Disclaimer: The Hunger Games no me pertenece.


...

Cuando volvemos al centro de entrenamiento no me separo de Peeta. Voy agarrada a su mano con fuerza. No quiero pasar otra noche lejos de él. Si quieren amor, van a tener amor del bueno, así que, que me dejen estar a su lado.

Miro a Haymitch y a Effie y parece que no les importa mucho que yo esté tan pegada al vencedor, o al menos no dicen nada. El silencio es cómodo y notar la mano de Peeta apretando la mía es reconfortante. Puede que yo no regrese a casa, pero él sí. Sano y salvo. Y vivirá bien, en la Aldea de los Vencedores.

Al llegar al ascensor yo no sé qué hacer. Quizás me obliguen a volver a esa estancia donde pasé mis primeros días aquí. Pero la sola idea de separarme de Peeta e incluso de Delly me estruja el corazón.

Como nadie dice nada subo con ellos hasta el piso numero 12.

Si las estancias donde yo me alojaba me parecieron enormes y lujosas estas son dignas de un rey. Literalmente son enormes. El recibidor es cuatro o cinco veces mi casa de la Veta. Con enormes alfombras decorando el suelo y extraños muebles aquí y allá. Peeta sigue sin decir nada y tira de mí hacia dentro del piso. Y rápidamente supongo que es hacia su habitación. No se despide de nadie, ni de Delly que nos mira con cara de preocupación. Algo que me sorprende y me preocupa a la vez.

Al llegar al enorme cuarto (muy parecido al que utilicé yo) cierra la puerta con un pestillo. Eso me pone nerviosa y ansiosa. Quizás solo quiera pasar un rato conmigo a solas. Y por eso, en un impulso instintivo me lanzo a sus brazos y le rodeo con los míos con fuerza. Pegándome contra su pecho todo lo que puedo. El vuelve a tambalearse y el bastón que usa se cae golpeando el suelo con un sonido metálico. Le beso con pasión pero al poco él se aparta.

—Tengo que decirte algo, Katniss, algo importante…

—¿Y eso no puede esperar?—Le beso con pasión, devorando su boca, recorriendo cada rincón con mi lengua, pero él vuelve a separarse, jadeando.

—Katniss de verdad que es importante—Se aleja de mi un par de pasos que yo intento acortar, pero Peeta vuelve a retroceder. Yo resoplo empezando a notar cómo me enfado.

—¿Qué ocurre?—Espeto ya molesta.

—Ven…—Se sienta en la cama y me obliga a sentarme a su lado.

—Después de los Juegos pasó algo…—Le miro interrogante, pensado en que quizás él y Delly…oh Dios…eso lo explicaría todo. Me levanto de un salto.

—Delly…—El me mira como si tuviera tres ojos.

—¿Delly qué tiene que ver ella aquí?—Dice rápidamente.

—Tú y ella…

—Oh, ¡Maldita sea Katniss! ¡No!—Aprieta los puños—Deja esos absurdos celos ¿quieres? Esto es más importante.—Me aparto un par de pasos de él, nunca le había visto tan enfadado y eso me asusta.

—Peeta…

—Déjame hablar. Después de los Juegos…me puse muy enfermo, la pierna que el muto me mordió…—Asiento por hacer algo, no sé qué decir pero me vuelvo a sentar a su lado.—La perdí…me tuvieron que amputar la pierna, Katniss…—Le miro sin entender nada, le he visto andar, con dificultad, pero anda.—Tengo una pierna nueva…

—¿Pierna nueva?—No me resisto y le levanto la pernera del pantalón. Ante mí aparece un dispositivo de metal y plástico que sustituye su pierna.—Oh, no…—digo horrorizada.—Es mi culpa…El torniquete…

—Sí, claro, por tu culpa sigo vivo.

—Pero sin pierna…—Me entran ganas de llorar y no lo reprimo. Lloro tapándome la cara con las manos para que Peeta no me vea, queriendo desaparecer. Pero él coge mis muñecas y aparta mis manos de mi cara y luego coloca sus manos en mis mejillas. Con los pulgares seca las lágrimas que siguen escapándose de mis ojos.

—Estoy vivo, me sacaste de la Arena, y a Delly. Eres una heroína, para nosotros y creo que para todo el país…Mañana volveremos a casa los tres…

—A casa…

—Sí, a casa…

Posa sus labios sobre los míos y luego deja paso a su lengua que me los acaricia con una suavidad extrema, me besa tan dulcemente que creo que piensa que podría romperme. Y sí, estoy rota, pero no por fuera. Todos mis sentimientos, todo lo que sentía, están rotos, y son un caos en mi mente. Y quiero olvidarlo. Por eso le beso con más pasión, obligándole a que siga mi ritmo y nos devoremos mutuamente.

Nuestro beso se vuelve ardiente y hace que el calor dentro de mi bajo vientre aumente, como aquella vez en esa oscura cueva. Solo que ahora podemos dejarnos llevar sin restricciones, porque ahora Peeta es solo mío. Nadie nos mira y nadie podrá juzgarnos. Eso hace que me sienta con ganas de más casi inmediatamente. Mis labios descienden por la barbilla de Peeta hasta su cuello, le beso y le mordisqueo a la vez que siento como se estremece. Cuando nuestros labios vuelven a juntarse me doy cuenta que estoy recostada sobre la enorme cama y él está inclinado sobre mí. Sonrío contra su boca y acaricio su pelo con suavidad.

—¿Qué…?—Susurra jadeando acariciando mi nariz con la suya.

— Es la primera vez que estamos solos de verdad…—Le beso dulcemente— Y me gusta.

—A mí también me gusta…—Desciende a besar su cuello y noto como su mirada baja a mi escote y mis pechos.

—Parte de eso no es mío Peeta…—Sonrío un poco—El vestido hace que se vean más grandes…

—oh, no…no…— Le noto nervioso y su cara se pone colorada como un tomate, no puedo evitar reír.

—¿Quieres comprobar lo que es mío?— Su nuez sube y baja cuando traga en seco y mi sonrisa se amplía—Ni que fuera nuestra primera vez…— Le beso con pasión y nos hago girar para quedar sentada a horcajadas sobre él.—Pareces nervioso…—Dejo caer mi peso sobre su cuerpo y noto su erección chocar contra mi entrepierna a través de nuestra ropa, de mi boca escapa un leve jadeo que no puedo evitar.

—No estoy nervioso…—Pasa sus manos por mis costados, acariciándome sobre la tela, hasta llegar a mis piernas que están sin cubrir— Solo un poco ansioso…—Se incorpora atrapándome contra su cuerpo, abrazándome para besarme con suavidad, y por la velocidad de su respiración se que se está conteniendo—Pero es la primera vez que voy a verte desnuda…

—Lo sé…—Yo misma dirijo sus manos por mis muslos, por debajo de la falda del vestido, obligándole a que me acaricie sin ningún tipo de pudor.

— Y tú a mi…Eso es lo que me pone ansioso…—Bajo a mordisquear su cuello mientras dejo que acaricie mis muslos y mis caderas por encima de la ropa interior, avivando la hoguera de mi vientre.

—¿Crees que no vas a gustarme?—No aguanto más y me deshago de su chaqueta americana, e inmediatamente después empiezo a desabrochar los botones de su camisa mientras que dejo un reguero de besos y mordiscos por su cuello. Cuando desabrocho el último botón mis manos se pasean por su torso. Es fuerte, aunque en la Arena no nos alimentamos muy bien, los días de recuperación han hecho que él vuelva a poseer ese fuerte torso del doce.

—Katniss…

—Eres perfecto…¿Cómo no vas a gustarme…?—Le quito la camisa y desabrocho el botón de su pantalón.—Además, yo ya te he visto desnudo.

Cuando mi mano se mete por debajo de esa prenda Peeta gime y su boca devora la mía, dejando en el aire la pregunta que estoy segura me iba a hacer. Empiezo a acariciar su miembro lentamente por instinto, un poco preocupada por si no le gusta, pero sus leves gemidos me sacan de dudas, tanto que traspaso también su ropa interior y le acaricio directamente como me enseño en la cueva. Mi mano sube y baja cada vez más rápido y sus besos son cada vez más pausados, con mi mano izquierda consigo bajar su ropa lo suficiente para que no me moleste. Continúo acariciándole cada vez más rápido, guiándome por sus jadeos y sus gemidos. El movimiento de mi mano se vuelve más intenso cuando Peeta directamente deja de besarme y se deja hacer con los ojos cerrados. Sus manos se clavan en mis caderas y el mueve las suyas levemente a la vez que un gemido más ahogado sale de su boca. Cuando bajo la mirada veo como algo viscoso y de un color blanquecino salpica su vientre y parte de mi vestido. No soy tonta para no saber lo que es, y sonrío orgullosa por haber conseguido algo así con solo mi mano. Le obligo a besarme y él entre jadeos me devuelve el beso, llevando su mano derecha hacia mi intimidad que palpita de excitación. Gimo cuando sus dedos la recorren sobre la tela de mi ropa interior, tela que noto completamente húmeda.

—Oh, Katniss…—Susurra aún jadeando, haciéndome sonreír aún más mientras que muevo mi cadera contra sus dedos.

Como su manos están ocupadas proporcionándome placer yo misma tiro del vestido hacia arriba y me lo quito sin preocuparme de las manchas. El gemido de Peeta es aún mayor cuando me ve así, desnuda casi completamente. Su lengua recorre mis pechos, centrándose en la parte más rosada de unos de ellos, luego lo succiona y hace que arquee la espalda.

Con otro movimiento rápido hace que volvamos a nuestra posición inicial, él sobre mí, entre mis piernas.

Su excitación vuelve a estar en su punto más álgido cuando choca contra mi entrepierna y el aparta sus dedos de mí dejándome frustrada y excitada.

—Peeta…por favor…—Creo que por primera vez en toda mi vida veo sonreír socarronamente a Peeta, noto como mi suplica le gusta.— Hazme el amor, Peeta…—Susurro contra sus labios, insinuante, algo que no sé de donde me sale.

Pero la insinuación y el mostrarme sugerente funciona, porque sus manos rápidamente me arrebatan mi última prenda de ropa y se coloca de nuevo entre mis piernas. Mi pierna izquierda nota el frio metal de su pierna artificial, pero el pensamiento de preocupación desaparece cuando noto como Peeta se abre paso en mí. Gimo arqueando mi espalda, sorprendiéndome del inmenso placer que siento y también porque aún queda un leve resquicio de dolor. Peeta permanece solo unos segundos quieto dentro de mí, luego empieza a balancearse contra mi cuerpo. Entrando y saliendo de mí. Llenándome de placer. Nuestros gemidos se mezclan entre nuestros besos, nuestras lenguas luchan, sus dientes muerden mi boca.

Se mueve más rápido.

Yo gimo de placer.

Sus embestidas me enloquecen, el fuego se expande, recorre mis venas y explota. Gimo casi gritando por culpa de mi orgasmo y a los pocos segundos, cuando aun no me he recuperado noto el calor de Peeta en mi interior.

Luego se deja caer con suavidad sobre mí. Sus jadeos chocan contra mi oído, y luego me besa el cuello. Cuando se calma un poco se incorpora y me besa lentamente. Sonreímos mientras que acaricio su pelo húmedo por el sudor.

—Creo que necesitamos una ducha…—Susurro, estamos cansados, sudorosos e impregnados de la esencia de Peeta. El solo sonríe asintiendo.

Cuando nuestras respiraciones se normalizan se incorpora y me ayuda a hacerlo. Mis piernas tiemblan aún por lo ocurrido y con solo notar su mano sobre la mía mi entrepierna recibe una suave descarga de excitación. Es entonces, cuando ambos estamos de pie que observo su pierna. Su pantorrilla ahora es metal y plástico. Y ahí donde se une a su piel hay unas profundas cicatrices, supongo que los especialistas no pudieron borrarlas del todo.

—Puedo andar perfectamente, no lo pienses…—Tira de mí hasta el baño cojeando un poco. Ahí pulsa varios botones y el agua empieza a correr. Se mete bajo el agua y me obliga a seguirle de nuevo.

—¿Se puede mojar?

—Sí, tranquila.

Aprieta otro botón y hace que en su mano caiga un poco de gel, con el que empieza a frotar mi cuerpo. El jabón huele a lavanda y junto a sus caricias ayuda a relajarme. Luego enjabona mi pelo con un champú con olor a flores. Yo hago lo mismo y enjabono su cuerpo intentando no excitarme, pero se queda solo en un intento. Aun así, excitados (En Peeta puedo notarlo perfectamente) Salimos de la ducha y nos secamos. Ha sido un largo día y pienso que mi Chico del pan debe de estar cansado. Además, cojea más que cuando le vi sobre el escenario.

Regresamos a la cama, y sin preocuparnos en vestirnos nos tumbamos en ella, abrazados. No pasan ni cinco minutos cuando noto que la respiración de Peeta se relaja.

...


Agradecimientos: muchas gracias por todos vuestros reviews! Gracias por seguir leyendo!

Adelanto:

A partir de ahora el adelanto lo encontraréis en mi página web de facebook:www. facebook. con/pages/Sweet-Dreams-86-fics/531602540239142 (unid los puntos y sustituir la n del "con" por una m)

Nota de autor: espero poder actualizar el fin de semana que viene. Deciros que solo quedan dos capítulos más. ¡Ya estamos llegando al final!

Besos de fuego!