¡Hola! Por fin y después de todos estos días, ¡aquí está el episodio! Afortunadamente me pude hacer un pequeño espacio para subir la actualización que ya les debía desde hace días reconociendo parte de mi irresponsabilidad pero si algo puedo decir en mi defensa quiero argumentar que estoy en mi último año en la universidad además de mi empleo y bueno ya se imaginan el poco tiempo que me queda lo uso para dormir, no me justifico claro pero bueno agradezco su paciencia. En fin.
No les escribiré hoy una letanía porque supongo que ya querrán leer y no los interrumpo más pero antes...
Agradecimientos sinceros a la hermandad del mal integrada por GeishaPax, Zhines, Frozenheart7 y Addie Redfield que siempre me alientan y porque no decirlo también me AMENAZAN para que escriba jajajaja las amo chicas! Por cierto, agradecimiento doble a Addie Redfield pro ser la beta y mentora oficial de esta historia!
Sin más, ¡a leer!
Susara K1302: Hola amiguita! Me da mucho gusto que la historia esté siendo de tu agrado jaja y respecto del lemmon entre Wesker y Ada ufff me costó lágrimas de sangre hacerlo haha, nunca había escrito un lemmon antes así que bueno fue el primero que hice, creo que para ser el primer intento si me puedo echar un poco de aplausos no estuvo tan mal, jaja aunque bueno creo que he mejorado pero me falta mucho que aprender todavía jaja. A la historia ya le quedan 3 episodios más así que espero a estas alturas no los defraude. Muchas gracias por leer y espero te agrade la actualización. Un abrazo pequeña!
Zhines: Comadre habemus fic! Sé que amas a Ada pero para fines didácticos de Mala Sangre aquí su personalidad y acciones tendrán un peso importante y tú que eres la experta en la espía asiática espero hacerle justicia a un personaje tan importante. Espero y te guste el cap comadre, te quiero!
GeishaPax: Hermana malvada tengo tantas deudas que creo que ya estoy en el buró de crédito de Fanfiction ;-; jajaja trataré de pagarlas poco a poco, mi siguiente actualización es "Vivir por ella" y posteriormente "Deja Vú" prometo que antes de lo que piensan les llegará la notificación de que he actualizado. Muchas gracias por la paciencia y los consejos diarios hermanita, las quiero!
Frozenheart7: Querida hermanita, aquí está el cap! jajajaja Sí ya sé que tardo mucho en actualizar pero vamos sabes que mi tiempo es demasiado escaso y hago lo que puedo además que ya sabes a veces me atoro en baches literarios jaja por cierto gracias por auxiliarme espero y la escena Weskerfield que tanto querías haya quedado como deseabas muahahahaha veamos qué perradas nuevas harán los malos ya que la historia está en su ocaso, prometo acción 3:) Espero y te guste el cap, te quiero hermanita!
Zarcotfan25: Hola muchas gracias por haberle dado el voto de confianza a mi historia, me halaga que te haya gustado tu crítica junto con la de los demás lectores es importante para mí, Jake Muller también es mi personaje favorito de los chicos de la "Nueva Generación" de RE y como puedes ver aquí tiene un papel importante, protagónico me atrevo a decir, ja! Bueno aquí la actualización y espero que te guste. Muchas gracias por leer y dejar review!
"El que deprecia demasiado se hace digno de su propio desprecio."
-Henri Federico Amiel
CAPÍTULO 29: GUERRA DECLARADA
Con el sigilo y silencio de una pantera en cacería, Ada Wong se adentró en el laboratorio de experimentación perteneciente al científico más temido del recinto. Cerciorándose de que el rubio no se encontraba en las cercanías, se escabulló de entre los anaqueles y aparatos tecnológicos, buscando con premura aquel gran tesoro que su amante en turno resguardaba con tanto recelo.
Desde el momento en el que la asiática supo de la condición de Jessica para ser su "aliada" estaba consciente que después de esto ya no había vuelta atrás. Todo el tiempo había sospechado que Wesker ocultaba algo más dentro de todos sus planes de dominio mundial, pero jamás habría sospechado que se trataba de algo así. ¿Albert interesado en la hermana de quién había considerado su peor enemigo? Sonaba excéntrico, morboso, incluso de mal gusto para alguien como él. No era que Claire Redfield no fuese una mujer hermosa, sino que para los parámetros de Albert Wesker era una chiquilla inaceptable, demasiado moralista, y quizás hasta poco interesante. Tal vez se trataba de algún asunto personal relacionado con su hermano mayor, o posiblemente le había atraído desde sus tiempos de capitán del escuadrón de policía de Raccoon City, a saber cuáles habían sido sus razones, pero lo cierto es que a la espía no le importaba demasiado. Fiel a su estilo, Ada no era una mujer de fundamentos, sino de resultados. En este momento lo único que ella sabía es que la traición de quién creyó su mayor aliado era inminente, y más que su orgullo herido a causa del engaño, esto había pasado a ser una sucia jugarreta por parte de su socio. Tal y como ya le había advertido alguna vez al virólogo, ella no tendría el mismo destino de Birkin, Krauser o Excella, Wong respondería traición con traición, usaría la ley del Talión como su mejor arma.
El odio carcomía las entrañas de la oriental, desbordando sus emociones y tanteando a su paciencia, cosa que jamás sucedía, pero en esta ocasión se había vuelto inevitable. El ex CEO de Umbrella pagaría caro su traición y el precio sería muy alto, se lo juró a sí misma, sin importar lo que tuviera que hacer.
Desplazándose por el lugar como quién sabe qué terrenos está pisando, llegó rápidamente a la cámara de congelación donde sabía que Wesker respaldaba sus muestras virológicas, todo esto resguardado por una enorme puerta metálica de ancho grosor y un código de acceso de desbloqueo casi imposible. Tratándose de Albert era de suponer que ingresar hacia la cámara de refrigeración sería una misión difícil, pero ella era Ada Wong y no sería la primera vez en que enfrentaba su intelecto frente al del rubio de gafas oscuras.
Antes de actuar se había cerciorado de desactivar el sistema de vigilancia del laboratorio, para evitar dejar cualquier evidencia que la pudiese delatar. Sacó de su cinturón de combate un pequeño dispositivo electrónico que parecía ser su PDA que con la ayuda de un par de cables oscuros, logró conectar el dispositivo al computador de la entrada para poder ingresar al sistema operativo.
Fue cuestión de unos cuantos minutos para desencriptar claves, teclear un par de números y hackear unas pocas contraseñas para dejar totalmente al descubierto el sistema inteligente del acceso a la cámara de congelación para que con el simple girar de una manija, Ada lograra entrar.
Con una temperatura fría pero ligeramente soportable, la espía penetró en el área en donde encontró algunos anaqueles metálicos y varios contenedores de cristal que contenían en su interior sustancias viscosas y poco coloridas.
Gracias a que en variadas ocasiones había pasado tiempo en ese laboratorio, la mujer de rojo no desconocía la apariencia que debía tener ese ansiado proyecto que daría luz al nuevo Génesis, así que cuando miró unas cuantas muestras aisladas de las demás, guardadas en frascos especiales con formas de tubo de ensayo, no dudó en tomar una y llevársela consigo para pagar el trato con su nueva socia, volviendo a dejar todo en su sitio, tal y como si nunca ella hubiese estado allí.
Entrando en completo silencio y sin hacer el mínimo crujido en el suelo de madera, Wong entró en la oficina de Jessica que yacía sentada en el escritorio, como si la hubiese estado esperando con antelación. Totalmente callada y en su rostro con expresión inescrutable, la mujer de cabello azabache colocó sobre el escritorio de caoba el tan valioso objeto y sin mirar a su ahora socia se dio media vuelta y pronunció con voz firme.
—He pagado mi parte. A partir de ahora, ya no estoy en deuda contigo.
Antes de que Jessica pudiera contestar, Ada se retiró de la habitación rápidamente, buscando realizar sus propios planes, ahora actuando en solitario.
Ambas mujeres tenían pendientes por resolver.
Después de unos cuantos instantes de planeación y de convencer al testarudo Chris Redfield, determinaron que Carlos y Sheva irían hacia la entrada de la fortaleza petrolera a encontrarse con Leon y Sherry aprovechando que la morena y el brasileño ya habían trabajado en equipo antes y que Jill y Chris irían buscando una posible salida de los túneles subterráneos para encontrar al resto de sus compañeros.
—Lo mejor que podemos hacer es continuar hacia el norte, seguramente pronto encontraremos una salida de los túneles subterráneos y podremos llegar más rápido a la plataforma de experimentación. —Sugirió Valentine yendo un paso adelante.
—Es mejor que nos apresuremos, no sabemos qué demonios pueda estar planeando en estos momentos el desquiciado de Wesker. —Continuó el mayor de la BSAA cargando su arma y alzándola a la altura de su cabeza.
Sin bajar la guardia, los compañeros de antaño continuaron desplazándose hacia un enorme pasillo escasamente iluminado por bombillas incandescentes, que era muy similar a una cloaca. Al llegar a la puerta hecha con fuertes barras metálicas, se dieron cuenta que estaba cerrada bajo candado y cadenas.
—Tenemos que retirar primero las cadenas para poder quitar el candado. —Instruyó Redfield a su compañera.
—Quizás debamos buscar algo que nos pueda servir como palanca. —Determinó la mujer de mirada grisácea y comenzó a inspeccionar el suelo y los alrededores.
Ambos agentes escudriñaron en el lugar algún instrumento que les fuese de utilidad, hasta que encontraron una vieja palanca de hierro que al juzgar por la apariencia, parecía haber pertenecido a una máquina vieja.
—Creo que esto podrá ayudarnos.
Siguiendo a su amigo, la castaña tomó entre sus manos la barra de metal imitando a su camarada, para que con la fuerza de ambos pudiesen quitar las cadenas de los barrotes.
Tirando fuertemente, las cadenas finalmente cedieron y cayeron al suelo haciendo un ruido sordo, quedando únicamente ese candado como obstáculo para poder continuar.
Jill Valentine apuntaba directamente hacia el cerrojo para que con una bala lograran de una vez por todas abrir esa puerta cuando de repente, unos ruidos extraños los hicieron voltear hacia sus espaldas.
— ¿Qué fue eso? —Murmuró la mujer.
—Seguramente nada bueno…
De repente, los sobrevivientes a la mansión Arklay se vieron rodeados. Una horda de seres mutados con uniforme militar armados hasta los dientes se acercaron hacia ellos con claras intenciones de aniquilarlos si ellos se lo permitían.
A pesar de que estaban en gran desventaja de número los agentes de la BSAA no se acobardaron y cargaron sus armas para hacerles frente.
—Lo que nos faltaba. —Se quejó el mayor mientras comenzaba a disparar.
—Creo que Wesker ya dio con nosotros. —Afirmó Valentine sosteniendo con firmeza su AK-47.
—No se la pondremos fácil.
En ese momento uno de los infectados se lanzó sobre la rival de Némesis con el propósito de atacarla con una porra eléctrica a lo que ella respondió con una patada en el estómago para derribar a su enemigo y dejarlo fuera de combate. Por su parte Chris repartía puñetazos y llaves rompecuellos de entre sus enemigos para exterminarlos de manera rápida. Sin duda los años no habían pasado en balde, y los compañeros de antaño ya habían aprendido a luchar juntos a raíz de la experiencia de varias ocasiones así que la batalla contra los hostiles fue relativamente sencilla.
—Ese era el último. —Finalizó Valentine que acababa de atinar un tiro entre ceja y ceja de uno de los no muertos.
—Larguémonos antes de que se les ocurra mandar refuerzos.
El capitán Redfield aún no terminaba de decir esta oración cuando de repente escucharon unas pisadas pesadas provenir de las sombras. A juzgar por el sonido sabían que lo que se acercaba a ellos fuere lo que fuere no era una criatura común como a la que se habían enfrentado.
Apareciendo de la oscuridad divisaron a una figura humanoide de casi tres metros de altura, piel verduzca, máscara deforme que se cubría con una especie de capucha rasgada e imponente musculatura. La abominación cargaba en sus manos un mazo con pinchos que sin duda utilizaba como arma letal.
Los agentes retrocedieron un paso atrás al mirar al ser monstruoso que se les acercaba a pasos lentos y un tanto torpes. En ese momento, Jill Valentine recordó aquella noche en la mansión Spencer donde ella y Chris habían sido perseguidos por una bestia similar. Muy propio de Wesker y sus secuaces el utilizar monstruosas B.O.W.'s como guardianes de sus cloacas.
El temible guardián de repente alzó ambos brazos y se dispuso a golpear a la pareja con el mazo pero ágilmente Chris y Jill se lanzaron hacia el suelo para evadir su ataque.
— ¡No tenemos tiempo para luchar, salgamos de aquí! —Instruyó el mayor a su compañera ayudándola a levantarse.
La bestia infernal rugió y comenzó a perseguir al varón y a la fémina mientras ellos huían en dirección contraria.
Los ex S.T.A.R.S. corrieron usando toda la velocidad que les permitían sus piernas, cuando intempestivamente Jill resbaló golpeándose duramente una de sus rodillas, dejándola con dificultades para incorporarse. Sin siquiera pensarlo, Chris se acercó rápidamente a auxiliar a su compañera poniéndose frente a ella para protegerla en un acto heroico, ya que la B.O.W. que los perseguía la había alcanzado.
Con un disparo rápido el capitán de la B.S.A.A. logró apartar unos metros al humanoide que amenazaba la integridad de la castaña, y en esos instantes de ventaja el mayor aprovechó para tomar a su camarada por los hombros y ayudarla a salir de ahí.
A pesar de tener dificultades para caminar, Jill no se dio por vencida y trotaba a pesar del dolor que esto le causaba, ya habría tiempo para curar su lesión. Ambos estaban conscientes de la enorme desventaja con la que luchaban, pero habían sobrevivido de peores, eran más que simples soldados; eran sobrevivientes, esa era su vida y no iban a rendirse ahora.
De repente un ruido metálico se escuchó bajo sus pies, como si fuese el rodar de una lata. Los dos agentes miraron hacia abajo y ya era demasiado tarde.
Inexplicablemente, una granada cegadora había sido lanzada hacia ellos de alguna dirección y detonó justo bajo sus pies, nublándoles la vista y haciéndolos detener en su carrera.
— ¡Maldita sea! —Maldijo Chris cubriéndose los ojos con el antebrazo.
Justo antes de que ambos se recuperaran, el ex soldado de las fuerzas aéreas fue embestido contra una de las paredes, derribándolo contra el suelo dejando descubierta a su compañera.
— ¡Chris! —Gritó Jill que sacaba de su cinturón de combate un arma de 45 mm disparando hacia la espalda del monstruo que pretendía aplastar al militar.
La abominación al sentir los roces de la bala decidió ir directamente hacia donde estaba la ex teniente de S.T.A.R.S.
Lastimada y con dificultades para desplazarse, Valentine no se doblegó y continuó atacando lo más que pudo a esa bestia. Cuando el temible guardián se acercó a la chica ni siquiera se tomó la molestia de atacarla, simplemente la tomó por los aires y se la echó al hombro mientras ella pataleaba y se revolvía, tratando de zafarse de la fuerza que la estaba envolviendo.
— ¡Jill! —Gritó el capitán incorporándose del suelo como un resorte mientras miraba horrorizado como su amiga era llevaba lejos de sus ojos.
Chris estaba totalmente pasmado, no podía permitir perder a Jill nuevamente otra vez en aras de protegerlo, esto ya era demasiado para él.
Tambaleándose el hombre trató de golpear a la B.O.W. que arrastraba consigo a la ex S.T.A.R.S.
Con todas sus fuerzas, el soldado trató de embestir a su enemigo, ya que si hacía uso de las armas corría el riesgo de lastimar a Jill. Y en cuanto estuvo cerca sólo recibió un fuerte golpe en la cabeza que lo dejó noqueado en el suelo, sin poder hacer nada para evitar el rapto de su socia.
— ¿En dónde estamos, Piers? —Preguntó Harper que caminaba en medio de los dos hombres, el capitán Stone y Nivans.
—Es la zona cercana a las bodegas, por aquí es el camino más seguro para llegar al laboratorio de experimentación. —Explicó el de ojos claros a sus compañeros.
—Démonos prisa, entonces. —Indicó Josh quedándose al frente del pequeño grupo y usando una lámpara para iluminar el camino.
De repente, el líder de la división de la BSAA con sede en África detectó una silueta en el suelo.
— ¿Qué pasa, Josh? —Cuestionó Helena al mirar que el mayor se detuvo.
—Hay una persona allí—Dijo señalando hacia la figura inconsciente que yacía en el suelo y aproximándose para identificarlo mientras los dos más jóvenes lo seguían a sus espaldas.
— ¡Es Chris! —Informó el moreno que se agachaba rápidamente para remover un poco al capitán esperando que sólo fuese un desmayo. — ¡Chris, Chris!
Enseguida, Stone le tomó el pulso y comprobó que su respiración era regular lo cual le dio cierto alivio, pero sintió una tremenda urgencia por traerlo de nuevo a un estado consciente.
— ¡Chris, Chris! —Insistió sacudiendo levemente a su compañero por los hombros.
Con debilidad, el capitán Chris Redfield abrió los ojos e identificó a Josh que lo sostenía por los hombros.
—Josh… —Susurró levemente el interpelado.
— ¿Qué sucedió? ¿Estás herido?
—Un monstruo nos atacó… Se llevó a Jill. —Pronunció débilmente el castaño poniéndose de pie con la ayuda de su camarada.
— ¿Qué? ¿Pero cómo? ¿Dónde estaban los demás? —Interrogó el africano.
—Nos quedamos solos Jill y yo para tratar de salir de esta zona, Carlos y Sheva regresaron hacia la petrolera para encontrarse con Sherry y Leon ya que el maldito de Wesker nos lleva un paso adelante y con una emboscada logró secuestrar a Jake y a mi hermana… Ese infeliz nos está ganando.
El capitán del acaecido equipo Delta no podía creer lo que escuchaba. No era posible que Wesker hubiese logrado tanto sin siquiera sufrir el mínimo daño a sus planes.
—Leon y Claire irían a atender la llamada de auxilio que Helena y tú le hicieron cuando sufrieron la emboscada. Por cierto, ¿dónde está Helena? ¿Ambos están bien? ¿Quién los atacó? —Preguntó Chris reincorporándose y llevándose una mano a la cabeza para tratar de aliviar el dolor.
—Helena y yo estamos bien, Chris. Y respecto de quién nos atacó… —Contestó Josh girando levemente su cuerpo, sin tener ni idea de cómo explicarle a Chris la aparición de su nuevo aliado. — Supongo que a estas alturas ya nada debe sorprenderte, así que, espero y no te asusten los fantasmas.
Chris se quedó sin comprender una sola palabra de lo que el soldado trataba de explicarle hasta que miró la presencia de dos personas que se acercaban levemente a las espaldas de Josh Stone. Sus ojos distinguieron de entre la oscuridad la silueta de Helena Harper y también la de un joven militar vestido de ropas oscuras que al reconocerlo, Redfield sintió que la sangre se le congeló en las venas.
— ¿¡Piers Nivans?! —Titubeó el de ojos azules, al identificar la identidad del acompañante de Harper.
—Capitán Redfield. —Contestó el más joven con un tono que denotaba respeto.
— ¿Pero cómo es posible? Si tú estabas…
—Hay muchas cosas que Piers tiene por explicar, Chris. —Intervino Helena ante el castaño que se encontraba atónito por la sorpresa de volver a ver frente a sus ojos a su camarada caído. —Pero ahora no es el momento, nuestra prioridad es rescatar a Claire y a Jake. Piers nos indicará el camino.
Redfield se quedó totalmente mudo y se limitó a asentir a la sugerencia de la fémina que dando un asentimiento al soldado Nivans, este intervino junto con el capitán Stone para definir un trazo del camino que los ayudaría a salir de ese laberinto.
Carlos y Sheva que permanecían vigilantes y alerta en las afueras de la petrolera, divisaron a lo lejos un par de siluetas que caminaban con dificultad hacia su dirección iluminándose apenas con la alborada de la mañana.
— ¡Allí están! —Indicó Sheva señalando hacia unos metros frente a él.
Ambos militares corrieron hacia donde estaban sus compañeros Leon y Sherry que se desplazaban lentamente.
— ¡Sherry, Leon! —Dijo la morena reconociendo a los agentes.
— ¿Cómo se encuentran? —Preguntó Carlos tomando por los hombros a Sherry para ayudarla a sostenerse.
—Cansados, pero mejor ahora. —Respondió la rubia sosteniéndose del brazo del brasileño.
—Leon, ¿Necesitan medicamentos? —Cuestionó la joven de ojos avellana acercándose al agente de la D.S.O.
—No. —Contestó enseguida el ex policía respirando con dificultad. —Necesitamos encontrar ya a Claire y a Jake. ¿Dónde están Jill y Chris?
—Están en las instalaciones subterráneas, nos están esperando allí. —Informó el mercenario que se adelantaba en el camino.
—Démonos prisa, el tiempo apremia. —Repuso Kennedy retomando nuevas fuerzas.
—Tomen. —Se acercó la mujer con el tatuaje de "Shuuja" dándole un arma a los recién llegados. —Las necesitaran.
Los sobrevivientes a la tragedia de Raccoon City tomaron las nuevas armas y la cargaron, listos para usarlas en el momento en que se necesitaran. La hora de la batalla cada vez estaba más cerca.
La pelirroja comenzó a caminar en círculos por la habitación como si fuese un animal enjaulado. Después de haber hurgado entre los cajones del tocador, en la mesita de noche, bajo la cama y demás mobiliario de la habitación, la motociclista no halló nada que le fuera de utilidad para que pudiese escapar o en su defecto defenderse. Era como una alcoba de hotel vacía.
Claire comenzó a impacientarse. Ya había pasado mucho tiempo desde que Wesker la había dejado encerrada en ese lugar y aún no había señales de él ni de ninguno de sus secuaces. ¿Qué estaba planeando ese demente? ¿Infectarla con algún virus? ¿Insertarle un dispositivo de control mental como lo hizo con Valentine? ¿Usarla de rehén para atraer a sus amigos? ¿O sería acaso que simplemente la mataría como cobro de una venganza personal contra su hermano? Un mundo de posibilidades comenzaron a plantearse en su cabeza y sus nervios se pusieron de punta, pero no permitiría que ese bastardo lo notara.
Antes muerta que ceder o demostrar terror hacia Albert Wesker. No demostró miedo en Rockford y no lo haría ahora.
Recordaba su actitud petulante, la postura soberbia, esa risa burlona y los comentarios sarcásticos que sólo provocaban que la sangre de la Redfield comenzara a hervir de rabia. Más que s temerle, la chica no soportaba ni un poco al ex capitán de los S.T.A.R.S., ya que no podía concebir que existiera un ser humano tan malvado y narcisista como para sentirse el juez y dueño del mundo. La injusticia al igual que a su hermano mayor le asqueaba y ese era el segundo nombre de Albert. Es por ello que decidió que no le daría el gusto a ese malnacido de verla llorar y suplicar, moriría con la frente en alto y en silencio.
Aún estaba sumida en sus reflexiones cuando de repente la sobreviviente de Raccoon City escuchó un sonido proveniente de la puerta de la habitación y miró cómo la chapa automática de repente se abrió, descubriendo la silueta imponente de la persona que irrumpía en el sitio.
La mujer cabellos de hoguera tragó saliva en cuando miró a Albert Wesker entrar en el aposento a la vez que cerraba la puerta detrás de él. Tratando de disimular su nerviosismo apretó sus labios rosados en una mueca de presunta altivez mientras el tirano se acercaba con paso firme hacia su dirección.
Con una mirada discreta, Claire observó detalladamente en sus manos y su cinturón de combate algún tipo de jeringa o utensilio de laboratorio en donde pudiera guardar un virus con el que planeara infectarla, pero en su pequeña inspección no logró encontrar nada visible. Al menos de momento descartó la posibilidad que ese loco planeara infectarla. En su escrutinio también detectó que no iba armado aunque eso no la tranquilizó ni un poco. Ella sabía perfectamente que Albert Wesker podría partir un camión en dos haciendo uso de una sola de sus manos, así que no era necesario ningún otro instrumento para que él la dañara en medio de una lucha, con sus puños era suficiente.
El tirano dio un vistazo de pies a cabeza a su víctima, admirando cada parte de la anatomía de la fémina, haciendo que esta se estremeciera a la distancia aunque tratara de disimularlo bien.
"A pesar de estar perdida, es evidente que no quiere demostrar ningún miedo. Formidable fierecilla." Pensó el mayor mientras ladeaba una sonrisa torcida, mostrando sus dientes afilados y perfectos.
La Redfield se mantuvo firme ante la presencia de su secuestrador a la vez que él no dejaba de mirarla de arriba abajo. A pesar de que la niña luchó por mantenerse imperturbable, el silencio y la actitud pasiva del tirano no tardaron en ponerle los cabellos de punta, preguntándose con intriga qué era lo que estaba pasando por la cabeza de ese loco.
No resistiendo más la presión, la fémina se armó de valor y con la voz más áspera que pudo articular en su garganta preguntó:
— ¿Qué es lo que quieres de mí? ¿A qué has venido? ¿Por qué me trajiste aquí?
El científico se encogió de hombros y con la mayor tranquilidad posible respondió:
—Son demasiadas preguntas a la vez, Dearheart. ¿Por qué no te sientas y charlamos?
La pelirroja negó con la cabeza.
— ¿O es que acaso prefieres que todo se haga por la fuerza?
Claire lo meditó por unos segundos. Si quería ganar unos pocos instantes más para estar a salvo, no le convenía colmar la paciencia del rubio, terminaría siendo contraproducente.
Se sentó a regañadientes en la orilla de la cama y se cruzó de brazos, en ningún momento iba a bajar la guardia, solo se dedicaría a fingir.
—En esta ocasión, sólo he venido a conversar, corazón.
—No entiendo de qué tema podamos conversar tú y yo. —Retó la chiquilla.
El mayor ignoró la insolencia de su prisionera y se dispuso a iniciar su discurso.
—De mucho, querida. Comenzando por decir el motivo por el cual estás aquí. Seguramente estás pensando que mi objetivo es experimentar contigo o en el último de los casos algún tipo de venganza contra tu hermano o tus ridículos amigos. Debo informarte que ninguna de las dos opciones es correcta, si es que acaso llegaste a suponerlas. Sabes… Tengo otros planes para ti.
Esas últimas palabras, desconcertaron a la Redfield haciendo que arqueara sus cejas aterciopeladas en una expresión de incertidumbre, no obstante; el ex CEO de Umbrella continuó:
— ¿Sabes, Claire? —Dijo el dictador llamándola por su nombre de pila, —Siempre he creído que el hombre está en el mínimo de su capacidad real. La tecnología avanza a pasos agigantados sin embargo, el hombre se estanca. La comodidad y el confort lo han alejado de su capacidad de raciocinio, de pensar, de resolver problemas. Contrario a lo que tú y tu incauto hermano puedan pensar sobre mí, yo aún sigo apostando a la humanidad, pero para ello se necesitan hacer sacrificios, males necesarios les llaman…
— ¿Males necesarios? —Replicó Claire con ironía.
—El fin justifica los medios, Dearheart. Imagina a una raza superior de seres humanos, a toda una generación de superdotados, creados a base de un gen perfecto, de un ADN sin errores. ¿Te das cuenta de los límites que se podrían alcanzar? La palabra imposible pasaría al olvido, la eugenesia sería el credo del dominio mundial. Y todo esto al alcance de mis manos. Toda la humanidad será sometida a un juicio severo… Excepto tú.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la chica de ojos celestes. Lejos de tranquilizarla le era más inquietante el saber que ella había obtenido el "indulto" del futuro gobernante de la nueva era. ¿Qué diablos planeaba ese loco?
— ¿Yo? —Replicó la fémina con un hilo de voz.
—Tienes cualidades, Redfield. Eres alguien con las aptitudes dignas de conservarse sin necesidad de modificación alguna.
El tirano dio unos pasos hacia adelante y se puso frente a la chiquilla a la vez que ella por impulso se puso de pie como un resorte irguiéndose sobre su estatura tratando de disimular lo mucho que se asustaba. A pesar de su buena actuación, Wesker tenía un oído bastante desarrollado, casi como el de un murciélago y pudo escuchar los latidos acelerados del corazón de la pelirroja que involuntariamente la delataban. Sintiéndose victorioso dio una sonrisa de suficiencia mostrando sus perlados dientes para intimidarla y continuó:
—Te doy la oportunidad de ser la emperatriz de mi Génesis. Es una oferta única, y no puedes decir no.
Claire abrió los ojos como platos. ¿Qué carajo acababa de oír? Ni en sus sueños más retorcidos hubiese imaginado tal propuesta. ¿Albert Wesker interesado en ella? No. Eso era una broma, un chiste, ¡una maldita treta! Los oídos de la chica se rompieron y toda clase de lógica se fue al carajo. No tenía sentido, simplemente era una incoherencia. Ese bastardo no podía tener algún otro tipo de interés en ella. Wesker era un demente, un psicópata, un antisocial, pero esto superaba todos los límites.
La niña de cabellos de hoguera se quedó estática en su sitio, totalmente congelada. Albert se aprovechó de su situación y se acercó aún más a ella arrinconándola contra la base de la cama y su cuerpo.
—Te has quedado sin habla, Dearheart. —Dijo el científico tomando a la hermana de Chris con una mano por su diminuta cintura, mientras que con la otra comenzó a acariciarle su cabello rebelde. —Quizás, deba ayudarte un poco a decidir. —Susurró lentamente acercando sus labios hacia el oído de la pelirroja.
Wesker inhaló profundamente respirando la fragancia natural de su cautiva, mientras ella presa del pánico miró aterrada las claras intenciones del villano cuando él lentamente la pegó a su cuerpo y comenzó a acercar el rostro hacia su cuello.
La Redfield se quedó estupefacta. No sabía cómo debía reaccionar ante tal actitud y su cuerpo dejó de responderle, presa del pánico y la sorpresa.
—Serás toda una reina, Claire. Todo lo que desees será tuyo. Te demostraré que en mi diccionario no existe la palabra "imposible" —Susurró tomándola por las mejillas y acercando su boca hacia los labios de cereza de la menor, robándole un beso lento.
Por su parte, la hermana menor de Chris sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal. ¡¿Pero qué diablos estaba haciendo ese demente?! ¡La estaba besando y ella no podía hacer nada para impedirlo! Luchar contra su fuerza titánica era como tratar de mover a empujones una muralla, pero de ninguna manera iba a corresponder a esa caricia blasfema, ni aunque su vida dependiera de ello.
Al notar que su "Dearheart" se había quedado inmóvil ante la sutil muestra afectiva del tirano y que no hacía ademán de corresponder ni rechazar, Wesker decidió parar y se impuso de nuevo frente a ella que mantenía una expresión fría y las cejas fruncidas en un gesto de desaprobación.
— ¿Es que acaso nunca aprendiste a besar? —Preguntó con ironía el rubio con la maldad brillando en su mirada. —Sí es así, estaré encantado de enseñarte.
—No quiero nada contigo. —Respondió secamente la chiquilla.
— ¿Lo dices por tus patéticos amigos o por el imbécil de tu hermano? Querida, te quedes o no conmigo, ninguno de esos inútiles sobrevivirá al Génesis. —Explicó el mayor sin turbarse.
La Redfield se mordió el labio inferior con furia, la actitud soberbia de ese hombre la estaba enfadando en demasía.
— ¿No lo entiendes? ¡No quiero nada contigo! —Exclamó ella buscando alguna manera de escapar de la prisión formada por el cuerpo titánico de Wesker.
—Eres tú la que no entiende, cielo. Si sabes lo que te conviene, podrás darte cuenta que nunca tendrás una oportunidad como esta. ¿O es que has conocido a alguien mejor que yo? —Expresó burlonamente el ex capitán dedicándole una sonrisa torcida a su presa.
—Sí. —Respondió en automático la de ojos azules.
— ¿Quién? ¿El chiquillo tonto que te acompañó en Rockfort? ¿No crees que ya debiste de haber superado a ese adolescente, Dearheart? —Se mofó nuevamente el villano enfureciendo cada vez más a su pequeña prisionera.
—No me estaba refiriendo a Steve. —Dijo ella conteniendo su furia ya que su captor estaba tocando fibras cada vez más sensibles.
— ¿Entonces es el ex policía de la R.P.D.? —Preguntó despectivamente el ex CEO de Umbrella, mencionando a Leon como mera coincidencia lejos de imaginar que había dado con el blanco. —Por favor querida, no me decepciones y no me digas que te estás refiriendo a él. —Insistió a la vez que subía una de sus manos hacia el rostro de la niña y acariciaba suavemente su pómulo.
—Leon es un gran hombre, es valiente y tiene un gran sentido de la justicia que…
La pelirroja se vio interrumpida por una sonora carcajada de su acompañante que en medio de sus risas se quitó las gafas oscuras que cubrían sus ojos y las depositó en la mesita de noche.
—No puedes estar hablando en serio, querida.
—Hablo muy en serio. —Afirmó la Redfield con la obstinación marcada en la voz.
—Entonces… —Musitó el mayor acercándose nuevamente de manera invasiva hacia la chica de cabellos de hoguera para hacer contacto visual con sus ojos azules. — ¿Estás insinuando que sientes algo por ese imbécil? —Cuestionó con un tono tranquilo pero sus pupilas azules que poco a poco se teñían de un color ámbar amenazante lo delataban.
—No lo insinúo, lo estoy asegurando. —Confirmó ella ocultando el miedo que la embargaba pero fortaleciéndose ante el virólogo tomando fuerza del amor que sentía por el agente de la D.S.O.
—Te voy a demostrar que él no es mejor que yo.
Diciendo esto, Albert Wesker con la fuerza de un toro, lanzó a Claire sobre la cama y se abalanzó encima de ella inmovilizándola de brazos y piernas cubriéndola con su cuerpo.
Entonces, con fiereza comenzó a besar los labios de la pelirroja dando un ligero recorrido entre la mandíbula y el cuello de la chiquilla que aunque en el fondo sabía que no tendría éxito, no se rendía ante su agresor.
Wesker a pesar de su retorcida mente y su actuar anormal, jamás había considerado la posibilidad de tomar una mujer a la fuerza, ya que eso era bajo incluso para él, además de que nunca se había visto en la necesidad de recurrir a ello porque nunca nadie, ninguna fémina se le había resistido, hasta que conoció a la fiera Claire Redfield que había logrado cabrearlo hasta la médula.
— ¡Suéltame maldito! —Gritaba la menor conteniendo las lágrimas de rabia que se acumulaban en sus ojos, asustada por la inminente agresión sexual.
El científico la ignoró y con su fuerza sobrehumana logró desgarrar una parte de la manga de su blusa ligera.
— ¡Eres un cabrón! ¡Suéltame! —Volvió a gritar furiosa la pelirroja.
—Deberías calmarte y limitarte a disfrutar, Dearheart. —Contestó Albert restregando su aliento frío contra el cuello de la pelirroja. —Prometo que te haré olvidar a ese inútil ex policía.
— ¡Eso no lo vas a lograr jamás! —Retó ella sin dejar de retorcerse sobre la cama.
—Nunca imaginé que te conformaras con tan poco, Dearheart. —Dijo el antiguo capitán clavando su fiera mirada en la mirada azul de la Redfield, destellando en sus ojos la maldad en ese color carmesí.
—Leon no es poco, y sí es mucho mejor que tú. Puedes tomarme ahora a la fuerza si quieres, pero ni matándome podrás ocupar su lugar. —Bramó la valiente jovencita batallando contra el cuerpo del tirano que la oprimía.
De repente, Claire sintió que el peso que la aplastaba dejó de estar encima de ella. Con su velocidad fantasmal y su agilidad de pantera Albert se puso de pie para colocarse al otro extremo de la habitación. Entonces la hermana menor de Chris notó que en verdad, el villano más temido de los últimos tiempos estaba muy enfadado. Esas últimas palabras terminaron por herir y amedrentar el ego crecido del tirano.
— ¿Con qué prefieres a ese inepto, eh? —Cuestionó amenazadoramente el ex CEO de Umbrella, observando a su presa asustada en la cama. —Muy bien, acabas de firmar su sentencia de muerte, corazón.
Diciendo esto, el mayor se retiró como un relámpago de la escena, desapareciendo en cuestión de segundos de la habitación, con la ira en la mirada bermellón y un propósito en su mente malvada; cobrarse con la vida del agente Kennedy el rechazo de Claire Redfield.
N/A: Gente que no entiende el rechazo y Albert Wesker... ¿No lo creen? Nuestra pequeña Claire ha colmado la paciencia del tirano y ahora él va a recalar contra el pobre de Leon, esperemos y el agente de la D.S.O. tenga suerte con eso. Ada está molesta y eso es algo que nadie quiere ver o al menos no verlo de cerca, y ahora Jill también ha sido llevada del lado de los malos. ¿Qué pasará el siguiente episodio?
Como siempre su opinión para mí es importante y no duden en expresarse en los reviews o si lo prefieren por mensaje privado.
Nos estamos leyendo en el penúltimo episodio de Mala Sangre
Capítulo 30: Pasiones Destructivas.
¡Muchas gracias por leer!
