Capítulo 29: El Comienzo de los asesinatos (Parte III) (Vuelvan a escuchar Bombopolis del OST Wild 9)

Se dividieron el plan en varias partes, primero atacarían a los manifestantes de los partidos de Izquierda y a su vez, Francesco tendría luz verde para ir asesinando a los testigos que iban a testificar contra Ludovico y Montana por el asesinato de Esteche, a su vez, Nitori y Mike habían colocado varias bombas ocultas en las alcantarillas de la calle Uruguay, donde pasarían los enemigos a eliminar, el objetivo consistía en eliminar a las principales figuras que marcharían al frente de las columnas de manifestantes hacia el Centro de la Capital.

A su vez, Ludovico y sus familiares se harían cargo de atacar como francotiradores en los tejados de los edificios a los miembros del Partido Obrero, cuyos rostros estaban repartidos en las fotos que habían tomado Aya y Mystia.

- "En posición" Decía el mensaje de texto de Montana hacia Leopoldo y compañía, los cuales iban avanzando por las calles de la Capital Federal en sus respectivos coches, habían llevado a Yukari, Yuuka, Mokou, Eddy, Israel, Kaguya, Reisen y Tewi, ya que también debían eliminar a los de Amnistía Internacional. Lo que el gobierno no sabía era que les había declarado una guerra que no tendría punto final, apenas está comenzaba a sentirse y ese día iban a darse cuenta de que había sido un grave en declararla tan rápido.

- Están en posición. Dijo Montana, mostrándole el mensaje a Leopoldo de su celular.

- Perfecto, vamos a bloquearles el paso por Avenida Corrientes, así no llegarán hasta el Microcentro, de ahí haremos todo un tiroteo. Dio las instrucciones Leopoldo, mientras que a su vez, Francesco había sido llevado por Sakuya hasta el primer domicilio de uno de los testigos, cuyo nombre era Andrea Gonzalez, la cual integraba las filas de La Cámpora como militante número uno y tesorera de la agrupación.


- Te deseo suerte. Le dijo la peli plateada al joven ítalo-americano, quien se bajó del coche que tenía Sakuya.

Francesco le tendió un beso en las mejillas, dejando sonrojada a la Jefa de las Maids, para luego antes de bajarse, ella vio que había un papel en su mano, justo cuando desaparecía en las calles el joven ítalo-americano.

- "Te amo, Mia Dolcezza" Decía el mensaje para ella. Sakuya apoyó suavemente aquel mensaje sobre su pecho y cerró los ojos, antes de irse hacia donde la esperaba Remilla Scarlet.


Francesco vestía un traje negro marca "Hugo" junto con pantalones y zapatos del mismo color, en uno de los bolsillos del traje, llevaba oculto su arma y varios cargadores, además de que había recibido varias granadas para acabar con cada uno de los enemigos.

- "Castex 1403" Leyó la dirección donde vivía Gonzalez, inmediatamente la localizó, ya que estaba por ingresar a su casa, portando varios maletines negros, de los cuales bajaba del coche, siendo ayudada por dos militantes de La Cámpora.

Inmediatamente se ocultó tras unos árboles y sin ser visto por las cámaras de Seguridad de la zona, esperó el momento para atacar: Lo tenía todo calculado en esos momentos, ya que él, tomarse el tiempo era importante, necesitaba saber cuándo, cómo y dónde disparar y matar, sabía que el ataque sorpresa solo serviría para matar delincuentes, jueces o hasta agentes de los Servicios Secretos, organismos que nunca pudieron atraparlo. Recordó aquellos días en los que asesinó a cinco miembros importantes del FBI, los cuales querían detenerlo y hacerlo desaparecer, recordó la trampa que les tendió en su antigua casa, donde había dejado las llaves del gas abiertas para así disparar contra las fugas, provocando una explosión que mató a esos cinco agentes de los Servicios Secretos, destruyó la casa y provocó heridas a otros 16 miembros gubernamentales más.

Los pandilleros que había asesinado a sangre fría, la vez que se quedó sin municiones cuando se enfrentó a "Big G", un peligroso pandillero de las calles del Bronx, éste trató de asesinarlo con sus Pistolas-Ametralladoras, pero Francesco lo inutilizó con una tubería de hierro que estaba tirada en la calle, partiendo el cráneo de su enemigo, para luego quedarse con sus armas. Esos eran sus trofeos, las armas y municiones de los enemigos.

Su reloj lo sacó de sus recuerdos, sabía que estaba en misión y se asomó para ver el cuadro de situación: Gonzalez ya estaba cerrando la puerta, no podía permitir que se encerrara, debía actuar inmediatamente.

Puso el cronómetro a su reloj, le dio unos dos minutos, al llegar a cero, él iba a actuar, lo tenía todo calculado: Primero debía asesinar a Gonzalez, si ella lo descubría debía emplear el uso de las granadas que tenía, sin causar víctimas civiles inocentes, pero si ella alertaba a los dos militantes del coche que estaban ahí venían en su auxilio, él debería liquidarlos también y escapar corriendo o en el coche. Pero, ¿y esos maletines? Tal vez tendrían información o dinero que necesitaría el Club para costear sus primeros ingresos.

- "Hora de matar" Se dijo, mientras que salía de su escondite y caminó cruzando la calle, sin importarle que los coches que pasaran le tocaran bocina, uno de ellos, un joven que iba en moto se detuvo, casi chocando a un taxi.

- ¡Che, pelotudo, fijate por dónde vas, tarado! Le gritó el motociclista, pero Francesco le hizo un gesto de advertencia, para luego desenfundar su arma y apuntarla hacia los dos militantes que estaban a punto de partir hacia la sede del distrito, pero cuando vieron que ese joven avanzaba con su arma en las manos, eso no iba a terminar bien.

- Che, Pascual, mira, ¿quién es ese pibe? Preguntó su compañero Juan.

- No sé, pero... -No pudo terminar la frase, Francesco les apuntó a ellos-.

- ¡Mi nombre es Francesco Nitto II, descendiente del famosos Francesco Nitto "El Ejecutor" y este es un mensaje de Leopoldo Vladimir de Rosas! Gritó, dando su nombre y le sacó el seguro a su arma.

Los dos jóvenes militantes trataron de advertir a la chica, pero fueron atacados por una lluvia de balas, las cuales destruyeron el vidrio del coche, matando al instante a Pascual y a Juan, el cuerpo del primero, antes de morir, abrió la puerta y quedó tirado en el piso del cordón de la vereda, envuelto en un charco de su propia sangre.

Luego, Francesco tiró abajo la puerta de entrada al domicilio, empleando su arma, disparó contra los soportes de la misma y un fuerte estallido se escuchó, el sonido clásico de un objeto que cae y golpea el suelo, hizo sentirse por toda el domicilio, dejando espantada a la dueña, quien trató de escaparse de allí.

- ¡Fuego en la trinchera! ¡Muerte a los Montoneros! Gritó Francesco y arrojó una granada, la cual entró por la ventana que daba a las calles de la planta baja, pasando hacia uno de los salones del hogar. Ésta explotó, provocando una nube de polvo y escombros, destruyendo parte del interior del inmueble.

Francesco ingresó al domicilio, Gonzalez escuchaba los pasos del sicario ítalo-americano, el cual contempló la destrucción causada por la granada.

- No puede ser, ¿de dónde habrá venido? ¿Qué habrá pasado con Pascual y Juan? Se preguntó al mujer, cuando en ese momento, al tratar de escapar, se tropezó con unas sillas que estaban desparramadas por la explosión de la granada, llamando la atención de Francesco.

Al caer su cuerpo al suelo, cuando trató de levantarse, sintió un extraño frío en su cuerpo y un tacto algo extraño sobre su cabeza: Le estaban apuntando con un arma en la cabeza.

- ¿Adónde crees que vas? Le preguntó el joven, cuando en ese momento, al momento de disparar, la mujer lo arrojó a Francesco al suelo y empezó a escapar por las calles, pero no iba a llegar tan lejos.

La mujer escapó hacia las calles, pero Francesco se recuperó del golpe, recuperó su arma y salió hacia la salida.

- ¡Eh, ¿Qué haces ahí en la casa de Gonzalez?! Preguntó otro joven militante, el cual era otro de los testigos a eliminar, Francesco no respondió y jaló el gatillo de su arma, matando a su objetivo de un balazo en el cráneo, cayendo cerca de donde pasaba una mujer con sus hijos que iban al colegio.

- Por favor, Señorita, tape los ojos a sus hijos, todavía son muy pequeños para ver algo como esto. Le pidió el ítalo-americano, la madre obedeció y tapó los ojos a sus hijos para que no vieran lo que iba a ocurrir a continuación.

Francesco siguió caminando, no le importaba los tres muertos que estaban en el suelo o la destrucción que había llevado a cabo en aquella casa, donde se produjo una explosión en la planta alta, debido al uso de otra de las granadas, la cual provocó, además, una fuga de gas.

Siguió a la joven por las calles aledañas, la cual huía aterrada de su misterioso asesino.

- ¡Ayuda, por favor, ayuda, un loco me quiere matar! Pidió ella ayuda a un grupo de militantes del Partido Obrero, quienes trataron de llevarla lejos de allí, pero cuando la escoltaron hacia un coche...

- ¡Che, ¿quién es ese?! ¡Para, para, baja el arma...! Pidió uno de los militantes, pero aquel grupo fue ultimado a tiros por Francesco, quien se dirigió hacia la mujer, la cual sacó una Pistola que llevaba Pascual.

- ¡Aléjate o te mato, lo juro! Le advirtió ella, pero el joven se echó a reír.

- Jajaja, ¡Jajaja! ¡Estúpida! ¡De verdad eres una estúpida! ¡¿Piensas que puedes matarme con una Pistola así?! ¡Jajaja! ¡Observa el verdadero poder de un descendiente de sicarios italianos! Gritó Francesco y apuntó con su arma a la frente de la mujer, a quien la puso más pálida que de costumbre.

- ¡Alto! Le ordenó desde atrás Joaquín Requena, otro de los que tenía Francesco por matar.

Francesco se hizo que se rendía.

- Me rindo, me rindo, no dispare. Pidió, haciendo una escena de llanto, pero cuando Requena iba a llamar a la Policía, el ítalo-americano aprovechó la distracción para patearlo en las piernas, causando que el militante cayera al piso, lastimándose la boca al impactar contra el asfalto.

(Música Stardust Crusaders OST, Decisive Battle, JoJo´s Bizarre Adventure)

- ¿Piensas que puedes conmigo? ¡Patético! ¡Muere! Gritó Francesco, disparándole con su arma al pecho del militante y de ahí, se dirigió hacia su siguiente objetivo.

- ¡Basta, basta! Pidió Andrea gritando, pero con las balas que tenía reservadas para ella, el ítalo-americano la acribilló en todo el cuerpo, el cual quedó tirado en el asiento de atrás del coche.

Se dio la vuelta, sonriendo victorioso, había matado a varios en apenas un lapso de una hora, pero aún le quedaban los dos peces gordos más importantes: Larroque y Cabandié. Para eso se alejó caminando como si nada, ante la mirada de la gente, pero éstos no llamaron a la Policía ni nada, simplemente le aplaudieron y felicitaron, hasta un hombre con su hijo que atendían un almacén le dio gratis una botella de Coca Cola.

- De agua, por favor, odio esa bebida gringa. Agradeció y pidió el agua, mientras que las dos personas se la extendían, a pesar de que él quería pagarle, le insistían que era gratis cortesía de la casa.

Luego de ese primer acto, Francesco se sentó para tomar agua en una banca de la Plaza del Parque, en donde le mandó un mensaje a Leopoldo sobre éxito de la misión:


- "Gonzalez y sus compañeros eliminados, voy por Cabandié y Larroque, esta tarde no tendrán que preocuparse por esas ratas" Leyó el mensaje Leopoldo, quien estaba con sus amigos atacando la manifestación del Partido Obrero, ya allí habían acribillado a más de diez personas de suma importancia en ese grupo de protesta, mientras que Mokou incendiaba las imprentas donde emitían la propaganda de Izquierda y hasta destruyó la Sede Central con sus poderes.

- Excelente, ese chico es muy bueno para estas misiones. Añadió Ludovico, el cual estaba ya ansioso para que matara Francesco a los dos últimos objetivos.


Mientra tanto, volviendo con Francesco, éste se encontraba recorriendo la Ciudad de Buenos Aires, haciéndose pasar como un turista, pero cuando se detuvo frente a un espejo que había en un negocio de la calle Bolívar, se encontró consigo mismo.

- "Antes era un don nadie, flaco y débil, ahora soy guerrero: Parezco a los de JoJo´s Bizarre Adventure" Se dijo al mirarse en el vidrio por su físico, durante un tiempo había hecho ejercicios físicos y pesas, logrando alcanzar un cierto grado de musculatura para su cuerpo.

Justo cuando pasó cerca de la Plaza de Mayo, allí iba viajando un coche negro, el cual se detenía cerca de la Casa de Gobierno. Se detuvo y observó que allí estaba El Cuervo Larroque, a quien debía eliminar.

Se fue acercando caminando lo más tranquilo y sin que nadie supiera que él tenía un arma, para eso empleó una táctica antigua y era atacar desde los árboles. Actuaba como una verdadera sombra en la oscuridad de la noche, vagamente iluminada por las luces artificiales, su enemigo se dirigía hacia el coche oficial donde lo llevarían hacia su mansión, pero cuando vio que Larroque bajaba las escaleras, inmediatamente apuntó hacia el objetivo.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco disparos fueron lo suficiente para matar a su objetivo, primero sintió Larroque una punzada de dolor en el pecho, pero luego al llevar sus manos hacia su cara, vio que tenía sangre en las manos y antes de caer muerto al suelo, vio, entre todo el pánico desatado, el avance de ese joven que le había disparado.

- Así era igual lo que ustedes hacían en el pasado cuando eran guerrilleros. -Le apuntó a la cabeza de nuevo- Saludos para el Che Guevara y a los Hermanos Santucho. Le dijo Francesco, quien disparó contra la cabeza de Larroque, matándolo al instante y luego de eso, robó las pruebas que tenía él y Cabandié para enjuiciar a Ludovico y Montana.

Pero aún le faltaba una víctima, lo iba a hacer, ya hace años que había probado la sangre y además de tener en su poder las pruebas judiciales y los dos maletines con dinero que había recibido Gonzalez, sabía que debía una parte iba a ir para él como pago por sus servicios.

Tal vez los medios ya darían a conocer su nombre, tal vez no, pero por otra parte, él iba a alcanzar el reconocimiento como el mejor sicario de todo el Club.

Y pronto ya estaba cayendo la tarde en Buenos Aires, cuando encontró a Cabandié, saliendo en medio de toda una multitud de personas, ya que había dado una conferencia sobre la defensa de la Democracia.

Fue fácil tomar posición, desenfundar su arma y disparar.

- Hasta la vista, Baby. Dijo el joven con lentes negros, disparando al pecho de Cabandié, el cual cayó muerto al instante, ya que fueron disparos a quemarropa.

El humo del cañón de su arma desapareció y luego la guardó, había cumplido su misión: Liquidar a todos los testigos, ahora nadie iba a molestar al Club, es más, ahora La Cámpora y el gobierno les iban a temer y mucho.

Finalmente, Francesco tomó un taxi para volver a Tres de Febrero.

- ¿Cuánto es? Preguntó antes de bajarse en la casa de Leopoldo.

- Para usted, gracias por liberarnos de esos corruptos, este viaje es gratis y lo ha dicho mi jefe. De nuevo le damos las gracias por haber matado a los líderes de La Cámpora. Respondió el taxista, Francesco se mostró tranquilo y le dio un poco del dinero que había robado en la casa de Gonzalez.

- Para su familia y usted. Le dijo el joven ítalo-americano, agradeciendo y bajando del taxi para luego entrar en el domicilio de su jefe.

Pronto, una vez que el taxi se fue, las calles quedaron en silencio.