¡Hola a todos!

Sé que es una sorpresa después de un año y sé que muchos creían que había abandonado la historia. Quiero disculparme y dar las gracias a todos los que se han preocupado por mí y han preguntado si me había pasado algo. No era mi intención y no creí que fuese a preocupar a tanta gente, pero que sepáis que me han encantado vuestros mensajes. Aunque no me ha gustado preocuparos . Eso no. ¡Lo siento muchísimo por eso!

Por otra parte, creo que os debo una explicación sobre de dónde ha venido ese parón. Bueno, no se puede decir que tuviese un bloqueo de escritor. Más bien lo contrario. Tenía un montón de ideas en la cabeza, pero no todas eran de esta historia. Muchas no eran ni siquiera de nada relacionado con Harry Potter. Y cada vez que me ponía a escribir esta historia… Digamos que los personajes que se me venían a la cabeza no eran los creados por J. K. Rowling, sino por otros escritores y directores de películas también fantásticos. Así que un día me puse a escribir sobre una de esas ideas que tenía circulando por la cabeza y la cosa se descontroló.

Se descontroló mucho.

Ahora tengo más de media docena de historias a medias con varios capítulos cada una, algunas con más de una decena de capítulos. Y todavía no he publicado ninguna. Creo que acabaré el primer libro de Harry Potter y empezaré el segundo antes de plantearme publicar otra.

Y de pronto ayer pensé, "ahora que más o menos estoy empezando las vacaciones y me he organizado todas las ideas que tengo para historias en la cabeza, creo que es hora de continuar con la que tengo a medio publicar". Y ayer terminé de escribir el capítulo. Creo que estuve como quince horas escribiendo casi sin parar. Así que hoy ya tenéis publicado el capítulo. Por fin.

Lo siento muchísimo por la espera. De verdad que no era mi intención el año pasado y ahora que ya me manejo con eso de escribir varias historias al mismo tiempo, no volverá a ocurrir. Nunca. Jamás. Prometido.

¡El próximo capítulo lo publicaré en un par de semanas o así! ¡Espero que este os guste! ¡Besos!

Todo el texto en negrita y los personajes pertenecen a J. K. Rowling

- Ahora el libro leerá por nosotros - dijo Flitwick alegremente -. Solo tenemos que escuchar y ninguno de nosotros tiene que pasar el mal trago de estar leyendo.

- ¿Y no podías haber hecho esto antes? - preguntó McGonagall con el ceño fruncido.

- No se me había ocurrido - admitió él -. Hace varios años que no lo utilizo.

- ¿Pero cómo sabes que vamos a oír todos? - preguntó la profesora Sprout.

- Es parte del hechizo. Todos los de la sala oiremos perfectamente - aseguró, quitándole importancia con un gesto.

- ¿Y todo lo que comentamos? Porque me da la sensación de que pasamos más tiempo comentando que leyendo - dijo Snape aburrido. Fulminó con la mirada a todos los alumnos. Con todos los estúpidos comentarios de esos mocosos no iban a terminar en la vida de leer los siete libros.

- El hechizo lo sabe. Igual que la persona que lee se para cuando alguien interrumpe para comentar, el hechizo se detiene de la misma manera.

- Estupendo - resopló por lo bajo el profesor de Pociones. Ahí se acababan sus esperanzas de que pudiesen leer más rápido y terminar antes con todo ese asunto.

- Bueno, esto nos soluciona el problema - dijo Dumbledore, dando una fuerte palmada y enviando una sonrisa a sus alumnos -. Si eres tan amable, Filius - añadió mientras se acomodaba en su sillón.

El profesor de Encantamientos sacudió la varita en dirección al libro y se prepararon todos para escuchar.

A través de la trampilla

Todos se congelaron en el sitio al oír el título del capítulo. El ambiente relajado que se había creado en la cena se rompió en mil pedazos, dejando a su paso la tensión que habían estado tratando de olvidar.

- Oh, Merlín, aquí vamos otra vez - gimió Katie dejando caer la cabeza entre las manos.

- ¿Qué trampilla? - preguntó Sirius con la voz ahogada.

- Sirius… - suspiró Remus, mirándole con una expresión cansada.

- Porque obviamente no puede ser la trampilla que creo que es. Tiene que haber otra trampilla en algún sitio de Hogwarts que no hemos descubierto - siguió diciendo el animago como si no le hubiese oído -. Porque obviamente mi ahijado y sus amigos no son lo suficientemente estúpidos como para acercarse a la trampilla que está custodiando un perro de tres cabezas.

Un único vistazo a los rostros del trío de oro del sofá y esa posibilidad se desvaneció como si no hubiese existido.

- ¡¿Cómo pudisteis volver a esa trampilla?! ¡¿Se puede saber qué se os metió en la cabeza para que quisieseis atravesarla?! - chilló la señora Weasley. Era mucho más fácil canalizar todo el miedo que sentía en un arrebato de enfado que dejarse llevar por el pánico.

- Mamá… - empezó Ron titubeante. No tuvo tiempo de decir nada más.

- ¡Nada de mamá! - le interrumpió su madre -. ¡Estás castigado, Ronald Weasley! ¡Te vas a pasar todo el verano castigado!

- Pero, mamá… - protestó él indignado.

- ¡Te he dicho que nada de peros! - replicó ella.

- Molly, querida, tal vez deberías explicar a ver qué ocurrió exactamente antes de decidir castigarle, ¿no crees? - intervino Arthur suavemente, abrazando a su esposa.

Molly resopló, poco decidida a cambiar de opinión. Aunque fuese solo por todos los sustos que le estaban dando, merecía pasarse una temporada desgnomizando el jardín.

En años venideros, Harry nunca pudo recordar cómo se las había arreglado para hacer sus exámenes, cuando una parte de él esperaba que Voldemort entrara por la puerta en cualquier momento. Sin embargo, los días pasaban y no había dudas de que Fluffy seguía bien y con vida, detrás de la puerta cerrada.

- ¿Cómo lo sabes? ¿Estuvisteis escuchando detrás de la puerta o qué? - preguntó Tonks medio en broma.

No obstante, se quedó boquiabierta al ver a los tres sonrojarse y bajar la vista al regazo.

- ¿Estuvisteis escuchando detrás de la puerta? - repitió incrédula.

- Yo eso lo llamaría acoso, de no ser porque es un perro gigante de tres cabezas - murmuró Charlie por lo bajo.

- ¿Qué? Solo queríamos asegurarnos que Snape no le había hecho nada a Fluffy para evitarle y pasar a través de la trampilla - se defendió Ron con las orejas rojas.

Todos les miraron incrédulos. Mira que llegar a esos extremos… El único que no les miraba así era Hagrid, que tenía los ojos llenos de gratitud y cariño hacia esos tres. Mmm… Habían conocido a Aragog hacía un par de meses, si Harry y Ron le habían hecho caso (y, conociéndoles, seguro que así había sido), pero probablemente no habían tenido tiempo de charlar y conocerse. A lo mejor debería llevarles de vuelta para presentarles propiamente. Seguro que a los tres les encantaba la idea y se iban a llevar estupendamente con Aragog y su familia.

Hacía mucho calor, en especial en el aula grande donde se examinaban por escrito. Les habían entregado plumas nuevas, especiales, que habían sido hechizadas con un encantamiento antitrampa.

También tenían exámenes prácticos. El profesor Flitwick los llamó uno a uno al aula, para ver si podían hacer que una piña bailara claqué encima del escritorio.

- ¿Y eso para qué te sirve? No creo que vayas a volver a querer que una piña baile claqué - dijo Angelina con el ceño fruncido.

- ¿Cómo que no, Angie? - dijo George, llevándose una mano al pecho como si la propia idea fuese tan absurda que hiciese daño.

- ¿Acaso has visto alguna vez algo más gracioso que una piña bailando claqué? - preguntó Fred muy serio.

- No seáis idiotas - bufó Angelina poniendo los ojos en blanco.

- En realidad, señorita Johnson - intervino el profesor Flitwick con una sonrisa divertida -, por muy gracioso que a algunos les pueda parecer que una piña baile claqué, la prueba se realiza para ver el control que tienen los alumnos sobre sus hechizos.

La profesora McGonagall los observó mientras convertían un ratón en una caja de rapé. Ganaban puntos las cajas más bonitas, pero los perdían si tenían bigotes. Snape los puso nerviosos a todos, respirando sobre sus nucas mientras trataban de recordar cómo hacer una poción para olvidar.

- Eso es lo más irónico que he oído en mucho tiempo - dijo Katie con una risita.

- ¿Qué? - preguntó Alicia confundida.

- Ya sabes, es una poción para olvidar. Y están tratando de recordarla. Pero la poción es para olvidar - explicó Katie esperando que se riesen.

No fue así.

- Katie, tienes un sentido del humor de lo más extraño - declaró Oliver con un suspiro.

- Lo que pasa es que vosotros no tenéis sentido del humor - bufó la cazadora, ofendida.

- Irónico o no - intervino Remus antes de que empezasen a discutir -, sí que es más complicado recordar las cosas en una habitación llena con los vapores de veinte pociones para olvidar en proceso.

- ¡¿Qué?! - exclamaron muchos alumnos sorprendidos. Otros pusieron los ojos en blanco, exasperados. No era tan difícil adivinar por qué esa poción era una de las favoritas de Snape para preguntar a los alumnos de primero.

- ¿Por eso sufrimos tanto en ese examen? - preguntó Seamus incrédulo -. ¡Pero eso no es justo!

- Señor Finnigan - dijo el profesor Snape clavando su mirada en el chico -, si mira las reglas del colegio, verá que estoy en todo mi derecho de hacer eso. Si hay mocosos lo suficientemente cortos de entendederas para no saber cómo evitar que les afecten esos vapores a pesar de que lo he dicho en clase, no es mi culpa. Es parte del examen.

Seamus se encogió en el asiento, sin atreverse a responderle. Odiaba a Snape, todos los alumnos que no fuesen Slytherin lo hacían, pero pocos se atrevían a contestarle. Harry era uno de ellos, pero, las pocas veces que lo hacía antes de que Ron o Hermione pudiesen impedirle abrir la boca, terminaba siempre castigado.

Harry lo hizo todo lo mejor que pudo, tratando de hacer caso omiso de las punzadas que sentía en la frente, un dolor que le molestaba desde la noche que había estado en el bosque.

Harry frunció el ceño, molesto con las punzadas que estaba sintiendo en ese momento. No eran nada comparado con lo que había sentido cuando habían leído lo de la figura del bosque, pero no era agradable precisamente.

Ron y Hermione no fueron los únicos que le miraron preocupados al oír en el libro que le seguía doliendo la cicatriz, pero sí que fueron los únicos que no se relajaron y devolvieron la atención a la lectura al no ver ninguna muestra de dolor en su rostro. Sabían perfectamente que a Harry no le gustaba que se notase cuando le dolía algo o no se encontraba bien, que intentaba siempre esconderlo de los demás y que se le daba escalofriantemente bien. Eso hablaba de años de práctica y era solo otro motivo que tenían para odiar a los Dursley. Si no hubiese sido por eso, a lo mejor ellos lo tendrían un poco más fácil cuando querían ayudar a Harry y él no se dejaba ayudar.

Neville pensaba que Harry era un caso grave de nerviosismo, porque no podía dormir por las noches. Pero la verdad era que Harry se despertaba por culpa de su vieja pesadilla, que se había vuelto peor, porque la figura encapuchada aparecía chorreando sangre.

Todos reprimieron un escalofrío, imaginándoselo perfectamente.

- ¿Cómo demonios hiciste los exámenes? - preguntó Charlie con el ceño fruncido. Ya causaban suficiente estrés como para añadir cosas como dolores de cicatriz u horribles pesadillas.

- No lo sé - respondió Harry sinceramente. Estaba realmente agotado y no sabía si era porque llevaban todo el día leyendo esos asquerosos libros o si era porque había estado agotado durante esos días porque no conseguía dormir y el maldito hechizo se lo estaba recordando.

- ¿Dormiste algo? - preguntó Tonks algo escéptica. Personalmente, ella no habría querido cerrar los ojos si esas eran las cosas que veía cada vez que lo hacía.

- Eh… Algo - contestó el chico encogiéndose de hombros.

Ron le envió una sonrisa compasiva. Igual que durante las semanas después de las vacaciones de Navidad, había acabado haciéndole compañía casi todas las noches.

Siempre se repetía lo mismo: se iban a dormir, Harry se despertaba de una pesadilla un par de horas más tarde y buscaba a Ron en pánico. El pelirrojo solo se despertó algunas noches, pero siempre hacía hueco inconscientemente para su hermano y ahí pasaban la noche los dos. Harry dormía un poco mejor, pero eso no quitaba que la mitad de las noches se volviese a despertar de otra pesadilla y Ron tuviese que ayudarle a evitar otro ataque de pánico. A la mañana siguiente, a pesar de que Ron no era para nada una persona madrugadora, se despertaba antes que nadie y ayudaba a un Harry medio dormido a volver a su cama para que ninguno de los otros hiciese preguntas que Harry no iba a querer responder.

Nunca comentaron nada al respecto entre ellos dos. Solo siguieron con esa rutina hasta final de curso sin decírselo a nadie, ni siquiera a Hermione, pero a Ron le bastaba con saber que eso ayudaba a Harry, aunque fuese un poco. Haría lo que fuera por su hermano.

- Ojalá hubiesen sido solo los nervios - musitó Neville tan bajo que no le oyó nadie. Recordaba cuánto le costaba a Harry levantarse por las mañanas aquellos días, aunque normalmente era el primero de la habitación en despertarse. Recordaba las profundas ojeras que tenía y cómo Ron tenía que prácticamente arrastrarle al desayuno porque el chico tardaba más que de costumbre en prepararse ya que se iba quedando dormido en cualquier sitio. Y a pesar del aspecto cansado de Harry, el chico parecía alerta en todo momento, saltando por cualquier ruido y girándose hacia cualquiera que pasase cerca. Sí, los nervios habrían sido una opción mucho mejor.

Tal vez porque ellos no habían visto lo que Harry vio en el bosque, o porque no tenían cicatrices ardientes en la frente, Ron y Hermione no parecían tan preocupados por la Piedra como Harry.

Ron y Hermione estaban pensando exactamente lo mismo: estaban demasiado ocupados preocupándose por Harry ya que a él lo único que parecía preocuparle era la Piedra. Él ya se preocupaba más que de sobra por la Piedra por los tres, así que quedaban Ron y Hermione para preocuparse por él.

A pesar de que Hermione no tenía ni idea sobre la rutina de Harry y Ron, la chica no tenía un pelo de tonta y tenía ojos en la cara. Podía ver lo agotado que estaba Harry y cómo le costaba concentrarse en sus estudios. Los dos podían ver lo tenso que estaba al hacer los exámenes, cómo intentaba sentarse siempre sin darle la espalda a la puerta y cómo, cada vez que eso era imposible de evitar, se pasaba mirándola de reojo cada pocos minutos en vez de concentrarse en lo que estaba escribiendo.

La verdad, Hermione no tenía ni idea de cómo había conseguido Harry sacar las notas que había sacado. Ella casi había esperado que hubiese estado a punto de suspender alguna asignatura, pero ni de cerca. Harry había sacado buena nota incluso en Historia de la Magia y en Pociones, donde no solo tenía la puerta a su espalda, sino también a Snape respirándole en la nuca.

La idea de Voldemort los atemorizaba, desde luego, pero no los visitaba en sueños y estaban tan ocupados repasando que no les quedaba tiempo para inquietarse por lo que Snape o algún otro estuvieran tramando.

- Oh, Harry, cielo, tú no deberías preocuparte por eso - dijo Molly con una amable sonrisa.

- Pero, señora Weasley, nosotros éramos los únicos que lo sabíamos - dijo Harry -. No podíamos no preocuparnos.

- Esos son problemas de los adultos, Harry. Vosotros sois niños. No deberíais preocuparos por estos asuntos - insistió ella.

- Lo siento, señora Weasley, pero no íbamos a quedarnos de brazos cruzados solo porque seamos niños - replicó Harry -. Si nadie más va a hacer nada, nosotros por lo menos no vamos a ponérselo fácil a Voldemort.

- Harry…

- Molly, querida, ya sé que no te gusta - intervino su marido, pasándole un brazo por los hombros para reconfortarla -, pero no es algo que puedas evitar. No puedes impedir que quieran ayudar, y la carta ya nos ha avisado que van a estar en el centro de todo esto.

- Son solo niños. Deberían estar preocupándose por sus exámenes… - susurró ella con un brillo de desesperación en los ojos. ¿Es que nadie más entendía que ella solo quería protegerles? ¿Que ella solo quería dejarles que siguiesen siendo niños?

- Cierto, y ojalá fuese siempre así - asintió Arthur, deseando lo mismo que su esposa, pero sabiendo que no era posible -. Sin embargo, ya sabes que Harry no es de esos que se quedan mirando y esperan que otro se ocupe del problema, y ya sabes que Ron y Hermione no le van a dejar hacerlo solo.

- Solo quiero protegerles, Arthur - dijo ella por lo bajo.

- Lo sé, Molly. Yo también. Pero creo que la única manera en que vamos a poder hacerlo va a ser enseñándoles a que se protejan ellos mismos.

El último examen era Historia de la Magia. Una hora respondiendo preguntas sobre viejos magos chiflados que habían inventado calderos que revolvían su contenido, y estarían libres, libres durante toda una maravillosa semana, hasta que recibieran los resultados de los exámenes. Cuando el fantasma del profesor Binns les dijo que dejaran sus plumas y enrollaran sus pergaminos, Harry no pudo dejar de alegrarse con el resto.

- Una de las mejores sensaciones de junio - dijo Sirius con una sonrisa -. La sensación de libertad al acabar el último examen y saber que no tienes que hacer absolutamente nada.

- Técnicamente, sí que hay cosas que hacer, Sirius - dijo Remus, mirándole divertido.

- Cierto, como planear una última gran broma con la que terminar el curso a lo grande. O decidir qué zona del castillo vamos a explorar primero el año siguiente - dijo el animago. Su sonrisa no desapareció, pero se volvió algo melancólica al recordar lo bien que lo habían pasado los cuatro aquellos días.

- No era exactamente lo que tenía en mente - rio Remus suavemente. Sacudió la cabeza, dejándolo pasar. Sirius iba a ser siempre así por mucho tiempo que pasase, incluso después de haber estado tantos años en Azkaban.

Esto ha sido mucho más fácil de lo que pensé —dijo Hermione, cuando se reunieron con los demás en el parque soleado—.

Todos dieron un respingo, sobresaltados.

- ¿Qué ha sido eso? - preguntó Dean con los ojos como platos -. ¿Soy el único que acaba de oír la voz de Hermione salir del libro en vez de la voz de narrador?

- No, no has sido el único - negó Parvati con la cabeza.

- ¿Se suponía que eso tenía que pasar? - preguntó Neville nervioso.

- Eh… Nunca lo había visto antes - admitió el profesor Flitwick -. Lo he usado muchas veces, pero esto… Esto es nuevo.

- ¿Tal vez porque esta vez no son personajes que te estés imaginando, sino que son personas de verdad? - sugirió la profesora Sprout con el ceño fruncido. La sorpresa ya había pasado y estaba dejando paso a la curiosidad.

- ¿Pero eso significa que vamos a oír las voces de quienes hablen, como en una radio? - preguntó Ron confundido.

- Eso parece, señor Weasley - asintió Dumbledore con los ojos chispeando y una suave sonrisa. Cada vez que pensaba que estos libros no le iban a sorprender más, volvía a suceder, casi como el propio Harry. Bueno, por algo era su historia la que contaban. No debería estar sorprendido de que no siguiesen las normas corrientes.

- Estupendo, como si fuesen poco realistas estos libros sin tener que añadirles esto - bufó Harry poniendo los ojos en blanco -. ¿Qué será lo siguiente? ¿Oír todo en vez de solo las conversaciones?

- No seas exagerado, Harry - dijo Hermione poniendo los ojos en blanco ella también, pero ella de exasperación con su mejor amigo más que otra cosa -. Esas cosas no pueden pasar. Esto es solo una anomalía porque son (¿somos?) personas de verdad, no personajes de un libro.

- Aun así, esto es muy raro - dijo Harry frunciendo el ceño -. Nos vamos a oír a nosotros mismos.

- Bueno, así verás cómo te oye el resto - dijo Hermione optimista.

No necesitaba haber estudiado el Código de Conducta de los Hombres Lobo de 1637 o el levantamiento de Elfrico el Vehemente.

Se giraron para mirar a Hermione.

- ¿El Código de qué? - preguntó Lavander con el ceño fruncido.

- ¿Elfrico quién? - dijo Seamus al mismo tiempo -. ¿Estudiamos eso el año pasado?

- A mí no me suena - confesó Dean frotándose la nuca.

- A mí tampoco - admitió Ron.

- Es que no es algo que se estudie en primero - intervino Remus antes de que todos los alumnos se pusieran a comentar sobre ello -. El levantamiento de Elfrico el Vehemente se estudia, si no recuerdo mal, en segundo o tercer curso, y el Código de Conducta de los Hombres Lobo de 1637 se estudia en tercero seguro.

- ¿Qué hacías tú estudiando eso para los exámenes de primero? - le preguntó Bill a Hermione en shock.

- El profesor Binns los mencionó en clase y los busqué en la biblioteca y me los estudié por si los ponía en el examen - explicó Hermione sonrojándose ligeramente.

- ¿Estudias extra? - preguntó George horrorizado.

- ¿Buscas en la biblioteca cualquier cosa que menciona un profesor en clase, aunque sea de pasada? - preguntó Fred con la misma expresión de horror en el rostro que su gemelo.

- No cualquier cosa... - se defendió la chica. Se removió incómoda en el asiento y su sonrojo se hizo más profundo.

- Y tú decías que los alumnos de tu casa estaban dedicados a sus estudios al cien por cien - musitó McGonagall con un deje inconfundible de orgullo en la voz, inclinándose hacia Flitwick para que el pequeño profesor la oyese.

A Hermione siempre le gustaba volver a repetir los exámenes, pero Ron dijo que iba a ponerse malo, así que se fueron hacia el lago y se dejaron caer bajo un árbol. Los gemelos Weasley y Lee Jordan se dedicaban a pinchar los tentáculos de un calamar gigante que tomaba el sol en la orilla.

- ¡Fred! ¡George! - les regañó su madre.

- ¿Y Lee qué? - protestó Fred -. ¡Él también le pinchó los tentáculos al calamar gigante!

- A mí no me metas en esto - replicó Lee Jordan rápidamente, levantando las manos a la defensiva -. La idea fue vuestra.

- Y de todas formas solo estábamos jugando con el calamar. No le molesta en realidad - le aseguró George a su madre, conteniendo la respiración mientras esperaba a ver si aceptaba la excusa o no.

Molly suspiró. Estaba demasiado cansada para defender a un calamar gigante de las bromas de sus hijos en ese momento.

Basta de repasos —suspiró aliviado Ron, estirándose en la hierba—. Puedes alegrarte un poco, Harry, aún falta una semana para que sepamos lo mal que nos fue, no hace falta preocuparse ahora.

- No os fue nada mal, hijo - dijo Arthur, mirándole orgulloso. Ahora todavía más, al saber qué otros problemas tenían en la cabeza.

Ron sonrió satisfecho, sentándose inconscientemente un poco más derecho. Puede que estos libros le hubiesen abierto los ojos y no buscase tanto ser el centro de atención de vez en cuando y todo eso, pero, Merlín, sí que sentaba bien que tu padre te dijese que estaba orgulloso de ti.

Harry se frotaba la frente.

El Harry del Gran Comedor se dio cuenta en ese instante de que estaba haciendo lo mismo, frotándose la cicatriz con el dorso de la mano en un esfuerzo inútil por librarse del dolor. En cuanto se dio cuenta, bajó la mano rápidamente, entrelazándola con la otra sobre su regazo para evitar volver a hacerlo. Ignoró las miradas de reojo que le lanzaron casi todos a su alrededor. Él estaba perfectamente, no necesitaba que se preocupasen ni nada de eso. Estaba bien.

¡Me gustaría saber qué significa esto! —estalló enfadado—. Mi cicatriz sigue doliéndome. Me ha sucedido antes, pero nunca tanto tiempo seguido como ahora.

Ve a ver a la señora Pomfrey —sugirió Hermione.

- No sé si yo podría hacer algo al respecto - admitió la señora Pomfrey despacio. Se mordió el labio y frunció el ceño, frustrada consigo misma y enfadada con el mundo.

Ella siempre se había enorgullecido de poder curar siempre a sus alumnos cuando acudían a ella, por muy rara que fuese la herida. Una cicatriz provocada por la maldición asesina era algo completamente distinto. Era la única que existía en el mundo porque la maldición asesina no dejaba marca, por no hablar del pequeñísimo detalle de que nadie más la había sobrevivido para poder comparar. Y experimentar con un niño era algo que no pensaba hacer en ningún momento. Sin embargo, le reconcomía que, una vez más, Harry tuviese que afrontarlo él solo y ella no pudiese hacer nada para ayudar al niño que más tiempo pasaba a su cuidado de todo el colegio.

- No se preocupe, señora Pomfrey. No es para tanto y usted ya ha cuidado de mí muchas veces - la voz de Harry le sacó de sus pensamientos. El chico le estaba mandando una sonrisa que la enfermera no pudo evitar devolver. A pesar de eso, se le encogía un poco el corazón al notar que, de no ser porque lo había dicho el libro, ella no se habría dado cuenta del dolor en el que estaba al mirarle a la cara. ¿Cuántas veces había estado en la enfermería, sufriendo porque era demasiado cabezota para avisarle de que le dolía algo, y ella no se había dado cuenta?

No estoy enfermo —dijo Harry—. Creo que es un aviso... significa que se acerca el peligro...

- Por desgracia - musitó Harry tristemente. Ojalá no fuese así.

Ron no podía agitarse, hacía demasiado calor.

- Típico de Ronnie - se burló George.

- Harry hablando de peligro y tú tirado al sol como un vago - añadió Fred con una sonrisa traviesa.

- Dejadme en paz. Habíamos estado estudiando hasta tarde para el examen de Historia de la Magia - se defendió Ron con las orejas rojas. Era mentira, por supuesto, porque Hermione jamás les dejaría acostarse tarde antes de un examen, pero era mejor que pensasen eso a contarles la verdad. Harry había tenido una noche especialmente mala con las pesadillas y Ron había tenido que sacarle de ellas un par de veces.

Harry, relájate, Hermione tiene razón, la Piedra está segura mientras Dumbledore esté aquí. De todos modos, nunca hemos tenido pruebas de que Snape encontrara la forma de burlar a Fluffy. Casi le arrancó la pierna una vez, no va a intentarlo de nuevo. Y Neville jugará al quidditch en el equipo de Inglaterra antes de que Hagrid traicione a Dumbledore.

Ron se ruborizó al darse cuenta de que Neville había oído lo que había dicho. Estaba a punto de disculparse, cuando, para su sorpresa, el otro chico añadió:

- ¿En el de Inglaterra? Más bien en cualquier equipo de quidditch - resopló Neville divertido -. Soy todavía peor que Hermione sobre una escoba y ella no es ninguna maravilla. Sin ofender, Hermione.

- No me ofende - replicó ella con una sonrisa, haciendo un gesto para quitarle importancia. Sabía que era cierto y se había resignado a que era algo que no podía cambiar por muchos libros que leyera.

- Os podemos enseñar mañana o en algún otro momento - ofreció Harry, señalándose a sí mismo y a Ron, que asentía de acuerdo.

- No, gracias - respondieron Hermione y Neville al mismo tiempo.

- Prefiero mis pies en el suelo - añadió Hermione.

- Yo ya me tropiezo suficiente teniendo los dos en tierra firme - dijo Neville, encogiéndose de hombros para excusarse.

Harry asintió, pero no pudo evitar la furtiva sensación de que se había olvidado de hacer algo, algo importante. Cuando trató de explicarlo, Hermione dijo:

Eso son los exámenes. Yo me desperté anoche y estuve a punto de mirar mis apuntes de Transformación, cuando me acordé de que ya habíamos hecho ese examen.

Pero Harry estaba seguro de que aquella sensación inquietante nada tenía que ver con los exámenes.

Inconscientemente, todos se tensaron ligeramente. Se estaban repitiendo mentalmente que solo era el estrés de los exámenes lo que estaba sintiendo Harry, que Hermione probablemente tenía razón y no era nada, que lo que se le había olvidado era poner el nombre en el pergamino...

Cualquier excusa era mil veces mejor que la posibilidad de que fuese algo relacionado con Quien-tú-sabes y la Piedra Filosofal.

Entonces, ¿por qué seguían sintiendo un nudo en el estómago que no tenía nada que ver con lo que habían cenado?

Vio una lechuza que volaba hacia el colegio, por el brillante cielo azul, con una nota en el pico. Hagrid era el único que le había enviado cartas.

- A partir de ahora ya no será el único - prometió Sirius con el ceño fruncido.

- Nosotros también te escribiremos - añadió Remus por si quedaba alguna duda.

No podía evitar sentir un enorme peso de culpa que le aplastaba por no haber contactado nunca antes con Harry. Era el hijo de dos de sus mejores amigos. ¡¿Por qué demonios no le había mandado siquiera una carta?! No le extrañaría que Harry le guardase rencor por eso.

Sin embargo, el niño solo les enviaba una sonrisa radiante, como si le acabasen de hacer el mejor regalo posible. Merlín, eso no estaba ayudando en absoluto al nivel de culpa de ninguno de los dos merodeadores…

Hagrid nunca traicionaría a Dumbledore.

- ¡Claro que no! ¡Yo nunca traicionaría a Dumbledore! - bramó Hagrid escandalizado. Le ofendía que alguien pudiese pensar que haría algo así.

- Lo sé, Hagrid. Nadie te está acusando de eso - aseguró el director con una amable sonrisa.

El semigigante se calmó de nuevo, relajándose en su asiento, pero el ceño fruncido no desapareció de su rostro. Mira que pensar que él traicionaría a Dumbledore… Pamplinas.

Hagrid nunca le diría a nadie cómo pasar ante Fluffy... nunca... Pero...

Harry, súbitamente, se puso de pie de un salto.

- Oh, no - gruñó Alicia, dejando caer la cabeza entre las manos.

- Venga, no te pongas así - dijo Fred, dándole en codazo. Intentaba mantener el buen humor que había por el momento (más o menos).

- Sí, probablemente es tan solo la paranoia de Harry. Cualquier día de estos le confundiremos con Ojoloco - añadió George, sonriendo valientemente.

Todos se les quedaron mirando incrédulos. Moody les fulminaba con la mirada a los dos, pero no le prestaron demasiada atención.

- Estáis de broma, ¿no? - preguntó Parvati con las cejas alzadas.

- Yo no he estado en el tipo de situaciones que esos tres - dijo Angelina, señalando a Harry, Ron y Hermione -, pero hasta yo sé que Harry no bromearía con una cosa como esa.

- Si Harry se está alarmando, por algo será - asintió Katie de acuerdo.

- Bueno, vale - dijo George, dejándose caer contra el respaldo y levantando los brazos en un gesto de derrota -. Nosotros solo intentábamos que no terminásemos todos con depresión antes de acabar el libro.

- Pero si queréis ir de pesimistas y no pensar que a lo mejor Harry se ha equivocado y no es nada… Pues vale - dijo Fred, cruzándose de brazos y dejándose caer él también contra el respaldo.

- Ojalá me hubiese equivocado - dijo Harry, enviándoles una media sonrisa. Apreciaba el intento, pero en esta ocasión no iba a funcionar. Aun así, sería bonito poder mirar así la vida de vez en cuando.

Los gemelos suspiraron. Ellos también sabían que Harry no se había equivocado. Harry no se equivocaba con esas cosas.

- Ojalá - murmuraron ambos por lo bajo.

¿Adónde vas? —preguntó Ron con aire soñoliento.

- A acabar con la paz y tranquilidad - suspiró Bill, pasándose la mano por el pelo. Pasó su brazo libre alrededor de los hombros de Ginny, acercándola hacia él. Tenía la sensación de que lo que venía no iba a ser… agradable.

Acabo de pensar en algo —dijo Harry. Se había puesto pálido—. Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora.

- ¿Y si vais al día siguiente? - sugirió Dean, cruzando los dedos para que por algún casual fuese así.

- Podría ser demasiado tarde si esperan, chico - gruñó Moody, inclinándose hacia delante. Había desconectado en varias de las partes del libro, considerándolas inútiles para el motivo por el que les habían mandado los libros. No obstante, ahora estaba alerta, con ambos ojos clavados en el libro como si así fuese a descubrir antes qué era lo que ocurría.

- Eso no lo saben seguro… - se atrevió a responder Dean, encogiéndose un poco en el asiento cuando el ojo mágico se clavó en él. Ese ojo azul eléctrico le ponía los pelos de punta.

- ¡Potter ha averiguado algo, chico! - bramó el auror -. Los instintos de Potter ya han demostrado ser mejores que los de muchos de los payasos que pretenden ser aurores.

- Espero que no se refiera a mí - musitó Tonks por lo bajo, mirando de reojo a su mentor.

- Alastor, cálmate. Esto ocurrió el año pasado. Ya no podemos hacer nada al respecto y gritar a los alumnos no va a ayudar a nadie - dijo Dumbledore, con una sonrisa amable, pero el tono firme.

Ojoloco bufó, no contento con la situación. Él tenía que haberse enterado hacía meses de quién era el culpable del asalto a Gringotts, tenía que haberse enterado en cuanto lo averiguaron. Y, sin embargo, ahí estaba, sin tener ni idea a pesar de saber con absoluta certeza que por lo menos tres niños en esa sala lo habían averiguado.

¿Por qué? —suspiró Hermione, levantándose.

¿No os parece un poco raro —dijo Harry, subiendo por la colina cubierta de hierba— que lo que más deseara Hagrid fuera un dragón, y que de pronto aparezca un desconocido que casualmente tiene un huevo en el bolsillo? ¿Cuánta gente anda por ahí con huevos de dragón, que están prohibidos por las leyes de los magos? Qué suerte tuvo al encontrar a Hagrid, ¿verdad? ¿Por qué no se me ocurrió antes?

Todos se congelaron en el sitio, algunos porque comprendían lo que Harry acababa de ver, otros porque el ambiente se había puesto tan tenso que se podría cortar con un cuchillo.

- ¡¿Cómo es que no lo hemos visto?! - bramó Ojoloco furioso, golpeando el reposabrazos de su sillón con el puño.

- Alastor... - empezó Dumbledore con expresión seria. La situación era grave, seguro, pero el auror solo estaba consiguiendo asustar todavía más a los más pequeños.

- ¡No me digas que me calme, Albus! - rugió él, sabiendo lo que iba a decir el director -. ¡Hemos sido unos idiotas por no ver eso! ¡Lo teníamos delante de nuestras narices, todas las piezas estaban encima de la mesa! ¡Y solo un niño de once años ha sido capaz de conectarlas! ¡¿Cuántas veces he avisado que hay que estar en ALERTA PERMANENTE y aun así os han pillado por sorpresa?!

- Tú tampoco lo has adivinado - murmuró Seamus para sí mismo.

Por desgracia para él, el auror le oyó.

- ¡Cierra el pico, chico! ¡Esto no es un juego! ¡Es una maldita trampa en la que hemos caído sin darnos cuenta!

- Alastor - repitió el director cortante. Le estaba lanzando una dura mirada y no se veían rastros del brillo que normalmente tenían sus ojos -. Ya te hemos entendido. ¿Podemos seguir?

Ojoloco gruñó, obviamente nada contento, pero sabía que no era momento de insistir en lo estúpidos que habían sido. Solo podía seguir recordándoles que debían estar en alerta permanente y esperar que algún día le hiciesen caso.

¿En qué estás pensando? —preguntó Ron, pero Harry echó a correr por los terrenos que iban hacia el bosque, sin contestarle.

- Odio cuando haces eso - resopló Ron apretando los dientes.

- ¿El qué? - preguntó Harry, honestamente confundido -. ¿Qué he hecho ahora?

- ¡Salir corriendo sin decirnos nada! - exclamó el pelirrojo exasperado, levantando los brazos al aire como dándose por vencido.

- ¿Qué? Yo no salgo corriendo… - lo que estaba diciendo no tenía nada de sentido.

- ¿Y qué es lo que acabas de hacer en ese momento? - interrumpió con una ceja alzada.

Harry abrió la boca para replicar y la cerró de golpe.

- Solo ha sido una vez - musitó sonrojándose.

- Como si no fuese a pasar más veces - bufó Ron por lo bajo, habiéndole oído perfectamente.

- Bueno, aun así vinisteis conmigo, ¿no?

- Siempre vamos a ir contigo, Harry - replicó Ron poniendo los ojos en blanco -. Hermione y yo te seguiríamos a cualquier lado con los ojos cerrados y sin varita si hiciese falta. Pero a veces estaría bien saber a dónde vamos para saber si vamos a tener que esquivar el puñetazo de alguien.

Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa, con los pantalones y las mangas de la camisa arremangados, y desgranaba guisantes en un gran recipiente.

Hola —dijo sonriente—. ¿Habéis terminado los exámenes? ¿Tenéis tiempo para beber algo?

Sí, por favor —dijo Ron, pero Harry lo interrumpió.

- ¡Harry! - exclamó la señora Weasley, frunciendo el ceño. Con los buenos modales que tenía normalmente.

- Lo siento, señora Weasley, pero había cosas más importantes - dijo Harry, para nada arrepentido.

- Solo faltaba que os paraseis a tomar el té en ese momento - gruñó Ojoloco.

- Técnicamente, sí que nos habría dado tiempo - murmuró Ron por lo bajo. Se calló rápidamente cuando el auror clavó su ojo mágico en él. Seguro que era una casualidad, porque no había manera de que le hubiese oído (tenía un ojo mágico, no un oído), pero mejor callarse.

No, tenemos prisa, Hagrid, pero tengo que preguntarte algo ¿Te acuerdas de la noche en que ganaste a Norberto? ¿Cómo era el desconocido con el que jugaste a las cartas?

No lo sé —dijo Hagrid sin darle importancia—. No se quitó la capa.

La tensión iba en aumento.

- Pudo haber sido cualquiera entonces - susurró Tonks, mordiéndose el labio por los nervios.

- Alguien como Quejicus, quieres decir - dijo Sirius, fulminando con la mirada al profesor de Pociones -. Ya sabíamos todos que es un mortífago.

Remus se mordió la lengua antes de hacer un comentario. Snape era el malo de la historia perfecto, parecía que todo apuntaba a que él era quien quería robar la Piedra y estaba ayudando a Voldemort. Sin embargo, a pesar de eso, Harry les estaba pidiendo que no le juzgasen todavía. Además, si él era el culpable, ¿cómo iba a haberle permitido Dumbledore seguir enseñando en Hogwarts? ¿Podía ser que no fuese él?

Casi prefería que fuese Snape porque si no era así, eso creaba una pregunta mucho más alarmante. ¿Quién era el verdadero culpable? Era mucho mejor enfrentarse a un mal conocido que a uno que había conseguido mantenerse entre las sombras todo ese tiempo.

Vio que los tres chicos lo miraban asombrados y levantó las cejas.

No es tan inusual, hay mucha gente rara en el Cabeza de Puerco, el bar de la aldea. Podría ser un traficante de dragones, ¿no? No llegué a verle la cara porque no se quitó la capucha.

- ¿Qué iba a hacer un traficante de dragones en Cabeza de Puerco? Eso no tiene sentido - dijo Charlie, sacudiendo la cabeza, incrédulo -. ¡No llevaría el huevo en el bolsillo para no arriesgarse a que le pillaran con él encima!

- ¿Y qué haría con él tan cerca de Hogwarts? ¿Vendérselo a un alumno en uno de los fines de semana de Hogsmeade? El único al que le interesaría es a… - dijo Tonks mirando al semigigante con horror al juntar todas las piezas.

- Hagrid - terminó Sirius por ella -. Venía buscando a Hagrid.

- Merlín, esto no me gusta - musitó Remus, agarrando el reposabrazos con fuerza.

Harry se dejó caer cerca del recipiente de los guisantes.

¿De qué hablaste con él, Hagrid? ¿Mencionaste Hogwarts?

- Di que no, di que no, di que no - murmuró George cruzando los dedos.

- ¿Te quieres callar? - siseó Angelina a su lado, dándole un codazo.

- ¿Qué? No he hecho nada - protestó él por lo bajo.

- ¡Shhh! - le chistó la cazadora.

- ¡Hey!

- ¡Shh!

- ¡No me chistes!

- ¡Shh!

- ¡Angie!

- ¿Os queréis callar los dos? - espetó Alicia, girándose hacia ellos mientras Fred les miraba por encima del hombro de la chica y se reía.

- ¡Es él el que no se calla! - dijo Angelina, señalándole con el dedo.

- ¡Yo no estaba molestando a nadie hasta que me has empezado a chistar! - replicó él, haciendo todo lo posible para no echarse a reír como su gemelo. Tenía la sensación de que a Angelina no le haría gracia.

- ¡Ya vale! - estalló Alicia, fulminándoles con la mirada -. ¡Estoy intentando enterarme de lo que va a ocurrir con Hagrid y ese supuesto traficante de dragones!

Angelina apretó los dientes, pero accedió a permanecer en silencio. Estaba echando chispas por los ojos. Tenía la sensación de que el pelirrojo solo estaba tomándole el pelo (como de costumbre), pero tenía los nervios a flor de piel y no estaba de humor para eso.

Fred miró a su gemelo por encima de las cabezas de las dos chicas e intercambiaron una mirada divertida. Incluso en ese momento había cosas que no cambiaban, como lo fácil que era sacar de quicio a Angelina o lo mucho que eso exasperaba a Alicia.

Puede ser —dijo Hagrid, con rostro ceñudo, tratando de recordar—. Sí... Me preguntó qué hacía y le dije que era guardabosques aquí... Me preguntó de qué tipo de animales me ocupaba... se lo expliqué... y le conté que siempre había querido tener un dragón... y luego... no puedo recordarlo bien, porque me invitó a muchas copas.

- ¿Te invitó a muchas copas? - repitió Tonks, sintiendo cómo se le caía el estómago a los pies.

- Hagrid no se controla cuando se emborracha - gimió Sirius de los nervios. Era algo que había divertido muchísimo a los merodeadores, pero jamás habrían pensado que pudiese llegar a ser un problema.

Esto pintaba cada vez peor.

- ¿Qué narices hacías bebiendo en Hogsmeade, Hagrid? - preguntó la profesora McGonagall, controlando su genio lo mejor posible.

Hagrid bajó la cabeza ruborizado.

- No había ido allí a beber... - se defendió con un sentimiento de culpa arrastrándose por dentro -. Me encontré a ese tipo después y empezamos a jugar a las cartas y me invitó a una copa cuando gané una partida. Y después a otra, y a otra, y...

- Vale, Hagrid. Creo que lo hemos entendido - le interrumpió Pomona suavemente. Sería muy fácil culpar a Hagrid, pero todos tenían sus debilidades y las de Hagrid no eran ningún secreto por desgracia.

Déjame ver... ah sí, me dijo que tenía el huevo de dragón y que podía jugarlo a las cartas si yo quería... pero que tenía que estar seguro de que iba a poder con él, no quería dejarlo en cualquier lado... Así que le dije que, después de Fluffy, un dragón era algo fácil.

- ¿Mencionaste a Fluffy? - dijo Remus, un peso cayéndole en el estómago.

- Harry va a tener razón al final. Es muy raro que Hagrid se encontrase con un traficante de huevos de dragón - Charlie dijo muy serio. Le habría encantado que el chico se hubiese equivocado y hubiese sido todo paranoia.

- ¿Creéis que Hagrid le dijo cómo pasar ante Fluffy? - murmuró Ginny, acurrucada contra su hermano mayor.

Bill la abrazó un poco más cerca y suspiró.

- No lo sé, Ginny. Me encantaría poder decir que no, pero…

¿Y él... pareció interesado en Fluffy? —preguntó Harry, tratando de conservar la calma.

- Bien hecho, chico - felicitó Alastor con una sonrisa orgullosa.

- ¿Qué tiene esto de bueno? - espetó McGonagall con el ceño fruncido y las gafas relampagueantes.

- Que el chico sabe cómo conseguir la información que necesita - bufó él impacientemente -. No sirve de nada saber quién tiene la información si no eres capaz de conseguirla.

- Harry no es uno de tus aurores, Alastor - la profesora dijo, conteniéndose para no soltarle un grito. Harry tenía doce años y, en el libro, once. No era un soldado ni un recluta.

- Pero no sería nada malo como uno. No tendría que tratar de meterle sentido común en la cabeza como a la mitad de los inútiles que se presentan a las pruebas - gruñó Ojoloco.

Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabezas has visto? Entonces le dije que Fluffy era buenísimo si uno sabía calmarlo: tocando música se dormía en seguida...

El comedor entero se congeló en sus asientos antes de soltar un gruñido colectivo. Algunos hasta se golpearon la cabeza.

- ¡Hagrid! - McGonagall exclamó, echando humo por las orejas -. ¿Cómo pudiste decirles eso? ¡Tú sabes perfectamente cómo son! ¡No van a dejarlo ir sin más!

El semigigante se sonrojó y bajó la cabeza avergonzado, la viva imagen del arrepentimiento.

- No pretendía… Yo no… - balbuceó, sintiendo la culpa que le había arrasado el año anterior una vez más.

- Eso no cambia que quien quería robar la Piedra ya sabía cómo pasar a Fluffy, profesora - Harry intervino en voz baja pero decidida. No había sacado a Hagrid de su culpa el año anterior para que volviese a hundirse en ella ahora.

- Eso solo significa que lo dijo dos veces, dos veces más de las que lo debería haber dicho, señor Potter - replicó ella enfadada. Cuanto más enfadada parecía, más quería encogerse Hagrid en sí mismo.

- Se lo habría sacado de otra manera si no hubiese bastado con eso, profesora - insistió él, ganando confianza -. Es Voldemort de quien estamos hablando. No va a dejar que la cabezonería de alguien o la lealtad de Hagrid hacia Dumbledore se interpongan en lo que quiere. Y, sinceramente, prefiero que consiguiese la información así antes de tener que recurrir a otros métodos que podrían haber hecho daño a Hagrid.

Esto calmó considerablemente a la jefa de su casa, pero seguía molesta y enfadada.

- ¿Y qué pasa con lo de decíroslo a vosotros? - preguntó ella con los puños apretados en su regazo.

- Nosotros no íbamos a hacer nada malo con eso, profesora - se atrevió a decir Ron.

- ¿Me estás diciendo que no la utilizasteis para nada, señor Weasley? - preguntó ella con las cejas alzadas. Ambos sabían cuál era la respuesta.

Ron se sonrojó y se removió incómodo.

- Para nada malo seguro - respondió él en voz baja. De alguna forma, le oyeron.

- ¡Os pusisteis en peligro porque habíais conseguido esa información! - ella dijo, subiendo la voz a la vez que volvía su enfado.

- Harry lo habría intentado de todas maneras, profesora. Pero eso lo puso un poco más fácil para nosotros - dijo Hermione, ruborizándose cuando todos se giraron para mirarla.

- ¡Vosotros no teníais que haber hecho nada! ¡No era vuestro problema! - exclamó la señora Weasley, uniéndose a la discusión -. ¡Teníais que habérselo dicho a algún adulto, a alguien responsable de todo eso!

- ¡Ya lo intentamos, mamá! - protestó Ron, las orejas rojas por la vergüenza y el enfado.

La profesora McGonagall se desinfló al oír esto, recordando la conversación que había tenido con ellos tres. Sí que habían intentado avisar a alguien y habían sido ignorados, por lo que habían decidido tomar las riendas y tratar de solucionarlo ellos mismos. Tuvo que apretar los puños hasta que se le volvieron los nudillos blancos al darse cuenta de que el peligro en el que se habían metido de cabeza había sido en parte su culpa.

De pronto Hagrid pareció horrorizado.

¡No debí decir eso! —estalló—. ¡Olvidad que lo dije!

- Demasiado tarde - suspiró Sirius, dejando caer la cabeza entre las manos.

- No se les va a olvidar una cosa así - lamentó Remus. Estaba tratando de decidir si era mejor tirarse de los pelos o coger a Harry y encerrarle en una habitación acolchada donde no pudiese meterse en esos líos.

- Parece como si todo quisiese que ellos tres acabasen poniéndose en peligro - murmuró Angelina, mordiéndose el labio por lo nervios.

- Sabemos que están bien así que eso no está tan mal, ¿no? - dijo Alicia, intentando buscarle algo positivo.

- Pero sabemos que Harry estuvo inconsciente tres días en la enfermería - la contradijo Fred muy serio.

- Puede que ahora estén bien, pero en su momento no lo estuvieron y Harry lo va a revivir, ¿recordáis? - dijo George en un susurro, mirando con preocupación al niño de despeinado cabello negro y brillantes ojos verdes.

- No creeréis que se va a quedar tres días inconsciente otra vez, ¿verdad? - preguntó Katie horrorizada, habiendo oído la conversación.

- Merlín, espero que no - dijo Alicia, tapándose la boca con la mano.

- Los efectos del hechizo pasaban cuando terminábamos el capítulo, ¿no? - trató de razonar Angelina -. No puede quedarse inconsciente tres días.

Por desgracia, no sabían qué iba a pasar. Nunca se habían encontrado con un hechizo como este y no les gustaba ni un pelo, no sabían qué esperar ni cómo prevenirlo o ayudar a Harry.

- Merlín, odio esto - murmuró George.

- Yo también, hermano. Yo también - dijo Fred en el mismo tono.

Eh... ¿adónde vais?

Harry, Ron y Hermione no se hablaron hasta llegar al vestíbulo de entrada, que parecía frío y sombrío, después de haber estado en el parque.

Tenemos que ir a ver a Dumbledore —dijo Harry—. Hagrid le dijo al desconocido cómo pasar ante Fluffy, y sólo podía ser Snape o Voldemort, debajo de la capa... No fue difícil, después de emborrachar a Hagrid. Sólo espero que Dumbledore nos crea. Firenze nos respaldará, si Bane no lo detiene. ¿Dónde está el despacho de Dumbledore?

- De verdad tratasteis de ir a decírselo a alguien - dijo Percy sorprendido. Para ser sinceros, no se lo había creído realmente cuando su hermano pequeño lo había dicho.

- Esto nos pillaba un poco grande - replicó Harry encogiéndose de hombros -. Era algo que tenían saber los que estaban a cargo de proteger la Piedra. Ellos podrían hacerlo mucho mejor que nosotros.

McGonagall frunció el ceño, sintiendo la culpa crecer dentro de ella. Ella había tenido la oportunidad de hacer lo que debía, pero había decidido ignorarles y creer que, solo por ser niños de primer curso, ella sabía lo que había que hacer mejor que ellos. Nunca más, decidió, nunca más iba a volver ignorar lo que le dijesen esos tres, o cualquier otro alumno.

- Dumbledore es el mejor al que podríais avisar entonces - dijo Bill, satisfecho con que no iban a tener que ocuparse de todo ellos solos. Iban a avisar a Dumbledore y el director se iba a encargar de poner más protecciones en torno a la Piedra o cambiarla de sitio.

- Sí, ¿verdad? - dijo Ron sarcástica y amargamente.

Harry le dio un apretón en la rodilla para calmarle. No servía de nada enfadarse en ese momento y ya estaba tan cansado que solo quería que terminasen e irse a dormir.

Miraron alrededor, como si esperaran que alguna señal se lo indicara. Nunca les habían dicho dónde vivía Dumbledore, ni conocían a nadie a quien hubieran enviado a verlo.

- ¿Y los gemelos? - preguntó Charlie alzando una ceja.

- ¡A nosotros no han llegado a enviarnos al despacho de Dumbledore! - protestó George indignado.

- Aunque sí que sabemos dónde está - admitió Fred. Se giró hacia el trío de oro en el sofá -. A nosotros no vinisteis a preguntarnos, ¿a quién fuisteis entonces?

Los tres niños hicieron una mueca y trataron de sonreír con poco éxito.

- Nos encontraron, más bien - admitió Ron.

- Y de todas formas no nos habría servido averiguar dónde estaba su despacho - murmuró Hermione.

- Bueno, para la próxima vez que lo necesitemos saber, ya lo sabemos - dijo Harry en voz baja. Le cogió la mano a Hermione y le dio un apretón, mandándole una sonrisa para tratar de darle apoyo. Estaban todos cansados y empezaba a ser más difícil enfrentarse a las cosas con una cabeza fría.

Tendremos que... —empezó a decir Harry pero súbitamente una voz cruzó el vestíbulo.

¿Qué estáis haciendo los tres aquí dentro?

Era la profesora McGonagall, que llevaba muchos libros.

- Bien - suspiró la señora Weasley aliviada, apoyándose contra su marido -. Minerva les podrá ayudar.

- No te preocupes, Molly. Sabes que al final estuvieron bien - murmuró Arthur, dándole un suave apretón.

- Creo que es la primera vez que me alegro de ver a Minnie aparecer por sorpresa cuando un alumno está haciendo algo que no debería - dijo Sirius, relajándose en el sofá.

- El título del capítulo sigue siendo A través de la trampilla - les recordó Tonks, odiando tener que hacerlo, pero sabiendo que sería peor si empezaban a hacerse esperanzas para nada.

La sonrisa de Sirius desapareció de inmediato.

- ¿Tenías que recordármelo?

- Déjala, Canuto. No es su culpa y lo sabes - intervino Remus, poniéndole una mano en el hombro para calmarle.

El animago suspiró y pareció desinflarse en el sofá entre el hombre lobo y la metamorfomaga.

- Lo sé. Lo siento, Tonks.

- Yo también estoy preocupada por Harry, Sirius. Por los tres - dijo ella.

- Lo sé. Lo siento - repitió el animago -. Solo quiero que esto termine.

- Yo también - suspiró ella, dándole un apretón en la mano a Sirius.

Queremos ver al profesor Dumbledore —dijo Hermione con valentía, según les pareció a Ron y Harry.

- Creo que sois los primeros alumnos que le pedís a McGonagall que os lleve a ver a Dumbledore - dijo Charlie casi divertido.

- Y probablemente los últimos - asintió Oliver.

- Era un caso con circunstancias especiales que espero que no se repita nunca más - dijo Harry, sacudiendo la cabeza.

- Yo también, señor Potter. No se preocupe, que no se volverá a guardar algo así en el castillo - dijo McGonagall. Le mandó una mirada fulminante a Dumbledore, como retándole a que le llevase la contraria.

El director solo asintió una única vez con la cabeza y sonrió enigmáticamente.

¿Ver al profesor Dumbledore? —repitió la profesora, como si pensara que era algo inverosímil—. ¿Por qué?

Harry tragó: «¿Y ahora qué?».

Es algo secreto —dijo, pero de inmediato deseó no haberlo hecho, porque la profesora McGonagall se enfadó.

- Eso no le va a hacer ni pizca de gracia a Minnie - dijo Sirius con una mueca.

- Pero estará más decidida a enterarse de lo que están tramando - dijo Remus, intentando decidir si eso era bueno o malo.

El profesor Dumbledore se fue hace diez minutos —dijo con frialdad—. Recibió una lechuza urgente del ministro de Magia y salió volando para Londres de inmediato.

- ¿No está? ¿Dumbledore no está? - exclamó Angelina horrorizada.

- Tienes que estar de broma - dijo Dean sin poder creérselo -. ¿Qué clase de suerte es esa?

- La de Harry, por supuesto - dijo Ron sacudiendo la cabeza.

- ¿Qué vais a hacer ahora? ¿A quién vais a avisar? - preguntó Tonks.

- ¡¿Cómo se te ocurre irte y dejar la Piedra desprotegida?! - gritó Ojoloco mirando al director. Estaba tan furioso que su ojo mágico daba vueltas sin control en su órbita.

- No la dejé desprotegida, Alastor - dijo Dumbledore tranquilamente -. La Piedra tenía varias protecciones para impedir…

- ¡No me importa cuántas criaturas o hechizos estuviesen custodiándola! ¡TÚ estabas a cargo de la Piedra, TÚ tenías que haber estado en cada momento pendiente de ella! ¡No debías haberte ido por cualquier cosa! - bramó el auror, enfureciéndose todavía más con las excusas baratas.

- De todas formas - intervino Flitwick antes de que se descontrolase la discusión -, lo que importa ahora es que los chicos ahora tienen una persona menos a la que pedir ayuda.

Sprout frunció el ceño e intercambió una mirada con el profesor de Encantamientos. Ninguno de los dos recordaba haber sido alertados de la posibilidad de que fuese a ser robada la Piedra Filosofal. ¿Es que no se lo habían dicho a Minerva?

¿Se fue? —preguntó Harry con aire desesperado—. ¿Ahora?

El profesor Dumbledore es un gran mago, Potter, y tiene muchos compromisos...

Pero esto es importante.

¿Algo que tú tienes que decir es más importante que el ministro de Magia, Potter?

- Incluso en un día normal, es muy probable que lo que diga Harry sea mucho más importante que lo que diga Fudge - bufó Sirius, haciéndose crujir los nudillos por sus nervios -. Y aquella situación no era normal en absoluto.

- ¿Quieres estarte quieto? - espetó Tonks, dándole un manotazo para que dejase de crujirse los dedos.

- Déjame en paz, Nymphadora - dijo Sirius esquivando su mano -. Estoy de los nervios y no puedo quedarme quieto.

- Bueno, pues ahora me has puesto a mí de los nervios. ¡Y no me llames Nymphadora! - dijo ella de malhumor.

- ¿Podemos calmarnos todos, por favor? - pidió Remus frotándose los ojos.

- No quiero calmarme - dijo Sirius lleno de frustración -. Quiero que Dumbledore hubiese hecho lo que debía y no se hubiese ido de Hogwarts, quiero que Harry no se involucre en todo esto, quiero que saquen esa Piedra de Hogwarts y se la lleven lejos de todos los alumnos.

La expresión de Remus se suavizó y le puso una mano en el brazo al animago.

- Van a estar los tres bien, Sirius. Van a hablar con McGonagall y ella se va a encargar de todo.

Mire —dijo Harry dejando de lado toda precaución—, profesora, se trata de la Piedra Filosofal...

- ¿No se te ocurrió otra forma de decirlo más bruscamente, Harry? - preguntó Charlie con una sonrisa divertida y las cejas alzadas.

- No era momento de andarse con rodeos. Y nunca se me han dado bien las sutilezas - admitió Harry.

Fue evidente que la profesora McGonagall no esperaba aquello. Los libros que llevaba se deslizaron al suelo y no se molestó en recogerlos.

¿Cómo es que sabes...? —farfulló.

- ¡Venga ya, Minnie! ¿En serio? ¿De verdad consiguieron sorprenderte tanto? Como si no conocieses a mi ahijado... - bufó Sirius sacudiendo la cabeza.

Remus se congeló en el sitio y empezó a rebuscar en los bolsillos del animago.

- ¿Qué demonios? ¿Qué estás haciendo, Lunático? - preguntó Sirius, tratando de apartarle las manos -. Me estoy sintiendo extrañamente violado ahora mismo.

Finalmente, el hombre lobo encontró lo que buscaba y sacó triunfante un trozo de pergamino.

- ¿No te acuerdas? Tú dijiste que sería imposible que Harry sorprendiese tanto a McGonagall como para darle un ataque - explicó, señalándolo en la lista de imposibles.

Los ojos de Sirius se abrieron como platos antes de entrecerrarse y dirigirse hacia Harry, hacia la profesora de Transformaciones y de vuelta.

- No estoy seguro de si esto cuenta o no. No le ha dado un ataque en realidad…

- No sé de qué estáis hablando, Sirius, pero te puedo asegurar que sí que estuvo a punto de darme un ataque. Se suponía que la Piedra Filosofal tenía que ser un secreto que ningún alumno conociese - dijo McGonagall. Frunció el ceño y soltó un bufido indignado -. Lo último que me esperaba era que tres de mis nuevos leones lo hubiesen averiguado.

- Si le sirve de algo, profesora, fue pura suerte que lo descubriésemos - dijo Harry con una pequeña sonrisa.

McGonagall suspiró y los miró a los tres entre exasperada y cansada.

- Lo sé, señor Potter. Pero siguió siendo una sorpresa que me gustaría no haberme llevado.

- Y ahora tenemos que tachar otro imposible de la lista. Ya van tres y estamos solo en el primer libro - dijo Sirius, leyendo los que quedaban de nuevo.

- A este paso van a completar todos - murmuró Tonks, sin saber si eso la emocionaba o la ponía de los nervios.

Profesora, creo... sé... que Sna... que alguien va a tratar de robar la Piedra. Tengo que hablar con el profesor Dumbledore.

- Si acusáis a Snape, no os va a creer - dijo Katie sacudiendo la cabeza -. No creo que ninguno de los profesores piense que otro podría intentar robar la Piedra.

- Y probablemente se lo diría a Snape y entonces este sabría que por lo menos ellos tres le han descubierto - dijo Angelina -. Esto es un desastre.

- Bueno, McGonagall también es perfectamente capaz de encargarse de todo - dijo Alicia con una sonrisa forzada.

La profesora lo miró entre impresionada y suspicaz.

El profesor Dumbledore regresará mañana —dijo finalmente—. No sé cómo habéis descubierto lo de la Piedra, pero quedaos tranquilos. Nadie puede robarla, está demasiado bien protegida.

- También se suponía que nadie podía descubrir que estaba ahí y mira esos tres - soltó Seamus sin pensar. Se sonrojó y bajó la cabeza al sentir la mirada de su profesora sobre él.

- Era muy distinto pensar que alguien podría haberse ido de la lengua a que podían sortear todas las protecciones que había, señor Finnigan - dijo ella con los labios fruncidos.

- Pero ellos tienen pruebas más que de sobra de que Snape va a intentarlo - insistió Dean -. Y probablemente fue él quien intentó robarla en Gringotts también.

Sirius estuvo a punto de soltar un bufido. Quejicus no era lo suficientemente hábil para llegar a una de las cámaras mejor protegidas de Gringotts y salir sin que le pillasen. Pero si reconocía eso, también tenía que reconocer que entonces no era Snape quien estaba intentando robar la Piedra en Hogwarts. ¿Podía ser que no fuese él el culpable? ¿Podía ser que por eso su ahijado no quería que le acusasen hasta terminar el libro?

No, no podía ser eso. Todas las pistas apuntaban a Snape.

- No estaría de más poner algunas protecciones extras por si acaso - murmuró Neville por lo bajo.

- Sería lo mejor. O cambiar la Piedra de sitio - dijo Luna, sus ojos bastante menos soñadores que de costumbre.

Pero profesora...

Harry sé de lo que estoy hablando —dijo en tono cortante.

- No, profesora. Tiene que creerles - gimió Parvati, agarrando con fuerza la mano de Lavander.

- Ojalá lo hubiese hecho - murmuró McGonagall por lo bajo. Su cara era la viva imagen del arrepentimiento.

- ¿Minerva? - llamó Sprout. Quería estar molesta con su compañera y amiga, pero era muy difícil cuando veía el arrepentimiento en los ojos de la jefa de Gryffindor -. ¿Por qué no nos lo dijiste por lo menos a nosotros?

- Teníamos que haberlo sabido al menos los jefes de las casas - estuvo de acuerdo Flitwick. Estaba frunciendo el ceño y tenía los brazos cruzados con una expresión seria.

McGonagall bajó la cabeza.

- Lo sé. Simplemente no les creí. Pensé que eran tonterías de niños y ya se habían metido en tantos problemas el año pasado. Pensé que era otra broma pesada como la del dragón.

- Pero lo del dragón no era ninguna broma - dijo Flitwick frunciendo todavía más el ceño.

- Ahora ya lo sé, pero en aquel momento era impensable - murmuró ella -. Solo quería que dejasen de meterse en asuntos que no les concernían. Sin embargo, lo único que conseguí fue todo lo contrario.

Los otros dos profesores suspiraron, incapaces de seguir molestos.

- Ahora ya no importa, Minerva. Y de todas formas creo que nosotros tampoco les hubiésemos tomado en serio a esos tres - suspiró Sprout, poniéndole una mano en el hombro para reconfortarla.

- Aunque, por favor, Minerva, en el futuro, creo que tendríamos que creerles cuando nos digan algo así, por muy imposible que nos parezca - pidió Flitwick -. Y es algo que tendríamos que saber todos. Puede que sean tus leones, pero también son nuestros alumnos.

McGonagall asintió y los miró agradecida.

- Creo que no voy a volver a tomármelo a broma nunca más - dijo ella con el ceño fruncido.

Se inclinó y recogió sus libros—. Os sugiero que salgáis y disfrutéis del sol.

- No lo van a hacer - dijo Charlie sacudiendo la cabeza.

Pero no lo hicieron.

- ¿Veis? - dijo el pelirrojo triunfante.

- Lo sabemos, Charlie - dijo Bill poniendo los ojos en blanco -. Nadie se esperaba que lo hiciesen.

- ¿Creéis que van a intentar avisar a alguien más? ¿A Flitwick o a Sprout? - preguntó Ginny desde su sitio acurrucada contra Bill.

Bill suspiró y la abrazó un poco más fuerte.

- No lo sé, princesa. Me da a mí que no, pero a lo mejor Hermione consiguió convencer a Harry de intentar pedir ayuda otra vez.

- ¿Y sino? ¿Qué van a hacer? Sabemos que Quien-Tú-Sabes no consiguió la Piedra o ya habría vuelto - preguntó su hermana pequeña.

- Supongo que una estupidez - suspiró Bill.

- Más bien una locura, querrás decir - le corrigió Charlie.

Será esta noche —dijo Harry una vez que se aseguraron de que la profesora McGonagall no podía oírlos—. Snape pasará por la trampilla esta noche. Ya ha descubierto todo lo que necesitaba saber y ahora ha conseguido quitar de en medio a Dumbledore. Él envió esa nota, seguro que el ministro de Magia tendrá una verdadera sorpresa cuando aparezca Dumbledore.

Fudge frunció el ceño. No recordaba haber visto a Dumbledore por esas fechas. ¿Quería eso decir que no había llegado al Ministerio de Magia y había vuelto a Hogwarts?

- Es el momento perfecto para robar la Piedra - dijo Sirius derrotado -. No está Dumbledore y es lo único que a lo mejor podía haber hecho que se lo pensase dos veces antes de intentarlo.

- No se tarda tanto en ir al Ministerio y volver - razonó Tonks -. Por la Red Flu no se tarda ni cinco minutos en ir y volver. Ni siquiera cogiendo el autobús noctámbulo se tarda más de un par de horas. Si se aparece solo tardará el tiempo que le lleve llegar a los límites de las protecciones. Y no creo que Dumbledore haya querido ir en escoba.

- No fui en escoba, señorita Tonks, pero me temo que aquel día hacía un tiempo estupendo para tomárselo con calma e ir en un threstal - confesó el director.

Eso no le gustó nada a cierto auror.

- ¡¿Ni siquiera cogiste el modo de transporte más corto posible?! ¡¿Qué demonios pasa contigo, Albus?! - bramó Ojoloco furioso.

- No pensaba que fuese a haber un intento de robar la Piedra justo el día en el que no iba a estar, Alastor - se justificó el director tranquilamente, sin perder en ningún momento los nervios y sin parecer ni un poquito avergonzado. Era como si no quisiese pensar en la parte de culpa que era suya.

- ¡No me importa! ¡No tenías que haberte alejado del colegio durante una hora, mucho menos todas las que te va a costar ir y volver en un threstal! ¡Es casi pedir que la roben en ese momento!

- Te aseguro que la Piedra no fue robada y todo salió bien al final - prometió Dumbledore.

- No gracias a él - murmuró Ron frunciendo el ceño. No le gustaba un pelo cómo parecía que el director estaba insinuando que todo lo que ellos tres habían pasado había merecido la pena, que no era para tanto porque ahora estaban bien.

Pero ¿qué podemos...?

Hermione tosió. Harry y Ron se volvieron.

Snape estaba allí.

- El que faltaba - bufó Sirius -. ¿Qué quiere ahora Quejicus?

- ¿Creéis que los habrá oído hablar de la Piedra y de que saben que quiere robarla? - preguntó Tonks. Estaba con los nervios tan de punta que el pelo cambiaba de color cada pocos minutos, quedándose sobre todo en un amarillo y un verde brillante.

- Espero que no - dijo Remus muy serio -. Lo último que necesitan es más problemas.

- Pero a lo mejor así Snape podría hacer algo para evitar que le estropeasen los planes y ellos no tendrían otra opción que mantenerse al margen - dijo Charlie.

- No va a ocurrir eso y lo sabéis - negó Bill con la cabeza.

Buenas tardes —dijo amablemente.

Los gemelos soltaron un bufido de incredulidad.

- Eso no es posible - dijo George totalmente convencido de lo que decía.

- Snape jamás hablaría amablemente a ningún alumno que no fuese de su casa - dijo Fred de acuerdo -. Mucho menos a Harry.

- Bueno, sí que suena amable en ese momento - dijo Ginny dubitativamente.

Era lo bueno del encantamiento que el profesor Flitwick había hecho sobre los libros. Ahora podían oír los diálogos y podían oír que Snape sonaba extrañamente amable. Era más inquietante que otra cosa, para ser sinceros. Mientras seguía la lectura podían incluso oír de fondo los ruidos que debía de haber oído Harry, las páginas pasando, el rasgueo de las plumas en los pergaminos, los chapoteos en el lago cuando estaban bajo el lago. Era… perturbador, pero no especialmente malo por el momento. Ya verían más adelante cuando eso empezase a hacer que todas las aventuras y las locuras en las que se metiesen fuesen mucho más reales para todos. Sin embargo, ofrecerse voluntario para leer parecía mucho peor opción así que nadie se quejó ni dijo nada.

Lo miraron sin decir nada.

No deberíais estar dentro en un día así —dijo con una rara sonrisa torcida.

Nosotros... —comenzó Harry, sin idea de lo que diría.

- No estáis haciendo nada malo - dijo Percy frunciendo el ceño -. No hay ninguna regla que impida que los alumnos estén dentro del castillo si no quieren salir a disfrutar del sol.

- Pero tienes que reconocer que sí que es un poco sospechoso, Percy - dijo Bill -. Me refiero, no hay ningún alumno que se quede dentro al terminar los exámenes. Todos salen aunque sea solo porque llevan semanas encerrados dentro.

- Pero no puede regañarles ni quitarles puntos por eso. No han hecho nada malo - insistió Percy. Dejó el 'todavía' colgando en el aire, pero todos lo oyeron perfectamente.

Debéis ser más cuidadosos —dijo Snape—. Si os ven andando por aquí, pueden pensar que vais a hacer alguna cosa mala. Y Gryffindor no puede perder más puntos, ¿no es cierto?

Harry se ruborizó. Se dieron media vuelta para irse, pero Snape los llamó.

Ten cuidado, Potter, otra noche de vagabundeos y yo personalmente me encargaré de que te expulsen. Que pases un buen día.

- Ni tú ni nadie va a expulsar a mi ahijado - gruñó Sirius, fulminándole con la mirada.

- Ni siquiera Potter está por encima de las normas, Black. Si hace algo que merezca una expulsión, me encargaré personalmente de que eso sea lo que reciba - replicó el profesor de Pociones sin amedrentarse.

- Señores, esta conversación no nos va a llevar a ningún sitio porque no sabemos siquiera si el señor Potter va a hacer algo en el futuro que requiera una expulsión - intervino Dumbledore antes de que Sirius saltase sobre Snape o Snape sacase su varita.

- Es solo cuestión de tiempo - murmuró Severus por lo bajo. ¿Y qué más daba si algunas de las ideas que había tenido respecto a Potter no habían sido completamente ciertas? Seguía sin gustarle ese chico y, si no tenía que volverle a ver, mucho mejor para él.

Se alejó en dirección a la sala de profesores.

Una vez fuera, en la escalera de piedra, Harry se volvió hacia sus amigos.

Bueno, esto es lo que tenemos que hacer —susurró con prisa—. Uno de nosotros tiene que vigilar a Snape, esperar fuera de la sala de profesores y seguirlo si sale. Hermione, mejor que eso lo hagas tú.

- ¿Vais a seguir a Snape? - repitió Neville con los ojos como platos. Él jamás se atrevería a hacer una cosa así. No quería ni imaginarse lo furioso que iba a estar el profesor si les pillaba, pero era probable que no hubiese sido así porque el castillo seguía en pie un año después.

- Lo intentamos - dijo Hermione con una mueca. Se negaba rotundamente a mirar en dirección a los profesores, sabiendo que Snape la estaba fulminando con la mirada.

- ¿Estáis locos? - dijo Seamus, mirándolos como si de verdad se lo estuviese planteando.

- ¿Locos? No. ¿Desesperados? Un poco - admitió Ron encogiéndose de hombros.

- No teníamos ninguna otra idea para impedir que la Piedra fuese robada - dijo Harry, teniendo cuidado de no acusar en ningún momento a Snape.

- Pero os va a matar si os pilla - dijo Dean con horror. Mirando de reojo al profesor de Pociones, podía ver que esa opción todavía no estaba descartada a pesar de que hubiese pasado un año completo.

- Bueno, yo estuve la mitad del año teniendo la sensación de que me estaba siguiendo él a mí. Casi se puede decir que es lo justo que ahora le sigamos a él - dijo Harry frunciendo el ceño.

Se le quedaron mirando, honestamente no teniendo ni idea de si lo decía en serio o de si estaba bromeando.

¿Por qué yo?

Es obvio —intervino Ron—. Puedes fingir que estás esperando al profesor Flitwick, ya sabes cómo —la imitó con voz aguda—: «Oh, profesor Flitwick, estoy tan preocupada, creo que tengo mal la pregunta catorce b...».

Hubo algunas risitas, pero no llegó a haber carcajadas como habría habido si no hubiesen estado tan tensos y cansados.

- Yo no sueno así - dijo Hermione con el ceño fruncido. Se cruzó de brazos indignada, ignorando lo sonrojada que estaba.

- Un poco sí, Hermione - dijo Ron escondiendo una sonrisa. Ahora que había oído a Hermione y después su propia imitación de la chica, podía afirmar que sí que había hecho un buen trabajo.

- ¡No es cierto! - protestó ella, girándose hacia él mientras echaba chispas por los ojos.

- ¡Tú misma te has oído ahora en el libro! ¡Sí que suena parecido a ti!

Hermione parecía a punto de saltar por encima de Harry para tirarle de los pelos a Ron o cerrarle la boca con un hechizo.

- ¿Podemos seguir, por favor? Quiero terminar ya esto - pidió Harry, mirando de uno a otro.

Estuvieron a punto de ignorarle y seguir discutiendo, pero eso habría sido muy cruel con lo cansado que parecía Harry.

- Lo siento, Harry - murmuraron a la vez, relajándose en sus asientos.

Oh, cállate —dijo Hermione, pero estuvo de acuerdo en ir a vigilar a Snape.

- A ver si lo he entendido - interrumpió Fred.

- Primero Hermione le prende fuego a Snape en medio de un partido de quidditch - dijo George, mirando lleno de orgullo y admiración a la chica.

- ¿Y luego se va a espiarle? - siguió Fred incrédulo.

- ¿Qué demonios ha pasado con nuestra prefecta perfecta? - preguntó George.

- Es culpa de estos dos - dijo Hermione, señalando a los dos chicos sentados a su derecha.

- Solo fue idea mía lo segundo - se defendió Harry, levantando las manos inocentemente.

- Mía no fue ninguna de las ideas - dijo Ron rápidamente.

- ¿Cómo es que no puedes hacer estas cosas más a menudo, Hermione? - se quejó George.

- ¿Te imaginas lo genial que sería si la pudiésemos convencer para que nos ayudase con algunas de nuestras bromas? - preguntó Fred con los ojos brillantes.

- Hermione no gasta bromas - negó Ron con la cabeza -. La única razón por la que hizo esas cosas fue para ayudar a Harry la primera vez y porque él se lo pidió la segunda.

- Ni Ron ni yo se lo pediríamos para algo que no fuese una emergencia. Puede que no lo parezca a veces, pero tengo un instinto de supervivencia - dijo Harry solo medio en broma.

Hermione los miraba a los dos con una brillante sonrisa, la discusión con Ron de antes ya totalmente olvidada. Era bueno ver que sabían dónde tenía los límites.

Y nosotros iremos a vigilar el pasillo del tercer piso —dijo Harry a Ron—. Vamos.

Pero aquella parte del plan no funcionó. Tan pronto como llegaron a la puerta que separaba a Fluffy del resto del colegio, la profesora McGonagall apareció otra vez, salvo que ya había perdido la paciencia.

- ¿Y tú qué hacías ahí, Minnie? ¿Creíste a mi ahijado al final y fuiste a comprobar? - preguntó Sirius esperanzado.

A McGonagall le hubiese encantado poder decir que sí, que lo había reflexionado y había decidido comprobarlo solo por si acaso. Sin embargo, habría sido una mentira tan grande como Hogwarts.

- No, Sirius. Hay muchos sitios a los que se puede ir pasando por delante de esa puerta, mi despacho entre ellos - admitió, mandándole una mirada de disculpa a él y al trío de oro -. Además, verlos ahí sin la señorita Granger solo sirvió para convencerme de que había sido una broma y que ella se había negado a continuar mientras que los señores Potter y Weasley habían querido seguir con ella.

- ¡Minnie! - se quejó Sirius, dejando caer la cabeza entre las manos.

- Lo siento - se disculpó ella, mirando a sus tres pequeños leones.

- No importa, profesora - respondió Harry con una pequeña sonrisa.

Supongo que creeréis que sois los mejores para vencer todos los encantamientos —dijo con rabia—. ¡Ya son suficientes tonterías! Si me entero de que habéis vuelto por aquí, os quitaré otros cincuenta puntos para Gryffindor. ¡Sí, Weasley, de mi propia casa!

- ¿Más puntos? - dijo Charlie incrédulo -. Profesora, ni siquiera se merecían que les quitases tantos la primera vez. Podías haberles devuelto unos cuantos.

- Cierto. Para ser justos, como a Malfoy solo le quitaste veinte puntos, a ellos tres solo les tenías que haber quitado sesenta en vez de más del doble - razonó Tonks.

- No iba a echarme atrás en mi decisión - dijo McGonagall con firmeza.

- Pero no hace falta que les quites más puntos todavía - dijo Oliver por lo bajo.

- Le he oído, señor Wood.

Harry y Ron regresaron a la sala común. Justo cuando Harry acababa de decir: «Al menos Hermione está detrás de Snape», el retrato de la Dama Gorda se abrió y apareció la muchacha.

¡Lo siento, Harry! —se quejó—. Snape apareció y me preguntó qué estaba haciendo, así que le dije que esperaba al profesor Flitwick. Snape fue a buscarlo, yo tuve que irme y no sé adónde habrá ido Snape.

- Vale, plan fallido - dijo Katie sacudiendo la cabeza.

- ¿Y ahora qué vais a hacer? - preguntó Parvati. Ella ya habría tirado la toalla hacía rato, cuando habían empezado a encontrarse un obstáculo tras otro.

- ¿Qué crees que queda por hacer? Conociendo a Harry, no sé si queremos saberlo - dijo Seamus lleno de aprehensión.

- Pero sí que lo sabemos - dijo Luna, frunciendo ligeramente el ceño.

- Y no, definitivamente no queréis saberlo - dijo Ron, recordándolo perfectamente. Si no tenían que volver a hacer una cosa así, él desde luego no lo iba a lamentar ni un momento.

Harry le dio un apretón en el brazo como disculpa. Odiaba haberles hecho pasar por eso a Ron y a Hermione y deseaba más que nada que hubiesen podido librarse de ello.

Bueno, no queda otro remedio, ¿verdad?

- Oh, no, por favor no - murmuró George, sintiendo un peso empezar a asentarse en su estómago.

Los otros dos lo miraron asombrados. Estaba pálido y los ojos le brillaban.

- Por favor, no me digas que va a decir lo que creo que va a decir - dijo Fred casi suplicante.

Iré esta noche y trataré de llegar antes y conseguir la Piedra.

Hubo un silencio tenso durante unos minutos mientras todos miraban con los ojos como platos al niño que se removía incómodo entre sus dos mejores amigos. Parecía tan pequeño ahí sentado… Y, sin embargo, se le ocurrían las locuras más grandes y valientes que habían oído en su vida.

- Harry… - dijeron los gemelos, mirándole llenos de aprehensión. Ya tenían confirmado que había bajado por la trampilla y, teniendo en cuenta que había pasado tres días inconsciente, las cosas no habían salido como pensado.

- Lo siento, chicos - murmuró Harry, tratando de enviarles una sonrisa -. Era la única opción que teníamos.

- ¿Cómo se te ocurre…? ¿Cómo puedes…? - farfulló Sirius, palideciendo al ver que el título sí que se refería a lo que él se temía.

- No tendrías que ir tú, Harry - dijo Remus, agarrando los reposabrazos con fuerza.

- ¿Quién sino? Nadie nos creía así que la otra opción era no hacer nada y no intentar siquiera que no robasen la Piedra - respondió el niño, una determinación especial brillando en sus ojos.

- Las protecciones probablemente fueran suficientes para contener a cualquiera que lo intentase, Harry - dijo el señor Weasley, abrazando a su esposa para que esta no se lanzase sobre los tres niños y empezase a regañarles y comprobar que estaban bien al mismo tiempo.

- No iba a arriesgarme sabiendo lo que estaba en juego - negó Harry testarudo.

- Harry… - gimió Molly.

- Lo siento, señora Weasley - se disculpó Harry, pero no parecía nada arrepentido de lo que había hecho.

¡Estás loco! —dijo Ron.

- Menos mal que alguien lo dice - murmuró Angelina -. Sabía que Harry estaba loco cuando tenía que ver con cualquier cosa del quidditch, pero nunca pensé que sería capaz de algo así.

- No está loco, Angie - susurró Fred, rodeando a Alicia con un brazo para reconfortarla y mirando a Angelina por encima de su cabeza.

- Solo es más valiente de lo que debería - terminó George por él.

- Se va a matar - murmuró Alicia.

- Claro que no - negó Fred, pero abrazó un poco más fuerte a la chica.

- Le tenemos ahí delante así que sabemos que no se mata - dijo George.

- ¿Y la próxima vez? - preguntó ella en voz baja.

- No lo sé - admitió George, tragando saliva con dificultad.

- La próxima vez esperemos estar ahí para ayudarle - dijo Fred, rezando para que fuese así.

¡No puedes! —dijo Hermione—. ¿Después de todo lo que han dicho Snape y McGonagall? ¡Te van a expulsar!

- No creo que le importe si le expulsan - dijo Bill sacudiendo la cabeza.

- No sé si le importa siquiera que se va a jugar la vida por intentar proteger la Piedra - dijo Charlie, mucho más serio que de costumbre.

- ¿Pero por qué? ¿Por qué hace eso? - preguntó Ginny con el ceño fruncido en confusión. No entendía cómo podía atreverse a hacer eso sabiendo que podía morir, no le entraba en la cabeza que alguien pudiese hacer eso.

- Porque tiene otras prioridades, supongo. No lo sé, Ginny. No sé qué es lo que se le está pasando por la cabeza a pesar de que estamos leyendo sus pensamientos y todo eso - suspiró Bill cansado.

¿Y qué? —gritó Harry—. ¿No comprendéis? ¡Si Snape consigue la Piedra, es la vuelta de Voldemort! ¿No habéis oído cómo eran las cosas cuando él trataba de apoderarse de todo? ¡Ya no habrá ningún colegio para que nos expulsen! ¡Lo destruirá o lo convertirá en un colegio para las Artes Oscuras! ¿No os dais cuenta de que perder puntos ya no importa? ¿Creéis que él dejará que vosotros y vuestras familias estéis tranquilos, si Gryffindor gana la copa de la casa? Si me atrapan antes de que consiga la Piedra, bueno, tendré que volver con los Dursley y esperar a que Voldemort me encuentre allí. Será sólo morir un poquito más tarde de lo que debería haber muerto, porque nunca me pasaré al lado tenebroso. Voy a entrar por esa trampilla, esta noche, y nada de lo que digáis me detendrá. Voldemort mató a mis padres, ¿lo recordáis?

Ese discurso de Harry fue como una bofetada para muchos, algo que les hizo despertarse y abrir los ojos, sobre todo cuando lo oían con la voz del propio Harry y la determinación que había sentido en ese momento.

- Supongo que ahora ya sabemos por qué - dijo Bill con la voz ahogada.

- ¿Qué…? - Sirius estaba sin palabras. Igual que la noche anterior, tuvo que recordarse a sí mismo que su ahijado solo tenía doce años. Oyéndole decir todo eso, casi había parecido que estaba escuchando a alguien mucho mayor.

- Harry, tú no tendrías que estar preocupándote por eso - gimió la señora Weasley.

- Era mucho más importante que todos los puntos que hubiésemos podido perder, señora Weasley - dijo Harry firmemente. Se giró hacia sus compañeros de Gryffindor y miró a los ojos a los que tenía más cerca -. Y lo siento si a alguno cree que no tendría que pensar así, pero no voy a cambiar de opinión.

- Merlín, Harry, lo último que nos preocupa ahora son unos malditos puntos - dijo Fred agitado, pasándose la mano por el pelo.

- Creo que ya es hora de que nos disculpemos con vosotros por cómo os tratamos por lo de los ciento cincuenta puntos. No hicisteis nada malo - dijo George, deseando poder cambiarlo. A lo mejor si no les hubiesen tratado así, no habrían hecho nada por su cuenta. A lo mejor si no hubiesen estado ignorándoles y evitándoles como si tuviesen la lepra, se habrían dado cuenta de que estaban tramando algo y habrían ido con ellos.

- Nos hubiese gustado que no hicieseis eso, pero no por los puntos. Por mí como si nos quedamos en puntos negativos todos los años que te quedan en Hogwarts - dijo Fred completamente en serio.

- Pero estaría muy bien si no te pusieses en peligro todos los años. Los puntos siempre se pueden volver a ganar si queremos, pero canijos con gafas solo tenemos uno, Harry - dijo George, tratando de hacérselo ver. ¿No veía lo mucho que le importaba a todos los que estaban a su alrededor?

A Harry se le cortó la respiración durante un momento antes de mandarles una sonrisa diminuta.

- Lo intentaré, Fred, George. Pero hay veces en las que no puedes no hacer nada solo porque te dé miedo y hay cosas por las que vale la pena jugársela - dijo muy serio.

- Tú no vas a morir, Harry - dijo Remus, apretando los puños con fuerza.

- Esperemos que no, Remus - respondió Harry.

- Lo digo en serio, Harry.

- Yo también.

Los miró con furia.

Tienes razón, Harry —dijo Hermione, casi sin voz.

- ¿No vais a tratar de detenerle? - preguntó la señora Weasley, sintiendo cómo se desvanecía su última esperanza.

- ¿Después del discurso ese? - dijo Ron incrédulo. Sacudió la cabeza -. Ni hablar. No podíamos discutir después de eso.

- Pero es vuestro mejor amigo - protestó Ginny confundida. Si hubiese sido ella, le habría atado a una silla si hubiese hecho falta.

- Justo porque es nuestro mejor amigo no tratamos de seguir discutiendo con él - dijo Hermione suavemente antes de que Ron le espetase una contestación a su hermana pequeña.

- ¿Qué vais a hacer entonces? ¿Le vais a dejar ir sin más? ¿Le deseareis suerte por lo menos? – replicó Ginny sarcásticamente. Su carácter Weasley empezaba a asomar con la incredulidad al ver que no iban a hacer nada. ¿No se suponía que eran inseparables esos tres?

- ¡Hey! ¡A Hermione no le hables así! Hicimos exactamente lo que teníamos que hacer - espetó Ron, perdiendo la paciencia con ella. ¿Quién se creía que era para criticar sus acciones aquella noche? ¿Es que creía que había sido fácil, que no habían estado sufriendo y dudando de sus decisiones a cada paso que daban?

- ¡Tendríais que haberle detenido, Ron! ¡Tendríais que habérselo dicho a Percy o a Fred y a George! - insistió ella, enfadándose de verdad.

Por desgracia para ella, a Ron le había enfadado hacía ya rato.

- ¡Ellos tres estaban siendo unos idiotas el año pasado! ¡Ni siquiera miraban a Harry o a Hermione, no les hablaban ni decían su nombre! ¿En serio crees que podíamos ir a pedirles ayuda? - dijo Ron, alzando la voz según se iba cabreando más y más.

Los tres mencionados bajaron la cabeza avergonzados. Lo peor de todo era que era completamente cierto. Si hubiesen acudido a ellos, era muy probable que los hubieran insultado o los hubieran ignorado y mandado a paseo.

- ¡Os habrían escuchado! ¡Ellos habrían parado a Harry! - siguió discutiendo Ginny, no dándose cuenta del torbellino de pensamientos en el que estaban tres de sus hermanos.

- ¡Puede que a ti te hubiesen escuchado, pero tú siempre has sido la princesita, la niña mimada en casa! ¡Las cosas no funcionan así con todo el mundo! - gritó Ron. Tenía las orejas rojas y jadeaba como si hubiese venido corriendo desde la torre de Gryffindor -. Y aunque nos hubiesen hecho caso, ¿de verdad crees que podrían haber detenido a Harry?

Ginny no supo que contestar a eso. Su primer impulso era decir que sí, pero no estaba segura.

- Ginny, te aseguro que Ron y Hermione hicieron lo mejor que podían haber hecho aquella noche, algo que no voy a olvidar en toda mi vida. Si hubiesen tratado de detenerme, no habrían podido ni aunque son mis mejores amigos. Y tú tampoco habrías podido, no habrías tenido ni una posibilidad. Ni tú ni tus hermanos - dijo Harry con firmeza. No le acababa de gustar cómo estaba diciendo que Ron y Hermione no habían hecho lo que debían cuando en realidad habían hecho mucho más de lo que tenían que haber hecho.

Ginny se sonrojó furiosamente, avergonzada y enfadada a la vez. ¡Ella solo quería que estuviese a salvo! ¿De verdad era tan difícil de comprender?

- Pero…

- No, Ginny. Ahora lo verás - la interrumpió con firmeza antes de girarse hacia el libro e ignorarla. En seguida vería por qué Harry confiaba en Ron y Hermione con su vida, con sus cosas más preciadas, por qué confiaba en ellos más que en ninguna otra persona.

Voy a llevar la capa invisible —dijo Harry—. Es una suerte haberla recuperado.

- Por primera vez, me gustaría que no tuviese la capa invisible - confesó Sirius por lo bajo.

- Sé a lo que te refieres - suspiró Remus.

- Eso no habría impedido que fuese - argumentó Tonks -. Con lo cabezota que es Harry, es imposible que no tenerla hiciese que no intentase salvar la Piedra.

- Pero les podrían haber pillado y McGonagall habría estado tan furiosa que les habría estado gritando hasta la mañana siguiente - dijo Sirius tristemente.

- Vaya, ¿ahora quieres que pillen a tu ahijado saltándose las normas? - le picó la metamorfomaga, tratando de animarle.

Sirius se giró para mirarla y lo que vio en sus ojos le cortó la respiración a la chica. Había miedo, mucho miedo por su ahijado, que iba a ponerse en peligro a propósito por algo que no tendría que ser su responsabilidad. Y había impotencia, sabiendo que el niño ya había pasado por eso y el único adulto al que había podido recurrir le había ignorado.

- Si eso le salva la vida, ojalá que le pillen cada vez que ponga un pie fuera de la torre - respondió el animago muy serio.

Ni Tonks ni Remus supieron qué responder a eso, sobre todo porque una parte de ellos opinaba igual que él.

Pero ¿nos cubrirá a los tres? —preguntó Ron.

- ¿Vais a ir con él? - dijo la señora Weasley, su voz una octava más alta que normalmente.

- Claro que vamos a ir con él - dijo Ron con los ojos llenos de determinación. Se giró hacia su hermana, que los miraba pálida, y la fulminó con la mirada -. ¿Sigues creyendo que no hicimos lo que debíamos?

- Yo… - por primera vez, Ginny no supo qué contestar a una pulla de Ron, el único hermano que nunca la había superado en nada.

Nunca se lo había dicho a nadie, pero Ron para ella no era nada especial. Sí, le quería, por supuesto. Era su hermano y le defendería de cualquiera. Pero no era valiente como Bill, ni fuerte como Charlie, ni listo como Percy, ni gracioso como los gemelos. Ron era… Simplemente Ron. No la podía ayudar en nada ni tampoco podía hacer nada que ella misma no supiese hacer.

No era especial para ella.

Pero ahora…

Ahora era la primera vez que veía a Ron como a alguien que tenía algo que ella no tenía la esperanza de poder conseguir en mil años. No sabría ponerlo con palabras, pero sabía que era algo especial. Por primera vez en su vida, sintió que no había tratado a uno de sus hermanos como debía.

- Pero os vais a matar… - dijo Percy abrumado.

- No íbamos a dejar a Harry solo, ni pensarlo - dijo Ron con fiereza. Los fulminó a todos con la mirada, como si pensase que eran unos idiotas por creer siquiera que eso era una posibilidad.

- Claro que no íbamos a dejar que fuese solo. Le seguiríamos a donde fuera que él va. ¿Es que no os acordáis de la primera carta que llegó ayer con los libros? - dijo Hermione poniendo los ojos en blanco.

- Era nuestra decisión si seguir a Harry y ponernos en peligro o no. Nuestra decisión, y de nadie más. Ni siquiera tuya, Harry - dijo Ron, mirando muy serio a su mejor amigo -. Tú no eliges a quién seguiríamos Hermione y yo hasta el fin del mundo.

Harry los miraba a los dos con un nudo en la garganta.

- Lo sé, Ron. Creo… Creo que lo voy pillando - susurró.

Ron asintió y le puso una mano en el hombro.

- Y que no se te olvide - advirtió el pelirrojo.

- Siempre podemos recordárselo - dijo Hermione con una pequeña sonrisita.

Harry puso los ojos en blanco antes de girarse hacia Ginny y los demás, que los miraban pálidos y serios.

- ¿Veis? Hicieron por mí lo que nadie había hecho antes y nadie se habría atrevido a hacer. Incluso ahora, sé que ellos dos son los primeros que estarían a mi lado antes de que me diese tiempo a pedirles ayuda - dijo Harry sin un atisbo de duda en sus ojos.

El resto solo podía tratar de ignorar el nudo en la garganta y seguir escuchando la lectura. Una vez más, habían subestimado a esos tres niños. Parecía que no conseguían aprender ni aunque estaban leyendo todo por lo que habían pasado juntos.

¿A... nosotros tres?

Oh, vamos, ¿no pensarás que te vamos a dejar ir solo?

Por supuesto que no —dijo Hermione con voz enérgica—. ¿Cómo crees que vas a conseguir la Piedra sin nosotros? Será mejor que vaya a buscar en mis libros, tiene que haber algo que nos sirva...

- ¿De verdad crees que habrá algo en los libros de primero que os sirva a enfrentaros a todos los obstáculos que va a haber protegiendo la Piedra? - preguntó Angelina algo escéptica. Ella no negaba que Hermione era muy inteligente, de las brujas más inteligentes que había en Hogwarts, pero la niña solo estaba en primer curso. Le faltaba mucha formación mágica por delante.

Para su sorpresa, Harry y Ron estallaron en carcajadas.

- ¿Qué pasa? ¿Qué os hace tanta gracia ahora? - preguntó Alicia, incapaz de no sonreír aunque fuese un poquito.

- ¿Crees que esos son los libros a los que se refiere Hermione? ¿Los libros de texto de primero? - preguntó Harry divertido.

- ¿Ya os habéis olvidado de cuando le he dicho que seguro que ya se había empezado a estudiar los hechizos de cuarto y quinto curso? - preguntó Ron con lágrimas en los ojos mientras intentaba recuperar el aliento.

- ¿Y de que lee enormes libros de alquimia entre otras cosas para pasar el rato antes de irse a dormir? - dijo Harry, dándole un codazo cariñoso a Hermione, que estaba sonrojada hasta las orejas -. Los libros que estuvo revisando no eran para nada de material básico y sí que nos sirvieron.

- Pero tenía once años - dijo Percy aturdido. Él estudiaba mucho, demasiado a veces, pero se estaba empezando a dar cuenta de que esta chica le daba mil vueltas sin dedicar el cien por cien de su tiempo y esfuerzo a ello.

- Es Hermione - dijeron Harry y Ron a la vez.

- Creo que no lo van a pillar nunca - bufó Ron, poniendo los ojos en blanco.

- Claro que no. Estaremos terminando de leer el séptimo libro y se seguirán sorprendiendo de lo que hace - dijo Harry, enviándole una sonrisa a su mejor amiga.

Pero si nos atrapan, también os expulsarán a vosotros.

No, si yo puedo evitarlo —dijo Hermione con severidad—. Flitwick me dijo en secreto que en su examen tengo ciento doce sobre cien. No me van a expulsar después de eso.

- ¿Un ciento doce sobre cien? - repitió George con los ojos como platos.

- ¿Eso es posible? ¿No se supone que, si es sobre cien, ese tendría que ser el máximo? - preguntó Fred atónito.

Hermione se sonrojó, pero tenía una enorme sonrisa satisfecha.

- No si había una pregunta extra en el examen.

- Y, por supuesto, tú te la sabías - dijo Bill divertido.

- Pero eso significa que tuviste absolutamente todo bien - dijo Percy pasmado.

- ¿Es que lo dudabas? - dijo Ron sonriendo.

- De todas maneras, las buenas notas no impiden que alguien sea expulsado, pero no sé qué es lo que hay que hacer para que te expulsen - dijo Sirius pensativo -. Probablemente matar a otro alumno o algo así.

- ¡Sirius! - exclamó Tonks, golpeándole en la cabeza -. ¡No me seas burro!

Tras la cena, los tres se sentaron en la sala común, lejos de todos. Nadie los molestó: después de todo, ninguno de los de Gryffindor hablaba con Harry,

- ¿Seguían sin hablar contigo? - preguntó Charlie atónito y enfadándose por momentos.

Harry se encogió de hombros y bajó la cabeza.

- Ya me daba un poco igual. Me importaba más que por lo menos a Hermione y a Neville ya no les trataban así - respondió en voz baja.

- ¡Pero tú tuviste que soportarlo durante meses! - protestó Charlie indignado.

- A ellos ya les dejaron en paz, por lo menos. Y para mí no era nada nuevo - dijo Harry sin levantar la cabeza.

- No debería haber sido así - gruñó Charlie, fulminando con la mirada a los demás Gryffindors. Seguía sin entender cómo ni siquiera sus hermanos habían estado apoyando a Harry.

- Charlie, ya da igual - dijo Harry, mirándole suplicante para que dejase el tema.

pero ésa fue la primera noche que no le importó. Hermione revisaba sus apuntes, confiando en encontrar algunos de los encantamientos que deberían conjurar. Harry y Ron no hablaban mucho. Ambos pensaban en lo que harían.

Los tres intercambiaron una mirada, recordando lo aterrorizados que habían estado aquella noche. Que estuviesen dispuestos a ir a intentar proteger la Piedra no quería decir que les hubiese apetecido.

Hermione cogió la mano de Harry entre las suyas, estrujándola con fuerza para intentar calmarse. Le gustaría poder coger la de Ron también, pero tanto ella como el pelirrojo sabían que el que más apoyo iba a necesitar en ese momento era Harry.

¿Cuándo había sido la primera vez que se había hecho daño aquella noche? Fue con el Lazo del Diablo, ¿no?

Poco a poco, la sala se fue vaciando y todos se fueron a acostar.

Será mejor que vayas a buscar la capa —murmuró Ron, mientras Lee Jordan finalmente se iba, bostezando y desperezándose.

A Lee se le cortó la respiración durante un instante. Si no se hubiese ido a dormir… Si hubiese decidido que iba a quedarse un rato más… Recordaba haberles visto en la sala común y haber pensado que ojalá no estuviesen planeando algo que le quitase más puntos todavía a Gryffindor.

¿Y ahora? Ahora quería darse de cabezazos contra la pared.

Si se les hubiese encarado, aunque no fuese con la intención de ayudarles, tal vez… Tal vez se hubiese enterado de lo planeaban y podía haberles ayudado. Podía haber reclutado la ayuda de Fred y George. Ellos jamás habrían dejado a su hermano, a Harry y a Hermione hacer una locura así por su cuenta.

Sin embargo, solo había pensado que esos tres de primero no merecían la pena el dolor de cabeza que se llevaría y se había ido tan tranquilo a dormir.

Harry corrió por las escaleras hasta su dormitorio oscuro. Sacó la capa y entonces su mirada se fijó en la flauta que Hagrid le había regalado para Navidad. La guardó para utilizarla con Fluffy: no tenía muchas ganas de cantar...

Hubo algunas risitas nerviosas y cargadas de tensión al oír eso.

- Ninguno teníamos ganas de oírte cantar - bromeó Ron con una sonrisa forzada.

- Sobre todo porque ahora lo oiríamos todo el colegio - dijo Seamus, pensando por primera vez que a lo mejor este hechizo hacía todo demasiado real.

Harry sonrió y puso los ojos en blanco, no molestándose en dar una respuesta.

Regresó a la sala común.

Es mejor que nos pongamos la capa aquí y nos aseguremos de que nos cubra a los tres... si Filch descubre a uno de nuestros pies andando solo por ahí...

- Habría sido épico - sonrió Sirius, relajándose durante un instante.

- A nosotros nunca nos vio un pie o algo, ¿no? - musitó Remus en voz baja para que no averiguasen todos que ellos ya conocían la existencia de esa capa y habían sido amigos de James.

- Nah. Además, siempre evitábamos encontrarnos con otra gente por si acaso - dijo Sirius, recordando el mapa. Entre eso y la capa, había sido casi imposible que les pillasen cuando se escabullían de noche por los pasillos.

¿Qué vais a hacer? —dijo una voz desde un rincón. Neville apareció detrás de un sillón, aferrado al sapo Trevor, que parecía haber intentado otro viaje a la libertad.

- ¿Neville? - exclamaron algunos sobresaltados.

- ¿Tú qué hacías ahí? - preguntó Angelina sorprendida.

Neville se encogió de hombros incómodo y evitó mirar a nadie a la cara.

- Sabía que estaban tramando algo. Llevaban toda la tarde estresados. Hermione seguía consultando libros y más libros y Harry y Ron no estaban haciendo nada por intentar pararla a pesar de que ya habíamos acabado exámenes.

Nada, Neville, nada —dijo Harry, escondiendo la capa detrás de la espalda.

- Qué forma más mala de mentir - resopló George poniendo los ojos en blanco.

- No me hace falta verle siquiera la cara. Puedo oír la mentira desde aquí - dijo Fred, llevándose la mano al pecho exageradamente como si eso le doliese.

Alicia le dio un codazo en las costillas.

- Ya cállate, Fred. Esto no es un juego. Yo casi estoy esperando que Neville consiga pararles.

Más de uno le mandó miradas de incredulidad.

- ¿Crees que yo podría parar a esos tres? - preguntó Neville estupefacto, señalando al trío en el sofá.

- A lo mejor podías hacerles entrar en razón y hacerles ver que deben pedir ayuda - insistió testaruda.

- Alicia… - empezó Angelina.

- Lo sé - la interrumpió ella -. Sé que no va a pasar, pero…

Neville observó sus caras de culpabilidad.

- Era imposible no verlas - dijo el chico, casi como disculpa.

- Bueno, también fuiste el único que se dio cuenta de que estaban planeando algo e intentó pararles - dijo Luna, mirándole con una sonrisa amable.

- Para todo lo que conseguí… - replicó, encogiéndose de hombros y bajando la vista.

- De todas formas - dijo Harry, haciéndole levantar la cabeza -, gracias por intentar evitar que nos metiésemos en problemas, Neville.

Vais a salir de nuevo —dijo.

No, no, no —aseguró Hermione—. No, no haremos nada. ¿Por qué no te vas a la cama, Neville?

- Oh, Merlín, no podía ser más obvio que estabais escondiendo algo - dijo Tonks, con una mueca.

- Si vais a romper las normas, por lo menos que los demás no lo sepan - dijo Sirius.

- No tendrían que estar rompiendo las normas. Tendrían que estar yéndose a la cama como los demás - insistió la señora Weasley por lo bajo, abrazando a su marido.

Harry miró al reloj de pie que había al lado de la puerta. No podían perder más tiempo, Snape ya debía de estar haciendo dormir a Fluffy.

No podéis iros —insistió Neville—. Os volverán a atrapar. Gryffindor tendrá más problemas.

- ¡Gryffindor no importa ahora! - exclamó Sirius, apretando las manos en puños -. ¡Es mucho más importante el hecho de que se están poniendo en peligro!

- Sirius, Neville no sabía eso - intervino Remus, poniéndole una mano en el hombro para calmarle -. Probablemente creía que solo iban a gastar una broma como la que creía que habían planeado con el dragón.

- Ahora ya sé que esos tres no son de los que van gastando bromas así porque sí - se encogió de hombros Neville con una amarga sonrisa. Cómo había pensado eso, no lo sabía, pero no iba a volver a cometer el mismo error otra vez.

Tú no lo entiendes —dijo Harry—. Esto es importante.

- No hay nada más importante que tu vida, Harry - murmuró Sirius por lo bajo, la angustia clara en su rostro.

Tonks se giró hacia él, mirándole con compasión. Le cogió la mano para reconfortarle y apoyó la cabeza en su hombro. Probablemente su tío había estado pensando que Harry había estado a salvo mientras él estaba en Azkaban. Si hubiese sabido que no era así, tenía la sensación de que no habría tardado en escaparse para acudir en su ayuda.

Sirius le devolvió el apretón en la mano y dejó que se apoyase contra él. Necesitaba el apoyo tanto como ella, probablemente más.

Pero era evidente que Neville haría algo desesperado.

No dejaré que lo hagáis —dijo, corriendo a ponerse frente al agujero del retrato—. ¡Voy... voy a pelear con vosotros!

- ¿Neville? - repitieron, pasmados.

¿Qué había pasado con el tímido y llorica chico que no se atrevía a enfrentarse a nadie? Más de uno se había preguntado más de una vez si el Sombrero Seleccionador no se habría equivocado al poner a Neville Longbottom en la casa de los valientes. Habían vislumbrado durante un segundo a la persona en la que se podía convertir cuando se había enfrentado a Crabbe y a Goyle para ayudar a Ron durante el partido de quidditch, pero eso no había hecho desaparecer las dudas que algunos todavía tenían.

Y ahora el chico estaba dispuesto a enfrentarse a Harry, Ron y Hermione.

Esos tres le estaban mandando sonrisas orgullosas a Neville.

- Eso fue genial, Neville - sonrió Hermione, su sonrisa ensanchándose cuando Neville se sonrojó hasta las orejas.

- No tenía que haber tratado de deteneros cuando estabais intentando salvar la Piedra - murmuró él abochornado. No hacía más que meter la pata cada vez que intentaba ayudar a esos tres.

- Tonterías. No tenías ni idea de que eso era lo que queríamos - bufó Ron, poniendo los ojos en blanco.

- Tú creías que queríamos romper las reglas por gusto - se encogió de hombros Harry -. Después de la que ya habíamos liado unas semanas antes, no me extraña que intentases que no lo repitiésemos.

- Eso no fue culpa vuestra - dijo Katie -. No os merecíais eso solo por ayudar a Hagrid.

- Puede que lo hiciésemos por una buena causa, pero la culpa siguió siendo nuestra por olvidarnos la capa - insistió Harry.

¡Neville! —estalló Ron—. ¡Apártate de ese agujero y no seas idiota!

- ¡Ron! - le regañó su madre -. ¿Cómo puedes hablarle así a Neville?

- Pero yo solo… - protestó el pelirrojo indignado. ¿Es que no veía que necesitaban que se quitase de ahí?

- Nada de peros. No puedes insultar a tu compañero de esa forma - le cortó Molly, mirándole estricta.

Ron estuvo a punto de poner los ojos en blanco, pero se contuvo. No le apetecía en lo más mínimo pasarse una semana desgnomizando el jardín.

- Lo siento, Neville. No debí llamarte idiota - dijo, mirando a su compañero.

Neville se encogió de hombros, escondiendo una sonrisa divertida.

- No importa. Creo que yo también habría perdido los estribos si fuese a hacer lo que ibais a hacer vosotros.

¡No me llames idiota! —dijo Neville—. ¡No me parece bien que sigáis faltando a las reglas! ¡Y tú fuiste el que me dijo que hiciera frente a la gente!

- No creo que se refiriese a que te enfrentases a ellos, Neville - resopló Bill divertido.

- No por eso debe dejar de hacerlo - señaló Charlie -. Si están haciendo algo mal, Neville no tiene por qué apartarse solo porque en algún momento le ayudaron.

- Pero no están haciendo nada malo - murmuró Ginny, acurrucada contra Bill.

- Eso Neville no lo sabía, Gin - respondió su hermano mayor.

Sí, pero no a nosotros —dijo irritado Ron—. Neville, no sabes lo que estás haciendo.

- No, pero aun así, ojalá lograse pararos - murmuró Angelina, mirando a los tres niños de segundo.

Dio un paso hacia Neville y el chico dejó caer al sapo Trevor, que desapareció de la vista.

¡Ven entonces, intenta pegarme! —dijo Neville, levantando los puños—. ¡Estoy listo!

- Bien hecho, Neville - felicitó George orgulloso.

- Hay que tener un par de narices para intentar pararles de esa forma - sonrió Fred.

Neville se sonrojó hasta las orejas y bajó la cabeza, escondiendo una sonrisa satisfecha.

Harry se volvió hacia Hermione.

Haz algo —dijo desesperado.

Alguno soltó una carcajada.

- ¿Recurres a Hermione para que se pelee con Neville? - Katie levantó una ceja divertida.

Harry se ruborizó y se pasó la mano por el pelo.

- No para que se pelee con él. Más bien para que le hiciese entrar en razón o algo.

- Neville no me iba a hacer caso a mí - Hermione puso los ojos en blanco.

Ella sabía perfectamente que si alguien había tenido una posibilidad de convencer a Neville para que les dejase pasar, era Harry. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de lo mucho que admiraba Neville a Harry, pero él no siempre se fijaba en esas cosas.

Si Harry se lo hubiese pedido, estaba casi segura de que Neville les habría dejado pasar sin problemas en menos de un minuto. Por desgracia para Neville, Harry estaba un poco demasiado nervioso aquella noche y con poca paciencia para convencer a nadie de nada así que ella había intervenido como mejor había sabido.

Hermione dio un paso adelante.

Neville —dijo—, de verdad, siento mucho, mucho, esto.

Levantó la varita.

¡Petrificus totalus! —gritó, señalando a Neville.

- ¿Petrificus totalus? - repitió Remus con los ojos como platos -. Ese es un hechizo que se aprende en segundo como pronto, si no recuerdo mal.

- Pues nosotros no lo hemos aprendido este año - refunfuñó Dean por lo bajo. Haciendo memoria, no se le ocurría ningún hechizo que hubiesen aprendido útil para defenderse.

- ¿Ya sabías maldiciones del curso siguiente? - preguntó Arthur sorprendido.

Hermione se encogió de hombros incómoda.

- Me había estudiado la teoría y me la había repasado esa tarde por si nos hacía falta esa noche.

- ¿Y con eso ya te salió el hechizo? - preguntó incrédulo Bill.

- Me había estudiado muy bien la teoría y no es una maldición muy complicada de todas formas - respondió Hermione, sonrojándose -. Es a Harry a quien mejor se le da Defensa Contra las Artes Oscuras.

El chico ya estaba sacudiendo la cabeza cuando las miradas se giraron hacia él.

- Nope. Hermione conoce muchos más hechizos y maldiciones que yo.

- Eso no significa que se me dé mejor la asignatura. En un duelo, me ganarías aunque yo sepa más hechizos - dijo Hermione, tan segura de eso como de que no tenía ninguna posibilidad contra Ron en el ajedrez.

Harry se sonrojó, pero por lo menos nadie más comentó y la lectura pudo continuar.

Los brazos de Neville se pegaron a su cuerpo. Sus piernas se juntaron. Todo el cuerpo se le puso rígido, se balanceó y luego cayó bocabajo, rígido como un tronco.

Hermione corrió a darle la vuelta. Neville tenía la mandíbula rígida y no podía hablar. Sólo sus ojos se movían, mirándolos horrorizado.

- Auch. Pobre Neville - dijo Alicia con una mueca.

- Bueno, mejor eso a que les hubiese seguido y se hubiese puesto él también en peligro - dijo Angelina, buscándole algo positivo.

- Hubiese sido mucho mejor que ninguno fuese - bufó George por lo bajo. Cada vez tenía menos ganas de bromear.

- Que montasen un escándalo que despertase a mucha gente y así ninguno podría ir - dijo Fred, totalmente de acuerdo.

- ¿Y la Piedra entonces? La van a ir a robar esa noche - les recordó Oliver, inusualmente serio para tratarse de un asunto que no tenía que ver con el quidditch.

Los gemelos apretaron los dientes y no respondieron. Sí, odiaban que la Piedra no estuviese a salvo, pero odiaban muchísimo más que esos tres se hubiesen tenido que poner en peligro porque los adultos no habían hecho su trabajo.

¿Qué le has hecho? —susurró Harry.

Es la Inmovilización Total —dijo Hermione angustiada—. Oh, Neville, lo siento tanto...

- Lo siento de verdad, Neville - dijo Hermione, igual de angustiada que aquella noche.

- No te preocupes, Hermione - sonrió Neville sinceramente -. No es como si esa maldición hiciese daño de verdad. Estuve perfectamente bien hasta que deshicieron el hechizo.

- ¿Quiénes fueron? - preguntó Harry con curiosidad. Nunca se le había ocurrido preguntar y dudaba que hubiesen sido Ron o Hermione.

- Fred y George - se encogió de hombros.

- Y menudo susto nos dio cuando nos contó que habíais salido por la noche hacía horas y todavía no habíais vuelto - refunfuñó Fred por lo bajo.

- No era lo que queríamos oír a primera hora de la mañana - dijo George, recordando el mal presentimiento que habían tenido al oír la explicación de Neville.

Habían corrido a consultar el mapa del merodeador para averiguar dónde demonios estaban, olvidándose de su enfado hacia ellos. Casi les había dado un ataque al ver que Harry estaba en la enfermería con la señora Pomfrey justo al lado de su cama y que Ron y Hermione estaban en la puerta con Dumbledore.

Cuando habían ido corriendo haber qué había pasado, Hermione estaba llorando y Ron se negaba a dar explicaciones, temblando de pies a cabeza. Solo habían dicho que Harry estaba herido y que todavía no sabían si se iba a poner bien porque la señora Pomfrey llevaba Merlín-sabía-cuánto-tiempo intentando estabilizarle.

El terror que habían sentido en ese momento Fred y George los había dejado paralizados en el sitio. Cuando la señora Pomfrey les había dicho a los cuatro una hora después que Harry estaba en coma porque había agotado hasta la última gota de magia que tenía y que no sabía cuándo despertaría…

Habían sabido entonces que hacía mucho tiempo que consideraban a Harry como un hermano más. No se sentía el pánico que les había invadido por nadie más que por la familia.

¿Harry en coma? Imposible. ¿Cómo no podían saber cuándo iba a despertar (se negaban a pensar en la terrible posibilidad del si iba a hacerlo)? Tenía que despertar. Tenía que estar bien. Pero, ¿y si…? ¿Qué iba a pasar si Harry no despertaba? Todavía no habían hecho las paces con él. Sabían que se habían pasado ignorándole durante tanto tiempo. Tenían que arreglar las cosas. Y no iban a volver a cometer el mismo error nunca más, eso seguro.

Ron y Hermione habían estado mucho peor que ellos. Durante tres días, los gemelos habían tenido que asegurarse que comían y dormían algo. Habrían acampado en la enfermería si la señora Pomfrey les hubiese dejado.

Cuando por fin Harry había despertado después de tres días completos de angustia… Bueno, había habido pocas ocasiones en las que hubiesen estado más aliviados.

Lo comprenderás después, Neville —dijo Ron, mientras se alejaban para cubrirse con la capa invisible.

Hermione vio a Harry desaparecer a su lado en el sofá, pero siguió apretándole la mano con fuerza, poco dispuesta a soltarle. Estaba muerta de miedo por cómo iba a afectarle el hechizo con lo que venía en seguida.

Pero dejar a Neville inmóvil en el suelo no parecía un buen augurio. En aquel estado de nervios, cada sombra de una estatua les parecía que era Filch, y cada silbido lejano del viento les parecía Peeves que los perseguía.

Al pie de la primera escalera, divisaron a la Señora Norris.

- Oh, no. La Señora Norris no - gruñó Seamus. Eso era lo último que les hacía falta.

En cambio, otros sintieron una llama de esperanza de que les pillarían y no podrían ir tras Snape y la Piedra. Preferían que estuviesen castigados durante semanas a que se pusiesen en peligro de esa manera.

Oh, vamos a darle una patada, sólo una vez —murmuró Ron en el oído de Harry, que negó con la cabeza.

- ¡Fue entonces cuando tuvisteis la oportunidad de darle una patada a la Señora Norris! - exclamó Dean con los ojos como platos.

- Por muy tentador que sea, creo que Harry tiene razón en este caso. No es el mejor momento - dijo Tonks con una pequeña sonrisa divertida. Sí, era el sueño de muchos, pero era cierto que había cosas más urgentes. Como impedir que Quien-tú-sabes volviese al poder con la Piedra Filosofal a su disposición, por ejemplo.

Mientras pasaban con cuidado al lado de la gata, ésta volvió la cabeza con sus ojos como linternas, pero no los vio.

No se encontraron con nadie más, hasta que llegaron a la escalera que iba al tercer piso. Peeves estaba flotando a mitad de camino, aflojando la alfombra para que la gente tropezara.

- ¿La Señora Norris y Peeves en la misma noche? - dijo Parvati sorprendida.

- ¿Cómo no os pillaron? - preguntó Lavander.

- Dar un rodeo llegados a ese punto llevaría demasiado tiempo - dijo George.

- El camino más rápido sería por dónde está Peeves - asintió Fred, repasando rápidamente el mapa en su cabeza.

- ¿Fue en ese momento cuando le engañaste? - le preguntó Sirius a su ahijado.

Harry sonrió y asintió antes de recordar que no le podían ver en ese momento.

- Sí. La inspiración de la desesperación.

- Fue genial - sonrió Ron, intentando centrarse en eso en vez de en lo que venía.

¿Quién anda por ahí? —dijo súbitamente, mientras subían hacia él. Entornó sus malignos ojos negros—. Sé que estáis aquí, aunque no pueda veros. ¿Aparecidos, fantasmas o estudiantillos detestables?

- Ahora no, Peeves - gruñó Bill, fulminando con la mirada al libro como si tuviese la culpa. Técnicamente, sí que la tenía. Sin esos libros, no estarían pasando por todo por lo que estaban pasando.

Se elevó en el aire y flotó, mirándolos de soslayo.

Llamaré a Filch, debo hacerlo, si algo anda por ahí y es invisible.

Harry tuvo súbitamente una idea.

Peeves —dijo en un ronco susurró—, el Barón Sanguinario tiene sus propias razones para ser invisible.

Todos se quedaron boquiabiertos al oírle hablar así. Era una imitación sorprendentemente buena del Barón Sanguinario.

Harry se sonrojó, alegrándose muchísimo de que no pudiesen verle.

Peeves casi se cayó del aire de la impresión. Se sostuvo a tiempo y quedó a unos centímetros de la escalera.

Lo siento mucho, sanguinaria señoría —dijo en tono meloso—. Fue por mi culpa, ha sido una equivocación... no lo vi... por supuesto que no, usted es invisible, perdone al viejo Peeves por su broma, señor.

- Oh, Merlín, esto es genial - susurró Sirius, una enorme sonrisa apareciendo en su rostro cuando se imaginaba al poltergeist disculpándose con su ahijado.

No era el único. Era justo lo que necesitaban para relajarse un poco antes de volver a todo la tensión de intentar salvar la Piedra.

Tengo asuntos aquí, Peeves —gruñó Harry—. Manténte lejos de este lugar esta noche.

Lo haré, señoría, desde luego que lo haré —dijo Peeves, elevándose otra vez en el aire—. Espero que los asuntos del señor barón salgan a pedir de boca, yo no lo molestaré.

Y desapareció.

- ¡Brillante! - exclamó Sirius, incapaz de contenerse por más tiempo. Miró hacia donde sabía que estaba su ahijado entre Ron y Hermione y sonrió -. ¡Eso ha sido brillante, Harry!

- Sí que lo ha sido - se rio por lo bajo Remus.

- ¿Cómo es que nunca se nos ocurrió a nosotros engañar a Peeves de esa forma, Lunático? - se lamentó el animago.

El hombre lobo puso los ojos en blanco.

- Tampoco es como si nos hiciese falta, Sirius. Nosotros le sobornábamos con la oportunidad de ayudarnos con las bromas y a cambio él nos dejaba en paz.

- Cierto. Eso también era genial - se rio Sirius.

¡Genial, Harry! —susurró Ron.

Unos pocos segundos más tarde estaban allí, en el pasillo del tercer piso. La puerta ya estaba entreabierta.

Los ánimos cayeron en picado. Olvidados estaban ya la Señora Norris y Peeves, las últimas oportunidades que había habido de que les pillasen y les impidiesen ir.

- Van a ir de verdad, Arthur - gimió la señora Weasley, hecha un manojo de nervios por la preocupación.

Su marido la abrazó con fuerza, pero él tampoco estaba tranquilo. ¿Por qué ellos no habían oído nada de esto? ¿Por qué no se les había informado de lo que había hecho su hijo? No podía creerse que no les hubiesen descubierto al final.

- Ahora están bien, Molly. Están bien - susurró, casi tanto para él mismo como para ella.

Bueno, ya lo veis —dijo Harry con calma—. Snape ya ha pasado ante Fluffy.

- Os lleva ventaja - dijo Remus en un susurro estrangulado. Su mejor opción había sido llegar a la Piedra antes que él, pero ahora no creía que eso fuese a ser posible, incluso sin saber qué protecciones habían puesto los demás profesores.

- Vais a tener que daros prisa - dijo Bill muy serio. De pronto tuvo un déjà-vu de algunas de las pirámides en las que habían tenido que entrar. Esas también estaban llenas de trampas y protecciones que tenían que sortear para llegar al centro, donde estaba el tesoro. Era muy parecido a lo que iban a intentar esos tres, con la diferencia de que su equipo y él no tenían que hacerlo más rápido que otra persona que quería llegar antes que ellos, sino que podían tomarse todo el tiempo que necesitasen para correr los menores riesgos posibles.

Merlín, esto no le gustaba ni un pelo.

Ver la puerta abierta les hizo tomar plena conciencia de aquello a lo que tenían que enfrentarse. Por debajo de la capa, Harry se volvió hacia los otros dos.

Si queréis regresar, no os lo reprocharé —dijo—. Podéis llevaros la capa, no la voy a necesitar.

- ¿Todavía intentaste que se fuesen? - preguntó Neville incrédulo.

- Todavía no había aprendido - Ron puso los ojos en blanco y le dio un codazo a su mejor amigo, aún invisible -. Va mejorando, ¿verdad, Harry?

Él solo puso los ojos en blanco y le devolvió el codazo.

Hermione les ignoró con facilidad.

- No creo que lo vuelva a sugerir - dijo tranquilamente, mirando un segundo a Harry con las cejas alzadas como retándole a contradecirla -. Hace mucho que no lo intenta y ahora encima hemos recibido la carta diciéndole que no lo haga.

No seas estúpido —dijo Ron.

Vamos contigo —dijo Hermione.

Harry empujó la puerta.

Cuando la puerta crujió, oyeron unos gruñidos. Los tres hocicos del perro olfateaban en dirección a ellos, aunque no podía verlos.

Todos se tensaron, casi esperando que Fluffy se abalanzase sobre ellos. Tres cabezas y tres niños. Tres aperitivos para la mascota de Hagrid.

¿De dónde estaban viniendo esos pensamientos? No lo sabían, pero eran un poco demasiado morbosos para su gusto en la situación en la que estaban.

¿Qué tiene en los pies? —susurró Hermione.

Parece un arpa —dijo Ron—. Snape debe de haberla dejado ahí.

- ¿Un arpa? - repitió Dean, incapaz de reprimir un bufido divertido -. ¿Snape toca el arpa?

- Eso no lo había visto venir - dijo Charlie, levantando las cejas sorprendido.

- Yo no me imaginaba a Quejicus tocando el arpa - reconoció Sirius. Tal vez en otro momento se habría burlado, pero tenía los nervios demasiado a flor de piel para planteárselo siquiera.

Remus frunció el ceño. Era cierto que, de todos los instrumentos que existían, jamás habría pensado que Snape elegiría el arpa. ¿Podía ser que lo que había pensado antes fuese cierto? ¿Podía Snape ser inocente?

Debe despertarse en el momento en que se deja de tocar —dijo Harry—. Bueno, empecemos...

Se llevó a los labios la flauta de Hagrid y sopló. No era exactamente una melodía, pero desde la primera nota los ojos de la bestia comenzaron a cerrarse. Harry casi ni respiraba. Poco a poco, los gruñidos se fueron apagando, se balanceó, cayó de rodillas y luego se derrumbó en el suelo, profundamente dormido.

- Bueno, no eres ninguna maravilla - dijo Fred, mirando al hueco entre Ron y Hermione.

- Pero supongo que Fluffy no es demasiado quisquilloso con sus canciones de cuna - dijo George con una sonrisa burlona mientras escuchaban la maraña de notas desafinadas que estaba tocando Harry.

- Como si vosotros tocaseis un instrumento mucho mejor - bufó Harry, poniendo los ojos en blanco. Agradecía que pudiesen bromear todavía, pero no se le daba tan mal tocar la flauta. No había que ser muy hábil para tocar algo con ese instrumento, aunque no tuviese sentido.

Sigue tocando —advirtió Ron a Harry, mientras salía de la capa y se arrastraba hasta la trampilla. Podía sentir la respiración caliente y olorosa del perro, mientras se aproximaba a las gigantescas cabezas.

- Ron… - dijo Molly, agarrando la mano de su marido y mirando a su hijo un poco pálida. No quería imaginarse a su hijo tan cerca de esa criatura.

- Estuve bien, mamá. No me tocó en ningún momento. Te lo prometo - le aseguró Ron rápidamente, dando gracias porque era completamente verdad por una vez.

La señora Weasley suspiró resignada, pero se calmó un poco. De momento estaban bien, estaban bien, se repitió a sí misma en la cabeza una y otra vez.

Creo que podemos abrir la trampilla —dijo Ron, espiando por encima del lomo del perro—. ¿Quieres ir delante, Hermione?

- Qué caballero, Ron - dijo Charlie sarcástico.

- Cierra el pico, Charlie - replicó él sin inmutarse.

Sinceramente, le daba igual lo que pensasen de él en ese momento. Él conocía a Harry y a Hermione para entonces muy bien, muy muy bien, a decir verdad. Antes de llegar a esa habitación, ya sabía que Harry iba a querer saltar el primero y sabía que ellos dos harían lo que fuese para proteger a Hermione.

Notó a Harry cogerle el brazo durante un momento y darle un apretón. No le sorprendió en absoluto que Harry supiese lo que estaba pensado ni por qué él le había preguntado eso a Hermione.

¡No, no quiero!

Justo por eso. Sabía que Hermione no iba a querer ir la primera, pero si insinuaban que mejor que fuese la última por si acaso, habría sido la primera en dejarse caer por la trampilla. Ella también era muy cabezota, casi tanto como Harry, y tenía su orgullo.

Tal y como él lo había hecho, Hermione sería la última en bajar. Si algo salía mal, sería la que más posibilidades tendría de salir ilesa, tal y como había ocurrido. Por eso Harry le había dado la flauta a Hermione, asegurándose así todavía más de que ella sería la última en bajar.

Si el resto creía que era cobarde o lo que fuese por no ofrecerse a ir delante de Hermione, eso era su problema. A él y a Harry les bastaba con saber que ella estaba tan a salvo como podía estar en esa situación.

Muy bien. —Ron apretó los dientes y anduvo con cuidado sobre las patas del perro. Se inclinó y tiró de la argolla de la trampilla, que se levantó y abrió.

¿Qué puedes ver? —preguntó Hermione con ansiedad.

Nada... sólo oscuridad... no hay forma de bajar, hay que dejarse caer.

- Qué acogedor. Precioso - dijo Bill sarcástico, abrazando a su hermana un poco más cerca.

- ¿Algún hechizo que ayude a bajar sin que se maten? - preguntó Charlie nervioso.

Su hermano mayor se encogió de hombros, sintiéndose inútil.

- Sin saber cómo de profundo es ni si hay algún tipo de protección que vaya a reaccionar si hacen magia…

- Genial - bufó Tonks, su pelo pasando a un amarillo pálido -. ¿Y entonces?

Bill solo se encogió de hombros. Si estuviese allí personalmente…

Harry, que seguía tocando la flauta, hizo un gesto para llamar la atención de Ron y se señaló a sí mismo.

Solo entonces se dieron cuenta todos de que Harry había aparecido de nuevo. Sin embargo, verle a él y a sus dos mejores amigos tan tensos y pálidos no ayudaba a nadie. ¿Estaban así por lo que venía a continuación? ¿Qué había al fondo?

¿Quieres ir primero? ¿Estás seguro? —dijo Ron—. No sé cómo es de profundo ese lugar. Dale la flauta a Hermione, para que pueda seguir haciéndolo dormir.

Harry le entregó la flauta y, en esos segundos de silencio, el perro gruñó y se estiró, pero en cuanto Hermione comenzó a tocar volvió a su sueño profundo.

Harry se acercó y miró hacia abajo. No se veía el fondo.

- ¿Qué vas a hacer, Harry? ¿Qué estás planeando? - murmuró Sirius por lo bajo, agarrando la mano de su sobrina con fuerza.

- No ha cogido ninguna cuerda, ¿no? - preguntó ella por lo bajo. No recordaba que el libro mencionase ninguna cuerda en algún momento.

- No - negó Remus -. Y tampoco creo que ni siquiera Hermione fuese lo suficientemente buena en primero para transformar algo en una.

- ¿Qué piensan hacer entonces? - murmuró la metamorfomaga, mirando a los tres niños.

Se descolgó por la abertura y quedó suspendido de los dedos.

Los ojos de muchos se abrieron como platos y se giraron de golpe hacia Harry.

- ¡¿Piensas saltar sin más?! - exclamó Sirius, sintiendo que iba a tener un ataque de pánico.

Harry tragó con nerviosismo y se encogió de hombros.

- No nos quedaba otra. ¿Qué podíamos haber hecho sino?

- ¡No sabes cómo de grande es la caída! ¡Podías haberte matado! - exclamó Angelina horrorizada.

- Bueno, no teníamos una escoba o algo a mano para bajar con cuidado - se defendió Harry.

- ¿Pero cómo sabías que iba a ir bien? - preguntó Katie pálida, aferrándose a los reposabrazos del sillón.

- No lo sabía. Por eso era un riesgo y por eso quise ir el primero - respondió Harry como si fuese obvio.

No supieron qué responder. ¿Qué dices cuando oyes algo así? ¿Eres un inconsciente que no se da cuenta de los peligros que corre? ¿Eres un buen Gryffindor? ¿Nos vas a matar a todos del susto en alguno de estos libros?

Miró a Ron y dijo:

Si algo me sucede, no sigáis. Id directamente a la lechucería y enviad a Hedwig a Dumbledore. ¿De acuerdo?

- ¿Por qué no hicisteis eso desde el principio? - dijo la señora Weasley angustiada -. ¿Por qué no podía ser ese el plan en vez de ir tras la Piedra vosotros mismos?

- Porque la lechuza tardaría demasiado en llegar. No habría podido alcanzar a Dumbledore antes de que la Piedra fuese robada - dijo Hermione, que lo había sugerido cuando el plan de vigilar a Snape había fallado.

- Era el plan B, pero sabíamos que no funcionaría. Para entonces sería demasiado tarde - dijo Ron con una mueca.

De acuerdo —respondió Ron.

Harry se giró hacia Ron y le miró fijamente durante un segundo.

- No pensabas ir, ¿verdad? - murmuró para que solo él y Hermione le oyesen.

Ron le envió una media sonrisa y se encogió de hombros.

- ¿Y dejarte ahí abajo a ti solo? Ni de coña, colega - admitió -. Habría saltado a buscarte antes.

Harry suspiró, preguntándose una vez más qué había hecho para merecer dos amigos como Ron y Hermione.

- Harry, tú saltarías detrás de nosotros sin dudarlo ni un momento - musitó Hermione, dándole un apretón en la mano -. No esperes que nosotros no hagamos lo mismo.

- Eso es lo que me da miedo - musitó el chico. Eso era lo que más miedo le daba. Arrastrar a sus amigos a algo de lo que no pudiesen salir con vida.

Nos veremos en un minuto, espero...

Y Harry se dejó caer. Frío, aire húmedo mientras caía, caía, caía y...

- Por favor, por favor, por favor - murmuraba Sirius por lo bajo, apretando tanto la mano de Tonks que se le empezaron a poner los dedos morados a la metamorfomaga, pero ella no dijo una palabra.

Estaban todos conteniendo la respiración, esperando que estuviese bien. No sabían si mirar al libro o a Harry, vigilando para ver si hacía alguna mueca de dolor. Solo querían que estuviese bien.

¡PAF! Aterrizó en algo mullido, con un ruido suave y extraño. Se incorporó y miró alrededor, con ojos desacostumbrados a la penumbra. Parecía que estaba sentado sobre una especie de planta.

Hubo un suspiro colectivo de alivio.

- Menos mal - dijo Angelina, relajándose en su asiento.

Los únicos que no se relajaron en absoluto fueron los profesores y el trío del sofá, que solo seguían poniéndose más y más nerviosos porque sabían qué era lo que venía.

- Utilizaste Lazo del Diablo, ¿no, Pomona? - murmuró McGonagall. Tenía una mano en el pecho y los labios fruncidos por la preocupación por sus leones.

- Sí - respondió la profesora de Herbología con un hilo de voz. Estaba pálida como el papel al pensar en el daño que esa planta podía hacerles a tres alumnos de primero. ¿Cómo habían superado su prueba?

- Merlín - dijo Flitwick, su voz más aguda todavía de lo normal.

- Ahora están bien, por lo menos - intentó convencerse McGonagall, mirando fijamente a los tres alumnos de su casa.

¡Todo bien! —gritó al cuadradito de luz del tamaño de un sello, que era la abertura de la trampilla—. ¡Fue un aterrizaje suave, puedes saltar!

- ¿Suave? Eso no es un aterrizaje suave - dijo Seamus con un deje de histeria en la voz.

- La planta frenó la caída - dijo Harry, haciendo todo lo posible para permanecer tranquilo. Ahora que estaba prestando atención, casi podía sentir la planta enrollándose en torno a sus piernas, pero no estaba seguro de si era el hechizo o su propia paranoia.

Ron y Hermione no estaban mucho mejor de nervios. Seguían mirando de reojo a Harry, esperando a que empezase a mostrar los signos de que sentía a la planta estrangularle. ¿Sentiría eso? ¿El hechizo también cubriría eso?

Ron lo siguió de inmediato. Aterrizó al lado de Harry.

¿Qué es esta cosa? —fueron sus primeras palabras.

No sé, alguna clase de planta. Supongo que está aquí para detener la caída. ¡Vamos, Hermione!

- Las cosas no están sin motivo, Potter. Y frenar la caída de posibles ladrones no es uno de ellos - espetó Moody, fijando ambos ojos en el chico.

- Lo sé - dijo Harry, devolviéndole la mirada.

- ¿Lo sé? - repitió Sirius, entrando en pánico -. ¿Qué quieres decir con 'lo sé'?

- Era la protección de la profesora Sprout - contestó Harry encogiéndose de hombros. Miró a su profesora y le envió una media sonrisa -. Era muy buena, profesora.

- Ahora mismo no me alegro de que lo fuese, señor Potter - replicó ella con la voz ahogada y una expresión de horror en el rostro que no hizo para tranquilizar a los demás.

- ¿Qué era? ¿Qué planta era esa? - preguntó Remus con los ojos como platos.

- Ahora lo veréis - respondió Harry antes de que pudiesen empezar a interrogar a Sprout.

La música lejana se detuvo. Se oyó un fuerte ladrido, pero Hermione ya había saltado. Cayó al otro lado de Harry.

Debemos de estar a kilómetros debajo del colegio —dijo la niña.

- Esa parte del colegio no me suena - dijo Remus, pensando en qué salidas podían tener que no fuese por esa trampilla tan arriba.

- A mí tampoco - gruñó Sirius.

- ¿Eso significa que Harry ha encontrado una parte del castillo que vosotros no conocíais? - preguntó Tonks con una débil sonrisa que no acababa de ocultar el pánico que sentía por los tres niños en ese momento.

- Fue una extensión del castillo que se creó temporalmente con el explícito propósito de proteger la Piedra - explicó Dumbledore, mucho más serio que de costumbre.

- Entonces Harry todavía no ha completado el imposible - murmuró ella.

Me alegro de que esta planta esté aquí —dijo Ron.

- No, ya no me alegro en absoluto - murmuró Ron pálido y apretando los dientes.

- Yo tampoco - musitó Harry. Ahora no le quedaba ninguna duda de que podía sentir la planta enrollándose alrededor de sus piernas y estrujando, lo cual era de lo más raro ya que podía seguir moviéndose perfectamente. Estaba haciendo todo lo posible para permanecer calmado, pero no era fácil cuando sabía que ni siquiera estaba ocurriendo de verdad y no podía defenderse de ninguna forma. Hermione no podía acudir en su ayuda esa vez con el fuego azulado que conjuraba.

¿Te alegras? —gritó Hermione—. ¡Miraos!

- Oh, Merlín - dijo la señora Weasley abriendo mucho los ojos. ¿Qué estaba asustando a Hermione tanto?

Hermione saltó y chocó contra una pared húmeda. Tuvo que luchar porque, en el momento en que cayó, la planta comenzó a extenderse como una serpiente para sujetarle los tobillos. Harry y Ron, mientras tanto, ya tenían las piernas totalmente cubiertas, sin que se hubieran dado cuenta.

- Oh, Merlín - repitió la señora Weasley, ahora mucho más angustiada.

- ¿Qué es eso? - preguntó Ginny aterrorizada.

- Es Lazo del Diablo - dijo Neville con los ojos como platos.

- ¿Lazo del Diablo? - repitió George. No le gustaba para nada ese nombre.

- ¿Qué demonios es eso? - preguntó Fred con brusquedad.

- Si no os importa - intervino Harry antes de que Neville pudiese responder -, Hermione nos lo explicó en unos segundos y va a aparecer en seguida.

Podía empezar a notar como la planta le estrujaba el pecho y comenzaba a ser difícil respirar. No era agradable. Quería que parara cuanto antes posible.

Hermione pudo liberarse antes de que la planta la atrapara. En aquel momento miraba horrorizada, mientras los chicos luchaban para quitarse la planta de encima, pero mientras más luchaban, la planta los envolvía con más rapidez.

Harry jadeó y se llevó las manos a las costillas instintivamente antes de poder refrenarse. Eso atrajo las miradas de todos y no les gustó en absoluto el brillo de pánico que se podía empezar a ver.

- Harry… - murmuró Sirius en pánico. Estaba viendo a su ahijado asfixiarse delante de él y no podía hacer absolutamente nada para evitarlo.

- Estoy bien. Seguid leyendo - jadeó, tratando de coger aire. Notó a Hermione cogerle de la mano con fuerza y a Ron sujetarle del hombro por si se inclinaba hacia delante y, por mucho que le reconfortaba saber que estaban ahí, no era lo que necesitaba en ese momento para librarse de la presión en el pecho.

¡Dejad de moveros! —ordenó Hermione—. Sé lo que es esto. ¡Es Lazo del Diablo!

Oh, me alegro mucho de saber cómo se llama, es de gran ayuda —gruñó Ron, tratando de evitar que la planta trepara por su cuello.

- ¡Ron! - exclamó la señora Weasley, pero ni ella misma sabía si era para regañarle por hablar así a Hermione o si era por el pánico de saber que la planta estaba intentando estrangularle.

- Estoy bien, mamá - respondió él sin apartar los ojos de Harry, que se estaba poniendo rojo por falta de aire.

- Vamos, Harry, sabes que no queda mucho. En seguida nos libramos de ella - murmuraba Hermione con la voz temblándole ligeramente.

¡Calla, estoy tratando de recordar cómo matarla! —dijo Hermione.

¡Bueno, date prisa, no puedo respirar! —jadeó Harry, mientras la planta le oprimía el pecho.

- Merlín - dijo la profesora Sprout, llevándose una mano a la boca para contener un sollozo horrorizado. Esto no tenía que ocurrir así.

- Pomona… - dijo McGonagall, cogiéndole la mano, pero sin saber cómo consolarla.

- Se suponía que iba a retener a cualquier ladrón que intentase robarla, Minerva. Mi prueba esta asfixiando a dos de nuestros alumnos de primero - dijo ella, sus ojos fijos en el pequeño niño tratando de coger aire en el sofá -. Se suponía que tenían que estar a salvo.

- Lo sé - dijo la jefa de la casa de Gryffindor, sintiendo cómo se le cerraba la garganta.

- No sabía que les había hecho daño - dijo Sprout con lágrimas en los ojos. Su labor como profesora era proteger a sus alumnos, no hacerles daño -. No tenía ni idea.

- Ninguno lo sabíamos, Pomona - murmuró Flitwick, tan ansioso como los demás por ver cómo se libraban de la planta. Y, especialmente, por que llegase el momento en el que Harry pudiese volver a respirar con normalidad.

Lazo del Diablo, Lazo del Diablo... ¿Qué dijo la profesora Sprout?... Le gusta la oscuridad y la humedad...

¡Entonces enciende un fuego! —dijo Harry.

- Eso. Un fuego. Odian el fuego - dijo Neville, retorciendo las manos en su regazo.

Sí... por supuesto... ¡pero no tengo madera! —gimió Hermione, retorciéndose las manos.

- ¡Hermione! - gritaron muchos, fulminándola con la mirada.

- ¡Usa la varita, niña! ¡Tienes magia por algo! - bramó Ojoloco.

- ¡Hey! - espetó Ron, fulminándoles a todos con la mirada -. ¡Dejadla en paz! ¡Ella ni siquiera tenía por qué haber sabido cómo librarse de la cosa esa!

- No fue… tu culpa - dijo Harry, apañándoselas para sonreírle a Hermione, que tenía los ojos llenos de culpa.

- Calla, Harry. No estás para desperdiciar aire hablando - dijo Hermione, estrujándole la mano.

- Seguid leyendo - espetó Ron, perdiendo la paciencia. Se estaban parando demasiado. La última vez la planta no había estado asfixiándoles tanto rato y los labios de Harry se empezaban a poner azules.

¿TE HAS VUELTO LOCA? —preguntó Ron—. ¿ERES UNA BRUJA O NO?

- Pues es básicamente lo mismo que ha dicho Ojoloco - musitó Tonks por lo bajo.

¡Oh, de acuerdo! —dijo Hermione. Agitó su varita, murmuró algo y envió a la planta unas llamas azules como las que había utilizado con Snape. En segundos, los dos muchachos sintieron que se aflojaban las ligaduras, mientras la planta se retiraba a causa de la luz y el calor. Retorciéndose y alejándose, se desprendió de sus cuerpos y pudieron moverse.

Harry cogió aire con avidez, respirando grandes bocanadas hasta que se calmó.

- ¿Mejor? - preguntó Hermione, mirándole con preocupación.

- Estoy bien - la tranquilizó con una sonrisa -. Ya sabíamos que iba a estar bien.

- No podemos entretenernos tanto hablando en estos momentos - gruñó Ron sin quitar la mano del hombro de Harry.

- Eso es cierto - dijo Arthur. Él, como todos los demás, estaba mirando al trío de oro mientras Harry se calmaba -. Podemos dejar los comentarios para más tarde, cuando no esté el hechizo afectándote, Harry.

- Ahora estoy bien, señor Weasley. Ya sabíamos lo que iba a pasar - se encogió de hombros Harry.

- Eso no quita que a lo mejor podías haber estado pasando por eso un poco menos de tiempo si nos hubiésemos callado - admitió Alicia, sintiendo una punzada de culpabilidad.

- Da igual. Para la próxima - sonrió Harry sin darle importancia. No era culpa suya que el hechizo este le afectase a él.

Me alegro de que hayas aprendido bien Herbología, Hermione —dijo Harry, mientras se acercaba a la pared, secándose el sudor de la cara.

- Yo también. Estoy muy orgullosa de usted, señorita Granger - dijo Sprout, consiguiendo mandarle una sonrisa a la niña, pero era algo temblorosa.

- ¿Se encuentra bien, profesora? - preguntó Hermione, frunciendo el ceño ligeramente.

- No coloqué esa planta ahí para asfixiar a mis alumnos, señorita Granger. Eso no tendría que haber pasado - dijo ella, apretando las manos en puños para evitar que temblasen -. Siento mucho haberles hecho daño a los tres, y a usted ahora de nuevo, señor Potter.

Se quedaron pasmados en sus asientos, mirando a la bruja como si le hubiese crecido una segunda cabeza.

- No fue culpa suya, profesora - dijo Harry, saliendo de su estupor -. Ni lo de el año pasado ni mucho menos lo de ahora.

- Nosotros quisimos ir a proteger la Piedra - asintió Ron -. Cualquier cosa que nos pasase por ir a ese sitio es cosa nuestra, no de ninguno de los profesores por proteger la Piedra. Se suponía que eso era lo que tenían que hacer las pruebas.

- Y lo de ahora es culpa de los que enviaron la carta y crearon los libros - dijo Harry, apartando de su mente la posibilidad de que fuesen ellos tres, tal y como había sugerido Luna. No quería pensar en eso en ese momento.

Los profesores no estaban convencidos. Era su deber proteger a los alumnos y estaban fallando estrepitosamente con esos tres, sobre todo con Harry. Iban a tener que esforzarse más en el futuro.

Sí —dijo Ron—, y yo me alegro de que Harry no pierda la cabeza en las crisis. Porque eso de «no tengo madera»... francamente...

- Fue genial - rio Harry por lo bajo, dándole un codazo a Hermione y sonriendo.

- No fue genial. Casi os asfixiáis. Casi te asfixias de nuevo, Harry - replicó la niña, regañándose mentalmente por ese momento de duda que había tenido.

- Entraste en pánico, Hermione. Los tres entramos en pánico - dijo Ron, quitándole importancia -. Al final nos sacaste de ahí.

Hermione suspiró y no discutió, sabiendo que no valía la pena. Sin embargo, la próxima vez no iba a bloquearse de esa forma cuando Harry y Ron la necesitaban. No iba a permitirlo.

Por aquí —dijo Harry, señalando un pasadizo de piedra que era el único camino.

Lo único que podían oír, además de sus pasos, era el goteo del agua en las paredes. El pasadizo bajaba oblicuamente y Harry se acordó de Gringotts. Con un desagradable sobresalto, recordó a los dragones que decían que custodiaban las cámaras, en el banco de los magos. Si encontraban un dragón, un dragón más grande... Con Norberto ya habían tenido suficiente...

- No encontrasteis un dragón, ¿verdad? - preguntó Charlie. No tenían ninguna posibilidad de vencerle ellos tres por su cuenta. No eran suficientes para que ninguno de sus hechizos, incluso si conocían alguno, le afectase.

- No. Menos mal - dijo Harry, consiguiendo que muchos se relajasen un poco.

¿Oyes algo? —susurró Ron.

Harry escuchó. Un leve tintineo y un crujido, que parecían proceder de delante.

¿Crees que será un fantasma?

No lo sé... a mí me parecen alas.

- Mi prueba - dijo Flitwick en un murmullo. Estaba de los nervios a pesar de saber que, aunque su prueba era difícil, no era especialmente peligrosa a no ser que utilizasen magia.

- Eran llaves encantadas, ¿no, Flitwick? - preguntó McGonagall para estar segura.

- Sí - asintió él -. Espero que no les hiciesen daño.

Llegaron hasta el final del pasillo y vieron ante ellos una habitación brillantemente iluminada, con el techo curvándose sobre ellos. Estaba llena de pajaritos brillantes que volaban por toda la habitación. En el lado opuesto, había una pesada puerta de madera.

- ¿Pajaritos? - repitió Bill perplejo. Nunca se había topado con una protección así.

- ¿De quién creéis que es esa protección? - preguntó Dean, mirando a los profesores como intentando averiguar quién podía haberla planeado.

- Del profesor Flitwick, por supuesto - respondió Luna tranquilamente.

- ¿Y tú cómo lo sabes? - preguntó Lavander perpleja.

- Tiene razón - intervino Harry -. Era la del profesor Flitwick.

- ¿Y puso pajaritos? - dijo Bill extrañado. Seguía intentando comprender qué clase de prueba se podía haber inventado el profesor de Encantamientos. El problema era que la rama de Encantamientos era tan amplia que podía ser cualquier cosa.

¿Crees que nos atacarán si cruzamos la habitación? —preguntó Ron.

- No te arriesgues a ello - dijo Tonks -. Crea un escudo o algo.

- No saben crear escudos todavía, Tonks - dijo Sirius -. Son solo de primero.

- ¿Y entonces? - preguntó ella.

- Si hemos aprendido algo de Harry desde ayer, yo diría que va a correr - dijo Remus, rezando para que no fuese así.

- ¿Tú crees que haría eso? - preguntó la metamorfomaga con los ojos como platos. Se paró a pensarlo un segundo antes de suspirar -. Bueno, después de que saltase sin saber dónde estaba el fondo, tampoco me sorprende tanto.

Es probable —contestó Harry—. No parecen muy malos, pero supongo que si se tiran todos juntos... Bueno, no hay nada que hacer... voy a correr.

Respiró profundamente, se cubrió la cara con los brazos y cruzó corriendo la habitación. Esperaba sentir picos agudos y garras desgarrando su cuerpo, pero no sucedió nada.

- Estás loco - dijo George, sin saber si quería abrazar a Harry o estrangularle por hacer una cosa así.

- Rematadamente loco - asintió Fred de acuerdo.

- No podíamos quedarnos mirando eternamente - se defendió Harry -. Y tampoco podíamos hacer nada más. Hacia atrás teníamos el Lazo del Diablo.

Muchos reprimieron un escalofrío.

- Sí, casi que prefiero los pajaritos - decidió Bill.

Alcanzó la puerta sin que lo tocaran. Movió la manija, pero estaba cerrada con llave.

Los otros dos lo imitaron. Tiraron y empujaron, pero la puerta no se movía, ni siquiera cuando Hermione probó con su hechizo de Alohomora.

- ¿Y ahora qué? - preguntó Seamus un poco perdido.

- Los pájaros - dijo Angelina -. Tienen que servir para algo, ¿no?

¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Ron.

Esos pájaros... no pueden estar sólo por decoración —dijo Hermione.

Observaron los pájaros, que volaban sobre sus cabezas, brillando... ¿Brillando?

¡No son pájaros! —dijo de pronto Harry—. ¡Son llaves! Llaves aladas, mirad bien. Entonces eso debe significar... —Miró alrededor de la habitación, mientras los otros observaban la bandada de llaves—. Sí... mirad ahí. ¡Escobas! ¡Tenemos que conseguir la llave de la puerta!

- ¿Tenéis que cazar la llave que abre la puerta? - preguntó Oliver curioso. Su mente se iba inevitablemente a lo mucho que ayudaría eso a mejorar en los entrenamientos de quidditch.

- Sí - sonrió Harry. Esa prueba le había gustado y todo.

- ¿Y no sería más fácil utilizar un encantamiento convocador? Así además no tendrías que averiguar siquiera cuál es la correcta - dijo Alicia. Lo habían aprendido ese mismo año y habían descubierto lo útil que era cuando te daba demasiada pereza ir a buscar algo.

- ¡No! - exclamó el profesor Flitwick, sobresaltando a muchos.

- ¿No? - repitió Alicia confundida -. ¿Por qué no?

- Había encantamientos en esa sala para evitar que se pudiese atrapar la llave de esa forma, señorita Spinnet - explicó el profesor -. Utilizar cualquier tipo de hechizo en esa sala habría causado que todas las llaves se lanzasen a atacar a los que estuviesen ahí.

Todo el mundo palideció un poco, especialmente los tres que habían estado ahí en ese momento.

- Entonces es estupendo que no utilizásemos magia para atrapar la llave que necesitábamos, ¿no? - dijo Harry con una sonrisa forzada.

- ¿Y cómo sabíais que las escobas no estaban hechizadas o algo? - dijo Fred, levantando una ceja. Algo le decía que no le iba a gustar la respuesta.

- Ya le echaron el mal de ojo a la tuya en el primer partido de quidditch - dijo George, recordándolo con una mueca. Seguía gustándole tan poco como antes el recordarlo.

Harry, Ron y Hermione intercambiaron una mirada.

- No lo sabíamos - respondieron a la vez.

- Oh, genial - bufó Bill, poniendo los ojos en blanco.

¡Pero hay cientos de llaves!

Ron examinó la cerradura de la puerta.

Tenemos que buscar una llave grande, antigua, de plata, probablemente, como la manija.

Se giraron sorprendidos hacia Ron.

- Vaya, hermanito, eso no ha estado nada mal - silbó Charlie con una sonrisa orgullosa.

- Ha sido un estupendo uso de la lógica, Ron - felicitó Percy.

- No sé a qué viene el tono de sorpresa - bufó Ron por lo bajo, pero tenía las orejas rojas e intentaba esconder una sonrisa.

Cada uno cogió una escoba y de una patada estuvieron en el aire, remontándose entre la nube de llaves. Trataban de atraparlas, pero las llaves hechizadas se movían tan rápidamente que era casi imposible sujetarlas.

- ¿Sujetarlas? - resopló Hermione, apartándose el pelo de la cara impacientemente -. Más bien distinguirlas. Yo ni siquiera veía si eran llaves o pájaros o si tenían alas.

- ¿En serio? - preguntó Harry sorprendido.

- Sabíamos que eran llaves porque tú habías dicho que eran llaves, Harry, pero creo que ni Hermione ni yo las distinguíamos. Solo sabíamos que había cientos de cosas diminutas volando a nuestro alrededor a toda velocidad - se encogió de hombros Ron.

Harry los miraba perplejo a ambos.

- Pero entonces…

- Las llaves estaban hechizadas para que fuesen mucho más rápido que una snitch normal, señor Potter - intervino el profesor Flitwick -. Si ya hay pocas personas que sean capaces de ver una snitch normal, mucho menos atraparla, se trataba de dificultar todavía más la tarea.

- Pero… - empezó a decir Harry confundido. Él podía distinguir las llaves perfectamente. Había tardado un poco en encontrar la que necesitaban, pero eso había sido más por la enorme cantidad de llaves que otra cosa.

- La prueba estaba preparada para que fuese casi imposible atrapar la llave correcta sin magia, señor Potter - sonrió el profesor Flitwick divertido.

- Y entonces el ladrón intentaría utilizar un hechizo y las llaves le atacarían - dijo Angelina, abriendo los ojos como platos.

- Es usted bueno, profesor - sonrió Fred, mirando a Flitwick.

- Una pena que no contase con Harry. Todavía no ha habido una vez en la que no haya atrapado la snitch - dijo George, relajándose. Esta prueba era pan comido para esos tres siempre y cuando no usasen magia.

Pero no por nada Harry era el más joven buscador del siglo. Tenía un don especial para detectar cosas que la otra gente no veía. Después de unos minutos moviéndose entre el remolino de plumas de todos los colores, detectó una gran llave de plata, con un ala torcida, como si ya la hubieran atrapado y la hubieran introducido con brusquedad en la cerradura.

¡Es ésa! —gritó a los otros—. Esa grande... allí... no, ahí... Con alas azul brillante... las plumas están aplastadas por un lado.

La sonrisa de orgullo de Oliver podía haber iluminado la habitación en ese momento. Se giró de golpe hacia el profesor de Encantamientos.

- Profesor Flitwick, ¿podría enseñarme cómo hacer ese hechizo? ¿O alguno parecido? - suplicó.

El diminuto profesor le miró sorprendido.

- ¿De dónde viene ese interés por este hechizo, señor Wood?

- Sería perfecto para que Harry practicase en los entrenamientos. Si practica con una snitch que sea mucho más rápida de lo normal, le será muy fácil atraparla durante los partidos - explicó Oliver emocionado.

- No es un hechizo fácil, señor Wood - le advirtió Fitwick, pero sabía que era un caso perdido. No era ningún secreto que Oliver no tenía límites en lo que se refería al quidditch.

- Da igual, profesor. Practicaré durante el verano y podremos usarlo el año que viene - dijo, planeando en su cabeza cómo iba a organizarlo. Había cumplido los diecisiete hacía unos meses así que no tenía problema con lo de hacer magia para practicar.

- Oh, Merlín, ya sabía yo que leer estos libros no iba a ser buena idea - dijo Harry, mirando a su capitán de quidditch con aprehensión.

- Como me alegro de no ser yo la buscadora - dijo Alicia, mirando a Harry con compasión y diversión al mismo tiempo.

- Nos va a tocar pararle los pies a Wood el año que viene si no queremos que Harry acabe agotado en cada entrenamiento - suspiró Angelina resignada. Sabía que el niño no intentaría pararle así que iba a recaer de nuevo en las tres cazadoras y los gemelos Weasley para que no se fuese de las manos.

- Tampoco es como si Harry necesitase mucha práctica - resopló Fred -. No sé qué pretende conseguir Wood con esa tortura de entrenamiento.

- Ya hemos comprobado que, pensando en otra docena de cosas al mismo tiempo, Harry sigue atrapando la snitch - asintió George.

Ron se lanzó a toda velocidad en aquella dirección, chocó contra el techo y casi se cae de la escoba.

- ¿Ves? No distinguía las llaves - admitió Ron, ruborizándose algo avergonzado.

- ¿Así que te lanzaste sin más en esa dirección? - preguntó su madre, apretando los labios y entrecerrando los ojos.

- Solo estaba intentando ver dónde estaba - se defendió Ron, alejándose discretamente de ella.

¡Tenemos que encerrarla! —gritó Harry, sin quitar los ojos de la llave con el ala estropeada—. Ron, ven desde arriba, Hermione, quédate abajo y no la dejes descender. Yo trataré de atraparla. Bien: ¡AHORA!

- Bueno, ya sabemos quién va a ser capitán en el futuro - sonrió Katie, cruzándose de brazos y mirando a Harry orgullosa.

- Ya sabíamos todos que Harry tenía madera de líder - dijo Alicia.

- Va a ser un capitán tan duro como Oliver, o peor - se rio George.

- Casi me dan pena los que estén en su equipo en ese momento - rio también Fred.

- ¿Y si es vuestro capitán en el futuro? - preguntó Alicia, sonriendo pícara.

Los gemelos intercambiaron una mirada.

- No dará tiempo. Solo nos quedan tres años en Hogwarts, como mucho - dijo Fred.

- Y eso si decidimos hacer los ÉXTASIS - añadió George por lo bajo para que no les oyese su madre. Lo último que necesitaban era el circo que les iba a montar si se enteraba que no sabían si querían sacarse los ÉXTASIS.

Ron se lanzó en picado, Hermione subió en vertical, la llave los esquivó a ambos, y Harry se lanzó tras ella. Iban a toda velocidad hacia la pared, Harry se inclinó hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplastó contra la piedra con una sola mano. Los vivas de Ron y Hermione retumbaron por la habitación.

También lo hicieron en el Gran Comedor los de todos. Todo el mundo lo celebró, no solo los que eran cercanos a Harry. Incluso muchos Slytherin se unieron a los vítores, hasta que parecía que habían ganado la copa de quidditch.

Aterrizaron rápidamente y Harry corrió a la puerta, con la llave retorciéndose en su mano. La metió en la cerradura y le dio la vuelta... Funcionaba. En el momento en que se abrió la cerradura, la llave salió volando otra vez, con aspecto de derrotada, pues ya la habían atrapado dos veces.

- Menos mal que no les hice daño - suspiró Flitwick aliviado. No sabía cómo habría reaccionado si hubiesen dicho en el libro que las llaves les habían atacado.

- Una prueba menos - dijo Sprout -. La siguiente era la tuya, ¿no, Minerva?

- Sí, sí que lo era - respondió, frunciendo los labios y tratando de que no le temblasen las manos -. Y la mía sí que era muy peligrosa usasen magia o no.

- ¿Qué preparaste exactamente? - preguntó Sprout con aprehensión.

- Un ajedrez mágico gigante - respondió con un hilo de voz. Apretó los puños con fuerza -. Ojalá no les haga mucho daño.

¿Listos? —preguntó Harry a los otros dos, con la mano en la manija de la puerta. Asintieron. Abrió la puerta.

La habitación siguiente estaba tan oscura que no pudieron ver nada. Pero cuando estuvieron dentro la luz súbitamente inundó el lugar, para revelar un espectáculo asombroso.

Estaban en el borde de un enorme tablero de ajedrez, detrás de las piezas negras, que eran todas tan altas como ellos y construidas en lo que parecía piedra. Frente a ellos, al otro lado de la habitación, estaban las piezas blancas. Harry, Ron y Hermione se estremecieron: las piezas blancas no tenían rostros.

- ¿Un tablero de ajedrez? - repitió Charlie perplejo.

- ¿Se supone que tenéis que ganar una partida, o qué? - preguntó Bill, frunciendo el ceño.

- Justo - asintió Ron, mandándole una sonrisa forzada a su hermano mayor -. Teníamos que ganar una partida de ajedrez contra McGonagall.

- ¿McGonagall? - dijo Remus.

- Era su prueba - dijo Harry.

¿Ahora qué hacemos? —susurró Harry.

Está claro, ¿no? —dijo Ron—. Tenemos que jugar para cruzar la habitación.

Detrás de las piezas blancas pudieron ver otra puerta.

¿Cómo? —dijo Hermione con nerviosismo.

Creo —contestó Ron— que vamos a tener que ser piezas.

- Oh, Merlín, esto no me gusta - murmuró Angelina por lo bajo, agarrándole el brazo a George con fuerza.

- Espera - dijo Remus, incorporándose horrorizado -, ¿es un ajedrez mágico?

Las muecas de los tres niños eran respuesta suficiente.

- ¿Y tenéis que ser piezas? - dijo el señor Weasley con los ojos llenos de aprehensión. No podía dejar de pensar en lo que les pasaba a las piezas que eran capturadas.

- Bueno, no tendría ningún peligro si no lo fuésemos - dijo Hermione, encogiéndose de hombros y tratando de no pensar en el miedo que había sentido cuando habían golpeado a Ron.

- ¿Y si intentáis pasar sin jugar? - preguntó Tonks, tragando saliva. Ella sabía muy bien lo buena que era McGonagall al ajedrez. Por algo lo había escogido como prueba.

- No pueden pasar de esa forma - negó con la cabeza la profesora de Transformaciones, intentando no dejarse llevar por el miedo -. Todas las piezas del tablero se lanzarían contra ellos.

- Así que la única opción que tienen es ganarte al ajedrez - dijo Sirius, pasándose la mano por el pelo -. Minnie, ya sabes que Remus y yo te queremos y admiramos un montón, pero ahora mismo espero que pierdas.

-Yo también, Sirius. Yo también - murmuró la profesora por lo bajo, estrechando la mano de Sprout cuando la profesora de Herbología se la cogió. Ella, al contrario que Pomona y Filius, sabía ya que su prueba había hecho daño a uno de sus cachorros de león por lo menos y no quería escuchar los detalles de cómo había sido.

Se acercó a un caballero negro y levantó la mano para tocar el caballo. De inmediato, la piedra cobró vida. El caballo dio una patada en el suelo y el caballero se levantó la visera del casco, para mirar a Ron.

¿Tenemos que... unirnos a ustedes para poder cruzar?

El caballero negro asintió con la cabeza. Ron se volvió a los otros dos.

Esto hay que pensarlo... —dijo—. Supongo que tenemos que ocupar el lugar de tres piezas negras.

Harry y Hermione esperaron en silencio, mientras Ron pensaba. Por fin dijo:

Bueno, no os ofendáis, pero ninguno de vosotros es muy bueno en ajedrez...

- Menos mal que Ron es genial al ajedrez - suspiró Percy aliviado. Sabía que esta prueba al menos la superaban. Ron se lo había dicho, aunque no le había contado todos los detalles.

- ¿Pero es lo suficientemente bueno para derrotar a McGonagall? - preguntó Bill. Él también sabía lo buena que era su antigua jefa de casa.

- Por supuesto que sí - dijo Hermione, casi ofendida ante la idea de que no lo fuese.

- Conseguimos pasar gracias a Ron - dijo Harry. No le gustaba cómo había sido, pero eso era otro caso y no hacía falta que cundiese el pánico antes de tiempo.

No nos ofendemos —dijo rápidamente Harry—. Simplemente dinos qué tenemos que hacer.

- Bien hecho, chico - sonrió Moody, haciendo que resaltasen todas sus cicatrices. Harry solo le miró confundido -. No sabes cuántas veces se van las misiones a la basura porque el orgullo le puede a alguien.

- ¿Lo dices porque le haya dicho a Ron que nos dijese lo que teníamos que hacer? - preguntó Harry perplejo.

- No muchos lo habrían hecho, Potter - la sonrisa de Moody se amplió todavía más, haciéndole parecer más siniestro.

- Pero él es el mejor en ajedrez con diferencia. Sin él no habríamos conseguido pasar y nos habrían atacado las piezas - insistió Harry, igual de confundido que antes.

El auror no contestó. Solo siguió estudiando a esos tres mientras escuchaba la lectura. Formaban un equipo magnífico entre ellos. No estaba seguro de si los tres querrían ser aurores en el futuro, pero si querían… Serían uno de los mejores equipos que había visto nunca.

Bueno, Harry, tú ocupa el lugar de ese alfil y tú, Hermione, ponte en lugar de esa torre, al lado de Harry.

¿Y qué pasa contigo?

Yo seré un caballo.

Las piezas parecieron haber escuchado porque, ante esas palabras, un caballo, un alfil y una torre dieron la espalda a las piezas blancas y salieron del tablero, dejando libres tres cuadrados que Harry, Ron y Hermione ocuparon.

Las blancas siempre juegan primero en el ajedrez —dijo Ron, mirando al otro lado del tablero—. Sí... mirad.

- Ya empieza la partida - dijo Alicia, mordiéndose el labio por los nervios.

- Espero que Ronnie siga siendo tan bueno como siempre - dijo George.

- No le ganamos desde que tenía… ¿Cuántos? ¿Cinco? ¿Seis años? - dijo Fred, frunciendo el ceño mientras intentaba recordar.

- Algo así - asintió George.

- Pero va a tener que jugar mejor que nunca para derrotar a McGonagall - dijo Katie nerviosa.

Un peón blanco se movió hacia delante.

Ron comenzó a dirigir a las piezas negras. Se movían silenciosamente cuando los mandaba. A Harry le temblaban las rodillas. ¿Y si perdían?

- No vais a perder, Harry - dijo Sirius, apretando los dientes.

- Solo estaba nervioso. No creía que las piezas nos dejasen retirarnos como si nada o probar de nuevo si perdíamos - se defendió Harry. Miró a la jefa de su casa -. ¿Verdad, profesora?

- Me temo que no, señor Potter. Solo sobreviven los que ganan la partida - admitió ella, haciendo todo lo posible para permanecer imperturbable.

Harry... muévete en diagonal, cuatro casillas a la derecha.

La primera verdadera impresión llegó cuando el otro caballo fue capturado. La reina blanca lo golpeó contra el tablero y lo arrastró hacia fuera, donde se quedó inmóvil, bocabajo.

- Por favor, que eso no le ocurra a uno de ellos. Por favor, por favor, por favor - murmuraba la señora Weasley una y otra vez, abrazada a su marido.

- Están los tres bien, Molly. No sé qué pasó el año pasado, pero ahora sabemos que están los tres perfectamente ahí sentados - la tranquilizó Arthur, estrechándola cerca.

Tuve que dejar que sucediera —dijo Ron, conmovido—. Te deja libre para coger ese alfil. Vamos, Hermione.

Cada vez que uno de sus hombres perdía, las piezas blancas no mostraban compasión. Muy pronto, hubo un grupo de piezas negras desplomadas a lo largo de la pared. Dos veces, Ron se dio cuenta justo a tiempo para salvar a Harry y Hermione del peligro.

- Merlín - dijo Katie, palideciendo un poco.

- No sé si voy a ser capaz de ver el ajedrez mágico igual a partir de ahora - dijo Alicia.

- Yo creo que no voy a volver a jugar nunca más - decidió Angelina. Solo sería capaz de imaginarse a Harry, Ron o Hermione en el lugar de las piezas cada vez que una fuese capturada.

- Bill - susurró Ginny.

- ¿Qué pasa, Ginny? - musitó Bill en el mismo tono, mirando a su hermana pequeña.

- Van a estar bien, ¿verdad? - preguntó. Sabía que estaban a solo unos pasos perfectamente, pero lo único en lo que podía centrarse era en los ruidos de las piezas destrozándose unas a otras que resonaban en el Gran Comedor gracias al hechizo de Flitwick.

Bill sintió un nudo en la garganta al ver el miedo en los ojos de Ginny. Sintió el mismo sentimiento de protección que sentía cada vez que Ginny acudía a él después de tener una pesadilla cuando era pequeña.

- Claro que sí, princesa. Ya sabes que Ron es el mejor al ajedrez - dijo, abrazándola más fuerte.

Él mismo jugó por todo el tablero, atrapando casi tantas piezas blancas como las negras que habían perdido.

Ya casi estamos —murmuró de pronto—. Dejadme pensar... dejadme pensar.

La reina blanca volvió su cara sin rostro hacia Ron.

Sí... —murmuró Ron—. Es la única forma... tengo que dejar que me cojan.

- ¡¿QUÉ?! - gritaron muchos sobresaltados.

McGonagall se tapó la boca con una mano para contener un sollozo. Sabía que Ron había salido herido en la partida de ajedrez, pero no sabía que había sido porque se había sacrificado para que pudiesen ganar la partida.

- ¡¿Cómo que tienes que dejar que te cojan?! - chilló la señora Weasley en pánico.

- Mamá… - intentó decir Ron, odiando ver a su madre así. Pero ella no estaba para oír excusas.

- ¡Todo esto de jugar la partida era para que no os pasase nada a ninguno! - dijo ella con lágrimas en los ojos.

- Molly, querida, vamos a escuchar primero, ¿de acuerdo? - dijo Arthur suavemente, abrazándola con fuerza.

- Es un niño, Arthur. Es nuestro niño - sollozó ella -. No quiero que le pase nada.

¡NO! —gritaron Harry y Hermione.

¡Esto es ajedrez! —dijo enfadado Ron—. ¡Hay que hacer algunos sacrificios! Yo daré un paso adelante y ella me cogerá... Eso te dejará libre para hacer jaque mate al rey, Harry.

- Pero, Ron… - dijo Bill con la boca seca. No podía concebir que su hermanito pequeño fuese a hacer una cosa así.

- Necesitábamos llegar al final, Bill. Si alguien podía proteger la Piedra, iba a ser Harry - se encogió de hombros como si nada -. Pero él no podía llegar hasta allí él solo.

Harry no supo qué decir, nadie supo, en realidad. No le cabía en la cabeza cómo alguien podía no ver lo maravilloso que era Ron. Era él quien debería llevarse el mérito por haber salvado la Piedra. Él y Hermione. Sin ellos, el no habría tenido ninguna oportunidad de llegar hasta la Piedra.

Pero...

¿Quieres detener a Snape o no?

Ron...

¡Si no os dais prisa va a conseguir la Piedra!

No había nada que hacer.

¿Listo? —preguntó Ron, con el rostro pálido pero decidido—. Allá voy, y no os quedéis una vez que hayáis ganado.

Se movió hacia delante y la reina blanca saltó. Golpeó a Ron con fuerza en la cabeza con su brazo de piedra y el chico se derrumbó en el suelo.

- ¡Ron! - gritaron muchos sin poder evitarlo. Era instintivo. Habían oído el brazo de piedra golpeándole en la cabeza y después el golpe al caer al suelo. Por mucho que le estuviesen viendo ahí delante, no podían evitarlo.

- ¡No! - gritó la señora Weasley, levantándose de un salto de su asiento y abalanzándose sobre Ron para abrazarle con fuerza.

- Mamá, estoy bien - susurró Ron. No le gustaba nada haber hecho a su madre llorar de esa manera.

- M-Mi niño… - dijo ella, apretándole más contra ella, como si pudiese protegerle de todo el mundo de esa forma.

- Mamá, estoy bien, de verdad - le aseguró él, tratando de mirarla a los ojos.

- ¡Te golpeó un brazo de piedra en la cabeza! ¡Eso no es estar bien, Ronald! - dijo ella, acabando en un sollozo.

- Venga, mamá. Me desperté en un rato y la señora Pomfrey me curó en cinco minutos. No me quedó ni un dolor de cabeza, de verdad - le prometió. Cualquier cosa con tal de conseguir que se calmase y dejase de llorar.

Molly poco a poco se tranquilizó y cogió la cara de su hijo entre las manos.

- Estoy muy orgullosa de ti, Ron - murmuró para que solo él la oyese -. Te quiero, cariño.

Si alguien vio que los ojos de Ron estaban más brillantes que de costumbre, nadie lo mencionó.

- Yo también te quiero, mamá - susurró.

Los demás observaron en silencio mientras la señora Weasley volvía a su sitio y Ron se volvía a sentar al lado de Harry. Todos los Weasley estaban mirando a Ron con un nuevo respeto, como si no hubiesen creído que era capaz de una cosa así.

Ellos habían estado durmiendo tranquilamente en sus camas, sin ninguna preocupación en el mundo, y el pequeño Ronnie se estaba sacrificando para que tuviesen una oportunidad de impedir que Quien-tú-sabes volviese al poder. No creían poder estar más orgullosos de él. Ni tener más miedo por él que en ese momento.

Hermione gritó, pero se quedó en su casillero. La reina blanca arrastró a Ron a un lado. Parecía desmayado.

Muy conmovido, Harry se movió tres casilleros a la izquierda. El rey blanco se quitó la corona y la arrojó a los pies de Harry.

- Esa era tuya, Ron - musitó Harry, mirándole con un nudo en la garganta.

Ron sonrió y le dio una palmada en el hombro.

- No te preocupes por eso ahora, colega. Lo importante es que salvamos la Piedra y acabó todo bien para los tres.

- Bueno, tú nos diste un buen susto en ese momento - dijo Harry -. Es genial que el hechizo no te afecte a ti o te estarías perdiendo toda esta parte de la historia.

- El que nos dio un susto fuiste tú - bufó Ron, poniendo los ojos en blanco.

- Anda, callaos ya los dos y vamos a terminar con esto - suspiró Hermione, sonriendo exasperada. Había sido a ella a quien le habían dado un susto los dos.

Habían ganado. Las piezas saludaron y se fueron, dejando libre la puerta. Con una última mirada de desesperación hacia Ron, Harry y Hermione corrieron hacia la salida y subieron por el siguiente pasadizo.

¿Y si él está...?

- No. Hermione, no lo digas - dijo Bill, abrazando a Ginny. Podía notar a su hermana temblar ligeramente y veía cómo de consternados estaban el resto de los Weasley.

- Estuve bien, Bill - repitió Ron, sonriendo a su hermano mayor -. De verdad que estuve bien en cuanto Hermione me arrastró a ver a la señora Pomfrey. No me quedó ni un rasguño.

- Me da igual - insistió Bill, apretando los dientes.

- Teníamos que haberte ayudado, Ron - dijo George, mucho más serio que de costumbre.

- A los tres. No tendríais que haber tenido que hacer esto solos - dijo Fred, apretando los puños.

- Ya no importa - dijo Ron con sinceridad -. La próxima vez, si hace falta, os pediremos ayuda, ¿de acuerdo?

- La próxima vez te ayudaremos, Ron - prometió Percy.

Él estará bien —dijo Harry, tratando de convencerse a sí mismo—. ¿Qué crees que nos queda?

Tuvimos a Sprout en el Lazo del Diablo, Flitwick debe de haber hechizado las llaves, y McGonagall transformó a las piezas de ajedrez. Eso nos deja el hechizo de Quirrell y el de Snape...

- Y Dumbledore - señaló Angelina. Le temblaban las manos en el regazo, pero estaba haciendo todo lo posible para calmarse.

No era la única que estaba así. Oír lo que le había pasado a Ron no era fácil. Si no fuese porque el pelirrojo estaba ahí en el Gran Comedor con ellos, no sabrían siquiera si estaba bien o no.

Una de las que peor estaba era la profesora McGonagall. La estaba reconcomiendo la culpa por dentro. Sabía que ella no había creado ese ajedrez gigante con el propósito de hacer daño a sus estudiantes, pero el caso era que podía haber matado a uno de sus leones. Lo peor era que ni siquiera habrían estado allí si los hubiese escuchado, pero no lo había hecho. Ella podía haber evitado todo eso y no los había creído.

Habían llegado a otra puerta.

¿Todo bien? —susurró Harry.

Adelante.

Harry empujó y abrió.

Un tufo desagradable los invadió, haciendo que se taparan la nariz con la túnica. Con ojos que lagrimeaban debido al olor, vieron, aplastado en el suelo frente a ellos, un trol más grande que el que habían derribado, inconsciente y con un bulto sangrante en la cabeza.

- Ew - dijo Lavander, arrugando la nariz -. Qué asco.

- Sí. Un asco - estuvo de acuerdo Harry, haciendo todo lo posible para no respirar -. ¿Podemos seguir?

Ron y Hermione estuvieron a punto de soltar una carcajada, pero decidieron no alargar su tortura más de lo necesario. Ya querían terminar de leer todo lo que habían pasado allí abajo y terminar de leer ese curso.

Me alegro de que no tengamos que pelear con éste —susurró Harry, mientras pasaban con cuidado sobre una de las enormes piernas—. Vamos, no puedo respirar.

Abrió la próxima puerta, los dos casi sin atreverse a ver lo que seguía... Pero no había nada terrorífico allí, Sólo una mesa con siete botellas de diferente tamaño puestas en fila.

- La prueba de Snape, sin ninguna duda - dijo Remus con el ceño fruncido.

- Quejicus siempre ha sido retorcido y muy listo, por muy poco que le aguante - reconoció Sirius -. No sé si quiero saber en qué consiste su prueba.

Sin embargo, Remus no estaba pensando en eso exactamente. Bueno, también, pero no era lo que le preocupaba. Si esa era la prueba de Snape, y estaba seguro de que el trol no podía ser la prueba de Dumbledore… Eso significaba que el trol lo había colocado ahí Quirrell.

Pero Quirrell… Quirrell se había desmayado cuando había entrado el trol en Halloween.

¿Podía ser todo una farsa, una fachada para engañar a todos? ¿Cómo había podido mantenerla durante todo el año sin que nadie sospechase de él?

Para cuando quiso comentar algo, se dio cuenta que la lectura había seguido mientras él estaba perdido en sus pensamientos y ya estaban leyendo la prueba de Snape. Mejor dejar sus sospechas para después, cuando estuviese más seguro.

Snape —dijo Harry—. ¿Qué tenemos que hacer?

Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de ellos. No era un fuego común, era púrpura. Al mismo tiempo, llamas negras se encendieron delante. Estaban atrapados.

- Genial - bufó Sirius -. ¿Y ahora qué?

- No puede ser una trampa simplemente, ¿no? Digo, no puede consistir en dejarles ahí atrapados y ya está, ¿no? - dijo Parvati, retorciéndose las manos con nerviosismo.

- No puede ser eso - dijo Alicia -. O el ladrón habría estado ahí cuando llegaron.

¡Mira! —Hermione cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas. Harry miró por encima de su hombro para leerlo:

El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás,

dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres,

una entre nosotras siete te dejará adelantarte,

otra llevará al que lo beba para atrás,

dos contienen sólo vino de ortiga,

tres son mortales, esperando escondidos en la fila.

Elige, a menos que quieras quedarte para siempre,

para ayudarte en tu elección, te damos cuatro claves:

Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre encontrarás alguno al lado izquierdo del vino de ortiga;

Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres moverte hacia delante, ninguna es tu amiga;

Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes: Ni el enano ni el gigante guardan la muerte en su interior;

Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son gemelas una

vez que las pruebes, aunque a primera vista sean diferentes.

- ¡Es un acertijo! - exclamó Angelina con los ojos como platos.

- ¿Eso era un acertijo? Parecía un trabalenguas - murmuró Seamus frunciendo el ceño. ¿Qué era lo que decía exactamente? Algo sobre las botellas y veneno y vino y algo más.

- Muchos magos y brujas dependen demasiado de la magia. No saben usar la lógica - sonrió Remus a regañadientes -. Es una prueba muy buena. Muchos se quedarían ahí atascados una eternidad sin saber qué botella elegir.

- Pero tú lo sabes, ¿verdad, Lunático? - le picó Sirius con una sonrisa.

El hombre lobo puso los ojos en blanco.

- Sirius, es imposible que lo sepa. No solo he oído el acertijo una sola vez, sino que es imposible de resolver sin las siete botellas delante de ti. Algunas pistas tienen que ver con sus tamaños y no sabemos cómo son.

- Pero Hermione seguro que es capaz de resolverlo - sonrió Ron. No se creía que hubiese algún acertijo que Hermione no fuese capaz de resolver.

Hermione dejó escapar un gran suspiro y Harry, sorprendido, vio que sonreía, lo último que había esperado que hiciera.

Muy bueno —dijo Hermione—. Esto no es magia... es lógica... es un acertijo. Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y se quedarían aquí para siempre.

- Exacto. Como ha dicho Lunático - sonrió Sirius de oreja a oreja. Él estaba seguro de que todo el mundo necesitaba un Lunático o una Hermione en sus vidas.

- Yo no sé si habría sido capaz de resolverlo sin ella - dijo Harry, dándole un codazo amistoso a Hermione.

Ella se sonrojó y le devolvió el codazo.

- Calla, Harry, que estamos intentando terminar esto de una vez.

- No sé si quiero terminarlo - dijo Harry con una mueca -. No quiero que llegue lo que viene después.

- Podemos parar, Harry. Solo tienes que decirlo y no leemos una palabra más - dijo Ron, dispuesto a levantarse en ese momento a quemar los libros.

Harry le agarró de la parte de atrás de la túnica y le devolvió a su asiento cuando hizo el amago de levantarse.

- Sabes que tenemos que terminar de leer los libros, Ron.

El pelirrojo apretó los dientes y le miró a los ojos.

- Te hacen daño, Harry. No sabemos lo que va a pasar cuando leamos la pelea contra Q-

- Yo no sé si lo llamaría pelea, Ron - interrumpió Harry -. Ni siquiera saqué la varita.

- ¡Me da igual! - protestó Ron. Respiró profundamente para calmarse -. Tres días, Harry. Estuviste tres días inconsciente. ¿Qué pasa si vuelves a quedarte inconsciente tres días?

- Pues tendréis tres días para jugar al quidditch - trató de bromear Harry.

Obviamente, ni a Ron ni a Hermione les hizo gracia.

- No bromees, Harry - le fulminó con la mirada Ron -. La señora Pomfrey no sabía cuándo ibas a despertar. ¿Y si te vuelves a quedar así?

- No va a pasar - dijo Harry, deseando que pudiese creerse lo que estaba diciendo.

- ¿Cómo lo sabes, Harry? - murmuró Hermione.

- Porque cuando se supone que duermo toda la noche, me duermo solo tanto rato como tardáis en llegar a la parte en la que me despierto - razonó Harry, inventándoselo sobre la marcha. De todas formas, tenía sentido y tenía la esperanza de que fuese así.

Hermione y Ron dudaron durante un segundo e intercambiaron una mirada. No podían volver a pasar por lo que habían pasado el año anterior. Se iban a volver locos si tenían que repetir esos tres días de incertidumbre.

- Como te quedes tres días en la enfermería de nuevo, Harry… - amenazó Ron, pero perdía todo el efecto cuando le temblaba ligeramente la voz.

- Tenéis todo el derecho a echármelo en cara el resto de nuestras vidas - prometió Harry, rezando para que no fuese así. No quería preocuparles otra vez de esa forma.

Pero nosotros también, ¿no?

Por supuesto que no —dijo Hermione—. Lo único que necesitamos está en este papel. Siete botellas: tres con veneno, dos con vino, una nos llevará a salvo a través del fuego negro y la otra hacia atrás, por el fuego púrpura.

Pero ¿cómo sabremos cuál beber?

Dame un minuto.

Hermione leyó el papel varias veces. Luego paseó de un lado al otro de la fila de botellas, murmurando y señalándolas. Al fin, se golpeó las manos.

Lo tengo —dijo—. La más pequeña nos llevará por el fuego negro, hacia la Piedra.

- Por supuesto que sería la más pequeña de todas las botellas - suspiró Alicia.

- Así se asegura de que hay lo menos posible de la poción que te permite llegar hasta la Piedra - dijo Angelina. No le caía bien Snape, pero no podía negar que el hombre era un genio.

Harry miró a la diminuta botella.

Aquí hay sólo para uno de nosotros —dijo—. No hay más que un trago.

- ¿Fuiste solo? - preguntó Sirius, palideciendo. Puede que todos fuesen niños de once o doce años, pero por lo menos no iban a ir solos a enfrentarse a lo que sea que les esperaba. Pensar que su ahijado iba a tener que ir solo a partir de ese momento.

- No iba a dejar que fuese Hermione sola cuando no sabíamos lo que había detrás del fuego negro - resopló Harry como si la simple idea fuese absurda -. Había sido idea mía estar ahí. No iba a poner a Hermione en peligro todavía más.

- Harry, puedo cuidarme yo sola - le recordó Hermione, tratando de sonar molesta y fallando estrepitosamente.

- Lo sé - le aseguró él rápidamente -. Pero tú y Ron estabais ahí por mí. Si alguien iba a tener que llegar al final solo, no iba a dejar que fueseis tú o Ron. Vosotros podíais haber estado a salvo en la torre de Gryffindor. No teníais por qué haberme acompañado esa noche.

- Harry, si tú ibas, nosotros íbamos a ir contigo - dijo Hermione.

- Lo sé - suspiró Harry, mitad resignado y mitad agradecido.

Se miraron.

¿Cuál nos hará volver por entre las llamas púrpura?

Hermione señaló una botella redonda del extremo derecho de la fila.

Tú bebe de ésa —dijo Harry—. No: vuelve, busca a Ron y coge las escobas del cuarto de las llaves voladoras. Con ellas podréis salir por la trampilla sin que os vea Fluffy. Id directamente a la lechucería y enviad a Hedwig a Dumbledore, lo necesitamos. Puede ser que yo detenga un poco a Snape, pero la verdad es que no puedo igualarlo.

- Harry, con eso te estás cortando todas tus posibles salidas - dijo Luna distraídamente.

- Lo sé, Luna, pero ellos tenían que salir de ahí. Si yo fallaba, estarían en peligro cuando él saliese - respondió Harry encogiéndose de hombros.

Harry podía notar las miradas de Ron y Hermione sobre él, pero se negó a mirarlos de vuelta. Sabía lo que iba a encontrar ahí. La misma exasperación con cariño y una pizca de miedo que tenían cada vez que se daban cuenta de que se había puesto en peligro por algo que ellos no consideraban necesario.

Pero para él sí que era necesario.

Ron y Hermione eran su familia. La primera familia que había tenido. ¿Cómo no iba a hacer todo lo posible para asegurarse de que estuviesen a salvo a pesar de todas las locuras en las que se metían?

Pero Harry... ¿y si Quien-tú-sabes está con él?

- Él jamás ha entrado en Hogwarts - negó Sirius vehementemente -. Nunca se ha atrevido a intentarlo con Dumbledore ahí.

- Pero Harry le vio en el bosque… - dijo Ginny dubitativamente. Eso, técnicamente hablando, eran terrenos de Hogwarts.

- Pero no en el castillo - la cortó Sirius, negándose a considerar eso -. Voldemort no ha puesto un pie en el castillo todavía y no va a ponerlo nunca.

Ninguno de los profesores ni el trío se atrevían a mirarle. Sabían que averiguaría con una mirada la verdad que estaba intentando negar tan rotundamente. ¿Cómo se iba a tomar el hecho de que no había sido así?

Bueno, ya tuve suerte una vez, ¿no? —dijo Harry, señalando su cicatriz—. Puede ser que la tenga de nuevo.

- ¿Estás contando con la suerte para sobrevivir si te enfrentas a él? - dijo Charlie con un deje de histeria.

- Bueno, tampoco es como supiese suficiente magia para enfrentarme a él. Y la suerte me ha salvado muchas veces estos últimos dos años - dijo Harry. Sabía perfectamente que la única razón por la que había llegado casi a los trece era gracias a sus padres y a la pura suerte.

- La suerte no detiene maldiciones, Potter - ladró Moody.

- No, pero puede que sí ayude a esquivarlas. O a que ocurra algo inesperado - insistió Harry, recordando cómo su piel había quemado a Quirrell y cómo Fawkes había aparecido con el sombrero Seleccionador para salvarle.

Eso, dijesen lo que dijesen, había sido pura suerte.

Los labios de Hermione temblaron, y de pronto se lanzó sobre Harry y lo abrazó.

¡Hermione!

Hermione no pudo contenerse y le volvió a abrazar también en el Gran Comedor. A pesar de que estaba conteniendo las lágrimas por el miedo que tenía por Harry, no podía esconder una sonrisa al ver que el chico le devolvía el abrazo en vez de no saber qué hacer.

Había sido cuando le había abrazado el año anterior, justo en el momento que estaban leyendo, cuando se habían confirmado sus sospechas de que la vida de Harry con los Dursley no era precisamente feliz. Ningún niño que no sabe cómo devolver un abrazo tiene lo que se llama una vida feliz.

Pero ahora Harry sí le respondía el abrazo con fuerza y eso le dio esperanza de que tal vez, en algún momento, todo el daño que le habían hecho los Dursley podía borrarse. No olvidarse, eso nunca, pero sí compensarlo de alguna forma.

- Vas a estar bien, Harry - susurró, rezando para que fuese cierto.

- Claro que voy a estar bien - sonrió Harry, separándose de ella -. No quiero teneros a ti y a Ron recordándome siempre que no tuve razón.

Hermione sonrió y volvió a acomodarse en el sofá, agarrándole la mano con fuerza a Harry.

Harry... Eres un gran mago, ya lo sabes.

No soy tan bueno como tú —contestó muy incómodo, mientras ella lo soltaba.

¡Yo! —exclamó Hermione—. ¡Libros! ¡Inteligencia! Hay cosas mucho más importantes, amistad y valentía y... ¡Oh, Harry, ten cuidado!

- Por eso no estás en Ravenclaw, Hermione - dijo Harry, sonriendo de medio lado -. Justo por eso.

- ¿Por qué? - preguntó ella perpleja.

- Si preguntases a otros, muchos de los Ravenclaw te dirían que lo más importante es justamente el conocimiento que tienes. Por eso les gusta tanto estudiar y aprender cosas nuevas. Y no digo que eso esté mal - se apresuró a añadir por si ofendía a alguien -, pero yo creo que eso no vale de mucho si no sabes usarlo o si no tienes ocasión de hacerlo.

- Y Hermione también considera otras cosas mucho más importantes - sonrió Ron -. La hemos corrompido, Harry. Ahora ya sabe que lo peor del mundo no es ser expulsado.

Hubo algunas risas, sobre todo cuando Hermione alargó el brazo para pegarle en la cabeza indignada.

Bebe primero —dijo Harry—. Estás segura de cuál es cuál, ¿no?

- Claro que está segura, Harry - replicó Ron poniendo los ojos en blanco.

- Bueno, solo lo decía por si quería revisarlo otra vez - se defendió él -. Ya sabes que revisa las cosas mil veces antes de estar satisfecha con ellas.

Totalmente —dijo Hermione. Se tomó de un trago el contenido de la botellita redondeada y se estremeció.

No es veneno, ¿verdad? —dijo Harry con voz anhelante.

No... pero parece hielo.

Rápido, vete, antes de que se termine el efecto.

Buena suerte... ten cuidado...

¡VETE!

Hermione giró en redondo y pasó directamente a través del fuego púrpura.

Harry respiró profundamente y cogió la más pequeña de las botellas. Se enfrentó a las llamas negras.

Allá voy —dijo, y se bebió el contenido de un trago.

Un escalofrío recorrió a Harry de pies a cabeza, consiguiendo que Ron y Hermione le mirasen preocupados un momento.

- Sabéis que solo es la poción - les recordó.

- ¿Crees que realmente es como si te la hubieses tomado ahora? - preguntó Hermione -. Me refiero, ¿podrías atravesar en este momento el mismo fuego negro?

- Eh… Casi prefiero no comprobarlo - dijo Harry, decidiendo que no quería hacer experimentos en los que podía salir quemado.

- ¡Claro que no vamos a comprobarlo! - exclamó Hermione como si se le hubiese ido la pinza -. Solo era curiosidad. No vamos a jugar con este hechizo.

Era realmente como si tragara hielo. Dejó la botella y fue hacia delante. Se dio ánimo al ver que las llamas negras lamían su cuerpo pero no lo quemaban. Durante un momento no pudo ver más que fuego oscuro. Luego se encontró al otro lado, en la última habitación.

Ya había alguien allí. Pero no era Snape.

- ¿No era Snape? - dijo Sirius perplejo -. ¿Cómo que no era Snape?

- Él no era el que quería matarme el año pasado, Sirius - se encogió de hombros Harry -. Por eso no quería que empezaseis a acusarle antes de tiempo. Eso hicimos nosotros y no podíamos haber estado más equivocados.

- Pero, ¿y entonces quién está ahí? ¿Quién-tú-sabes? - preguntó Neville con los ojos como platos.

Y tampoco era Voldemort.

- Eso responde a mi pregunta - dijo Neville, sonrojándose ligeramente.

- Si no es Snape y no es Quien-tú-sabes, ¿quién es? - preguntó Tonks perpleja.

- Del que menos hemos sospechado en todo el libro - suspiró Remus, pasándose la mano por el pelo en un gesto cansado.

- ¿Harry? - preguntó Lavander confundida.

- No, me refiero a alguien que ha estado ahí casi desde el principio y lo hemos considerado víctima antes que sospechoso.

- Lunático, si vas a hablar con acertijos, no eres útil. Si quisiese no conseguir respuestas directas, hablaría con una esfinge - bufó Sirius -. Mejor seguimos leyendo y lo averiguamos de una vez. Quiero ver a quién tengo que maldecir por intentar matar a mi ahijado.

- Me temo que no podemos - dijo el profesor Flitwick, haciendo un ademán con la mano hacia el libro, que estaba brillando con una luz roja -. Eso indica que hemos terminado el capítulo.

- Entonces solo nos queda uno - dijo Neville.

- ¿Lo vamos a leer esta noche? - preguntó la señora Weasley, mirando a Harry discretamente. El niño parecía agotado.

- Sí - respondió el propio Harry antes de que alguien pudiese decir que no -. Mejor terminar este libro por hoy y mañana empezamos el segundo curso.

- ¿Estás seguro, Harry, cariño? - preguntó Molly preocupada.

- Solo quiero terminar ya todo este asunto de la Piedra Filosofal, señora Weasley - suspiró Harry cansado.

- Bueno, entonces no hay más que hablar - dijo Dumbledore al cabo de unos segundos -. Terminamos el libro por hoy y mañana por la mañana comenzamos el siguiente.

- Si yo le doy luz verde al señor Potter para hacer cualquier otra cosa que no sea reposo mañana, Albus - intervino la señora Pomfrey, lanzándole una mirada de advertencia al director.

No solo quería intentar corregir tantos daños causados por los Dursley como pudiese, sino que quería asegurarse de que este maldito hechizo no le estaba causando efectos permanentes de ninguna forma. Puede que Dumbledore fuese el director del colegio, pero ella estaba a cargo de la salud de los estudiantes y era algo que se tomaba muy en serio. Si ella creía que Harry necesitaba un día de descanso, no le iba a importar lo más mínimo lo que dijese Albus. Ella misma escondería o quemaría esos libros si lo creía necesario.

- Por supuesto, Poppy, querida - accedió Dumbledore con una sonrisa y los ojos brillando con diversión. Incluso él tenía suficiente sentido común como para saber que no debía llevarle la contraria en ese momento.

La señora Pomfrey le estudió durante un minuto antes de asentir satisfecha.

- Muy bien. Filius, si no te importa - sonrió Dumbledore, señalando hacia el libro.