Elia entró en el instituto como si fuera un día normal, pero no lo fue: a lo largo de la mañana tuvo que enfrentarse a la indiferencia de Peter y a la constante evitación de Harry.
Peter prácticamente había tratado de asesinarla con la mirada y, aunque lo entendía, deseaba que las cosas no fueran así. El muchacho estaba dolido, le había dado plantón ya demasiadas veces y algo le decía que no creía sus excusas. Le gustaría confesarle la verdad, pero no estaba muy segura de cómo se lo iba a tomar; ni siquiera estaba segura de si la creería. Quería abrazarle y pedirle disculpas, pero Peter no dejaba de ser una distracción, una demasiado sexy y en la que se perdería durante horas; con tan solo recordar los besos y todos los momentos que habían vivido su cabeza comenzaba a divagar. Por desgracia, no podía seguir permitiéndose eso y, aunque le dolía en el alma, era mejor que Peter hubiera desaparecido. No tenía tiempo de lidiar con todos sus problemas y, a pesar de que en ningún momento había pretendido alejarse de él así, lo necesitaba. Además, era consciente de que, mientras siguiera en esa situación, todo volvería a complicarse. No le merecía la pena arreglarlo para hacer que se enfadase de nuevo en dos días.
Por otra parte, estaba Harry, quien la miraba con temor cada vez que se cruzaban a solas. Elia creía que temía que le preguntase de nuevo sobre el secuestro, pero ella ya había comprendido que él no iba a decir palabra. Aun así, se sentía muy decepcionada. También comprendía que no quisiera delatar a su padre, pero veía a Harry como una persona capaz de enfrentarse a cualquier situación injusta, o al menos eso era lo que le había hecho creer. Ahora sabía que estaba dominado por su padre y que, muy posiblemente, esa imagen que mostraba era simplemente un quiero y no puedo. Si Harry colaborase todo sería extremadamente sencillo, podría solucionar el problema de las investigaciones de su madre, incluso también lo de Viktor si encontraba más trapos sucios de los Stromm, pero todo parecía estar en su contra. Así, en las clases, Elia permaneció alejada de él, sin hablarle, evitándole sentirse más incómodo, pero también para no gritarle un par de cosas a la cara.
Todo estaba siendo terriblemente horrible, pero al menos tenía a Ned. Él permanecía ajeno a todos los chanchullos que se traían los tres, pero tampoco era tonto. La tensión en la mesa era increíble y, aun así, él intentaba hablar y hacer que todos se sintieran más cómodos. Elia valoraba muchísimo su esfuerzo, pero tampoco estaba de demasiado humor como para seguirle el rollo. Tan solo Peter parecía estar dispuesto a centrarse en hablar con él porque, aunque Harry caminaba junto a ellos, estaba completamente al margen. Iban hacia las taquillas, todos andando delante de Elia, hablando de algo a lo que ella no estaba prestando demasiada atención. Sí, les miraba, pero se centraba más en su lenguaje corporal. Harry simplemente caminaba, Peter gesticulaba según hablaba y Ned también torcía la cabeza de vez en cuando para asegurarse de que ella continuaba allí. Nunca antes se había sentido tan sola, ni siquiera cuando no tenía amigos. Tal vez, ahora que sabía lo que era tenerlos, los extrañaba demasiado.
Elia llegó a su taquilla e introdujo la contraseña. Las voces de Ned y Peter continuaban tras ella, pero eran un eco lejano. Suspiró, deseando encontrar una solución lo antes posible.
-Ya estoy aquí, no tienes que suspirar más por mí -Elia se dio la vuelta al oír esa voz.
-¿Qué quieres, Viktor? -preguntó, irritada. No era el mejor día para tener que aguantarle.
-¿Todavía te lo preguntas, cariño? -un escalofrío recorrió la espalda de Elia al oírle llamándola así. Odiaba ese tipo de motes cariñosos, pero más aún viniendo de alguien como él. Tal vez a Peter se los permitiría, pero eso era desviarse del tema demasiado.
-Mira, hoy no me apetece aguantarte -a pesar de sonar extremadamente borde, Elia se contuvo demasiado.
-Pues a mí me apetece quedar contigo -Viktor tenía esa sonrisa de superioridad que tanto odiaba.
-Pensaba que estarías demasiado ocupado llorando al criminal de tu tío -escupió, combinando el odio que sentía hacia ambos.
-No vuelvas a mencionar ese tema -rugió él.
-¿Por qué, Vicky? -se regodeó-. ¿Hay algún problema familiar?
-Recuerda quien tiene aquí más que perder, porque no soy yo -amenazó, cortando cualquier palabra que pudiera salir de la boca de Elia. Viktor la miró con enfado, pero rápidamente calmó su expresión-. Te escribiré más tarde -y se fue.
En cuanto le perdió de vista, Elia se dejó caer contra la taquilla. Otro día más de acoso superado, al menos por ahora. Sinceramente, si la situación no se acababa pronto, sería ella misma la que iría a contarle toda la verdad a su padre, no podía seguir soportando eso por más tiempo.
Respiró profundamente y se irguió. Entonces miró a su alrededor, buscando algo de ayuda, pero Peter y Ned seguían hablando completamente sumergidos en su mundo; sin embargo, Harry no. Él la miraba, algo preocupado y confundido, pero estático. Elia se mordió el labio para no ponerse a gritar: lo había visto todo y ni siquiera se había atrevido a intentar ayudarla. Comenzó a notar que los ojos le escocían, augurando las lágrimas que estaban por llegar. Sí, iba a llorar de rabia.
Harry dio un par de pasos hacia ella, acortando la distancia que los separaba.
-¿Estás bien? -preguntó-. ¿Qué ha sido eso?
Y Elia estalló.
-¡Eres un imbécil! -gritó. Lo último que deseaba eran palabras de lástima-. Si lo estabas viendo, ¿por qué no has hecho nada? -notaba la tensión en sus puños, apretados, tratando dentro de lo posible guardar las formas.
-Lo siento -susurró, agachando la cabeza.
Pero eso no era suficiente. Ella le había salvado, ella había luchado para que él estuviera a salvo; pero nunca se debe esperar que los demás hagan por ti lo mismo que tú harías por ellos.
-Vete a la mierda -dijo, con una voz plana y monótona. Estar enfadada no servía de nada, era mejor contener sus energías para buscar la manera de salir de ahí.
Se dio la vuelta, cogió sus cosas, cerró su taquilla y se alejó de allí, sin importarle nada más.
Entró en la mansión y subió a la cocina, hambrienta. Normalmente comía algo en la cafetería, pero durante toda la mañana había tenido el estómago cerrado. Ahora, al fin en un lugar tranquilo y a salvo, el hambre se le había desatado. Sin embargo, las cosas no parecían estar muy a su favor. Tony estaba en la cocina, tratando de hacer la comida. Cuando la vio la saludó con entusiasmo, pero la cara de Elia la delataba.
-¿Qué ocurre?
¿Qué le decía? ¿La verdad? ¿Que apenas se reconocía a sí misma? ¿Que por primera vez en su vida deseaba matar a alguien? No le parecieron unas respuestas adecuadas a su pregunta, pero sí había una cosa que podía hacer.
-Lo siento -dijo mientras corría hacia él y le abrazaba.
Tony frunció el ceño, extrañado por su reacción.
-Ahora sí que me preocupas -bromeó, tratando de ocultar así su auténtica preocupación.
Elia se apartó y le miró. Había muchas cosas por las que debía pedir disculpas, como por haber robado su armadura o por haberle mentido con lo de que no había más pen drives, pero era mejor empezar por algo más sencillo.
-Sé lo de la fiesta de mi cumpleaños, Peter me lo ha contado.
La cara de Tony se torció en una especie de gesto tierno, algo que nunca había esperado ver en él. No obstante, fue más sorprendente que se acercase a ella y la abrazase de nuevo.
-No tienes que preocuparte por eso, tu no sabías lo que te estábamos preparando.
-Pero os habíais tomado muchas molestias...
-Pues en otra ocasión será -cortó-, aunque ya no será sorpresa, por si acaso.
La boca de Elia se curvó en una pequeña sonrisa.
-Gracias.
-Eh -Tony llamó su atención, haciendo que le mirase-, eres mi pequeña, pase lo que pase voy a cuidar de ti.
-¿Aunque haga algo horrible?
Tony alzó una ceja, extrañado, pero luego suspiró.
-Eres mi hija, supongo que como yo llegará un momento en el que hagas algo horrible, aunque yo era mucho más problemático que tú -bromeó.
Elia sonrió aún más.
-Gracias, papá -dijo abrazándole.
Tony se quedó inmóvil y Elia se preocupó, pero entonces cayó en la cuenta de lo que acababa de suceder: era la primera vez que le llamaba papá en voz alta.
Después de una larga y tranquila tarde de estudio sin ningún mensaje de Viktor, decidió que era el momento de tener algo de acción y despejar su mente. Cogió el mando y activó todos los programas, sacando de nuevo al Guardián de su guarida. Siguió el mismo protocolo de siempre: salir a escondidas y desactivar el camuflaje en un punto aleatorio de la ciudad para luego poder hacer su ronda. Todo parecía estar bastante tranquilo, a excepción de su cabeza. Sacar al Guardián le había hecho pensar en todos sus problemas, lo cual le hacía plantearse si era buena idea continuar con ello. Todo a su alrededor se desmoronaba por culpa de sus decisiones y todas estaban relacionadas con el Guardián. Aun así, no podía, ya no solo por no dejar tirado a Spiderman, sino porque hablar con ese hombre mitad araña se había convertido en su auténtica vía de escape, más incluso que el propio Guardián. Entonces, como si lo hubieran convocado, un movimiento veloz fue captado por las cámaras. Automáticamente, activó todos los mecanismos de combate, lista para enfrentarse a cualquier amenaza, pero canceló el protocolo al ver a su amigo de mayas rojas. Él paró en lo alto de un edificio y el Guardián le siguió, aterrizando a su lado.
-Hola, Spidey.
-Hola -saludó-, me alegra verte.
-Lo mismo digo -sonrió Elia.
-El otro día iba a decirte que necesitábamos fijar un lugar para nuestras reuniones, pero parece que siempre nos encontramos -comentó.
-Sí -suspiró.
-¿Qué tal? -preguntó por cortesía.
-Bien -mintió, sabiendo que en realidad no le importaba. Eran amigos, pero había una línea que no debían cruzar para proteger sus identidades. Sin embargo, eso la hizo acordarse de Peter y, por tanto, recordar que tenía algo para Spiderman-. Por cierto, esto es para ti -dijo sacando unos artilugios de un compartimento del traje y lanzándoselos con desgana.
-¿Esto es...?
-Son unas alarmas-lanzatelarañas -explicó con sencillez. Hacer eso le hacía pensar en Peter, en todo lo que había insistido para que se las entregase a Spiderman.
Spiderman las observaba en silencio, manipulándolas con extrañeza. Elia se dio cuenta de que su respuesta había sido demasiado escueta y estaba a punto de profundizar más en la explicación de su funcionamiento cuando él las activó. ¿Cómo había sido capaz de hacer eso? No es que hubiera hecho un mecanismo difícil, pero era imposible activarlas sin saber como funcionaban. No obstante, eso no fue lo más sorprendente, sino el hecho de que luego las desactivase sin más problemas. Vale, eso comenzaba a ser extraño, debía haber visto las alarmas con anterioridad para tener ese grado de control; pero, por otro lado, tampoco tenía por qué. Él era Spiderman, él mismo se creaba sus artilugios, algunos con un funcionamiento excelente, como el localizador que había llevado durante la persecución de Stromm y sus hombres. Seguramente, él estaría más que acostumbrado a ver chismes como esos.
-Guau, gracias -sonrió, aún alucinando con las alarmas-. Les daré buen uso.
-Eso espero, me dijeron que las necesitabas -comentó. Entonces Spiderman alzó la cabeza y la miró fijamente. Los ojos de la mascara se achicaron, dándole un aspecto cómico a su expresión, pero Elia no se sintió cómoda con esa mirada-. Bueno, el otro día dijiste que habías encontrado algo sobre el Duende Verde -dijo, cambiando de tema.
Una vez hablaron acerca de los pequeños pasos que iban dando en la investigación sobre el Duende Verde, decidieron que era el momento de regresar a sus casas. El Guardián fue el primero en marcharse de allí, pero Spiderman aún se quedó un rato más. Sacó las alarmas y las observó detenidamente, con toda la calma con la que no había podido hacerlo antes. Por si aún tenía dudas, esa revisión se las disipó: sí, eran las mismas que había hecho Elia. No sabía cómo tomarse eso, pues por un lado se alegraba de por fin tenerlas, eran verdaderamente útiles; pero también le plantaba demasiadas preguntas, como si el Guardián y Elia se conocían. ¿Sería Viktor? Eso, además, parecía también una respuesta lógica al porqué Elia y él quedaban y al porqué ella siempre anteponía a Viktor a cualquier otro plan. También podría explicar los pequeños enfrentamientos que tenían, como el que había ocurrido esa mañana en las taquillas. No se había enterado de la conversación por estar hablando con Ned, pero si se había dado cuenta de que algo sucedía. Tal vez podría ser un conflicto con respecto al manejo del Guardián, aunque le había parecido algo demasiado tenso como para tratarse solo de eso. No obstante, le parecía improbable. "No soy estúpida", recordaba que había dicho en una ocasión, refiriéndose a sí mismo como una mujer, aunque también podría haber sido una distracción. No recordaba haber oído antes nada que indicara que el Guardián podía ser una mujer, pero tal vez simplemente no había prestado suficiente atención.
-Tendré que estar más atento -murmuró, levantándose y poniéndose en marcha.
No sabía cómo tratar toda esa información, pero, para empezar, tenía claro que debía tener vigilado a Viktor.
