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Capítulo 29: Halloween

Los siguientes dos meses pasaron volando y antes de que se dieran cuenta Halloween se había acercado a ellos. Hermione aún vivía "técnicamente" en su departamento, aunque parecía que todo lo que iba a hacer allí no era más que a recoger esto o lo otro. Ella llevó sus pociones y su invernadero a la mansión donde Draco instaló una enorme habitación para que ella pudiera trabajar. La mayor parte de su ropa estaba ahora repartida por el armario de Draco, mezclada con sus cosas. Y para rematar la felicidad de Hermione, Harry y Ginny habían ido varias veces a cenar. El único problema en su vida casi perfecta (o eso pensaba Hermione) era que Ron aún no hablaba con ella, y en ese momento tampoco lo hacía con Ginny ni Harry. Había estado fuera, jugando para los Chudley Cannons casi dos meses.

El día de Halloween Draco había pasado toda la mañana y parte de la tarde decorando la casa para la gran fiesta que daría esa noche para todos los niños se San Mungo. Compró varias calabazas y las talló de modo que los niños podrían esconderse entre ellas, fueron puestas en varios puntos por todo el jardín. Velas negras y naranjas flotaban en el aire y habían encontrado fantasmas reales que flotarían por sobre los invitados cuando ellos pasaran por el laberinto de setos de la parte de atrás. Los murciélagos dieron vueltas mientras él colocaba el último de los cuencos de caramelos gigantes afuera.

—Eso es todo ¿Qué opinas, Claire?

—¡Wow! —Exclamó. Hermione salió por la puerta trasera y sonrió.

—Se ve muy bien, pero yo estaba pensando…

—Oh, no esa basura muggle de nuevo —suspiró Draco.

—Sólo por una hora, podríamos ir la barrio de mi madre —dijo emocionada.

—Es tonto. Ir de puerta en puerta pidiendo dulces. Ella tiene todos los caramelos posibles que podría querer aquí —respondió señalando varias mesas largas con montones de cuencos con píldoras ácidas, tarros de cucarachas, grageas de todos los sabores de Bertie Bott, ranas de chocolate, varitas de regaliz, ratones de helado y todos los dulces mágicos que puedas imaginar.

—No es por los dulces realmente… bueno, si fueses un muggle lo sería. Es sólo que… es la tradición —sonrió.

—Ella ni siquiera quiere hacerlo ¿Quieres, Claire?

—¿Qué?

—Ponerte un disfraz y que la gente te de caramelos, es muy divertido. Lo hice todos los años cuando era niña, hasta que fui a Hogwarts.

—¿Cómo conseguiré dulces poniéndome un disfraz? —le preguntó Claire a Draco.

—Te llevas estos —él sonrió.

—Te disfrazas y vas a la puerta de alguien y dices "Dulce o truco"

—¿Por qué?

—Bueno, es una antigua tradición. En sus días la llamaban Samhain o día de los muertos. La gente iba de casa en casa pidiendo cosas, especialmente comida a cambio de hacer una oración por los muertos. Más recientemente, los niños podían jugarles bromas a las personas que se negaban a darles dulces. De ahí el dicho "Dulce o truco"

—¿Qué? —preguntó Claire, completamente confundida.

—No importa ¿Quieres ir o no?

—¿Puedo? —le preguntó a Draco.

—¿Qué pasa con la fiesta?

—Volveremos con un montón de tiempo. Empieza a las cinco, estaremos aquí a las cuatro y media como máximo.

—Si Claire quiere ir está bien. Aunque no sabes si le gustarán los caramelos muggles—él sonrió.

—Entonces, ¿de qué quieres disfrazarte? —le preguntó Hermione.

—¡Una princesa! —dijo animadamente.

—Te vistes así todos los días —rió Hermione—. ¿Qué tal algo un poco más aterrador? ¿Qué tal una bruja?

—Soy una bruja —respondió Claire actuando como si Hermione hubiese perdido la razón.

—Sí, pero los muggles no saben eso. Yo me disfrazaré también ¿ok?

—¡Sí! —gritó corriendo por las escaleras.

—¿Qué hay de usted, señor Malfoy? —le susurró al oído— ¿De qué va a disfrazarse?

—Me vestiré como un hombre enfadado que espera a que su novia y su hija hagan una absurda tradición muggle y regresen a casa.

—No eres divertido —le sacó la lengua y corrió por la escaleras detrás de Claire. Draco Rodó los ojos y subió después de ellas.

—Pasar toda la tarde en un barrio Muggle —pensó en voz alta—. Qué manera de desperdiciar la mejor noche del año.

Una media hora más tarde, Claire y Hermione estaban vestidas y listas para salir. Claire llevaba un vestido de "bruja" morado y naranja con un sombrero también morado. Hermione llevaba un conjunto también de bruja con túnica y sombrero, todo negro decorado con pequeñas motas plateadas. Terminó el look con medias de telas de araña y brillo para ella y Claire.

—¿Cómo nos vemos?

—Nada como las brujas —respondió Draco desde la sala de estar.

—No lo escuches. Cada muggle que veas sabrá que se supone que eres una bruja.

—Pensé que no deberían suponer que lo somos —dijo Claire mirando a Hermione mientras bajaban por las escaleras más cerca de Draco.

—¿Listo?

—Esto es ridículo.

—Entra en onda —le dijo—. Nos apareceremos en el cuarto de herramientas de mi padre. Entonces voy a presentarlos antes de salir.

—Genial… —suspiró Draco— Eso me da ganas de entrar en onda. Conocer a los padres de mi novia por primera vez.

—Relájate, ya los viste una vez, en Flourish y Blotts ¿Recuerdas? —le preguntó refiriéndose a tiempo atrás en su segundo año.

—Está bien —murmuró. No recordaba haber sido muy amable con ellos en esa ocasión. Ahora estaba más nervioso que nunca.

—Vamos, ambos sostengan mis manos, a la cuenta de tres, ¡uno… dos… tres! —y con eso se concentró en el cuarto de herramientas de su padre. Y más rápido que un relámpago ya estaban allí. Claire frunció el ceño cuando aterrizaron suavemente en el suelo. El cobertizo era viejo y no había visto una limpieza desde hace bastante tiempo.

—¿Por qué siempre tenemos que ir de esa forma? —gimoteó Claire.

—Por aquí —dijo con entusiasmo. Caminaron a través del portón del patio delantero. Su casa era más grande de lo que Draco había esperado, columnas blancas con ladrillos rojos sostenían el porche frontal. Las ventanas estaba decoradas con luces naranjas y uno o ambos padres habían colgado falsas arañas gigantescas desde el gran roble que había en el patio. Hermione caminó por el porche y abrió la puerta sin llamar.

—¡Dulce o truco! —dijo en voz alta. Un hombre de contextura delgada con un gran bigote la abrazó con fuerza.

—¡Dulce! —dijo el hombre— Hermione, no nos dijiste que vendrías de visita esta tarde. Parece como si fueran años desde que no te vemos.

Hermione le indicó a Claire y Draco que entraran.

—Papá, él es mi novio Draco y su hija Claire. Claire, Draco, este es mi padre, Richard Granger. —sonrió de oreja a oreja.

—Señor Granger —dijo Draco agarrando firmemente la mano del señor Granger.

—Dime Richard —respondió—. Es bueno conocerte también, Claire.

Claire miró a Draco y Hermione expectante.

—Está bien, Claire. Él es mi padre.

Claire le tendió la mano con timidez.

—Se parece a ti, Draco —comentó—. Sospecho que todos ustedes están aquí para pedir dulces. Bonito disfraz, calabacita —le hizo un guiño a Hermione.

—¿Está mamá en casa?

—Ella debería volver en un minuto, corrió a conseguir más dulces —dijo él—. Bueno, vengan y tomen asiento. Quiero conocer más sobre el hombre que ha conseguido que mi niña abandonara sus cosas de pociones por las noches.

Todos se sentaron en la sala de estar. Richard bajó el volumen de la TV y Hermione se sentó junto a él mientras que Draco y Claire se sentaron en el sofá de dos cuerpos. Unos momentos de silencio después Richard habló.

—¿Qué haces tú para vivir, Draco?

—Soy propietario de una empresa que compra fórmulas de pociones y luego las promueve y comercializa. Ya no hago demasiado en eso, está dirigido por un consejo administrativo.

—Ya veo ¿Dónde fuiste a la escuela? Asumo que eres un mago.

—Fui a Hogwarts con Hermione, fue Premio Anual con ella.

La ceja de Richard subió.

—¿Premio Anual? Eh, Hermione, ¿este no es el Draco Malfoy que mencionaste innumerables veces en tus cartas? —le preguntó.

—Sí… —respondió ella.

—Bueno… este es un interesante giro de los acontecimientos —señaló Richard.

—Ya no soy la misma persona —interrumpió Draco.

—No lo es papá, eso fue hace ocho años y ya sabes cómo exagero —añadió Hermione.

—No he dicho nada —dijo Richard gratamente—. ¿Qué edad tienes, Claire?

—Cinco —dijo al instante, levantando cinco dedos.

—¿Estuviste casado antes, Draco? —preguntó casualmente.

—¡Papá!

—Está bien. No, nunca he estado casado.

Hermione horrorizada se inclinó y susurró algo en el oído de su padre. Los ojos de él se agrandaron y sonrió.

—Oh, eso aclara todo y justo a tiempo, creo que oigo a tu madre llegando.

Hermione saltó fuera del sofá y corrió a la puerta principal. Los brazos de su mamá estaban cargados con las bolsas de compras, Hermione las agarró y las dejó en el mostrador.

—¡HERMIONE! No dijiste que vendrías a casa ¡Te extrañamos!

—Se supone que sería una sorpresa. He traído algunos invitados también, iremos a pedir dulces por aquí —dijo Hermione mientras su madre la abrazaba con fuerza.

—Draco, Claire, esta es mi madre Katherine. Mamá, él es mi novio Draco y su hija Claire.

Los ojos de Katherine se abrieron ante la palabra "Hija"

—Gusto en conocerlos a ambos. Necesito poner estos caramelos en un tazón ¿me puedes ayudar? —le preguntó a Hermione. Y ella sabía que significaba "Tenemos que hablar". Hermione tomó una bolsa y la siguió a la cocina.

—¿En qué estás pensando? —preguntó su madre enseguida.

—Mamá… —trató de responder rodando los ojos.

—¿Un hombre con un hijo? ¿Dónde está la madre de esa niña? ¿Ella se fue? ¿Son divorciados? ¿Estás lista para ser madre? —Katherine soltó una pregunta tras otra.

—Mamá, baja la voz. Claire es la hija adoptiva de Draco. Ella era una de las niñas que estaban en la sala donde trabajo. La adopción definitiva fue el mes pasado. Y para responder a tu última pregunta, sí, estoy lista para ser su madre. No es que estemos cerca de casarnos —resopló.

—Oh, bueno ¿No te parece que es un poco extraño que un hombre soltero adopte por su cuenta? Tal vez lo hizo para atraparte y que te cases con él.

—No tendría que haber hecho eso, lo amo. Que adoptara a Claire fue una sorpresa, pero él sabía lo que estaba haciendo y ahora los dos son inseparables. Ahora iremos a pedir dulces. Sería lindo que hicieras un esfuerzo.

—Tienes razón querida, siempre la tienes, fui grosera —dijo caminando hacia la sala de estar con una sonrisa en su rostro. Hermione la siguió de cerca.

—Es tan bueno conocerlos a los dos. Perdón por lo de hace un momento. Traía todos esos paquetes y el mercado fue una pesadilla.

—No hay problema señora Granger —dijo Draco.

—Llámame Katherine.

—Nosotros deberíamos irnos. Sólo podemos estar afuera por poco tiempo. Draco dará una gran fiesta en su mansión para los niños del hospital, será todo un acontecimiento —le dijo Hermione a su madre con mucho orgullo mientras ponía un brazo alrededor de la cintura de Draco.

—Eso es maravilloso —dijo ella.

—Tú y Richard deberían venir con nosotros —dijo Draco de repente.

—¿De verdad? —preguntó Hermione, su rostro se iluminó.

—Sería un honor para mí —Draco sonrió.

—Creo que podríamos hacer eso —respondió Kartherine.

—Pasaremos luego de pedir dulces y podremos conectar su chimenea a la red flu para llegar a la mansión.

Los tres salieron por la puerta delantera y Katherine y Richard se quedaron para repartir caramelos. Claire estaba nerviosa cuando Hermione la empujó para ir a la primera casa. Los Smythers habían vivido al lado de Hermione toda su vida.

—Sólo tienes que ir allí, llamar a la puerta y decir "dulce o truco"

Claire parecía escéptica, pero hizo lo que le dijo. Desafortunadamente para ella, los Smythers estaban ambos vestidos para Halloween. El señor Smythers llevaba un traje de hombre lobo y la señora estaba vestida sin dudas de bruja. Cuando Claire tocó el timbre y ellos abrieron se fue gritando de vuelta por el camino de la entrada hasta Draco y Hermione que estaban de pie con una mirada de asombro en sus rostros, las lágrimas corrían por su rostro. El señor y la señora Smythers se quitaron las máscaras y corrieron detrás de la niña para tratar de consolarla.

—¿Hermione? —dijo el hombre—. ¿Ella es tuya? No sabía que tenías hijos, Richard y Katherine no nos contaron nada…

Hermione interrumpió.

—No, ella es Claire, la hija de mi novio. Claire, está bien, ellos sólo están disfrazados para Halloween ¿Recuerdas que te dije que todos se disfrazan?

Claire asintió, las lágrimas disminuían.

—¿Esta es la primera vez que sales a pedir dulces? —preguntó la señora Smythers con simpatía.

—Sí y ustedes fueron su primera casa —Hermione rió. Draco no parecía encontrarlo tan divertido. Se inclinó y tomó a Claire en brazos y la abrazó con fuerza.

—Está bien, Claire —dijo Hermione señalando para que Draco la dejara en el suelo—. ¿Lista para volver a intentarlo?

—Sí —dijo en voz baja. Los Smythers caminaron de regreso a casa y Claire volvió a tocar el timbre—. Esta vez sin máscaras —Gritó— ¡Dulce o Truco!

Y los Smythers con mucho gusto le llenaron la bolsa con un cuenco lleno de dulces para compensar el susto.

Los tres pidieron dulces por cerca de una hora. Las calles estaban llenas de gente con sus hijos con todo tipo de disfraces. Estaban tan entretenidos que no sabían que estaban siendo seguidos a cierta distancia por un hombre en una capa de invisibilidad. En el momento en que llegaron de vuelta a la casa de los Granger, Claire estaba exigiendo comer los caramelos. Hermione le dijo que necesitaban ser revisados para asegurarse de que era seguro comerlos, pero que cuando llegaran a la mansión podría comer un poco de los caramelos que Draco había comprado.

Draco se apareció en casa rápidamente y volvió con un poco de polvos flu y el permiso para estableces la conexión de la red flu a la chimenea de los Granger.

—¿Alguna vez han viajado por flu? —preguntó Draco a Richard y Katherine.

—No, aunque he visto a Hermione hacerlo —respondió el hombre.

—Es muy sencillo. Tomas un poco de este polvo de aquí, lo arrojas y dices muy claramente "Mansión Malfoy" y luego entras en las llamas. No te vas a quemar. Y llegarás a mi sala de estar ¿Entendido?

Los Granger asintieron. Hermione decidió ayudar a su madre a ir primero. Una vez que se fueron, Draco ayudo al Señor Granger y luego él y Claire los siguieron.

Sonriendo, el hombre de la capa se acercó a la chimenea de los Granger y murmuró un hechizo que mantendría la red flu abierta de manera permanente. Nadie en el ministerio pensaría en comprobar si sólo se había utilizado un par de veces, ellos tenían muchas otras cosas en su mente. Él no se atrevía a utilizarla esa noche, porque, por lo que había oído por casualidad, la casa estaría llena de personas incluyendo los padres de Hermione Granger, y sabía que incluso con la poción multijugos no podría engañar a los padres de alguien. Así que el juego tendría que esperar por él de nuevo. Pero sabía que cuando lo consiguiera sería recompensado por sobre todos los demás.

Una hora más tarde la fiesta en la Mansión Malfoy estaba en su apogeo. La sanadora María y su marido llegaron con Harry y Ginny. El embarazo de Ginny estaba ahora tan avanzado que le costaba caminar. Harry la ayudó a sentarse en el sofá donde pasó la mayor parte del tiempo felizmente hablando y comiendo todo lo que alguien le trajo. El jefe de Hermione, el señor Roland vino también. Todos los niños de San Mungo lo pasaban de maravilla jugando con todas las cosas que Draco había preparado. A medida que la fiesta terminaba, despedían a los invitados y Hermione ayudó a sus padres a volver a casa. Agotada, se derrumbó en el sofá y arrojó su sombrero de bruja al suelo. Claire estaba profundamente dormida dentro de una calabaza gigante, Draco la cargó por las escaleras y sin molestarse en sacarle la ropa la puso en la cama. Hermione lo siguió por las escaleras y él entró en la habitación justo cuando ella se desvestía.

—Ahora, quiero mi regalo de Halloween —gruñó, cerrando la puerta tras él.

—¿No estás cansado? —bostezó ella.

—No —mintió mientras la besaba desde el cuello a la clavícula. Ella rió sintiendo los besos revolotear en su piel.

—Hmmm… no empiece cosas que no podrá terminar, señor Malfoy —rió.

La levantó en sus brazos y la tiró sobre la cama toscamente.

—¿Cuándo me has visto dejar algo sin terminar? —dijo mientras se quitaba la camisa, los pantalones y se metía en la enorme cama—. Sabes, ese disfraz de bruja sí que me encendió —sus ojos grises estaban vivos de pasión.

—¿En serio? Imaginaba que te recordaría a McGonagall —ella rió.

—Seguro sabes cómo matar el momento ¿no es así? —resopló girando sobre su costado. Hermione se quitó el resto del atuendo quedando sólo en sujetador, bragas y las medias de tela de araña.

—Sé cómo revivir el momento —susurró seductoramente.

—No, se ha ido. Nada de lo que puedas hacer… —comenzó, pero se detuvo cuando sintió que sus labios besaban el camino de su pecho hasta los boxers. Sofocando una sonrisa, puso las manos detrás de su cabeza fingiendo que su toque no lo estaba afectando. Sus uñas atormentaban su piel mientras las subía y las bajaba por su pálido y terso cuerpo y subían por sus piernas hasta casi tocar su virilidad, que ahora estaba haciendo imposible ocultar su placer.

—Puedo ver que estás jugando duro para ganar —susurró en su oído—. ¿Qué puedo hacer al respecto?

Draco trató de no revelar su inmensa felicidad cuando su palma rozó su ahora evidente erección, en un movimiento sensual ella le sacó los boxers y los arrojó al suelo. Ahora, se sentó a horcajadas de él y le presionó las manos sobre la cama para que no pudiera tomar el control, como siempre lo hacía. Ella movió sus caderas para rozar contra su ingle. Él gimió en voz alta.

—Merlín… —dijo sin aliento. Ella movió a un lado sus bragas y se deslizó sobre él, todo el cuerpo de Draco se estremeció y Hermione pensó que él ya había acabado.

—¿Estás bien? —susurró.

—Mmmhmm… —dijo tratando de controlarse. Hermione se movió lentamente, probándolo, asegurándose de que cada movimiento fuese una feliz tortura para él. Sus ojos grises la seguían en cada movimiento, manteniendo el contacto visual con ella hasta que inclinó su cuerpo para besarlo profundamente. Movió sus caderas más rápido y más lento y luego más rápido de nuevo, lo llevaba al punto del orgasmo y de vuelta cada vez. Su cuerpo estaba sudoroso y su respiración entrecortada. Finalmente, se movió de tal forma que él explotó dentro de ella. Gritó al mismo tiempo que él lo hizo, observando cómo agarraba las sábanas y tomaba una almohada para morderla con fuerza. Hermione contuvo el aliento y se bajó de su cuerpo todavía temblando, puso la cabeza en el hueco de su hombro y respiró su aroma almizclado. Cuando Draco finalmente recuperó el aliento le dio un beso en la frente antes de decir;

—Amo el condenado Halloween.


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