mordiendo mi labio en la espera.

Edward luce desenfadado cuando abre. Cabello revuelto, camisa con las mangas subidas, pantalones oscuros y sus hermosos ojos iluminándose. Me dedica una sonrisa torcida, acercando sus manos y acomodándolas en mi rostro.

—Que gusto me da verte, hermosa.

Sonrío de oreja a oreja.

—Y a mí —Contesto, cortando nuestra distancia y fundiéndonos en un beso. Nos separamos cuando escuchamos un claro carraspeo. Mis mejillas se encienden al ver a Esme de brazos cruzados— Hola, Esme

No estoy segura si Edward se ha tomado la molestia de contarle lo nuestro, pero si no fuese así, obviamente ella lo descubrió hace mucho tiempo.

—Hola, Bella —Saluda con un gesto amable— Elif está casi lista. Espera adentro si quieres ¿te parece?

Muerdo el interior de mi labio, quedándome de pie en el mismo lugar. Edward toma mi mano, tirando de ella.

—Bella, ven —Sigo sin estar segura. Él inclina la cabeza a modo de respuesta— Entra.

Lo hago. Pese a que no es primera vez que entro a esta casa, igual me resulta un poco extraño. Es decir, sigo siendo una intrusa ¿o no?

¿No crees que ya pasó el tiempo de achicarse ante la circunstancias?

Me armo de valor. Caminamos hasta la sala y gracias a Dios no hay nadie aparte de nosotros tres. Por lo menos no tendré que aguantar las miradas iracundas de Emmett o el rostro sereno pero extrañado del esposo de Alice. De este modo está bien, nosotros tres en silencio sentados en el sofá, escuchando como Elif baja las escaleras. Ella luce tan hermosa como siempre y últimamente me encanta ver como sus ojos han dejado de ser opacos para verse brillantes.

Nuestra relación es buena. Quiero decir, me he dado cuenta que Elif está mucho más cercana. Le gusta conversar conmigo, me llama por las noches y yo la llamo a ella. Nos vemos, me cuenta sobre Ethan, pero a pesar de todo ese cambio tan notorio, sigue nuestra proximidad. Es como si estuviéramos riéndonos y de un momento a otro recordáramos quiénes somos. Eso no me molesta, sé que debo trabajar más en ello. Y estoy intentándolo, juro que estoy intentándolo.

Salimos de la casa despidiéndonos de Esme. Edward vuelve a jalar de mi brazo para rodearme incluso delante de Elif. Ella rueda los ojos mientras camina en torno a la camioneta. Me dedico a acariciar su mentón antes de separarnos.

—Prometo traerla de regreso pronto —Nuestras narices casi tocándose.

—Lo sé —Me da un sonoro beso— igual estoy dolido porque no me invitaste.

Abro mis ojos, pegando suavemente en su brazo.

—¡Sí te invité! Pero tú me dijiste…

Me calla dándome otro beso.

—Ya lo sé, solo bromeaba. —Suspira, mirándome— Estamos esperando al abogado para los trámites de divorcio de mis padres.

—¿Estás bien con eso?

Encoje los hombros.

—Mi madre está segura, mal que mal, ella lo mandó a llamar. Así que sí, estoy bien.

Lo beso de nuevo, un ligero y cálido beso.

Elif toca la bocina de la camioneta.

—¿Pueden dejar los besos para otro día? ¡Tienen todo el tiempo del mundo! —Resopla y nosotros soltamos una carcajada.

Edward me da un último beso, llevándome de la mano al vehículo. Desde la ventanilla le lanza un beso a Elif.

—Cuídense ¿de acuerdo?

—Adiós, papá.

—Adiós, princesa. —Se vuelve a mí— Adiós, hermosa.

—Adiós, cariño.

Cursi —Murmura Elif.

Me giro hacia ella.

Cursi —Imito— Veamos si cuando estás con Ethan dices cursi.

Se echa a reír y Edward pone cara de pocos amigos.

.

.

—O sea que… pegas puños —Mamá imita torpemente un puño en presencia de mi hija. Elif se echa a reír mientras le trata de explicar.

Nany se acerca para susurrarme.

—Las probabilidades de que pecosita 3 termine enseñándole en vivo el puño a tu madre son bastante altas —Bromea— ¡Que mujer tan dura de entender! Hasta yo doy puños.

—¿En serio? —Frunzo el ceño mirándola.

—¿Quieres que te lo demuestre?

—No, gracias. —Nessie sale corriendo de la cocina en dirección a la puerta— ¿A dónde vas? —Le pregunto.

Señala su teléfono.

—Jacob y su padre están en la tienda de la otra cuadra, quiere que elija el postre. ¡Ya vuelvo! —Sale con una sonrisa, su pelo aleteando por el viento. De seguro lleva alguna gorra, porque en cualquier momento vuelve a nevar.

Ha estado nevando mucho, pero hoy el cielo dio tregua en Seattle, dejándonos con el frío y la nieve ya esparcida en la ciudad. Cuando niña me gustaba hacer monos de nieve, sin embargo, hoy en día ya no lo hago.

Nany y mi madre se van a la cocina poco después para terminar la cena. Elif y yo estamos tendidas en el sofá, cuidando cada detalle minucioso del árbol de navidad. Según ella, las luces rojas parpadean dos veces y no tres como lo hacen las demás.

—¿Ves que parpadean dos veces? Las luces verde y azul tres y la amarilla no estoy segura.

Me quedo viendo las luces, mareándome un poco.

—No, creo que parpadean tres veces también.

Suspira.

—Fíjate bien.

Tocan a la puerta. Le doy un apretón cariñoso en la mano y me levanto a abrir. Es Jacob y su padre.

—¿Y Nessie?

Jacob me mira.

—¿Por qué?

—Creí que vendría contigo de la tienda.

Sacude la cabeza.

—¿De la tienda? Venimos directo desde el edificio, Bella.

Frunzo el ceño, dejando que Bill pase y me entregue su chaqueta. ¿Por qué Nessie mentiría?

Mi madre ofrece vino a Bill mientras aún no está lista la comida. Jacob y Elif parecen llevarse bien, sentados en el sofá charlando sobre algo que no logro escuchar. Unos minutos bastan para que empiece a preocuparme. Miro por la ventana para ver si mi hermana llega en algún momento. Mi corazón se empieza a acelerar. Nessie nunca miente, ella no mentiría sobre ir a la tienda. ¿Dónde fue?

Mi celular vibra dentro de mi bolsillo, lo saco para comprobar un nuevo extraño mensaje del anónimo. Quiero borrarlo de inmediato, pero me paralizo leyendo su contenido.

"¡Se te acabó el tiempo! ¿Dónde está tu hermanita?"

Mis manos se congelan, mi labio inferior tiembla leyendo una y otra vez el mensaje. De pronto, la habitación se hace demasiado pequeña y sofocante.

Otra vibración. Otro mensaje. Este me escribe una dirección y que tengo que ir allí lo antes posible. Por un segundo entro en pánico y no recuerdo la ubicación, pero me doy cuenta que se trata del callejón de tres casas más allá de la de mi madre. Pego un salto, dejando el celular encima de la mesa y buscando una chaqueta.

—Bella ¿qué te pasa? —Otro respingo y miro a los ojos preocupados de Elif.

Sacudo la cabeza.

—Nada —Me pongo la chaqueta, caminando hacia la salida y en ese momento me detengo. Me vuelvo a Elif que sigue mirándome con preocupación. Estoy temblando por dentro y mi corazón lo llevo en la garganta. Tomo sus manos entre las mías— Escúchame bien. No salgas ¿de acuerdo? Si no vuel… si demoro, no salgas. Yo… voy y vuelvo. —Ella no me responde— Elif… —Sus ojos son confusos y tengo unas ganas de largarme a llorar. Tomo su rostro entre mis manos y dejo un beso en su mejilla. Luego salgo de la casa.

No sé cómo hago para no resbalarme en el asfalto con la nieve, pero agradezco no hacerlo para darme más prisa. La calle está desierta. Puedo escuchar mis pasos en el suelo, mi respiración acelerada y los latidos de mi corazón. Pese a que la dirección no es lejana, siento que se me hace eterna.

El callejón está vacío, solo hay autos estacionados de los vecinos y un par de faroles encendidos. Estoy acelerando mi caminata cuando veo a Nessie caminar hacia mí. De algún modo, vuelvo a respirar.

Sin embargo, la respiración se me vuelve a cortar cuando noto su rostro perplejo.

—Bella, vete —Susurra.

Tomo sus manos congeladas, apretándola en las mías.

—Nessie ¿qué…?

Mi rostro se eleva hacia una silueta detrás de ella.

Quiero vomitar.

—¿Cómo estás, Bella? —Pregunta Carlisle con toda la serenidad que le es posible. Sus manos están en su espalda acercándose con aire frío y calculador. Sigo apretando las manos de mi hermana, incapaz de soltarla. No voy a hacerlo, no voy a soltarla nunca— Sabía que vendrías.

Tironeo de Ness a mi espalda y ella suelta un jadeo tembloroso.

—¿Qué quieres? ¿Qué demonios estás haciendo?

No hay brillo en sus ojos, no hay color, no hay nada.

—Aléjate de ella —Dice pasivo. No le hago caso— Aléjate de ella, Bella.

—No

Toma una profunda inspiración. Todo pasa demasiado rápido ante mis ojos, sus manos apartándose de su espalda y luego lo veo apuntar hacia mí.

—¡Aléjate de ella, maldita sea!

Sus manos le tiemblan mientras sostiene un arma, seguramente dispuesto a atacar. Nessie suelta un sollozo tratando de soltarse de mí. No la dejo.

—Bella, suéltame —Pide con la voz ronca— Bella, por favor…

Miro en su dirección, sus lágrimas y su rostro asustado están acabando conmigo.

A regañadientes y en contra de mi voluntad, me alejo. Paso a paso, despacio y sin apuros. Me alejo lo suficiente. Puedo alcanzar a mi hermana nuevamente si él intenta algo. Su arma apunta a mí, sus ojos desquiciados llenándosele de lágrimas.

—Tú, Bella —Empieza con la voz cortada— Tú arruinaste mi vida.

—¿Eras tú el de los mensajes? ¡Estás loco!—Grito y aferra más su arma. Escucho los gemidos de mi hermana— Carlisle, deja esto ya.

Sacude la cabeza.

—Sí, era yo. Te preguntarás ¿cómo conseguí tu número? Fácil, no lo has cambiado durante años, al igual que el de Renesmee. ¿Te suena Riley Biers? —Mis manos se hacen puño. Camina alrededor con duda, como si alguien estuviera detrás de él— Es fácil para ti decirlo, porque tienes a alguien esperándote. ¿Y yo? Yo no tengo nada. No tengo nada por tu culpa. ¡Destruiste a mi familia!

—No, no lo hice. ¡La destruiste tú mismo con tus mentiras!

Suelta una risa.

—¿Y acaso tú no mientes? Que idiota de creer que eras mi esperanza, sabes. En ese momento pensé que eras mi única forma de conservar a mi familia. Te mantuviste alejada tanto tiempo, Bella… tanto tiempo y tenías que fastidiarla regresando ¿verdad? ¿Cuántas veces te dije que no volvieras? —Se acerca a mí. Yo retrocedo— Al parecer, no querías tanto a tu hermana como parecía. Estás aquí con ella, volviste para arruinarme, sabiendo las consecuencias.

Mis ojos se llenan de lágrimas.

—Carlisle —Llamo con voz lastimera— No… no le hagas daño a mi hermana. —Su arma cambia de posición, apuntando a Nessie. Me vuelvo a paralizar— No hagas esto. No eres tú, no es así como quieres que tu familia te vea, Carlisle. ¡No como un asesino!

—¡Cállate!

—¿Quieres que te perdonen? ¿Crees que matándonos vas a conseguir su perdón? Lo que vas a conseguir es vivir el resto de tu vida en la soledad, entre rejas.

Encoje los hombros.

—Ya no me importa nada ¡Ni te atrevas a acercarte a ella! —Advierte cuando intento tomar su mano— Te lo dije, Bella. Te dije que cuidaras a tu hermana ¿te lo dije o no? Sí, sé que lo sabes, por eso estás llorando ahora. Tu hermana va a morir por tu culpa ¿verdad? Vas a vivir con la culpa toda tu vida.

Nessie llora más fuerte. La mirada demente de Carlisle me aturde.

Estoy viendo como él parece querer presionar el arma. Estoy viéndolo. Estoy… demonios.

En este momento tampoco me importa nada. Estoy anestesiada de pies a cabeza, así que cuando hago lo siguiente, sé que estoy haciéndolo por reflejo, dejando mi lugar y empujándolo. No sé cómo lo hago, pero él no se mueve. Es más, su arma está apuntando hacia mí. Nessie vuelve a jadear.

—¡Suelta el arma, Carlisle! —Pido— No hagas esto.

Ni siquiera siento mi corazón.

Carlisle empieza a llorar.

—Lo perdí todo, todo por tu culpa.

Y entonces, él presiona el gatillo. Es un ruido que resquebraja cualquier pared o cualquier tímpano. Sin embargo, no es ese el sonido que más escucho.

No es eso.

Es una voz, una voz que conozco muy bien.

—¡Mamá! —Es su grito, pero en ese momento no puedo pedirle que se vaya, no cuando lo he escuchado con tanta angustia.

Estoy mirando a los ojos de Carlisle, su mano sobre el arma y la mía en su muñeca.

Estoy congelada.

No porque el gatillo se haya incrustado en mi cadera.

No.

El gatillo pasa rozándome, pero no me impacta.

El arma sale volando y de pronto ya no veo a Carlisle sino al rostro pálido de Jacob. Me mira para asegurarse de que estoy bien. Entonces le grita a Nessie que coja la pistola. No me puedo mover, sigo en shock viendo a Carlisle en el suelo inconsciente por el golpe de Jake.

Tengo a mi hermana cerca preguntando por mí, toqueteándome por todas partes. Presiento que la anestesia aún no se ha ido, no siento sus manos en las mías, no escucho más sus palabras.

Salgo de mi sopor cuando recuerdo el grito de Elif. Me giro rápidamente, encontrándola viniendo hacia mí con los ojos llenos de lágrimas. Está temblando.

—Bella ¿estás bien? —Está llorando, tomándome de las manos.

Suelto un jadeo mezclado con sollozos.

—Estoy bien. No llores, princesa. —Pero Elif sigue llorando y en unos pocos segundos está rodeándome en un abrazo fraterno. Llora en mi hombro, soltando jadeos incontrolables. No tardo en rodearla también, mi mano en su cintura, la otra acariciando su nuca— Nena, no te asustes. Lo siento tanto, tanto.

—Es que… pensé… que te había… —Hipa, sus brazos apretándose más en mi cuerpo. No quiero que se separe nunca.

Escucho la sirena de la policía. La luz roja, azul y blanca alrededor del callejón.

Mis manos se calientan, mi cara, mis piernas… notando donde estoy en realidad. Hay gente en torno llegando a causa del disparo que probablemente se impactó en alguna pared.

No sé qué mierda acaba de ocurrir o por qué la gente sigue arremolinándose alrededor. Mientras que Elif y yo seguimos abrazadas, siento su corazón acelerado en mi pecho, sus lágrimas saladas manchando mi hombro. La dejo que se desahogue.

Por algún motivo, mis ojos viajan a Carlisle mientras Jacob se suelta de Nessie y regresa a él. Esta vez no lo golpea, simplemente se queda asegurándose de que no va a levantarse y escapar. Él se queja en el suelo, cubriéndose la cara con las manos.

¿En qué momento se convirtió en esto?

¿Entonces Edward tenía razón? ¿Él era igual a Charlie, pero supo disimularlo?

Me pregunto si Charlie hubiese sido capaz de apuntar con un arma a Edward…

Lo más probable es que sí.

Me alejo un poco de Elif para apartar el pelo de su rostro, dejando un beso en su mejilla.

—¿Quién llamó a la policía? —Pregunta Nessie aun con la voz temblorosa.

Jacob, en el suelo, eleva la mirada hacia nosotras.

—Elif —Contesta— Elif llamó a la policía.

La miro, sus ojos todavía derramando lágrimas y me encargo de secarlas con mis pulgares.

Se encoje de hombros.

—Dejaste tu celular en la mesita. —Lo dice como si fuera obvio, afirmando que leyó los mensajes.

Para nuestra suerte tenemos una estación de policía a pocas manazas, de lo contrario, todavía no estarían aquí. Ellos se acercan a un Carlisle indispuesto en el suelo. Elif no quiere mirar y esconde su cara en mi hombro.

—¿Estás bien? Quiero decir ¿no te hiciste daño? —Le pregunto.

La escucho sollozar.

—No, estoy bien.


Holaaaaa

No me maten por dejarlo ahí.

¿Qué pasó por la cabeza de Carlisle? ¿Creen que estaba sobrio cuando lo hizo? El egoísmo en su máxima expresión, como si así le fueran a perdonar todas las que hizo. Bueno, veamos que pasa después. Pobre Nessie ¿Qué culpa tiene?

Primer abrazo de Bella y Elif yeiii

Gracias por leer. Hasta el viernes

Un beso grande a todas.