Capítulo XXIX

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Me siento en el taburete frente al público, y junto a mi hermano, con quién habíamos pasado largas horas durante la noche, preparando esta canción. Quizás no era una de las piezas más perfectas que tocaríamos, en términos musicales, pero sentía que en cualquier otro término, lo era.

Observé en la dirección en la que se encontraba Andrea, intentando enfocarla a pesar de las luces que me obstaculizaban la vista. Suspiré largamente cuando la encuentré y me vuelvo al público, esperando que no la noten, para que nadie vaya tras ella y la acose.

- Esta canción es muy especial para mí y aunque llevamos mucho tiempo sin cantarla, queremos intentarlo entre mi hermano pequeño y yo… - sonreí mirando a Tom, que me respondió con esa complicidad que nos caracteriza.

Las notas en la guitarra de mi hermano comenzaron a sonar y tuve que tragar el nudo en mi garganta, para poder comenzar a cantar.

- He aterrizado aquí en alguna parte, no puedo decir ni quien soy… he perdido la memoria, las imágenes ya no tienen sentido. Llévame de vuelta, llévame a casa… no logro estar aquí sólo…

Intentaba expresar todo lo que sentía, todo lo que esas palabras significaban para mí ahora mismo. La añoranza, el deseo de algo que no llegaba, la declarada petición de un sueño.

Mi voz se quebró cuando llegué al estribillo. Andrea me había ofrecido sus alas, me lo había dicho así y yo las quería.

- Ven y ayúdame a volar, préstame tus alas, lo cambio por el mundo, por todo lo que me sostiene, lo cambio esta noche… por todo lo que tengo…

Volví a mirarla, a pesar de que no podía distinguirla, sabía exactamente en dónde estaba, y sabía también, que ella comprendía el mensaje que esta canción encerraba. Le había dicho que la amaba, con la frase hecha para ello. Ahora también lo estaba haciendo, con mis propias frases.

- No me encuentro a mí mismo otra vez, no me reconozco, ven y sácame de aquí, lo doy todo por ello. Tengo un dolor a distancia, quiero volver, me alejo cada vez más, con cada instante… he aterrizado aquí en alguna parte…

Sabía que intentarlo iba a ser difícil, y era ahí en dónde más iba a necesitar de sus alas.

Cuando la canción terminó y bajamos del escenario, observé en medio de la penumbra del escenario, hacía Andrea. Tenía tantos deseos de besarla.

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Estaba esperando a Andrea, en el coche que había alquilado, para que nos llevara a cenar y luego a pasear por Paris, cuando recibí un mensaje de Reina.

"Ya estoy aquí"

"Llegaremos en un momento"

Fue la escueta respuesta que le di. Por alguna razón, ya no me estaba pareciendo tan buena idea cenar con ella. Lo que había comenzado como una necesidad de demostrarle que no era una propiedad suya, se había convertido en un incomodo compromiso, que con gusto habría eludido.

Suspiré.

Cenaríamos rápido y luego nos iríamos Andrea y yo a pasar toda la noche por las calles, siempre despiertas, de esta ciudad.

El chofer bajó y pude verla, a través de los cristales oscurecidos del coche. Se veía preciosa, aunque yo la encontraba igualmente preciosa sólo envuelta en una sábana. En ese momento no pude evitar imaginarla congestionada y agripada, con la nariz roja de tanto limpiarla. Sabía que seguramente en ese momento la amaría, incluso más.

- Hola… - la saludé en su idioma.

- Hola… - me respondió sonriendo, con sus labios enmarcados en un hermoso color rojo. Me eché atrás, por miedo a arruinar su perfilado - … no te pintaré… - negó y sonrió.

Le toqué el labio inferior con mi dedo y lo miré, comprobando sus palabras. Le di un tímido beso, sin lograr apartar del todo el miedo a arruinarle el maquillaje. Así que opté por hundir el rostro en su cabello rizado y suelto, besando tras su oído, una zona que había descubierto que en ella, era muy sensible. Andrea se estremeció, la miré, le sonreí y le pedí al chofer que nos trasladara.

- Al Crillon…

Luego de un momento, en uno de nuestros ya habituales silencios, y durante el cual yo me recreé en la forma en que se le ceñía la chaqueta al cuerpo. Ella me miró y me habló.

- Gracias por la canción…

- Gracias a ti por venir… - le respondí. Sintiendo el nudo en el estómago, por tener que explicarle la presencia de Reina.

Llegamos al hotel y a cada paso que daba con Andrea de la mano, era más consciente del error que había cometido. Así que me detuve con ella en el hall y le escribí un mensaje explicándole parte de la situación.

"He invitado a alguien más, no tuve tiempo de decírtelo, espero que no te importe"

Sólo por su expresión, supe que la idea no le había hecho ninguna gracia. Leí su respuesta.

"Pensé que estaríamos solos, pero bueno, si tú lo has decidido estará bien…"

A pesar de no estar contenta, me estaba dando un voto de confianza.

"Te prometo, que luego de la cena, la noche será toda nuestra"

Le entregué el mensaje y le sonreí, esperando que comprendiera, que quería compensarla por cualquier molestia. Me observó detenidamente, para luego suspirar derrotada.

- Toda nuestra… - me advirtió.

- Sí – afirmé y la habría besado, si no temiera arruinar sus hermosos labios rojos.

Tomé nuevamente su mano. No la soltaría. Ya no sólo por presentarme frente a Reina, si no, para que Andrea se sintiera bien. En medio de las personas que esperaban en aquella sala a la que entramos, se encontraba ella. Nos acercamos y cuando nos quedamos de pie junto a su asiento alzó la cabeza y nos miró.

No puedo negar que me sentía nervioso. Absurdamente nervioso, si tenía tan claro, que ya no la quería. Pero volver a ver a una ex, nunca era fácil.

- Hola… - saludo en alemán, poniéndose en pie. Mirándome fijamente. No podía negar que se veía radiante.

- Hola Reina… - respondí al saludo, intentando actuar lo más natural posible, dándole un beso en la mejilla, que ella respondió - … ella es Andrea…

La presenté de inmediato, quizás demasiado pronto, era como si necesitara resumir la reunión. ¿y si simplemente le decía que tenía que marcharme?, era una alternativa ¿no?.

No, eso no era correcto. Nos quedaríamos el tiempo suficiente para cumplir y nos marcharíamos.

Pedimos la cena, y en todo momento intenté estar pendiente de Andrea, para que no se sintiera demasiado incómoda, ya que su expresión me decía que no era precisamente su cita soñada.

Maldita la hora en que pensé en semejante estupidez.

- ¿Tu amiga no habla? – me preguntó Reina, que desde que habíamos llegado, sólo había usado el alemán para comunicarnos.

- Habla español… - le aclaré, sonriendo a Andrea.

- Oh vaya… - su tono era de curiosidad - ¿y cómo conversan?...

- Utilizamos traductores… - intenté responder, sin dar demasiados detalles.

- Oh… - usaba ese tono condescendiente que tan bien le conocía.

Continuamos cenando. Andrea iba por su segunda copa de vino blanco. Yo aún no pasaba de la primera.

- ¿Está bien tu comida? – le pregunté a Andrea en inglés, que procesó la pregunta y me respondió.

- Muy bien… gracias… - fue todo lo que dijo. Se sentía incómoda, era evidente para mí.

Dejé de comer, para pasar al siguiente plato y de ese modo irnos lo antes posible.

- Pensé que vendrías con los chicos… - habló Reina, sonriéndole a Andrea, como si me estuviese hablando del tiempo. Ella le respondió con amabilidad.

- Ya ves…

Le escribí un mensaje a Andrea y se lo entregué.

"Nos iremos muy pronto, ten un poco de paciencia"

"Comprendo que te reencuentres con una amiga, pero era nuestra noche"

Fue su respuesta, no podía ser más clara. Estaba molesta y lo peor, es que no la culpaba.

- Deberías haberme dicho que tenías una aventurita, te habría esperado en Tokyo… - habló entonces Reina, de un modo tan calmo, que si no hubiese comprendido claramente su insinuación, no me lo creería.

- Ya está bien – me harté – ya me cansé de este juego de los amigos – notaba como me iba sulfurando…

En ese momento Andrea se puso en pie. Tomé su mano para retenerla, sin saber qué pasaba.

- Voy al baño… - me dijo y asentí, soltándola.

- Tú y yo no somos amigos Bill… lo sabes… - insistió.

- ¿Qué somos entonces, según tú? – quise saber.

- Dos cometas que viajan en la misma dirección, tenemos vidas paralelas, vidas que inevitablemente se tocan. La prueba es que volverás a estar en mi programa… - sonrió.

No sabía si considerar aquello como un hecho. David no nos había confirmado nada, aún, sobre la visita a Japón.

- Trabajo es trabajo – le dije. Ella se puso en pie y tomó su bolso.

- A veces se puede mezclar con otras cosas… - dejó abierta aquella proposición – voy al baño…

Casi resoplé cuando la vi alejarse. Seguramente se encontraría con Andrea ahí, pero qué le podía decir, 'No, no vayas al baño'

No tenía más opción de esperar a que Andrea volviera, aunque desde luego, para mí esta cena estaba terminada.

Alcé la mano llamando a la chica que nos estaba atendiendo, y que como en todos estos lugares de prestigio, estaban atentas a cualquier movimiento del cliente.

Le entregué mi tarjeta, para que me cobraran la cena y cuando alcé la mirada me pareció ver a Andrea alejarse en atravesando el hall.

- Pero qué…

Me puse en pie para salir tras ella.

- No olvide su tarjeta… - me dijo la chica. Entregándome el pedazo de plástico, que ahora mismo poco me importaba.

Salí al hall y observé alrededor, hasta dar con la puerta principal. Ella no estaba.

- Mierda.

Salí en dirección al estacionamiento, en tanto le escribía un mensaje corto y en inglés, esperando que lo comprendiera.

"¿Dónde estás?"

La respuesta me llegó, cuando me iba acercando al coche y es español.

Bufé molesto, teniendo que transcribirlo para saber lo que me decía.

"Déjame sola, termina tu cena"

"Dime dónde estás y hablaremos"

"¿Hablar?... ¡Ja!... lo menos que hacemos tú y yo es hablar"

Suspiré estando ya dentro del coche. ¿Qué podía haberle molestado tanto? Ella no sabía de la relación que habíamos tenido Reina y yo.

-¿A dónde lo llevo? – me preguntó con amabilidad el chofer.

- Salgamos por la calle principal y demos algunas vueltas alrededor… - le pedí.

- Muy bien.

- A baja velocidad – le pedí - …busco a alguien…

- Entendido.

Volví a intentar con un mensaje.

"Podríamos pasear… Paris no duerme"

"Bill, de verdad que ahora no soy buena compañía, déjame tranquila"

¿Qué podía decir ante sus categóricas palabras?

Me quedé leyendo aquel mensaje, mientras el coche avanzaba a baja velocidad.

"¿Al menos estás bien? ¿Puedes regresar sola?"

Esperé largos minutos, sin obtener respuesta. Me quedé mirando por la ventanilla, mientras recorríamos las calles, llegando incluso a pasar dos veces por la misma zona. Observando a las mismas personas hablando y riendo fuera de algún local.

Sentí deseos de bajarme, perderme en medio de todas las personas y buscarla. Mirar en los rincones que dentro del coche, solo eran sombras. Pero esas cosas no las hacía yo ¿verdad?

- Para aquí… - le indiqué al conductor. El hombre se detuvo unos metros más adelante - ¿puedes seguirme en el coche? – quise saber.

- Desde luego… - aceptó con aquella amabilidad a prueba de balas.

Me bajé y comencé a caminar, al principio, no exento del temor de ser reconocido, pero a medida que continuaba caminando y quienes me rodeaban, parecían ignorar mi presencia, me sentí más tranquilo, para alzar la mirada y buscar a Andrea. Sabía que estábamos en la última de las calles que habíamos recorrido para llegar al restaurante, pero claro, quizás se había tomado un taxi y ya estaba de regreso en la caravana con sus amigas. ¿Debía ir ahí? Quizás debía dejarla tranquila por esta noche, como ella me había dicho, pero me dolía el pecho, sólo de pensar en que al día siguiente cada uno tomaba un rumbo diferente. Al menos quería asegurarme de que ella estaba bien.

Volví al coche, que estaba a sólo metros de mí. Pero cuando iba a abrir la puerta, la vi. Caminaba al otro lado de la calle, con los brazos cruzados delante del pecho, completamente ajena a las miradas y los comentarios que generaba.

Miré en la dirección en que los coches venían y en el primer momento en que vi la oportunidad, crucé la calle. Andrea se había adelantado varios metros, así que apuré el paso y en cuestión de unos segundos caminaba tras ella. ¿Qué podía decirle? ¿Qué palabras podían mejorar la situación?

- ¿Hola?... – hablé en alemán, suponiendo que no pasaría desapercibido para ella.

Me miró por encima del hombro. Sus ojos delataban el enfado y la tristeza.

¿Le habría dicho algo Reina?

- ¿Te puedo acompañar? – le pregunté en inglés, esperando a que me comprendiera.

- La calle es libre – me soltó sin detenerse.

Comencé a caminar junto a ella en silencio. Separados por una distancia que se me estaba haciendo enorme y cuestionándome si me merecía esa misma distancia.

- ¿Qué pasa?... – pregunté.

- Dime tú – fue su escueta respuesta.

- Tú te fuiste.

- No te entiendo – podía notar la frustración en su voz.

Saqué mi móvil del bolsillo, dispuesto a escribir un mensaje.

- No – me dijo alzando una mano por delante de mí, indicándome que parara. La miré y me sostuvo la mirada.

- ¿Reina? – preguntó.

Pero yo sabía que su pregunta pasaba por más que saber dónde estaba. Ella quería saber qué lugar ocupaba en mi vida.

- Es una amiga – aclaré, sin quitar la mirada de sus ojos, que indagaban en los míos, casi hasta el punto de molestarme.

Lo acepto, no había hecho bien en invitar a Reina, pero no era un delincuente por ello.

- Vamos… - le indiqué el coche – te llevo a la caravana.

Negó con un gesto suave, pero que no por ello dejaba de ser una negativa.

Suspiré.

- Andrea… - dejé que mi propia frustración, ante la situación, se filtrara en mi voz.

Me observó un instante, que me pareció un tiempo demasiado largo y extrañamente doloroso.

- Te llamaré…

Me ofreció, moviéndose lentamente para retomar su camino.

¿Tenía que seguirla?

Me quedé observando, como se alejaba poco a poco. Había llegado hasta aquí por ella, buscándola, ¿qué más quería? No iría más lejos.

Observé el coche, detenido a unos pasos, y luego a un pequeño grupo de chicas, que parecían secretearse, mientras echaban miradas indiscretas en mi dirección. Miré una vez más a Andrea, para luego cruzar al coche.

Continuará…

Upss… ya lo sé ¿qué ha pasado?, pues que nuestro Bill es orgulloso, que le cuesta aceptar abiertamente sus errores, que no habla el mismo idioma como para tener una discusión como corresponde y que no sabe que Reina le dejó una espinita a Andrea en el pecho. A ver por donde sale esto. Ella le dijo que lo llamaría, ahora, no dijo cuándo.

Espero que con todo, el capítulo les haya gustado. Las historias son así, tienen altos y bajos.

Besos.

Siempre en amor.

Anyara