No way back
Me incorporó de la cama casi de un salto. Tengo la respiración agitada y mis garras aferran las sábanas con fuerza. Creo que nuevamente las he agujereado. Intento controlar mi respiración, pero no está funcionando.
La oscuridad alrededor me pone nervioso. Sé que los niños y Kagome están bien, por sus respiraciones, por sus presencias. De modo que intento tranquilizarme por eso, porque todo está bien ahora. Sin embargo, el silencio del interior de la casa, estar encerrado entre estas paredes y el recuerdo de mis pesadillas me impiden mantenerme en calma.
Necesito salir de aquí.
Sin esperar más, me levanto de la cama y camino rápidamente hacia el exterior. La aldea aún duerme. Veo que los soldados a cargo de la vigilancia nocturna están dormidos en sus sillas. En general, me molestaría, pero no estoy con ánimo ni siquiera para insultarlos.
Aún no puedo respirar con tranquilidad. Este tipo de pesadillas siguen repitiéndose. No importa lo que ocurra; me imagino que jamás lograrán abandonarme. Cuando las cosas andan mal, cuando algo me preocupa, vuelven con más insistencia.
Naraku, mi infancia, mi madre, mis amigos muertos, la ausencia de Kagome, demonios que ponen en peligro a mis hijos, Naraku de nuevo. Naraku es el más recurrente, y logra combinarse con todos mis otros miedos.
Miro el cielo, todavía oscuro. Las estrellas pueden verse con claridad, no como en el futuro de Kagome. Aquí las antorchas no son competencia para el cielo. Intento encontrar calma allí arriba, pero no la encuentro. No encuentro calma en ningún lado. Las pesadillas me atormentan más de lo que logro aceptar. Sé que este miedo se irá con el alba, cuando la luz esté fuera de nuevo, pero entre tanto, sigo temiendo que alguien quiera arrebatarme lo que tengo, o que quiera llevarme de nuevo a un pasado que detesto.
Si bien siento que se acerca, no logro enfrentarla hasta que no está a mi lado, hasta que no toma mi mano. Me giro a verla a los ojos y encuentro en ellos el mismo calor de siempre. Su boca no dibuja sonrisas; se encuentra seria, mirándome, analizándome.
—Otra vez pesadillas.
No logro decir nada. Ella sabe que, como cada verano, el recuerdo de Kikyō vuelve a hacerse presente en mi subconsciente, haciéndose uno con mis otros temores. Ya perdí a una persona que amaba, y todo en mí teme perder más y más, hasta volver a quedarme solo.
Desvío la mirada y vuelvo a enfocarla en el cielo. Todo esto es una mierda. No poder hablar con ella es una mierda.
—Está bien —me susurra. Su voz es como un cántico que me obliga a mirarla. Kagome emana serenidad. Me tira un poco de la mano hacia abajo, obligándome a sentarme. Se sienta a mi lado y se abraza a mi brazo, apoyando su cabeza en mi hombro—. Estoy aquí contigo si quieres hablar.
No puedo. De verdad.
—Pesadillas —le respondo. Kagome acaricia mi mano lentamente. No soy capaz de decir más.
—¿Qué fue? —me pregunta. Niego con un movimiento de cabeza. No quiero evocar esos recuerdos—. ¿Naraku? ¿Tal vez Kikyō? Es otro año desde…
Se calla. Giro un poco el rostro para verla y noto que me está observando, con esos grandes ojos marrones. Le aprieto un poco la mano.
—Siempre vuelven para esta época.
No sé qué más decir.
—Ella está en paz ahora. Y no ha dejado de amarte ni un momento,… te ama ahora con mi propio amor —me asegura. No puedo evitar embozar una sonrisa; el recuerdo de Kikyō, el saber que me amó tanto como yo, y que ese amor sigue latiendo, con más fuerza ahora, en la persona que me enloquece día a día, en la mujer que ha logrado que sea feliz siendo como soy.
—Lo sé —murmuro. Le observo seriamente—. No temo nada sobre eso. Es… yo simplemente…
Kagome me aprieta un poco la mano cuando el silencio se extiende demasiado, animándome a seguir. La luz de las antorchas nos ilumina lo suficiente como para poder vernos los rostros con claridad. La luz y las sombras no pueden hacerla más bella.
—Temo perderlos, como a ella —suelto finalmente. Las cejas de Kagome forman esa particular expresión de dolor ajeno, que he visto muchas veces cuando escucha a otro, cuando ayuda—. Perder todo. Miroku, Sango, sus críos… los nuestros. A ti.
Estamos un momento en silencio, mientras tomo su mano con fuerza y ella me devuelve el gesto. Finalmente me sonríe tímidamente.
—Siempre, siempre estaré contigo. Ya no volverás a estar solo nunca, Inuyasha.
A pesar de que sus palabras llenan algo de mí que estaba vacío, a pesar de que ese peso en el estómago se aleja poco a poco, no puedo evitar recordar lo rápido que los humanos envejecen. No puedo evitar notar esas nuevas arrugas en su rostro.
—¿Me lo prometes? —pregunto. Sé que, quiera o no, tarde o temprano romperá la promesa, pero necesito oír que no quiere dejarme.
—Sí —me asegura, mientras su sonrisa se ensancha—. Nos amas y por eso estaremos siempre contigo, quieras o no. Siempre aquí.
Su mano libre me toca el pecho, apenas cubierto por una fina camisa. El calor de su mano parece quemarme, y todo lo que puedo hacer es sonreírle. Los ojos de Kagome brillan.
—Y tú estarás siempre conmigo —me asegura, y siento que algo en mi interior estalla al escuchar ese modo único para decirme que me ama. Siempre encuentra una forma diferente.
No logro decirlo, pero lo siento con fuerza. Parece que hace eco en mi cabeza. Porque es cierto, jamás me separaré de ella.
Siempre estaré con Kagome.
«Hasta el final».
# Prompts: verano & certeza.
# Palabras: 946.
NOTA
Aquí estoy de nuevo (no puedo creer que pude lograr algo de menos de mil palabras XDD). Está vez quise recordarnos que esto trata sobre Inuyasha y Kagome y el amor único que tienen -?-. O lo que es igual: quiero fangirlear con ellos.
Sí, sí, ya sé que no dejo de hacer menciones al futuro, al final, a lo que duele pensar. Pero creo que sería una constante en su relación, sobre todo con el paso de los años.
A ver, acá no estoy segura de nada. Decidí que en el verano el recuerdo por la muerte de Kikyō golpea a Inuyasha con todos los temores, pero realmente no sé en qué estación del año murió la sacerdotisa. Si ustedes saben, agradecería que me dijeran. Si no fue en verano, ¡lo siento! Aún así, espero que puedan perdonar lo que podría ser un pequeño error y disfruten de la viñeta de todos modos.
Por otro lado, creo que los chicos, en ciertos momentos, tendrían pesadillas recurrentes. No creo que estas pesadillas se presenten siempre, sobre todo porque los años pasan y pasan, tienen una gran familia y son felices, pero algunas veces... No me extrañaría que Sango sueñe con la muerte de los exterminadores (el horror de ver a su hermano matando y atacándole incluso a ella misma); o Miroku tema ser absorbido (o absorber a los que quiere) con su agujero negro, o Inuyasha con su pelea con Kikyō, la posterior muerte de ella y una gran serie de eventos futuros, así mismo con su niñez (que no la pasó bien). Lo imagino con temor a perder todo lo que ha conseguido, a toda ese gente que quiere y lo quiere. De modo que sí, pesadillas. ¿Por qué no? Pero ahí está Kagome para recordarle que seguirá siempre acompañado.
Espero que les haya gustado :), y como siempre, poder traerles otro pronto. Quiero agradecerle a todos los lectores, pero en especial a aquellos que siempre se toman el tiempo para dejar su comentario: Yumi, Nuez, Jaz, bruxi; y también darles la bienvenida oficial(?) a AbiTaisho y Alinha Taisho Potter. GRACIAS. Sus reviews son preciosos para mi :3
Hasta la próxima,
Mor.
