Para Sam era extraño conocer, sin saber como, los pensamientos de su hermano. Pensó que sería por tratarse de su propio sueño. Pero le daba igual. Tan sólo necesitaba tenerlo cerca otra vez, saber que no lo había perdido del todo a pesar de que había muerto y que al menos su recuerdo y sus pensamientos, le harían más llevadera el resto de su vida.

Dean pensaba con tanta fuerza, que cada palabra que salía de su cabeza, retumbaba en la de Sam y eso le gustaba. Conocer la tristeza de su hermano muerto, aunque en realidad fuera la suya, saber de su agonía y pena, que eran igual que las suyas, era demasiado para él, pero le gustaba.

Todo aquello era un verdadero sufrimiento mientras Dean le abrazaba, mientras esa ilusión de lo que había sido su hermano le sostenía con tanta fuerza, que casi le impedía respirar. Pero le gustaba, si, adoraba esa sensación de que alguien le protegía para evitar que cayera al vacío, que alguien todavía se preocupaba por él y alguien enjugaba sus lágrimas sin preguntarle lo que le ocurría.

Porque Dean ya lo sabía, si era su fantasma, una simple ilusión o un recuerdo, era lo de menos, simplemente, Dean estaba allí con él, estaba sujetándolo, tocándole y le hablaba, de la misma forma que lo hacía siempre que se acostaban juntos, siempre que se dormían el uno junto al otro, siempre que creían que al día siguiente su hermano seguiría estando allí.

Sin embargo, entonces se dio cuenta, entonces comprendió que nada de aquel sueño era real. Que cuando despertara, Dean se habría marchado otra vez, igual que todas las noches anteriores y que él, el último de los Winchester, tendría que continuar su vida en solitario, esperando que llegara el día que alguna criatura cumpliera su mayor deseo y por fin, terminara con su vida y así poder estar en el infierno de una vez con Dean; pues el sufrimiento no sería mayor que el que llevaba pagando esos últimos meses de soledad y desamparo.

Por ello, Sam se separó de Dean y lo empujó con fuerza contra la cama. "Sam ¿Qué te ocurre?" Dean lo miró, tumbado, con los brazos apoyados sobre las sábanas arrugadas, incorporándose ligeramente hacia él. "¿Sammy?"

"¡Deja de llamarme así! No eres más que un maldito sueño, una creación de mi cerebro para no aceptar la realidad." Cuando Dean casi había vuelto a incorporarse, Sam le volvió a empujar y al tumbarlo en la cama, se colocó sobre él, sus manos sobre su pecho le impedían moverse y sus ojos pardos, puestos en los suyos le habían clavado allí mismo. "¿No me vas a decir ahora que esto está mal? ¿No vas a decirme que tengo que seguir adelante y que mi vida no puede terminar contigo? Siempre has sido la voz de mi conciencia, sobretodo en los peores momentos y ahora resulta que sólo quieres abrazarme y jugar conmigo. Ahora veo que no puedes ser realmente mi hermano."

Dean abrió la boca para decir algo, pero no lo hizo. Desde luego sabía que tan sólo era una simple ilusión creada por la destrozada mente de su hermano, pero ¿Qué podía hacer? Tirarle directamente a una realidad que lo mataría, después de cómo lo había visto tan sólo un momento antes. No, eso era demasiado hasta para una simple fantasía como él. Usando toda su fuerza, consiguió volver a levantarse un poco, pero el golpe que su hermano le dio en la cara, le hizo caer de golpe otra vez.

Ninguno de los dos dijo nada. Se miraron por un momento en silencio. Dean no se había esperado aquello, aunque no podía culparle, la rabia en los ojos de Sam, le dijo que aquello no había hecho más que empezar.

Le dolía el golpe, desde luego Sam había descargado toda su fuerza en él. Sin embargo, por mucho que sabía que su hermano lo iba a volver a hacer, por mucho que vio venir el siguiente golpe, no hizo nada por evitarlo, no interpuso las manos, no paró el puño que volvió a golpearle.

Sam necesitaba hacer aquello, no había podido decirle adiós y creía que no había sido capaz de salvarlo con los poderes que le habría proporcionado Ruby. Se sentía culpable, pero también le odiaba por haberse sacrificado. Por ello, le golpeó dos, tres y hasta cuatro veces en el rostro, hasta ver aparecer la sangre en su mejilla.

Dean no había dicho nada, ni siquiera había expresado dolor ante los golpes. Tal vez era porque siendo un simple recuerdo, ya no sentía dolor; por lo menos físico, porque al poder escuchar sus pensamientos, Sam sintió su corazón romperse al mirarle a los ojos, su alma partirse en mil pedazos una vez que había terminado de golpearle, al mirarle respirar entrecortadamente, con los nudillos enrojecidos a causa de la fuerza usada en los golpes.

Pero Sam seguía lleno de rabia contenida durante demasiado tiempo. Así que Dean esperó, sin apartarse la sangre que notaba correr por su rostro, sin intentar tocar a Sam ni por un momento, pues sentía que si lo hacía su hermano terminaría por derrumbarse y Sam no quería hacerlo.

Poco a poco, como si se tratara de una escena que pasaba a cámara lenta, Sam comenzó a moverse, sin quitarse de encima de su hermano, moviendo las manos lentamente sobre sus brazos, hasta que las uñas comenzaron a clavarse con fuerza sobre su piel. Dean se retorció, pero teniendo el peso de su hermano sobre él, el fue imposible levantarse.

Cada centímetro de su piel estaba enloqueciendo, mientras las uñas y los dedos de Sam pasaban por allí. Sam no cambió su expresión de rabia, ni siquiera cuando se acercó violentamente a él y se apoderó de sus labios con fuerza, mordiéndole con tanta intensidad que Dean no pudo evitar arquear su cuerpo de placer. Finalmente sintió la sangre manar de su labio y pasar a la boca de Sam, que comenzó a lamer su herida con avidez, como si de un vampiro hambriento se tratara.

"Dean, te odio tanto." Dijo mientras deslizaba su boca sobre la barbilla, el mentón y por último el cuello de su hermano; al mismo tiempo que sus manos apretaban con fuerza los hombros de Dean, hasta dejarlo clavado sobre la cama. "Te odio tanto, que te mataría yo mismo si pudiera…"

"Hazlo entonces." Dijo Dean dejándose llevar por la pasión que no hacía más que crecer en su interior a cada momento, con cada centímetro de su cuerpo que era recorrido por la boca y los dedos de su hermano.

Sam levantó la cabeza, no se había esperado que Dean dijera aquello, pero su voz casi agónica pronunciando esas dos simples palabras, fue mucho más de lo que él podía soportar. Se incorporó de nuevo, con un pequeño hilo de sangre cayendo por la comisura de sus labios. Ahora no se trató de un golpe fiero, sino tan sólo de un par de bofetadas en las mejillas, pero que también consiguieron dejar la piel de su hermano enrojecida.

Sin que ninguno de los dos dijera nada, pues no era necesario, ambos sabían que el juego había comenzado. Dean se levantó, usando toda la fuerza que pudo, consiguió deshacerse de Sam y dejarlo caer sobre la cama, pero este volvió a levantarse y por fin los dos quedaron arrodillados frente al otro. Ahora se trataba de ser el más rápido, el más fuerte, el mejor cazador y ninguno estaba dispuesto a rendirse con facilidad.

En un primer momento fue Dean el que intentó atrapar las manos de su hermano para inmovilizarlo, pero Sam fue más rápido y consiguió hacerse con uno de los brazos de Dean, le dio la vuelta y lo apretó con fuerza contra su espalda, notando el cuerpo en tensión de su hermano contra el suyo. Le rodeó con la otra mano por la cintura, mientras comenzó a bajar lentamente su mano hasta la cremallera del vaquero de Dean.

Al estar concentrado en otra cosa, Sam no se percató de la mano libro de su hermano, que se internó entre los dos cuerpo e hizo lo mismo que Sam quería hacerle, masajeando lentamente la entrepierna de su hermano pequeño.

Sabía lo que le gustaba a Sam, no le había costado nada descubrirlo pues lo conocía bien, por eso sonrió al escucharle suspirar, creyó incluso que había gemido cuando sus dedos apretaron con fuerza sobre su pantalón.

Sam apoyó la cabeza sobre su hombro y por un momento, Dean creyó que Sam se había rendido por fin. Sin embargo, se había equivocado pues al notar los dientes sobre su cuello, mordiendo casi con violencia y la lengua, tan sensual, de su pequeño Sammy, lamiendo cada gota de la sangre que se comenzaba a derramar, sintió un estallido de pasión y se dejó caer un poco hacia delante, lo suficiente para separar su mano del vaquero de Sam.

Dándose la vuelta en el momento en el que sintió su mano más suelta, Dean miró un segundo el rostro de Sam, que por fin, había cambiado, ya no mostraba la misma rabia que antes, ahora parecía estar en tensión, pero al menos había vuelto el brillo que siempre le había gustado a él.

Entonces la vio, su propia sangre deslizándose por los labios de su hermano. Lo sujetó por el pelo, con fuerza, hasta que Sam sin hacer nada para impedirlo, tuvo que echar la cabeza hacia atrás, hasta que todo su cuello, en completa tensión estuvo al servicio de Dean.

Sin embargo, no le mordió como había hecho él un momento antes. Este se acercó a su rostro y poniendo la otra mano sobre su cuello, sin llegar a apretar, simplemente dejando claro que podía hacerle lo quisiera, deposito, primero un tierno beso sobre sus labios, sintiendo su sangre caliente sobre ellos, pero cuando consiguió internar su lengua en la boca de Sam, el resto de la sangre que Sam había consumido de su cuello todavía estaba allí, no se la había tragado todavía, no la había unido con la suya, la había dejado allí para él y Dean agradeciendo el gesto, comenzó a succionar cada gota, recorriendo con su lengua el interior de la boca de su hermano, haciéndose con toda su sangre, pasándola a su boca y saboreando la mezcla de la saliva caliente de Sam y su propia sangre.

Ambos suspiraron al mismo tiempo, pero fue Sam el que se estremeció, y pareció regresar de nuevo a la furia que los había llevado a ese punto y antes casi de que Dean pudiera dejar de besarle, le empujó de nuevo contra la cama y comenzó a quitarle la camiseta, sin pensarlo, sin dejarle hacer nada, hasta que su torso desnudo estuvo a la vista.

Colocó sus manos sobre su pecho y las apretó, arañando de nuevo cada milímetro de su piel, recordando lo que aquellas bestias infernales le habían hecho a un cuerpo, que tan sólo él podía tocar, que ya había reclamado como suyo hacía mucho tiempo.

Dean arqueó de nuevo el cuerpo y gimió, no protestó, no tenía ningún sentido hacerlo porque Sam no iba a parar de tocarle de esa forma. "Sammy…" Dijo en un suspiro pues era todo lo que podía pensar en ese momento, cuando su cerebro estaba casi paralizado por las manos de su hermano. "Por favor…"

Sam lo miró y aunque ligeramente avergonzado sintió que se excitaba todavía más al escuchar aquella plegaria. ¿Realmente se estaría volviendo un ser diabólico como siempre le habían dicho? Pero no le importó, continuó arañando la piel de Dean y cuando este volvió a gemir, acercó su boca y comenzó a lamer su pecho, su vientre y con sus manos terminó de desabrochar tal y como estaba haciendo antes el pantalón de Dean.

No le hacía falta ver nada para saber que Dean estaba totalmente excitado, sus movimientos, sus violentas contorsiones bajo su cuerpo, sus gemidos y sus ojos cerrados con fuerza, junto con sus manos agarrando las sábanas, que estaban a punto de romperse fueron todo lo que Sam necesitó.

Se deshizo del pantalón de su hermano y mientras lo hacía, Dean se incorporó, rodeó su cuello con ambas manos y le obligó a besarle. No se trataba de que Sam no quisiera hacerlo, sino que Dean no se iba a rendir tan fácilmente, que el juego todavía seguía en marcha. De nuevo, le beso con fuerza, sin que Sam pudiera separarse, pero le encantaba la fuerza que ponía su hermano pequeño por tratar de apartarse de él, por querer dominar un situación que siempre que quisiera dominaría él.

Sin embargo, había algo con lo que Dean no había contado y era que Sam lo conocía demasiado bien, que sabía como distraerle para conseguir lo que quisiera y eso era lo que acababa de hacer. No quería dejar de besarle, en realidad, no deseaba que Dean dejara de absorber su vida con aquella fuerza y dejar de sentir su lengua contra la suya, tal vez de esa forma los dos terminarían por convertirse en un solo ser para siempre.

Tan sólo quería distraerle y mientras tanto poder internarse bajo su ropa interior, rodear su cintura sin que Dean se diera cuenta y finalmente, para cuando Dean supo lo que estaba ocurriendo Sam ya había internado un dedo en el cuerpo de su hermano, moviéndolo y recorriendo el interior de su cuerpo.

Dean se separó casi con violencia, arqueando el cuerpo de tal manera, que si Sam, con la mano que tenía libre no lo hubiera sostenido, hubiera caído sobre la cama. Dean gimió, pues Sam no hacía más que moverse dentro de su cuerpo, primero lentamente, no quería que Dean llegara al climax demasiado rápido, luego comenzó a moverse con mayor velocidad, hasta que por fin internó dos dedos en su cuerpo, notando como Dean comenzaba a lubricar, Sam estaba donde quería, haciendo lo que quería.

Con la mano que tenía libre, Sam le obligó a darse la vuelta. Ahora si que fue una orden, pues al principio Dean no quería hacerlo, pero con los dos dedos de Sam en el interior de su cuerpo, poco podía hacer para impedirlo, pues en el mismo momento en el que tensó su cuerpo para hacer fuerza y no moverse, Sam comenzó, muy lentamente a sacar sus dedos.

"No Sam, no lo hagas." Gimió Dean casi dolorosamente, al sentir que la unión con su hermano desaparecía lentamente. Sam sonrió, por fin tenía a su hermano donde había querido desde el principio. "Por favor, Sam, no me dejes así, no salgas nuna." Con la enorme sonrisa en sus labios, Sam le besó, con pasión casi con dolor, pero no le importó, pues había vuelto a internar sus dedos en su interior, hasta que ya no pudo más.

Entonces se dio la vuelta, con los dedos de su hermano todavía dentro de él, pero no podía negar que eso le excitaba demasiado y Sam lo sabía bien. Se fue a tumbar en la cama, pero Sam no le dejó, cogiéndole con fuerza del pelo y tirando de él hasta que simplemente se arrodilló frente a él. Arremetió más duramente con sus dedos dentro de Dean, hasta que este no pudo evitarlo y gimió con toda la fuerza que fue capaz de encontrar, mientras notaba que su excitación crecía.

Entonces Sam se puso tras él, sacó sus dedos de su cuerpo, mientras Dean suspiraba y volvía a cerrar los ojos. Sam se quedó donde estaba, quitándose también el pantalón y dejando que su miembro erecto tocara el cuerpo de su hermano, pero sin llegar a penetrarle, para mayor agonía de Dean.

Dean lo sintió y abriendo la boca volvió a gemir. Cuando se quiso dar cuenta, Sam introdujo sus dedos, todavía húmedos con su semen en su propia boca. Dean los degustó como el mejor de los manjares, mientras su hermano con la otra mano, comenzó a masturbarle.

Hubiera dado cualquier cosa por ver la cara de Sam en ese momento, su expresión de poder, de haber ganado la partida, la guerra entera. Pero no le importaba, cada movimiento de su hermano, cada vez que estaba a punto de sacar los dedos de su boca pero no lo hacía y dejaba que los continuara lamiendo con pasión, cada vez que comenzaba a masturbarle con mayor fuerza para luego volver a bajar la intensidad, como a él tanto le gustaba, sabía que Sam era feliz y eso era más de lo que pudiera desear.

Entonces, llegó el momento cumbre, Sam sacó los dedos de la boca de su hermano y lo sujetó con fuerza de la cintura. Al mismo tiempo, comenzó a masturbarle con toda la energía posible, mientras los gemidos, suspiros y los movimientos espasmódicos de Dean se aceleraban.

"Vamos, Sam se que quieres hacerlo, fóllame de una vez, has dicho que querías matarme, ahora ese el momento." Dean llevó sus manos hasta las caderas de su hermano y mientras con una guiaba su cintura, con la otra cogió su pene y lo llevó hasta donde quería, dejando que Sam terminara el trabajo y él se aferraba con fuerza a la sábana por no gritar y gemir más de la cuenta.

Sin decir nada más, Sam le penetró. Tal vez lo hizo con demasiada fuerza, pero lo necesitaba, no podía ser dulce, no podía ser el mismo hermanito frágil para que lo había perdido, no quería ser el chico sensible y cariñoso, ahora quería y necesitaba aquello, la fuerza, la violencia incluso, pues la rabia interior no le permitía hacer otra cosa.

A pesar de la primera sensación de dolor, que estuvo a punto de partirle en dos, Dean no dijo nada, aquello le gustaba demasiado, aunque su cerebro de macho alfa no le dejara decirlo nunca. Estaba demasiado excitado como para quejarse y hubiera sido una terrible mentira decir que no estaba disfrutando, que no le encantaba que su hermano le penetrara con esa violencia, que casi hacía que le fallaran las piernas, mientras todavía le masturbaba. Todo al mismo tiempo, pero con la misma furia, le estaba haciendo enloquecer por momentos.

Tal y como le había pedido un momento antes, le estaba matando, era totalmente cierto, si pero ambos estaban muriendo de placer, de agónica felicidad y desesperado deseo incompleto cuando Dean había muerto.

Los movimientos de ambos se acompasaron, los gemidos de uno se fueron superponiendo a los del otro y el sudor de ambos se fue mezclando. Sam dejó de masturbarle, pues no quería que llegara al orgasmo antes que él. En su lugar agarró su cara y la volvió hacia la suya, quería besarle, pero se detuvo al mirarle a los ojos verdes llenos de deseo. Estaba a punto de correrse, pero quería que fuera Dean quien le ayudara a hacerlo.

Por ello salió del cuerpo de Dean, sintiendo que este se estremecía violentamente y le hizo darse la vuelta. Cogió la mano de su hermano y la puso sobre su propio miembro cerrándola sobre él con fuerza, teniendo que suspirar para no llegar a correrse a sentir el contacto, mientras él agachaba la cabeza para poder comenzar a lamer el pene de Dean.

Ya estaba algo húmedo, por lo que chupo el líquido, Dean cerró los ojos, mientras comenzó a masturbarle, de nuevo, los movimientos de la boca de uno y los de la mano del otro, se acompasaron, hasta que en poco tiempo ambos llegaron al orgasmo, Sam en la mano de Dean y este en la boca de su hermano.

Sam liberó el miembro todavía erecto de su hermano y se dirigió a su boca, pero Dean lo detuvo con la mano todavía llena de su semen. Sam lo comprendió y la chupó, mezclando los fluidos de ambos en su propia boca. Un momento después le beso y dejó que Dean probara la mezcla.

Por fin, habían muerto los dos, llegado al más grande y sincero de los placeres, ahora estaban completamente unidos para siempre, aunque sólo se tratara de un sueño, de una fantasía, al menos, mentalmente los dos hermanos estarían unidos para siempre.