Capítulo especial, es el que más fielmente he reproducido (exceptuando las menciones a Atreo) la conversación entre Saga y Kanon en Cabo Sunión.


29. Cabo Sunión

Cuando regresó al templo de Géminis, Kanon había desaparecido. El amanecer estaba al acecho.
— ¿Kanon?— la pregunta de Saga hizo eco por todo el templo. Caminó altivo hasta la habitación de su maestro, y al abrir la puerta el cadáver no estaba.
Masculló una maldición y se dirigió al lugar donde solía imperar una pared ilusioria. Esta vez no había ninguna ilusión que derrumbar: el pasillo que daba a la estancia de su gemelo estaba despejado, a la vista de cualquiera que pasara por allí.
Corrió hasta la puerta y la abrió violentamente, pero su hermano no estaba en aquel cuarto.

Una risa tenebrosa le atravesó la mente.
"¿Qué buscas Saga?"
Sacudiéndose la cabeza por el dolor, buscó el origen de esa voz.
"Tu hermano ha salido del templo"
Con esa pista, Saga salió atropelladamente del templo de nuevo. El cambio de guardia no tardaría en llegar y temía por ello.
Saltó entre unos escombros y llegó a un lugar solitario, donde su hermano estaba sentado sobre una columna derruida. Al sentir a Saga, Kanon se giró, esbozando una sonrisa extraña.
— ¿Qué haces aquí? Deberías estar en el templo. ¿Dónde está el cadáver de Atreo?— disparó su gemelo.

Kanon volvió la cabeza al horizonte y emitió una risa leve.
—Enterrado—
Una ligera brisa sacudió las largas cabelleras de ambos. Saga se aproximó a su hermano y alargó la mano hasta su hombro. Kanon dio un respingo y se levantó abruptamente mirando a su gemelo. Los dos se observaron mutuamente, manteniendo la vista fija el uno sobre el otro.

—Saga…pronto serás Patriarca, con toda seguridad— comenzó Kanon. Saga asintió levemente.
—A no ser que el Patriarca designe a Aioros— terminó con una mueca burlesca.
La reacción tuvo el efecto deseado en su hermano y vio como su faz se tornaba ligeramente molesta.
—Hermano, ¿por qué no tomamos el control del Santuario?—
Saga empalideció y retrocedió horrorizado.
— ¿Qué estás diciendo?—
—Te hablo de asesinar a Atenea y tomar el control de éste lugar—
La reacción de su hermano no se hizo esperar, y sin más miramientos lanzó un puñetazo a la cara de su hermano. Kanon sonrió a pesar de sentir el dolor mientras su hermano se quedaba estático frente a él.
—Odio tener que golpear a mi propio hermano, pero me has decepcionado. Me hablas de asesinar a nuestra diosa, algo inconcebible—
Kanon soltó una leve risa y miró a su hermano.
—Deja de hacerte el bueno conmigo, te conozco de sobra. ¿O debería recordarte la hazaña de esta noche? Piénsalo, Aioros no podrá proteger a Atenea todo el tiempo, y una vez que terminemos con tu rival, el Patriarca caerá rápidamente—
Saga no podía creerse las palabras que su hermano le estaba dirigiendo, pero por otro lado, dentro de él, una sombra empezó a crecer. Rápidamente el gemelo mayor aplacó esa voz interna.
— ¿Estás loco?— exclamó irritado.
Su hermano prosiguió.
—No, de hecho he reflexionado mucho sobre esto. Tenemos las de ganar ¿no lo ves? Nadie conoce mi existencia aquí. No tendremos dificultades para acabar con ellos si estamos juntos, y podremos reinar sobre el mundo entero—
— ¡Cállate!— gritó Saga, agarrándole de la camiseta –No quiero escuchar más tus palabras, sabía que te devoraba la ambición pero no hasta ese punto. Kanon, tú, que si me sucediera algo adoptarías la identidad del Caballero de Géminis, me hablas de asesinar a aquella a quien juramos proteger con nuestras vidas. Te has convertido en un monstruo—

Kanon sujetó la muñeca de su hermano, forcejeando. Soltó una carcajada.
—Me haces reír hermano, deberías ser honesto contigo mismo por una vez—
Saga abrió los ojos, sin comprender.
— ¿Cómo?—
—Tú siempre has sido bueno como un dios, el salvador de la gente. Mientras que a mí se me ha tachado de tener ambiciones egoístas. Que yo era el gemelo malo. Pero tu maestro no podía estar más equivocado. A mí no me engañas, porque en el fondo sé que eres igual que yo, un lobo con piel de cordero—
Las voces internas de Saga doblegaban su voluntad, pero una vez más, el caballero de Géminis se repuso y lanzó otro golpe a su hermano en el vientre.

Kanon retrocedió dolorido por el ataque, pero consiguió continuar hablando.
—Mis palabras son ciertas y eso te molesta ¿verdad Saga? Ahora sacas tu lado perverso, te dejas llevar por la ira y el odio. Al fin has dejado ver tu verdadero rostro— consiguió decir antes de caer doblado por el dolor.

Saga se quedó de pie frente a su hermano y frunció el ceño con actitud despreciativa.
—Esta vez has ido demasiado lejos, no puedo permitirme dejarte en libertad un día más. Representas un peligro para el Santuario e impediré que puedas hacer más daño encerrándote en Cabo Sunión—
Dicho esto, levantó a su hermano del suelo, quien no opuso resistencia debido al golpe recibido anteriormente y lo encerró en la cueva. Saga observó a su hermano incorporarse sobre el agua que entraba por la cueva y agarrarse a los barrotes. Él se mantuvo a distancia sobre los peldaños que daban a la prisión.

— ¡No puedes hacerme esto, sácame de aquí! ¿Es que quieres matar a tu propio hermano?— imploró Kanon.
—Yo no he hecho nada malo, sólo he cumplido con mi deber como caballero de Atenea impidiéndote cometer un crimen. Si los dioses son piadosos contigo y recapacites tus palabras quizás logres salvarte— aseveró Saga —¡Adiós hermano!—
Acto seguido se giró y caminó escaleras arriba, mientras Kanon seguía aferrado a los barrotes.
— ¡Lo quieras o no somos idénticos, si yo soy un demonio, tú no eres muy diferente! ¡Tu verdadera naturaleza despertará algún día y te consumirá completamente! Los que estamos destinados a poseer un poder divino debemos utilizar esto en nuestro propio beneficio. No descansaré hasta inocularte el veneno de la ambición—
Saga frenó sus pasos y se giró iracundo.
— ¡Cállate ya!—
El caballero de Géminis se dejó dominar por aquellas palabras y generó un aura oscura, al dejar fluir su lado tenebroso. Sus ojos, azules y serenos, se tornaron rojos y demoníacos.

Al ver esto, Kanon esbozó una sonrisa.
— ¿Lo ves? El mal ya ha tomado tu alma, tal y como aseguró Atreo que lo haría— exclamó a su hermano, soltando una carcajada.
Saga sintió una punzada en su corazón, a sabiendas de que lo que había dicho su hermano era verdad.
Kanon prosiguió hablando.
— ¡Tu destino está marcado, reconoce tu ambición, posees un gran poder, pero te niegas a aprovecharlo! ¡Algún día destruiré a Atenea y gobernaré el mundo! ¡Te ofrezco la posibilidad de unirte a mi destino y gobernar el mundo juntos! ¡Si no lo haces, te arrepentirás!—

Su hermano aceleró el paso escaleras arriba, sintiendo un gran peso en su corazón.
"¿Qué es lo que estoy haciendo? Mi hermano tiene razón…asesiné a aquel guardia…y ahora a mi hermano…me está sucediendo lo mismo que a mi maestro…¿pero qué…?"

Con estas preguntas atenazando su alma, prosiguió su desbocada carrera hacia su templo.

[Templo del Patriarca]

Shion se hallaba en la recámara del Patriarca, observando la pequeña cuna donde un hermoso bebé de cabellos lilas dormía plácidamente. Sonreía al ver la placidez de tan inocente criatura, que en el futuro sería portadora de un poder imposible de describir.

El pequeño Mü, con siete años de edad, se acercó a su maestro, tratando de amortiguar sus pasos. No quería despertar a la pequeña Atenea.

Su maestro observó la escena con ternura. Era la primera vez que su alumno veía al bebé.
Juntó sus manitas a la espalda y se reclinó sobre la criatura. Sus grandes ojos verdes observaron meticulosamente las rechonchas mejillas y la boquita ensalivada. Estaba bien envuelta en una gruesa mantita blanca.
Mü sonrió y señaló el suave cabello del bebé.
—Mire maestro, su pelo es igual que el mío— susurró el pequeño lemuriano. Shion asintió con una plácida sonrisa e indicó al niño que se acercara para sentarse en su regazo.

El futuro caballero de Aries hizo lo que su maestro le pidió y se acurrucó entre sus brazos. Shion lo estrechó fuertemente, disfrutando de aquel momento de tranquilidad.
Hacía unos minutos que había sentido el despertar de algo maligno, más poderoso que nunca e igual de inidentificable.
—Hijo…¿recuerdas aquellas palabras que tuvimos hace unos años?— musitó Shion a su alumno, mientras acariciaba la suave melena lila de Mü. Éste se lo pensó unos segundos antes de agitar la cabecita.
—Me ha dicho tantas cosas que no sé a cuál se refiere ahora…—
Shion ahogó una risa.
—Tienes razón, pequeño…además, es normal que no te acuerdes, porque fue hace mucho tiempo. Pero te lo repetiré de nuevo, ya que es muy importante. Mi tiempo en la tierra está llegando a su fin y designaré esta tarde al nuevo Patriarca—
Ante estas palabras, los ojos de Mü se volvieron vidriosos. No tardaron en aflorar las lágrimas.
Shion cogió la barbilla de su alumno con una mano y con la otra pasó delicadamente los dedos para limpiar las lágrimas.
—Hijo mío…es ley de vida. Y no puedo hacer nada para detener el tiempo. Pero necesito que me escuches con atención. Hay algo que me inquieta y quisiera desenmascarar esto antes de irme. Cuando finalice mi patriarcado nos iremos juntos a Jamir a continuar el entrenamiento. Es un lugar oculto entre las montañas en Nepal, es muy difícil acceder a ese lugar. Allí, existe una torre que ha sido durante milenios hogar de nuestros antepasados. Si yo muriera antes de que pudiéramos acudir juntos, quiero que tengas esto y lo guardes bien entre tus ropas. Es el mapa de ese lugar y cómo llegar. Además, allí existe una armadura secreta relacionada con la reparación de armaduras—
Su alumno asintió con entereza y ocultó el papel entre sus ropajes. Iba a bajar del regazo de su maestro, cuando le retuvo unos segundos más.
—Mü…prométeme que me obedecerás, aunque no te guste lo que te ordene— musitó el Patriarca. A los ojos del pequeño, esa frase sonó alarmantemente premonitoria. Sin pensarlo dos veces, estrechó a su maestro y juntos se quedaron en silencio. Shion acarició la suave melena lila de su alumno, preguntándose cuándo volvería a hacerlo.


NOTAS:

No he querido retocar en exceso esa escena, ya que es muy reveladora. Sólamente la he adecuado a la historia que he creado y ya está. Tanto Saga como Aioros ya son santos dorados (con 14 y 15 años respectivamente) y Atenea ya se ha reencarnado. En cuanto termin de relatar los sucesos del Santuario, retornaré al argumento Egipcio.

¡Un saludo a todos los que me leen y comentan esta historia!