Bajo una canción de Dean Martin

-Regina- la llamó de repente una voz a su derecha

Gold estaba allí, apoyado en su bastón, y a su lado, con un vestido ceñido…

-Emma…

Se abrazaron con fuerza, el dolor de haber estado separadas por tanto tiempo salía a la superficie. Después, Regina se giró hacia Gold y lo clavó con la mirada. Él la ignoró y estiró sus labios en una sonrisa satisfecha.

-¡Qué alegría verla libre!- canturreó él

-Imagino que debo darle las gracias-dijo con voz fría

-El trato, por mi parte, está saldado, señorita Queen. Pronto tendrá que cumplir el suyo.

Ella lo miró con una mezcla de asco y piedad que no pasó desapercibido a Emma. Hubo un silencio durante el cual Gold lanzó una mirada a las cámaras. Emma tiró suavemente del brazo de Regina para arrastrarla por un camino donde no había ningún periodista.

-Volvamos- murmuró ella

Regina asintió y pasaron por delante de Gold para alejarse de la prisión y evitar la horda de periodistas. Pero la morena se detuvo, se giró hacia el hombre que la había defendido y lo observó un momento antes de decir

-La «duda razonable» era su idea desde el principio, ¿verdad?

Él esbozó una sonrisa y bajó la cabeza para mirar sus manos sobre el bastón.

-Vamos, Regina, desvelar la estrategia es perder un poco, ¿no cree?- dijo él enarbolando una mirada maliciosa –Pero prefiero avisarla, la duda razonable siempre tiene un precio. Espero que esté preparada para pagarlo.

Emma presionó otra vez la mano de Regina.

-Yo me ocupo de la prensa, dese prisa en marcharte.

Emma la arrastró a la parte trasera de la prisión, a un parking donde varias personas esperaban, apoyadas en un coche.

Regina se quedó estática al reconocer a una de ellas. Su hermana.

-Bien, hermanita, ¿no vienes a darme un abrazo?- dijo Zelena posando una mano en su cadera como Regina sabía hacer tan bien.

Una barrera se desplomó en su corazón y se lanzó a sus brazos conteniéndose para no llorar.

-¡Te he buscado por tanto tiempo, cariño!- le confesó la pelirroja

-Chicas, deberíamos subir al coche antes de que los periodistas aparezcan- dijo David abriendo la puerta para que entraran. Pero antes de hacerlo, Regina se colocó frente a él y acarició tiernamente su mejilla.

-Lo siento- susurró ella hundiendo sus ojos en el océano azul del atractivo joven.

Él lanzó un suspiro de alivio y la acogió en sus brazos. Como si ella fuera para él su hermanita adorada.

-¡He tenido tanto miedo!- le confesó él poniendo una mano en su cabeza manteniéndola entre sus brazos.

-David…

-¡Nada de palabras, al coche, chicas!- gruñó él amablemente

La mirada de Regina navegaba entre el paisaje que desfilaba tras los cristales del coche y los cabellos de Emma que sobresalían de su gorro en una brillante cascada. Extrañamente, en el coche todos estaban en silencio desde que habían salido de Nueva York. Pero Regina no quería romper ese silencio y rezaba interiormente para que nadie lo hiciera. ¿Qué le podía decir a su hermana a la que no había visto en años, y que durante esas semanas había conocido tantas cosas sobre ella? ¿Qué le podía decir a David que seguramente se había sentido traicionado por no conocer los elementos que componían la vida de Regina antes de conocerse? Y Emma…

Emma era la persona a la que Regina más temía hablarle. Existía ese lazo especial entre ellas, que las unía en el drama que habían vivido y que la morena lamentaba sobre todas las cosas.

Zelena, sintiendo ciertamente la angustia de su hermana, acarició suavemente su mano y le ofreció una sonrisa tranquilizadora. Regina se la devolvió. Había tantas preguntas que deseaba hacer. Comenzando por a dónde se dirigían, dónde estaba Henry y Daniel y qué iban a hacer ahora…

-¿A dónde vamos?- preguntó Emma girándose hacia David quitándole así un peso a Regina

-¡Vamos a celebrar vuestra libertad!- respondió él sencillamente

El cerebro de Regina no lograba creer en esa libertad. Tenía la impresión de que alguien iba a aparecer para lanzarla a la celda entre las otras presas. Pensó en esa posibilidad y su respiración se bloqueó en su pecho. Después, razonó y se concentró de nuevo en la carretera. Finalmente, sintió un poco de decepción, no deseaba festejar nada, habría querido hacerse una bola en su cama y no moverse en días.

Una hora más tarde, David cogió un camino que llevaba a un lago donde varios coches ya estaban aparcados. Regina observó a su hermana con curiosidad y esta le pellizcó la nariz.

-¡No pongas esas cara, hermanita! ¡Te prometo que solo tendrás buenas sorpresas!

David se detuvo delante de un chalet y bajó para abrirle la puerta a su amiga. Esta posó con precaución su pie en la fresca nieve que caía y se ayudó del brazo de David para salir totalmente del coche.

-Estás temblando- observó él posando una mano amiga en la parte baja de su espalda.

Era verdad, temblaba, pero sin embargo no tenía frío.

-Creo que es la emoción y…

-¿Y…?- preguntó él

-El shock

Sus miradas se hundieron la una en la otra, y Regina pudo leer compasión en el fondo de los ojos claros.

La ayudó a caminar hasta el gran chalet escondido entre los árboles. De la chimenea se escapaba humo y notó un dulce aroma a pan de especias entrarle por la nariz. Sujetando aún el brazo de David, vio la luz filtrarse por una ventana que daba a una cocina donde algunas personas parecían estar trabajando. Desde donde ella estaba, no podía ver quiénes eran, pues estaban a contraluz.

Se escuchó un gran grito y la puerta de entrada se abrió de repente para dejar ver a un bulto que bajó rápidamente los pocos escalones y se precipitaba hacia Regina que casi se cayó por el impacto.

-¡Joder, estás aquí!- gritó Chloè estrechándola con todas sus fuerzas –David no quiso que fuera a buscarte con él, en su opinión, hubiera estropeado la sorpresa

-¡Chloè!- gruñó David

Chloè no podía soltar a su amiga tan rápido y la mantuvo algunos segundos más entre sus brazos. A continuación, ella se dirigió a Emma y la pequeña rubia sufrió la misma suerte. La ex estudiante parecía perturbada por esa afección y su expresión interrogadora hizo reír a Zelena y a Regina. Sin embargo, la mirada de Regina fue captada por una nueva persona que ciertamente habría escuchado los gritos de Chloè. Henry parpadeaba, completamente pasmado, como si lo acabaran de sacar de la cama en mitad de la madrugada. Estaba guapo con un trajecito y su pajarita resaltando sus sanas mejillas. Daniel apareció tras él, pero no lo contuvo cuando decidió bajar los tres escalones del porche.

Las lágrimas de Henry comenzaron a caer al mismo tiempo que las de su madre, y él corrió gritando

-¡Papá Noel recibió mi carta!

De rodillas, la morena acogió a su hijo entre sus brazos y lo cubrió de besos y de palabras tiernas. Ignoró la nieve que mojaba su pantalón y continuó durante varios minutos reencontrándose con su hijo. Emma había subido los escalones del porche para llegar hasta Daniel a quien le dio un abrazo amistoso. Miraron con emoción no contenida a madre e hijo besarse una y otra vez.

-¡Mamá, lloro, pero estoy contento de verte!- exclamó la vocecita del muchacho

Regina enjugó las lágrimas de su hijo y le explicó que también se puede llorar de alegría, que estaba permitido aunque fuera raro poder hacerlo.

Daniel finalmente fue a su encuentro y ayudó a Regina a levantarse. Agarró a Henry con un brazo, mientras con el otro estrechaba a Regina contra él con todas sus fuerzas.

-¡Bienvenida!- le dijo al oído.

Acompañó a madre e hijo hasta el porche del chalet donde Emma los esperaba. Ella pasó un brazo alrededor de la cintura de la morena y cogió al pequeño al que colocó sobre su cadera. Daniel las dejó entrar solas a la casa. Pasaron el umbral con una gran aprehensión. En el interior, la voz de Dean Martin las acogió con un villancico y Emma se quedó con la boca abierta al descubrir quienes estaban dentro.

August, Nathan, Joy, Lucy, Ruby, Belle, Mary Margaret sujetando a su hijo, Will, Jefferson, todos estaban en diferentes sitios de la sala y pararon lo que estaban haciendo para verlas entrar. David posó una mano en el hombro de su amiga

-¡Feliz Navidad!- murmuró él

-Estamos a 25 de enero- hizo la observación Emma inclinándose hacia David que estaba al otro lado de Regina.

-No esta noche- respondió la morena, emocionada

-Esta noche es 25 de diciembre- informó Zelena quitándose el abrigo verde botella –y vamos a pasar la Navidad todos juntos

Uno por uno fueron a abrazarlas y Emma dejó a Henry con Zelena que prometió al niño un vaso de leche para hacerse bigotes de gato.

Nathan se lanzó sobre su hermana mayor y la estrechó fuertemente contra él. Ella aprovechó para agarrar a Regina del brazo y presentarle a Joy, Amber y Nathan.

-Chicos, os presento a Regina

Esta les ofreció una cálida sonrisa, pero su rostro se tiñó de sorpresa no fingida cuando Nathan la estrechó también entre sus brazos. Algo incómoda, Emma carraspeó y Joy enarboló una expresión cómica.

-¡Así es él, en cuanto ve a una chica bonita, tiene que saltarle encima!

-¡Cállate, Joy!- gruñó Nathan separándose de Regina -¡Te recuerdo que ella ahora forma parte de la familia!

Regina abrió la boca, asombrada por tal anunció y a su vez, vio claramente que Emma estaba en pánico.

-Ya…bueno, chicos…¿Y si la dejáis respirar?- murmuró ella con una sonrisa

Mary abrazó a continuación a Regina, sin darle tiempo para que hablara de lo que acababa de pasar.

-¡Estoy…feliz de veros a las dos!- sollozó la morena bajita mientras reía.

Ellas le agradecieron su presencia y su acogida; pero mientras todos las saludaban, Regina no podía apartar su mirada de Henry por mucho tiempo. Tras su vaso de leche, se había instalado en el salón para jugar con el hijo de los Nolan.

Chloè volvió de la cocina y anunció que el pavo estaba casi hecho ya, a lo que David añadió que de hecho faltaba una hora para que pudieran pasar a la mesa.

El buen humor estaba presente, pero algo retenía a Regina. Sin duda el hecho de volver a ver a todo el mundo sin haber tenido tiempo de prepararse le daba un poco de miedo.

Una mano se posó en su hombro e hizo que se diera poco a poco la vuelta. Zelena la escrutaba como si supiera lo que estaba pasando por su cabeza.

-Emma y tú tenéis una habitación para pasar la noche en la segunda planta, y August y Daniel os han preparado las cosas para esta noche. Creo que podéis ir a prepararos tranquilamente, yo vigilaré a Henry- dijo ella al ver a Regina buscarlo con la mirada.

-Gracias…

-Mary te indicará el camino, y…por favor, dile que deje de llorar a cada momento, pronto se me acabarán los pañuelos que tengo en la casa.


Emma miró el vestido que August le había elegido y sonrió tímidamente. El tejido púrpura de terciopelo no habría podido ser más hermoso y el escote valorizaba su pecho terso. Se giró para ver a Regina salir del baño y una O de sorpresa se dibujó en sus labios.

-Ya- murmuró Regina –Daniel no ha hecho gala de sobriedad.

Su vestido estaba compuesto de un corpiño oscuro que estilizaba su fino talle gracias a los detalles plateados que se dispersaban sobre sus caderas. Después, el tejido negro, salpicado de lentejuelas y strass, parecía caer en una fluida cascada por sus piernas para acabar su recorrido en algún sitio de sus tobillos. Los pasos que ella daba eran inmediatamente seguidos de un cautivador movimiento de la tela que rozaba sus gemelos. Emma se levantó para tomar a su compañera por la cintura, sintiendo cómo se incrustaban en su piel los relieves plateados.

-Lo siento- murmuró ella

-¿Sentir?

-¡No debí esperar siete meses! Yo…debería haberlo confesado todo en cuento salí del coma

-Emma…no es el momento de hablar de todo eso. Hablaremos porque…hace falta, pero…ahora no, por favor

-¿Por qué?

-Porque podría decir cosas que probablemente lamentaría después y porque…no pensé que podríamos tener un día esta conversación, así que…

-Regina, quiero que hablemos, esta noche si es necesario, pero quiero disfrutar de mi vida con Henry y contigo.

-¡Precisamente Emma! No estoy segura de poder darte esa vida, así que…por favor…pasemos esta noche como nos ha sido ofrecida y…hablemos de todo esto otro día.

Pasó rápidamente por delante de Emma para evitar enfrentarse con su mirada, pero no pudo resistirse a la voz que la llamó en un tono de súplica. Se giró lentamente para encontrarse con el rostro descompuesto de su ex alumna.

-¿Ya no tienes ningún sentimiento hacia mí?

-La cuestión no es esa, Emma…

-¡Sí! ¡Sí es esa! ¡Es es la que yo me hago! ¡Te pediría que fueras honesta conmigo!

Para comenzar a contestar, Regina redujo los pocos metros que la separaban de la rubia para tomar su rostro entre sus manos y besarla lo más tiernamente posible. Un gemido de alivio salió de la boca de la joven en el momento en que ella se apartó para observar los ojos claros.

-Te amo, Emma Swan. Pero la cuestión no es esa- repitió la morena

-¿Qué trato has hecho con Gold?

Tras una última caricia en su mejilla, Regina se giró para ir al encuentro de los invitados que esperaban abajo. Emma, a pesar de la angustia que le encogía el vientre, bajó tras ella.

Ruby y Belle pasaron un brazo por los hombros de su amiga, felices de verla.

-¡He tenido que conducir tu Minion gigante hasta aquí, ha sido algo humillante y no quiero volver a tener que hacerlo!- avisó Belle tendiéndole un vaso de ponche.

-¡Qué amable!- gruñó Emma pensando en su suntuoso coche que tendía que dormir al frío.

-¿No le mencionas el rayón que le hiciste al salir de la ciudad?

Emma abrió los ojos como platos, casi escupiendo el líquido que tenía en la boca.

-¡Idiota!- exclamó ella comprendiendo que se trataba de una broma.


Henry no estuvo jugando durante mucho rato con su nuevo amigo, y se pegó a su mamá en cuanto la vio. Regina se sentó con él en una sala algo apartada del bullicio de la velada. El sillón frente a la chimenea fue su refugio temporal. Se sentó tranquilamente y su hijo decidió sentarse en sus rodillas, sus pequeñas piernas a cada lado de las caderas de su madre. Jugaba con su gargantilla mientras ella lo observaba con los ojos llenos de amor.

-Tío Daniel ha dicho que has vuelto para siempre- murmuró el niño rodando el colgante de Regina entre sus dedos

-¡Sí, es la verdad! ¡Tú y yo podremos vivir juntos en la misma casa, para siempre! ¡No solo durante las vacaciones!

-¿De verdad?

-¡Sí, por supuesto!

-¿Podré dormir contigo?- preguntó buscando la mirada de aprobación de su mamá

-No todo el tiempo, pero de vez en cuando sí. ¡Si no roncas muy fuerte!- dijo ella haciéndole cosquillas en la barriga

Él se retorció alegremente mientras reía.

-¿Sabes que eres el jovencito más guapo de la tierra con tu pajarita?- lo cumplimentó Regina como si la idea de vestir a su hijo de esa manera para siempre fuera la mejor que existiera.

Henry, con sus manitas, acarició el rostro de su madre, apartándose los mechones para ver mejor sus ojos y tocar su piel.

-¡Mamá, te he echado mucho de menos!- dijo acurrucándose de repente en su cuello, casi tirándola hacia atrás.

-Yo también, yo también…

Se dio cuenta de que David estaba apoyado en el marco de la puerta. En sus ojos había una felicidad que nunca había visto y ella se lo agradeció con una sonrisa feliz mientras acariciaba la espalda de su hijo de arriba abajo para calmar sus miedos.

David se adelantó para sentarse en el reposabrazos y no pudo borrar su sonrisa.

-Estoy contengo de que finalmente estés aquí- murmuró presionándole afectuosamente la rodilla.

-Yo también, David- dijo ella

-Va a ser una muy buena velada

-¡No lo dudo! Gracias por haber organizado todo esto- dijo ella educadamente

-Fue tu hermana quien tuvo la idea. Nos ha invitado a todos a pasar la noche en diversos chalets que están relativamente cerca de este y te aseguro que haremos una gran fiesta. En fin…una vez que los niños estén durmiendo.

Regina sonrió y se sintió aliviada cuando alguien llamó a David desde la otra estancia. No quería compartir ese momento sino con su hijo y se estaba conteniendo para no dejar la velada y disfrutar, solo para ella, de esas mejillas sonrosadas, sus grandes ojos marrones y sus besos babosos.

-Mamá, ¿tío Daniel y Emma van a vivir con nosotros también?

-No lo sé, mi amor, ya veremos

-¡Me gustaría mucho!- explicó él girando su rostro hacia el fuego de la chimenea para disfrutar de ese calor. Regina cerró los párpados y se dejó acunar por el crujido de la madera en mitad de las llamas y por los ruidos que hacía su hijo.

-Hermanita- llamó dulcemente Zelena entrando en la estancia –Vamos a pasar a la mesa. A no ser que quieras pasar un poco más de tiempo con tu retoño.

Regina sacudió la cabeza. De todas maneras, si decidía quedarse, nunca más podría dejar esa estancia. Decidió disfrutar la velada. Sin embargo, no lograba soltar mucho el agarre. Incluso cuando la cena terminó, incluso cuando los regalos de los niños fueron abiertos, incluso una vez que fueron acostados.

Es más, tuvo que prometerle a Henry que se verían a la mañana siguiente.

Regina se sentía desnuda y sin ninguna ventaja frente a nadie, y las veces que le había sucedido eso en la vida no le había agradado.

A veces, captaba la mirada inquieta de Emma que la observaba desde el otro lado de la estancia, pero ella se concentraba en otra cosa para no tener que responder a sus expectativas.

Zelena estaba organizando la cocina cuando ella entró para servirse un vaso de agua. Al que ver que estaban solas, aprovechó para cerrar la puerta y estar más tranquilas.

-¡Entonces hermanita! ¡Está a tu gusto esta velada!

La morena asintió débilmente y metió su vaso bajo el grifo. Zelena impidió que se sirviera y la giró hacia ella para mirarla detenidamente, poniéndola, de paso, algo incómoda.

-¡Has cambiado tanto, mi hermana pequeña!- susurró ella posando una mano en la mejilla de la morena

-¡He crecido!- resopló Regina apartándose

-No…en fin, sí, por supuesto, pero…has…has encajado tantos golpes que puedo verlos marcados en tu rostro.

Regina comprendió que Zelena no hablaba de golpes físicos, sino más bien de los que habían roto su vida varias veces, su violación, sus maltratos, su huida, su fingimiento…

-Te pones una máscara de frialdad, pero debajo hay tanta debilidad…

-¡Para!- susurró Regina colocándose al otro lado de la cocina

-¡Hermana!

-¡No! ¡Deja de analizarme! ¡Tú no sabes nada!

-¡Regina! En fin, soy tu hermana, y no lo sé todo, evidentemente, pero créeme cuando te digo que esa máscara que intentas ponerme en tu cara es el arma más valiosa que puedes tener frente a los desconocidos, pero aquí, esta noche, están tus amigos. ¿No es verdad?

Regina veía claramente a dónde quería su hermana llegar. Pero no estaba lista. Aunque Zelena se había dado cuenta de que no se sentía en confianza esa noche, esperaba que nadie más lo hubiera visto.

-¿Esta casa es tuya?- preguntó ella para cambiar de tema

Su hermana la dejó hacer, no quería provocar una disputa la primera vez que volvían a verse.

-Sí…mía y…de mi prometido

-Tu…¡Oh Dios mío! ¡Zelena! ¿Estás prometida?

La pelirroja resopló ruidosamente.

-Sí, y finalmente voy a poder casarme ahora

Regina frunció el ceño y se puso una mano en la boca cuando comprendió lo que su hermana había querido decir.

-¿Me esperabas?

-¡Esperaba encontrar tu huella! Ahora que está hecho, puedo pedirte que seas mi dama de honor

Regina asintió varias veces. Era un gran orgullo para ella ser la que sostuviera a su hermana hasta delante del altar.

Zelena dejó el paño con el que estaba secando la loza y suspiró

-Tu hijo es magnífico, Regina

-Sí, lo es

-Se te parece- continuó ella metiéndose en un tema resbaladizo

-Sí…

-¿Sabes…?

-¡No esta noche, Zelena, te lo ruego! ¡No me cojas de rehén para hablarme de eso!- pidió ella fríamente

La pelirroja frunció el ceño y se pellizcó el labio concediéndole una tregua a la hermana. Esta finalmente se sirvió el vaso de agua y lo bebió rápidamente.

-Ah…tenemos tanto que recuperar- dijo animada la mayor sonriendo

Entraron en el salón donde los invitados bailaban alegremente. Con buen juicio, Regina decidió ir a sentarse a la mesa donde las copas y las botellas aún no habían sido quitadas y se puso a juguetear con un corcho de una botella de champán.

Chloè se acercó a ella y le dio un pequeño golpe en el hombro antes de sentarse a su lado.

-¿Quién habría podido creer que un día tendríamos una fiesta con nuestras alumnas…?- murmuró Regina mirando a Ruby y Belle que obligaban a Emma a improvisar un loco baile.

-¿Quién habría podido creer que un día tú rechazarías mis visitas?- contra argumentó Chloè lanzándole una mirada herida

Regina no respondió inmediatamente, se había esperado esa reacción. Podía notar la cólera y la pena en la voz de su ex novia, pero no estaba especialmente alegre de tener que darle una explicación esa noche.

-¡No necesitaba visitas!

-¡Tonterías!- escupió Chloè frunciendo el ceño y apretando los puños

-Chlo…

-¿Qué te piensas que sentí cuando me presenté en la cárcel la primera vez y me dijeron que mi nombre estaba tachado de la lista? ¿Me expulsaste de tu calvario imaginando que me hacías un favor?

-No…

-¿Puedo saber lo que se te pasó por la cabeza?- exclamó la rubia que, ciertamente, tenía una o dos copas de más.

-¡Chloè, es verdad! ¡No necesitaba que vinieras a verme a una celda para escuchar lo difícil que era, cómo la vida afuera era animada incluso sin formar parte yo de ella! ¡No necesitaba ver vuestras miradas después de cada nuevo detalle puesto al microscopio por el tribunal! ¡No necesitaba verme débil ante vuestras miradas de compasión, desbordando ternura!

Había dicho todo eso con una dureza jamás mostrada en su voz y Chloè se mostró desconcertada durante unos segundos.

-¡No habrías visto nada de eso en mi mirada, idiota!- gruñó la rubia

-¿De verdad?- rio la morena alisando su vestido –Os imagino: «¡Oh, pobre Regina que tenía a un hijo escondido!»

-¡Yo sabía lo de Henry!- le recordó Chloè sin lograr interrumpir a Regina que hablaba cada vez más rápido alzando considerablemente el tono de voz. Tanto que, poco a poco, las conversaciones se fueron deteniendo.

-«Oh, pobre Regina que fue maltratada por su ex compañera» «Oh, pobre Regina, que perdió a su papá tan joven» «Oh, pobre Regina, que ha sido una madre infame» «Oh, pobre Regina, que fue violada»

-¡Regina!- gritó David lo suficientemente alto como para que ella alzara la mirada.

Se sobresaltó al ver que todo el mundo la miraba a pesar de que la música seguía sonando.

-Yo…necesito tomar el aire- jadeó sintiendo cómo el corpiño la asfixiaba. Salió rápidamente de la casa.

Los alrededores estaban en silencio, solo se escuchaba el viento que movía las copas de los pinos de vez en cuando. Encontró una roca al borde del lago, que se extendía detrás del chalet y se sentó a pesar del frío que subía por sus piernas. Protegida por el pino, no necesitó quitar la nieve que, de otra manera, habría recubierto la roca.

Daniel se sentó a su lado para admirar, él también, el paisaje.

-¡Nada de sermones!- le avisó la morena cogiendo el abrigo y la manta que él le extendía.

-¡Ya me conoces, no es mi estilo!- replicó él maliciosamente –Pero…¿puedo saber qué te ha pasado?

Se encasquetó su expresión más fría, poniéndose la máscara de directora y declaró de manera neutra

-¡Esa gente se ha reunido en esa casa por una persona que no existe!

-¿Cómo?

-Regina Mills no existe. No soy esa…

-Regina Mills y Regina Queen son una única persona, una no puede existir sin la otra, ¿comprendes?

-Daniel, ¿qué esperan de mí?

-¿Qué esperas tú de ellos?- preguntó él pasando un brazo por sus hombros

-¡Qué me dejen en paz! ¡No tengo respuestas que darles! ¡No deseo enseñarles mi verdadero rostro! ¡Solo quisiera desaparecer!

-¡Como siempre!- replicó el hombre con una risa burlona

-¿Perdón?

-Regina, te has pasado la vida huyendo, estaría bien que ahora dejaras de tener miedo. Comprendo que tuvieras que partir las otras veces, pero ahora, nadie quiere hacerte daño. ¡Ellos solo quieren ver cómo te realizas!

Un silencio se hizo entre los dos, solo turbado por los ruidos de la naturaleza.

-¡Lo que me molesta es que mi vida ha sido puesta bajo un microscopio y todo han mirado por él! Tengo la sensación de no tener ningún secreto para ellos. ¡De verdad, ningún secreto! Y además….y además la duda razonable no quiere decir inocente. Así que todo el mundo me mira como una culpable en potencia.

-Regina, lo que tú no sabes es que durante el tiempo en que has estado encerrada en Rikers, Emma ha estado ahí. Y ha hecho de todo para contar tu historia a tus amigos durante el proceso.

-¿Perdón?

-¡Déjame acabar! Jamás ha desvelado los detalles de lo que tú le habías dicho, sino que cuando algo era desvelado en el juicio, Emma informaba a tus amigos para que ellos conocieran la verdad de lo que te había pasado. Eso no hace de ti una víctima, ni siquiera una asesina, eso hace de ti un ser humano que ha sabido escapar perfectamente de la situación.

-¿Matando a Narcissa?

-No, escondiendo a tu hijo, cambiando de identidad, construyéndote una vida en la que todos estaban incluidos

-¡No veo la relación!

-La relación está en que en sus mentes Emma ha transformado a Regina Mills en Regina Queen. ¡Te conocen! ¡Así que sí, saben muchas más cosas de lo que tú esperabas, pero ninguno de ellos tendría el valor de juzgarte porque son tus amigos!

Regina suspiró. Daniel quizás tuviera razón.

-Bien, ¿y si entramos antes de morir congelados sobre esta gran roca?- propuso el hombre levantándose

-De acuerdo

Cuando ella entró en la casa, Regina se dio cuenta de que todos estaban recogiendo la estancia. Era evidente que ella había puesto el punto y final a la velada.

-¿Qué ocurre?- preguntó

-Emma y tú estáis cansadas, os vamos a dejar que descanséis un poco- canturreó Mary mientras quitaba el mantel de la mesa.

Regina dejó escapar un suspiro antes de tomar el toro por los cuernos.

-¡Tenéis que quedaros! ¡Se me prometió una fiesta de infarto y de momento, no he disfrutado mucho!- argumentó ella con una tímida sonrisa.


Regina alabó a Daniel cuando encontró su crema hidratante en su neceser. Frotó sus manos y la aplicó en sus piernas. Emma salió del baño y se deslizó bajo las sábanas.

-¿Es tu crema?- preguntó Emma recolocando su almohada en su sitio

-¡Sí! ¡Daniel ha pensado en todo!

Emma movió su cabeza y esperó a que Regina terminara. La morena finalmente se giró hacia ella y un momento de incomodidad atravesó su rostro. ¡Cómo amaba a esa muchacha…!

-¡Creo que es el momento para que tengamos esa conversación!

-¡No deseo hablar, Emma! ¡No, a las cinco de la mañana cuando mi hijo se levantará en menos de tres horas!

-Zelena ha dicho que se ocuparía de él si nos acostábamos muy tarde. Y como ella se acostó a la una, creo que se despertará mucho antes que nosotras.

-Emma…- suspiró la morena

-¿No estás preparada?

-No…

-Pues vas a tener que estarlo muy pronto. No esperaré esta vez dos meses. ¡Porque mira por dónde dormir a tu lado va a ser una tortura si no puedo tocarte!- dijo crudamente

Regina apagó la luz y se acostó cómodamente. Esa cama era un lujo paradisiaco. Delicadamente, sintió cómo Emma se acurrucaba contra ella y pasaba un brazo alrededor de su cintura. A su vez, ella entrelazó sus dedos con los de su compañera y los presionó suavemente.

-Buenas noches, Emma

-Buenas noches, Gina

Regina escuchaba la respiración de la rubia hacerse más pesada y tomar el ritmo del sueño. Aunque la fatiga quisiera arrastrar su cuerpo al reino de Morfeo, ella no tenía gana alguna de dormir. No en esa cama. Se soltó del agarre de la muchacha que gruñó y se aferró a la almohada a cambio del cuerpo cálido de la morena; ella cogió una manta y bajó despacio las escaleras para seguir el largo pasillo bordeado de ventanas a un lado y puertas al otro. Entreabrió una de ellas y se deslizó discretamente hasta la cama que presidía la estancia.

-¿Hein?

-¡Shhht!- susurró ella suavemente –Soy yo

-¿Mamá?

-Sí, ratoncito, por esta noche, mamá va a dormir contigo

-¿Tienes miedo de estar sola en tu habitación?- preguntó Henry frunciendo el ceño, cansado

Regina sonrió estrechándole contra ella y le besó en la frente. No tardó mucho tiempo en volver a dormirse entre sus brazos y hasta que él se despertó por la mañana, ella estuvo ahí, velándolo, observando cada milímetro cuadrado de su rostro.

-¿Hermanita?- se asombró Zelena al entrar en la habitación para ver si su sobrino estaba despierto.

-Mamá odiaba cuando me llamas así

-¡Aún lo odia!- replicó la pelirroja sentándose en el colchón -¿No has dormido?

-No

-¡No va a desaparecer, Regina!- murmuró Zelena en un tono de reprobación

-Sí…un día partirá. Se marchará porque habrá encontrado a una chica que me odiará y que será mil veces mejor que su vieja madre.

Zelena soltó delicadamente el agarre de la morena para hundir sus ojos penetrantes en los de ella.

-Mientras, no va a esfumarse. ¡Te lo prometo! Puedes ir a dormir, yo me aseguraré de que tenga un buen desayuno

Finalmente decidió escuchar a su hermana y volvió a meterse en la cama de la que Emma no se había movido ni un centímetro.

Algunas horas más tarde, cuando Emma abrió un ojo, sintió que algo no encajaba. Regina no estaba acostada, sino acurrucada al borde de la cama. Con el mentón sobre las rodillas, miraba fijamente a través de la ventana. Se acercó a la espalda de su compañera y posó una mano en su hombro. Ella giró ligeramente la cabeza hacia la rubia y escrutó su rostro con lasitud.

-¿Gina? ¿Has dormido bien?

-No exactamente…

-¿Te haría bien un buena ducha?- propuso Emma acariciando la fina espalda que seguía a su frente.

-Quizás…

-Regina, ¿todo bien?

-Todo bien, no te preocupes

-¿No quieres que hablemos un poco…?

La morena se giró finalmente hacia ella y sacudió la cabeza como desconectada del mundo. Ella frunció el ceño y como si fuera una evidencia, soltó

-No, creo que no serviría de nada.

-¿Entonces, ya está?- suspiró Emma –Voy a recoger mis cosas y marcharme. Con un poco de suerte, llegaré a tiempo para la reapertura del Chapelir Flou

-¡Emma!

-¡No! De verdad, Regina. ¡Creo que no hay necesidad de más palabras! ¡Acabas de dejarlo perfectamente claro!

Las lágrimas que le quemaban los ojos amenazaban con caer de una sola vez, pero se refugió en el baño para prepararse para partir. Cuando salió, Regina aún estaba cerca de la ventana y miraba las espesas nubes amontonándose encima del lago. No pronunció ninguna palabra cuando Emma cogió las llaves del coche que estaban sobre la cómoda para salir y no mostrar más su debilidad a esa mujer.

Era demasiado duro, tenía que marcharse. Aprovechó el silencio de la casa para esfumarse rápidamente. Una vez fuera, se metió en su coche y arrancó el motor. ¡Se había acabado el SwanQueen!