27º Felicidad
El barco llegó hasta el puerto, Jacob bajó rápidamente, preocupado por la suerte que hubieran corrido el resto. Al bajar quedó quieto observando a los hombres que tenía delante. Frente a él se hallaban el tío de Edward, con el gobernador y los tres hombres que lo habían acompañado, el tío de Edward los tenía amordazados y maniatados.
-No termino de entender porque tú me los entregas, creía que también tenía que apresarte a ti.
-La verdad, ya no me importa si también has de apresarme, no voy a resistirme- Le sonrió acercándose un poco a él- No podía dejar que esta basura dañara a mi familia, por fin he hecho lo correcto.
-Me alegra escuchar eso- Sonrió Jacob también tendiéndole la mano- Soy Jacob Black, estoy al servicio de la corona española, y como tal, os perdono por vuestros actos pasados en vista del bien que habéis causado.
-¿Que va a suceder con ellos? Los españoles no tienen jurisdicción aquí.
-Estás muy equivocado, amigo mío- Sonrió Jacob- Resulta que su majestad el rey de Inglaterra ha firmado una tregua con la corona española, y en esa tregua, le ha cedido esta pequeña parte del nuevo mundo a los españoles, por lo que todo lo que ha ocurrido aquí es ahora de mi competencia.
-¿Queréis decir que vos vais a juzgarlos?
-Yo no, pero serán llevados a España, donde serán juzgados bajo las leyes españolas, y yo, personalmente, me encargaré de que se sepa que clase de personas eran- Le sonrió antes de girarse a sus hombres- Subid a esta chusma al barco y metedlos en los calabozos, preparad el barco para zarpar mañana al alba- Volvió a girarse hacia Eleazar- Creo que deberíamos ir a ver como están todos.
-Creo que tiene razón, señor.
Ambos caminaron por las calles desiertas de Forks y llegaron a la casa que pertenecía a los padres de Carlisle, en las ventanas se veían luces, y se oía mucho revuelo en el interior. Eleazar abrió la puerta y se encontró con su sobrina Alice canturreando y saltando por todo el hall.
-Alice, querida- Le tendió los brazos en señal de buena fe y ella no dudó en abrazarlo- Cuanto me alegro de verte sana y salva.
-Tío, que alegría que estés aquí, hoy es un día hermoso y lleno de dicha.
-Ya lo creo- Le sonrió sin soltar su abrazo- No solo se ha acabado la batalla, ahora vuelvo a sentir que pertenezco a una familia.
-Eso es maravilloso, pero no me refería a eso, tío- Alice se separó de él y lo miró sonriente, después miró a Jacob- Bella ha dado a luz a una hermosa niña hace apenas una hora.
-Eso es maravilloso.
-Bella siendo madre- Rió Jacob- Jamás me lo hubiera imaginado.
-Creo que ella misma no lo había imaginado nunca- Aseguró Alice- Y le va a costar adaptarse a las necesidades de un bebé, pero es una mujer fuerte, saldrá adelante.
-Estoy seguro de ello- Sonrió Jacob- Y si me disculpáis, subiré de inmediato a verla, zarpamos al amanecer y me gustaría despedirme como Dios manda.
Jacob los dejó a solas, subiendo hacia la habitación donde se oía más barullo de gente, sabiendo que sería allí donde se encontrarían todos, observando a la pequeña. Alice le indicó a su tío que subira también, que la familia estaba en deuda con él por haberlas salvado en el último momento, así que allí se dirigió también.
Durante algunos minutos se mantuvo al margen, observando como su adorada hermana sonreía al cargar a su nieta en brazos, como su cuñado se deleitaba al verla tan feliz, como su sobrino no era capaz de soltar la mano de su dormida esposa mientras esta descansaba tras el parto, como el marido de su sobrina y su gemela irradiaban felicidad por cada poro de su piel.
Alice tomó la mano de su tío al ver que este no se acercaba, y lo arrastró hasta la cama donde estaban todos alrededor. Una vez allí bajó la mirada avergonzado, sintiendo que en cualquier momento se le echarían todos encima. Pero no fue así, al contrario, Edward soltó por primera vez a Bella y lo abrazó con toda la fuerza de la que era capaz.
-Muchas gracias por ayudarlas, no se que habría sido de Bella sin tu ayuda.
-No tienes que agradecerme nada, después de todo, por la familia se hace lo que sea- Sonrió algo mejor.
Carlisle le hizo un asentimiento en señal de perdón y volvió a desviar la mirada hacia su nieta, que dormía plácidamente en brazos de Esme. Esta, viendo a su hermano allí, le cedió la niña a Carlisle y corrió a abrazarlo.
-Sabía que al final harías lo correcto, sabía que tú no eras malvado.
-Por lo visto, me conoces mejor que yo mismo- Le sonrió Eleazar estrechándola entre sus brazos- Jamás volveré a hacer algo parecido, lo juro.
Jacob se despidió de todos y fue de nuevo a su barco, al amanecer zarpó sin más hacia las costas españolas donde, sin piedad, haría que Aro y Cayo Vulturi pagaran por todo lo que han hecho.
Poco tiempo después recibieron noticias de Jacob en las que se les comunicaba que Aro y Cayo habían sido condenados a morir en la horca, Tanya había sido condenada a pasar el resto de su vida como sirvienta en casa del rey de España. También informó de que ninguno de ellos sería condenado por nada, que Jacob se había encargado de que nadie los relacionara con aquel grupo, dejando así a Bella libre de todo cargo.
-¿No estás contenta?- Preguntó Edward abrazándola por la espalda mientras ella mecía a su pequeña- Ahora podemos ser felices sin que nadie nos lo impida.
-Si... Es maravilloso- Suspiró antes de besar los cabellos rizados de su niña y dejarla en la cuna.
-¿Qué te sucede?
-Nada, no te preocupes- Dijo caminando hacia la ventana de la habitación.
-Bella, cuéntamelo- Le pidió acercándose a ella preocupado.
-Es una tontería, no tiene importancia.
-Claro que la tiene si hace que tú estés con esa cara tan triste- Se colocó a su lado y tomó su mano con delicadeza- Sea lo que sea, puedes decírmelo sin miedo.
-Vas a pensar que estoy loca.
-Jamás podría pensar algo así de ti- Le acarició la mejilla sonriéndole, intentando que le contara lo que fuera que le sucediera.
-Hecho de menos mi antigua forma de vida- Bajó la mirada- Se que soy una estúpida porque ahora tengo todo lo que podría haber deseado jamás, estás tú, esta nuestra hija, tenemos una hermosa casa y la justicia no me persigue por primera vez desde que tengo uso de razón pero... Aun así, añoro el mar...
-¿Ese es el problema? ¿Por eso tanta tristeza?
-¡Puede que para ti no tenga la menor importancia, pero para mi es parte de lo que soy!- Dijo indignada al ver como Edward le quitaba importancia.
-Se que es parte de ti, y si lo que quieres es navegar no tenías más que decirlo.
-¿Qué?- Preguntó sorprendida.
-Digo que si lo que quieres es navegar, podemos hacerlo, hay muchos negocios que hacer en alta mar, podemos crear convertirnos en comerciantes o en lo que tú quieras- Sonrió ampliamente- No me importa si vivimos en tierra o en mar, solo me importa estar a tu lado.
-¿Lo estás diciendo en serio?
-Totalmente- Bella se lanzó a sus labios y lo abrazó con fuerza- Si tú no eres feliz aquí yo tampoco lo soy.
-No sabes cuanto te amo- Lo volvió a besar con urgencia.
-No más que yo a ti.
Edward cogió a Bella en volandas y la condujo a la cama, la depositó suavemente y se tumbó a su lado. Sin soltar sus labios, la desvistió rápidamente. Ella no se quedaba atrás, ambos tenían necesidad el uno del otro.
Desde el nacimiento de la pequeña Renesmee no habían tenido ese tipo de relación, y ambos estaban deseosos de volver a reencontrarse y de mostrarse todo el amor que llevaban dentro.
Una vez desprovistos de ropa, Edward se colocó sobre ella con cuidado y apoyó su miembro en la entrada de Bella, la miró a los ojos y juntó sus frentes.
-¿Estás bien?- Ella asintió- Si te hago daño dímelo y pararé- Bella volvió a asentir y cerró los ojos cuando Edward comenzó el camino hacia su interior.
Ambos quedaron unos segundos quietos cuando Edward se introdujo por completo en su interior, después de meses sin sentirse, era tal el placer que hasta les dolía. Bella hizo un movimiento de cadera cuando consideró que había esperado suficiente y que ya no podía más con su sed de Edward. Ese simple movimiento despertó la fiera que él tenía dentro y comenzó un baile frenético que lo llevó al clímax.
Pero Bella aun estaba necesitada de él, así que hizo que sus cuerpos giraran, quedando ella sobre él, y ahí comenzó a cabalgarle, moviéndose a un rítmo frenético y desenfrenado, hasta que ella también alcanzó el cielo al sentir su orgasmo. Se dejó caer a su lado y ambos se quedaron abrazados, disfrutando el uno del otro mientras su pequeña dormía.
