29. La última ceremonia
Sirius bajó decidido a hablar con Dumbledore y lo encontró dialogando con McGonagall en la sala de profesores.
- Ya era hora que aparecieras ¿En dónde te has metido hoy?
- Emy está en La Cámara de Los Fundadores, hoy va a haber otra ceremonia
- ¿Qué? ¿Se sabe por qué tan pronto?
- No, es lo único que ella me ha dicho
- Hay que ir a buscar a los chicos
- Albus, Albus – Remus llegaba corriendo con Arabella detrás de él
- ¿Qué sucede Remus?
- Son los chicos... ha desaparecido delante de nuestras narices
- No entiendo cómo es posible, si el colegio está protegido – Dijo Arabella preocupadísima
- Creo que es porque hoy va haber otra ceremonia, eso es lo que le ha dicho Emy a Sirius... será la de La Unión
- No tiene sentido, es demasiado pronto, aún faltan dos meses para principio de año – Exclamó Bella
- Tendrán sus razones, desde comienzo de curso una magia extraña ronda el castillo, lo puedo percibir pero no puedo saber qué es, creo que hoy, esa magia, se dará a conocer – Aclaró Dumbledore
El suelo duro y frío hizo que Emy despertara, desprenderse de parte de sus poderes hacía que, aparecer y desaparecer, la dejara totalmente agotada. Echó un primer vistazo y no le quedó duda de que se hallaba en La Cámara de Los Fundadores y allí estaban ellos, a su alrededor. Helga le entregó el mismo vestido que se puso en la otra ocasión. Nada más tocarlo, el vestido la envolvió y le quedó ajustado al cuerpo, luego Rowena hizo un movimiento con las manos y los cabellos de Emy se alargaron, se ondularon y se decoraron con cintas doradas, al igual que su vestido, inmediatamente después, su piel se fue volviendo cada vez más luminosa. En la sala ya estaba aquel trono que ella detestaba, justo en el mismo lugar que la otra vez, en el vértice superior de la estrella. A su trono se sumaban cuatro sillones más, cada uno situado en una punta de la estrella, y detrás de ellos, colgados en las paredes de piedra, los cuatro escudos de las casas.
- Creo que hoy has tenido un día muy interesante – Ironizó Salazar Slytherin
- Y yo creo que tú vas a tener una noche muy ventajosa – Contestó de mala gana Emy
- No te quepa duda
- Supongo que alguno de vosotros me podrá explicar por qué hoy he podido estar con Sirius
- Ha sido obra de Myrddin – Respondió Rowena
- Eso sí que es una sorpresa – Exclamó Emy - ¿Cómo es posible que mi tan fastidioso parásito me otorgara ese favor?
- Yo se lo pedí – Aclaró Helga
- Debí haber imaginado que salía de ti Helga... muchas gracias
- Sentía el deber de hacerlo, al fin y al cabo, tu sacrificio se merecía una recompensa
- Sé que no estaba acordado y por eso te lo agradezco, ha sido muy importante para mí
- Los Guardianes serán llamados ahora – Intervino Salazar
- No tenéis porqué concederme lo que voy a pedir pero, para mí, sería desolador verlos antes de La Ceremonia, seguramente querrán saber y yo no quiero mentir, si digo la verdad, tendremos problemas – Dijo Emy con tono retador
- Permanecerás invisible a sus ojos mientras les damos las instrucciones y les preparamos – Contestó Helga
- De nuevo, gracias
Godric Gryffindor asió a Emy por el brazo y la condujo hasta el trono, luego en voz baja y al oído le habló.
- Lo que va a suceder esta noche, es un sacrifico para la mayoría de nosotros, has sabido ganarnos el corazón durante estos meses y, personalmente, no estoy de acuerdo con el cambio que se va a acontecer
- Lo sé, tus ojos nunca mienten
- Estoy muy orgulloso de tener La Unión de Las Cuatro Sangres en una persona como tú, alguien que la vida no le ha dado más que castigos y que, aún así, ha sabido mantener su lado bueno lo más intacto posible – El espíritu sonrió amablemente – Tu corazón y tu amor hacia los tuyos no ha tenido límites y por eso te encuentras ahora mismo en esta situación. Me asusté al pensar que ibas a aceptar tu destino sin luchar pero veo con agrado que no ha sido así
- Te equivocas al pensar que la vida no me ha dado más que castigos, he tardado mucho tiempo en comprender que no era así y ahora puedo decir que los regalos que me ha dado, superan con creces todas las penitencias que he tenido que vivir. Esos regalos se quedan aquí, la mayoría están en este colegio y para mí han sido más que suficiente. Ahora, después de hoy, puedo afrontar sin ningún miedo mi destino
- Me alegra oírte decir eso y lo que más me alegra es poder decirte que tu accidentada valentía, a la que tanto repulso tienes, ha dado su fruto... tu espíritu se mantendrá vivo hasta que el destino te dé una nueva oportunidad
- ¿Lo dices en serio?
- Así es, has conseguido girar tu estrella, tu fuerza era menor porque tu corazón siempre ha sido mayor y es hay en donde has ganado esta última batalla
- Gracias por esto Godric, eres sin duda el más noble espíritu de esta institución
- Gryffindor debemos llamar ya a los Guardianes, así que no demores más tu tarea – Gritó enfurecido Salazar Slytherin desde el fondo de la sala
- Ha sido un placer – Dijo Emy sonriente
Godric Gryffindor hizo un movimiento con su mano y Emy fue haciéndose invisible poco a poco.
Los cuatro Guardianes aparecieron con caras de asustados, no se esperaban que les fuesen a hacer llegar tan temprano y estando en medio de una sala llena de gente. Inmediatamente se les entregaron ropas, que, nada más coger, les vistieron, para luego sentir que sus cuerpos pesaban menos y se sentía mucho mejor. Todos observaron que sus rostros parecían irradiar luz y que sus pies sentían el frío, a la vez que el magnético suelo, bajo ellos. Los Fundadores les ordenaron situarse en sus respectivos asientos y sacar sus varitas. Nada más hacerlo, éstas se convirtieron en los cuatro presentes que se les había otorgado. A Ginny le colgaba su collar, que brillaba más que nunca, a Hermione le descansaba el libro entre sus manos, Ron agarraba, con su mano izquierda, el cetro y Harry asía, con su mano derecha, la espada. El suelo de la cámara desaparecía para solo quedar, suspendida de la nada, la estrella de cinco puntas, luego aparecieron unas sillas junto a la pared continua a la puerta y un segundo después todas las personas que habían presenciado la anterior ceremonia estaban sentadas en ellas. En cuanto esto sucedió, la figura de Emy volvía a aparecer sentada en su trono. La vez anterior ella emanaba una luz blanquecina e intensa pero en esta ocasión, Emy permanecía entre sombras, sin que nadie pudiera ver su rostro, solo intuir su presencia.
- Buenas noches a todos los presentes – Comenzó a hablar Rowena Ravenclaw
- Esta noche estamos aquí para culminar la tarea que se nos fue encargada – Aclaró Helga Hufflepuff
- Y podemos decir, sin ningún temor, que hoy comienza una nueva era para nuestro mundo, la más pura sangre comenzará, esta misma noche, a desempeñar sus funciones como máximo mandatario del mundo mágico – Anunció orgulloso Salazar Slytherin
- Teniendo, como primera misión, el derrotar a las fuerzas del mal que amenazan la estabilidad de nuestro mundo - Terminó diciendo Godric Gryffindor
Sirius miraba fijamente el lugar en donde Emy se sentaba, las palabras de Los Fundadores le calaron hondo en su mente, ella sería la máxima autoridad ahora, aunque para él seguía siendo el amor de su vida, nada más y nada menos, que el motor que bombeaba su corazón.
- Esto es posible gracias a La Unión, ella ha servido como Awen, la esencia que fluye, la musa, la inspiración para que regrese el mago por excelencia, El Gran Señor de la Luz – Siguió explicando Slytherin
Dumbledore, al oír esas palabras, se puso en pie. Su rostro había palidecido, sus ojos mostraban la incertidumbre y sus manos insinuaban un temor claro.
- ¿Estáis insinuando el regreso de Myrddin? – Preguntó con voz algo temblorosa
- Así es, mi sabio amigo – Contestó Rowena
- Pero él está retenido en la cárcel de amor invisible, en la gruta de cristal cercana a la fuente, dentro del bosque, nadie lo ha hallado nunca, no ha habido ningún otro mago capaz de deshacer el hechizo – Observó Dumbledore con cierto tono de asombro
- No hasta ahora, los poderes de La Unión eran, incluso antes de su envestidura, de una gran magnitud
- ¿Queréis decir que Emy ha sido capaz de liberar a Myrddin?
- Digamos que no le ha quedado otro remedio – Contestó Slytherin riéndose
Dumbledore se derrumbó en su silla, sabiendo que iba a venir a continuación, incluso la mayoría de los profesores se revolvieron en sus butacas y comenzaron a murmurar, solo Sirius permaneció callado, temblando y negando con la cabeza. La leyenda de Myrddin era muy cercana a él, siempre le había fascinado su vida, más bien su leyenda y ahora se enfrentaba a la posibilidad de saber cómo iba a resurgir el supuesto mago más poderoso de todos los tiempos. De los cuatro Guardianes, solo Hermione y Ginny entendían de qué se estaba tratando, aunque Harry ya había deducido que se referían, irónicamente, a "El Oculto".
- ¡NO, NO! – Gritó Sirius poniéndose en pie – No dejaré que le pase nada a Emy ¿ME ENTENDÉIS?
- Creo, amigo, que ya es tarde para eso... Nosotros no podemos hacer nada – Dumbledore le agarró para intentar tranquilizarle
- En cuanto la luz de la luna entre por la ventana, la transformación se dará por terminada – Dijo orgulloso Slytherin
- Dumbledore, Sirius y todos los presentes – Gryffindor tomó la palabra, su tono de voz dejaba ver su simpatía por la preocupación de los magos y brujas presentes – Quiero que sepáis que es un absoluto acto de amor por parte de La Unión, servirá para que podamos acabar con El Señor Oscuro y así poder vivir en paz en nuestro mundo
- ¡NO PUEDE SER, NO LO PERMITIRÉ! – Volvió a gritar Sirius que forcejeaba con el anciano
- De verdad, lo siento – Se lamentó Gryffindor
- Sirius – La voz débil de Emy retumbó en la sala – Debes afrontar este nuevo reto... ven, acércate, quiero hablarte
Dumbledore soltó a su amigo y este fue hacia ella entrando por el vértice de Gryffindor. Al pasar por al lado de Harry, oyó que este le hablaba.
- No entiendo lo que está pasando – Susurró aterrado Harry
- Nos quieren quitar a Emy, quieren que entregue su cuerpo a Myrddin para que este pueda gobernar
- Eso no es posible, ella tiene que permanecer con nosotros, ella no me puede dejar... ¿Quién es ese Myrddin?
- Myrddin, es Merlín
Sirius siguió avanzando hasta el trono de Emy, a medida que lo hacia iba viendo mejor su perfil, hasta que, por fin, pudo visualizar mejor su rostro. La suaves y agraciadas formas de su cara estaban consumidas, como si le estuviesen absorbiendo el alma, no pudo remediar dar un quejido de horror.
- Cierra los ojos y acércate – Ordenó Emy
Sirius dio dos pasos y calló de bruces a sus pies. Con suma delicadeza, Emy le acogió en su regazo, le acarició el pelo y le dio un beso en la frente.
- No quiero que abras los ojos porque quiero que me recuerdes como me has visto hoy
- Emy, no puedes dejarme, tú no puedes morir
- ¿Quién ha dicho que voy a morir? Viviré siempre en tu corazón y en el de ellos, os protegeré y os encauzaré en vuestro camino, no dejaré que el mal os perturbe y velaré vuestros sueños para que podáis vivir en paz, por eso vine, por eso acepté... debes entenderlo y debes aceptarlo
- No me resignaré a perderte, no puedo, eres lo único bello, lo único real que he tenido
- Sirius, no puedes rendirte, no mientras a Harry le quede un solo soplo de vida, tienes que guiarle y acompañarle durante su viaje, eres su tutor, el mejor que podría tener después de su propio padre – Emy acariciaba el rostro quebrado de su amor – Prométeme que lo harás
- No podré sin ti, no existe mi vida sin ti
- Claro que sí, tu vida es nuestros cuatro chicos, tu vida es nuestros amigos, ellos son tu familia, es por ellos por quien merece la pena luchar, es por ellos por quien merece la pena vivir y debes seguir enseñando. Eres un magnifico profesor y tu labor es inculcar, a las nuevas generaciones, el amor y el respeto hacia el resto de las personas ¿Qué puede haber mejor que eso?
- Emy no te vayas
- No me iré, no en espíritu – Emy cogió a Sirius con sus dos manos por la cara, la levantó y le besó tiernamente en los labios – Prométemelo
- Te lo prometo – Juró él entre lágrimas
- Amor mío, tu recuerdo me acompañará por siempre – Volvió a besarle – Vive cada día como si fuese el último de tu vida
Una suave luz azul comenzó a entrar por la ventana. Como si de una cuerda mágica se tratase, el cuerpo de Sirius fue arrancado de las manos de Emy para volver de nuevo a su asiento. De los cuatro presentes de los Guardianes, el colgante, el libro, el cetro y la espada, salió un rayo de luz que se unió en el cuerpo de Emy, alzándola por el cielo, ingrávida y moribunda.
Harry sentía unas enormes ganas de devolver, su cicatriz le quemaba hasta el punto de creer que se iba a desmayar, sus ojos nublados por las continuas lágrimas apenas le dejaban contemplar por última vez a su tía y todo esto mientras el corazón se le partía de dolor, era como si le estuviesen rasgando las entrañas. Ginny y Hermione lloraban desconsoladamente y Ron respiraba con gran dificultad, todos ellos no podían creer lo que estaba sucediendo y lo peor de todo, es que no podían hacer nada por impedirlo.
Una espiral de humo y luz fue envolviendo el cuerpo suspendido de Emy, igual que el día de la poción. Los cuatro Fundadores comenzaron a murmurar una especie de conjuro en alguna lengua antigua, cada vez lo hacían más rápido y más alto, al igual que la espiral que crecía en tamaño y rodaba cada vez más veloz. La luz de la luna entró de golpe por la ventana, un enorme estallido retumbó en los oídos de todos mientras veían como el cuerpo de Emy estallaba en millones de partículas brillantes, provocando tal resplandor que cegó durante unos minutos a todos. Los cuatro Guardianes cayeron de espalda en sus butacas, Los Fundadores se quedaron en silencio y ya nada se oyó en la sala.
Sirius estaba de rodillas en el suelo, se agarraba fuerte su estómago como si así pudiese aplacar el dolor tan intenso que su alma sentía. En su cabeza se agolpaban miles de imágenes de Emy, curiosamente ordenas cronológicamente. La veía de niña en brazos de su madre, tímida y sonrojada bailando con él en la boda de su hermana; sentada, muy sonriente y cariñosa, en una silla meciendo a Harry, luego atrapada por sus brazos a punto de besarla; veía sus ojos inquietos en aquella cabaña, la veía destrozada en un rincón contando su historia y luego en el despacho de Remus, cuando por fin se declararon su amor, a partir de ahí todos la imágenes fluían rápidas recordando cada gesto, cada sonrisa, cada mirada durante todos aquellos meses que habían estado juntos, los pocos besos y los muchos deseos de aquellos días de verano, hasta que por fin pudo ver, con más calma, el mejor día de su vida, el día que hoy habían tenido, el día en que se habían amado hasta reventar. La garganta de Sirius se cerraba, apenas podía tragar o respirar, el dolor era tan intenso, que no podía soportarlo, aquello era peor que estar rodeado de miles de dementores y, por fin, una sola imagen se fijo en su mente. Veía a Emy al pie de un acantilado gritando al mar, a la tierra y al cielo que la dejaran morir, que acabaran con su dolor y por fin entendió el atisbo de pena que se había quedado permanente en sus ojos, por fin comprendió que, por muchos días que la vida le otorgara, no podría descargarse de aquel dolor que le estaba partiendo el alma. Así viviría él a partir de ahora, con el brillo de la perdida de Emy en sus ojos.
Harry no quería despertar, sabía que estaba en un sueño, más bien una pesadilla. ¡Qué tontería! ¡Qué absurda idea! Emy era invencible, nadie, ni siquiera Voldemort, era capaz de matar a su tía. Él nunca había tenido que volver a sufrir pensando que ella podría morir, era simplemente imposible, ella le había prometido, una y mil veces, que no le dejaría solo, ella siempre cumplía sus promesas, ella nunca mentía, ella nunca se iría. Notaba su mente despierta, sabía que solo tendría que abrir los ojos para ver que estaba en su cama junto a la de Ron, sabía que aquello era una pesadilla, una locura cruel que su mente cansada le había perpetrado. Entonces ¿Por qué no abría los ojos? ¡Qué cobarde! Tenía miedo de un mal sueño ¿Qué diría Ginny si supiera que él seguía siendo un niño miedica? Y Emy ¿Qué diría ella? Quizás después de comer subiría a su apartamento y se lo contaría, sí eso era lo que quería hacer, estar con ella, abrazar y sentirse en casa como siempre. Quería oírla decir que todo iba a salir bien, que estaba muy orgullosa de él, que le quería con toda su alma y que nunca le abandonaría. Él se acurrucaría entre sus brazos y ella le revolvería el pelo, luego entraría Sirius y haría algún comentario gracioso que le sonrojaría y haría que Emy soltara su tan graciosa carcajada y allí, los tres juntos, planearían las vacaciones de Navidad, quizás con una viaje a España para que Ginny pudiera venir con ellos y conocer el lugar en donde habían sido tan felices, en donde había tenido un verdadera familia. ¡Qué tontería! Se estaba poniendo demasiado cursi, debía dejar de pensar ya tanto en esas cosas, ninguno chico de su edad deseaba estar con su familia, más bien estar lejos de ella para poder divertirse con sus amigos y que no controlaran todos su movimientos pero es que él no había disfrutado mucho de ella, no conocía muy bien los protocolos de las grandes festividades y solo habían festejado una vez su cumpleaños con su familia, en el fondo no creía que fuese tan malo querer estar con su gente. Harry se estremeció, sintió una mano posarse en su frente, aunque sabía que no era la de Emy, su mente repetía una y otra vez ¡No abras los ojos, no abras los ojos! Pero al oír que Dumbledore lo llamaba, no tuvo más opción que abrirles y encontrarse con su pesadilla.
- ¡Harry! ¿Te encuentras mal? ¿Puedes oírme?
Estaba en La Cámara de Los Fundadores, Ginny estaba inconsciente tirada en un sillón frente a él, más a la derecha estaba Ron balanceándose en la butaca y tapando su rostro con las manos, un poco más allá, Sirius estaba tirado en el suelo, de rodillas, llorando continuamente y con la mirada perdida en algún punto. Harry siguió contemplando con horror todas las caras que estaban en la sala, no había nadie allí que no estuviese llorando, o tapándose, o acurrucado en los brazos de alguien, a la última persona que vio fue a Hermione. Permanecía impasible, sentada en la butaca, como si pareciera una figura de cera, en su rostro no había expresión alguna, lo cual indicaba el más absoluto estado de dolor. Harry giró un poco más la cabeza hacia la izquierda, sentado en un gran trono se hallaba un hombre muy mayor, con larga barba blanca, con una capucha cubriendo su cabeza pero dejando ver su cara, sus ojos mostraban una expresión de curiosidad por aquella escena. Vestía una extensa túnica gris perla, que cerraba con largo cordón en el mismo color, su mano derecha agarraba una alta vara de roble y su mano izquierda jugaba con algo que no podía identificar.
- ¿Harry, puedes oírme?
- Sí, vaya a ver cómo está Ginny – Contestó a su director
En cuanto Dumbledore se apartó de Harry, este se levantó, cogiendo bien fuerte su espada, para ir directo a matar al anciano. Alzó su espada y la cruzó para atravesarle mientras gritaba "asesino" pero el anciano interpuso su cetro haciendo que la espada saliese despedida de la mano de Harry sin cumplir con su objetivo. El muchacho cayó de bruces en el suelo mientras mantenía su mirada fija con el odio inyectado en sus ojos.
- ¿Quién eres tú? Devuélveme a Emy, tráela de vuelta, nadie te quiere aquí – Le gritó Harry
Dumbledore fue inmediatamente a recoger a Harry y no lo soltó mientras el joven se dirigió al anciano.
- Yo soy Myrddin, ese es mi nombre celta, vosotros me conocéis como Merlín y he vuelto para dirigiros en la batalla que os dará la victoria
- ¿Por qué habríamos de fiarnos de ti? Has vuelto asesinando al ser más bueno y honesto que he conocido – Gritó Ron mientras se acercaba a Harry
- Nosotros somos sus Guardianes, tenemos unas misiones que vamos a cumplir por ella, por mucho Merlín que seas, nunca alcanzarás su honra – A Hermione le temblaba la voz pero aún así, se acercó a ellos
- Ella era la esperanza para un mundo mejor, la alegría del decaído, la fuerza del débil, la confianza del inseguro, nuestra luz en la oscuridad y tú... tú nos la has arrebatado – Ginny no podía evitar llorar, llegó hasta donde estaba Harry y se refugió en sus brazos
- ¿Por qué habríamos de obedecer tus órdenes? – Sirius se levantó al oír las palabras de los cuatro chicos y al hablar una bocanada de aire llenó por fin sus plumones – Eres solo un parásito, un intruso, un virus, tu leyenda es mentira, ahora veo que sólo eres un fraude, sino, no hubieses tenido que matarla para vivir
- Os diré exactamente por que debéis de obedecer mis órdenes – Myrddin se puso en pie y se irguió – Por que sino, su muerte habrá sido en vano
- Merlín, creo que hoy no es un buen día para las presentaciones y los futuros planes – Dumbledore utilizó un cierto tono de reverencia pero no el debido sabiendo la magnitud de su poder y de sus obras
- Veo que aún queda alguien con sentido común – Myrddin miró a su alrededor y observó el decaimiento general por la desaparición de La Unión de las Cuatro Sangres – Quiero que se sepa que yo no he asesinado a nadie, ha sido un sacrificio voluntario
- ¡NO! – Gritó Harry
- El próximo domingo habrá una reunión, ya sabréis quién será convocado – Myrddin dio un golpe seco en el suelo con su vara y desapareció
Los Fundadores también se esfumaron, al igual que los escudos y los tronos, solo quedaron las personas, la mayoría sentadas por no poder mantenerse en pie de la impresión. El suelo volvía a ser uniforme, las ropas de Los Guardianes las de la boda y en sus manos volvían a estar las varitas. Sirius necesitó el abrazo de su ahijado y se fue hacia él. Harry no dudó ni un segundo en desahogarse con su padrino y ambos se fundieron en un abrazo como comienzo de una nueva vida sin Emy.
