CAPÍTULO 28. MOMENTS

Tu corazón desnudo está vagando
sin tener dónde ir
y está cubriéndose de espinas,
por temor a ser tocado.

Moments – Ayumi Hamasaki.

OOOO

El uso de la magia no era algo tan sencillo como pudiera parecer, requería de un alto nivel de concentración mental, un nivel tan alto del que Joey carecía, porque no estaba habituado a ese tipo de actividades.

Daba lo mejor de sí mismo, pero parecía no progresar, y aunque Ishizu no lo presionara, existía la presión de saber que Seto Kaiba estaba inconsciente y que su hermano estaba en una profunda depresión.

Tenía una obligación moral, y además, no iba a permitir que Kaiba siguiera comatoso para evitar una conversación con él.

Necesitaba una confirmación de lo que había escuchado en el pequeño barco, o aunque fuese una negación, pero odiaba el prolongado suspenso en el que estaba suspendido simplemente porque la negativa a aceptar algo mantenía a Kaiba cautivo en su propia mente.

O al menos algo así de críptico había dicho la mujer, y él no había querido cuestionar lo que escuchó… estaba seguro que Ishizu no iba a sacarlo de ninguna duda.

Si ni él mismo se podía solucionar sus propias dudas, no confiaba en que alguien más fuera capaz de ayudarlo en ese aspecto.

Cerró los ojos y se pasó una mano por la frente, limpiándose el sudor que se había acumulado allí.

Gruñó.

No sabía como invocar magia, estaba realmente perdido en ese terreno, y estaba seguro que ni el propio Kaiba sabría como hacerlo, porque era un hombre mucho más práctico… creía en la ciencia, no en la magia.

Lo había expresado tantas veces, que no saberlo sería un insulto a la memoria del joven (por mal que eso sonara, porque lo hacía parecer como si el ojiazul ya estuviera muerto… y primero moría él, antes que fallarle a Mokuba).

Pero estaba realmente cansado.

Sentía que de tanto esfuerzo su cuerpo se iba drenando de energía y que su razón también se iba marchando.

Cada intento suyo lo dejaba débil.

Seguro que lo único que Ishizu planeaba era debilitarlo al extremo para poder ser ella quien se quedara con el ojiazul.

Había visto el interés con el que aquella mirada verde se posaba sobre el cuerpo tendido de Seto, y es que el muy miserable aún en aquel estado de coma seguía luciendo tan atractivo como siempre.

"Aprecio mucho lo que estás haciendo, Joey." Dijo la voz triste de Mokuba, quien estaba observándolo vaciarse de todo sus líquidos corporales. "Pero no tienes que exigirte tanto a ti mismo."

El rubio negó.

No se exigía demasiado, de ser así ya habrían logrado cuando menos un avance mínimo.

Y es que, realmente, no sabía qué demonios era lo que estaba haciendo allí, sintiéndose observado meticulosamente por la mirada verde de Ishizu y los ojos rojizos de Yami.

Le pedían que hiciera magia tan tranquilamente como si le estuvieran pidiendo que caminara.

No era así de sencillo.

Le pedían que se concentrase, que toda su energía la dirigiera a Kaiba, que pensara que estaba transmitiéndole su propia vida al CEO, porque, según palabras de la propia sacerdotisa, algo así era lo que iba a suceder.

Le había explicado una historia muy entretenido, que había tenido a Joey preguntándose qué tan complejo sería transmitirle su propia vida a Kaiba, o si eso llegaría a dolerle.

"No sentirás ningún tipo de molestia, sólo estás devolviéndole aquella parte suya que él guardó en tu interior." Había dicho la mujer, incluso antes que Joey pudiese preguntar, por eso mismo sólo había observado a Ishizu y se había guardado todas y cada una de sus preguntas.

La mujer le daba miedo, en ciertos aspectos, y le molestaba en otros.

Parecía demasiado interesada en Seto Kaiba, un interés que a él le parecía excesivo… nadie debía interesarse tanto en el ojiazul.

Era trabajo suyo preocuparse por Seto, y claro, también de Mokuba, pero él por ser su hermano recibía esos beneficios.

Joey había trabajado muy duro para que lo único que hubiese obtenido era un 'no sé cómo amarte'.

Odiaba su situación.

Y lo que más odiaba, era que realmente empezaba a sentir algo profundo por Seto Kaiba, cuando lo único que quería era sentirse tan normal como antes… le dolía la sola idea de entregarse a alguien incapaz de expresar sus sentimientos, y aunque sabía que no podía culparlo, porque había sido la forma en que lo habían criado la que lo había moldeado de aquella forma… tan apático como sólo él sabía ser.

Quizás era así para que él pudiera componerlo.

"Joey." Llamó Mokuba. "¿Me estás escuchando?"

Joey se sonrojó.

Lo había estado escuchando, pero de repente empezó a pensar en todo lo que estaba ocurriendo y había ido bloqueando el sonido de la voz de Mokuba de su mente. No había sido su intención… simplemente había ocurrido.

"Lo siento." Se disculpó con el niño, quien negó con la cabeza, no era necesario… él también se perdía en sus propios pensamientos. "Estaba pensando y simplemente dejé de escuchar."

Mokuba sonrió levemente, era incapaz de mostrarse más animado, porque existía la posibilidad que Joey no pudiera concentrarse lo suficiente como para que su hermano despertase… pero, de nuevo, no lo culpaba a él. El culpable principal era su hermano, por negarse a sí mismo un poco de felicidad.

"Voy a seguir intentándolo, Mokuba."

El niño asintió.

Su entusiasmo se había ido por el drenaje porque fue toda su reacción, un parco asentimiento que hizo a Joey sentir deprimido.

Concentrarse en Kaiba no era lo difícil… eso podía hacerlo en cualquier instante, pensar en aquellos ojos azules, penetrantes e intensos, como el cielo mismo en el medio del mar, aquel paisaje que había observado con Seto como su acompañante. Un rostro pálido, de rasgos finos, pero al mismo tiempo masculinos, pómulos altos, delgado, nariz recta.

Sintió un calor rodeándole, una energía que no era suya entrando a su cuerpo, se sintió elevar unos centímetros del suelo, y aunque quiso abrir los ojos, no pudo, pero no se asustó, sabía que no corría ningún peligro.

Una voz le susurraba al oído palabras que no comprendía, pero que lo reconfortaban.

"Estaremos juntos, Jouno."

Escuchó el grito lejano de Mokuba, y aunque quiso poder tranquilizarlo y decirle que todo estaba bien, no se esforzó mucho en salir de aquel trance, ni por liberarse de aquella energía que le rodeaba.

Todo estaba bien.

Y pronto, mucho más pronto de lo que cualquiera esperara, Seto Kaiba iba a abrir sus ojos.

OOOOO

"Quería darles las gracias por todo lo que han hecho por mí, pero Yami no está aquí. Confío en que le harás saber lo mucho que le agradezco toda su ayuda… el que me haya defendido de Bakura es algo que siempre recordaré." Dijo el joven albino con voz suave.

Le había contado a Yugi acerca de lo que había ocurrido cuando fue a su casa.

Bakura había recibido un ultimátum de parte suya, porque estaba cansándose de sólo servirle al roba tumbas como una forma de liberar estrés, él se merecía muchísimo más que eso.

Todos se lo habían dicho ya, debía darse a respetar más. Bakura no debía sentirse con un poder que no tenía.

"Yami sabe lo mucho que le agradeces, y seguro que se lamenta de no poder estar aquí para acompañarte… pero yo iré contigo. Le surgió una obligación que no pudo retrasar."

Ryou asintió.

Había escuchado algo pero no quería decirle a Yugi, iba a esperar que ellos le dijeran las cosas, si era que querían compartirlo con él, sino, no había ningún problema.

Yugi sacudió la cabeza. Miró a Ryou y vio que éste se veía bastante pensativo, pero que ya no se veía tan temeroso como antes.

Yami le había hecho aprender a apreciarse a sí mismo.

"Vayamos a tu casa, tengo algo que contarte, Ryou… quizás tú puedas ayudarme."

El joven albino simplemente sonrió.

Dudaba ser capaz de brindarle ayuda a alguien como Yugi, quien tiene todo lo que puede desear… a veces envidiaba el tipo de vida que el joven tenía… grandes amigos capaces de dar la vida por él, familia que siempre estaba al pendiente suyo, y un yami que lo amaba más allá de lo que se puede expresar.

Pero el pequeño se lo merecía por tener un alma tan pura y bondadosa.

"Intentaré ayudarte… aunque dudo mucho saber algo que pueda ayudarte." Dijo con una sonrisa.

Yugi se sonrojó intensamente.

"Es sobre algo en lo que tú ya tienes experiencia."

Ryou finalmente entendió y no pudo evitar la risa que abandonó sus labios: una risa libre y despreocupada, entretenida.

"Lo siento, Yugi. No me río de ti, ¿eh? Me río de la situación. Lo sabes."

Yugi asintió.

A él también le parecía gracioso haberse atrevido a preguntarle a su amigo acerca de eso.

Pero es que, realmente, quería darle a Yami aquello que no le había dado a nadie más, para demostrarle lo mucho que le agradecía toda su preocupación, y para, finalmente, entregarse por completo a su yami, sabiendo que éste iba a aceptarlo gustoso, y que iba a protegerlo como nadie nunca lo había hecho.

"Y, ¿por qué esa necesidad de saber sobre el tema?" Interrogó Ryou.

Yugi lo pensó un momento antes de responder.

"Simplemente quiero estar con él." Respondió. "Después de negármelo muchas veces, supe que él era el indicado para mí… me di cuenta que él no sólo era mi yami, sino también mi complemento, y que él daría su propia vida con tal de salvar la mía, por eso mismo decidí aceptar lo mucho que él significaba para mí."

Ryou asintió, él sentía lo mismo por Bakura, con la diferencia que su yami no sentía por él lo mismo que Yami sentía por Yugi.

Qué afortunadas son algunas personas.

"Bueno… claro que resolveré tus dudas." Dijo. "Pero será en mi casa, tenemos que ir ya, y ver si Bakura realmente se fue."

Yugi se adelantó unos pasos y se giró, para mirar a Ryou.

"Gracias."

Ryou se sorprendió, porque jamás, nadie le había agradecido por nada.

Sintió sus ojos nublarse por la presencia de lágrimas… pero, a pesar de eso, estaba sonriendo como nunca antes lo había hecho.

OOOOO

Bakura se había ido de la casa, y estaba ahora en un departamento que el padre de Ryou estaba pagando.

No se sentía un ambiente hogareño en aquel lugar, y sabía que era por la ausencia de Ryou, se había acostumbrado demasiado a la presencia del joven, quien siempre estaba presente, si bien para atormentarlo por ser alguien a quien no se podía dar el lujo de amar, si bien para satisfacerlo, porque el joven siempre hacía lo que él le pedía.

Ryou se había entregado a su relación sin ninguna reserva, había aceptado el desprecio de Bakura y lo había correspondido, pero con un amor que era imposible de igualar, porque era puro y desinteresado.

Lo único que su contraparte quería era el bienestar de Bakura, por eso mismo se esforzaba tanto en preparar la comida que sabía que su yami tanto disfrutaba, por eso mismo se vestía con colores claros, que hacían a Bakura excitarse, porque él opinaba que eran los colores que mejor le quedaban al pálido Ryou, por eso también se había aprendido el horario de los programas favoritos de Bakura, para poderlos grabar en caso que el ladrón de tumbas no estuviera en casa.

Y él, ¿qué había hecho por Ryou?

Nada.

Por eso mismo estaba ahí, sentado en aquel cómodo, pero desagradable, sofá que estaba en su nuevo departamento.

Déjame en paz.

Había sido lo que Ryou había dicho, y le había sorprendido el valor que reunió el joven para poder asistir a aquel encuentro.

Se había mostrado firme, como nunca antes, y eso le había gustado aún más que el anterior Ryou, aquel que permitía que lo pisoteara y que simplemente le sonreía, diciéndole que no había ningún problema.

Quizás por eso mismo no se permitía amar completamente al joven, porque era demasiado débil, y él simplemente alimentaba su hambre de humillar a alguien tratando tan mal al joven.

Pero si éste se daba su lugar, iba a ser capaz de poder disfrutar de compartir algo más con él.

Era imposible que fuera su compañero de travesuras, pero cuando menos podía ser su cómplice, aquel a quien podía contarle todo, pero que jamás se dejaría someter… quien iba a darle su todo, sin renunciar él mismo a quien él era.

Aún no sabía qué iba a suceder, pero quería ver de nuevo a Ryou.

Sabía que el joven aún lo amaba, él mismo se lo había dicho, pero quería escucharlo de nuevo, estaba tan acostumbrado a la presencia del joven en su vida, y saberse privado de él estaba volviéndolo loco.

Extrañaba todo de él.

Sus ojos, sus manos, su cuerpo desnudo bajo el suyo, sus caricias, su voz al momento del clímax.

Pero sabía que no iba a ser, para nada fácil, conseguir el perdón completo del joven, sabía que iba a tener que luchar por ganarse, de nuevo, su confianza… una confianza que, en primer lugar, él nunca se mereció.

Te amo, Ryou.

Fue lo último que pensó, antes de quedarse dormido en aquel horrible sofá, que le hacía añorar la cama que compartía con el otro joven.

Aquella cama que se había convertido en su santuario.

OOOOO

Cuando Joey pudo, finalmente, abrir los ojos, no estaba solo.

Seto Kaiba estaba sentado en el suelo, observando, incrédulo, a Joey, quien le regresó la mirada, curioso.

"¿Dónde estámos?" Le preguntó, con naturalidad, una naturalidad muy impropia de él.

El ojiazul rodó los ojos.

"No lo sé." Respondió, y la expresión de pánico del rubio le hizo elaborar un poco más su respuesta. "Hasta hace poco yo era Seth intentando rechazar un hechizo que estaba rodeándome… y de repente estaba aquí."

El rubio asintió.

"Tuviste una visión, pero quedaste atrapado en ella, o algo así creemos." Explicó él. "Ishizu está allá afuera."

Kaiba lo miró, confundido.

"¿Allá afuera?"

"Creo que estoy en tu mente… sé que suena raro y que muy probablemente no lo creas, pero hace unos minutos estaba yo en una habitación de hospital, y Yami e Ishizu me pidieron hacer magia… yo no sé ni lo más básico sobre magia, así que fue complicado, pero me pidieron que me concentrara en ti y que te enviara mi propia vida."

Seto se sorprendió.

"¿Como algún tipo de sacrificio?"

No iba a permitir que el joven diera su vida por él.

"No… Ishizu dice que en nuestras vidas pasadas, Seth hizo un conjuro algo complicado que juntó nuestras almas, y que eso es lo que hizo que naciéramos en el mismo hemisferio del globo terráqueo."

"Eso es un desperdicio de magia."

Joey rió.

"Sí… Seth debió amar mucho a Jouno, ¿no? Especialmente si tú y él tenían una forma de pensar similar."

"No le sirvió de mucho, ¿no es así? Al final de todo, él murió. Seth sólo desperdició su magia."

Joey negó.

"Aquí estamos hoy, en el mismo lado del mundo, conociéndonos. No creo que Seth haya arriesgado tanto por nada." Comentó. "Suena como una persona un poco más cuerda que yo… así que debió haber tenido sus motivos para hacer las cosas.

Seto rió.

"Tonto, cualquier persona es mucho más cuerda que tú… enviarme un poco de tu vida, eso es estúpido. ¿Saben tus amigos que estás arriesgando tu vida?"

Joey se sonrojó.

"Sólo Yami."

Kaiba rodó los ojos, venía haciendo eso muy seguido, especialmente cuando estaba junto al idiota rubio que le hacía sentir tan bien.

Le había sorprendido verlo ahí, pero después se dijo que se había sorprendido más si no hubiese llegado, porque Joey clamaba que lo amaba, y estaba, simplemente, rescatándolo de su propia mente.

Jamás imaginó que su mente pudiese ser tan aburrida, si era verdad eso que estaba atrapado en sus propios pensamientos.

"¿Y, cómo vamos a regresar?"

Joey volvió a sonrojarse.

"No me dijeron eso."

"Eres un estúpido, Wheeler. A veces me pregunto si en verdad eres así o si solamente lo finges…" Se puso en pie y se dirigió al rubio, quien había bajado la cabeza y se entretenía observando sus zapatos.

Kaiba le levantó el rostro, sujetándolo de la barbilla, e hizo que sus miradas se encontraran.

"Gracias por venir a buscarme."

Dijo, y le dio un leve beso en los labios, que los llenó a ambos de una extraña luz.

-Continúa-

Notas de Lena:
En los últimos capítulos me sale lo cursi, aguántense… jaja… sí, ahí despierta Kaiba, pero para que finalmente admita que siente algo por Joey, en el siguiente capítulo… y ni siquiera se lo dirá a él, se lo dirá a alguien más. Bakura y Ryou están a un paso de reconciliarse, y no, no les daré lemon YamiXYugi, pero sí les daré otro lemon SetoXJoey.