Capitulo 17: Cool
-¡Achoo!- estornudó ruidosamente haciendo reír al otro, rompiendo por completo el ambiente que previamente crearon-Estúpido Potter…- dijo abochornado frotando con el dorso de su dedo índice su nariz. El frío comenzaba a invadirlo, percibió como drásticamente los grados seguían descendiendo, que para entrar en calor se abrazó a sí mismo con sus brazos; esperaba no volver a enfermar.
Aquello enterneció al moreno de sobre manera que comenzó a friccionar sus brazos con sus manos para que entrara en calor; en definitiva estar parados en medio de la lluvia helada no era una buena idea, pero las cosas se dieron de manera espontanea y una cosa dio paso a otra de tal forma que ninguno de los dos pudo frenar sus ímpetus -llévame a casa…- pidió con media sonrisa que el otro no pudo más que asentir.
Con una aparición llegaron alsilencioso departamento del rubio que se encontraba a iluminado con su media luz del pasillo. Caminando torpemente hacia el cuarto fueron dejando un rastro de agua tras de sí haciendo eco en esas cuatro paredes con el jadeo de sus entrecortadas respiraciones, sus ropas empapadas y zapatos rechinantes por la humedad.
Harry quería saber que significó ese beso que le penetró hasta los huesos; estaba impreso en él y lo sabía, por Salazar que lo sabía… pero fue tan repentino, tan mágico que no entendía que representó para el rubio; la manera misteriosa en la que estaba actuando le daba en que pensar "espero que no sé nada malo" pensó desprendiéndose de su empapada americana.
Mirando al rubio rebuscar entre sus cajones algo que ponerse para quitarse las prendas mojadas, Harry sintió un pequeño pinchazo de culpa, después de todo, Draco tan férreamente le dijo que no quería rememorar el pasado y él en su necesidad de saciar su vibrante necesidad de tocarle simplemente se dejó ir en la bravura del mar de su pasión, sin embargo no quería causarle mayor pesar.
"Pero ¿qué fue lo que salió mal?" pensó acongojado por descubrir la verdad; aquello que encontró en el cofre era algo serio, demasiado que le reiteraba claro como el cristal que todo lo que estallaba en su interior iba más allá de una curiosidad y una simple atracción.
-Métete a bañar que si te enfermas y faltas al trabajo me echaras la culpa- dijo seriamente aventándole una toalla a la cara y un conjunto de ropa que olía a jabón y levemente a su esencia favorita: vainilla.
Ahí parado en el umbral con su pijama verde de franela secando su cabello platinado con los dedos; no lo miraba pero notó algo peculiar en sus ojos que simplemente su semblante se le antojaba excitante.
"En definitiva no se qué pensar…"se dijo con una exhalación y se metió a dar una ducha. Nada mejor que el agua para calmar sus ideas revolucionadas en su cabeza batallando entre: considerar la prerrogativa de lanzarse al abismo esperando que le aceptara con memoria o sin ella, solamente con la noción de que sus sentimientos no estaban muertos en su interior; todo aquello que sentía como un atisbo de esperanza, brillando como una frágil llama oculta en un rincón… pero también estaba la premisa de que por más que hiciera, por más que se acercara a ese precioso hombre con piel de invierno; este se mantuviera inamovible, impasible en su respuesta de querer alejarlo como si le ardiese una herida profunda en su corazón.
Antes de siquiera poder formular una pregunta, sus labios enmudecieron al notar al ojigris durmiendo sentado en la cama, recargando su cabeza en su brazo flexionado sobre su pierna doblada, utilizando su mano como almohada "eso seguro le dejara una fuerte tortícolis" pensó enternecido"seguro esperaba a que saliera de bañarme para correrme de su casa, como es su manía"
-¿Por qué eres tan endemoniadamente adorable?- le dijo acariciando su mejilla con ternura a lo que este le respondió con una mueca de molestia y le lanzó un manotazo a la cara; tuvo que contener una risotada "aun dormido sigue siendo tan terco" pensó con media sonrisa.
Con cuidado utilizó su varita para secar el aun húmedo cabello al cual aprovechó recorrer sin recato. Era tan suave como si de hebras de seda se tratara; seguro y lo único que se comparaba con esa tersura era la nívea piel que pocas veces tuvo el privilegio de tocar sin recibir evasivas o regaños.
Recostándolo sobre la cama, le arropó como si de un pequeño se tratara y nuevamente volvió a unir sus labios en un casto beso cargado de tantas cosas que ni sabía por dónde comenzar -No tengo ni idea de qué hacer con todo lo que me haces sentir Draco Malfoy…- murmuró desanimado pues tal vez perderle era lo que se ganaría si el rubio llegase a oír aquellas palabras de su boca.
"Maldición… hace muchísimo calor…"murmuró para sus adentros.
Lo primero que captaron sus ojos fue a su pequeña Peony acurrucada entre sus brazos. "¿A qué hora llegó? No tengo la menor idea" se preguntó y contestó al instante besando con ternura su linda cabecita que se removió por el gesto pero sin la intención de despertar.
Todo lo sucedido en la tarde fue tan inusual que dudaba que fuera real; convivir como persona civilizada con Potter era una cosa, pero sonreír como un idiota en su presencia y lo peor de todo ¿besarle? Parecía un chiste de muy mal gusto "seguro y el destino tiene un retorcido y muy amargo sentido del humor"
Comenzando a espabilarse, sus sentidos también despertaron y como un pinchazo a su atención notó una mano aferrada a su cadera que encendió su alarma de pánico "¡Oh no!" pensó horrorizado cuando notó cabello negro en su mejilla y una pausada respiración erizando los vellos de su cuello. Como en cámara lenta viró el rostro hasta encontrarse con su peor pesadilla durmiendo cómodamente utilizándolo de su almohadón personal.
-Hijo de tu… muggle… madre…- dijo por lo bajo tratando de no despertar a su hija, pero le era imposible pues las ganas de salir de la prisión de los brazos del medimago ganaba a toda lógica.
-Buenos días a ti también… Draco…- bostezó tranquilamente sonriendo al ver rabiar al rubio. Era increíble lo bien que se acoplaban sus cuerpos; su piel suave con esa fragancia avainillada le fascinaba y volvió a apretarlo queriendo volver a conciliar el sueño.
-No te he dado el permiso de tutearme, Potter- siseó iracundo queriendo removerse inquieto en su fuerte agarre que no cedió.
-¿Enserio? Creí que si cuando me diste tu mano y aceptaste que fuéramos amigos… y luego lo que pasaos ayer…- dijo para coraje del ojigris que le plantó un tremendo codazo en su estomago haciéndole jadear de dolor obteniendo de paso lo que quería; su libertad.
-Idiota-
-Creído…- dijo jalando aire comenzando a reír.
-¿Ya tan temprano y estas discutiendo, papi?- preguntó la pequeña bostezando; hacían mucho ruido y no la dejaban dormir; pero no se molestó pues tener a sus dos adultos favoritos durmiendo con ella no era una mala manera de despertar.
-¡Si él fue el que empezó!- chilló Draco ganándose una mirada de desaprobación de parte de su hija.
-Pero tú lo golpeaste, papi- el rubio abrió la boca para refutar, pero cualquier palabra que tuviera en contra del azabache era demasiado fuerte para una niña de seis años, así que molesto guardó silencio sintiendo sus mejillas arder cuando la sonrisa del cara rajada comenzó a ampliarse.
"¡Esto es el colmo, se pone de su lado!" pensó comenzando a bufar entre dientes -¡Ah! ¡Ya déjenme los dos! iré a hacer el desayuno…- frotó su enredado cabello platinado y le dio un beso en la frente a su hija que lo recibió con una jubilosa risilla.
-¿Y mi beso de buenos días?- el rubio resopló furibundo. Con un gesto muy digno y un insonoro "que te den, Potter" se levantó de la cama y salió del cuarto "en definitiva, es el colmo"
La niña se acurrucó con una sonrisa traviesa en el regazo del medimago, quien con los brazos abiertos la recibió-Buenos días señor Harry- dijo depositándole un beso en la mejilla frotando sus ojos sintiéndose aun adormilada.
-Buenos días Peony- le dio un beso en la frente -¿siempre se despierta así?- preguntó con un tinte de burla pues era tan interesante Draco hiciera lo que hiciera.
-A veces... pero principalmente cuando se queda dormido en su computadora- dijo haciendo memoria mirando al techo –aunque creo que se pone de mejor humor cuando usted está cerca-
-¡No es cierto!- berreó Draco desde la cocina que había escuchado fuerte y claro aquella declaración que hizo reír a los dos ojiverdes.
–Mi papi puede ser tímido cuando se trata de sus emociones…- murmuró divertida en el oído de Harry haciendo sonrojar al azabache, pues tal vez; solo tal vez tenía una oportunidad.
Poniéndose nuevamente la ropa de la tarde anterior recién salida de la secadora, se dirigió a la cocina donde el rubio ya estaba en su modo "pocionista" pues estaba tan concentrado y liviano como si lo único que importara era lo que estaba haciendo y de solo perderle la vista por un segundo explotaría en su cara -Mmm, algo huele realmente delicioso…- expresó el moreno perdiéndose en ese aroma de mantequilla, azúcar y maple.
-¡Sí! ¡Hot-cakes!- exclamó Peony poniéndose a dar brinquitos emocionada y se apresuró a poner los mantelitos de la mesa.
-Descuida, yo me encargo- le guiñó el ojo quitándole de las manos los trozos de tela adornados con un grabado de grecas color azul –tu ve a cambiarte- la pequeña asintió emocionada y se fue corriendo a su habitación.
-¿No tienes trabajo que hacer Potter?- arqueó una ceja al entregarle el plato lleno de humeantes tortitas perfectamente circulares de un incitante color dorado.
-Nup- negó con la cabeza colocando las servilletas y disponiendo la mermelada de fresa, cajeta y miel en el centro de una forma armoniosa –mi trabajo comienza a las 9… así que estoy a tiempo- chasqueó la lengua haciendo al otro fruncir el ceño.; quería reprocharle que su casa no era ni hotel ni restaurante para que se sintiera tan campante, pero…"¡siempre hay estúpidos peros!" se dijo molesto, pues no podía rebatirle nada por esa tonta sonrisa suya, tan refrescante que podría robarle el aliento a la mismísima Morgana.
Comieron tranquilamente en silencio; no había necesidad de hablar más que sentir su mutua compañía que por unos instantes a Draco le ganó la nostalgia por la utopía del "qué hubiera pasado sí…" que con el peso del recuerdo, consideraba que, justo como en ese instante, así se verían los tres si las cosas hubieran seguido su curso; ellos viviendo juntos, compartiendo sus mañanas junto con su hija, disfrutando de las tardes y durmiendo abrazados…
"Pero él hubiera no existe…" se dijo tratando de evitar llorar por la ilusión del control y se levantó de la mesa recogiendo su plato para dejarlo en el fregadero. Regresó a su mesa de trabajo y comenzó a revisar su escrito final listo para publicar. Harry notó ese cambio en el rubio e intentó acercársele.
-No deberías de leer cuando terminas de comer, no es saludable…- el rubio se mordió la esquina de su uña sin despegar la vista de su papel.
-No te metas Evan…- el azabache bufó, "¿Por qué se esfuerza en dar dos pasos hacia atrás cuando yo avanzo?" pensó acongojado. Quería seguir acercándose a su amurallado encierro y sabía que no se detendría por más trabas que Draco quisiera ponerle –Peony, ve a ponerte los zapatos y ponte en él cabello unos pasadores- la niña con un asentimiento militar se fue dando brinquitos pues ese ambiente familiar le encantaba y esperaba que así fueran todos sus días de felices.
–Y tu, ve a hacer algo útil y lava los platos- le sacó la lengua antes de seguir leyendo.
-Sus deseos son ordenes para mi señor gruñón- le dijo dándole un golpecito en su respingona nariz con la punta de sus dedos, aquello no fue bien recibido por el otro pues le aventó su engrapadora que por escasos centímetros el salvador del mundo mágico esquivó entre risas.
-Tonto…- dijo tratando, sin éxito de no esbozar una sonrisa.
-¡Papi péiname!- pidió la niña sentándose en sus piernas –por favorcito ¿sí?- puso los ojos en blanco; en definitiva eso era un complot para no poder terminar su trabajo adecuadamente.
-Está bien…- dijo dejando sus papeles de lado y la niña triunfal extendió sus manitas al cielo. Con cuidado la sentó en su regazo y comenzó a cepillar su largo cabello negro.
-¡Quiero dos trencitas como las que me haces para dormir!- el rubio asintió e iniciando su labor de dividir el cabello en dos secciones le pasó el peine para comenzar a trenzar.
Harry observaba conmovido la escena recargado en el marco de la puerta de la cocina. En definitiva Draco vivía y respiraba solamente por ella, su pequeño obsequio, pero por nadie más. Su corazón protegido por esa impenetrable barrera le apartaba de cualquier pesar que pudiera afectarle; las cicatrices que se cargaba le recordaba cuanto sufrió y cuanto dolor escarmentó en carne propia y saberse parte de la causa le enfurecía de sobre manera y ya ni hablar de"él"… el moreno apretó los puños a sus costados.
Dando por finalizado su trabajo le besó la coronilla y la mandó a recoger sus cosas para alistarse para la escuela.
-¿Qué tanto vez Potter?- preguntó acomodando sus cosas en su portafolios y viéndose en su espejo nuevamente comprobó que su cabello no estuviera desprolijo. Sonrió con satisfacción y pasando su mano por su sudadera trató de alejar cualquier pelusa que tuviera.
-Simplemente me da envidia- dijo poniendo sus manos en sus bolsillos alzándose de hombros.
-¿A qué te refieres?- arqueó la ceja inquisitiva. Harry suspiró y no queriendo revelar su mal sabor de boca reveló una verdad a medias.
-A que tienes una relación maravillosa con tu hija… quiero decir, siempre que me imagino a mis padres conmigo, pienso que tal vez me demostrarían tanto amor como tu se lo demuestras a Peony- Draco se sonrojó súbitamente y desvió la mirada; no se esperó aquellas palabras y mucho menos de su parte.
-E-Estoy seguro que así habría sido- volvió a tartamudear "rayos" pensó, solo esperaba que Potter no lo haya notado.
-No eres como pensaba…-
-¿Eso a que viene?- Harry sonrió como un pequeño escondiendo un secreto que Draco ignoraba. Con disimulada intención se aproximó con la escusa de quitarle una basurilla invisible de la mejilla. Aquella sonrosada piel de durazno le fascinaba, que sus ojos peregrinos viajaban de ahí hacia los entreabiertos labios que se le antojaban suculentos, esa naricilla perfecta y sus cristalinos ojos viéndole con una mezcla de nerviosismo y cariño.
-Eres probablemente la mejor persona que conozco…- acomodó tras su oreja ese mechón travieso que ansiaba besar el rostro pálido "aunque esto también me da envidia" pensó mordiendo su labio.
-Muérdete la lengua Potter- dijo apartando su toque disimuladamente pues no quería que su hija lo viera tan cerca de ese adorable cretino que creía que podía meterse en su vida como si nada; tal vez ser el jodido niño que vivió consideraba que podía hacer lo que le plazca, pero antes de poder retirar su mano, el azabache siendo más rápido lo tomó por la muñeca provocando que se erizara con el contacto. No podía estar pasando de nuevo, odiaba a su cuerpo que sobre reaccionaba de tal manera con él y solamente con él.
-Draco…-
-Suéltame…- pidió con un hilo de voz que se perdió en la adversidad cuando sus labios se unieron nuevamente; con la locura del ayer que ninguno de los dos parecía poder deshacer ni borrar -Harry…- El moreno gruñó cuando escuchó su nombre siendo pronunciado de esa maravillosa manera que no perdió oportunidad de ceñirlo de su cintura atrayendo su suave cuerpo hacia él; sentirlo temblar con ese gesto le hizo sonreír profundizando ese beso.
–No…- suspiró al sentir esa textura en particular, la presión que ejercía haciendo imposible separarlo, siendo que la única verdad era aferrarse con ambas manos a sus hombros evitando con las pocas fuerzas que le quedaban que sus manos necesitadas buscaran su cuello y se enredaran a su alrededor.
-Que tengas buen día… Draco…- dijo separándose lentamente de él dándole pequeñas mordidas en sus enrojecidos labios, probándolos una última vez antes de que el rubio recobrara la razón y le rompiera su cafetera en la cabeza.
-Pedazo de…- murmuró entrecortadamente tratando de recuperar el aliento; no estaba acostumbrado a esos besos embriagadores y succionadores de deseo que eran tan… Harry, tal y como lo recordaba.
-¿Idiota?- contestó con alegría "y todavía tiene la desfachatez de sonreír como un completo imbécil" pensó dando un fuerte suspiro.
-¡Papi ya estoy lista!- exclamó dando un salto para colgársele del cuello a su padre para que la cargara -¿Qué te paso? ¿Te golpeaste? Tienes la boca muy roja papi, creo que debes de ponerte hielo- como si la vergüenza de haber vuelto a ceder ante la cara rajada no fuera suficiente, ahora su hija le hacía sentir bastante incomodo con su dulce inocencia.
"Maldito seas Harry Potter"
Como si el teclado de su oficina le hubiera hecho algo que le hiciera merecedor de una muerte lenta y dolorosa; aporreaba las teclas con una fuerza sobre humana que los que pasaban por su cubículo podrían juras que de un momento a otro se quebraría.
-Jefecito…-
"No me interesa ese imbécil ex –cuatro ojos por muy bueno que este, con sus ojitos verdes brillante de cachorro perdido pidiendo un poco de afecto, con sus horribles ásperas manos que buscan tocarme cuando cree que no me doy cuenta y su estúpida sonrisa torcida que cree que es muy lindo…"
-Jefecito…-
"Aparte ¿Quién se cree que es besándome cuando se le pega su real gana? Cree que soy un ¿Qué? ¿Un juguete para pasar el rato? Maldito bastardo… ¿o acaso se la pasa besuqueando a sus amigos? Seguro y también besuquea a la estúpida comadreja sin cerebro y a la enciclopedia greñuda… ¡Ahh! Y yo allá voy de imbécil y me dejo…"eso no ayudaba mucho para menguar su molestia.
-Jefecito Malfoy…-
"Aunque, tal vez… aun recuerde lo que sentía por mi… ¡¿Qué?! ¡Como si se me importara! Maldito sea ¿porque besa tan bien?" se preguntó tocando sus labios aun sintiendo su cálido contacto; tanto en ello le inquietaba pero le daba pánico seguir indagando en ello…
-¡Míster Malfoy!- su asistente de estrafalario cabello verde lo sacó su sus cavilaciones -¿ya está el articulo? Los de edición me están presionando- parpadeó aturdido y golpeando sus mejillas se espabiló; no era momento de indagar en sus asuntos personales y contestó.
-Claro que si Maybelle, perdón por no contestar antes- rejuntó sus hojas y se las pasó con una soberbia sonrisa, pues su trabajo como siempre estaba impecable y entregárselo unos segundos tardes a los molones de edición no era la gran cosa.
-Descuide Míster es solo que lo he visto muy meditabundo toda la mañana espero que todo esté bien en casa- el rubio asintió y la chica solo se alzó de hombros volviéndose a colocar sus auriculares en los oídos.
-Holitas May ¿Qué cuentas?- saludó efusivo Christian crispando a Draco de inmediato al verle "maldita sea" pensó frotando con saña sus sienes; era la persona que menos quería ver por el momento; pues, aunque no tenían una relación como tal, ni le había dirigido un solo pensamiento cuando estaba con el jodido de Potter.
-Nada Chris, trabajo, trabajo, trabajo ¿no deberías de hacer lo mismo en lugar de molestar a mi jefecito?-
-¡Auch! Alguien tomó pastillas gruñonas esta mañana- chasqueó la lengua y la secretaria se alejó poniendo los ojos en blanco pensando que en definitiva no le pagaban lo suficiente –Dray ¿Cómo estás?- preguntó jovial removiendo los cabellos rubios con cariño.
-Hola Christian…- saludó con media sonrisa – ¿Qué te puedo decir? Estoy bien, todo está normal- dijo restándole importancia a cualquier asunto tremebundo que el castaño no tenía porque enterarse.
-Te veo bastante feliz ¿algo bueno pasó?- Draco abrió la boca queriendo negar efusivamente que nada interesante le había pasado, pero antes de que pudiera contestarle el de rizos agregó -¿tiene que ver con el doctor Harry?- si ya que había quedado sin palabras antes, esto fue la cereza del pastel.
-¿Qué? ¿C-Como? ¿Por qué lo dices?- "perfecto, ahora parezco el idiota de Potter que no puedo hilar una palabra con coherencia"
-Draquis, Peony es mi mejor amiga y nos hablamos de vez en cuando- "esa niña" –está bastante emocionada con Harry y he de decir que parece una buena persona, aunque algo serio a mi parecer, no sé, tal vez porque no hemos cruzado muchas palabras…- se quedó pensativo dejando mucho mas aturdido a Draco que antes.
-No es lo que crees… somos una especie de amigos…-
-Oye, tranquilo, lo entiendo, de todos modos lo nuestro siempre estuvo en pase libre, pero conste que no me puedes criticar por intentarlo- le guiñó el ojo con galantería ruborizando al rubio.
-Christian… eres un maldito sentimental con un jodido corazón de oro ¿Por qué te fijaste en mí? No te merezco- bueno, tal vez no era lo que un Malfoy diría, pero ese Hufflupuff era especial con su generosidad y maravillosa personalidad podría tener a cualquiera que quisiera, pero, Oh no, decidió enfocar sus esfuerzos en alguien cuyo corazón solamente recocía para amar, a una sola persona que mucho daño provocó.
-¿Quién no podría fijarse en ti? ¡Eres increíble Dray, eres todo el paquete! Fuerte, pero sensible, precioso por dentro y por fuera… decidido, orgulloso, trabajador, romántico, uff, puedo seguir así todo el día- Draco lo abrazó con ternura; pues, aunque nunca le pudo amar como se merecía, sin él guiándolo por su travesía en el mundo muggle se habría perdido –Aunque extrañaré nuestros Wows…- Draco le dio un codazo -espero que Harry te aprecie como te merece- dijo dándole un beso casto beso en los labios.
-No somos nada… bueno… lo fuimos, pero de eso hace mucho tiempo…
-Draquis, Draquis ¿Qué no has escuchado la frase "donde hubo fuego, cenizas quedan"?-
No había podido dejar de pensar en Draco en el transcurso del día; en su mirada ofendida y sus suaves labios sobre los suyos.
-Parezco quinceañera primeriza…- dijo algo avergonzado por su reacción con el rubio. Pero lo más curioso es que nunca le había pasado algo semejante con Ginny, sus besos compartidos eran tiernos, pero totalmente a otro nivel si los comparaba.
"Mierda… que bajo y ruin es eso de comparar" pensó horrorizado, pues, aun no rompía su relación con su dulce Ginny y ya estaba armándose ilusiones con el rubio que de solo recordarlo se incendiaba su pasión con una fuerte llamarada "joder que estoy tostado…" pensó cubriendo sus ojos con ambas manos para después sacar ese aro plateado de su bolcillo y lo acercó a su rostro para verlo mejor.
Era un exuberante anillo de oro blanco con motivos de hojas de Haya engalanados con pequeños lirios del valle abiertos, coronado con cinco esmeraldas y un diamante; tan detallado estaba el trabajo que solo le hacía pensar que fue mandado a hacer con los más finos materiales, exclusivamente para Draco.
-Me preguntó qué habría pasado si se lo hubiera dado…-
Colocando sus manos tras su espalda esperando haber tocado la puerta con la suficiente fuerza para que le atendieran; aunque era consciente de que ir sin una "cita" previa era arriesgarse mucho, pero realmente tenía una idea y quería compartirla con la persona que sabía le apoyaría cuando comprendiera la magnitud de su afrenta.
-Buenas tardes- saludó cordial a la mujer que no comprendía que estaba haciendo la ex -Ravenclaw parada en su recibidor.
-¡Scamander! ¿Qué haces aquí?- la pregunta del millón brotó de sus labios y le miró escéptica de arriba abajo esperando una rápida contestación.
-Vengo a ofrecerte una comisión- dijo imperiosa con su mejor sonrisa misteriosa turbando a la mujer que la miraba inquisitiva como si no creyera lo que escuchaba ¿Acaso estaba demente? Al parecer así era.
