Capítulo 29
Llegando al final de mis recuerdos…
A medida que pasaban los meses, cada uno de nosotros íbamos consolidando nuestros amaneceres. Ciertamente, ninguno de nosotros queríamos que aquellos días se terminaran. Por aquel entonces ni nos planteábamos volver a nuestras andanzas. No queríamos que eso se terminara. Ellos ya se habían acostumbrado a ser gatos y a ser tratados con infinito cariño. Ninguno de nosotros habíamos recibido tanto afecto…
Aún puedo recordar sus pensamientos asaltándome con insistencia. Todos ellos deseaban más que nada en el mundo permanecer así. O por lo menos, en el caso de no permanecer como gatos, hacerlo como humanos… Pero eso no podía ser. Éramos Akatsukis… somos odiados allá a donde vamos. Aunque entre todos ideamos un plan infalible…
Era muy simple. Demasiado fácil y bonito para ser verdad. Consistía en quedar todos en la zona de entrenamiento, junto con nuestros "dueños", obviamente. En un momento, nos alejaremos de ellos mientras "jugamos" y, cuando estuviéramos alejados lo suficiente de ellos, habría llegado el momento de volver a nuestra forma humana. Después de eso sólo tenía que hacer la misma técnica y convertirnos a todos nuevamente en gatos y seguir con nuestras vidas.
Cuando terminamos de idear el plan tan sólo faltaba un día para que los cuatro años pasaran. Estábamos todos en el balcón de la casa de Naruto, cuando éste llegó y nos vio. Yo me acerqué a él y le miré directamente a los ojos, adentrándome en su mente tal y como había hecho años atrás. Al meterme, le dije que al día siguiente iba a ser un día perfecto para hacer un picnic y llevar todos los gatos a jugar. Y así fue como él llamó a todos y quedamos por la tarde, el momento justo de nuestra vuelta…
Ese día sería decisivo. Definitivamente no podíamos fallar, aunque en el fondo todos sabíamos que eso no podía seguir así. No podíamos pretender ser gatos para siempre. Huir eternamente. Y no sólo lo decía por nosotros. Tampoco era justo para las kunoichis. Ellas no podían ocultar eternamente a sus novios. Se vería raro que estuvieran solteras tanto tiempo. Sospecharían. Y finalmente descubrirían la verdad.
Al pensar ello… me di cuenta que tampoco era justo para Yami. Para ella más que nadie. Ella aún no era humana y al estar tanto tiempo sin investigar ni hacer nada, claramente no estamos más cerca de averiguarlo. Por un momento me planteé dejar de huir…
***
Al día siguiente dimos comienzo al plan. Llegamos a la zona de entrenamiento del equipo 7 y nuestros "dueños" nos dejaron jugar para después sentarse sobre la hierba y empezar a comer. Después de un tiempo, les comenté a todos lo que pensaba del plan.
- *Chicos, creo que no es buena idea volver a transformarnos… No es justo para las chicas. ¿Queréis ser gatos toda vuestra vida? ¿Y qué será de ellas? Llegará un momento en el que alguna quedará embarazada. Empezaran a preguntar quien es el padre y entonces, ¿qué? ¿Eh? ¿Qué responderán ellas? No sé vosotros pero yo ya estoy cansada de huir*
- *Mitsuko tiene razón* - dijo Itachi.
- *Yo también estoy cansado de huir, pero es lo mejor que podemos hacer. Haciendo esto las estamos protegiendo. Si se enteran que ellas han estado tratando con Akatsukis…* - comenzó a decir Pein, pero no pudo terminar. No hacía falta hacerlo, todos sabemos que pasaría…
- *Lo sé, pero eso… no es excusa. Tarde o temprano se darán cuenta y eso mismo les pasará. Aunque pienso que aún estamos a tiempo de cortar con el plan. Podemos decir que estábamos controlándolas con un jutsu o simplemente no decir nada. Desaparecer por completo de sus vidas…* - sabía que era doloroso pero era lo único que se me ocurría…
- *Pienso igual. Será lo mejor para ellas…* - esta vez habló Deidara.
- * ¡No! Me niego. Lo mejor para ellas es que estemos juntos, amándolas hasta el fin de nuestros días* - intervino Itachi, alterado, sorprendiéndonos a todos.
- *Itachi…* - murmuré, comprendiendo como se siente Itachi en esos momentos - *Tiene razón. Debemos dar la cara y permanecer con ellos. Al menos no estamos solos. Ellas también nos ayudaran a convencerles de que ya no somos malas personas. Puede que al principio no nos acepten pero mientras nos acepten las personas que de verdad nos importan todo irá bien. Lo presiento…*
- *Está bien…* - aceptó Pein, finalmente.
El resto, quienes no habían participado en ningún momento en la conversación, estuvieron de acuerdo con la decisión tomada. Pero algo nos tomó por sorpresa. Había llegado el momento. Lo sentía. Lo sentíamos. Un dolor insoportable en el pecho, el cual ascendió hasta llegar a la cabeza. De allí pasó por el resto del cuerpo, empezando por la espalda. Íbamos a transformarnos en humanos, después de cuatro años… La batalla estaba apunto de comenzar… Eso fue lo que pensamos todos en ese momento.
Sentíamos como nuestros huesos se iban agrandando, como nuestra piel se iba estirando… Entonces sentí las miradas de todos nuestros ex dueños sobre nosotros. Algunos asombrados de lo que estaban presenciando, otros resignados y entristecidos al ver que había llegado la hora. Escuché un grito cerca de mí, fue Yami la causante. Los demás apretaban sus mandíbulas al máximo para no emitir ninguno. Yo, por mi parte, hacia lo mismo. Pero aún así, el dolor se hacía insoportable. Esa transformación fue muy diferente a la que tuve a mis cuatro años. ¿El motivo? Lógico. Por aquel entonces mi cuerpo se asemejaba más a una gata, no era tan grande… Por un momento, dejé que mis pensamientos volaran libremente por mi mente. Lo primero que pensé fue en el dolor que sentíamos.
- (Si yo siento éste dolor, con mi actual cuerpo… ¿Cómo deben sentirse los demás… al ser más grandes que yo?) – alejé inmediatamente esos pensamientos de mí. – (Ahora no es el momento de pensar en ello… Después de esto comenzará la batalla… A estas alturas Kiba ya debe de haberse dado cuenta de quienes somos. Seguro que me estará mirando con odio… Ése Inuzuka… Como le odio… ¡Kuso! Tendríamos que habernos ido por unos días para recuperarnos de esto. La transformación nos quita fuerza…)
La sensación de las uñas de gato al encogerse y hundirse en mi carne me embargó, arrancándome un grito de dolor. No podía soportarlo. A continuación, los dedos de mis patas delanteras se alargaron y se separaron abruptamente. Por otra parte, mis patas traseras se fueron alargando a la vez que mis pies. Mi tronco se iba desarrollando a la vez que mis orejas se encogían. Poco a poco, el bello sobrante se iba cayendo. Sentí como mis costillas se alargaban y como una despistada rozaba mis pulmones, provocando que escupiera sangre a la vez que me hincaba de rodillas.
En aquel momento pensé que todo ya iba a terminar, pero algo sucedió. A causa del dolor, todas nuestras mentes se debilitaron y, por consiguiente, se unieron involuntariamente, experimentando el sufrimiento ajeno también. No sabría como explicarlo, fue como… una descarga eléctrica que recorrió todo mi cuerpo en menos de una milésima… no, eso fue electricidad estática, la descarga vino después… trayendo consigo todo el dolor… Al parecer, la descarga no solo me vino a mí ya que todos gritamos a la vez, asustando a los demás presentes que presenciaban todo con estupefacción. Y después de eso… nada. Todo acabó. Mi cuerpo estaba tendido en el suelo, al igual que los del resto de mis amigos. Me sentí ligera de pronto. Sólo yo. Todos los demás ya podían controlar sus mentes, comprendí entonces. Eso era buena señal.
Poco a poco nos fuimos levantando. La transformación nos había dejado exhaustos. Aún con la respiración alterada, miramos fijamente a los ninjas de Konoha, desafiantes. Había llegado la hora, finalmente. Tuve un mal presentimiento. Miré al cielo, asustada. Pero al ver que todavía no había anochecido, suspiré, aliviada. Todavía tenía tiempo. Sentí la mirada de Yami, por lo que se la devolví a la vez que sonreía para tranquilizarla. Ella pareció relajarse. Faltaba poco para que mi momento llegase… mi destino…
- ¡Itachi! ¡Ése estúpido gato negro eras tú al fin y al cabo! – gritó Sasuke, furioso, para después mirar a Yami de la misma manera, asustándola – Y tú… ¡tú me mentiste! ¡Eres una gata después de todo!
- ¡No te mentí! Te dije que éramos humanos y eso es lo que somos – le contestó mi amiga, intentando contenerse.
- No te ensañes con ella. Es a mi a quien odias – dijo Itachi, interponiéndose entre las miradas de Sasuke y Yami.
- Itachi… - en esa ocasión fue Sakura quien habló, dirigiéndole una mirada cargada de dulzura.
- ¿Lo ves? Te dije que no era un simple sueño. Ellas también lo tuvieron. Seguro que también se transformaron delante de ellas – murmuró Yami para que solo yo la oyera. Yo simplemente sonreí, resignada. Había perdido. Pero después miré hacia el frente seriamente, sorprendiéndola.
- Aún así… no es buen momento para mostrar sus sentimientos. Ellos no deben saber que hay alguna relación entre las chicas y nosotros. Sino les irá muy mal… - le contesté en el mismo tono de voz. – No sabemos si venceremos en esta batalla y en el caso de que lo hagamos, no sabemos si nos aceptaran en su villa. En el caso contrario… si perdemos… debemos hacer como si no las conocemos, como si solo las hubiéramos utilizado… es lo mejor.
- Entiendo… - aceptó Itachi, quien al parecer nos había escuchado. – Tengo una idea.
- ¡Itachi! – la pelirrosa corrió hacia mi hermano y éste a su vez hacia ella. En un rápido movimiento, la atrapó con su brazo, agarrándola de la cintura y con su otro mano presionó un kunai sobre su cuello. Supuse que ese era su plan.
- ¡Sakura-chan! ¡Bastardo, quita tus sucias manos de Sakura-chan! – gritaba el chico rubio, desesperado y furioso.
- ¡Itachi, lucha contra mi! ¡Ella no tiene nada que ver en todo esto! – le gritó Sasuke, corriendo hacia él.
- Lo siento, pero este es mi boleto de vida – le respondió a la vez que le esquivaba, quedando así más cerca del bosque.
Las demás chicas miraron a sus respectivos novios, confusas. Ellos les devolvieron la mirada, a lo que ellas sonrieron amargamente. Habían entendido lo que pasaba. Tal vez no nos volverían a ver. Por otro lado, los chicos que no sabían nada se quedaron paralizados al ver que Itachi iba en serio y podía hacer daño a Sakura. Me reí internamente por ello. En verdad no conocían a Itachi. Pero por alguna extraña razón aquello me cabreó. Me cabreó que Sasuke no conociera ni un poco a su hermano mayor. Lentamente, el resto de los Akatsukis nos fuimos acercando a Itachi sin dejar de mirar a los ninjas que observaban cada movimiento que hacíamos furiosos.
Al llegar al fin a la entrada del bosque, nos contemplamos silenciosamente. Quien no nos conociera diría que entre nosotros estábamos creando un plan. Pero nada más lejos de la realidad. Nos estábamos despidiendo mentalmente ya que, después de todo, estar cuatro años como gatos daba sus frutos. Y eso era lo que estaban comprobando los Akatsukis. Sonreímos, mostrando así uno de los pocos rasgos que nos quedaban de habernos convertido en gatos, los colmillos. Nos despedimos mentalmente de Sakura ya que los humanos únicamente podían captarlos, y nos alejamos de allí lo mas rápido que podíamos, siendo perseguidos de cerca por ellos, incluida las chicas. Tenían que guardar las apariencias…
Nos pisaban los talones, así que decidimos aumentar la velocidad y, para sorpresa de los Akatsukis, podíamos alcanzar una velocidad que pensaban imposible para un humano normal. Era otra de las recompensas. Poco a poco, los fuimos dejando atrás, pero no lo suficiente. Decidimos separarnos. Fue tan rápido que no recordé quien se fue con quien ni en qué direcciones. Ya me preocuparía por ellos más adelante, me dije. Junto a mí iban Yami e Hidan. Yami, al contrario que nosotros, seguía siendo una gata, pero al menos había recuperado su forma original, e incluso me atrevería a decir que en estos últimos cuatro años había crecido más. Era mucho más grande que el chucho ese del Inuzuka.
Al cabo de unos minutos que me parecieron horas, llegamos a una llanura en la que había una gran roca en el centro. Nos paramos en frente de ésta y nos giramos para ver con quien nos tocaba luchar, aunque no me hacía falta. Sabía de sobra de quien se trataba. Apestaba a perro. Aún así me giré para mirarle fijamente a los ojos, desafiante. Él me devolvió la mirada.
- Así que… después de todo eras tú. Debí haberme dado cuenta antes – me dijo, maldiciéndose internamente por ser tan tonto.
- No te culpes. Todo esto es demasiado para tu cerebro perruno. Simplemente no te entra – le contesté a la vez que le sonreía burlonamente.
- Tú… - su cuerpo temblaba de rabia.
- Hidan. Nigete (N.A: significa corre o huye) – le dije a mi peliblanco, sin dejar de mirar a mi oponente.
- ¿Nani? – él estaba asombrado, lo sentía.
- Has perdido tu inmortalidad por mi culpa… - le respondí.
- ¿Y tú qué?
- Todavía tengo la inmortalidad de La Diosa – murmuré sabiendo que él me podía escuchar – Sólo serías un estorbo. Así que vete.
- No lo permitiré – murmuró el Inuzuka, corriendo hacia Hidan.
Con un rápido movimiento, me interpuse entre los dos, atrapando la mano de mi primo que quería apuñalarle. Al instante en que nuestras pieles hicieron contacto, su mano empezó a congelarse siendo el kunai el siguiente objetivo de mi técnica. Al percatarse de ello, intentó alejarse de mí de un salto pero algo se lo impidió. Miró hacia sus pies, sorprendido ya que también se los había congelado. Entonces nuestras miradas volvieron a cruzarse. Él me miraba furioso mientras yo le miraba entre divertida y burlona. Me alejé un poco del moreno y ante su mirada perpleja y asustada, congelé mi mano y parte de mi brazo para después lanzarme contra él y pegarle un puñetazo en el estómago, lanzándolo contra un árbol.
- ¡Hidan! ¡Te he dicho que huyas! – le grité, volteándome a verle al percatarme todavía de su presencia - ¡Corre! (Primero fue mi abuela, después mi hermana… No quiero que ahora me dejes tú…) ¡Yo me las arreglo sola! ¡Vete a ayudar a otro!
Al fin pareció darse por vencido, ya que se giró sobre sus talones y echó a correr hacia el bosque, deshaciendo nuestros pasos. Sonreí, feliz. Pero aquella felicidad me duró poco ya que sentí un fuerte dolor en mi mejilla para después sentir un fuerte dolor en la espalda al chocarme con un árbol. No le había sentido. ¿Cuándo se aproximó a mi?
- Vaya, que fuerte te has vuelto, Kiba-chan – me burlé y sonreí al ver el enojo en sus ojos. Era tan fácil hacerlo enojar…
- *Mitsuko… Así que estabas preocupado por él, por eso le dijiste que se fuera…* - me dijo Yami, al parecer había leído mis pensamientos - *Pero tú… ¿de verdad estarás bien? Tú no eres capaz de matarle…*
- * ¡Cállate Yami! Si soy capaz… pero antes me divertiré con él…* - ella no me dijo nada, pero pude percatarme de que no había quedado muy convencida. La verdad es que ella tenía razón… No podía matarle. No tenía culpa de nada. Pero de algo estaba segura, no me dejaría vencer para que después fuera a por Hidan. Le tenía que dejar inconsciente, era la única solución. – Pero con lo terco que es… - murmuré.
- ¿Piensas quedarte sentada todo el día? – tras decir eso, se abalanzó contra mí con sus garras pero le esquivé fácilmente.
Entonces algo me dejó desconcertada. Más allá había otro Kiba y sabía que no era un kage bushin. Me hubiera percatado de ello. Un momento… ¿dónde estaba su perro?
- *Mitsuko, quien nos atacó fue Akamaru. No te desconcentres, se sabe fácilmente por el olor* - me tranquilizó mi gata humana al ver mi desconcierto.
- Así que esta es vuestra técnica del clan… - susurré para mí – Bueno, no es nada del otro mundo…
- ¿Qué estás murmurando? ¡Pelea! – me gritó el chico, impaciente. - ¡Akamaru! – el otro Kiba se acercó rápidamente a él a cuatro patas y se posicionó sobre él - ¡Gatsuga!
Ambos empezaron a girar sobre si mismos a una velocidad vertiginosa y se dirigieron hacia nosotras. Los esquivé con insultante facilidad, a la vez que miraba el cielo, preocupada. El momento se estaba acercando. El sol se estaba dejando de ver… Debía acabar con todo esto lo antes posible…
Al pisar el suelo, Kiba se dirigió rápidamente hacia mí con intención de apuñalarme por la espalda, por lo que giré sobre mis talones para mirarle directamente a los ojos a la vez que me agachaba levemente, esquivando así su ataque. Entonces, con mi mano izquierda agarré la suya mientras que le pisaba con mi pie derecho, impidiendo que se moviera. Sin dejarle tiempo a pensar, di un giro de 360º para patearle en un costado pero al estar anclado en el suelo gracias a mi pie cayó al suelo partiendo así su pie. Lo siguiente que escuché fue el grito desgarrador de mi primo, quien yacía en el suelo mirando horrorizado su pierna destrozada. Le miré, furiosa.
- ¿Por qué? ¿Por qué no te desmayas? – siseé, furiosa con todo el mundo pero sobretodo conmigo misma por causarle más dolor - ¿Por qué…? – me posicioné encima suya y empecé a golpearle en el rostro - ¡Desmáyate! ¿Por qué no lo haces? ¡Así no sentirás dolor! ¡Desmáyate de una maldita vez!
Mis fuerzas me fueron abandonando poco a poco, por lo que terminé golpeándole como pude en su pecho. Una lágrima rebelde se escapó de mi alma corrompida por la tristeza para depositarse sobre la magullada mejilla de él, quien en esos momentos me miraba sorprendido pero no más que yo. Recuerdo que al ver aquella lágrima me paralicé y, lentamente, elevé mi mano hasta tocar mi mejilla húmeda.
- ¿Por qué…? ¿Por qué no te desmayas? – le pregunté en un leve murmullo. Al percatarme de una posibilidad, se me encogió el corazón - ¿Es porque…? ¿Tantas ganas tienes de matarme…?
- Tú… tú mataste a mi primo… - no pudo continuar ya que empezó a toser sangre.
- ¿Lo haces por venganza? Venganza… - me levanté despacio y caminé hacia la roca, dándole la espalda y pasando al lado del chucho del Inuzuka y de Yami, quienes estaban peleando – (Después de todo… somos iguales, ¿ne Kiba-kun?) (N.A: "ne" en este caso significa verdad)
- ¿Y qué si lo hago por venganza? – él apenas se sostenía en pie. Todo su cuerpo estaba temblando por el sobreesfuerzo.
- A lo largo de mi vida aprendí que con la venganza no se va a ningún lado... y que todo pasa por una razón. Piensa en ello. Si mi hermano no hubiera muerto… ¿tú serías tan fuerte como ahora? – pensaba que se iba a replantear sus acciones con mis palabras, pero con ellas solo conseguí aumentar su sed. Tal vez era mi destino acabar así… - Supongo que no puedo hacer nada por hacerte camb…
No pude continuar. Esa parte solo recuerdo que fue muy rápida. Tan solo sentí como algo frío me atravesaba el estómago y me inmovilizaba junto a la gran roca. Mi ropa comenzaba a encharcarse con mi flujo vital escarlata. Levanté mi mirada para contemplarle cuando un rayo surcó el cielo nocturno, dando comienzo a la lluvia. El cielo estaba llorando junto a mi corazón… Entonces una serie de imágenes aparecieron ante mí, recordándome todo lo que había pasado desde que soñé que mi hermana moría en manos de alguien, de Hidan… Si ella no hubiera muerto, yo no habría soñado con ello y por consiguiente no hubiera conocido a Akatsuki, mi familia… ellos hicieron en mí lo que soy ahora… Y no me arrepiento de nada.
De repente se escuchó el grito de Yami. Me giré para contemplarla y se me encogió el corazón. Estaba muriendo… por mi culpa. Por ser tan descuidada. Al final no he podido conseguir quitar la maldición de las Neko, me decía, frustrada. Ya me faltaba poco para morir… Empezó a llover más fuerte, limpiando así mi herida. Ambos nos contemplábamos en silencio hasta que el decidió romperlo.
- Era tu hermano… ¿Por qué?
Cuando lo había capturado no sentí ningún remordimiento pero en ese momento era como si lo sintiera todo de golpe, después de no sentir nada durante años. ¿Cómo pude hacerlo? No lo sé. Pero como siempre digo, lo hecho, hecho está. Ahora no puedo arrepentirme. Por lo que alzo la mirada y sin expresión alguna, y sabiendo que le dolería, le dije.
- Por lo mismo que tú vas a hacer ahora.
Llevado por la ira, empieza a caminar hacia mi al ritmo que le permite su pierna rota mientras yo cierro los ojos, esperando a mí final a la vez que las imágenes de mis seres queridos iban pasando a cámara rápida como si de una película se tratara. La última persona a la que vi fue a Yami. Sabía que esa palabra no iba a arreglar el daño causado, pero aún así le dije a Yami y a todos mis amigos y familia en general:
- Gomen… - entonces me vino a la mente la imagen de Hidan y recordé algo – Es cierto… ahora que recuerdo… nunca te dije lo que sentía hacia ti directamente, Hidan… te amo - y sentí como un kunai me atravesaba la garganta, dando punto y final a mi vida…
