Nota: ¡siento el retraso! Me surgieron unas cosas en el finde y no pude subir al actualización, así que aquí está. Este es, por cierto, uno de mis caps favoritos :)
Desenmascarada - Parte 3: Retorno - Capítulo 27: Bailando con Diablos
Fluyendo como un río, deseos ocultos cambiando letras escritas en piedra - voluntad.
Un kunai atraviesa el aire justo donde su cabeza estaba hace un instante. Sakura se agacha y lanza una de sus armas. Es extremadamente difícil distinguir entre amigo y enemigo en la oscuridad de la noche. Los gritos llenan el aire, el choque y silbido de armas sonando junto a destellos de relámpago y fuego. No tiene agua para defenderse, así que mejoras sutiles de chakra y su propia habilidad con kunai tendrán que bastar.
—¿Alguna idea de contra quién luchamos? —inquiere, sus ojos desviándose hacia la posición de Tenten por un momento. No hay patrón en los ataques, y el caos de la noche es suficiente para darles un respiro.
—No. He visto todo tipo de bandas, pero muy pocos aliándose —responde la chica morena, casualmente lanzando media docena de kunai y derribando a una silueta—. Esta invasión no está bien coordinada —añade, retrocediendo hacia Sakura. Su voz sigue sonando rasposa, pero Tenten se niega a que eso le impida hablar, incluso si duele.
Es casi como si cada uno estuviera luchando por su cuenta. Pero, ¿por qué están atacándose los unos a los otros? ¿Qué ha provocado esta situación? Había una gran tensión y mucha sospecha entre los distintos grupos, puesto que todo el mundo esperaba algún tipo de traición por parte de los demás. Un simple malentendido, una pequeña pelea… podría haber sido el catalizador para una lucha a esta escala, haciendo que todo el mundo se sienta rodeado de enemigos.
Pero a decir verdad, lo probable es que hubiera espías, creando disidencia y luego caos. Sin organización o un líder, la mayoría de ninja de bajo nivel no serían capaces de reaccionar debidamente. Estarían eliminando a sus propios compañeros sin darse cuenta, en medio de la noche… Sin embargo, ninguna persona que Sakura haya visto parece saber qué pasa.
—Tiene que ser una distracción —advierte entre jadeos. Sin el sentido de la visión, los otros tienen que compensar el vacío. Hay armas volando por todas partes; Sakura no ha visto ninguna lucha tan grande y desorganizada como esta—. Tenemos que reagruparnos y salir de aquí. No creo que nadie nos siga. —Decir las palabras cuesta una cantidad muy especial de fuerza, pues su primera impresión es que Sasuke por fin ha descubierto dónde está. Cinco minutos tras el comienzo de la lucha, sin embargo, se ha dado cuenta de que nadie parece estar particularmente interesado en matarla o reducirla.
Eso significa que, o bien Sasuke quiere apartarla de los demás, o no es realmente el objetivo. Por ahora, sin embargo, evitar heridas es una prioridad. Sakura apenas puede curarse a sí misma, y menos aún a otros. Cualquier curación importante no haría más que lanzar una bengala para el Uchiha.
Lee no está mucho más allá: el ángulo de sus ataques es inesperado para la mayoría de enemigos. Incluso a pleno día, sería casi invisible en la hierba alta. Su presencia y los cuchillos de Tenten están creando un área segura a su alrededor, pues nadie quiere caer presa de kunai lanzados con precisión perfecta o un atacante que ni siquiera pueden ver.
Su posición en este sitio tampoco es una coincidencia: Sakura está cubriendo a Shibuki, que debería estar evacuando a los civiles de Kikai. Mantener a la mayoría de oponentes lejos de la pequeña aldea pareció una buena idea, al menos mientras la situación es evaluada. La pelirrosa no ha visto al hombre en un buen rato, pero confía en su habilidad para librarse de sus atacantes. La mayoría de shinobi que acabaron aquí eran refugiados, así que Shibuki debería de estar a salvo. Misho y Maru deberían de estar a salvo, también.
La voz de un hombre se alza hacia el cielo cerca de ellos, y los ojos de Sakura siguen la bola de fuego que asciende desde el suelo, mucho más alta que nada en la isla. Y entonces golpea algo sólido y explota. Sakura entorna los ojos, concentrándose, pero la luz es suficiente para dibujar el contorno de algo enorme. ¿Es eso una señal?
—¿Qué demonios es eso? —Los ojos de la pelirrosa se abren, descubriendo una silueta alargada y ciclópea, dibujada contra las estrellas, alzándose por encima de todo lo demás. No ha sido la primera en verla: las luchas están calmándose, mientras que un chirrido antinatural llena el aire, atrayendo cientos de miradas hacia arriba. Hielo contra hielo, a presiones imposibles. Una estrella de color azul pálido brilla sobre sus cabezas.
El tiempo se congela. La memoria de un Bijū cargando un ataque le llenan la mente, el brillo de la esfera iluminando el interior de una boca reptiliana, llena de dientes tan grandes como árboles pequeños. Y a su alrededor, la cabeza de una criatura que debería de pertenecer a un mito: Sakura reconoce la piel turquesa y reluciente; los bigotes largos que cuelgan por encima de la boca, el enorme cuello que se alza desde el mar y se pierde en la oscuridad.
Lo que le llama la atención, medio segundo antes de que el monstruo lance su ataque, es el brillo lavanda de sus ojos.
Sasuke tiene un aspecto asesino, lo cual es bastante notable (al menos, en opinión de "su" Sakura). A ella no parece importarle mucho que tal furia esté dirigida hacia su persona, limitándose a apoyar una mano contra su cadera y sonriéndole. Es cierto: no tiene nada que temer. Él no puede hacerle daño. Pero no es ese el objetivo de sus particularmente ácidas palabras, ni lo es el hecho de que acaba de matar a la única persona que podría haberse convertido en "Hokage".
—Si fue derrotada tan fácilmente, es que no era lo suficientemente buena, ¿no? —insiste ella, chasqueando la lengua. Esa no fue la razón por la que Hanabi está muerta, ni de lejos. Era sólo una niña; y con o sin todo su potencial, no tenía oportunidad alguna si alguien del calibre de Sasuke fuera contra ella—. Además, seguro que trae de vuelta memorias —continúa, balanceándose sobre las puntas de los pies, sangre acumulándose alrededor de sus sandalias.
El último de los Uchiha no es un hombre que use palabras sin razón; y casi cualquier interacción con la aparición podría contar como tal. Se arrodilla junto al cuerpo, que aunque no esté tan destrozado como los otros, está en un estado suficiente como para que apriete los labios firmemente. Está trayendo memorias muy antiguas a la superficie de sus pensamientos, ira buyendo en su estómago y alzándose a través de su garganta como bilis.
—La mataste porque ella lo sabía —se limita a decir, su voz sin emociones pero tensa. Alza la mirada hacia el clon, cuya mirada es burlona.
—Sip. Querías estar solo, ¿no es así? Sólo estoy ayudando a un pobre debilucho —explica Sakura—. Sólo soy así de fuerte porque tu deseo es tan fuerte, Sasuke querido. Mis acciones siguen estando limitadas por tus deseos; y cuanta más rienda des a tus emociones, más poder tendré. Si no puedes mantenerlas bajo control, yo lo haré. ¡Pensaba que no tendría que explicarlo! —se queja ella, cruzando los brazos sobre el pecho y apartando la mirada, murmurando algo que suena como un insulto a su inteligencia.
Y entonces la pequeña, frágil, presuntamente-muerta Hanabi gime.
Es necesaria la destrucción de gran parte de la isla, cortesía de la serpiente marina, para que los shinobi se miren unos a otros y comprendan que han estado luchando contra el enemigo equivocado. La tensión entre los distintos grupos de shinobi los empuja a acusarse de causar el ataque otra vez, efectivamente logrando una lucha interna además de contra la serpiente. El monstruo ataca indiscriminadamente, diezmando sus fuerzas por docenas cada vez que se pone a la ofensiva. Para cuando logran entender que no es culpa de nadie, sus fuerzas se han reducido a casi nada.
Sakura logra recoger suficiente información como para confirmar que el avistamiento de la criatura es lo que empezó el conflicto. Y que nada, nada que nadie pueda hacer parece ser capaz de siquiera dañarla. Los pocos usuarios del rayo que quedan han estado intentando freír a la serpiente en conjunto, pero parece que sin importar lo que intenten, a la criatura le da igual.
Una y otra vez, todo lo que hace es mantenerse por encima de ellos, y cargar una nueva esfera de hielo infundida con chakra. Sakura ha contado: el monstruo tarda un minuto y cuarenta y dos segundos en hacerlo. No se cansa, ni se debilita, o tarda más a cada nueva vez. La mayor parte de la isla ha sido cubierta por una gruesa capa de residuos de los ataques: todo lo que las esferas tocan estalla en forma de lanzas de hielo. Personas, plantas, el suelo… no importa. Hace tanto frío que podría nevar, y ningún sitio es seguro.
Sólo rapidez, reflejos ninja y aguante determinan quién vive, simplemente a base de moverse fuera de la línea de fuego a tiempo. La serpiente, que Sakura está casi segura corresponde a una versión de la vida real de Bakunawa, está deliberadamente previniendo que corran. Grandes olas se abalanzan sobre la tierra desde todos lados, y la chica no puede evitar preguntarse si alguien ha logrado escapar. El plan era mantener a los civiles lejos, pero, ¿reaccionaron a tiempo?
—Creo que está yendo a por nosotros —susurra Tenten, sus ojos siguiendo el brillo azul a muchos metros sobre sus cabezas, creciendo por segundos. No dice nada más, pero Sakura lo considera: han tenido que esquivar todos y cada uno de los ataques. Cada esfera estaba peligrosamente cerca de ellos, pero siempre lo suficientemente lejos como para que pudieran apartarse—. Si es la misma cosa que atacó al Tres Colas, podría estar persiguiéndolo todavía —añade, deduciendo que Sakura está llegando a las mismas conclusiones que ella.
El Bakunawa está jugando con ellos. Destruir el contenedor del Bijū podría, potencialmente, causar que la Bestia se desintegre finalmente, o… ¡está atrasándolos! La sorpresa de Sakura hace que abra los ojos en demasía, su mirada centrada en los iris de color lavanda que parecen estar colgando de las mismas nubes. Como si estuvieran mirándola directamente, y sólo a ella; con una intensidad que envía un escalofrío familiar a través de su cuerpo. Es casi suficiente como para que se olvide de esquivar por completo.
—¡Los ojos! grita Sakura, desde el otro lado de la esfera de hielo que ha sido arrojada hacia la isla; la bola choca contra el suelo, cavando una línea que se llena de hielo de inmediato, y acaba chocando contra una pequeña colina, haciéndola estallar. Tenten está fuera de vista por un momento, pero el mensaje está claro: un instante después, una pequeña sombra se alza hacia el brillo lavanda de los ojos de la serpiente.
Ni modo. Si no fuera por el vago movimiento para esquivar del Bakunawa, el kunai explosivo de Tenten le habría dado justo en el ojo. Ahora no es momento de maravillarse, sin embargo, de las habilidades de la morena. La luz añadida de la explosión fue suficiente como para ver las desvaídas líneas negras dibujadas sobre los irises originales de la serpiente. ¡Rinnegan!
Sasuke ha visto suficiente miedo en los ojos de otras personas, como para reconocerlo incluso si éstas tratan de ocultarlo. Esto está mucho más cercano al terror abyecto que vio en los ojos de Sakura; aunque por una razón mucho menos poderosa. Y parece crecer como una bola de nieve, desde ese momento: Hanabi entiende lo suficiente como para comprender cómo funcionan las posiciones de poder, y que si haces lo que deberías o sigues las órdenes de tus superiores, deberías de estar a salvo. Deber y honor: lenguajes que ella conoce bien.
Lo que nunca ha afrontado personalmente es el miedo de que, haga lo que haga, no está a salvo. Sasuke sabe que Hanabi ha visto a su hermana mayor fallando muchas veces, no logrando alcanzar los requerimientos y siendo castigada de vuelta. De hecho, la explotación de este miedo interno hizo mucho más fácil obtener su obediencia. Su padre ya había construido una lista de reglas que ella obedece por puro instinto. Muy al contrario de los rumores que han estado circulando últimamente, sus intereses no podrían estar más lejos del sexo.
Konoha necesita una cara bonita y oficial para hacer la parte visible del trabajo: alguien leal a él, que sea lo suficientemente fuerte como para ser Hokage. Sasuke nunca quiso mantenerse fuera de las sombras por mucho tiempo; una vez las Naciones estuvieran bajo control, podría encargarse de su vigilancia desde la oscuridad. Sin embargo, sus opciones eran limitadas: la mayoría de ninja que podrían haber estado cualificados han muerto (por su propia mano, además). El resto lo odian y preferirían morir a aceptar.
Y Hanabi estaba justo ahí: un rey a su disposición, que también tenía conexiones a los rebeldes potenciales. Lo suficientemente joven como para ser transformada en algo más conveniente, con un talento más allá de su edad y uno de los mejores kekkei genkai de la historia. Parecía lógico que ganarse su favor y lealtad era prioridad. Este plan habría costado años, pero eso no era problema.
Todo eso salió volando por la ventana cuando, por razones poco aparentes, intentó matarla. Sería estúpido decir que Hanabi confiaba en él: pero ella sí se fiaba de las reglas explícitas e implícitas que prevendrían su muerte. Había un nivel de entendimiento decente entre ellos, y Hanabi se había sentido lo suficientemente cómoda como para compartir información. Sobre todo sobre su vida, a veces comentarios casuales: no es que obtuviera mucha respuesta, pero ha pasado tanto tiempo sin contacto con otros seres humanos… Era cuestión de tiempo que comenzara a apoyarse en él.
—Fue mientras estaba sonámbulo —explica, sin molestarse en sentarse en la silla junto a la cama. Hanabi ha juntado las manos y aprieta un poco demasiado fuerte—. No importa lo que te dijera, no era yo quien hablaba. No tengo intención de matarte.
—Dijiste que era una prueba, lord Hokage —musita Hanabi. Su voz joven y suave no tiembla; pero suena estresada de todos modos. Ella no tiene que decir nada más, Sasuke puede recordar más o menos claramente lo que pasó a continuación. El clon de Sakura tomó control de su cuerpo mientras él dormía, y decidió que era su trabajo arreglar los puntos débiles del plan. Hanabi no estaba esperando una cantidad tan abrumadora de instinto asesino. No tenía oportunidad alguna, y ahora cualquier tipo de confianza que tuviera se ha desvanecido.
Sólo hay dos opciones: el plan de Sakura fue matar a Hanabi, pero su control no fue lo suficientemente bueno, y el estado de frenesí en que puso a Sasuke hizo difícil matar a alguien a sangre fría (parecido a lo que sucedió durante la guerra); o es que ella tiene el control, lo cual es alarmante de muchas maneras distintas, pero se limitó a tratar de destruir a la heredera Hyūga. De un modo u otro, ha fastidiado su plan.
Sasuke se da la vuelta para irse, pensando en lo que debería de hacer con ella: como prisionera, Hanabi sigue siendo útil, pero sin noticias de ella es probable que Konoha piense que está muerta. Sin embargo, si no va a aprender de él más, si el daño a su confianza es irreparable, no puede dejarla ir. Si hay transgresiones, sacrificarla como mensaje podría funcionar, pero además de eso…
—Sé que fue ella. —Incluso para sus sentidos ninja, el susurro es apenas audible, sacándolo de sus pensamientos con mucha más dureza que las palabras que contiene. Se detiene bajo el marco de la puerta, presintiendo que eso no es todo. Hay un gran pero—. Pero… a pesar del uso de mi Byakugan, no pude sentir nada más que tu alma dentro de tu cuerpo, lord Hokage.
Hanabi se detiene, boqueando con sorpresa, aplastada contra el colchón por la cantidad abrumante de instinto asesino que se desata en Sasuke. Él no está seguro de qué lo impresiona más: si es su estupidez o valor, puesto que Hanabi se fuerza a respirar hondamente y proseguir.
—¡Sí había! —chilla ella, su resolución manteniéndose firme aunque su voz se esté quedando sin fuerzas. Sasuke se vuelve, dos ojos de distintos colores haciendo que Hanabi se quede helada en el sitio—. Antes- cuando viniste aquí, lord Hokage. Era como si… como si hubiera restos de otras almas encima de la tuya. Los miembros de mi clan también lo vieron. Cientos. —El instinto asesino se reduce poco a poco, dificultosamente, y Hanabi suelta un suspiro que no sabía que estaba conteniendo.
—Descríbelo. —Su voz es tan plana como le es posible, pero hay ira acumulada colándose en cada palabra, como veneno. Nadie que esté mentalmente sano consideraría siquiera la posibilidad de negarle la respuesta. Ante el abrumado silencio que recibe como respuesta, Sasuke hace una mueca—. ¿Qué viste? —Justo al borde de gritar, lo suficiente como para sacarla de sus ensoñaciones. O, si está planeando en resistir, obligarla a responder.
—Lo siento, pero- no lo sé, lord Hokage. Nadie ha visto algo como eso, no desde el Quinto Kazekage, y eso era… totalmente distinto. —Hanabi agacha la cabeza y centra sus ojos en sus propias manos, dejando que el largo pelo le oscurezca el rostro—. Lord Gaara tenía… un alma entera, en su arena. Pero el chakra era casi todo suyo. Lord Hokage, lo que tú tenías… es como si a ti te faltara chakra, y fragmentos del chakra de otras personas se hubiera quedado atrapado en los agujeros —Hanabi prosigue, haciendo una pequeña mueca, como si todavía no comprendiera la imagen del todo bien—. El alma del Kazekage estaba dispuesta a estar ahí; las que tú tenías estaban empujando hacia todos lados, tratando de liberarse. Eso es… —La voz de Hanabi se acalla rápidamente, y ella cierra los ojos. Eso es lo que dijeron los otros Hyūga.
Sintiéndose poco afectado por su conflicto interno, Sasuke camina hacia el interior, sin lograr resistir el impulso de sentarse en la silla. Por alguna razón, se siente mareado y tiene náuseas. No quiere irse, pero quedarse de pie no parece una buena idea. Es casi como si puntos débiles que no conoce estuvieran siendo atacados, con cada palabra de Hanabi.
—Sospechaba que este era el caso, desde hace tiempo —admite, puesto que no hay daño o secreto alguno en ello. Konoha ya lo sabe. Sasuke hace una mueca al detectar que algunos hábitos y patrones de habla política se han colado en sus palabras, probablemente debido a todas esas reuniones—. Pero esos fantasmas han estado a mi alrededor durante meses. No ha habido cambio alguno en ellos, y como has visto, se han vuelto más fuertes.
Hanabi sacude la cabeza ligeramente, apenas logrando suprimir el impulso de contradecirlo abiertamente. Sus ojos perlados se alzan casi hasta encontrarse con los suyos, pero la chica duda. Aunque Sasuke no va a romper su promesa y matarla, ella no parece tener tanta fe en sus posibilidades.
—Se fueron, lord Hokage. Conforme pasó el tiempo, tu chakra se recuperó y purificó las imperfecciones. No sé cómo llegaron hasta ahí, pero ya no están. He visto esos fantasmas a tu alrededor… su… su chakra no es distinto. —Una manera semi sutil de decir los has creado tú o estás loco. O ambas cosas. No es que manifestaciones del estilo sean desconocidas, pero no son comunes: el usuario necesita tener mucho chakra, para poder perder tanto sin notarlo. Uso instintivo, subconsciente o no intencionado de chakra. Para que esas construcciones sean tan fuertes que pueden dominar su cuerpo, incluso si es cuando duerme…
—¿Es por eso que has estado espiando mi habitación por la noche? —inquiere Sasuke, logrando obtener una diversión retorcida al ver el respingo de Hanabi, seguida por una mueca de dolor. Ella logra deducir, sin embargo, que si él ya lo sabía y no hizo nada para castigarla, debe significar que no lo hará ahora. Reticente, asiente.
—La primera vez oí voces —justifica ella—. Y luego, gritos. Pensé que algo andaba mal. —Parece que Hanabi va a decir algo más, pero se muerde la lengua (Sasuke puede adivinar que tiene algo que ver con Sakura). Hanabi mantiene su mirada firme—. Estaba… preocupada. Ha sucedido cada noche, y ha ido a peor. Esos… fantasmas de los que hablas, lord Hokage, se están volviendo más poderosos.
—Qué espinas más afiladas que tienes, florecilla —ronronea una tercera voz, justo detrás de él. Hanabi se pone pálida de inmediato, quedándose muy tiesa, casi retrocediendo de puro pánico. Sus ojos se desenfocan un poco, como si ya no viera lo que está delante de ella. Él conoce esos ojos: detrás de ellos están reproduciéndose escenas de horror, todo lo que ella puede ver—. Pero estás muy equivocada si crees que los fantasmas no son reales.
La regla básica es que nadie puede ver a Sakura: algunas personas son capaces de percibir a los fantasmas cuando Sasuke está a punto de perder el control, pero él siempre pensó que es porque pueden sentir su aura. Incluso Hanabi pareció ser bastante ignorante del clon, excepto por la única vez en que está seguro que ella la vio. Eso, sin embargo, debe haber sido una suposición incorrecta: porque él, también, puede sentir la presencia vaga tras su espalda.
—Estoy borrosa, ¿no es cierto? —susurra ella, sus manos posándose en los hombros de Sasuke y haciendo que sienta un escalofrío. Pero no tiene aliento, incluso si está susurrando en su oído. Ninguno de sus sentidos es capaz de detectar que hay otra persona ahí—. ¿Qué pensarías, si te dijera que tu técnica salió mal y te afectó a ti también? ¿Que estabas tan débil y exhausto, cuando intentaste matarme sin éxito, que pequeños pedazos de las almas que destrozaste se pegaron a la tuya?
—Eso no es posible —responde él, pero su cuerpo está helado. No puede quitarse esas manos de encima o el horrible sentimiento de temor acumulándose en su estómago. Sus ojos están todavía mirando a los de Hanabi, cuya mirada está llena de terror abyecto. Parece demasiado asustada como para correr—. Las almas no pueden romperse. No eres real.
—Me ofendes, querido Sasuke —murmura ella, reflejando dolor real por un instante—. Eres demasiado listo como para pensar que soy la Sakura real, ¿no? No después de haberla visto. Ella y yo somos demasiado diferentes —proclama, segura de sí misma. Sus dedos dejan una sensación casi ilusoria en su piel, trazando líneas de forma ausente, como si estuviera jugando con la comida.
El corazón de Sasuke está latiendo a toda velocidad, su mente tratando de comprender, pero quedándose en blanco. Siente como si hubiera experimentado lo que sucedió cuando acabó en la mente de Sakura. Sin embargo, esto es real. Su propio cuerpo no está bajo su control. Sus ojos se abren una fracción de centímetro.
—Me inmovilizaste. —No sólo en ese momento: en todos sus sueños, nunca pudo moverse. No, podía moverse, pero no tenía control sobre sus propias acciones. Las imágenes de las masacres se repitieron una y otra vez, y fue incapaz de hacer nada. Siempre era como si fuera una marioneta, controlado por una fuerza mayor—. Tú eres quién… —Las imágenes de todas las veces que perdió el control, cegado por la rabia e incapaz de controlar su propia mente y sus pensamientos.
Un maremágnum de emociones aplastantes se sale de su control, el martilleo de su corazón creciendo hasta que se siente que le estallará en el pecho. El clon pone un dedo bajo su ojo, y arrastra una uña hacia abajo, cortando a través de la piel, rompiendo, haciendo que la sangre se deslice por su cara.
—Sigue, yo te ayudaré a llorar —murmura, con una voz sorprendentemente suave. Y él no puede moverse, no puede pensar…—. ¡Vamos! —estalle ella, hundiendo el dedo más hondo en su carne.
—Si el chakra no fue limpiado… debió haber sido absorbido —ofrece Sasuke. Su mente debería de estar en marcha a toda velocidad, pero en lugar de eso funciona de forma torpe y vaga—. Mezclándose con el mío hasta que no hay diferencia. Y… bajo mi control, al menos parcialmente. —Pero si quedaba algo de esas almas… no habrían querido estar cerca de él. Y habrían intentado liberarse, o matarlo. Cuanto más control perdiera él, más poder ganarían.
De pronto, la existencia de esta extraña Sakura y su actitud hacia él tiene sentido, de un modo horrible que es casi asfixiante. Ella se ríe en voz baja, como si entendiera- por supuesto que entiende, su veneno se ha filtrado tan hondo que es capaz de entender sus pensamientos.
—No soy nada más que todas las cosas que rechazas, querido —susurra—. Incluso tus emociones. Y especialmente porque reniegas de ellas, no harán más que crecer y crecer hasta que te devoren. Como yo. No puedes huir de ti mismo, ¿sabes?
Tiene que haber un modo de desmontarla: todo lo que esta Sakura es, en el fondo, es una construcción de chakra muy compleja que se ha salido de su control, como una invocación mal hecha. Si está hecha con su chakra, tiene que haber un modo de romper el hechizo. Requiere una fuerza que no sabía que tenía, pero se fuerza a girar la cabeza unos milímetros hacia el lado, hacia ella. Un par de brillantes ojos verdes se encuentran con los suyos, pero sigue sin haber aliento. Sasuke intenta ver: puede percibir el flujo de chakra, incluso dentro del cuerpo humano.
Pero como las otras veces, no hay nada ahí. Sólo un borrón confuso de energías retorcidas, que se siente como chakra pero no tiene vida. Comprimido y caótico, apenas tiene flujo alguno; en su lugar, el movimiento viene de pequeñas ondas y estallidos de chakra. Tardíamente, se da cuenta de que se parecen al latido de un corazón. Uno que se corresponde con el ritmo del suyo. Sasuke parpadea: ¿cuánto tiempo ha pasado mirando? Apartar la mirada es incluso más difícil que su último movimiento.
—No eres ella —murmura Sasuke, sus labios fríos y entumecidos. Céntrate, ¡céntrate! Esa cosa casi lo devoró por completo. Es hipnótico—. No sé qué eres, pero no eres Sakura. —Su mente acelera los pensamientos para encontrar una conexión, un pedazo de información que podría proveer una respuesta. Algo tan caótico como ella debería disolverse, desintegrarse o simplemente estallar. El chakra no (simplemente no puede) comportarse así libremente.
—Entonces, ¿quién soy? —incita ella, una mano con garras sujetando su barbilla y obligándolo a mirarla de nuevo. Esos ojos reflejan una cantidad impresionante de locura—. Si tú me creaste, si te odio tanto, entonces, ¿quién soy yo, querido Sasuke? —Su voz y cuerpo tiemblan, como si apenas pudiera contenerse de hacer o decir algo. Él puede sentir las vibraciones de su estado en su propia piel, vagamente.
Y entonces ella se inclina hacia adelante y lo besa. El tiempo se hiela: ahí hay algo más. Un calor fugaz, una memoria distante, un destello de cuando las cosas eran mucho más fáciles. Cuando tenía sueños y sus noches no estaban llenas de pesadillas; cuando se permitía a sí mismo soñar y desear y disfrutar las cosas de la vida. Y una pequeña sombra con pelo rosa, en medio de todo, murmurando cosas vagamente audibles sobre ir con ella y vivir.
Dolor. Dolor como nada que haya sentido jamás, y el contacto del fantasma se vuelve más borroso, su caos calmándose y los dedos casi desapareciendo. Ella se aparta, y por primera vez hay una luz extraña en sus ojos, sin malicia. Sasuke no puede hablar.
—Destrozaste mi alma —murmura ella, pero puede sentirlo más que oírlo—. Pero después de eso, nunca pudiste borrar mi marca de ti. Cuando estabas muriendo, tomaste la poca vida que yo podía darte: incluso después de que fueras tú quien me la robó.
Un destello de tropiezos, mientras se arrastraba a sí mismo a través de charcos de sangre y cuerpos rotos. Pero sus piernas no respondían; cayó al suelo, y no pudo levantarse. Sin importar cuánto lo intentara: no podía levantarse. Iba a morir.
—Pero la verdad es una cosa con tan poca certeza, que la retorciste hasta que se correspondió con lo que tú querías que fuera. Y a mí ataste todas esas cosas que no querías, y las forzaste a adoptar una forma conveniente —continúa ella—. Resentimiento por cómo fue tu salvación, y cómo fue tu perdición, y cómo nunca serías perfecto: pero sólo podías empujar hasta cierto punto. Intentando pintarlo como algo ajeno a tu verdadero yo, que sólo era una imagen que tú construiste.
Porque a veces todavía se despierta llorando, ahogado en visiones de lo que podría haber sido, y lo que no pudo hacer, y lo que hizo. Cómo de perdida la humanidad debe estar, que su única salvación estaba en sus manos, las únicas capaces de hacer lo que era debido. Y Naruto no quiso (no pudo) entender. Mentirle fue el único modo. No había nada más que pudiera hacer, sin importar lo que sintiera o quisiera.
—Sólo soy la firma de un contrato, querido. Las letras pequeñas que no leíste. La cárcel para todo lo que no quieres, luchando por la libertad. No puedes ganar: no puedes derrotarme. Sólo eres un ignorante a quien odio por intentarlo. Estás mintiéndote a ti mismo.
—¿Y qué se supone que tengo que hacer? —Sasuke quiere escupirle palabras llenas de veneno, pero la fuerza no le llega a los labios. Sus palabras son arrastradas con dificultad, se siente mareado y su visión está borrosa, desvaída—. No puedo hacer lo que quieres. Todo lo que logré con mi trabajo… —Sasuke tose, y un sabor metálico de sangre le llena la boca. Algo anda muy mal, pero no puede conectar los puntos más básicos. Todo está tan oscuro, y se siente tan frío...
Hay una lucha tras esos irises verdes: destellos de odio visceral, tan Uchiha, chocando contra algo mucho más delicado y cálido. Está luchando internamente; la falta de balance, la acumulación de positivos y negativos tratando de arreglarse en lo que debe de ser demasiado poco tiempo. Sasuke quiere encontrarlo irónico: no hay nada que pueda hacer para detenerlo. Es como si hubiera estado bajo una presión creciente y al fin caído, exhausto de chakra. Es su propia culpa, pero no tiene energía para lidiar con ello como haría normalmente.
—Un reto —decide ella, finalmente, con voz rasposa: es como si el cansancio de él también la afectara a ella—. Reconoce que existimos, y lucha contra ella para ver quién tiene la voluntad más fuerte. Y si ella gana, nos honrarás y reconocerás que somos más fuertes.
Incluso con todo su cansancio, le lanza una mirada: si alguien quiere ser reconocido, entonces deberían de hacerse visibles. El clon le da una bofetada sonora, casi mandándolo al suelo. Sasuke no puede siquiera mover sus ojos, su mirada atascándose en las sábanas que cuelgan de la cama.
—Si no lo haces, te mataré. ¿No ves que ya soy lo suficientemente fuerte como para hacerte esto? —murmura el clon, y Sasuke está casi seguro de que la voz se está volviendo distante, las sílabas pronunciadas con lentitud y dificultad, forzadas a través de los labios a base de pura voluntad. Y en este momento, entiende que ella está en lo cierto. Sakura suspira—. Crea tus propias reglas esta vez. Toda tu vida, has vivido por otros: ni un sólo centímetro de tu alma está motivado por tu propio corazón. Te han mentido, manipulado, jugado contigo y usado como una marioneta para metas que no eran tuyas. Sé que no te importa, pero si esta es una batalla de corazones… perderás.
Hay verdad en sus palabras, que portan negación sobre cómo de incorrecto se siente (para que pueda ignorar la molestia y tomar la mejor ruta para hacer lo correcto). Suspiros de cómo todo lo que hace se basa en comparar otras personas, bueno y malo. Primero fue evitar hacer cualquier cosa que Itachi haría, para ser mejor; y luego, el caos más absoluto, cuando descubrió que todo lo que sabía era falso. Y si un héroe como Itachi podría hacer todas esas cosas… también puede él. Por el bien mayor, deben de haber sacrificios. Incluso si es su propia humanidad.
Todo lo que hizo se basó en otras personas, extraño pero razonable; no querido, pero necesario. Sin embargo, alguna parte de él, la que quiso sellar y olvidar, persistió. Alentada por la voluntad de todos los que murieron, y especialmente las emociones de la persona que sigue amándolo. Se pregunta si es que ella puede entenderlo en absoluto. Si le importaría, si lo hiciera. Y la respuesta es no: Sakura es su antítesis en este sentido. Siempre dejando que estas cosas le lleguen al alma.
Aquél día: cuando todos los pilares se convirtieron en polvo y sus voluntades chocaron una vez más; ese día, la odió. Cuando ella tuvo la oportunidad de plantar cara y se negó. Lo que había sido rechazo por sus acciones y motivación en la dirección incorrecta, en medio del caos, se convirtió en disgusto. Y la habría matado (también es cierto que ella era un obstáculo), pero la oportunidad se le escapó entre los dedos. Y ella nunca lo intentó de nuevo, aparentemente resignándose a la guía de su corazón. Ilusa.
—Sabes, la gente a la que más odiamos es la que nos recuerda más a nosotros mismos.
El clon se ha movido, agachándose enfrente de él y mirándolo con esos ojos que sólo son un espejismo de los reales. Sólo hay un vago destello del espíritu verdadero de la Sakura real, su vivacidad y su estupidez sin límites. Sasuke parpadea.
—¿A quién estabas castigando, cuando fallaste el primer golpe? —Cuando trataste de matarme y no pudiste—. ¿A quién estabas intentando romper y doblegar a tu voluntad, porque no podían ser eliminados? —Hay un reflejo de triunfo en sus ojos, aunque ella parece cansada y casi como una aparición de un sueño. Sasuke abre la boca, pero no puede hablar.
Porque no hay palabras para reflejar la mano cerrada en torno a su corazón, la sorpresa que fuerza a que abra sus ojos y que su cuerpo se tense; nada que pueda describir el fuego que ve en esos ojos, mirándolo con una determinación severa. Una mezcla desparejada de dos personas muy distintas. Un escalofrío le recorre el cuerpo, y entonces pierde el balance y el mundo es devorado por la oscuridad.
—Oh… —Sakura tropieza, jadeando. El Ningyo se cierra en torno a su cuerpo duramente, mucho más tenso de lo normal, y más oscuro que el negro. Ella asume que, a estas alturas, es porque está muy cerca de desmayarse de todo tipo de agotamiento. Hay una sensación de chakra estirando de ella, como si le pidiera una energía que no tiene.
Su atención, sin embargo, recae en la serpiente marina que ha causado este caos, cuando esta comienza a caer súbitamente, dejando de moverse y volviéndose laxa. Kikai ya no existe. Cuando el monstruo cae sobre las ruinas, causando que el suelo tiemble como si hubiera un terremoto, apenas hay nada que quede en pie.
La criatura estaba determinada a acosar a su grupo: dividiendo su atención entre Sakura y Tenten. Un análisis silencioso confirmó que el Bakunawa estaba, de hecho, tras el Tres Colas… pero también tras ella. Y conforme pasaba el tiempo, comenzó a volverse más y más fiero con sus ataques. Desesperado, incluso.
El monstruo no se mueve. Sus ojos púrpura están vidriosos: de tamaño, la serpiente turquesa tiene más de cien metros de largo y es más ancha que una casa. El terreno está cubierto por hielo, la temperatura habiéndose vuelto tan gélida que parece invierno. Su poder se sentía como si fuera de otro mundo; y al verlo, Sakura puede entender por qué la gente del Agua odia a los usuarios de habilidades genéticas.
Se supone que descienden de esas bestias, que están a un nivel totalmente distinto comparado al de los humanos. En los ojos de algunos, no es mejor que jinchūriki que se multiplican, con poderes más allá de la racionalización incluso para los ninja, y aún más para pobres civiles.
—Mantente alerta —advierte Tenten, cuando Sakura se acerca. La pelirrosa asiente, sus ojos centrados en los orbes lavanda de la cabeza de la serpiente. Las líneas de tinta del Rinnegan están desvaídas, como si sólo fueran ligeramente traslucientes, dibujadas sobre los ojos originales del Bakunawa. Sakura considera acercarse un poco más para asegurarse de que está muerto de veras; entonces, el cuerpo de la bestia se estremece, ojos llenándose de vida y perdiendo sus colores lavanda.
Sakura se queda helada en el sitio por un instante, sus ojos atrapados en los de una criatura que ha vivido mucho más tiempo que nada que conozca. Una inteligencia ancestral reemplaza al antiguo brillo salvaje de esos irises. La serpiente se mueve de lado a lado, liberándose del hielo y alzándose de nuevo. Retrocede, y desaparece en la noche sin hacer un sólo chapoteo.
El Ningyo elige ese momento para lanzar un pinchazo particularmente doloroso a través de su pecho; y se cierra a su alrededor, más fuerte, más rígido, sacándole el aire de los pulmones. Sakura cae sobre sus rodillas, un coro familiar de campanas sonando en la distancia, incapaz de escapar la inconsciencia.
El prado está envuelto por una luz sombría, colores desparejados dibujando sombras extrañas en los árboles del bosque. Con cada campanada, las luces cambian ligeramente; es una idea extraña y sin base racional, pero Sakura siente que marca el ritmo de dos corazones. La chica mira hacia arriba, encontrando una luna verde y desvaída, superpuesta a un sol rojo. Hay gritos lejanos y sombras y ojos brillantes, observándola desde la oscuridad del bosque. He visto esto antes.
—¡Kai! —murmura ella, decidiendo que lo que sea que Itachi está tratando que esconder, debe de ser lo suficientemente importante como para querer verlo. Un peso etéreo desaparece de sus hombros, una opresión ligerísima retrocediendo desde el aire que la rodea- un meteorito choca contra el Monte Hokage, destrozándolo y haciendo que el suelo tiemble lo suficiente como para que algunos edificios colapsen.
Un fuego negro se alza desde el suelo, devorando la mitad de los árboles y dejando un páramo desolado tras de sí. Y sin embargo, algunos pedazos del paisaje siguen siendo de color verde, tan vivaz como siempre: las dos imágenes parecen estar luchando por el dominio, temblando a través del espacio constantemente. El olor a sangre y ceniza cambia aleatoriamente al de flores y árboles. Hay ratos que golpean árboles que nunca son afectados, y como contraste, fuego que viene de la nada devora pedazos de la hierba del prado.
La opción inteligente sería encontrar una manera de volver a su propio paisaje mental, pero Sakura comprende que ha estado en un sitio fuera de lo normal desde el principio. El genjutsu estaba simplemente cubriendo esta otra mitad de la imagen. Es la mente de él, o quizá una proyección, mezclándose con el de ella. No tiene ni idea de cómo salir, y con lo que sabe, acabar aquí suele ser la respuesta a quedarse sin chakra y ser ahogada por el Ningyo.
Y en una de esas burbujas de una realidad distinta, está sentada otra persona, abrazándose las piernas y temblando. El corazón de Sakura se acelera, y los destellos de luz verde se intensifican. Como respuesta, él alza la cabeza y mira a su alrededor desesperadamente. Sasuke tarda unos segundos en encontrar la mirada de ella con la suya, y cuando eso sucede, el tiempo parece detenerse.
Esta fue la teoría que decidió adoptar: ahora mismo desearía que fuera cualquier cosa menos eso. ¿Significa que él también se ha quedado sin chakra? ¿Significa esta situación que puede dañarla? Puede ser porque está paralizada por el miedo, o que sus pensamientos están demasiado desbocados como para poder reaccionar. El hechizo se rompe cuando él se mueve otra vez, poniéndose en pie. Un chispazo de emociones inidentificables la obliga a reaccionar, y huir. Si puede mantenerse lejos de él hasta que se despierte, tal vez tenga alguna posibilidad.
Sakura puede oírlo reír de una manera que no le gusta en absoluto; reír como nunca pensó que él era capaz de hacerlo, sonando más como las carcajadas de un loco que nada, más llenas de demencia que de humor. No suena bien, y no pertenece a su carácter usual. Sakura se pregunta si es que él por fin ha caído, y su mente malgasta unos instantes en considerar cuánto y qué cantidad de problemas esto va a traerle a ella. Si su encuentro en el campo de batalla sirve de referencia, es improbable que sobreviva.
—¿Por qué corres? —la llama, desde algún lugar por delante de ella. Maldiciendo en voz baja, Sakura ve su silueta en uno de los pedazos de su mitad del paisaje. Por supuesto. Sasuke puede hacer lo que quiera en esos lugares del espacio. Y si se trata de poder, incluso en el suyo no tiene oportunidad alguna. Sakura da un paso atrás, decidiendo mantenerse dentro de un lugar con atmósfera veraniega y más o menos estable. Un par de ojos oscuros se encuentran con los suyos desde un lugar envuelto en fuego y gritos—. ¿No sabes que no puedes huir de mí?
En algún lugar profundo de su mente, Sachi murmura algo que suena a "completamente loco", pero su voz es distante y confusa. Sakura trata de empujar los muros de su pequeño refugio, pero se niegan a expandirse. Determinada a no dejar que Sasuke la alcance, empuja toda su voluntad al propósito de mantenerlos en su sitio. Es parecido a flotar en medio del mar, con fuertes olas asolándola desde todos lados y tratando de obligarla a moverse. Como una isla, sabe que esas fuerzas irán destruyendo sus defensas poco a poco.
"Si está dispuesto a charlar en lugar de utilizar su ventaja, no voy a contrariarlo," determina ella, tragando saliva tan calladamente como puede y obligándose a apartar los ojos del rostro frente a ella. Podrían cambiar a colores mucho más peligrosos en un instante.
—¿A qué te refieres? —inquiere, maldiciendo cuando su voz tiembla de la forma más ligera. También está segura de que es más aguda de lo normal. Sakura se tensa; normalmente puede empujar las reacciones no deseadas al interior de una pequeña cajita y luego proyectarlas a través de Sachi, pero ahora mismo es más como ahogarse en ellas.
Sasuke permanece en silencio por una cantidad de tiempo que pone a prueba sus nervios, y Sakura puede sentir sus ojos evaluadores sin tener que mirar. La actitud a la que él se estaba adhiriendo antes se ha ido. Ésta, al menos, es más familiar con el Sasuke que ella conoce.
—Tenemos un vínculo —responde él, como si eso sirviera de explicación perfecta. Sakura puede casi sentir su ligera exasperación cuando, ante su silencio, él prosigue—. Un poco de ti del que no puedo liberarme, un poco de mí del que no puedes liberarte. Tu opuesto en mi lado ha insistido mucho en la futilidad de huir el uno del otro.
Eso es mucho en que pensar. Apretando los dientes, Sakura maldice su habilidad para decir tanto con tan pocas palabras; y quizá, sólo quizá, el hecho de que sin importar lo que Sasuke diga, su corazón siempre estará esperando con ansia a la siguiente palabra.
—Mi opuesto en… —Dime, querida Sakura, ¿qué sabes del amor?—. ¿Esa chica loca que se parecía a mí? —Sasuke no responde, pero tampoco lo niega. Y entonces, contra todo lo que es lógicamente eficiente, Sakura se sonroja profundamente, en un infantil deseo de que no se acuerde de eso. La pelirrosa sacude la cabeza, descartando más que las palabras de él con el gesto—. Pensé que estaba alucinando.
—Ha estado atormentándome durante meses —comenta Sasuke, de forma mucho más casual de lo que debería sonar—. Y estoy seguro de que te he hecho lo mismo. —Al contrario de lo que debería hacer, Sakura alza la mirada, sorprendida; esos ojos oscuros parecen estar recorriendo su piel. Y ahí, ella puede ver las líneas de color negro puro, a causa del Ningyo. ¿Visibles debido a la mezcla del paisaje en que se encuentran, quizá? Los ojos de Sasuke siguen teniendo un color normal, así que se atreve a mirar: hay un destello de triunfo en ellos. ¡Acaba de darle la confirmación, maldición!
—¿Qué quieres? —Sakura se obliga a decir, cerrando los puños tanto que, si este fuera el mundo real, probablemente sangrarían. Sintiendo en nudo de su garganta aflojarse, continúa con lo que había estado pensando, pero no diciendo—. No entiendo por qué estás haciendo esto —añade, brazos en movimiento para abarcar sus alrededores. Sasuke parece estar perfectamente tranquilo, y aún si se jugara la vida en ello, Sakura sería incapaz de saber en qué piensa.
—Quiero saber si ella estaba en lo cierto, cuando dijo que no te rendirás. —Un temblor involuntario recorre su cuerpo, de cabeza a pies. Puede sentir esos ojos sobre sí, y no le gusta la sensación en absoluto.
—¿Y qué? No puedo ganarte en una lucha, ¡pero eso no significa que vaya a tirar la toalla! —exclama ella, decidiendo falsear seguridad y apuntándolo con un dedo acusador. Su voz interna la anima; Sasuke tarda un instante en, aparentemente, teletransportarse al espacio frente a ella, viendo lo que Sakura acaba de comprender: su mano está fuera de la burbuja de protección que ha creado. Apenas tiene tiempo de abrir los ojos ligeramente; él la agarra y tira.
El débil equilibrio en la superfície de la barrera se rompe, y con un chapoteo de espacio y ondas de realidades mezcladas, Sakura cae a su lado. Ya no puede moverse; o bien, debería de ser capaz de hacerlo, pero hay un peso aplastante manteniéndola contra el suelo. Sus rodillas han cedido bajo ella, y sus piernas están fuera de su control, mientras intenta ponerse en pie desesperadamente. Una mano invisible se cierra en torno a su corazón, un poco demasiado fuerte.
—Debería matarte —murmura Sasuke, en algún lugar lejos de ella. Y con esas dos palabras logra expresar una enorme desilusión. ¿Qué esperaba? Sakura no es una persona débil, no es que él negara eso, pero, ¿qué esperaba? No está remotamente cerca de su nivel. La lucha estaba decidida antes de empezar, y él debería haberlo sabido.
Tal vez no es eso. ¿Qué podría él haber estado buscando? Sasuke no mira a la gente de ese modo, apenas se da cuenta de que existen a menos que sean alguien a quien sobrepasar o un obstáculo a conquistar. Así que, ¿de qué se trata?
—Ahora puedo verlo, pero, ¿vale la pena? —musita él, aunque suena como si no hablara con ella—. No tiene los poderes del Sabio, ni límite sanguíneo. ¿Cómo podría esto ser un reto en absoluto?
—¡Vete al infierno! —Sakura está casi segura de que esta es Sachi hablando por ella. Esté o no en una charla consigo mismo o una tercera persona en su mente, Sakura está siendo evaluada con una eficiencia gélida que la está poniendo furiosa—. No todo depende del poder —logra articular, rompiendo a través de la opresión con la ayuda de su ira.
—Tal vez, pero el poder es lo que usas para decidir batallas —responde él, agachándose frente a ella. Sus ojos están a la misma altura; al contrario de lo que ella esperaría, hay algo revolviéndose tras esos iris oscuros. Sakura no sabe qué, sin embargo—. Mi plan era desafiarte, para ver quién tiene la voluntad más fuerte —añade, sin ceremonias. La intensidad del fuego en sus ojos está haciéndola sentir muy incómoda—. Pero no puedo hacer eso si no eres lo suficientemente fuerte.
Sasuke parece estar pensando en algo, considerando, comparando opciones. Sus ojos se abren ligeramente, por un instante, y entonces sacude la cabeza.
—He sido informado de que el odio no servirá de motivación, pero, ¿son tus otras emociones suficiente?
Sakura aprieta los dientes y trata de asentir, pero es casi imposible. Es su turno para mirarlo de la forma más fiera que puede lograr ; Sasuke sigue observándola atentamente, evaluando.
—¿Lo son? —insiste, desenfundando su espada y manteniendo la fría hoja contra la garganta de Sakura. Empujando lo suficiente como para hacerla sentir que, si se mueve una fracción de centímetro, cortará su piel. Por un instante, su mente se llena de memorias de un tiempo distinto, en una situación similar; y los pensamientos ardientes y acumulados que llenan su mente se alzan.
Sus miembros tiemblan, y si no comprendiera mejor, pensaría que el aire a su alrededor está moviéndose en ondas. La trampa de Sasuke tiene truco: normalmente, la gente no se mueve cuando sujetas una espada contra su cuello. Pero el movimiento parece querer instigar lo contrario, y por un momento puede comprender la pregunta real: ¿son suficiente como para que te muevas, incluso si arriesgas tu vida, incluso si crees que no ganarás?
—¡SÍ! —estalla Sakura, y al principio todo lo que puede hacer es empujarse a sí misma hacia atrás, lejos de la hoja. No, ¡no es suficiente! Lo intenta de nuevo, y cae hacia atrás debido a la fuerza del impulso. El cielo de color rojo sangre recibe su mirada, entre las ramas quemadas de los árboles de Konoha. Las memorias de cientos de sus días y cientos de personas muertas se deslizan frente a sus ojos. Sakura muerde sus labios lo suficientemente fuerte como para atravesarlos, y sangre y dolor y libertad se liberan.
Le cuesta cada milímetro de su fuerza, pero pone las palmas de las manos en el suelo y alza su mitad superior. Con los ojos cerrados en concentración, se centra en el flujo de chakra dentro de su cuerpo; es difícil hacerlo con el Ningyo, pero sigue pudiendo mejorar su propio movimiento y perturbar la presión que la ahoga. Es sobre todo energía espiritual, pero puede lidiar con ella. Es similar a manipular agua o usar súper fuerza, incluso si se siente como si su cuerpo fuera a estallar de la presión. El Ningyo se cierra en torno a ella como una advertencia, casi haciéndola caer.
Sakura se siente muy tentada de ponerse en pie con ayuda de uno de los árboles quemados, pero no lo hace. ¿Sasuke quiere un show? Pues lo va a obtener. Sobre sus pies inseguros, Sakura lucha contra la presión que amenaza a inmovilizarla. Cada movimiento requiere una cantidad brutal de chakra, muy delicadamente, pero ahora es mucho más fácil. Desafiante, le devuelve la mirada.
—¿Suficientemente bueno para ti? —musita Sakura, escupiendo sangre que no puede venir sólo de su labio mordido. Sakura siente la necesidad de burlarse mentalmente: ha pasado meses lidiando con la constricción abrumante del Ningyo, con gritos y fantasmas, con emociones y pensamientos que no son suyos. Y siempre empujando contra ellos para ser capaz de cumplir su objetivo. Un poco de fuerza bruta no va a lograr obligarla a rendirse.
Sasuke alza las cejas ligeramente; no se ha movido de su sitio, no se ha molestado en alzarse. Debería de ser insultante, pero si es algo que le da una oportunidad mayor de salir de aquí con vida, Sakura no se va a quejar demasiado.
—Hombres y mujeres se han desmoronado sólo por estar bajo esa presión —comenta él; y ahora, Sakura puede entender su ligera sorpresa. Es casi como si estuviera… ¿impresionado? Su yo interior está danzando alegremente ante esta idea y haberse liberado, pero se fuerza a sí misma a mantenerse centrada.
—Ni modo me voy a rendir, prefiero morir luchando —musita Sakura. Con algo parecido a una sonrisa amarga, añada—: ya estoy rota, ¿no comprendes? Va a costarte un poco más acabar el trabajo.
Su voz interna musita algo de no darle tentaciones al diablo, pero la pelirrosa las ignora. Ahora mismo, no puede ser débil; o, más acertadamente, no puede dejar que Sasuke piense que es débil. El silencio se extiende por demasiado tiempo, tanto que ella casi considera si el Uchiha ha empleado un genjutsu sobre ella. Sasuke no se mueve un centímetro, no parpadea, sus ojos estudiándola, aparentemente adentrándose en su alma.
—Ya me has retado, así que esto sólo sería una aceptación formal —dice, al fin poniéndose en pie y sí, por fin ha guardado la espada. Sakura aprieta los dientes, porque ahora no es momento de verse reducida a pedazos pequeños y desconectados—. Si quieres ganar, sin embargo, tendrás que ir contra mí con la intención de matar.
No acaba de hacer una broma. ¿Qué clase de individuo enfermo y retorcido está frente a ella ahora mismo? En su defensa, es probable que Sasuke haya estado al borde de la locura por mucho tiempo. Sakura supone que tiene sentido que esté un poco inestable. ¡Deja de pensar en estupideces!
—¿Y no intentarás matarme porque moriría? —inquiere Sakura, ligeramente irritada ante la condescendencia de la idea. Un día, cambiaré eso. Tal vez tener un poco de Naruto dentro de sí ha cambiado cómo lidia con algunas cosas…
—Hn. —Sasuke se limita a asentir, y eso es suficiente como para que quiera darle un puñetazo. ¡Grandísimo engreído! Pero una parte más racional, comprensiva y, sobre todo, centrada en la supervivencia, decide que es cierto. Y además, le dará una ventaja al empezar.
—¿..Por qué? —farfulla Sakura. Sus pensamientos, emociones y reacciones están yendo por direcciones distintas. Maldita sea una mente que está fragmentada e incompleta, al menos técnicamente. Y el modo en que la mira, como diciendo creo que eres lo suficientemente lista como para saberlo sin mi ayuda, hace que quiera darle un puñetazo otra vez. Sakura piensa que no responderá, lo cuál estaría dentro de los límites normales de su carácter en estas circunstancias, pero él por fin habla con una brusquedad que hace que de un pequeño saltito.
—Quiero saber quién está en lo cierto. —De pronto, la imagen de Naruto le viene a la mente: vivaz, determinado, asesinado por este hombre por la misma razón. Por qué se niega a hacer lo mismo con Sakura es algo que ella no puede comprender. No parece que sea lo suyo y es sólo otra de esas cosas extrañas en su comportamiento, que sobresalen por encima del resto como un árbol en el desierto.
¿Qué ha estado mi otro yo haciéndole, para cambiarlo tanto?
Sasuke alza la mirada, y también lo hace ella: el eclipse está llegando a su fin. El caos que ha reinado en el aire a su alrededor parece estar calmándose. La confluencia que los unió está acabando. Y con ella, los pesos sobre Sakura parecen volverse más centrados y menos caóticos. Es como si su propia energía, incluso sus pensamientos, pudiera fluir más limpiamente. Una avalancha de preguntas se apila al borde de sus labios y la punta de su lengua.
El Uchiha se vuelve como si se fuera a irse, su figura volviéndose ligeramente translúcida y su voz volviéndose distante. Sakura se percata, no sin sorpresa, que su propio paisaje mental parece estar desvaneciéndose ligeramente.
—...Puedes quedarte hasta que te recuperes —añade Sasuke, como si fuera un pensamiento súbito, sin darse la vuelta. Qué. Si Sasuke Uchiha tiene un segundo nombre, definitivamente no es "caridad"—. Has sufrido exhausción de chakra debido a mí, así que hasta que tus reservas se recuperen, no puedes salir —añade, como si pudiera leer sus pensamientos.
—Genial —musita ella, apretando los labios hasta formar una línea. Sólo porque él no parezca interesado en atacar, no significa que esté cómoda con la idea de estar atrapada aquí. Sasuke se ha ido un instante después, y tras eso la imagen del paisaje destruido comienza a receder hasta la que ella conoce bien.
Sakura se obliga a mantenerse alerta y móvil, caminando de vuelta a su paisaje mental tan rápido como su cuerpo le permite. Una vez esté sana y salva, entonces tendrá tiempo de pensar en las implicaciones y significado de lo que acaba de suceder.
Acabo de hacer un pacto con el diablo...
Nota: espero que lo hayáis disfrutado y que haya valido la pena el retraso. Debido al cansancio experimentado al traducir, es posible que haya palabras "mal" traducidas - intentaré corregirlas, pero si veis alguna no dudéis en decirlo.
