El prejuicio es una evaluación preconcebida de las personas. Consiste en tener una opinión o idea acerca de un miembro de un grupo sin realmente conocer al individuo. La antipatía suele basarse en información pasada y en la experiencia con un individuo en particular. La extensión de las propias experiencias negativas al caso general se puede considerar como sesgo. (Wikipedia)


Mogami Kyoko no podía creer como el Taicho, aquel hombre que ella consideraba un padre podía llegar a ser tan ciego. Y es que, no podía concebir que tan buen hombre fuera engañado por esa rata rastrera, incluso ganándose más de una sonrisa del hombre mayor y lo que es peor, no negándole la entrada a su casa. Mientras que su senpai, aquel a quien ella adoraba, era tratado con tanta desconfianza y rudeza por parte del cocinero, que Kyoko y la Okami cada vez les daba más y más vergüenza y lastima. Pero lo que en el fondo más le dolía a Kyoko, era que el Taicho, esa figura que ella admiraba fuera prejuicioso.

Sin embargo Kyoko, con su tan característica personalidad, no sólo culpaba el juicio errado de su mentor, sino que también se culpaba a sí misma, y es que si ella hubiese sido sincera en aquel entonces, el bastardo n° 1, tendría vetada la entrada a ese hogar. Pero no, ella era japonesa y los japoneses nunca comparten sus inquietudes con otras personas, mucho menos si éstas no pueden ayudar a darle solución inmediata o si no les afecta directamente. Así que no había manera de que ella haya podido persuadirlos de los ardides de ese miserable, que una vez más se encontraba en la casa de sus caseros, comiendo y conversando animadamente con el cocinero ¡y sacándole sonrisas! Ni ella lo había conseguido con tanta rapidez como ese infeliz.

Mientras tanto, noche tras noche ― esto es una exageración, pues sólo sucedía cuando sus agendas coincidían o cuando él, gracias a los esfuerzos de Yashiro-san, tenía tiempo libre― su pobre senpai tenía que sufrir los desaires del hombre mayor, los gruñidos y las miradas amenazadoras. Todo por culpa de ese dichoso pescado.

Y es que ¿cómo él iba a saber pelar y comer el pescado de esa forma si no era japonés? Por los dioses, quería gritar, mientras miraba como ese otro bastardo pedía otra porción ¡y el Taicho se la daba gustoso!

Sin duda Tsuruga Ren era una especie de Buda, pero ella sabía que Kuon no lo era, que en el fondo, aunque no se lo dijera le preocupaba que este hombre no lo aprobara, porque sabía cuanto ella le quería. Porque para él, su felicidad era lo más importante.

Y así, suspirando de mala gana ante la idea de tener que enfrentarse al idiota de Shotaro, lo decidió. Definitivamente, el Taicho no podía saber que ella y Tsuruga Ren eran novios, no hasta que ese padre dejara de aprobar al bastardo n°1.