Capítulo XXVIII:
Justicia 3
ᕙ+ᕗ
Bianchi se puso alerta ante el fuerte estruendo que opacó la música y el ambiente tranquilo que habían logrado, pero no fue la única. Todos estaban al tanto de que algo sucedía, aunque Tsuna no se los hubiera aclarado antes de dejarlos ahí.
―Escuchen ―tomó la palabra cuando los guardianes de Yuni mostraban señales de impaciencia―, Tsuna me dejó a cargo. Takeshi le avisó que Kiril y su mano derecha venían en camino. Es evidente que ya están aquí, así que debemos confiar en ellos y esperar.
―Algunos de nosotros nos podemos defender solos ―dijo Byakuran con una sonrisa―. Si los tréboles están aquí, sería una lástima no saludarlos.
―Si Tsunayoshi-san nos pidió quedarnos aquí fue porque necesita asegurarse de que habrá alguien fuerte para protegernos en caso de que ellos no puedan ―dijo Yuni con cierta crudeza para que sus guardianes desistieran.
―Así es ―dijo Bianchi―. Además, es posible que Kiril esté interesada en Yuni, así que ella los necesita aquí.
Gamma asintió y Byakuran dejó de insistir, mientras Haru trataba de mantener la calma para que los más pequeños pudieran hacer lo mismo. Sin embargo, Irie terminó de destruir la falsa tranquilidad cuando entró seguido de Spanner.
―Estamos en problemas ―dijo con urgencia―. Los Trifoglio derribaron las defensas. Tenemos que evacuar de inmediato.
Mientras tanto, afuera, los pedazos de concreto resonaron al caer contra el suelo. Tsuna abrió los ojos y dejó salir un suspiro de alivio al comprobar que había logrado escudar a su madre, y la sangre que tenía sobre la ropa era sólo suya. No que estuviera muy lastimado, afortunadamente estaban lo suficientemente lejos para que la explosión los golpeara de lleno.
―Tsuna, ¿qué pasó? ―le preguntó ella con el corazón saliéndose de su pecho.
―No estoy seguro, pero quédate cer... ―Sus ojos distinguieron la figura de su padre, inmóvil a casusa de los escombros que cubrían parcialmente su pierna y costado derechos―. ¡Papá!
Se acercó a Iemitsu, quien, en su intento de huida, había recibido el impacto de cerca. Se hincó a su lado, retirando los pedazos de concreto, con su madre asistiéndolo en la labor de rescate.
―Cariño, quédate quieto ―le dijo ella con voz temblorosa.
―Tsuna ―lo llamó él―. No pierdas el tiempo, los tréboles llegaron... ―le dijo cuando lo tuvo cerca―. Saca a Nana de aquí y ayuda a tus guardianes.
―No tienes que decírmelo ―le contestó el chico―. Lo haré cuando te quite esto de encima.
―Oye, ¿qué pasó con el ardiente discurso de hace dos minutos? ―Se coló una voz burlona, proveniente de una figura al final del vestíbulo, una figura femenina.
―Trifoglio. ―La reconoció Tsuna.
―Empezaba a emocionarme. ―Sonrió relamiéndose los labios―. "Es ese maldito silencio lo que odio de ti" ―imitó su tono de voz―. ¡Kyaaa, haces que me sonroje!
Pero apenas concluyó su burla, un disparo le alcanzó el hombro derecho. Tras un irremediable gemido, se cubrió la herida, encorvándose ligeramente debido el inesperado dolor.
―No te olvides de mí.
―¡Reborn! ―Tsuna se alegró, por primera vez, de verlo en su forma adulta.
―Chaos ―dijo el sicario con toda la arrogancia de atinar un buen disparo como en los viejos tiempos.
―Mamá, quédate aquí y ayuda a papá ―le dijo Tsuna tomándola de la mano para asegurar que tenía su atención, a lo que ella asintió―. Cuando puedas moverlo, regresen al comedor.
―Tsuna ―intervino Iemitsu―, yo...
―Hablaremos después ―le contestó sin mirarlo, y se puso de pie dándoles la espalda para recibir a Kiril.
―¿Ya terminaste? ―le dedicó una mirada sugestiva―. Me duele... ―dijo apretando su hombro herido―, que no me pongas atención, Tsu-pyon.
―Suficiente de charlas dulces ―cortó Reborn empuñando su arma, para luego mirar a su ex-alumno―. Cuando gustes, jefe.
Tsuna encendió su llama, usándola para impulsarse hacia Kiril, a lo que ella respondió retrocediendo. Sin embargo, Reborn ya la esperaba, y la interceptó por detrás, atrapándola por el cuello con su brazo.
―Rebo-kyuun, no te pongas celoso ―le dijo mientras colocaba una mano sobre el brazo que la inmovilizaba―. De hecho, me gustas más que Tsunayoshi ―concluyó la frase pasando su pierna izquierda detrás de la de Reborn, a la vez doblando hacia adelante su cuerpo y el de él con ella, para deslizar con facilidad su cabeza fuera del agarre al aflojarlo en el movimiento controlado.
Una vez libre, pudo estirarle el brazo para terminar de torcerlo en su espalda, concluyendo el escape al golpear con su rodilla la corva de Reborn para hacerlo perder el balance. Y mientras tomaba una distancia prudente, Tsuna se acercó a Reborn, quien cordialmente rechazó la mano que le tendió y se levantó por su cuenta.
―¿Dónde están Hayato-kun y Ryohei-niisan? ―le preguntó Tsuna, ignorando la cuestión―. ¿Y qué hay de Takeshi?
―Yamamoto está inconsciente. Gokudera y Ryohei están ocupados con Caín.
―Así que estamos a cargo de Kiril ―musitó echando un vistazo a su madre, que continuaba con la labor de retirar los escombros del cuerpo de Iemitsu, y más allá, el pasillo que conducía al comedor―. Tenemos que hacer esto lo más rápido posible...
―¿Llevas prisa, Tsu-pyon? ―le preguntó Kiril―. Pensé que esperabas con ansias el momento en que nos volviéramos a ver.
Tsuna no contestó, no estaba de humor para seguirle el juego. Se impulsó con su llama una vez más, llegando a su lado en cuestión de segundos. Intentó acertar un puñetazo, pero contrario a su delicada apariencia, Kiril logró detenerlo en seco con su palma, haciéndolo retroceder al impactarle una rodilla en el estómago.
Reborn lo relevó, acertando un disparo que Kiril logró recibir en su antebrazo para evitar que la bala alcanzara algún punto vital. Tsuna usó la distracción para activar el modo de ataque de su Vongola Gear, transformando a Natsu en el Guantelete de Primo. Y hubiera asestando un buen golpe, si Kiril no hubiera flexionado sus rodillas, dejándose ir de espaldas al suelo e impulsándose una vez más hacia arriba, quedando de pie para patearle la pantorrilla y luego la cabeza.
―Vamos, Tsu-pyon ―le dijo Kiril tras un par de jadeos―. Estoy segura que puedes hacer más que esto, o ¿es que tienes miedo de lastimar a una chica?
Mientras Tsuna se ponía de pie, Reborn la tomó por sorpresa al lograr impactar el mango de su arma contra su cabeza y un tercer disparo, esta vez, en el costado izquierdo.
―Tal vez él sí ―le dijo, pensando en todas las cosas que a Tsuna temía lastimar―, pero yo no.
Cuando Kiril comenzó a perder al balance, Tsuna terminó de hacerla caer al patearle el hombro herido. A pesar de sus heridas, la chica estaba por levantarse, por lo que Tsuna la interceptó, tomándola por el cuello y estampándola contra la pared más cercana de manera que al fin la tenían acorralada.
―Rayos, Rebo-kyuun, tú nunca te limitas... ―dijo ella, apretando las manos de Tsuna―. Eres una mala influencia para tu ex-alumno.
Tsuna intentó calmar su respiración mientras sentía un poco de sangre escurrir por su frente. ¿Ahora qué? Como muchas otras veces, comenzaba a atormentarle la idea de tomar decisiones. No podía engañarse, parte de él le decía que debía acabar con todo eso allí mismo. Pero menos podía traicionarse, acababa de recitar el más delirioso de sus monólogos internos, profesando desvaríos a su reducido público.
―Kiril... ―dijo aún sin debilitar su agarre―, CEDEF nos dio información sobre tu pasado.
―¿Sí? ―Sonrió ella con amargura―. Sorpréndeme, ¿qué opinas? ―le preguntó con la vista un poco nublada―. ¿Que soy la peor escoria por querer borrar tu especie? ¿Que es imposible re-escribir las leyes de nuestro mundo destruyendo el Tri-ni-set? ¿Que soy un caso perdido?
―No ―le respondió Tsuna―. Cuando entendí tu propósito..., cuando supe que querías destruir el Tri-ni-set sólo para restaurar tu especie, pensé en lo desesperante que debió haber sido sufrir al ver a todos desaparecer, y no pude evitar lamentar que hubiera sucedido.
―Si vas a matarme hazlo sin endulzarlo tanto..., prefiero mi café cargado ―murmuró Kiril sin mirarlo directamente.
Tsuna frunció el ceño y cerró los ojos un momento. Estaba casi seguro de que Vongola Primo había muerto por una simple razón.
―Tsuna ―intervino Reborn―, ese discurso de despedida está tardando demasiado.
―Si hay algo que quiero decirte es que... ―continuó―, lo siento..., de verdad lo siento mucho.
―¿Lo sientes? ¿Qué quieres decir con que lo sientes? ―preguntó Kiril dejando de sonreír―. Estamos hablado del momento épico donde tienes la ventaja y la posibilidad de acabar conmigo... ¿Sólo me dirás que lo sientes?
―Lo siento... ―Asintió Tsuna y Reborn chasqueó desde su sitio, preparando su arma―, pero aún así, no puedo dejar que cumplas tu cometido, no cuando eso significa sacrificar miles de vidas inocentes. Es por eso que en verdad lo siento.
―Ja, ja, ¿qué diablos, mocoso? ―Se rió Kiril―. ¿Cómo es que tienes ese talento para hacerme enojar tanto? ―Negó con la cabeza y habló en un tono más serio mientras apretaba la pequeña insignia metálica que Tsuna llevaba en el traje―: Acabo de decirte que no necesito azúcar para digerir las cosas. No actúes como si entendieras, no me digas que lo sientes, ¡no me mires con esos ojos que dicen "eres patética"! ―En su frente se encendió su llama iridiscente―. Lo sentirás, Tsunayoshi, lo sentirás cuando todas tus promesas se disuelvan en tu cara y frente a ti se rompa todo lo que amas ―concluyó con una patada alimentada de sus fuertes llamas, que llevaron a Tsuna a la pared del otro extremo.
Tsuna estaba casi seguro: Primo había muerto porque no había sido lo suficientemente fuerte para verse convertido en lo que más odiaba.
Recubriendo los pies de Kiril, lucían unas altas botas metálicas de color plata, con grabados e inscripciones indescifrables en detalles verdes y el infalible símbolo del trébol con el número "I" marcando su linaje a los extremos. Era el arma que había guardado pacientemente. Se pasó la mano por el cabello, despejando su cara, y notó que se había quedado con la insignia Vongola en sus manos.
―No necesito tu simpatía. ―Tiró la insignia, le escupió la sangre que se había acumulado en su boca, y la pisó con la fuerza suficiente para romperla―. Necesito tu odio, Vongola.
。
En los jardines, Ryohei usaba sus llamas para estabilizar las heridas de Takeshi, que había insistido en seguir luchando antes de que terminara desplomándose debido a su sangrado, mientras Hayato se encargada del segundo trébol.
―¿Aún no te rindes? ―le preguntó Caín, limpiándose un rastro de sangre del labio, cuando Hayato logró ponerse de pie tras recibir sus ataques por enésima vez.
―No será tan fácil ―le contestó―. El Décimo cuenta con nosotros... No podemos perder aquí.
―Hmm, aunque creo que ya lo hicieron ―dijo Caín ladeando la cabeza―. Incluso si el guardián del sol logra estabilizar al de la lluvia..., está claro que ni tú ni él están en condiciones de luchar.
―¡Aún así deberás derrotarme antes de siquiera pensar en cruzar esas puertas! ―dijo Ryohei, poniéndose de pie para unirse a la batalla.
―Está bien ―dijo Caín―. De todos modos no eres más fuerte que el guardián de la tormenta. Y aunque fue entretenido luchar contra alguien que puede usar cinco llamas diferentes, no puedo quedarme mucho tiempo con ustedes.
Ryohei se lanzó contra él, logrando asestar un puñetazo en su rostro.
―Pruébame ―le dijo con determinación.
Caín lo examinó con su fría mirada, luego se limpió el rastro de sangre que escurrió de sus labios.
―Interesante. ―Sonrió como rara vez lo hacía―. Los idiotas son verdaderamente interesantes.
Ambos guardianes reaccionaron ante la burla. Hayato atacó primero, y mientras las dinamitas seguían su trayectoria, Caín avanzó en medio de ellas para acercarse a él.
―Aunque son capaces de pensar, los idiotas con frecuencia limitan sus capacidades ―dijo―. Se dicen cosas que no son ciertas, pretenden creer lo que les dicen quienes les importan, y se conforman con ello porque creen que de ese modo serán felices.
Alcanzando a Hayato, le pateó el costado y le golpeó la cabeza con la ballesta, haciendo que perdiera lo conciencia, pero antes de que lograra dispararle, Ryohei le desvió el arma y le dio un puñetazo en la espalda. Cuando las rodillas de Caín tocaron el suelo, el guardián le asestó una patada sobre el hombro, pero el trébol reaccionó rápido, sosteniéndole la pierna, y haciéndolo perder el balance al levantarse.
―Eso dolió ―le dijo aún sosteniéndole la pierna―. Pero está bien, sin resentimientos, ¿de acuerdo? ―agregó retorciéndole el tobillo.
Ryohei intentó cambiar de posición, pero Caín lo inmovilizó cuando le lanzó al hombro una flecha genuina en lugar de su ataque de tréboles, clavándolo con ella al suelo.
―Los idiotas se aferran con pasión a las cosas que los motivan, como si éstas fueran a responder de la misma manera ―continuó su discurso, terminando de torcerle el tobillo y cargando su arma con los peligrosos tréboles rojos.
―¡Hablas demasiado! ―le gritó Ryohei, obligándose a levantarse, arrastrando la flecha consigo y desgarrando parte de la piel de su brazo en el proceso―. ¿Crees que puedes juzgarnos así de fácil? ¿Que porque nos miras con frialdad estás por encima de nosotros? ―Lo tomó por el cuello de la camisa mientras su Vongola Gear brillaba―. ¡Por una vez trata de hacer algo como si tu vida dependiera de ello! ―Le dio un puñetazo colocándose encima de él―. ¡Siente! ¡Siente primero!
Atinó dos puñetazos más antes de que Caín lograra parar su mano.
―Lo he hecho ―dijo―, pero no es nada especial. El instinto de supervivencia es muy natural. Y de hecho, también siento... ―Le apuntó la ballesta al pecho―. Pero la pasión es como el fuego..., cuando se apaga, sólo aspiras el humo.
Ryohei se desplomó sobre él cuando recibió el ataque. Caín suspiró antes de moverse, él también estaba bastante herido.
―Aún así, lo entiendo, ¿sabes? ―dijo mientras alcanzaba su oreja para presionar un diminuto botón incrustado en su arete―. Porque yo también soy un idiota.
Adentro, Kiril recibió el mensaje y recuperó su sonrisa.
―Pero no es justo que ambos me ataquen al mismo tiempo ―dijo―. Podría resultar tan humillante como para sus guardianes que acaban de ser vencidos por mi Caín.
―¿Qué dices? ―Tsuna buscó con la mirada al guardián de la chica.
―No lo encontrarás aquí ―le dijo ella ampliando su sonrisa.
La intuición de Tsuna anunció malas noticias.
―Yuni.
―Tsuna, ve al comedor, ¡rápido! ―intervino Reborn―. Yo me encargo de ella.
Kiril sonrió, acariciando el arete en su oreja.
―Rebo-kyuun, ¿sabes cuántos segundos hay en 5 minutos? ―le preguntó.
Dentro del comedor, los encargados de seguridad le explicaban a Bianchi la situación.
―Debemos evacuar ―dijo Irie.
―Las llamas de Kiril son impresionantes ―comentó Spanner―. Emitió una porción de ellas en la entrada y todos nuestros dispositivos dejaron de funcionar.
―Nunca había visto algo así ―agregó Irie―. Lo más importante ahora es salir de aquí. Aprovechemos que Reborn y los demás están ahí afuera, no sabemos por cuánto tiempo podrán detenerlos.
Bianchi apretó los puños cuando el resto la miró.
―Evacuaremos ―dijo―. Gamma, Byakuran, por favor, cuiden a Yuni y a los demás. Haru, ten mucho cuidado, Lambo es un dolor de cabeza ―dio instrucciones antes de concluir―. Iré a buscar a mamá, mientras tanto, nadie tiene permitido involucrarse en la batalla a menos que sea absolutamente necesario.
Gamma asintió y Byakuran se abstuvo de hacer comentarios, pero justo como la chica había predicho, Lambo no tardó en protestar.
―¡Yo quiero ayudar a Tsuna! ―dijo.
―Ahora no, Lambo ―le dijo Fuuta―. Debemos irnos cuanto antes.
―¡Pero yo también tengo una Vongola Gear! ―insistió el niño.
―Es un chico valiente..., tal vez no viva mucho.
Todos se paralizaron ante esa voz desconocida. Caín había ingresado al comedor. Dejó caer a Hayato mientras la puerta se cerraba detrás suyo.
―¡Hayato! ―Bianchi dio unos pasos al frente.
―No puede ser... ―murmuró Irie―. Lo trajo hasta aquí para desbloquear el sistema de seguridad.
―¿Qué quieres decir? ―preguntó Haru horrorizada.
―En casos de emergencia, las puertas sólo se abren con reconocimiento dactilar ―dijo Spanner.
Gamma, Byakuran y Bianchi se colocaron a modo de barrera frente a los demás.
―Vaya, así que tú eres uno de los subordinados de esa mujer ―dijo Byakuran con algo de emoción activando su sistema.
―Esa es la forma más amable en la que se han referido a mí en mucho tiempo ―contestó Caín, limpiándose la sangre que escurría por su frente―. Gracias.
―Oh, no me gradezcas aún. ―Byakuran cerró sus ojos en una gran sonrisa―. Espera a que termine contigo ―le dijo abriéndolos para lanzarle un ataque.
Entre tanto, Irie abrió una compuerta escondida del otro lado de la barra, una ruta de escape que los dirigiría a las salas de entrenamiento. Por otro lado, Bianchi corrió para llegar hasta Hayato. Lo examinó un instante y lo recargó en sus hombros para llevarlo a la ruta de escape antes de unirse a la batalla.
Byakuran y Gamma intentaban acorralar a Caín, a quien parecía sólo quedarle su agilidad, el daño de la batalla anterior le estaba cobrando factura. Lograba esquivar la mayoría de los ataques, pero empezaba a sentirse cansado.
―¿Cuánto tiempo planeas correr? ―le preguntó Byakuran sin esconder su emoción.
―En realidad..., tengo menos de 5 minutos.
Mientras tanto, afuera, Reborn lidiaba con Kiril para prevenir que le siguiera el paso a Tsuna.
―Oye, Rebo-kyuun, ¿seguro que deberías estar aquí conmigo y no ayudando a tu ex-alumno?
Reborn se tensó. Eso sonaba como una amenaza.
Sin embargo, Tsuna ya había llegado a la puerta del comedor, donde se topó con sus padres, que apenas habían logrado regresar también.
―Mamá, espera, es peligroso ―le dijo colocándose al frente―. Quédate detrás de mí ―agregó posando su mano en el dispositivo de seguridad.
El último minuto de los cinco que Kiril había cronometrado transcurrió demasiado rápido. Mientras el resto evacuaba, Bianchi y los guardianes de Yuni al fin habían logrado acorralar a Caín justo frente a la puerta del comedor, cuando la niña regresó sus pasos hacia ellos.
―¡No, esperen!
Lentamente, la puerta comenzó a abrirse detrás de Caín, mientras sus adversarios preparaban sus ataques.
―Justo a tiempo ―murmuró.
Una vez que vio las tres llamas venir hacia él, usó la poca fuerza que le quedaba para deslizarse en el suelo. Se había impulsado lo suficiente para llegar hasta Yuni.
―Hola ―le dijo―. Kiril mataría por verte así de cerca.
―¡Princesa! ―gritó Gamma.
Mientras las miradas se redirigían hacia Yuni, Tsuna terminó de abrir la puerta a esa horrible escena y, aunque su intuición gritaba peligro, el resto de sus sentidos estaban demasiado alterados para escuchar las advertencias, de modo que recibió los tres ataques de lleno.
―¡Tsuna! ―lo llamó Nana preocupada.
―¿Tsuna? ―Bianchi volteó a verlo confundida, mientras ya Gamma y Byakuran corrían hacia Yuni.
―No..., no lo hagas... ―dijo la líder de los Arcobaleno al comprender las intenciones de Caín.
Pero ignorando su petición, se obligó a ponerse en pie e impulsarse de vuelta hacia la entrada. En un abrir y cerrar de ojos, pasó de largo a los tres protectores y a Tsuna, acorralando a Nana en la pared que se apoyaba para sostener a Iemitsu.
―No es cierto... ―murmuró el jefe de CEDEF.
―Es la segunda vez que nos vemos, mamá Sawada ―dijo Caín, y su mirada pasó de cansada a profunda―. Y la última.
Tsuna intentó ponerse de pie, pero ni la adrenalina le dio la suficiente fuerza para hacerlo. Byakuran alcanzó a lanzar un ataque más, en espera de detener a Caín, pero era tarde. Las agresivas llamas de la tormenta, lanzadas a tan corta distancia y a la vista de todos, fueron demasiado fuertes. Iemitsu se fue al suelo, al igual que Nana, y ahora la sangre que brotaba no era suya sino de su esposa.
―¡NANA!
―¡MAMÁ!
Instantes después, el ataque de Byakuran alcanzó a Caín, dejándolo sin fuerza para seguir de pie.
―300 segundos ―dijo cuando sus rodillas tocaron el suelo.
