Veintinueve: Comprobación de varitas.
Después de su conversación con Sam, Dean se preparaba para el fin de semana libre en Hogsmeade, que sería justo después de la primera prueba. La semana anterior a la misma, Dean ya tenía todo investigado acerca de su poción, el Virizelu de su primo y la Iridiasis de Richelieu, solamente por si las dudas. Además, eso le permitiría conservar la calma si veía algo raro en ellos.
—Ya quiero ver a Richelieu cuando se tome su muestra —comentó Janice con una leve carcajada, al saber cuál era la poción de la campeona de Beauxbatons —Será gracioso verla ponerse de mil colores.
Era un día medianamente soleado, con nubes grises tapando el sol de vez en cuando, lo que hacía que algunas ráfagas de viento helado soplaran en los jardines. Y eso era desagradable para los alumnos que tenían que salir a alguna clase.
—Oigan¿no podrían suspender las clases afuera un par de días? —comentó Rose cuando iba con sus amigos a los invernaderos a su clase de Herbología del miércoles.
—Mira, no creo que suspendan las clases por un poco de aire —le hizo ver Henry, severo —así que mejor deja de quejarte y camina más rápido.
—No vayan a pelear otra vez —pidió Hally, sin lograr nada: Rose le contestó a Henry que no la apurara de manera tan brusca y comenzaron a discutir. Hally suspiró y se volvió hacia Procyon —¿Es mucho pedir que se queden en paz por un día?
—Más que eso: es mucho pedir que estén en paz cinco minutos —corrigió Procyon, para luego hacer una mueca —Sólo espero que no estén peleando en el invernadero.
Para buena suerte de Procyon, había tal alboroto en el invernadero tres cuando llegaron los alumnos de Gryffindor que nadie reparó en Rose y en Henry. La profesora Brownfield regañaba enérgicamente a un alumno rubio de Hufflepuff de sexto curso, siendo observada por todos los de sexto que cursaban ese ÉXTASIS, entre los que se hallaban Dean, Nigel y Janice.
—¡Y quiero verlo en mi despacho después de comer, señor Sitwell! —concluyó la profesora Brownfield al terminar su perorata, para después fijarse en los de segundo de Gryffindor, que eran seguidos por sus compañeros de curso de Hufflepuff —¡Vaya, ya es hora de mi siguiente clase! Bien, muchachos, espero que tengan anotadas las tareas —miró a los chicos de sexto curso, que asintieron con la cabeza —Muy bien, pueden irse. Los de segundo año, pasen por favor.
Los de segundo se preguntaron qué habría pasado con Sitwell, pero no tuvieron mucho tiempo para averiguarlo, pues el trabajo del día era duro. Aparte de darle una revisada a las mandrágoras con las que habían trabajado el primer día del curso (las cuales andaban muy ruidosas según la profesora), tenían que centrar su atención en unas plantas de lo más raras, que tenían diminutas flores rojas cuyos pétalos escurrían un líquido rojo espeso que parecía sangre pero que olía a una extraña mezcla entre vainilla y tierra mojada. Debían conseguir las flores sin tocarlas con los dedos, pues el líquido rojo era tóxico, por lo que todo el tiempo llevaron puestos los guantes protectores de piel de dragón. Lo único bueno de esa clase fue que mantuvo a Rose y a Henry tan ocupados que se olvidaron de pelear y al salir de la clase, sólo les interesaba lavar sus guantes.
—¡Tengo un hambre enorme! —exclamó Rose al contemplar con gesto de desaliento uno de sus guantes, que a pesar de haber lavado, todavía lucía manchas rojizas.
—Rose, tú siempre dices eso —le hizo notar Amy con amabilidad —Por cierto¿qué creen que haya hecho Sitwell en clase de Herbología?
—Debió ser algo muy desagradable para que Brownfield se pusiera así —supuso Procyon —Nunca la había visto con esa cara.
—Pues nosotros podemos enterarnos fácilmente —afirmó Bryan —Mi hermana Erica es muy… comunicativa. Seguramente a estas alturas, ya sabe lo que sucedió.
Y así era. Para cuando todos estuvieron sentados a las mesas del Gran Comedor, incluyendo los alumnos extranjeros, corría el rumor de que Sitweel había querido hacerle algo a Mara Kreisky, de la casa Ravenclaw. Algo relacionado con la manipulación de unas Tentacula venenosa bastante peligrosas.
—Se negó —musitó Nigel con aspecto concentrado, sirviéndose carne y papas.
—¿Qué murmuras? —le preguntó Dean, curioso.
Pero Nigel le hizo un gesto despreocupado con una mano y siguió comiendo. Mientras tanto, Dean se volvió hacia Janice para comentar el más reciente incidente de su clase de Herbología, cuando el profesor Lupin se le acercó antes de ir a la mesa de profesores.
—Dean, después de comer debes ir a la sala contigua al Gran Comedor —informó el profesor, con aspecto cansado —Se necesita tu presencia para la comprobación de varitas.
—¿Comprobación de varitas? —inquirió Dean, extrañado.
—Como es la herramienta esencial que usarás en el torneo, hay que asegurarse que esté en buenas condiciones —explicó el profesor Lupin —Todos los campeones deberán ir, no únicamente tú. Además, te recomendaría hacer algo con ese cabello —posó la mirada un segundo en la mata de cabello rojo de Dean, un tanto despeinada en ese momento, antes de continuar —Luego de la comprobación de varitas, personal de El Profeta les sacarán unas fotos y les harán unas breves entrevistas.
Acto seguido, el profesor se retiró, dejando a Dean muy confundido.
—¿Fotos? —soltó luego de unos segundos de desconcierto, mirando a Janice —¿Nos sacarán fotos para el periódico¿Y nos van a entrevistar?
—Eso será interesante —comentó Janice, sonriendo —Salgo con alguien que aparece en los periódicos. Con que a mí no quieran retratarme… —se rió antes de agregar —Es lo que decía Roland cuando salía con Lizzie.
—Me lo imagino —Dean sonrió de manera forzada.
—Mira, ahora voy con Mara —Janice se puso de pie, recogiendo su mochila —Después me cuentas cómo te fue en tu sesión fotográfica —sonrió juguetonamente antes de irse.
Dean la despidió con la mano, mientras que Nigel, al escuchar a su amiga, dejó a un lado su plato y se levantó de un salto.
—Tengo que alcanzar a Janice —masculló, cuando tropezó con su mochila, que aún no se colgaba al hombro —¡Nos vemos, Dean!
Y Dean, desconcertado, lo vio salir del lugar a toda carrera.
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Los nueve campeones del Torneo de las Tres Partes asistieron puntualmente a la cita para la comprobación de varitas. A diferencia de la vez anterior en la que estuvieron en aquella sala, en esta ocasión se miraron con una extraña combinación de cordialidad y reserva, conscientes de que se encontraban entre rivales. Había pocas excepciones, como cuando Samuel Weasley y Dean Longbottom se saludaron tranquilamente y Catherine Bruce le sonrió a Paulo Sabedoria Arantes. Los más callados eran Yue Lin Ming y Salomón Sahel, que sentados en butacas, permanecían en actitud reflexiva. Isabelle Richelieu era la más impaciente, paseándose por la sala como animal enjaulado, cosa que divertía a Sakura Kiyota a más no poder. Tonatiuh García Quezada fue el último en entrar a la sala y lo hizo seguido por los directores de las nueve escuelas participantes, el señor Sackville y la mujer rubia que lo acompañó en la selección de la Parte Americana, el señor Wood y su asistente William Bluepool, una joven alta más o menos de la edad de Bluepool de tez pálida y larga melena rizada combinada con ojos claros, un hombre pequeño y castaño que cargaba una cámara y un hombre muy anciano, de escasos cabellos blancos y ojos grises de mirada penetrante.
—Permítanme presentarles al señor Ollivander, quien se hará cargo de la comprobación de varitas —dijo la profesora McGonagall, señalando al hombre de cabellos blancos y ojos grises —Revisará que sus varitas estén en perfectas condiciones para su participación en el torneo. Mientras el señor Ollivander revisa las varitas, la señorita Monroe aquí presente —indicó con una mano a la joven de largo cabello rizado y tez pálida, quien esbozó una sonrisita de suficiencia —los entrevistará para el diario El Profeta. Al final, el señor Creevey les sacará unas fotografías —señaló al hombre castaño de la cámara.
Los nueve campeones asintieron.
—Muy bien, comencemos —indicó el señor Ollivander, con voz seria —Las damas primero. Mademoiselle Richelieu, por favor…
Richelieu le dirigió una mirada gélida al señor Ollivander al tiempo que se le acercaba y se preguntaba mentalmente porqué tenía que ser la primera. El señor Ollivander tomó su varita, la observó detenidamente y la agitó, haciendo surgir un ramillete de flores.
—Madera de pino, veinte centímetros y medio. Núcleo de pelos de cola de unicornio. ¿Es eso correcto? —miró a Richelieu, quien asintió —Buena varita. Aquí tiene.
Le entregó la varita junto con las flores que había hecho aparecer. Mientras el señor Ollivander llamaba a Catherine Bruce, Monroe se había acercado a Sam y a Dean, que charlaban en voz baja.
—Disculpen, caballeros, los entrevistaré primero que a los demás, si no les importa —anunció y antes que cualquiera de los dos pudiera decir algo, la chica se instaló en una butaca entre los dos —Longbottom, a ti te conozco, siendo primo de las Insulsas… —dejó la frase inconclusa y quizá fue mejor, porque tanto Dean como Sam le dedicaban miradas asesinas —Pero este guapo es desconocido para mí¿quién eres? —se dirigió a Sam con una sonrisa ligeramente coqueta.
—Para ser reportera, no hizo bien su tarea, señorita —espetó Sam, con voz educada.
—Para eso estoy aquí, para conocerlos como si nunca hubiera escuchado de ustedes —Monroe sacó de un bolso enorme verde sucio que colgaba de su hombro un pergamino que extendió en su regazo y una pluma de color verde y bordes plateados, cuya punta chupó un poco —Si no les importa, usaré una pluma a vuelapluma, para ahorrar tiempo. Estábamos en que ibas a decirme tu nombre, guapo —volvió a sonreírle a Sam.
—Excelente varita —se oyó decir al señor Ollivander tras los tres jóvenes, quienes se volvieron de inmediato. Lograron distinguir que el anciano hacía aparecer con la varita de Catherine Bruce un chorro de agua cristalina que cayó en la chimenea, apagada en aquellos momentos —Madera de haya y nervios de corazón de dragón, treinta y un centímetros. Muy buena para encantamientos.
Le regresó la varita a Catherine, no sin antes pedirle de manera discreta un autógrafo para su nieta. Catherine, luego de prometer que se lo daría, volvió a su lugar.
—Pase ahora usted, Kiyota–san —pidió el señor Ollivander.
Al tiempo que Sakura acudía al llamado del hombre, Monroe seguía con su entrevista, sorprendiéndose bastante al enterarse que Sam era un Weasley.
—¿Porqué estudias en Durmstrang y no en Hogwarts? —quiso saber la rubia.
—Mis padres viven en Rumania la mayor parte del año y se les hizo más fácil enviarnos a mi hermana y a mí a Durmstrang —respondió Sam con sencillez.
—¿Tienes una hermana? —inquirió Monroe.
—Sí, es mayor que yo. Terminó el colegio hace tres años.
Monroe revisó lo que su pluma mágica escribía sola, antes de sonreír triunfal y seguir.
—¿Qué te impulsó a participar en el torneo?
—Bueno, para eso me pidieron venir aquí —Sam halló ridícula la pregunta —El profesor Javacheff debió creer que era tan buen candidato como mis compañeros.
—Según oí, la favorita de tu escuela era Krum —insinuó Monroe —¿Cómo te sentó resultar elegido campeón por encima de una de las jugadoras de quidditch más famosas de los últimos Mundiales?
Sam adoptó una expresión hosca y Dean lo notó, porque comentó como si nada.
—Terminaron con la varita de Kiyota.
Sam se giró. Era verdad, el señor Ollivander, luego de alabar la bella varita de la campeona de Hoshikino, que tenía flores de cerezo delicadamente grabadas, había hecho brotar de la misma unas pequeñas llamas flotantes que se esfumaron pronto, después de lo cual el mago llamó a Yue Lin.
—Aún no contestas mi pregunta —le recordó Monroe a Sam.
—Nada en particular. Stefka y yo somos amigos y a ella no le molestó.
Monroe hizo un mohín de disgusto ante semejante respuesta y pasó a entrevistar a Dean con agresividad, cosa que al chico no le gustó en absoluto. Justo cuando les preguntaba a ambos pelirrojos si salían con alguna chica, una exclamación del señor Ollivander los hizo dar un respingo. Hasta Monroe dejó caer el pergamino de su regazo, con lo que su pluma a vuelapluma dejó de escribir.
—¡Nunca había visto algo similar! —decía el mago, luego de invocar con la varita de Yue Lin Ming aros plateados de humo —Madera de ylang–ylang y núcleo de bigotes de dragón del aire. Veinticinco centímetros y cuarto —miró a Yue Lin con asombro —Su varita es extraordinaria, señorita Ming. Yo nunca había visto un núcleo así.
Yue Lin sonrió con nerviosismo, haciendo una reverencia en cuanto le fue entregada su varita. Regresó a su butaca a paso rápido y se sentó con rapidez.
—Eso es una exclusiva —musitó Monroe, antes de recoger su pergamino y su pluma y pararse —No crean que me olvido de ustedes, vuelvo enseguida —les aclaró a Dean y a Sam antes de alejarse.
—Y yo que creí que no la volvería a ver… —suspiró Dean.
—¿La conoces? —se extrañó Sam.
—Sí, terminó el colegio el curso pasado, como los Insólitos. Era la mandamás de las Cobras, seguro que nuestros primos te contaron algo sobre ellas.
Sam asintió y tuvo que ponerse de pie al segundo siguiente, pues el señor Ollivander lo llamó para comprobar su varita. Al mismo tiempo, Monroe acribillaba con preguntas a Isabelle Richelieu, luego que Yue Lin se negara a confesar cómo había obtenido una varita tan original. Richelieu parecía de lo más contenta al ser entrevistada, lo que se demostró cuando Monroe dio por acabada su entrevista para marcharse con Catherine Bruce y cuestionarle cómo le iba con Las Musas de Blair.
—Mire, yo estoy aquí como Catherine Bruce, no como Cat Calíope —aclaró Catherine al oír la primera pregunta sobre su grupo musical —Así que si me va a entrevistar, hágalo con referencia al Torneo de las Tres Partes¿quiere?
Monroe, sin ocultar su frustración, tuvo que obedecer, pero sonrió de forma burlona al revisar las notas que escribía su pluma. En tanto, la comprobación de Sam terminó y el señor Ollivander llamó a Dean, quien fue al instante al encuentro del mago. Sam fue a sentarse y al hacerlo, Monroe se le acercó dispuesta a seguir interrogándolo, pero el pelirrojo, hábilmente, fue a colocarse a un lado de Yue Lin Ming, quien lo miró con extrañeza antes de ignorarlo. Monroe, decepcionada, fue a entrevistar a Kiyota, quien la miró con el entrecejo fruncido, como si le desagradara.
—Muy bien —el señor Ollivander, tras indicarle a Dean que su varita estaba en perfecto estado y que únicamente había que pulirla un poco, pidió —Por favor, señor Sahel, venga.
Salomón Sahel obedeció y su comprobación fue muy rápida, al igual que la de Paulo Sabedoria. La que resultó un poco desconcertante fue la de Tonatiuh García, quien mostró una mueca en su moreno rostro al oír cómo el señor Ollivander alababa su varita.
—Madera de ceiba, si no me equivoco, y núcleo central de escamas de sirena. Treinta y tres centímetros —le dirigió al campeón de Calmécac una mirada seria —¿Correcto?
—Sí, pero en mi país llamamos a las sirenas de otra forma —aclaró el joven —Les decimos acacíhuatl. ¿Hay algún problema con mi varita?
—No exactamente, lo que pasa es que por lo general, las escamas de sirena reaccionan mejor con mujeres que con hombres —comentó el señor Ollivander al devolverle su varita a Tonatiuh —¿Nunca ha tenido dificultades con ella?
—No —Tonatiuh sonó firme —Además, no me extraña. Todos los hombres en mi familia tienen varitas con núcleo de escamas de sirena.
El señor Ollivander asintió vagamente. Tonatiuh fue a sentarse, sin darse cuenta, cerca de Yue Lin Ming, quien esbozaba una sonrisa misteriosa al verlo.
—¿Qué? —inquirió el joven castaño, huraño.
—¿Quiere un consejo sincero, joven García? —dijo Yue Lin Ming, sin borrar su sonrisa. Tonatiuh asintió sin saber qué más hacer —No postergue más su declaración.
—¿De qué está hablando? —espetó el chico en un susurro.
—De lo que pasa por su corazón, obviamente —Yue Lin rió un poco.
Tonatiuh estaba a punto de seguir interrogando a la campeona de Zen cuando Monroe les cayó de sorpresa y comenzó a preguntarle con insistencia acerca de sí mismo y su escuela. Eso lo aprovechó Yue Lin para retirarse y acercarse a Sakura Kiyota, a quien le sonrió de manera conciliadora antes de decirle.
—Este procedimiento está resultando muy largo.
—Es posible —concordó Sakura antes de comentar —Tiene lindos ojos, Ming–san.
—Gracias —Yue Lin sonrió con timidez, pues pocas personas le habían dicho eso —Por cierto, señorita Kiyota, quería hablarle. Es sobre las pociones.
Sakura asintió y se acercó más a ella.
—¿Su poción no es acaso Amortentia? —inquirió Yue Lin, sin rodeos.
—Sí, lo es, ya tengo todo estudiado sobre ella —confirmó Sakura, prudente —¿Porqué?
—Le recomiendo que no se espante mucho con los efectos —dijo Yue Lin al cabo de un momento de silencio —Si no me falla la memoria, no serán los esperados por el hechizo de las personas del Ministerio inglés.
—Lo tendré en cuenta —Sakura inclinó la cabeza en señal de agradecimiento —A propósito¿qué parte de su nombre le gusta más, Yue o Lin?
—Yue, en mi idioma significa luna. ¿Porqué?
—¿Puedo llamarla Yue–chan? —inquirió Sakura, titubeante —Y tutearla, además.
—No veo porqué no —aceptó Yue Lin, sonriendo.
—Muy bien, parece que todo está en orden —informó el señor Sackville, cortando de tajo los susurros entre los campeones y para alivio de Tonatiuh, las incesantes preguntas de Monroe —Después que la señorita Monroe acabe con las entrevistas y que se saquen las fotografías, podrán irse.
—Lo que nos faltaba —refunfuñó Salomón Sahel de forma audible, cerca de sus compañeras de parte, quienes se sorprendieron al escucharlo.
Sahel estaba sentado tras ellas y no parecía muy contento por tener a Monroe de pie junto a él y con pergamino y pluma en mano, dispuesta a entrevistarlo.
—Parece que a Sahel–san tampoco le agrada Monroe–san —comentó Sakura.
Yue Lin se echó a reír.
El señor Creevey, el de la cámara fotográfica, fue pidiendo que los presentes se acomodaran de distintas formas para las fotografías mientras Monroe seguía con su labor. Sacó fotos de los nueve profesores en primer lugar, costándole mucho trabajo ubicar a Madame Hagrid. Luego, quiso fotografías de los campeones por partes, lo que le produjo otro problema al querer fotografiar primero a la Parte Asiática. Monroe alegó que no había terminado su trabajo con Sahel, por lo que el fotógrafo tuvo que pedirle a la Parte Americana que se colocara en unas butacas junto a la chimenea, cosa que los tres campeones de dicha parte hicieron de buena gana. Catherine, que ya estaba habituada a ese tipo de cosas, posó con naturalidad y elegancia, mientras que Paulo Sabedoria tomó asiento de manera seria y Tonatiuh García se sentó apresuradamente, algo incómodo. Luego de un par de tomas, el fotógrafo les dio las gracias y les pidió retirarse para tomar a la Parte Europea, lo que provocó que Richelieu se exaltara bastante ante la perspectiva de salir en el periódico. Se colocó en el centro por orden del fotógrafo, lo que la puso aún más contenta, lo que a Dean y a Sam no les importó mucho.
—Seguramente quisiera ser famosa como Bruce o Krum —le comentó Dean a su primo en cuanto el señor Creevey les dijo a los campeones europeos que podían retirarse para dar paso a los campeones asiáticos —Richelieu es… ¿Cómo decirlo? Como tía Fleur antes de casarse con tío Bill según los relatos de mamá.
Sam rió brevemente antes de hacer una mueca.
—Ahí viene la Cobra Mayor —anunció.
Dean no pudo reprimir la carcajada, por lo que Monroe lo vio como si fuera un bicho raro cuando estuvo a un paso de él y Sam.
—Me deben una respuesta —les recordó de forma cantarina, sosteniendo un pergamino muy largo que para entonces rozaba el suelo, y con su pluma a vuelapluma sobre éste, balanceándose —¿Alguno de ustedes sale con alguien?
Ambos primos se miraron antes de soltar un suspiro.
—Yo no salgo con nadie —respondió Sam, serio —¿Contenta?
—Yo salgo con una compañera de curso y casa —dijo Dean, con la misma actitud de su primo —Es todo lo que diré al respecto.
Monroe sonrió victoriosa y tras revisar sus notas, los dejó.
—Esa tipa no me gusta nada —comentó Sam de improviso.
—Ni a mí —concordó Dean —¿Has oído hablar de Rita Skeeter?
—¡Claro! —Sam frunció el ceño, molesto —Es la periodista más mentirosa en la historia de Gran Bretaña, o al menos eso dicen¿porqué?
—Pues Monroe es su sobrina —informó Dean, haciendo una mueca de asco —Su afición a los chismes y a los rumores viene de familia.
—Así que no hay que confiar en que las entrevistas salgan bien —aventuró Sam.
Dean asintió.
Monroe terminó con las entrevistas casi media hora después, justo cuando el señor Creevey sonreía de satisfacción al haber concluido con su trabajo. Los profesores les dieron las gracias a ambos, pero antes de que se fueran, la profesora McGonagall llamó a Monroe a su despacho. Luego de eso, los campeones notaron la hora y Dean se percató que podría llegar a su última clase del día, Encantamientos. Corrió al aula de la profesora Nicté lo más rápido que pudo, solamente para encontrarse con sus compañeros esperando ante las puertas cerradas del salón.
—Hola —saludó a Nigel y a uno de sus compañeros de dormitorio.
—Hola, campeón —dijo Nigel en broma, haciendo reír a su otro compañero —Jerry y yo comentábamos lo que nos contó Janice¿es cierto que te entrevistaron para El Profeta¿Y que te sacaron fotografías?
—Si van a reírse de eso, no les cuento —advirtió Dean.
—No, cuéntanos —pidió su compañero de dormitorio, Jerry.
—Muy bien, lo haré —accedió Dean, para enseguida relatar casi todo lo ocurrido en la comprobación de varitas, para terminar diciendo —Ojalá Monroe no sea como su tía.
—¡Sueñas! —soltó Jerry sin poder evitarlo —A papá ya lo sacó de quicio y eso que apenas comenzó a trabajar la semana pasada. Me contó en su última carta que hizo que Pamela Taylor se peleara con tu madre por un malentendido.
Jerry miró a Nigel, quien asintió al escuchar eso. Pamela Taylor era una modelo muy famosa en el mundo mágico y gran amiga de Joyce Calvin, quien siempre la contrataba para lucir sus mejores diseños en sus desfiles de modas. Era lógico que Jerry supiera del trabajo de Monroe, siendo su padre el encargado de la sección de Sociedad en El Profeta.
—Pues le advertiré a Janice —atinó a decir Dean, antes que la profesora Nicté abriera las puertas del salón.
—Espero que con eso baste —deseó Nigel.
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Gente linda, bienvenida al capi 29 de "El Torneo de las Tres Partes" (vaya, a ver si alguien me sugiere una abreviatura para el título del fic, es algo largo), ojalá lo hayan disfrutado. Soy Bell, saludándolos como siempre.
¿Qué les pareció la comprobación de varitas? Una lata. Bueno, eso porque son nueve campeones, nada más. Como pudieron leer, no puse la descripción de todas las varitas, porque me habría llevado mucho tiempo y además, debo confesar que la imaginción no dio para más. En las fechas en las que escribí el capi (por finales de marzo, creo), andaba muy ocupada. Y luego, con todo lo que avancé en el fic, se me olvidó.
Y si creíamos que nos habíamos librado de la Cobra Mayor, pues no. ¡Aquí tienen a Rita Skeeter segunda! Puse a Monroe como su sobrina por pura diversión, pero ignoro si en efecto, Skeeter tiene familia. Con que Monroe no sea metamorfomaga como su tía, creo que las cosas están bien. No creo que lo sea, Monroe no tiene cerebro para eso (digan lo que quieran, pero Skeeter, a pesar de lo desgraciada que fuera con sus chismes, era lista), así que podemos estar tranquilos.
Y así, haciéndose nuevas amistades y una Monroe más metiche que antes, me despido.
¡Cuídense mucho, mándenme besitos y reviews alegres y nos leemos pronto!
