Capítulo 28: Tentación.

Emmett POV

Salí de aquella concina completamente mareado, con la piel aún enardecida por su calor y con su sabor aún rondando por mi boca.

Pamela sonrió en mi dirección y yo me sentí peor que una mierda embarrada en la suela vieja de un zapato viejo. Aún así, tuve el descaro de corresponderle el gesto e irme a sentar a su lado.

—Gracias – dijo cuando le tendí el vaso. Justo cuando sus labios estaban a punto de tocar la misma superficie que Rose, le arrebaté el objeto.

—¿Qué sucede? –preguntó, pasmada por mi reacción

—Se me estaba olvidando que yo también tome ahí – mentí rápidamente

—¿Y eso qué tiene de malo?

—Es que… creo que me voy a resfriar, cof, cof.

Patético, sí. Ella soltó una delicada risita —Mejor te traigo otro vaso – ofrecí.

—Como gustes

Sentí nauseas hacia mi persona mientras volvía a dirigirme hacia la cocina. Ahí seguía ella, con su precioso y desinteresado semblante. Fijó su azul mirada en mí, estremeciéndome. Luché por ignorarla y me concentré en lo que había ido a hacer.

—¿Por qué estás con ella, si aún me sigues queriendo? – preguntó y pude apreciar que no había soberbia en su voz, si no una sincera duda. Una duda que ni yo podía resolver por más que quisiera.

Me obligué a no mirarla, sabía que sería más difícil. Así que, apretando mis manos más de lo debido hacia el cristal lleno de agua, salí de la cocina antes de que fuera muy tarde.

El timbre sonó en ese preciso instante. Caminé hacia la puerta y la furia más inmensa me invadió al encontrarme con el imbécil aquel que se hacía llamar "Royce".

—¿Qué quieres? – pregunté sin disimular mi molestia.

Él sonrió de manera descarada, desafiándome —A Rose, ¿Podrías decirle que ya estoy aquí? Se nos hace tarde para nuestra cita

—¿Cita? – Repetí, sonriendo pues se me había ocurrido una idea fascinante – Qué extraño…

—¿Extraño?

—Rosalie acaba de salir – informé con una seriedad digna de confianza – Irina le marcó y se fue con ella – Reprimí una carcajada al ver el semblante del rubiecito. Sabía que mi mentira podría dar resultados. Rose odiaba que le marcaran por celular si era para exigirle su ubicación, así que muy probablemente él no lo haría. Proseguí – creo que tu novia se olvidó de su "cita" contigo. Lástima – palmeé su hombro – Ya será otro día.

El ricachón petulante se dio la media vuelta, sin decir más, y arrancó su carro a toda velocidad. Permanecí en la puerta otro par de segundos más, disfrutando de mi infantil y ridículo juego, hasta que Pamela se acercó por detrás

—¿Qué sucede?

—Nada – contesté, dando media vuelta. Ella sonrió con esa manera inocente tan suya que me enternecía el alma. Me incliné para besar su frente, volviéndome a sentir culpable. Si yo estaba con ella, si la tenía, ¿Qué debía de importarme lo que hiciera o dejara de hacer Rose?

—Te quiero, Emmett.

¡Maldición! ¿Qué más pedía si tenía a una muchacha tierna, cariñosa, amable conmigo?

—Igual yo – contesté. No era del todo una mentira. De verdad sentía algo por Pamela… aunque no se le comparará en absoluto a lo que profesaba por Rose, tal vez, con un poco más de tiempo… me lograra enamorar de ella.

La noche llegó pronto. Había ido a dejar a mi novia a su casa tenía poco y me encontraba en mi habitación, intentando terminar el proyecto final de mi carrera, para cuando tocaron a la puerta.

—¿Qué quieres? – pregunté al verla, luchando contra el delicioso escalofrío que me recorría el cuerpo.

Sus manos me empujaron hacia dentro y cerraron la puerta.

—¿Se puede saber quién te crees para engañar a mi novio diciéndole que no estoy? – exigió saber. Sabía que esto ocurriría, por lo que fuera de sorprenderme, me divirtió. —¿De qué te ríes?

—Vamos Rose, admite que te hice un favor. Cada vez que sales con… tu novio se te ve en la cara que prefieres hundir la cabeza en un cubo de hielo.

—¡Eres un idiota! – Golpeó mi pecho con sus delicadas manos – ¡Dices eso porque así es como te sientes tú con esa ridícula de Pamela!

Le tomé por los hombros —No te refieras así de ella. Respétala.

—¿Respetarla? – Alzó una de sus cejas – Mira que besarme cuando ella está a menos de cinco metros no es precisamente una buena señal de respeto – enmudecí ante sus palabras. Ella sonrió con soberbia — Y estoy segura que lo harías otra vez.

—Te equivocas…

—Sabes que no – tomó mi rostro entre sus manos y acercó sus labios a una distancia peligrosa – Emmett… eres el peor mentiroso que conozco.

Su aliento fresco me hizo vibrar. Nuestras miradas se encontraron. Había fuego ardiente en la suya, fuego tentador al que no me pude resistir. La tomé entre mis brazos y la besé con intensidad; apretándola, sintiéndola cerca, mientras sus dedos se aferraban a mis cabellos y un sensual jadeo se escapaba de su garganta. Enloquecí. Mi cuerpo ya no estaba conectado a mi mente y actuaba como si tuviera vida propia. Vida propia que solamente dependía de ella.

Caímos sobre mi cama. Sentir su figura debajo de la mía me llenó de calor excitante. Una de mis manos se instaló sobre su pierna derecha mientras que la otra comenzaba a explorar la curva de su cintura. Nuestras lenguas bailaban una danza húmeda y estimulante que me borró todo tipo de pensamiento coherente.

Mis labios se deslizaron por su cuello… Quería hacerla mía. Quería escuchar de su voz mi nombre. Quería ser su dueño… Quería amarla.

Te quiero, Emmett…

Pamela. Automáticamente mis manos la empujaron hacia atrás al recordar su nombre.

—No puedo – musité, más para mí que para ella – no puedo fallarle de esta manera…

Le miré. Rose se encontraba con el rostro inclinado hacia abajo, así que me fue imposible leer su expresión.

—Lo mejor es que guardemos nuestra distancia – dije mientras me ponía de pie – No debemos estar juntos.

—¿No? – me desafió con esos ojos llenos de energía y deliciosa tenacidad

—No – me obligué a contestar – Rose, tú estás con Royce… Yo estoy con Pamela… Ya es tarde.

..

..

JASPER POV

—¡Wow! – exclamó Alice, con sus ojitos dilatados fijos en la patineta y los malabares que hacía yo con ésta –No me habías dicho que eras bueno en el skate también.

—Me gustan los deportes tanto como a ti – sonreí con orgullo.

Me gustaba verla sonreír de nuevo. Además, estaba dispuesto a pasarme todo el día encima de la tabla si eso hacía que olvidara, aunque fuera por un momento, la muerte de su padre. Es más, montaría un circo eterno con tal de ya no verla llorar.

—Quiero intentar – dijo.

—Adelante – animé, haciéndome a un lado para dejarle libre el paso. Le tendí mi mano para que se apoyara, no tanto porque lo necesitara, si no porque yo quería volver a tocarla. No sé, era algo así como una clase de necesidad que nunca había sentido, pero que me agradaba.

Nuestras pieles estaban a punto de entrar en contacto, para cuando una voz interrumpió, llamándome.

—¡Jazz! – era María, quien cruzaba el patio con sus delicados vaivenes de caderas.

—Hola – saludé desde lejos.

El aullido de nuestros amigos, quienes se hallaban a pocos metros de nosotros, se alzó por el viento. Yo reí tontamente.

—Creo que viene a platicar contigo – murmuró Alice – Te dejo solo…

—No, espera – la frené, pero ella se zafó hábilmente y corrió hacia donde Seth, Paul, Embry y Quil se encontraban. María se acercó y me dio un beso en la mejilla

—¿Qué haces? – preguntó de forma amigable

—Le enseñaba a Alice malabares con la patineta – contesté.

La muchacha alzó una de sus delicadas cejas mientras veía la tabla.

—¿Porqué no me sorprende de ella? – rió

—¿A qué te refieres?

—Venía invitarte a una fiesta que habrá en mi casa hoy en la tarde – ignoró mi pregunta.

—¿A una fiesta?

—Es mi cumpleaños – agregó, acercándose un paso más y clavando su mirada en la mía, poniéndome nervioso – Me gustaría que estuvieras conmigo.

—No-no creo poder – tartamudeé

—Oh, vamos. Yo sé que sí.

Me perdí un momento en lo angelical de su rostro y lo rasgado de sus obscuros ojos. María era una niña linda, demasiado linda. Me gustaba. Era algo así como el prototipo de chica perfecta que cualquiera pudiera esperar para una novia. Yo no tenía mucha experiencia en ello, pero siempre había visto en algunas comedias románticas de Disney Channel que todo era perfecto si salías con una muchacha con tendencias de modelo.

Suspiré. Estaba casi seguro que Alice no se enojaría conmigo por cambiar nuestras clases de Skate para otro día, pero había algo en mí que rogaba porque no fuera así. Había algo en mí que quería pasar la tarde con mi mejor amiga y no con la chica que, creía yo, me gustaba.

—De acuerdo – solté.

María pegó un gritito de emoción y me abrazó.

—Te aseguro que te divertirás mucho – dijo, tomando mis manos – serás mi invitado especial.

..

—¿Segura que no hay problema? – pregunté por décima vez, mientras regresábamos a casa.

—Ya te dije que no – pateó el baló.

—¿En serio…?

—Jazz – frenó nuestra marcha y me miró a los ojos – ¿Te gusta María?

Tardé un poco en contestar y no supe bien a qué se debía. Si era mi amiga, debía de tenerle confianza, ¿no?

—Sí, es linda – admití finalmente.

Ella sonrió y siguió caminando —Entonces, ve. Lo nuestro puede esperar.

—¿Quieres jugar un partido antes de llegar a casa? – ofrecí

Negó con la cabeza —Estoy un poco cansada

—Entonces, ¡Acompáñame! – esa me parecía una idea excelente

—Jazz… no.

—¿Porqué? – pareciera como si me estuvieras evitando, quise añadir; pero, por algún motivo, no lo hice.

—Tengo… mucha tarea. Además, si te gusta María, ¿cómo te vas a acercar a ella si estoy yo?

..

Y bien, finalmente, ahí estaba: frente a la resonante puerta de la casa a donde había sido invitado. Toqué el timbre y casi al instante, tuve a María frente a mí.

—¡Jasper! – Exclamó, abrazándome y adentrándome al departamento – te estaba esperando. Me alegra que vinieras.

—Amm… Felicidades – le tendí el regalo que le había comprado en el camino.

—¡Gracias! – Sus ojos brillaban con emoción – ¿Quieres bailar?

—Eh… no, gracias. Yo no bailo – algo heredado de Edward.

—Vamos, no seas tan tímido.

Me jaló hacia la improvisada pista de baile y comenzó a moverse rítmicamente, al compás que la música electrónica marcaba. Intenté hacer lo mismo, pero de verdad que me sentía muy incomodo. Y es que yo odiaba bailar, realmente lo detestaba, pero se me hacía algo muy grosero el rechazar a una muchacha como ella.

Pasó el tiempo y al cabo de dos horas, le dije a María que tenía que despedirme. Ella hizo un teatral puchero, pero finalmente, aceptó.

—Gracias por venir…

—Fue un placer – dije por cortesía.

—¿No se te olvida algo? – Preguntó, mordiéndose el labio.

Fruncí el ceño, tratando de encontrarle algún sentido a sus palabras; pero el sentido se desvaneció cuando se acercó más de lo que se puede considerar "normal". Esperé en silencio, petrificado por su proximidad, vagamente consciente de que sus manos se habían recargado sobre mis hombros y que su boca había chocado contra la mía.

—Jasper, sé que eres un chico muy tímido – sonrió – por eso no es necesario que lo preguntes. Sí, acepto ser tu novia.

Jadeé. Y no precisamente por la emoción…

..

..

EDWARD POV

¿Qué si estaba enfermo de la cabeza? No había necesidad de contestar.

Ahogué un jadeo, mientras apretaba mi cuerpo hacia el suyo como un loco desesperado, como si quisiera fusionarme con su piel, con su alma. Suspiré, mientras mis dedos se hilaban en sus cabellos y la acercaba más, si es que eso era humanamente posible, sintiendo el agradable cosquilleo que su bigote postizo provocaba contra la superioridad de mi boca.

Maldita chiquilla, ¿Qué tenía que con el simple movimiento de sus labios me ahogaba la vida entera? Recordé a Tanya, a sus besos, a su pasión… y bloqueé mis pensamientos antes de empezar a comparar.

La liberé abruptamente y ella gimió. Nuestras miradas se encontraron entre la poca distancia que había interpuesto. Quería besarla otra vez, el chocolate ardiente de sus pupilas me llamaba. Di media vuelta antes de que fuera más tarde y siguiera cometiendo estupideces.

—Eres… un idiota, Cullen.

Giré ante el sonido entrecortado de su voz. Estaba furiosa, con sus manitas empuñadas a sus costados. Seguramente pensaba en pegarme. Le molestaba que yo la besara y estaba en todo su derecho, después de todo, ¿quién era yo? Maldije interiormente a la noche en la que me atreví a besarla por primera vez, la misma noche en que le había asegurado que nunca volvería a pasar lo mismo. Y ahora, ahí estaba, tragando mis palabras, con mi promesa hecha añicos ante su presencia.

—¿Qué te pasa, eh? – se acercó, con sus ojos chispeando ira – ¿Qué te hace creer que puedes venir y… besarme cada vez que se te dé la gana?

—¿No te gusta que te bese? – pregunté, sin poderme contener.

Ella calló por un instante, su mirada se transformó en otra, la cual no pude descifrar, y después regresó a su dureza salvaje.

—¿Por qué habría de gustarme? – cierto.

Suspiré.

—No lo volveré a hacer – prometí, sabiendo de ante mano que estaba mintiendo.

—Eso espero – manifestó, aún mirándome con sus ojos de hiel.

..

..

Once de la noche… No podía dormir. Un par de almendras castañas me impedían descansar. Arrojé las sabanas a un lado y me puse de pie. Suspiré con exasperación. ¿Qué ocurría? ¿De verdad estaría volviéndome loco? Bella… Su nombre simplemente no se me arrancaba de la mente. ¿Por qué? ¿Qué pasaba con ella? Conocía a Tanya desde hacía más de cinco años, más de tres años de relación con ella y jamás, jamás, había pensado con tanta intensidad en su persona.

Bajé a la cocina y frené mis pasos al reconocer la sombra de su figura.

—Bella…

—¡Edward! –Parecía asombrada – ¿Qué… qué haces aquí?

—Lo mismo pregunto

Se puso de pie —Yo… ya es tarde, me voy a dormir.

—Espera – le detuve cuando intentó pasar a mi lado – ¿Qué sucede? – inquirí, pues había algo extraño en su comportamiento. La oscuridad no me permitía ver a exactitud su rostro, pero sí fui capaz de apreciar las cristalinas lágrimas que le bañaban.

—Charlie… - musitó.

Instantáneamente me embargó aquel sentimiento lacerante y, sin pensarlo, enrollé mis brazos a su alrededor y la atraje hacia mi pecho. Ella no opuso resistencia. Suspiré contra sus cabellos. De verdad no sabía si era yo el que consolaba… o el que buscaba un consuelo. Dolía saber que sufría. Dolía verla llorar…

La llevé hacia la mesa del centro y la senté sobre mi regazo, como un bebé. En ese momento, era como si ella y yo fuéramos otros: Dos desconocidos que se han encontrado por azares del destino y que se necesitan. No existían todas esas peleas absurdas, no existía aberración, no existía nada, más que la pura carestía de estar juntos. Llevé mi mano hacia sus mejillas y las acaricié lentamente, sintiendo su suave textura bajo mi piel. Ella cerró los ojos y dejó que su frente se recargara sobre la mía. Su entrecortada y dolida respiración comprimió mi pecho.

Sentirla así de frágil me estremecía… Besé su frente y deslicé mis labios por la delicada curva de su nariz, sintiendo sus pestañas topar con las mías.

—No temas – susurré – no estás sola. Yo te protegeré… siempre.

Permanecimos en silencio a partir de ahí. Ni una sola palabra. Era… mágico. No sé cómo explicarme, tantas emociones acicaladas entre el poco espacio que nos separaba. Nunca me había sentido tan cerca de alguien, hasta que la conocí.

Quedó dormida sobre mi pecho. La cargué lo más cuidadosamente posible a su recamara y la dejé caer sobre la cama. Me permití perderme un segundo más en sus facciones, mientras me preguntaba qué era lo que las hacía tan especiales. En el interior una melodía nació, pero se volvió muy lejana, casi pérdida. ¿Qué si estaba enfermo de la cabeza? Ahora no cabía duda alguna de ello. ¿Qué tenía que hacer yo mirando dormir a la que, se suponía, era la muchachita más irritable que pudiera encontrar en mi vida?

Me obligué a ponerme de pie y retirarme. Cerré la puerta a mis espaldas y suspiré…

—¡Edward! – la sangre abandonó mi rostro al escuchar esa voz. Volví el rostro hacia la derecha y, entonces, la vi.

—¡¿Mamá?!

..

Me sentía como en una sala de confesión. Y lo peor… realmente me sentía como un delincuente.

—Edward – llamó Esme, con voz tranquila, pero con un toque serio; exigente – ¿Qué hacías en el cuarto de Bella?

—Estábamos… platicando en la cocina – ¡Era la verdad!

—En la cocina – repitió mi madre – Bien. Pero… si estaban en la cocina, ¿podrías explicarme porque te vi salir de su habitación?

¡Mierda!

—Mamá…

—Hijo – me interrumpieron – Quiero la verdad. ¿Pasa algo entre tú y Bella?

—¡No! – Contesté con desesperación – No podía dormir. La encontré en la cocina, estaba llorando. Me desgarró el alma verla así, me desgarra el alma verla así, no podía dejarla sola y me quedé con ella. Se durmió entre mis brazos. Cuando me encontraste saliendo de su recamara era porque la había llevado a su cama…

Había soltado de más, lo supe cuando en sus tiernos ojos se pintó un sutil brillo de perspicacia.

—Mamá… Tengo novia – traté de componer; pero creo que sólo provoqué lo contrario, pues Esme esbozó una risita extraña… pícara.

—Lo sé, lo sé – acordó mientras se ponía de pie – Tanya, ¿no?

—Ella misma

—Es una muchacha muy guapa

—E inteligente – añadí – Madura y muy realista…

Los labios de mi madre se posaron sobre mi frente.

—Tiempo al tiempo – musitó y no entendí – Descansa, hijo.

..

..

JASPER POV

Caminábamos en silencio hacia la escuela. Yo quería hablar, pero no sabía de qué. Me encontraba nervioso, más que eso, estaba asustado…

—Y… ¿Cómo te fue ayer? – preguntó Alice.

—Bien – contesté forzadamente. No quería tocar ese tema con nadie, principalmente con ella.

—¿Te divertiste? – Me limité a asentir – ¿Pasa algo?

—Nada.

Otro momento de silencio. Tenía las manos sudadas. Quizás no sea tan malo – intenté alentarme. Al final de cuentas, María era guapa. ¡Yo mismo había pensado que podría ser la novia perfecta! Ahora lo era. Sin saber cómo, ni cuándo, ella y yo nos habíamos convertido en…

—Alice – musité y tomé a mi amiga de la mano. Sus profundos ojos me miraron fijamente, con duda

—Jazz, ¿Qué te pasa? Luces mal.

No, no lucía mal. Estaba mal. Estaba terriblemente preocupado. ¿Qué diría Alice de todo esto? ¿Le importaría? ¿Afectaría, de algún modo, mi repentino y no planeado noviazgo a nuestra amistad? No quería eso.

—Yo…

—¡Jasper! – sentí mi sangre estancarse en las venas al escuchar su voz justo detrás de mí – ¿Se puede saber porqué estás agarrado de la mano con ella?

—María – musitó Alice.

—Suelta a mi novio, niñita – le ordenaron. Y lo hizo, al instante lo hizo.

Y yo sentí frío…

—¿Tu novio? – repitió la pequeña.

—Alice…

—Lo que has escuchado - se adelantó a decir la morena – ¿Acaso Jasper no te lo había dicho?

..

Puf! Siento mucho la demora. Como ya saben, la escuela me absorbe casi por completo. Entre los exámenes y tareas, apenas y puedo darme un tiempecito para escribir y desestresarme un poco. Gracias por su apoyo y paciencia, espero les haya gustado el capítulo. Se cuidan y nos leemos pronto. Atte. Anju