ADVERTENCIA: ESCENA LEMON.
Viernes. Base Macross
Lisa Hayes encontró quien podía cubrir el puesto de Salvatti. Reconoció que el incidente de la clavija de meses atrás puso de manifiesto que un solo ingeniero de sistemas era insuficiente, así que seleccionó a dos personas. Así se lo hizo saber al almirante Gloval quien aceptó complacido la idea de su Primer Oficial.
En cuanto tuvieron descanso, Lisa le expresó a Claudia lo tremendamente nerviosa que se sentía por su cita de la noche. Su gran amiga y consejera solamente atinó a decir "Saca a la mujer en ti y lo demás vendrá solo".
Miriya y Nicté realizaron su acostumbrado patrullaje. Las Conejitas seguían comentando lo de los asesinatos. Infortunadamente, se dio otro. Esta vez en Monumento, la asistente del jefe de la base, la sargento primera Carol Baker.
1600. Regreso del convoy
El transporte espacial regresó con bien a la base Macross. Cuatro pilotos ansiaban estar con las mujeres de su corazón. Antes de verlas pasaron a las duchas.
—Haré el reporte y se lo llevaré a Lisa. Y de paso, veo a mi morenita —declaró Roy Focker terminándose de enjuagar.
—Mejor lo llevo yo, Gran Cacique y veo a mi capitana Hayes —propuso Tony—. Pásame el jabón, Max.
—El que está a cargo soy yo, Arce. ¿Cómo ves?
—Bueno, bueno, ¿qué te parece si ambos lo llevamos?
—Oigan, nosotros también queremos ir —afirmó Rick. Todavía le quedaban restos de espuma en el cuerpo.
—¿Y ustedes por qué? —Tony no entendió.
—La única manera de ver a Nicté y Mir es por la tacnet, por eso —aclaró Max quien le aventó el jabón a Tony.
Finalmente, Roy fue a dejar el reporte, mientras los otros tres fueron a la cafetería, pues traían el hambre atrasada. Tony sacó su celular para enviar un SMS.
T: Hola, ¿lista para dentro de unas horas?
L: ¡Tony! ¿Estás seguro de salir esta noche?
T: Claro, solamente habrá unos cambios. Te veo a las 1900.
L: Estaré lista.
—¿Con quién te mensajeas? Traes cara de idiota —Rick sabía perfectamente de quién se trataba.
—Una cita.
—¿Quién es la afortunada?
—Se dice el pecado, no el pecador, Max.
En eso, Roy se les unió en la mesa con su charola.
—¿Sí o no, Roy, que Tony anda con cara de idiota desde que dejamos el satélite?
—Allá tú, Arce. Ya ves lo que te pasó por audaz con Lisa. No le busques tres pies al gato.
—Yo no dije quién es.
—Después del baile, los otros pilotos te consideran un héroe por robarte un beso de Lisa Hayes.
—Dirás piloto suicida.
—¡Cállate, Rick! Lo vas acobardar.
Tony nomás rio de las tonterías que decían Rick y Roy. Se dedicó a comer tranquilamente. Ésa era su noche y nada la arruinaría.
—¡Diablos! Mir está por regresar. Iré por Dana —Max se levantó para dirigirse a la salida.
Fue cuando sonó el celular de Rick Hunter.
L: Ven a mi oficina. Necesito hablar contigo.
¿Y ahora qué querrá Lisa? Conque no sea otra de sus "medidas disciplinarias".
—¡Chicos! Los veo en un rato. Si ven a Nicté, díganle que me espere, ¿si?
Misma hora. En el cielo
—Delta 1 a Bermellón 3 y Bermellón 4, contesten.
—Aquí Bermellón 3, ¿qué sucede?
—Ave espacial llegó. Cambio y fuera.
Miriya se comunicó con Nicté por canal privado.
—¿Escuchaste? Ya regresaron. Ansío ver a Max.
—Y yo a Rick. Espero les haya ido bien.
—Dana ha extrañado mucho a su papá. Cuando lo busca por la casa dice "¿Pá? ¿Pá? Y luego se suelta a llorar.
—¡Pequeña! Max ha de estar igual o más. Sigamos, ya nos falta poco.
Tiempo después, el escuadrón Bermellón aterrizó. Miriya saltó rápidamente de su varitech para ir a cambiarse. Nicté Andrade corrió para alcanzarla.
—¿Qué sucede, Miriya?
—Debo ir por Dana. Max de seguro ha de estar comiendo. Necesito que me hagas un favor.
—Tú dirás.
—Haz el reporte de la patrulla y se lo entregas a Lisa en su oficina.
—Sí, despreocúpate. ¡Suerte, te veo mañana!
Oficina de la capitana Hayes
—Capitán Hunter reportándose —haciendo el saludo militar.
—Descanse. No te hice venir por un asunto de la base.
—¿Entonces?
—Algo personal. Un asunto de pareja.
—Ya te dije que no pienso terminar mi relación con Nicté Andrade.
—No es eso, Rick —Lisa se acercó lentamente con las manos unidas sobre el pecho y mirándolo a los ojos. Esos ojos azules que por tanto tiempo fueron su adoración—. Perdóname —bajó la cabeza—. Cometí muchos errores en nuestra relación. Lo último que te dije en nuestra última cita y en el baile fue espantoso. Me avergüenzo por lo que te hice.
—¡Lisa!
—Pusiste todo de tu parte. Hiciste una entrega total que no pude ni supe corresponder.
—¡Es increíble! —dándole la espalda—. ¿Sabes cuánto me heriste con tus palabras? Llegué a creérmelas del todo. ¿Por qué lo hiciste? Yo no merecía tanta crueldad.
—Fue por lo de Karl y también por Minmei.
—¿Todavía sigues con lo de Karl y Minmei? —volviéndose hacia ella rodando los ojos.
—Déjame terminar. Quise que Karl viviera nuevamente en ti. Después de mucho, entendí que no puedo controlar todo a mi alrededor, incluyendo a las personas. Cada quien es como es y tengo que aceptar la realidad. Me guste o no.
Por otra parte, temí que regresaras con Minmei y preferí herirte primero antes que tú lo hicieras.
—¿Qué te hizo cambiar de esta manera?
—Muchas cosas me quitaron el velo de los ojos —levantó sus dulces ojos verdes—. ¿Amas a Nicté Andrade?
—Como no tienes idea.
—Espero que ella te dé la felicidad que yo no pude darte, Rick. Te mereces lo mejor.
Rick se quedó callado unos instantes, antes de seguir. Lisa bajó la vista esperando lo peor.
—Me alegro por ti, Lisa. Yo… te perdono —tomándola de los hombros y Lisa subió la mirada—. No soy rencoroso. Te he echado de menos como mi amiga. Gracias a ti, he madurado como líder de escuadrón y como persona. ¿Amigos otra vez? —tendiéndole la mano.
—¡Sí, Rick! —estrechando su mano con la de él—. También te hice venir para otra cosa. Necesito tu ayuda.
Nicté se dirigía a entregar el reporte de patrulla. Al llegar al pasillo, completamente desierto, vio salir a Rick de la oficina de Lisa. Se alegró mucho. Sin embargo esa sonrisa se borró al ver como Lisa le daba un afectuoso abrazo. Ambos permanecieron así bastante rato. ¿Rick y Lisa? A ver, respira profundo. Uno, dos, tres. Vuelve a ver. ¡No es posible! ¡SE ESTÁN BESANDO! ¡ESTO LO ARREGLO YA!
La joven se acercó sigilosamente al verlos separarse muy sonrientes.
—Capitana Hayes, capitán Hunter —saludó a sus superiores con voz inexpresiva. Ambos le devolvieron el saludo.
—Descanse teniente —afirmó Lisa.
—El reporte de la patrulla de hoy, capitana.
—¿La teniente Parina no es la responsable del escuadrón? —Rick quería aclarar su duda. A Lisa—. Déjame verlo —y la capitana se lo tendió.
—Lo es, señor. Me ordenó redactar y entregar el reporte en lo que arreglaba un asunto familiar extremadamente importante.
—Muy bien, teniente. Hizo un buen esfuerzo —después de hojearlo, le guiñó discretamente un ojo consiguiendo una mirada inexpresiva.
—Capitana, permiso para hablar con usted —solicitó Nicté Andrade con aire marcial.
—Adelante, teniente —invitándola a pasar a su oficina. A Rick—. Entonces te veo en mi casa —Lisa le guiñó un ojo a Rick.
Fue cuando una chispa se encendió en el interior de Nicté Andrade. ¡AL CARAJO!
—No en su oficina. En el exterior.
—¿En el exterior, teniente?
—Es privado, señora. Hay "escuchas indeseables".
—Su petición es extraña. Vamos —Lisa volteó a ver a Rick. Ambos estaban confundidos.
—Teniente, ¿se encuentra en bien?
—Perfectamente, señor —Nicté apretó los nudillos hasta que se le volvieron blancos.
—¡Está furiosa! ¿Qué pudo haber…? —el líder Bermellón buscó en su mente hasta que entendió que solamente había una cosa para que su novia se pusiera así—. ¡Oh no! ¡Lisa, no vayas!
—Capitán Hunter, le pido que no se involucre, por favor. Es un asunto estrictamente personal —la voz de Nicté Andrade adquirió un tono completamente desconocido para ambos—. Sígame, capitana. Conozco el sitio adecuado.
La piloto del Bermellón 4 caminó con un ritmo más intenso que con Minmei. Bajaron por el ascensor. Rick se mantenía expectante por si algo sucedía entre ellas y se fue por las escaleras.
Al llegar a la planta baja, las dos oficiales se toparon con Roy y Claudia, la familia Sterling y Tony.
—Hermanita, nec… —la respuesta de la piloto fue una mirada que Tony reconoció a la perfección. Al ver a Rick bajar corriendo las escaleras, lo detuvo.
—¿Qué le hiciste, pana? Nic parece el mismísimo Satanás escapó del infierno.
—¡Por Dios, no le hice nada, Tony! Tienes que creerme. Nicté es la que sí le hará algo a Lisa.
—¿Qué tiene que ver Lisa? —fue cuando comprendió—. ¡Rápido, Hunter! Si no la va a desollar viva.
—¿Se puede saber qué les pasa? —cuestionó Max.
—Está por estallar la Cuarta Guerra Mundial —los demás se quedaron sin entender nada.
Y ambos se echaron a correr tras ellas.
—¿Cómo se te ocurrió decirle a Nicté de la causa para que rompiera con Lisa?
—Yo no le dije nada. Se puso a investigar. ¡Palabra de honor! Te dije que no la subestimaras.
—Y también dijiste que ella no descansaría hasta ponerle remedio a mi problema.
Nicté y Lisa se había alejado lo bastante del SDF-2.
—¿Qué significa el exterior para ti, Andrade? Ya salimos del comando central.
—Afuera de la alambrada, capitana —mencionó sin voltear.
—Teniente, hay protocolos de seguridad que cumplir.
—Despreocúpese, capitana Hayes. No iremos a la ciudad.
Llegaron al módulo de vigilancia del sargento Jarvis. La teniente Andrade se quitó su chaqueta dejándola en el mostrador.
—Teniente, su… —calló inmediatamente al ver un brillo luciferino en aquellos ojos.
Después de su carrera, Rick y Tony llegaron con la lengua de fuera al puesto de Jarvis.
—Sargento, ¿vio a pasar a …? —Rick estaba nervioso, sin embargo el joven lo interrumpió.
—Sssí, capitán Hunter —respondió asustado—. Justamente me dejó su chaqueta. ¡Dios bendito! ¿En qué momento se transformó de ángel a demonio? —señalando hacia la alambrada sur—. Allá están.
Al ver la prenda, Tony supo que las cosas no estaban bien.
—Me temo que será una vulgar pelea callejera.
El viento agitaba las cabelleras y las faldas de ambas mujeres. Lisa trataba de entender la conducta de su subalterna. En cambio, Nicté Andrade miraba impasible a su superior.
—¿Qué significa esto, Andrade? ¡Explícate inmediatamente!
—Eres tú la que debe explicarme, Lisa Hayes —su voz adquirió un tono suave y tranquilo.
—¿De qué estás hablando?
—BeRick y tú se BESARON —levantó la vista—. ¡MALDITA CÍNICA!
—¿Nos viste?
—Si crees que Rick regresará contigo haciéndole arrumacos de golfa barata, te equivocaste —avanzó amenazadoramente hacia ella.
Al ver aquella escena, Roy y Max llegaron a sujetar a dos desesperados Tony Arce y Rick Hunter iban a correr hacia ellas.
—¡Hay que separarlas! ¿No lo entienden? —Rick clamaba con voz lastimera.
—¿Y qué hacemos, cachorro? No tenemos gas somnífero.
—¡Nicté! ¡Cálmate, por favor! —gritó Tony.
Los ojos miel de Nicté Andrade eran fuego infernal puro.
—¡Escucha! ¡No es lo que crees!
—¡Que te lo crea tu abuela!
—¡Es la verdad! Rick y yo somos amigos. Es todo tuyo, Nicté —Lisa empezó a retroceder. Al verse en aquella complicada situación, habló—. ¡ME INTERESA OTRA PERSONA!
—¡Repítelo!
—Me interesa otra persona.
—Si es una treta para librarte de mí, te pesará. ¡HABLA!
—Le pedí a Rick que fuera mi oficina para disculparme con él por la forma en como lo traté. Hicimos las paces. Nos estábamos despidiendo cuando nos viste. Es todo.
—¿Y que te vaya a ver a tu casa ? —con desconfianza
Lisa se aproximó con precaución a Nicté Andrade cuya respiración se hacía cada vez más agitada. Fue cuando Max exclamó:
—¡Jefe! ¡Tony! Lisa va hacia Nicté —ante aquellas palabras, la tensión acabó por colapsar a Rick Hunter.
—¡Rick! —Claudia y Miriya llegaron al ver al líder Bermellón desvanecerse por la impresión.
—¡Cachorro, por favor! ¡No es momento para desmayarte! —de no ser por Roy Focker, Rick Hunter habría azotado contra el cemento. Tony solamente se quedó viendo hacia las dos mujeres y comenzó a rezar.
Lisa estaba a unos cuantos pasos de su contrincante cuando metió su mano al bolsillo derecho de su chaqueta.
—Le pedí que me ayudara a deshacerme de esto —le mostró abierto el estuche de su anillo de compromiso.
—¿Rick te lo dio?
—No, fue mi prometido Karl Riber. Lo he conservado desde que murió. Quiero iniciar de nuevo —se lo entregó para que viera que no había trampa—. Iré a venderlo a una joyería.
Nicté Andrade observó la joya con curiosidad. Un solitario de diamante corte ovalado engarzado en un grueso aro de oro. En su interior estaba grabado. "Te amo Lizzy".
—Es buena idea vender esta alhaja. Te darían bastante dinero. Mas —su voz se volvió sombría— si alguien lo comprara, podría sufrir un destino similar al suyo.
—¿Cómo dices?
—La promesa de matrimonio se incumplió por la muerte. Los diamantes son piedras que atraen desgracias porque se forman en el centro mismo del planeta. Se les llama las piedras del infierno. Por eso están malditos. ¿Quieres deshacerte de él definitivamente? Tíralo en un volcán activo.
—¿En un volcán activo? En esta zona no hay.
—Desde la Lluvia de Muerte, se ha incrementado la actividad sísmica y volcánica en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Te será fácil encontrar alguno —volvió a preguntar con desconfianza—. ¿Entonces solamente querías que Rick te acompañara para venderlo?
—Lo juro por mi madre que es lo más sagrado para mí. Dejé de amar a Rick Hunter. El que me interesa es tu hermano, Antonio Arce.
La teniente Andrade le devolvió la cajita y dio un paso que la puso todavía más cerca de la capitana Hayes quien contuvo el aliento.
—Te lo advierto, Lisa Hayes —levantando el índice—. Si me entero que lastimas a Tony, de alguna forma, ya sabes que tiene quien vele por él.
Lisa exhaló con fuerza. El peligro había pasado.
—¿Te volviste loca? ¡Ibas a golpearme!
—¿Realmente lo crees? —respiró profundamente para recuperarse—. Entonces lo hubiera hecho en el pasillo o en el elevador. Solamente quería espantarte. Perdona el exabrupto
Una cosa más: Tony es un gran hombre. Cuídalo mucho —reemprendieron el camino de regreso.
Tony estaba con los ojos desorbitados. Las dos mujeres que más amaba en este mundo estaban enteras, sanas y salvas. Fue alcanzarlas al módulo de Jarvis.
—¡Tony! ¿Qué haces aquí? —se colocó su chaqueta.
—¿Es lo único que tienes qué decirme?—tenía una mezcla de preocupación, molestia y miedo en su rostro—. Sales junto con Lisa de la base hecha un huracán categoría 5 dispuesta a no sé qué y ahora ambas muy sonrientes —resopló contrariado meciéndose el cabello—. ¿De qué me perdí?
—Fue un malentendido, Tony. La teniente Andrade y yo aclaramos muchos puntos —dirigió la mirada hacia la izquierda—. ¡Por Dios! ¿Qué le pasó a Rick? —los tres corrieron hacia donde estaba con Max, Roy, Max y Miriya.
—Se desmayó cuando Nicté se te acercó. Pensó que se iban a pelearse a golpes.
Nicté Andrade se hincó al lado de Rick que estaba pálido.
—¡Rick, Rick! ¡Por favor, háblame! —le dio golpecitos en las mejillas sin resultado.
—Traeré sales de amoniaco. Siempre funcionan para estos casos —afirmó Roy Focker.
—¡No! ¡Lo matarían! —intervino Claudia.
—Aflójenle la ropa, el cinturón y quítenle los zapatos —ordenó Max Sterling—. Tony, ayúdame a subirle los pies unos 30 cm. Así podrá respirar.
Efectivamente, unos segundos después, Rick Hunter recobró el conocimiento.
—¿Dónde estoy? —su visión se fue aclarando poco a poco—. ¡NICTÉ! ¡LISA! ¡HAY QUE DETENERLAS! —y se levantó de golpe
—Calma, jefe —Max lo volvió a recostar—. Debes descansar. Fueron muchas emociones.
—Pe-pero Max. ¡Se van a matar!
—Tranquilízate, cachorro. Todo está bien. Míralas —Lisa y Nicté lo saludaban.
—Creo que me golpeé la cabeza. Ellas no se llevan bien.
—Rick, la teniente Andrade pensó que nos estábamos besando. Por eso actuó así.
—¡LISA! —todos expresaron su molestia y asombro.
—No es lo que piensan. Hicimos las paces y nos dimos un abrazo de amigos. No habíamos tenido la oportunidad de hablar desde que rompimos.
—¿Dónde estaban? —preguntó Miriya.
—En el pasillo de la oficina de la capitana. Pasó justo cuando fui a entregar mi reporte.
—¿Ven los que causan los malentendidos, niños? —Roy amonestó a Lisa y Rick que dijeron "Lo siento". Por su parte, la teniente Andrade también pidió disculpas.
Quince minutos después. Barraca de Rick Hunter
Entre Roy y Max ayudaron a Rick a llegar a su casa. Nicté llegó al poco rato para cuidarlo. Le dio un pedazo de bolillo y le preparó un té de tila con valeriana y azahares.
—¡Sabe espantoso! —la infusión tenía sabor amargo—. ¿De dónde sacaste que te estaba engañando con Lisa? Solamente fue un abrazo.
—Desde donde yo estuve parada parecía que se estaban besando.
—Mi amor, yo jamás lo haría —se recostó después de terminarse el té—. ¿Por qué no te pusiste así con Minmei?
—Minmei es de las que se alejan cuando ven a una mujer decidida cuidar de su pareja. En cambio Lisa es tu ex y había que dejarle muy claro que tú y yo tenemos una relación.
—Necesito que me respondas con sinceridad. Tony dijo que hiciste una investigación para ayudarme con "ese problema". ¿Es cierto?
—Sí —sin desviar la mirada.
—¿Tiene que ver con Lisa y conmigo?
—Sí.
—¿Alguien te contó por qué rompimos? —Max era la otra persona que conocía la causa verdadera de su ruptura con Lisa. Podía confiar en que su gran amigo no diría ni media palabra.
—No —sabía que le estaba mintiendo a Rick. Era necesario. Por Claudia.
—¿Cómo lo descubriste?
—Gracias a mi terapeuta y de algunos libros de sexología. Estabas muy cerrado conmigo. Algo tenía que hacer para ayudarnos.
Rick respiró aliviado. Si Nicté se entera que Lisa me lo dijo una vez más, la manda al hospital.
—¿Le reclamaste a Lisa por mi problema para estar contigo?
—No, nunca me acordé.
—Una última cosa, ¿por qué salieron de la base? Pudiste hablar con ella en su despacho.
—Por las muchas "orejas" que hay ahí —bajó la cabeza apenada—. De verdad, Rick, lo siento. No quería que esto te afectara.
Rick Hunter se incorporó lentamente y le levantó el rostro tomándola de las mejillas.
—Lisa dejó de tener significado en mi vida como mujer. Sólo es una amiga, mi maestra y mi superior. En cambio tú, eres más de lo que soñé alguna vez. Te amo, Nicté Andrade, como jamás he amado a otra persona.
—¿Entonces no vas a huir por ver mi lado oscuro?
—Bueno, algún defecto tenías que tener. Me encanta el paquete completo —la besó en la frente—. Quería que hoy fuéramos a ver a unas personas para que te conocieran. Tendremos que dejarlo para otra ocasión. ¿Sabes? Te extrañé en el satélite-fábrica. Necesitaba estar contigo —se sentó para ponerse de pie—. ¿Por qué no vemos una película?
—Max tiene razón. Debes descansar.
—Nooo —dio un profundo bostezo—. Me siento bien, solamente un poco cansado —se volvió acostar y se quedó profundamente dormido.
—Duerme bien, mi capitán —le acarició el cabello y lo besó suavemente en los labios, lo arropó y salió silenciosamente de la recámara.
Barraca de la capitana Hayes
—¡Maldición! Este asunto con la teniente Andrade hizo que me retrasara. Sólo tengo 25 minutos para estar lista.
Lisa entró a bañarse, se secó el cabello con la pistola de aire, se vistió y se maquilló ligeramente. Se puso un juego de pendientes y un dije con la letra E en oro. Se calzó unas zapatillas cerradas destalonadas de charol negro con tacón muy alto. Se estaba perfumando cuando tocaron el timbre. Las 1900 en punto.
—¡Ya voy!
Al abrir la puerta, se encontró a un hombre vestido con pantalón gris Oxford, blazer azul marino con botones dorados, camisa blanca, corbata color vino y zapatos negros. Traía dos flores: una amarilla y una roja en su cápsula de hidratación.
—Creo que me equivoqué de dirección —trago saliva—. Un ángel me está recibiendo en el cielo.
—¡Tony! —un leve rubor tiñó sus mejillas.
—Son para ti —le extendió las flores.
Al ver las flores, Lisa se quedó de una pieza.
—¡Gerberas! ¡Tú eres el Caballero Negro! —adoptó un tono serio de voz—. ¿Por qué lo hiciste?
—Debía ser cuidadoso para acercarme a ti. Hay muchos "pájaros" en la base. Además, venías saliendo de lo de Hunter y tal vez estabas muy renuente a salir con alguien más.
Se me hizo muy común que las flores te las enviara un admirador secreto y recurrí al personaje del Caballero Negro. Lo que yo busqué fue darte una historia de magia.
—Admito que me tuviste intrigada por mucho tiempo.
—¿Nos vamos?
—Voy por mi abrigo.
Tras cerrar la puerta, Tony le ofreció su brazo para caminar al jeep. El piloto se dirigió en sentido contrario de Nueva Macross.
—Me parece que la ciudad está al otro lado.
—Lo sé. Te dije que habría unos cambios.
Llegaron a la barraca de Tony. La condujo hacia el jardín donde había una mesa puesta para dos con el típico mantel cuadriculado rojo y blanco, velas y una botella de Chianti.
—Si no podemos ir a Michelangelo, Michelangelo vendrá a nosotros —retiró la silla para que se sentara.
—¿Pero cómo?— Lisa estaba sorprendida.
—Un mago jamás revela sus secretos.
—Antonio —Lisa subió la ceja derecha.
—Está bien. Tuve un poco de ayuda de cierto Huracán. Ella solamente puso la decoración. Un momento —se retiró de vuelta al interior de la casa. Segundos después regresó con dos platos de pasta al pesto genovés—. No es por presumir, pero una de mis pasiones es la cocina. Permíteme —le sirvió vino.
Tony se sentó a su lado bajo el cielo estrellado. De fondo se escuchaban canciones italianas en el reproductor de música.
—Pensaste en todo —Lisa estaba encantada con el escenario. Tomó su copa—. Brindo… —buscando las palabras— por un nuevo inicio.
—Yo, por la vida, que me dio la oportunidad de volverte a ver.
Chocaron sus copas y bebieron viéndose de reojo. Lisa empezó a reír.
—¿Qué pasa?
—Estoy feliz. Hace mucho no me sentía así.
—¿Bailamos? —el joven boricua le tendió la mano y Lisa aceptó.
—Volare oh oh, cantare oh oh oh
—¿Te sabes la letra?
—Lo único que me sé es el coro. ¿Me la cantarías? Desde la serenata no dejo de pensar en tu voz.
Tony la hizo girar tomándola de la mano y atrayéndola otra vez. La risa de Lisa brotaba como un manantial, en sus ojos la alegría brillaba igual que las estrellas. Tony le cantaba al oído los versos de la canción.
—No me equivoqué, Lisa. Tus ojos tienen la profundidad del océano. Me estoy perdiendo en ellos.
Lisa contempló esos grandes ojos oscuros y su corazón aceleró su ritmo. Liz, ve a jugar. Yo cuidaré que todo esté bien. ¡Vamos! ¡Anda, ve por él! Dejó sentir su deseo y entreabrió sus labios que del rosa se habían tornado carmín.
Tony se aproximó lentamente, midiendo las reacciones de su acompañante. Lisa también hacía lo mismo. Hasta que al fin, los labios de ambos se tocaron en una suave caricia. Al principio, los besos eran castos, mas conforme avanzó el tiempo dieron paso a la ternura y luego a la pasión. La boca de Lisa se abrió para que le lengua de Tony la explorara, descubriendo y jugueteando. Los besos de Lisa Hayes poco a poco se volvieron húmedos, cosa que enloqueció al boricua.
Las manos del piloto la atrajeron a sí tomándola de la cintura, mientras que las de Lisa viajaron a su cuello donde se quedaron largo rato hasta pasar a su nuca. El aroma de Tony la excitaba. No era de ninguna loción, era su sola esencia. Su olor de hombre.
Los labios de Tony bajaron por aquel cuello donde con su lengua dibujó círculos que hicieron al cuerpo de la joven despertar aquellas sensaciones largo tiempo reprimidas.
—¡Ah, Tony! —sintió que algo cálido se encendía en su interior y un suave ronroneo salió de su garganta.
—Me vuelves loco, gatita —el piloto se posó en la barbilla de Lisa para luego ascender en una sinfonía de caricias apasionadas a sus orejas.
Las manos de Lisa pareció que tomaran vida, pues recorrían aquella ancha espalda. En algún momento, se introdujeron por debajo del saco y percibió aquellos músculos firmes. Fue cuando Tony comenzó a respirar agitadamente y se apartó.
—No, Lisa. Si seguimos, no podré detenerme. No quiero forzarte a nada.
—Tony —lo tomó de la mejilla, roja, y él correspondió a la caricia—. Nadie me está obligando. Mi corazón, mi mente y mi cuerpo lo desean.
—¿Segura? Me sería muy doloroso lastimarte y es lo último que quiero.
—Completamente segura —le acarició la otra mejilla y sonrió. Al diablo la regla de sexo a la tercera cita.
Las tonadas italianas cesaron para ceder su sitio a Entrégate de Luis Miguel (leer la escena con esta canción).
Volvieron a besarse con locura. Los labios de Tony recorrían con gentileza y dulzura la nariz y las mejillas de Lisa hasta dar con sus orejas que al estar en contacto con ese cálido aliento volvió a estremecerse. La chica se colocó de espaldas al piloto que recorría aquel cuerpo con sus manos, como un escultor acaricia con veneración el mármol antes de tallarlo. Lisa gemía, mordiéndose el labio inferior.
—Eres tan bella, Lisa Hayes —la tomó del cabello, suave como la seda y puso sus manos en su espalda que bajaron hasta el trasero de la capitana que reaccionó moviendo las caderas.
Volvió a besar su cuello y sus hombros. Lisa pegaba cada vez más su cuerpo al de Tony. Tomó las manos de aquél y lo guio diciéndole dónde tocarla. La piel de Lisa se había erizado. No podían apartar sus ojos uno del otro. Tony, usando únicamente sus uñas, trazó sutilmente líneas a lo largo de los brazos, hombros y senos de Lisa.
—¡Sigue así, por favor!
Lisa volteó. Sus ojos verdes destellaban magia y deseo. Jaló a Tony hacia su boca. Más que besos, se comían mutuamente. Le quitó el saco dejándolo sobre el césped y le aflojó la corbata.
—¡Quiero hacerlo, Tony!
—¿Aquí? —la desafió en tono juguetón.
—Sí, a la luz de las estrellas.
—¿Te importaría lo que digan los vecinos?
Lisa lo pensó unos segundos.
—Podríamos solamente darles un poquito de inspiración esta noche —la expresión de travesura apareció en su cara.
Se prendieron otra vez uno en brazos del otro. Los besos eran de tal furia que ya empezaban a pasar a otros niveles. Lisa abrazó con su pierna la de Tony quien la estrechó contra sí.
—Mi pirata.
—Gatita —Lisa maulló cuando Tony apretó suavemente su trasero.
Lisa se dirigió hacia la casa llamando a Tony con su mano. Se sentó seductoramente en el sofá cruzando la pierna viéndolo con ojos felinos. Ni tardo ni perezoso, Tony se aproximó sentándose a su vera. Al acercarse a besarla, Lisa desvió su rostro. A Tony le gustó el juego y sonrió ampliamente. Hizo un nuevo intento y esta vez sí lo consiguió, tomándola de las caderas y bajó lentamente su mano a su rodilla, subiendo por su pierna. Ante tal acción, la capitana terminó por quitarle la corbata al piloto del Skull 3 y desabotonó los tres primeros botones de su camisa para poder besar su cuello. Tony se sentía arder.
—Tú eres mi aroma favorito, Lisa —la tomó con ambas manos del rostro, poniendo algunos mechones detrás de sus orejas—. ¡Me fascinas!
Ante tales palabras, bajó la mirada y la volvió a Tony quien entendió la señal. Bajó lentamente los tirantes del vestido para besar sus hombros con fruición. Ambos sentían que la temperatura se elevaba. Sus bocas volvieron a unirse y sus lenguas iniciaron una danza sensual que para nada querían detener. Fue cuando las manos del piloto se posaron en los pechos de Lisa Hayes quien aumentó sus gemidos deleitándose.
Lisa se levantó del sofá, respirando agitadamente y empezó a bailar al ritmo de su propio deseo. Suavemente erótico. Alcanzó la cremallera y la fue bajando lentamente sin dejar de ver seductoramente a Tony. Cuando llegó al tope, en un hábil movimiento se despojó de su vestido quedando solamente con aquel juego de lencería y medias negras con encaje sujetas por un liguero. Lisa se sentía la mujer más sexy de la Vía Láctea. Antonio Arce Martínez tenía el privilegio de contemplar a una diosa. Su diosa.
Con paso seguro, Lisa se acercó a Tony deteniéndose a poca distancia y puso sus manos sobre la cintura sonriendo. Como un relámpago, el piloto abalanzó sobre Lisa con desesperación para comerse a besos. Volvieron al sofá para yacer uno sobre el otro. Tony acariciaba toda aquella piel libre de ropa. Descubrió su suavidad y blancura. Su boca besó el nacimiento de los senos de Lisa con éxtasis y bajó las copas de su sostén para revelar dos generosos orbes coronados con pezones de areolas rosadas. Se los llevó a la boca reconociéndolos en su textura y su sabor.
—¡Sabes a miel!
—¡Tony!
Con gran habilidad, Tony Arce liberó a Lisa del sostén que estaba en su cintura. Su lengua y sus manos no podían detenerse. Estaba en la antesala del paraíso. Lisa lo ayudó a quitarse la estorbosa camisa y pudo contemplar otra vez aquel torso de piel morena con el que tanto fantaseaba. Las pieles de ambos se erizaron al sentir su contacto cuando volvieron a abrazarse. Lo tocó desde el abdomen, los costados, sus pectorales haciéndolo gemir con los ojos cerrados. La erección de su miembro se alcanzaba a notar por debajo de su pantalón de vestir. Solamente con su dedo índice, Lisa tocó la hebilla y parte del cinturón y decidió quitárselo.
Tony bajó las manos a sus firmes nalgas, delineando con sus dedos el encaje de sus braguitas. Contempló el perfecto cuerpo de Lisa mientras las bajaba a sus tobillos. Le sacó las zapatillas y recorrió aquellas piernas desde la punta de los dedos de los pies hasta su ingle. Lisa se levantó del sofá, apoyó su pierna derecha en la orilla del sofá para desabrochar el liguero y enrollar las medias hasta quitárselas. Completamente desnuda se sentó a horcajadas de su amante compañero y empezó a besarle el cuello.
Tony hizo un camino de lengüetadas a través de su pecho, su abdomen y se entretuvo largo rato en su ombligo. La humedad de Lisa aumentaba a cada instante. Puso una mano sobre su pubis cubierto por ensortijados vellos castaños apoyando su pulgar en el clítoris para masajearlo dulcemente. Lisa se retorcía entre suaves gemidos, cerrando los ojos. Al abrirlos de nuevo vio a Tony sobre ella. Desnudo. La chica sonrió al observar su miembro. Moreno, grueso y firme. Brilloso en la punta. Con delicadeza, el piloto se colocó un preservativo.
Ya preparado, Tony se acomodó entre las piernas de Lisa y empujó lentamente sobre su entrada. La joven se tensó debido al miedo que la invadió repentinamente. Unas suaves palabras escuchó en su oído.
—Todo está bien, hermosa. Si no deseas hacerlo, lo entenderé —le dio un suave beso en su mejilla.
Ante tal muestra de protección, con confianza, Lisa tomó el pene erecto de Tony y lo fue guiando a su interior. Poco a poco se fundiendo en una sola carne. Tony se detuvo para que el cuerpo de Lisa se adaptara a la situación. Ella sonrió tocándole la mejilla. Empezaron a mover sus caderas acompasadamente, como el lento vaivén de un barco en una mar serena. De pronto, el ritmo cambió. Ahora era la mar embravecida por un ciclón. La espalda musculosa de Tony brillaba con el sudor.
Los gemidos de los dos amantes inundaron la habitación. En un rápido movimiento, Tony colocó a Lisa sobre él para que lo cabalgara sujetando sus pectorales mientras ella se movía con pasión, liberada por fin de su prisión de hielo. Tony se incorporó prendiéndose en aquellos pechos divinos, sus manos apretaban las carnosas nalgas de la joven capitana quien se perdía en aquellas caricias abrasadoras.
Lisa tomó la iniciativa para ponerse bajo Tony quien la tomó de los tobillos para subirlos a sus hombros. La penetración era profunda, deliciosa, brutal.
—¡Tony, me vengo!
Ante aquellas palabras, Arce bajó el ritmo para que Lisa recuperara el aliento y volvió a comenzar. Alternando velocidades, lo hizo cinco veces más. Lisa quería que llegara ese momento. A la séptima vez, Tony no se detuvo. Sus ojos oscuros desprendían una energía hipnótica que Lisa jamás había presenciado y cerró los ojos para dejarse llevar. Sin embargo, Tony la obligó a verlo y jamás pudo apartar su vista de él. Fue cuando sucedió. Lisa se sujetó de la espalda de Tony clavándole las uñas cuando el rayo divino los atravesó. El puertorriqueño gritó el nombre de Lisa y cayó pesadamente a un lado de ella.
Ambos, completamente bañados en sudor, se quedaron quietos para recobrarse. Tony no deseaba salir del paraíso. Levantó la cabeza y observó que Lisa estaba llorando. Eran lágrimas de felicidad. La besó con ternura en los ojos para enjugar sus lágrimas. Se apartó para quitarse el preservativo y lo tiró en el bote de la basura de la cocina.
Regresó con Lisa y la llevo en sus fuertes brazos hacia el dormitorio. Al abrir la puerta, Lisa descubrió una cama y una hamaca azul con rojo colgada de las paredes.
—¿Y esto?
—Hoy haremos el amor volando.
Y así, los asaltos de los amantes duraron el resto de la noche y buena parte de la madrugada hasta quedar rendidos uno en brazos del otro cobijados únicamente por su sola piel.
