Recuerdo ese viaje con Nacho, por varios países de África y nuestra primera parada fue Botswana. En Gaborone, conocimos al Ash local, Zeke Dachiba, quien era un hombre prepotente, con unos aires de grandeza muy parecidos a los de Lachlan, pero gracias a Trick nos concedió una audiencia, permitiéndonos transitar por todo el continente sin ninguna restricción. Zeke no me dijo nada sobre la valquiria, ni de su paradero y le contó mis intensiones a Hale. Nuestra reunión apenas duró unos minutos y al salir de su despecho, preferí que me sacaran todos los dientes uno a uno, antes de volver a hablar con ese subnormal. Cuando estalló la guerra, El Ash africano, fue el primero en traicionar a las luces y se unió al ejército oscuro, pero su ambición fue la causa de su muerte.

Cruzamos la frontera de Botswana a Zambia, en un viaje lleno de trámites burocráticos y plagados de corrupción. En una pequeña aldea al noreste de Zambia, nos confirmaron tu presencia en ese continente, pero como siempre, no supimos a ciencia cierta en que lugar podrías estar. De Zambia salimos con rumbo a Uganda, donde nos recibió un movimiento en pro-homofobia, que por decreto, perseguía y exterminaba a todas las personas que se declararán homosexuales. Pensé, cómo ante todas las carecías que regían a ese país, sus autoridades dedicaban su tiempo en maltratar a personas inocentes, en vez de cambiar la condiciones infrahumanas en las que sobrevivía su población. Dejamos ese país cargado de odio para caer en la hambruna desmedida, que azotó a Etiopía. Nunca había visto tanta devastación, pobreza extrema y horror, como lo viví en ese país. Aunque nos movimos dentro de la sociedad fae, nada pudo evitar presenciar tal panorama dantesco y no he sido capaz de olvidar la imagen de un niño cadavérico, en los brazos de su madre muerta. Viajamos a Malí, dejando atrás todas esas sensaciones de tristeza que inspiraba Etiopía, pero al lugar donde llegamos no fue mejor. Al igual que en los otros países, recorrimos diferentes aldeas y ciudades, en búsqueda de alguna pista sobre tu ubicación. En Malí descubrimos que tu posible destino era Marruecos y luego irías a algún lugar recóndito de América del Sur, pero Nacho decidió confirmar esa información en Tánger, donde un buen amigo suyo, nos dio varias ubicaciones en el amazona. Ese viaje por el continente negro, me hizo ser testigo, de la precariedad que sufren los países africanos, los cuales aún conviven en cruentas guerras sin sentido, oprimiendo a sus pueblos, conduciéndolos a grandes desgracias y sufrimientos injustificados.

Abandonamos África para sumergirnos en la indomable y salvaje Amazonas brasileña. Recorrimos diferentes poblados indígenas, no sólo de Brasil, sino también de Venezuela y de Colombia. No fuimos capaces de hallar ningún rastro de tu presencia, pero me enteré de todos los avances de tu investigación, de los diferentes tratamientos que proporcionaste a todas esas poblaciones, salvándoles la vida. Durante esos viajes sin rumbo fijo, sentí que corría detrás de tu sombra, siempre a un paso por detrás y ante todos nuestros intentos frustrados de encontrar alguna otra pista, nos vimos obligados a dejar de buscarte.

No puedo explicarte la desilusión que sentí, cuando salí de todos esos lugar con las manos vacías, pero mi mayor consuelo fue comprobar que me había enamorado de una mujer extraordinaria. Sentí un profundo orgullo, al conocer todo aquello que te hizo ser la persona que eres y con el pasar de los años supe, aunque no te encontré, me descubrí a mi misma. Embarcarme en esa búsqueda constante, destapó muchas verdades ocultas, los recuerdos de un pasado desconocido, la identidad de mi padre, el amor de mi madre, mi parentesco con Nacho, la protección de mi abuela, la amistad con tus padres, tu verdadero origen, la maldición que te condenaba a la muerte, mi supuesto destino, pero lo más importante, es que eso me hizo luchar por ti hasta el final.

Volví a mi casa una semana antes de navidad, después de estar más de dos meses ausente y regrese al sitio donde todo comenzó. Dormí durante dos días seguidos, agotada por el viaje y doblegada por la intensidad que viví durante esos meses. No soñé contigo ni con nada, simplemente descanse y me dejé invadir por el olvido que produce el sueño.

Por la tarde del tercer día, me desperté con las palabras de mi tío en nuestra última conversación antes de volver a casa, donde él me alentaba a continuar luchando y que no me diera por vencida, pero no quise seguir estampándome contra puertas cerradas. Me cansé de sentirte lejana, ausente, perdida, pero Nacho no se dio por vencido y contrató a varios detectives privados, tanto en el mundo fae como en el humano. Él se obsesionó con la absurda idea de que quizás tú no sólo estabas ayudando a los faes, sino también a los humanos y no se equivocó.

Contemplé mi habitación, con la sensación de soledad que representaba ese lugar, de haber desaparecido de mi realidad, pero todo siguió en su mismo sitio recordándome que aún vivía dentro de una pesadilla. Me levanté de la cama y descorrí las cortinas, dejando entrar la tenue luz que se reflejaba en la nieve. Él invierno había caído a traición, con sus fríos polares y cubriendo a la cuidad en un manto blanco impenetrable.

Después de ducharme, salí de mi habitación. En mi puerta colgaba una bota de tela con mi nombre bordado en lentejuela al más puro estilo navideño. Bajé la escalera, que estaba decorada con luces blancas y en el un rincón del salón había un enorme árbol de Navidad. Sus luces parpadearon sin cesar, alternando con las de colores. La casa estaba totalmente decorada, con un toque especial y por primera vez en muchos años, me alegré que esa fecha hubiese llegado. En el sofá estaba Kenzi envolviendo algunos regalos, que ella había comprado para cada uno de nosotros. A pesar de haber hablado con ella todos esos días, no fui consiente de lo mucho que la había echado de menos hasta que la vi por primera vez después de varias semanas.

—El espíritu de la Navidad se ha instalado en nuestra casa —dije con una sonrisa.

Kenzi tardó unos segundos en darse cuenta que yo estaba observándola, pero al dirigirme su mirada, una sonrisa amplia y sincera se dibujó en su rostro. No se lo pensó demasiado para levantarse y darme un sentido abrazo.

—Bo, al fin has despertado. ¿Qué tal te sientes? —preguntó aún en mis brazos.

Sus palabras me devolvieron al mundo de la realidad del que había huido por unos segundos.

—Bueno, no me puedo sentir peor, pero pregúntamelo mañana. ¿Qué has estado haciendo en estos días? —inquirí guiándola de nuevo al sofá.

Nos sentamos al mismo tiempo, iluminadas por las luces del árbol y con el calor que emanó mi hogar.

—Sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea —dijo Kenzi preocupada.

Bajé la mirada hasta mis manos, intentando aparentar normalidad.

—Lo sé, Kenz, pero quiero que me cuentes todo lo que has hecho y sobre todo que me digas lo que has hablado con Hale. ¿Por qué has hablado con él? —inquirí cambiando de tema.

Ella resopló con la simple mención del Ash y frunció el ceño mostrando su decepción.

—Claro que he hablado con Hale, pero no de lo que tú crees. Él sigue siendo un idiota y paso de sus tonterías —desvío sus ojos hacia el árbol.

La tomé de las manos para que me mirar, pero se rehuso a hacerlo.

—Kenz, sabes perfectamente que él esta celoso y por eso actúa de esa manera contigo —dije con suavidad.

—Que me da lo mismo, Bo —espetó con hastío—. Hale sabe dónde está Lauren y le importa una mierda que tú estés sufriendo.

—Hale esta afrontando las consecuencias de algo que él no hizo, así que no seas tan injusta y dale una oportunidad.

Kenzi me miró a los ojos y supe que todo lo que había ocurrido también afectó a su relación.

—Él es lo que menos me importa ahora mismo —repuso apretando mis manos—. Yo quiero ayudarte y me jode verte sufrir.

—Tranquila, Kenz —dije, acariciando su rostro—. Pronto me recuperaré de todo esto, pero no quiero que te enfades con la persona que quieres por mi culpa. Ya bastante me has ayudado, como para que yo también arruine tu felicidad.

Sujetó mi mano con fuerza y suspiró profundamente.

—Escúchame bien —dijo con firmeza—, tú no has arruinado nada, es Hale quién se comporta como un subnormal y le da igual lo que yo sienta, así que dejemos de hablar de él y cuéntame lo que has descubierto, porque yo tengo más información sobre Lauren.

Cuando ella pronunció tu nombre, un escalofrío recorrió mi espalda y Kenzi pudo leer con claridad la derrota en mi rostro.

—Te dije todo lo que sabía por teléfono y volvimos porque ya no teníamos ninguna otra pista —repuse con un hilo de voz—. A Lauren parece que se la tragó la tierra.

Kenzi tomó mi barbilla, subiendo mi mirada.

—A nuestra amiga no se la tragó la tierra —dijo pausadamente—. Lo que pasa es que ella ha cambiado su nombre.

Contuve el aliento, analizando las palabras de Kenzi, pero fui incapaz de entender él porqué hiciste eso.

—¿Qué? —pregunté incrédula.

Ella posó su mano sobre mi hombro y me acarició con su pulgar haciendo círculos.

—Lauren ahora se llama Karen Beattie —contestó bajando la mirada.

—¿Karen Beattie?.

—Sí —repuso asintiendo también con la cabeza—. Vex me lo dijo hace dos días y he buscado información con ese nombre, pero no hay casi nada.

Nos quedamos unos segundos en silencio. Pensé cual era tú la relación de ese nombre, por qué lo elegiste precisamente ese y meses después lo descubriría todo.

—¿Cómo lograste que Vex te revelara algo así? —inquirí con gesto serio.

—Ya me conoces y sabes que no iba a quedarme de brazos cruzados. Vex ahora está escondido porque su mano esta hecha un Cristo, pero se pondrá bien.

Sentí pena por Vex, pero me alegre al saber lo que él era capaz de hacer por nosotras.

—Kenz...

—¿Qué? —replicó ante mi reacción—. No te quejes que le he enviado hasta flores.

No pude evitar reírme, aunque estaba preocupada por Vex.

—¿Nacho sabes algo de esto? —pregunté.

—Sí —afirmo con una sonrisa—. Él esta buscando todo lo que pueda con ese nombre y Dyson le esta ayudando. Al parecer, Lauren no sólo está ayudando a los faes, sino también a los humanos y por eso te quedaste sin pistas, pero te juro que encontraremos a Lauren, o Karen o como se llame. ¿Ok?.

En ese momento, comprendí las sospechas de mi tío.

—No lo sé —contesté resignada—. Cada vez es más complicado y estoy harta de fracasar.

—El fracaso fortifica a los fuertes, pero tú no has perdido a Lauren —dijo Kenzi—. Hay momentos en los que es mejor parar, pensar y retomar las fuerzas necesarias para continuar luchando. Así que ahora vamos a esperar más información sobre ella y ha disfrutar de las Navidades. ¿Te gusta la decoración?.

Se levantó de mi lado y se posó orgullosa al lado del árbol.

—Sí, pero no sabía que teníamos un árbol de Navidad —repuse sin evitar la sonrisa.

Ella se acercó a la mesilla y comenzó a poner los regalos envueltos bajo el árbol.

—Me ha ayudado Olson y hemos comprado todo esto, pero no te preocupes que no me he gastado una fortuna. El mayordomo de tus abuelos tiene un gusto excelente y no podría haber hecho todo esto sin él.

—Ya sabes que Olson es un Brownie y esta en su naturaleza dejarlo todo perfecto. ¿Cuándo llegan Niel y Emilia? —pregunté mientras ayudaba a Kenzi a recoger los regalos.

—Mañana —respondió sin mirarme—. Nacho ya he arreglado la casa de tu familia para que ellos se instalen allí.

—Genial, pero no he comprado ni un solo regalo —dije con vergüenza.

—Tranquila, que eso ya esta solucionado y compré los regalos para todos —repuso señalando los que habían debajo del árbol.

—¿Qué has comprado? —pregunté intrigada.

—A Emilia le compré la tercera edición del libro: Los Miserables de Víctor Hugo, que es su favorito. A Niel unos gemelos de platino y un prensa corbata a juego. A Dyson le compré el Kilt que nos había pedido de Escocia. A Trick una litografía del cuadro: Amapolas en Argenteuil de Monet, porque le recuerda a Aife y a tu abuela. Y buscar algo para Nacho fue más difícil porque no le conozco y me decanté por algo que nunca falla y le compré un iPod —dijo teniendo el regalo.

—¿Un iPod? —inquirí viendo el paquete desde varios ángulos.

Kenzi me lo quitó de las manos y lo devolvió a su sitio junto con los demás.

—Oye, que a mi me regalan un iPod y soy feliz. Además, se lo he cargado de un montón de canciones chulas.

Avancé hacia ella y la abracé.

—Me encanta todo lo que has hecho —le di un beso en la mejilla—. Eres la mejor.

Cuando me separé de ella, noté que tenía escondido un paquete detrás de su espalda.

—No ha sido nada, pero no me he olvidado de ti y aunque todavía no es navidad... Aquí tienes mi regalo.

Me quedé paralizada al ver el regalo que tenia en sus manos.

—Kenzi, yo no te he comprado nada.

—No hace falta que me des un regalo, sólo espero que te guste y esto lo he hecho con mucha ilusión para ti.

Me senté nuevamente en el sofá, con el regalo en mis manos. Estaba envuelto en un papel de seda blanco, decorado con una cinta roja de tela, que se anudaba en un perfecto lazo. Deshice el cuidadoso envoltorio, rasgando el papel y contenía un álbum de fotos. Kenzi recoletó todas las fotografías en las que yo había posado con cada miembro de mi familia. Habían varias fotos de Dyson y de Kenzi posando conmigo, de Nacho con mi padre en diferentes partes del mundo, de tus padres durante el viaje a Escocia, una copia de la foto de mis padres en París y las últimas eran las fotos de nosotras, que tenia en mi móvil. Kenzi las imprimió, adjuntandolas a todos mis recuerdos. Mis ojos se inundaron de lágrimas al ver nuestros rostros felices y pensé en lo lejano que parecía todo ese sentimiento.

—Es precioso, Kenz —dije con la voz rota—. Muchas gracias.

Ella limpió mi rostro, mirándome a los ojos.

—Me alegro, pero ahora no más lágrimas y vamos a disfrutar de todo esto.

Esas fueron las Navidades más felices que disfruté en muchos años. Kenzi planeó hasta el más mínimo detalle y Trick preparó un fiesta en el Dal para celebrar el fin de año. Todos nos dimos regalos diversos, pero ninguno superó al de Kenzi. Nacho me regaló un reloj que había pertenecido a mi abuela. Trick me dio una pulsera que había sido de Aife y no me la quite en mucho tiempo, sin saber lo útil que sería para mi. Tus padres me regalaron la primera edición de El Principito que fue tu primer libro. Ellos volvieron a Edimburgo el diez de enero de ese año y nosotras los despedimos en el aeropuerto. Luego dejé a Kenzi en la casa de su primo y volví a casa.

Me encerré en mi habitación durante tres horas, sin poder apartarte de mi mente ni un solo segundo y sentí como cada día te alejabas más de mí. Tu ausencia me dolió horrores, pero no me resigné a vivir de esa manera. Todos esos días, Vex estuvo con nosotras y Hale se mantuvo alejado de todo lo que ocurría, pero él defendió la visita de tus padres ante los ancianos. No obtuve más información sobre ti, ni de la valquiria, pero Nacho no se conformó y continuó investigando hasta el final.

Cuando salí de mi habitación, busqué a Kenzi para saber si había vuelto, pero lo que encontré fue la guitarra de Nate, que ella había conservado como el único recuerdo de ese amor de su infancia. La observé sin saber si podía cogerla, pero me dejé llevar por un impulso incontenible. La tomé en mis manos con cuidado, quité el capo de mástil, liberando las cuerdas y al rasgarlas me di cuenta que estaban desafinadas. Bajé al salón, con la guitarra aún en mis manos. Me senté en el sofá, intentado recordar cual el sonido perfecto mientras tensaba las cuerdas. Tardé varios minutos en afinarla y volví a colocar el capo en el segundo traste. Sin darme cuenta, comencé tocar esa canción que tanto le gustaba a mi madre adoptiva. Los acordes fluyeron por mis dedos, recordando cada uno sobre la marcha y no pude evitar sorprenderme de mi misma, al interpretar una canción que creí haberla olvidado. En ese momento, no entendí como después de tantos años, fui capaz de demostrar un talento que jamás pensé que poseía. Mi voz se unió a la melodía que salía de esa guitarra y canté varias veces evocando mi pasado como humana.

—¿Esa es la guitarra de Nate? —inquirió Kenzi a mi espalda.

No me había percatado de su presencia en salón y me di la vuelta para saber sí se había enfadado por coger la guitarra.

—Lo siento, Kenz —musité—. La vi en tu habitación y la cogí para afinarla.

Se la extendí para que ella la guardara, pero no la tocó. Se sentó a mi lado, con una sonrisa en sus labios.

—No pasa nada, Bo —dijo con serenidad—. Me sorprendí al verte tocar la guitarra y no sabía que lo hacías tan bien.

Me sonrojé un poco y bajé la cabeza para ocultar mi vergüenza.

—Yo también tengo secretos —repliqué.

—¿Quién te enseñó a tocar la guitarra?. Porque lo haces muy bien.

—Mi padre adoptivo —dije pensando en Sam—. Él era un melómano empedernido y no recuerdo ni un solo momento de mi infancia en el que mi padre no escuchara música. Durante años me enseñó todo sobre los estilos, los artistas y despertaba tanta pasión su entusiasmo, que era imposible no contagiarse. Sam escuchaba desde el jazz más abstracto hasta la sonatas más delicadas de la música clásica. Él sentía una absoluta devoción por los Beatles, Led Zeppelin, Miles Davis, Buddy Holy, Frank Sinatra, Tom Waits, Leonard Cohen, Bob Dylan y tantos otros, que no fui capaz de catalogarlo dentro de un gusto específico. Para mi padre adoptivo su única premisa era una canción bien ejecutada.

—Pues demuéstrame lo que te enseñó, que no pude oír la canción completa.

Recordé esa mañana en Edimburgo, cuando Kenzi lloraba por acordarse de su abuela y quise que ella cumpliera con su promesa.

—Ok —contesté con perspicacia—. Pero con una sola condición: Quiero que me digas todo sobre tu abuela.

Ella bajó la cabeza y la agitó para quitarle importancia a sus recuerdos. La alzó nuevamente y a su rostro volvió la sonrisa.

—Hecho —dijo, tendiéndome la mano.

Tomé de nuevo la guitarra, posé su cintura sobre mi pierna derecha y coloqué los dedos en el tercer traste. Rasgué las tres últimas cuerdas para saber si el tono era el correcto y sin más ceremonia empecé con los primeros acordes. Kenzi observó el movimiento de mis dedos, boquiabierta. Cuando terminé la introducción, bajé la mirada hasta las cuerdas y comencé a cantar.

I once had a girl, or should I say, she once had me
She showed me her room, isn't it good, norwegian wood?

She asked me to stay and she told me to sit anywhere
So I looked around and I noticed there wasn't a chair

I sat on the rug, biding my time, drinking her wine
We talked until two and then she said, "It's time for bed"

She told me she worked in the morning and started to laugh
I told her I didn't and crawled off to sleep in the bath

And when I awoke I was alone, this bird had flown
So I lit a fire, isn't it good, norwegian wood?

Al acabar de cantar, Kenzi se quedó paralizada, sin poder borrar su sonrisa. Sentí como mis mejillas ardieron por la vergüenza y no supe si su reacción fue producto de algún error que pude haber cometido. Recordar a mis padres adoptivos me produjo una extraña añoranza y deseé volver a retomar el contacto con mi madre Mary.

—¿Te gustó? —pregunté indecisa.

—Me encantó —respondió con admiración—. Aunque yo soy más de los Rollings, que de los Beatles, pero me emocionó oírte cantar. ¿Cuánto tiempo tenías que no tocabas?

—Desde que abandoné la casa de mis padres adoptivos —contesté con tristeza—. Esta canción me la enseñó Sam para yo se regalara a Mary el día de su cumpleaños. A mi madre le encantan los Beatles y mi padre me ayudó para darle algo especial.

Kenzi notó la melancolía en mis palabras y se acercó más a mí.

—Creo que si hubiera conocido a Sam, más de una discusión hubiéramos tenido —dijo, intentando animarme.

—Lo cierto es que tu pasión por la música me recuerda mucho a la de Sam. El intentó influenciarme en todo lo referente a ese género y me acuerdo que la primera vez que oí a Nirvana, a Sam se le cayó el alma a los pies. Él los consideraba como unos músicos de segunda, que lo único que hacían era destruir cualquier concepto musical, pero a mi me encantaban. Tuve la suerte de ir a un concierto de ellos y allí fue dónde conocí a Kyle. Y desde ese día no nos separamos hasta que... lo maté.

No pude contener las lágrimas cuando recordé a Kyle. Él era un chico dulce, amable, cariñoso y yo le arrebaté la vida. Sé que fue un accidente, pero su muerte me perseguirá el resto de mi vida.

—Pues coincido con tu padre —repuso Kenzi, cambiando el tema—. Nirvana era un montón de chicos deprimidos y perturbados.

Siempre me pareció increíble, cómo Kenzi es capaz de sacarme de la tristeza con decir unas cuantas palabras.

—No blasfemes, por favor —repliqué ofendida—. Creo que tienes algo que decirme. ¿No?

Kenzi miró hacia el techo, intentando buscar el valor para relatar sus recuerdos.

—Mi abuela era pianista profesional en la Unión Soviética. Un día la contrataron para dar un concierto en este país y lo aprovechó para pedir asilo político. Ella abandonó a mi abuelo junto con a sus dos hijas, pero al cabo de un año logró traerse a mi madre y a mi tía. Poco después mi abuelo murió de frío en las calles de Moscú. Siempre le estaré agradecida por todo lo que hizo mi abuela por mi. Ella me enseñó a tocar el piano, a leer y escribir, prácticamente me crió ella sola. Cuando mi padre nos abandonó, yo me convertí en el recuerdo constante de su traición para mi madre y ella se casó con un hombre despreciable, que tenía la afición de golpearla cuando él se emborrachaba. Una noche él intentó violarme, pero mi primo me salvó. Mi madre se puso a favor de su marido, me culpó de haberle seducido y me echó de casa. Recogí todas mis cosas incluyendo un bote de pastillas, me las tomé todas y lo último que recuerdo es despertarme una semana después en el hospital. Desde ese entonces no he vuelto a saber de mi madre y espero jamás volver a tener noticias suyas.

—Lo siento, Kenz. No debí remover esa parte de tu pasado... Lo siento.

Un año después a su madre la atropelló un coche y murió. Recuerdo las palabras de Kenzi en el momento que supo que su muerte: Hoy el mundo es mejor porque ella ya no está aquí. Kenzi no derramó ni una sola lágrima, pero sé que ella sufrió a su manera.

—Tranquila, que esos fantasmas que ya no me asustan, ni pueden hacerme daño —repitió las misma palabras que había usado el día que me habló por primera vez de su pasado—. Así que dame esa guitarra que te voy a enseñar otros temazos.

Esa noche nos la pasamos cantando, riendo, fumando y ahogando nuestras penas en el tequila que nos regaló Nacho. A la mañana siguiente, Kenzi se fue a casa de su tía y se quedó con su familia durante dos días. Aproveché ese tiempo a solas para preparar su regalo, y apenas ella salió por la puerta, me fui a una tienda de pianos para comprarle el más parecido al que tenía su abuela. Quería escoger uno de cola, pero no teníamos espacio en el salón para uno tan grade, así que me decidí por uno de pared. El vendedor era un señor mayor, curtido de conocimientos musicales y me ayudó a elegir un Steinway & Sons, que según lo que le había escuchado a Sam, era la mejor marca de pianos. El señor me aseguró que lo entregarían al día siguiente y el piano de Kenzi fue lo primero que compré con el dinero de mi herencia

Cuando regresé a casa intenté buscar el sitio perfecto para poner el piano, pero me di cuenta que no teníamos espacio suficiente en el salón, así que la única opción que me quedó fue el sótano. No había bajado a ese lugar desde el incidente con la araña. Apenas bajé las escaleras, supe que necesitaría mucha ayuda para remodelar ese lugar en menos de dos días, así que llamé a Nacho para que me ayudará. Él se llevó a Dyson para que nos echara una mano a limpiar. Tardamos más de seis horas en recoger toda la basura que acumulaba ese lugar, pero aún así no fue suficiente. Mi tío contrató a tres Brownies para que se hicieran cargó del sótano y antes del anochecer lo dejaron impoluto. Pintaron las paredes, arreglaron el cableado eléctrico, instalaron diferentes tomas de luz, repararon la calefacción, pulieron el suelo, insonorizaron la habitación y hicieron todo eso, por tres paquetes de galletas. Trick me llevó un par de alfombras persas que tenía guardadas en el trastero del Dal.

Nos fuimos todos a cenar y Nacho me habló de sus sospechas. Me entregó los informes que había hecho los detectives privados, pero no había ni un solo dato de tu ubicación.

—Bo, tenemos que cambiar de estrategia —dijo mi tío—. Estoy convencido que hay más de un hechizo, que te separa de Lauren, así que he pensado en la única opinión que nos queda.

—Ya no quedan opciones, Nacho —contesté—. El Ash no nos dirá dónde está Lauren y Vex tampoco puede hacerlo.

—Vex ya no lo sabe —dijo Trick—. Tamsin ha desertado de las sombras y él no tiene ni idea de donde estan. La única persona que sabe con certeza la ubicación de Lauren es Hale.

Suspiré, abatida.

—Peor —repuse, desilusionada—. Aunque Hale quisiera decirme a dónde tengo que ir, que no es el caso, él no puede por el puñetero juramento.

—Eso es lo que tenemos que cambiar —replicó Nacho.

—No se puede romper, Nacho —dijo Dyson—. Si él quebranta el juramento, morirá y se desatará la guerra entre los faes.

Todos dirigimos nuestra miradas a Dyson.

—Yo no he dicho que vayamos a romperlo, sino cambiarlo —añadió mi tío.

—No se puede cambiar algo que esta pactado —replicó Trick.

—Cierto —contestó Nacho con una sonrisa—, pero se puede adelantar la caducidad.

Me acordé de la conversación en Edimburgo, donde Kenzi estuvo a punto de matar a Vex.

—Vex me ha dicho que el juramento caduca cuando se selle la unión entre los bandos.

Nacho tomó mis manos.

—Exacto. Vex ha convencido a todos sus ancianos, pero nuestro problema son las luces. Nuestros ancianos no quieren pactar la libertad de los humanos, ni la unión con las sombras.

Pensé, cómo cada vez me separaba más de esas estúpidas doctrinas de las luces y cómo las sombras habían cambiado gracias a Vex.

—Cuando lo pienso, me dan ganas de elegir a las sombras —comenté.

—Ellos mataron a tu padre y torturaron a Aife —replicó Trick ofendido.

Le miré, conteniendo mi ira y no quise culparle por su abandono a mi madre.

—Te recuerdo que fue Evony quién mató a mi padre, no las sombras —repuse en un tono severo.

Nacho apretó mis manos y con su poder volvió a calmarme.

—Vale, Bo. Ahora es mejor que te quedes sin bando —añadió mi tío.

—¿Qué tenemos que hacer? —inquirí.

—Voy a llamar a mis contactos del clan Zamora para conseguir algunas reuniones con ellos, pero tardaré unos meses —contestó Nacho.

—Yo me reuniré con los del clan Finarvin —añadió Trick—. Todavía tengo varios amigos y me deben muchos favores.

—¿Qué pasa si Lauren se enamora de la valquiria? —pregunté con esa desesperación que me carcomía por dentro.

—Eso no va a ocurrir —repuso Nacho—. Ayer soñé con Aidan y él esta haciendo lo imposible para que eso no pase.

Aunque sabía que Aidan estaba ayudándome en todo, no entendía lo que él hacia contigo.

—¿Cómo mi padre puede impedir eso? —pregunté nuevamente.

—Mi hermano te lo explicará todo cuando vuelvas a soñar con él.

—Bo, mañana tengo una reunión con Hale y intentaré ayudarle con los ancianos —dijo Dyson.

—Entre todos lograremos ese pacto, pero debes esperar —concluyó Trick.

Efectivamente, esa noche soñé con mi padre y me explicó que el amor que tú sentías por mi, evitaba que te enamorarás de la valquiria. Que mi abuela Isabeau entraba en tus sueños, ayudándote a recordar lo que habías vivido conmigo y así evitaba tu muerte. Cuando me desperté, supe que si todos me estaban ayudando, era porque debíamos estar juntas y si ninguno se rendían, yo tampoco lo haría.

Escuché la voz de Kenzi, gritando que había llegado a casa. Me desboqué por la escalera para llevarla al sótano y que viera su regalo.

—Veo que me has echado de menos —dijo Kenzi al verme sin aliento.

—Claro que te he echado de menos —añadí, recuperando la voz—. Pero quiero mostrarte algo.

La tomé de la mano, guiándola hasta la puerta del sótano.

—Yo no bajo al sótano —replicó zafándose de mi mano.

Me acerqué a ella y con una sonrisa tomé de nuevo sus manos.

—Confía en mi.

—Si confió en ti, pero no voy a bajar a ese lugar... nunca más —dijo con desconfianza.

—Creo que cambiaras de idea —le guiñé el ojo—. Así que no seas miedica y ven conmigo.

Tuve que arrastrarla hasta la puerta del sótano, pero cuando la abrí, Kenzi si quedó sin palabras. Bajamos juntas la escalera y en su rostro había una expresión que valió la pena tanto esfuerzo. Ella recorrió con sus dedos cada objeto que había en la habitación, completamente muda. Comenzó a llorar de emoción, cuando vio el piano y se abalanzó hacia él para sentarse en la banqueta.

—¿Es para mi? —dijo, abriendo la tapa que cubrían las teclas.

—Feliz Navidad... atrasada. ¿Te gusta? —repuse, contagiada por su emoción.

—Nadie había hecho algo así por mi. Claro que me gusta... Gracias, Bo —tartamudeó varias veces.

Me arrodillé ante ella para limpiar las lagrimas que brotaron de sus ojos.

—Nacho y Dyson me ayudaron a remodelar el sótano, pero unos Brownies hicieron el resto.

Se levantó para observar con detenimiento toda la habiatacion.

—Esta precioso. Dios, mi batería, la guitarra de Nate y el piano es espectacular.

—Me alegra hacer algo por ti, después de todo lo que tú me has dado.

Corrió hacia mí y me abrazó, soltando alguna lagrimilla en mi hombro.

—¿Qué es esto? —inquirió, separándose de mí

—Kenzi, sé que estas emocionada, pero sabes que es un piano —repuse confundida.

—No. Digo esto —cogió una figura de porcelana que estaba sobre el piano

—Lo trajo Nacho. ¿No te gusta?

—No puedo creer que se recordara de esto —dijo sin apartar la mirada de la figura, con la otra mano tapando su boca.

—¿Se recordara de qué? —inquirí, sin saber el porqué de su reacción—. ¿Qué pasa, Kenz?

Me miró, con la emoción en su rostro.

—Cuando nos conocimos, le conté a Nacho que mi abuela tenía una muñeca de porcelana igual a esta y no me puedo creer que se acordó de esto —se le apagó la voz al final.

—Sé que no es mi problema, pero debo decirte que mi tío esta enamorado de ti. Sé que tú quieres a Hale y no debería opinar nada al respecto.

—Lo sé, Bo. Pero seria muy injusto estar con Nacho si no siento lo que él se merece. Me encantaría mandar el tonto de Hale a la porra, porque sé que con Nacho sería muy feliz. Aún así, no me cierro ninguna puerta y quien sabe, a lo mejor en el futuro mis sentimientos cambian.

—Lo que te haga feliz, será suficiente para mi. Ahora que tal si tocamos algo juntas.

—Claro, pero nada de los Beatles, ni de Nirvana —dijo limpiando sus lágrimas.

—Oye, que te he dicho que no blasfemes —repliqué, señalándola con el dedo.

Pasamos esa tarde en el sótano, que se convirtió en nuestro refugió anti realidad. No pude explicar porque cada vez tocaba mejor la guitarra, pero pensé que fue por haber crecido rodeada de instrumentos y música. A partir de ese momento, comenzó la etapa más divertida de mi vida y todo gracias a Kenzi.

Una semana después, ella me presentó a dos amigos suyo que había formado parte de la banda de Nate. Según Kenzi, los dos chicos eran unos prodigios de la guitarra eléctrica y del bajó. Robert era muy inteligente, con un gran talento y estudiaba el último año de ingeniería. Angus era menos habilidoso, pero también se le daba bien la música. Kenzi me regaló mi primera guitarra eléctrica, una Fender Telecaster de segunda mano. El cuerpo era en negro que se degradaba hasta el golpeador de color blanco, el mástil era de caoba oscura y las clavijas era de titanio.

Robert me ayudó a acostumbrarme al sonido de la guitarra, pero sin ninguna otra instrucción comencé a tocar Johnny B. Goode, interpretando el Riff, sin cometer ni un solo error. Nuevamente, no pude explicar el porqué tenía esa habilidad, pero no quise darle más importancia.

—¿Estás segura que jamás habías tocado una guitarra eléctrica? —dijo Robert, asombrado.

—Mi padre tocaba la guitarra y adoraba esta canción, pero yo jamás había intentado tocar una eléctrica.

—Pues acabas de clavar uno de los Riff más difíciles de la historia del Rock & Roll y si me dices que también sabes tocar el Free Bird, me caso contigo.

Me hizo gracia su comentario, pero era evidente que algo despertaba en mí ese talento extraño. Kenzi se posó enfrente a Robert y lo apunto con una baqueta.

—Estaba pensando, en que podríamos ensayar juntos. Has visto que Bo tiene talento y canta bastante bien. Yo tocaría la batería, Angus el bajo y tú serias la guitarra principal.

Robert frunció en ceño y alzó una de sus cejas, sin evitar la sonrisa.

—¿Nos estás proponiendo formar una banda? —inquirió, cambiando su semblante.

—¿Por qué no? —replicó Kenzi, ofendida—. Creo que sería interesante y no te digo que seamos como Blondie, pero molaría.

—Trato hecho —contestó Robert, tendiendo su mano como un templario.

Así fue como se formó nuestro pequeño grupo. Ensayamos durante un mes seguido en el sótano de mi casa, compré un amplificador y todos los equipos que necesitábamos para tocar en directo. Trick nos contrató para dar nuestro primer concierto en el Dal y me acuerdo que bordamos todas las canciones, pero los nervios me hicieron vomitar todo lo que tenía en el estómago después del concierto. Al principio hicimos varias versiones de grupos que nos gustaban, pero Kenzi se puso manos a la obra y comenzó a componer. Cuando la ayudé con las letras y la música, me di cuenta que algo me estaba inspirando, de una manera que no pude comprender.

Nuestro estilo no encajó con el Dal, así que Vex nos contrató para tocar en su nuevo club, que había comprado muy cerca del campus universitario. La voz se corrió entre los estudiantes y comenzamos a tocar en otros bares, pero nuestro preferido fue el Blue Note, que es de Vex. Ensayábamos las noches de los martes y jueves, si no teníamos concierto el fin de semana y todos los días si tocábamos los viernes. Durante las mañanas nos dedicamos a seguir trabajando en los casos que nos llegaban, pero cada vez era menos complicados y aburridos. Aprendí a alimentarme con sólo dar un beso y poco después supe como curarme de la misma manera. Brad cambio tu fórmula, pero las inyecciones no fuero útiles. Cada vez que intenté hablar con Brad, nunca estaba en el complejo de las luces, así que decidí no usarlas a menos que fueran imprescindible.

Entre una cosa y otra, el invierno nos dejó, dandole su lugar a la primavera. Había pasado siete meses desde que te habías marchado, pero durante ese tiempo no pude sacarte de mi cabeza ni un solo instante. Aunque fue una temporada divertida, sin problemas y comencé a rehacer mi vida, siempre estuviste presente en todo lo que hacia. Soñé con mi padre casi a diario y me alentó a confiar en las habilidades de Nacho, a no dejar de pensar en ti porque cada día estabas más cerca nuestro reencuentro y Aidan no mintió.

Entre Nacho y Trick, lograron convencer a cuatro de los siete Ash. Vex por su parte, consiguió el apoyo de todos los Morrigan, excepto el de Blacklock, pero Vex se las ideó para destituirle y nombró a Mia Anders como la Morrigan de Britannia, quien es una fiel defensora de los humanos. Sin el apoyo inánime de los Ash, los ancianos no aceptarían el pacto, por eso fue muy importante las reuniones con los clanes. Kenzi siguió investigando todo sobre Karen Beattie, pero había muy poca información, aún así me entregó cada una de tus investigaciones, junto a las de mi padre y me las aprendí casi de memoria.

Mi tío volvió a la ciudad tres días antes de mi cumpleaños. Él fue a mi casa para explicarme todo lo que tuvo que pactar con los clanes. Los ancianos que faltaban por apoyar el pacto, exigieron como condición, que yo jurara lealtad a las luces, pero Nacho se negó a pedirme que renunciara a mi libertad. Cuando él salió de mi casa, no pude dejar de pensar, en que esa sería la mejor alternativa. Podría encontrarte y al declararse la libertad a los humanos, podríamos estar juntas sin ningún impedimento.

Alguien llamó a la puerta y creí que era el chico de la pizza, con nuestra cena. Caminé hacia la entrada, sin saber lo que me esperaba detrás de esa puerta. Cuando la abrí, no pude creer que ante mí estaba Aife. Ella se acercó, tapándome la boca y mi miró fijamente a los ojos.

—Todavía no menciones mi nombre —susurró a mi oído.

Asentí sin apartar mis ojos de los suyos. Ella sacó una bolsa de tela, muy parecida a la que Trick le dio a Kenzi para usar en el despacho de Vex. Mi madre cogió una pizca de polvo, lo puso en su mano y sopló.

—No escucharéis lo que hoy vengo a decir —conjuró Aife el mismo hechizo que hizo Kenzi.

Una nube de polvo verde se esparció por el salón, impregnado todos los muebles y cinco explosiones se sucedieron al instante. Kenzi bajó la escalera casi saltando, al escuchar las explosiones y se quedó pálida cuando vio a mi madre.

—¿Qué demonios hace ella aquí? —inquirió Kenzi casi sin voz.

—He venido para salvarle la vida a Lauren Lewis —contestó mi madre, sin apartar su mirada de la mía.


Notas: Este capítulo es muy extraño, pero quise quitarle el drama y rehacer un poco la vida de Bo. Sé que es difícil imaginarse a este personaje con una guitarra en las manos y quizás sea un error, pero me gustaría aportar algo diferente. Al final del día, esto es un producto de mi imaginación.

Muchas gracias por seguir mi relato y espero vuestras opiniones.

"Lo esencial es invisible a los ojos" – Antoine de Saint-Exupéry.