Primero de todo, pediros disculpas mil veces porque hacía casi cuatro meses que no actualizo este fic. Es para matarme, lo sé. Pero por unas cosas o por otras, lo fui dejando de lado, quizás para volcarme en Buscando un Corazón o en el rp en el que participo. No sé cómo, pero cuando quise continuarlo hace unos meses me encontré completamente bloqueada. Como si hubiese perdido el cariño que le tenía a este fic, cuando fue el primero que me trajo aquí y que me hizo enamorarme de ellos, tanto como aún lo sigo estando hoy. Anoche me senté frente al ordenador con la intención de empezar el nuevo One Shot que me vino a la mente el otro día, entonces entré en el perfil de fanfiction y vi la última fecha de actualización de As Long y dije. "Oh Dios, cuatro meses, ¡esto no puede ser!" Y me acomodé en la silla y me negué a levantarme si al menos no escribía unas líneas. Y al final se me hicieron las dos y media de la mañana, con veinte páginas y sin poder parar de escribir. Solo me hacía falta un pequeño empujoncito xD. Espero que el próximo capítulo no se demore tanto y espero y deseo que éste haya valido la pena la espera. O que al menos, como digo siempre, consiga sacaros una sonrisa. :)

Nota aclaratoria: Recordemos que éste fic es un AU, aunque esté encuadrado en el Glee Club, en el que se narra cómo habría sido la tercera de no haberse marchado Sam a Kentucky. Empecé a publicar el fic sin saber que días después, anunciarían que Chord no volvería a Glee. Seguí publicándolo contando la historia de cómo habría sido de no haberse ido, y así lo vimos volver y vivimos su historia. Y yo me reí un montón, porque la gente que leía luego As Long, me recordaba momentos que habían pasado en el fic y luego pasaban en Glee, como la mención a l Chocolate Blanco, el hecho de que Jacob dijese que era prostituto y que al final en Glee resultase ser stripper xD Cuando Sam robó la flor del Altar Mayor para regalársela a Debbie, y el Sam de la serie se la daba a Rachel en Stereo Hearts. El hecho de que usasen "It's All Coming Back To Me Now" :3 Tantas cosas que, aun siendo pequeñas, me hacían ilusión. :) De hecho ya os aviso de que una canción que ellos pusieron en la serie, también sonará aquí, pero no es un plagio. La idea estaba antes en mi cabeza, solo que no quería fluir la papel. Para esa canción aún faltan capítulos, pero lo digo con tiempo para que lo sepáis ^^.

Mención especial a Pao, Mine, Luna, Azu, Noe, Ale, Andrea, Beeth y Savri ^^ siento el retraso, chicas. Gracias por saber esperar. No tengo perdón. Y para las chicas que me dejan esos hermosos reviews, MUCHAS GRACIAS, de verdad. Me emociono como una niña pequeña cuando los leo :$

Recordad, nada de lo que ha pasado en la tercera pasó en este fic, así que... echadle un vistazo y ojalá que os guste :)

Madre mía, cada vez son más grandes las notas de autor :S


Disclaimer: Glee no me pertenece, de lo contrario... bueno, no habría sido así xD


Capítulo 29: Mash Ups:

Había llegado el día.

Sam caminaba hacia la taquilla, decidido. Hacía un par de minutos que su madre le había dejado delante de la puerta del instituto y si no se daba prisa, no llegaría a tiempo para ver a su novia antes de que ésta entrase en clase de Física.

Mash ups.

La tarde anterior habían estado ensayando la coreografía y Kurt les había preparado los trajes que vestirían. ¿Qué podía decirse de ellos? Eran muy... estilo Kurt. Pero los chicos no habían rechistado al verlos, así que tendrían que ponérselos al fin y al cabo.

Mash ups.

Sam estaba seguro de que su Mash up ganaría. No tenían idea de que canciones habrían escogido las chicas, pero el de ellos era una auténtica obra de arte.

Giró por el pasillo, subiendo las escaleras y entró en el último corredor que conducía a su taquilla. Allí estaba ella, apoyada en el casillero, esperándole con una sonrisa. Estaba preciosa con una camiseta lila y un pantalón negro, que estaba deseando tocar.

Le sonrió, ajustando su mochila al hombro y se dirigió hacia ella.

- Hey.

- Hey – le sonrió ella, estirándose para darle un beso suave en los labios.

- ¿Qué tal todo ayer?

- Perfecto – le respondió, mientras él abría su taquilla y dejaba unos libros en ella.- La ropa está casi lista y el mash up ha quedado genial.

- ¿En serio? – Dijo, cerrando ya la taquilla e inclinándose ligeramente sobre ella.- ¿Me vas a dar una pistilla de cuales son las canciones?

- No – respondió ella, aparentando seriedad.

- ¿No? – preguntó, arqueando una ceja.

- Sam... – lo regañó, dándole un golpecito en el hombro.- No hagas trampas. No te voy a decir nuestras canciones. ¿Me dirías tú las vuestras?

- Sí – dijo, rápidamente.- Confío en ti.

- Lo sé. Pero yo no, así que no me las digas – le dijo, entrelazando sus dedos y empezando su camino hacia clase.

- Te doy una pista – dijo, sonriente.

- No, Sam... – protestó de nuevo.

- Yo lo haría todos los días si pudiese – le susurró al oído.

- ¿Qué? ¿Cómo?

¿Lo haría todos los días si pudiese? ¿El qué? ¿Qué se supone que haría? ¿Estar con ella? ¿Besarla? No, por supuesto que no. ¿Cantar? ¿Bailar? ¿Reír?

- Esa pista no vale. Hay muchas cosas que harías todos los días si pudieses.

- Pero no todas las haría contigo – sonrió, acompañándola a su aula.

- ¡Ah! Odio que me des pistas – dijo, medio triste.

- Te lo dije solo para que supieses que yo lo haría... Dame un beso o llegarás tarde de nuevo, venga.

- No es justo. Ahora no haré más que pensar qué cosa podría ser – respondió, estirándose para besarlo en los labios durante unos segundos.

- Bien – dijo él, colocándole el pelo detrás de la oreja.- Entra en clase, vamos.

- ¿Nos vemos en el almuerzo? – preguntó, sintiendo su mano acariciar su oreja.

- No sé si pueda. Creo que los chicos quieren que ensayemos a esa hora. Te mando un mensaje si como contigo, ¿vale?

- Vale.

Mercedes le sonrió, girándose ya para entrar en clase.

- Por cierto, recuérdame que después te cuente algo.

- ¿Otra pista? – dijo, burlona.

- Déjate de pistas y entra ya.

El chico aprovechó para tocarle el trasero a su novia, antes de que ella entrase en clase. Provocando que ésta se girase para responderle.

- Mi pago por la pista – se excusó él.

- ¡Pero si no me has dicho nada!

- Chsss – Sam se alejó ya, directo a su siguiente clase.

Y Mercedes se giró por fin para entrar en la suya.

¿A qué se refería con querer hacerlo todos los días con ella? ¿Hacer el amor?

Sería lo más esperado, pero ella dudaba que las canciones del Mash up fuesen acerca de hacer el amor. Aunque en realidad, las canciones de las chicas habían acabado siendo algo parecido.

Adoraba a Sam Evans, pero odiaba cuando la desconcertaba. Le había dado una pista y ahora se pasaría todas las clases pensando cuáles serían las canciones de su mash up. ¿Qué clase de novio tenía?

- Señorita Jones. ¿Otra vez llegando tarde?

- Lo siento – se disculpó, ocupando su lugar en la silla. Y rezando para que su castigo no fuese otro trabajo que entregar.

- ¿Qué te ha pasado? – Preguntó Quinn a su lado.- ¿Sam, otra vez?

- Me ha dado una pista acerca del mash up – susurró Mercedes abriendo los libros.

- ¿Cuál?

Mercedes garabateó algo en un papel, rápidamente y se lo pasó, justo en el momento en el que otra nota llegaba para ella. Artie se la había pasado y Quinn, en un intento por agarrarla, las había perdido a ambas.

¡Perfecto!

Pensó, recogiéndolas del suelo con disimulo y sentándose bien en la silla de nuevo. El profesor seguía anotando los problemas en la pizarra, así que decidida, aprovechó para abrir las notas, empezando por la de Artie.

Lo haría contigo todos los días si pudiese.

¿Cómo?

Quinn reprimió un grito, pero no pudo evitar que sus mejillas se sonrojasen como si fuesen tomates.

Se giró hacia atrás, observándole de arriba abajo. Artie le dedicaba su mejor sonrisa como si creyese que esa nota le hubiera sentado bien.

¿Con ella?

¿Artie quería acostarse con ella? Después de lo que había sucedido el día anterior, esperaba que todo se hubiese enfriado entre ellos. Que todo volviese a la normalidad. ¡Pero no había sido así! ¡Artie estaba decidido a engatusarla para tener sexo con ella! ¡Dios mío! ¿Cómo podía haber llegado a ello? No conocía a Artie Abrams. No le conocía en absoluto. Había creído que era un buen amigo, pero lo único que él deseaba era meterse debajo de su falda.

Arrugó con fuerza el papel, a la vez que Mercedes llamaba su atención.

No había leído su nota, se había olvidado por completo... La pista del mash up. ¿Cuál sería?

Lo siento mucho, Quinn. Siento muchísimo lo de ayer. Fue tan avergonzante. Estabas preciosa y... no pude resistirme. Comprendo que no quieras hablarme más. Lo siento, de verdad.

¡Artie! ¡Era la nota de Artie! Por esa razón le sonreía, porque ella le había mirado. Artie creía que ella había leído su nota cuando en realidad...

¡La pista!

Oh, por Dios. ¿Cómo podía haber pensado que Artie podría haberle mandado algo así? ¡Qué tonta había sido!

¿Cuáles eran las palabras de la pista?

Lo haría contigo todos los días si pudiese.

Eso le había dicho Sam a Mercedes.

¿Y su mejor amiga todavía se preguntaba a qué se refería? Era más que obvio que se refería al sexo...

Quinn abrió los ojos como platos.

¡Los chicos planeaban hacer un mash up sobre sexo!

Garabateó rápidamente su respuesta en el otro lado del papel y se lo pasó a Mercedes. Ésta la leyó, mientras Quinn respondía el mensaje de Artie y se lo mandaba hacia atrás.

- ¿Sexo? – Susurró Mercedes, a su lado.

- Sí, es más que obvio.

- No creo... – dijo, dándole la vuelta al papel y leyendo lo que había escrito del otro lado.- Quinn...

- ¿Qué?

- ¿Te has acostado con Artie?

- ¿Cómo? No... ¿Qué? – Quinn vio la nota que Mercedes sostenía en su mano.

Oh, Dios.

Se giró hacia atrás tratando de remediar el lío de papeles pero ya era demasiado tarde. Artie la miraba, totalmente rojo, tal y como ella había estado minutos atrás.

Lo haría contigo todos los días si pudiese.

Asustada, negó con la cabeza.

Quería explicárselo todo, ¡pero estaba en esa maldita clase! ¿Cómo podía tener tan mala suerte?

Artie, ese papel no era para ti. Luego te lo explico.

Puso en un papel y se lo pasó, esperanzada.

El chico no tardó en abrirlo, leyéndolo deprisa y dedicándole una sonrisa leve.

Quinn respiró aliviada, girándose hacia delante, sin llegar a ver cómo la sonrisa de Artie se convertía en una mueca de desilusión.

No era para él. Claro que no era para él. Quinn Fabray jamás querría acostarse con él. Había estado con Puck, había salido con Finn y Sam. ¿Cómo podía haber pensado que ella quisiese hacer el amor con él?

¿Hacer el amor?

No. No podía pensar más en ella. Tenía que olvidar a Quinn Fabray cuánto antes.

Luego te lo explico.

Ojalá que ese luego nunca se produjese. No quería volver a pasar la vergüenza que había sufrido el día anterior. Ahora Quinn y Mercedes se reían delante de él, mientras copiaban los ejercicios de la pizarra.

¿Acaso Quinn le había contado lo sucedido? ¿Le había contado que se había excitado sintiendo su cuerpo junto al suyo?

¡Perfecto! Ahora tampoco podría mirar a Mercedes a la cara.

La clase no pasó lo suficientemente rápido para él, pero llegó a su fin y una vez recogidas sus cosas, se dirigió hacia la salida sin esperar a ninguna de sus amigas.

- ¡Artie! – chilló Quinn detrás de él.

- No hace falta que me lo expliques, Quinn. Lo entiendo. El papel no era para mí, fin de la charla – dijo, girando la silla para salir al pasillo que empezaba a odiar con todas sus fuerzas.

- Tu nota se mezcló con la de Mercedes - le explicó, colocándose delante de él.

- ¿Con la de Mercedes? – El chico abrió los ojos como platos.

- ¡No! ¡No! No pienses mal. No hay nada entre Mercedes y yo. Solo me estaba escribiendo...

- ¿Qué? – quiso saber.

- No debería decirlo, pero... Sam le ha dado una pista acerca del mash up.

- ¿Una pista?

- Sí. No te enfades con él.

- No me enfado con él. Es Sam al fin y al cabo, no puede guardar un secreto. ¿La pista era la nota? "Lo haría todos los días contigo si pudiese" – dijo, como un susurro, provocando en Quinn el deseo de que aquello se hiciese realidad.

- Sí, esa era la pista. Y las notas se mezclaron. Le respondí a Mercy en tu papel y a ti en el suyo – dijo, atropellándose con sus palabras.

Artie abrió su nota de nuevo, girándola para leer lo que había del otro lado del papel.

No tengo nada que perdonar, Artie. ¿Dejar de hablarte? Jamás.

El chico le regaló su enorme sonrisa.

Una sonrisa que paralizó a la ex Cheerio durante unos segundos.

Artie había leído su mensaje y ahora le sonreía feliz.

- Gracias, Quinn. Siento todo el lío de papeles.

- Más lo siento yo, Artie. Olvídalo, ¿sí?

- ¿El qué? ¿Qué es lo que tengo que olvidar? – le preguntó el chico, riéndose. Había empezado a dirigir la silla hacia el aula de Biología y ella le acompañaba a su lado.

- Así que... "Lo haría contigo todos los días si pudiese" – dijo Quinn, divertida.- ¿Qué clase de canciones habéis escogido? ¿Debo pensar mal?

- Debes – le respondió él,- Acércate, ven.

La llamó, pidiéndole que se agachase. Y ella no dudó en hacerlo.

- ¿Quieres que yo también te dé una pista? – susurró en su oído.

Ella se separó ligeramente, observando la poca distancia a la que se encontraban los labios del chico de los suyos. Sería tan fácil besarle. Solo tenía que inclinarse un poco y...

¡Quinn Fabray! ¡Ni se te ocurra!

Se levantó como un resorte. Asustada de lo que había estado a punto de hacer. Y le miró, cuestionándole. Tratando de hurgar en su mente para saber lo que el chico había pensado de todo aquello.

- ¿Quieres la pista o no? – volvió a preguntarle, con una sonrisa.

¿No se había dado cuenta de que ella había estado a punto de besarle? ¿Cómo no podía haberse dado cuenta? ¡Era imposible!

- La pista... – consiguió decir ella.

Y él se acercó de nuevo, susurrándole a su oído.

- Rosas.

- ¿Rosas? – Quinn lo miró, asombrada. ¿Rosas?

- Sí, rosas. Una cama llena de ellas – dijo. Y acto seguido, se cubrió la boca con sus manos, asombrado de lo que había soltado.

Se quejaba de Sam, y él le había dado una pista todavía peor. ¡Le había dado el título de la canción!

- ¡Una cama llena de rosas! – chilló Quinn en medio del pasillo, provocando que todos la mirasen.- Es Bed of Roses de Bon Jovi, ¿verdad?

Artie deseó en ese momento que un agujero se abriese en medio de ese pasillo y la tierra se lo tragase. ¿Cómo podía haber sido tan tonto? Al menos la pista de Sam era más difícil de descifrar.

Asintió con la cabeza, dándole la razón.

- Soy pésimo dando pistas – se lamentó.- Los chicos me matarán y con razón.

- No te matarán, porque yo no se lo diré a nadie – le respondió Quinn.

- ¿A nadie? – preguntó, esperanzado.

- Bueno... puede que a Mercedes. Al fin y al cabo, ella fue la que me dijo la primera pista. Y sabes que ella no dirá nada. Nunca delataría a Sam.

- Eso es cierto – respiró, aliviado.

- Y solo sé una de las canciones, la otra todavía sigue siendo una sorpresa – le recordó, mientras cruzaban la puerta del aula de Biología.

- Tienes razón – le respondió él, antes de ocupar su lugar en clase.- Todavía podemos sorprenderos.


- ¿Y bien? – dijo Mercedes, ocupando la silla que había libre enfrente de Quinn.

Finalmente, Sam no había podido comer con ella, así que se había dirigido hacia la cafetería de todos modos, esperando encontrarse alguien con quién hablar. Quinn Fabray estaba allí, concentrada en los apuntes de Física mientras se comía su ensalada de col.

- ¿Y bien qué? – respondió la chica, viendo cómo Mercedes se sentaba enfrente de ella.

- ¿Me vas a contar qué fue todo eso? ¿Los papeles?

Mercedes se llevó a la boca una de las patatas fritas que había tomado como almuerzo.

- Si tú me cuentas tus más oscuros secretos - le susurró Quinn, apartando sus ejercicios de física y guardándolos en su carpeta.

- Trato.

- No lo decía en serio, Mercy – se rió.

- Yo sí, así que desembucha.

- ¿Qué quieres saber? – preguntó, poniendo los ojos en blanco.

- Todo. Y ve empezando, solo tenemos veinte minutos.

- Me sobran y me bastan. Es fácil. Artie tuvo una erección ayer en la actuación de Give me everything, simplemente me mandó un papel disculpándose y listo.

- ¡Oh, Dios mío! ¿Contigo?

- ¿Conmigo qué? ¡Baja la voz!

- Tuvo una erección contigo, es decir, ¿tú la provocaste?

- ¡No! Fue Jacob Ben Israel con sus gritos... Por supuesto que fui yo, sino, ¿Por qué se tendría que disculpar?

- Vale, vale. Es solo que... ¡Guau! – Mercedes trató de no reírse. Ellos eran sus dos mejores amigos y no deseaba hacer nada que les hiciese daño.

- ¡Pero yo mezclé los papeles! ¡Qué idiota! ¡Mezclé los papeles y creí que la pista...! – Quinn empezó a hablar sin parar. No podía detenerse. Debía contarle a alguien todo lo que le estaba pasando o acabaría volviéndose loca.- "Lo haría todos los días contigo si pudiese" ¡La pista! Creí que era su nota.

- Quinn...

- Creí que lo era y me llevé un susto, porqué... pensé... ¡oh, Dios! Pensé que quería acostarse conmigo y-

- Quinn...

- Pero no era su nota, no lo era. Era la maldita pista y yo creí que sí lo era. ¿Cómo creerlo, verdad? ¿Viniendo de Artie? Era imposible.

- ¡Quinn Fabray! – chilló Mercedes.

- ¡¿Qué?

Las chicas se miraron durante unos instantes, tratando de recuperarse del susto.

- Quinn... No debería ser yo quién te lo dijese pero... Te gusta Artie.

- No.

- Sí.

- No.

- Puedes seguirlo negando cuánto quieras, todavía tenemos unos minutos.

- Mercedes...

- ¿Por qué no lo reconoces? Artie es un buen chico. El mejor, Quinn. Y podría hacerte feliz. ¿Qué tiene de malo que te guste?

- No tiene nada de malo, es solo que... – se calló, observando la reacción de su amiga.

¿Qué? ¿Qué era lo que le impedía admitirlo? Era más que obvio que Artie le gustaba. Había deseado besarle en el pasillo hacia apenas unas horas. No necesitaba más prueba que esa.

- ¿Te avergüenzas de lo que sientes?

- No, por supuesto que no – respondió rápido la chica.

- Os he visto muy juntos últimamente.

- Estamos dándonos clases de Español y Francés – le contó.

- ¿Ah sí? ¡Vaya! – Una sonrisa se formó en sus labios.

Así habían empezado Sam y ella su relación. Pasando tiempo juntos mientras preparaban los exámenes. Y así sería cómo Quinn y Artie empezarían a salir. Mercedes estaba completamente segura de ello.

- Me ha dado una pista... Bueno, en realidad me ha dicho el título de una de las canciones de su mash up.

- ¿Sí? – Mercedes no podía creérselo. ¿Artie le había dado el título de una de las canciones?

- Sí, pero no podemos decírselo a las chicas o les meteríamos en problemas, a él y a Sam.

- Claro.

- Es "Bed of Roses"

- ¡Oh, Dios mío!

- ¡Eso dije yo! – chilló la rubia, viendo cómo su amiga se abstraía en sus pensamientos.

Bed of Roses de Bon Jovi.

Lo haría todos los días contigo si pudiese.

Sam haría el amor con ella todos los días si eso pudiera ser posible. ¡Y en una cama de rosas! ¡Oh, Dios! ¿Cómo podía tener tanta suerte de tenerle? ¿Cómo?

El día anterior, Jacob había soltado el rumor acerca del inexistente embarazo y en lugar de salir corriendo, Sam había decidido dejarlo todo por ella. Para cuidarles, para que no les faltase de nada. Estaba completa y rematadamente enamorada de Sam Evans y...

- ¡Mercedes!

- ¡¿Qué?

Ahora era ella la que se asustaba con los gritos de su amiga, centrándose de nuevo.

- He querido preguntártelo desde ayer, pero no me atrevía...

- ¿El qué?

- He oído un rumor en el instituto y... – la rubia titubeó, sin encontrar las palabras adecuadas.

- No, Q. No estoy embarazada – le respondió, viendo cómo la chica respiraba aliviada. Le había dado vueltas la cabeza toda la noche, y apenas había podido dormir temiendo que la historia se repitiese.

- Jacob Ben Israel soltó la noticia ayer – le explicó.- Pero no es cierto.

- Me alegro, de verdad que sí. Ahora ya puedo respirar tranquila.

Mercedes le dedicó una sonrisa a su amiga, mientras se llevaba a la boca otra patata frita.

- Entonces... ¿Por qué razón no viniste el lunes a clase? Supuse que sería por eso.

- No. No fue por... Creí cosas que jamás debí haber creído. Cosas que me hicieron daño, Quinn. Que me hicieron perder la cabeza y cuestionarme todo lo que habíamos vivido y...

- A veces no sé de lo que me hablas y me estresa.

- Debbie.

- ¿Debbie? ¿Debbie Cooper? ¿Qué tiene que ver ella en todo esto?

- Creí que Sam me engañaba con ella.

- ¿Con Debbie? ¿Enserio? – Quinn no pudo evitarlo. Delante de todos los estudiantes que se encontraban comiendo en la cafetería, empezó a reírse escandalosamente.

- ¡No te rías! ¡De verdad lo creí!

- Pero si son los mejores amigos, Mercedes. Además, Debbie Cooper lleva enamorada de Andrew años.

- ¿Y si son los mejores amigos, por qué no me la había presentado? ¿Por qué? Sigo sin entenderlo.

- Yo tampoco – respondió Quinn.- No sé. Quizás nunca lo sabremos. Pero, de verdad te lo digo. No pienses en eso. ¿Sam engañarte? Ni hablar, Mercedes. Te quiere.

- Ya lo sé – le respondió ella, apoyando su barbilla en su mano y mirando a lo lejos la puerta de la cafetería.

- Así que... ¿Todo bien con él ahora? Ayer en la actuación parecíais muy felices.

- Sí, ahora todo está bien. Bueno... no todo – dijo, acercándose para susurrarle.- Mi madre nos pilló el lunes.

- ¿Os pilló cómo? ¡Oh, Dios! ¿Haciéndolo? ¿En el momento?

- ¡No! Después de hacerlo.

Quinn se relajó durante unos segundos, antes de volver a empezar con más preguntas.

- ¿Y cómo lo llevan? Tus padres y Sam, digo.

- Mi padre no lo sabe, mamá no se lo ha dicho todavía. Hemos tenido la charla y... bueno, te imaginarás. Sam se ha vuelto loco, quiere que lo vean como el novio ideal para su hija.

- Y lo es – dijo Quinn, segura de lo que hablaba.

- Sí – respondió Mercedes, masticando su última patata frita.- Dos minutos, Q. Llegaremos tarde a clase.

- ¡Qué raro!- se rió la ex Cheerio recogiendo ya sus cosas y levantándose de su asiento.

Se dirigieron a la puerta, contentas de haber podido recuperar el tiempo perdido. Jamás debía haberse alejado de Mercedes. Jamás. Ahora se arrepentía de ello, pero todavía estaba a tiempo de remediarlo. Mercedes también quería poner de su parte y ésta vez Quinn Fabray no se lo impediría.


- Tíos, tíos, tíos. Estoy acojonado – dijo Finn, mirándoles seriamente en el auditorio.

Habían terminado de ensayar hacía unos minutos y el timbre que indicaba el cambio de clases estaba a punto de sonar. Todos lo miraban como si se hubiese tomado de nuevo las pastillas de Vitamina D que les recetara Terry Schuester años atrás.

- Pues no lo parece – oyeron decir a Puck. Su amigo no dejaba de moverse, algo raro en él teniendo en cuenta lo mal bailarín que era.

- Es que me juego que Rachel y yo volvamos a estar bien. Después de lo que pasó con Sam y Mercedes, y el puñetazo a Jesse... Quiero que volvamos a estar bien – repitió, sin dejar de moverse.

- No deberías estar acojonado, Finn. Con este mash up la recuperarás, no lo dudes. La verdad es que nos ha quedado genial. Si Puck no se equivoca en los pasos, ganaremos – respondió Artie, burlón.

- ¡Oye! Un respeto. Yo pongo todo de mi parte.

- Dejadlo ya – oyeron decir a Mike mientras Kurt y Blaine se miraban divertidos, acercándose a dónde Finn se encontraba y dándole una palmadita en el hombro.- Lo haremos genial Finn, y lo conseguirás. Ya lo verás.

- Eso espero- respondió él con miedo, agradeciéndole el gesto de cariño.

Todos se apresuraron a salir del auditorio, directos a sus clases, mientras Artie detenía a Sam y le indicaba que necesitaba hablar con él.

- ¿Qué ocurre? – preguntó, mirándole dudoso.

- Puede que... le haya dicho a Quinn cuál es una de las canciones del Mash Up – respondió él, jugando con sus guantes.

- ¿Por qué? – Sam se quedó boquiabierto. Artie le había pillado desprevenido y no lograba entender cómo podía haberlo hecho.

- Es que... Mercedes se lo dijo a Quinn. Ya sabes... la pista.

- Ajá – dijo, aún sin entender nada en absoluto.

- Y yo... bueno, ¿se la completé?

Y tan pronto como lo dijo, Sam empezó a reírse escandalosamente.

- No veo qué tiene tanta gracia – le dijo, medio molesto.

- Nada, no te preocupes. Son cosas mías – Sam le guiñó un ojo, haciendo que el chico se relajase un poco.

No pensaba ser él quién le dijese la verdadera razón por la que se lo había dicho. El propio Artie tenía que darse cuenta de ello, él mismo debía ser quién se lo dijese si así lo consideraba oportuno. Sería tan fácil hacerlo... Tan fácil... Pero Sam no quería pasar esa barrera que habían formado. Eran amigos, pero no lo suficiente como para contarse sus propios secretos. ¿O sí?

- No es lo que estás pensando – dijo rápidamente Artie.

- ¿Qué estoy pensando?

Rojo como un tomate, Artie se animó a hablar.

- Crees que lo hice porque me gusta.

- ¿Lo creo?

- No tiene gracia, Sam.

- No la tiene – dijo, él tratando de no reírse.

- Sam... – protestó de nuevo su amigo.

- Vamos a llegar tarde, ¿lo sabes, no? – dijo, cambiando de tema rápidamente. Artie no estaba preparado para hablar con él. O quizás fuese él mismo quién no lo estuviese. Se quedó pensativo durante unos segundos. Segundos que a Artie le parecieron minutos.

¿No estaba celoso de él, verdad? Lo que había tenido con Quinn había quedado atrás, ahora tenía a Mercedes. Ella le hacía feliz. Mucho más feliz de lo que había sido en el pasado. No estaba celoso. Solo preocupado. Temía que alguien le hiciese daño de nuevo, como había sucedido con Finn el año pasado. Finn no había dejado de querer a Rachel, la propia Quinn lo sabía y a pesar de ello, había apostado por la relación, haciéndose daño a sí misma. Pero Mike le había dicho que ella se había fijado en Artie. Incluso le había dicho que ambos se habían besado en su fiesta de cumpleaños. ¿Cómo no había podido darse cuenta de ello? ¿Tan perdido en sus pensamientos estaba que ni siquiera había podido ver el beso de ambos? El ponche... Sí, había sido el ponche. Les había revolucionado a todos. Le había vuelto la cabeza patas arriba, hasta el punto de tener sexo alocado con Mercedes en el baño de Rachel Berry. ¡Guau! Jamás podría olvidarse de esa noche... Estaba deseando repetirla, pero ésta vez, sin alcohol de por medio.

¡Quinn y Artie estaban encerrados en el baño del piso inferior! Ahora lo recordaba. Quizás había pasado algo más que ese beso entre ellos. Quizás el ponche había hecho efecto en ellos también y... ¡No! Imposible... Quinn nunca cometería los errores del pasado. ¿Verdad? ¿O sí?

- ¿Os habéis acostado? – Las palabras salieron de su boca como un huracán, siéndole imposible detenerlas.

- ¡¿Qué? ¡No!

Y ahora era Sam el tomate y Artie quién lo miraba, pálido.

- Jesús, ¿qué te hace pensar eso?

- La fiesta de cumpleaños de Mike. Os encerrasteis en el baño de abajo.

- Y vosotros en el de arriba. Ya lo sé. Pero que vosotros lo hayáis hecho no implica que nosotros también. No nos metas en el mismo saco – le dijo, molesto.

- Lo siento, es solo que-

- Yo nunca me aprovecharía de Quinn estando borracha. No soy Puck – dijo, cabreado, al mismo tiempo que se arrepentía de haberlo dicho.- Lo siento, no quise decir eso.

- Ya lo sé. Yo soy el que lo siente. No debí meterme en lo que no me importa. Es solo que... no quiero que le hagan daño.

- Yo nunca le haría daño – le aseguró Artie.

- Lo sé.

- Creo que me estoy enamorando, Sam.

Ahí estaba, directo y conciso. Cuando había pensado que su amigo no se abriría para él, ahí estaba Artie para hacerle cambiar de opinión.

- Yo... creo que... Me gusta mucho.

- ¿Se lo has dicho? – La pregunta del millón.

- No, ni de broma.

- ¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo?

- No quiero que se aleje de mí si se lo digo. Estamos dándonos clases de español y francés. Viene a mi casa y juega con Lucy.

- ¿Lucy? – Sam frunció el ceño, pensativo.

- Mi hermana.

- ¿Tu hermana se llama como Quinn? ¡Qué coincidencia! – dijo, asombrado.

- Sí, y ella la adora. Bueno, Lucy se encariña rápidamente con las personas. A Britt la quiere muchísimo y creo que si le dijese la verdad a Quinn, ella podría alejarse... y Lucy volvería a salir lastimada.

- Pero, ¿qué te hace pensar que se alejará?

- Es "La Reina de Hielo", ¿lo recuerdas?

"Su Reina de Hielo" en realidad. Ella misma se había denominado así.

- No cuando está contigo, Artie – dijo Sam, convencido de lo que hablaba.

Él no le respondió, se limitó a recordarle lo que había sucedido el lunes en los pasillos del instituto.

- Azimio y Anthony, el lunes, la pelea con Quinn... ¿sigo?

- No... No sigas. Eso no quiere decir nada.

- No, claro que no – dijo, Sam, tratando de hacerle entrar en razón.- Lo dice todo. A ella también le gustas, Artie. Mike me lo dijo, y él se da cuenta de todo, te lo aseguro. Fue el primero en darse cuenta de mi relación con Mercedes. No sé cómo lo hace, pero es un buen ninja. Es increíble la habilidad que tiene.

Artie se rió al oírle nombrar a Mike, su amigo tenía toda la razón del mundo. Jamás conocerían a nadie tan inteligente como lo era el asiático.

- No quiero que se aleje – repitió.

- Puede que lo haga, Artie. Pero no por tus sentimientos hacia ella, sino por los suyos propios – le aclaró.

- No quiere que le hagan daño – dijo en voz alta.- No quiere confiar en nadie, no quiere que vuelvan a lastimarla.

- Exacto – asintió con la cabeza.- Pero tú conseguiste derretir ese hielo que la protege, tú lo hiciste.

- ¿Lo hice?

- ¿No lo ves?

¿Lo hizo? ¿Lo había hecho? Artie no lo creía en absoluto. ¿Cómo podía ser él mismo el causante de que la fría e insensible Quinn Fabray ablandase su corazón helado? No podía ser posible. Sam se equivocaba. Y lo había comprobado hacía unas horas en aquel pasillo cuando habían salido de clase de Física. Estaban tan cerca... Tanto como para poder unir sus labios y regalarse un beso tan dulce como el que se habían dado en la fiesta de cumpleaños de Mike. Tan cerca... Pero en tan solo segundos, la chica había puesto distancia rápidamente. Como si el solo hecho de estar cerca de él, le molestase. Y besarle... sería sin duda una pesadilla. ¿Verdad?

- Mira – comenzó a decir Sam, tratando de hacerle entrar en razón.- Tú tienes miedo, ella tiene miedo. Ambos lo tenéis. Pero no podéis dejar de lado esto que está empezando entre vosotros. Intentadlo. ¿Qué podéis perder?

- ¿Nuestra amistad? – le recordó Artie, preocupado.

- Piénsalo bien, de verdad. Piensa si quieres estar cerca de ella siendo solo su amigo. ¿Es eso lo que quieres? ¿Podrías verla con otro? ¿Sonriéndole a otro? ¿Agarrando la mano de otro? ¿Sentada en sus rodillas?

¿Podría? ¿Sería capaz? No, no podría. ¡Demonios! No podría. Sam tenía razón. No soportaría verla sentada en las rodillas de otro chico, y menos después de haberla tenido en las suyas. Tan cerca de él, tanto como para poder acariciar su pelo rubio, mientras ella se recostaba en su pecho como había sucedido en el baño de Rachel Berry.

Se calló sin darle una respuesta. No hacía falta, Sam sabía muy bien cuál sería. La misma que él se había dado a sí mismo hacía meses. No podía ser solo amigo de Mercedes. Necesitaba más que eso, Mucho más. Y lo había conseguido, y ahora, estaba por completo feliz de haber tomado esa decisión.

- Piénsalo – le dijo, aún sabiendo que el chico ya se había respondido a sí mismo.- Piénsalo bien.

Artie asintió con la cabeza, a la vez que rodaba su silla en dirección al elevador.

- Llegamos tarde otra vez. Esto se está volviendo costumbre.

- Si seguimos así, llegaremos tarde hasta a nuestra graduación – le respondió Sam, divertido.

- No lo dudes.

Cuando el elevador llegó arriba del todo, Sam se colocó detrás de Artie para ayudarlo a salir del auditorio.

- Te veo después en el Club Glee – le dijo viendo cómo Artie empezaba a rodar su silla.

- No llegues tarde – le dijo, burlón.

- No lo haré. Tengo a una chica que impresionar – Sam le guiñó un ojo, haciéndole reír.

- Y yo – susurró Artie, emprendiendo su camino a clase.


Los chicos ya se encontraban en sus posiciones cuando Quinn y Mercedes entraron por la puerta del Club Glee. No perdieron el tiempo, corriendo rápidamente a ocupar sus sitios al lado de Rachel y Tina. Santana, Brittany y Lauren se sentaban en la parte de arriba, preparadas para el espectáculo.

- Me aburro – dijo, Santana, esperando que el Señor Schuester llegase a clase.- Quiero ver como Finnocencia hace el ridículo. ¿Dónde se ha metido el Señor Schue?

- Puede que se haya atragantado con un chaleco – dijo Britt a su lado, haciendo que su novia, frunciese el ceño, confundida.- Lord se empeñaba en comérselos también, pero le caen fatal al estómago.

Todos reprimieron sus risas al tiempo que Will Schuester entraba por fin en el aula con la Señorita Pillsbury.

- Siento el retraso, chicos. Le he pedido a la Señorita Pillsbury que, como hace todos los años, nos ayude a elegir el mejor mash-up.

- Buenos días – dijo ella, mostrándoles su perfecta dentadura blanca con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¡Wow! ¡Qué felicidad! Otra que ya no pertenece al Club V... – oyeron decir a Santana.

- ¿Qué club es ese? ¿El de los Vestidos? ¿Lo dices porque lleva falda, verdad? – le preguntó Britt, a su lado, haciendo que todos la mirasen a ella, en lugar de a la sonrojada Emma Pillsbury.

- Ya. Suficiente. No perdamos el tiempo. Hoy será el turno de los chicos y mañana el de las chicas. Veo que ya estáis listos. Cuando queráis podéis empezar – le dijo a Finn, señalándole la silla de enfrente a su novia para que se sentase en ella. Haciéndolo el, segundos después, a su lado.

- Bien. Antes de hacerlo, queríamos, bueno... – carraspeó, nervioso mirándolos a ellos y luego mirando al público.- Este mash up va para ti, Rachel.

Sam, Mike y Artie fueron los que carraspearon ahora al escucharle. ¿Para Rachel? ¡Ni de broma! Se suponía que era para todas las chicas del Glee Club, no solo para ella. Los nervios de Finn lo habían traicionado sin duda.

- Vale, no solo para ti. Yo te lo dedico a ti – dijo, recibiendo una sonrisa sincera por parte de su novia.- Pero es para todas las chicas de New Directions. Incluida tú, Santana.

La latina puso los ojos en blanco, tratando de olvidar el comentario del moreno.

Finn volvió a mirar a sus compañeros, esta vez en busca de su aprobación, antes de decirle al chico de sonido que la música empezase a sonar.

Sam y Mike asintieron con la cabeza, dándole la señal y todos se colocaron en sus posiciones. Artie delante de todo, Finn, Mike y Blaine detrás de él y Puck y Sam al fondo con Kurt.

La música empezó a sonar y ellos a bailar a su ritmo, dejando a las chicas impresionadas con su coreografía y su letra. Finalmente, el mash up había sido dos canciones de Bon Jovi, Bed of Roses y Thank you for loving me. Dos canciones románticas que ablandarían el corazón de cualquier chica.

Finn fue el primero en cantar, colocándose delante de ellos y mirando fijamente a su novia.

I never knew I had a dream

Until that dream was you

When I look into your eyes

The sky's a different blue

Rachel no podía dejar de sonreírle y con ella, la Señorita Pillsbury que ahora agarraba la mano del profesor Schuester mientras los veía cantar.

Ahora era Sam quién se adelantaba para cantar el estribillo de la canción, mientras observaba feliz a Mercedes. Sentada entre Quinn y Rachel, era la única que lo miraba a él, Rachel permanecía con su mirada fija en Finn, mientras que Quinn le sonreía a Artie, que se dedicaba a hacer los coros de la primera canción.

I want to lay you in a bed of roses

for tonight I sleep on a bed on nails

I want to be just as close as the holy ghost is

and lay you down in bed of roses.

Les estaba quedando genial y todos lo sabían, tanto ellos como las chicas. Incluso la Señorita Pillsbury había empezado a aplaudir sin ni siquiera haberles dado tiempo a acabar la canción. Todavía quedaba un último trozo, y Artie sería el encargado de entonarla con los chicos como coro.

Lock the doors

We'll leave the world outside

All I've got to give to you

Are these five words when I

Todos juntos cantaron finalmente la parte que acababa el mash up. Sin dejar de observarlas a cada una de ellas. Porque las necesitaban, porque no serían nada sin ellas. Porque se lo debían todo, porque les hacían los hombres más felices del mundo.

Thank you for loving me

For being my eyes

When I couldn't see

You parted my lips

When I couldn't breathe

Thank you for loving me

When I couldn't fly

Oh, you gave me wings

You parted my lips

When I couldn't breathe

Thank you for loving me

Los aplausos que antes no se habían escuchado a causa de la música, podían ahora oírse sin problema. A los de la Señorita Pillsbury se sumaron los de Rachel, Quinn y Mercedes, y también los de Britt, Tina y Lauren. Santana también aplaudió luego de que su novia se lo pidiese con su rostro risueño.

- No han estado mal, San – le susurró, para que nadie las escuchase.

Ésta se encogió de hombros, empezando a aplaudir a su lado. ¿Qué no haría por su novia?

- ¡Guau, chicos! No creí que fueseis a atreveros con Bon Jovi de nuevo. Ha sido... ¡alucinante!

- Fantástico – añadió la Señorita Pillsbury.- Chicas, lo tenéis bastante complicado. Pero estoy segura de que podréis superarles, ¿verdad?

- Por supuesto – dijo Santana, segura de lo que hablaba.

Rachel se levantó rápidamente para abrazar a Finn, antes de que se sentase.

- Gracias – dijo, colocando su cabeza junto a su pecho, mientras los brazos de él la rodeaban.- Gracias de verdad.

Sam aprovechó el sitio libre de Rachel para sentarse al lado de Mercedes. Y ésta lo recibió con un beso en la mejilla y unas manos suaves. Artie no perdió el tiempo tampoco y rodó la silla para colocarse al lado de Quinn. Sonrojado como un tomate no pudo decirle nada, se limitó a subirse las gafas que le resbalaban por la nariz, traviesas, y observó cohibido como Finn y Rachel se sentaban al lado de Sam.

Quinn no podía dejar de sonreír a su lado. La canción había sido hermosa, y no podía evitar pensar que en algunos trozos, Artie la miraba fijamente, cantándosela. Estaba completamente segura de ello.

- Bueno, sigamos con la clase, entonces... – dijo, el Señor Schuester levantándose ya de su silla.


- Habéis estado geniales – dijo Quinn, acompañándole al aparcamiento donde ya se encontraba su madre esperándole.

- Pero no lo suficiente. Nos ganaréis mañana – le respondió él, convencido de ello.

- ¡Si aún no sabes qué cantaremos! – dijo la ex Cheerio, divertida.

- No lo sé, pero lo tengo clarísimo – Artie estiró la última palabra como si fuese chicle, haciéndola reír aún más.

Estaba nervioso, más aún que cuando le había cantado su parte de la canción. Porque así había hecho. Se la había cantado, delante de toda la clase, delante de todos sus compañeros sin importarle qué pensarían de ello. La había visto sonreír y eso le había dado fuerzas para poder hacerlo. ¿Sería capaz de confesarle lo que sentía también? Ojalá fuese posible, no deseaba nada más que ser sincero con ella. Demostrarle cómo se sentía cuando la tenía cerca, cuando le sonreía, cuando le rozaba con sus manos. Se lo diría, tenía que hacerlo. Debía hacerlo. Lo necesitaba.

- Quinn... ¿Vendrás hoy a casa?

- Sí, claro. ¿Por qué? ¿Tienes algo que hacer? – preguntó con miedo.

- No, era para asegurarme – le respondió, con una sonrisa, mientras rodaba la silla hacia el coche de su madre.

- Buenos días, Señora Abrams.

- Hola mamá.

- Buenos días, chicos. ¿Qué tal todo?

- Bien. Muy bien.

- ¿Te veremos después, Quinn? – le preguntó Molly Abrams.

- Claro – Dijo, sin dudarlo.

- Lucy está deseando que vengas, hoy quiere paseo sí o sí – dijo la señora, divertida, haciéndoles reír a ambos.

- Dígale que no faltaría por nada del mundo – Quinn le guiñó un ojo a Artie a la vez que se alejaba ya hacia su coche. – Nos vemos después.

- Sí – consiguió decir él, mientras la miraba alejarse, hipnotizado.

- Tierra llamando a Artie. Tierra llamando a Artie.

- ¿Qué pasa, mamá?

- Nada, que subas ya, que se nos hace tarde – le dijo, rodando la silla hacia la puerta del coche.

Le había guiñado el ojo. Quinn le había guiñado el ojo. Y le había sonreído. ¿Tendría razón Sam? ¿Habría conseguido derretir el corazón de su "Reina de Hielo"? Esa tarde lo descubriría, esa tarde le confesaría cómo le hacía sentir, y sabría de una vez por todas que era lo que ella sentía por él. Esa misma tarde... En apenas unas horas.


- ¿Qué era lo que tenías que contarme? – le preguntó Mercedes, esperando a que su novio dejase sus cosas en su taquilla para marcharse ya a casa.

- ¡Qué impaciente! – dijo él, burlón. Adoraba cuando ella fruncía el ceño, molesta.

- Dímelo... Venga – Mercedes cerró la taquilla de él, empujándolo y recostándolo sobre ella.- Samuel Evans, dímelo ya.

El chico negó con la cabeza, mordiendo su labio inferior. Le encantaba hacerla rabiar, y ver cómo su dedo índice señalaba su pecho, acusador.

- No quiero más pistas – dijo, seria.- Dímelo...

Y esa vez, sonó como un susurro. Como una niña pequeña que deseaba un nuevo juguete con el que divertirse.

- Venga... – le pidió, bajando el dedo y separándose de él, a punto de cruzarse de brazos.

- Está bien...

- Desembucha, boca de trucha – Dijo, provocando que él abriese su enorme boca, anonadado.

Y acto seguido la cerrase en una mueca de desilusión.

- De Santana lo esperaba, pero de ti no, Mercedes – dijo, cambiándole el semblante por completo.

- Lo sient... Lo siento, no sé qué... No sé. ¿Adónde vas? – preguntó, viendo cómo el chico rescataba su mochila del suelo y se alejaba de ella a grandes pasos.

- A casa – dijo, en tono cortante.

- Sam, no. Por favor. No quise, era para hacer el chiste, yo...- Se calló, viendo cómo se alejaba de su lado.

- El chiste sobraba, Mercedes – le oyó decir, mientras abría las puertas del McKinley y se alejaba corriendo hacia el aparcamiento.

¿Qué demonios has hecho, Mercy?


Oh Dios, eso me pregunto yo. ¿Qué has hecho, Mercy? Esta mujer no aprende... y él también, como dijo Paola, se molesta por todo jiji. Y vosotras, ¿de qué lado estáis? ¿Os ha gustado el capítulo? Si es así, dejadme un review por aquí abajo, y si no os gustó también, ya sabéis que yo los tomates y demás cosillas del huerto las acepto de buen grado ;) Eso sí, aclarar que si dejáis el review sin loguearos, poned el nombre arriba donde dice "Guest" o en el propio review, porque luego cuando se manda, no pone nombre y no sé de quiénes son :S

Y esto es todo por ahora :) Muchas gracias por leerme y espero veros prontito.

Postdata: Siento haberos hecho llorar con "Recuerdo" espero que el capi 29 de As Long os haya provocado algunas risas como recompensa ^^

Un beso

Syl