Capítulo 29

La magia más antigua

----------oOo----------

Después del amanecer ya nada será igual.

Te llevaré en mi alma toda la eternidad.

Y por última vez te volveré a mirar.

Sabiendo que ya nunca te podré olvidar.

Siempre perdido, bajo el cielo herido.

"El cielo herido", Hombres G

----------oOo----------

Era una bendición que la noche fuera cálida y despejada… pareciera que la Naturaleza les brindaba el regalo de la ocasión perfecta. Harry se separó de los labios de Hermione suspirando con profundidad… sabía muy bien lo que a continuación haría.

Dejó de mirarla a los ojos y bajó su rostro. Sus manos se dirigieron a los zapatos de ella: negros y colegiales, y los cuales la chica siempre llevaba brillantes y pulcros. Como los pedía el reglamento. El muchacho se los quitó con lentitud. La miró de nuevo, ahora para buscar su aprobación.

La descubrió sonriendo alicaídamente, pero con un destello de deseo brillando en sus ojos miel. ¿Cómo se puede sonreír con tristeza? Se preguntó. No quiso saber la respuesta, no en ese momento. Dejaría las reflexiones para después… mucho después.

Procedió a despojar cada uno de los pequeños pies de ella de sus calcetas, blancas y largas, tal como las exigía el riguroso uniforme escolar. Ahora el que sonrió fue Harry, al pensar que Hermione y él pudieran parecer a los ojos de muchos, aún un par de críos… Estamos en el colegio, vestimos uniforme… Ella tenía diecisiete, él poco menos de eso. Y sin embargo, aparentaban haber vivido tanto; le habían plantado la cara a la muerte en varias ocasiones y ésta aún los estaba acechando… ¿Eso no les daba un poco de derecho a hacer lo que estaban haciendo?. ¿A amarse sin reservas, sin temor y sin tiempo?

Harry admiró los pies de su novia, lindos y coquetos… sus pequeños dedos moviéndose, apreciando la libertad recién otorgada. Él se agachó hasta quedar en cuclillas, y alcanzó uno de los pies de ella con la boca mientras acariciaba el otro con su mano… Hermione soltó una risita cuando Harry besó cada dedo, asombrado que ella fuera bella y tuviera buen sabor hasta en esa parte de su cuerpo.

La amaba tanto, desde la punta de esos deditos inquietos y bonitos, hasta el final de sus crespos cabellos. La amaba tanto, que se juró volverla a enamorar mañana, y cada día juntos. La amaba tanto, que se aseguraría mantenerse con vida para vivir el resto de ésta a su lado… Y que, en cuanto todo acabara y el mundo estuviera a salvo, se quedaría para siempre con ella… si ella aceptaba, la haría su esposa de inmediato.

Pero ese amor inmenso que sentía por ella, también le hacía sentir remordimiento. Besó apasionado su tobillo pensando que él era un egoísta por haberla puesto tantas veces en peligro… Por haberla hecho suya, por haber permitido que ella lo amara cuando ni siquiera sabía si sobreviviría al enfrentamiento final… al encuentro con Voldemort.

-Perdóname… -murmuró él con consternación.

Hermione borró un poco su sonrisa y preguntó:

-¿Por qué?

Harry dejó de besar y recargó su cara en su pierna, mirándola a los ojos con flaqueza.

-Yo no debí… tú eres tan joven. Y yo… yo estoy…

Hubo una pausa en la que ella lo miró con pesar. La chica sabía muy bien lo que Harry estaba… nadie se lo tenía que recordar. Él leyó en los ojos de Hermione que no le importaba eso ni nada, que no le interesaba lo que Harry estaba, estuviera o estuvo… y mucho menos la maldita edad.

Después de todo. ¿no lo amaba ella desde niña?. ¿No le daba derecho a entregarse a él, ahora que tenía cuerpo de mujer?

-¿Te arrepientes? –susurró la chica acongojada.

-Jamás –contestó Harry con una seguridad aplastante, a pesar de tener la voz quebrada. -Nunca. Eres lo mejor… eres lo único bueno que he tenido en toda mi jodida vida. Tú eres mi salvación.

Hermione sonrió. Y Harry supo que ella tampoco se arrepentía. Al diablo la juventud, si el condenado amor se los comía vivos y la única defensa era hacerla suya… ¿por qué sentir culpa?

Con renovada pasión, Harry cerró los ojos y ladeó su rostro hacia la suave pierna de ella, llenándola de besos vehementes y lamiendo con exaltación. Sintió en su boca el sabor que amaba, el gusto de su piel que adoraba… era sabor a almendra, a piel tostada por el sol; sabor a sudor mezclado con loción. Lo que fuera… era su sabor.

Sus besos subieron por la pierna de ella, lamió los pequeñísimos vellos castaños que cubrían su piel. Tan pequeños que a simple vista no se veían, pero que un acercamiento exhaustivo como los que él le hacía permitían observar con nitidez.

Llegó a su rodilla; su lengua surcó una pequeña cicatriz… recordó la historia que Hermione les contó acerca de ella: su primera y única experiencia en bicicleta; intento de aprender a montarla y un árbol como método de frenado.

"¿No será que por culpa de ese accidente, ahora no te puedes subir a una escoba? Creo que no soportas despegar los zapatos del suelo…", se había burlado Ron de ella ese día… Harry rió bajito al pensar que así era Hermione precisamente: siempre sensata, siempre con los pies bien puestos en la tierra.

Todo lo contrario de él… Harry adora volar, se sentía libre y feliz cuando lo hacía. Igual que en su vida: siempre soñando alto, siempre pensando que es capaz de lograr cualquier cosa. Hermione había sido su meta más anhelada y a la vez era su ancla. Su impulso para seguir y su puerto para descansar… Hermione era su todo.

Harry usó sus dos manos para acariciar sus largas piernas, y no dejó centímetro de piel sin explorar: desde las uñas de los dedos hasta el borde de su falda… a dónde llegó con su lengua, deseoso de probar más.

Hermione no decía palabra… ni siquiera suspiraba. Harry levantó un poco el rostro para mirarla y se sorprendió de verla con los ojos cerrados y el mentón en alto… una sonrisa de satisfacción y su cabello arremolinado salvaje por el viento.

Hermione estaba volando. A su modo, al modo que Harry le estaba provocando.

El chico se enterneció… se juró que la haría sentir como nunca a pesar de saber que lo olvidaría al otro día… ¿Y qué importaba? Él se encargaría de atesorar esas memorias… de recordar para los dos, y quizá... algún día se lo contaría.

Harry levantó su cuerpo para alcanzar con su lengua uno de sus muslos… posó ambas manos sobre sus ardientes piernas, acariciando casi con rudeza, oprimiendo… dejando las marcas de sus dedos en ellas. Levantó la falda un poco para continuar besando, recorriendo el camino al premio más deseado.

Hermione gimió por fin… Harry se sonrió por saber lo que la estaba haciendo sentir. Llevó sus manos con lentitud por debajo de su falda, hasta rozar con los pulgares la suave tela de la prenda íntima.

La chica abrió los ojos y bajó su mirada, con curiosidad por ver lo que Harry le hacía. Se apoyó con las manos sobre el parapeto para deslizar su cuerpo más abajo… más hacia la boca de él. Quedó sentada justo en la orilla, tanto que si el muchacho no la estuviera sosteniendo, se hubiera ido de bruces contra el suelo.

Harry introdujo sus pulgares dentro de las braguitas de ella, a la altura de la cintura. Ansioso, cerró los puños estrujando la tela entre sus dedos, mientras mordisqueaba los muslos de la chica… Siempre estorbosas, siempre… deberían quedarse en su gaveta.

-Evanesco –masculló frenético, levantando apenas los labios de su piel y arrugando el entrecejo.

Las braguitas de Hermione desaparecieron; se esfumaron de entre sus manos, dejando a éstas en libertad para rodear sus caderas. Apasionado como se sentía, Harry no se detuvo a pensar en el hecho extraordinario que tal acto representó: había hecho magia sin necesidad de su varita. En ese momento no le importó… lo crucial era que el obstáculo se había ido, quizá a reposar de nuevo a su cajón.

-Harry. ¿Cómo…? -musitó Hermione, a quien la magia del muchacho no le había pasado desapercibida. Pero no pudo decir más, pues el chico la miró con tanto fuego al tiempo que deslizaba la lengua por su piel, que ella sólo pudo gemir de placer.

El joven mago se había dejado ganar por la enorme pasión que sentía por su novia, dejando que el sentimiento se regara en su alma como un gran incendio, quemando a su paso cualquier pena o tristeza que en su corazón hubiera anidado.

Harry terminó de enderezar su cuerpo por completo, alcanzando con su rostro al de Hermione quien, inclinada hacia delante, se dejó atrapar por un beso. El muchacho se posesionó de sus labios casi con furia, sin quitar las manos de sus muslos, acariciándolos desde las rodillas hasta el borde de su falda… sabiendo que de esa forma la impacientaría.

La chica, que hasta ese entonces había permanecido pasiva, dejó de apoyar sus manos en el parapeto de piedra para tomar cada mano de Harry, abriendo más sus muslos y empujándolas hacia dentro… El chico entendió a la perfección lo que su novia le estaba sugiriendo.

Recorrió sin ver el camino que restaba para finalizar las tersas piernas de ella, llegando a la pequeña mata de vello que Harry ya conocía tan bien. Palpó el vientre de la chica, plano y suave, sintiendo como subía y bajaba con cada suspiro que la chica daba. Algún día… justo aquí, Hermione, pensó Harry ilusionado… aquí crecerá el fruto de nuestro amor.

Algún día.

Apoyó ambas manos en su vientre, y llevó sus pulgares hacia abajo. Hermione gimió con pujanza en sus labios, cuando Harry comenzó a deslizar sus dedos ahí… en la ya bastante húmeda intimidad de ella.

-Oh, Harry… -dijo en un suspiro. –Eso es… maravilloso. Por favor, no te detengas.

Desde luego que no pensaba hacerlo. Harry estaba orgulloso de la reacción de la castaña, pues ésta gemía con anhelo y llevaba su cuerpo hacia delante, en un desesperado intento de obtener más de la caricia de sus dedos. El chico se entretuvo tanto tiempo que ella creía era una barbaridad, pues la suave caricia de Harry la estaba matando lento…

Era un deslizar, un subir y bajar… aprisionando y oprimiendo entre sus dos dedos ese órgano minúsculo de ella, el cual posee gran sensibilidad.

Harry adoraba eso; amaba sentir toda esa humedad, tibia y pegajosa, aumentando por momentos… saber que su chica se mojaba así por él, tener la certeza que eso no es más que el preludio del mejor momento… el entremés para sentirse dentro de ella de nuevo.

Ansiando probar, separó sus manos con brusquedad de su cuerpo, y entonces levantó su falda y sumergió su rostro bajo de ella, ante la sorpresa de la chica. Hermione soltó un pequeño gritó de placer y arqueó su cuerpo al sentir la boca de Harry devorando, tomando… Y cuando él introdujo su fría lengua dentro de ella, provocó que dejara de respirar por unos momentos.

Gemía Hermione cada vez con más frecuencia, tomándolo a él por la cabeza y empujando más adentro. Más hacia ella. Sentía su lengua, sentía sus labios… percibía sus movimientos y eso la estaba desquiciando.

Harry distinguía la manera en que Hermione se estaba excitando… su calor, su humedad, su sabor… todo se incrementaba conforme el atrevido beso del muchacho se intensificaba.

Entonces, Harry notó su propio deseo invadiendo su cuerpo, poniéndolo tenso: se imaginó tomándola y poseyéndola, metiéndose dentro de ella como con ninguna mujer lo había hecho; y como con nadie, que no fuera Hermione, jamás lo haría… El joven estaba listo, su cuerpo estaba preparado para ello. Su erección alcanzó su punto máximo en ese momento.

Si Hermione no hubiera tenido los ojos cerrados, no hubiese podido creer lo que estaba pasando… inexplicablemente, Harry estaba resplandeciendo.

La túnica de él se alzó de su cuerpo, como si una brisa soplara de abajo hacia arriba impulsando la pesada tela y levantando el cabello del muchacho… Por unos breves segundos, Harry destelló… un aura azul, que parecía brotar de los mismos poros de su piel, lo estaba envolviendo.

Eso acabó tan repentino como empezó y, sin haberse percatado de nada, Harry sacó su cabeza de la falda de Hermione y la acercó al rostro de la chica, al tiempo que murmura enronquecido de pasión:

-Eres deliciosa, Hermione… Me encantas, te quiero, te amo… -suspiró y exclamó: -Por Dios… ya no aguanto más.

Harry se sacó con toda la prisa posible su túnica y la aventó hacia un lado sobre el piso. Acto seguido se aflojó la corbata y la retiró de su cuello, todo esto sin dejar de respirar entrecortadamente y mirar apasionado a los ojos de Hermione.

La chica se había quedado un poco sorprendida de la repentina fogosidad de Harry, pero a cabo de unos segundos el ardor del muchacho la hizo sonreír. Después de todo, ella también estaba anhelando con toda su alma de nuevo unirse a él, ser uno con él.

Y no será la última vez… se juró ella. De algún modo me aseguraré, aún con la poción borrándome mis recuerdos: que yo siempre estaré al lado de Harry y seré suya otra vez.

Pensando en eso, Hermione se deshizo de su túnica escolar, dejándola caer con delicadeza al suelo. Harry tomó por asalto la corbata de ella, sacándola de su ensimismamiento. Pero la prenda color tinto con listas doradas tenía el nudo mucho mejor hecho que los que él acostumbraba realizar, por lo que creyó que se tardaba años en quitársela al estarlo intentando de manera acelerada. La chica soltó una risita cantarina, enternecida por la prisa del muchacho.

Cuando por fin Harry logró zafar la realmente inútil prenda del cuello de ella, la arrojó hacia atrás de Hermione sin reparar en lo que estaba haciendo.

La corbata se onduló un momento en el aire y cayó al vacío, mecida por la brisa.

-¡Harry! –exclamó risueña Hermione, mirando hacia atrás de ella.

-¡Diablos! –dijo Harry al tiempo que se hacía a un lado de la chica y se dejaba caer sobre el parapeto… estiró el brazo pero no alcanzó la prenda que suavemente iba cayendo. Sin pensarlo, abrió su mano y ordenó: -¡Accio!

Hermione se quedó con la boca abierta cuando la prenda desafió la gravedad y regresó obediente a la mano de Harry. Éste, totalmente campante y con la mente ocupada en otros asuntos, arrojó la corbata de la chica al suelo, donde fue a hacerle compañía a la que él se había quitado un momento antes.

Sonriendo pícaramente, Harry se acercó de nuevo a Hermione, quien aún seguía boquiabierta preguntándose cómo demonios había pasado aquello. Tuvo que desechar pronto esos pensamientos, pues el muchacho empezó a desabrochar su blusa con rapidez, mientras le daba un profundo beso.

Hermione quiso corresponder y, por lo tanto, también procedió a quitarle su camisa al chico. Pero en algún momento de la maniobra sus brazos se enredaron, provocándoles separar sus bocas y reírse de ellos mismos.

-Creo… será mejor que cada quien… -le dijo Harry sin dejar de sonreír, arrancándose a toda prisa su propia camisa y casi reventando los botones en ello.

Hermione meneó la cabeza embriagada de la repentina alegría que los invadía, y entonces también se despojó de su blusa. Las dos blancas prendas hicieron pronto un montón en el piso, junto a su túnica. Sin pensarlo ni una vez, Hermione llevó sus manos a su espalda y se desabrochó el sostén, ante el atónito Harry que la miraba extasiado. Ahora le tocaba a ella hacerlo sufrir.

El chico quiso llevar sus manos a la parte del cuerpo de Hermione recién descubierta, pero ella no se lo permitió. Le tomó las manos por las muñecas y le murmuró, tan cerca de su boca que Harry se estremeció:

-Quítate tu pantalón.

Jamás había obedecido una orden con tanta velocidad y celo como esa… en un santiamén Harry estaba completamente desnudo, dejando zapatos, calcetines, pantalón y todo a un lado. Se acercó a ella ardiendo en deseo y viendo reflejada su misma pasión en los ojos canela de la chica, quien en ese momento ya sólo llevaba puesta su falda.

Aún antes de llegar a su boca, Hermione se arrojó a sus brazos, enroscándose en Harry, quien atinó a tomarla por las caderas y besarla de manera frenética.

Hermione lo apretó con sus brazos envueltos en su cuello y las piernas rodeando su masculina pelvis, mientras gemía exaltada recibiendo sus besos. Pero el peso de la muchacha lo hizo desatinar, se tambaleó con ella dando unos pasos hacia atrás y tropezó con sus propias ropas tiradas en el suelo. Harry cayó de espaldas, llevándose a Hermione consigo… pero ni aún así la dejó de besar.

No tuvo miedo. Ningún temor por sentir dolor le obligaría a separarse del cuerpo y la boca de la mujer que amaba. No le importaba caer, de hecho creyó que sería mejor posición para hacerle el amor.

Y probablemente por la inmensa seguridad que el joven mago sentía, fue que al precipitarse al suelo y casi a punto de caer cual tabla, sucedió algo que, a pesar de vivir en un mundo de magia, no suele acontecer con casi ninguna frecuencia.

Hermione lo vio, porque al sentir que Harry caía junto con ella, no pudo evitar abrir los ojos asustada y estirar los brazos para intentar amortiguar la caída.

Pero casi dejó de respirar al darse cuenta que en vez de azotar contra el suelo, Harry parecía flotar a unos cuantos centímetros de éste… y que lentamente como si fuera una hoja de papel cayendo… él y ella aterrizaban con suavidad sobre la túnica de Harry, aparentemente puesta a modo de ello.

Merlín bendito… pensó Hermione, cerrando los ojos de nuevo. Algo muy inusual estaba pasando, algo poderoso y bastante extraño.

Harry estaba cambiando… Hermione se prometió a ella misma preocuparse después de ello, quizá leer, investigar o preguntar… pero por lo pronto tuvo que dejar ese pensamiento a un lado al sentir como Harry le abría el botón de su falda y la despojaba de ella… y casi de inmediato, la avasallante intromisión del miembro de Harry en su cuerpo.

Harry y ella gimieron juntos, de un modo largo y jadeante. El chico, emitiendo un quejido profundo y ronco, incorporó su torso, de modo que quedó sentado con Hermione sobre de sus piernas y su cadera… la tomó por la cintura, separando por fin sus bocas al tener la necesidad de jadear con furia.

Hermione utilizó los hombros de Harry para apoyar sus manos en ellos y sus pies en el frío suelo… y de ese modo, lograr levantarse un poco para poder permitir que el muchacho saliera de adentro de su cuerpo.

Harry volvió a gemir enardecido, jalando a Hermione hacia abajo, en una ansiedad desesperada de poseerla de nuevo.

Ella se dejó caer sobre el pubis de Harry otra vez, esperó unos segundos y de nuevo se levantó… y lo hizo una vez más, y otra más. Y de nuevo…

Nada ocupaba la mente de Hermione en ese momento… Nada más que la necesidad de ordenarle a su cuerpo un constante movimiento… Pedirle a sus piernas y brazos la ayuda necesaria para hacerlo

Subir y bajar sobre Harry…

En una extrema necesidad de sentirlo, de apreciar el modo que él la golpeaba por adentro. Percibiendo la manera profunda en que el miembro de su chico penetraba en su tierna cavidad.

Nunca lo habían hecho de ese modo y, ahora que lo estaba descubriendo, se arrepintió de ello. Pues nunca, nunca… había sentido a Harry tan interiormente suyo como en ese momento.

Podía asegurar que el chico llegaba al límite de su intimidad, que golpeaba por dentro con fuerza y ella, disfrutando enormemente de esa nueva forma, era la que marcaba el ritmo que necesitaba para llegar al clímax… aunque en realidad estaba deseando que éste tardara mucho en llegar.

Harry abrió un poco los ojos para disfrutar de la vista que su preciosa novia le estaba brindando y, no pudiendo resistir, dejó de apretarla por la cintura para tomar con cada mano sus senos, los cuales encontró ardiendo y húmedos de sudor… los estrujó complacido… arrancando de la garganta de Hermione una hermosa sinfonía de quejidos.

Completamente abandonado a la voluntad de ella, él sólo se dedicó a masajear su busto… dejando que fuera Hermione la que marcara la pauta en la cadencia, disfrutando como poseso del calor y la estrechez de la intimidad de ella cada vez que se dejaba caer sobre de él.

Incapaz de no admirar aquello, Harry dirigió sus ojos hacia abajo. Deslumbrándose por la excitante manera en que sus cuerpos se estaban juntando, por ese modo de entrar en ella, y sentirla por adentro, por saber que ella es de él y él de ella, y demostrarlo de ese bendito modo: haciendo de sus cuerpos y de sus almas uno.

Ambos cerraron los ojos al mismo tiempo, Hermione estaba incrementando la velocidad de sus levantamientos… escuchando el llamado de los instintos, sabiendo que la magia se estaba logrando… llegando al momento cumbre de aquello.

Harry levantó su rostro para mirar el de ella, vio que tenía los ojos cerrados y se mordía los labios… la chica bajó con extrema fuerza al tiempo que encorvaba su espalda hacia atrás y gemía de un modo que enloquecía al muchacho… Harry jadeó apasionado, ver a su novia en su orgasmo siempre lo hacía sentir muy bien…

Sintiendo la cavidad de Hermione extremadamente empapada, Harry miró a la chica prácticamente desfallecerse en sus brazos… con suavidad, la abrazó por su espalda y giró su cuerpo, acostándola sobre su bien colocada túnica en el suelo y él quedando por encima de ella.

Y así, Harry se dejó llevar, ahora era su turno de buscar el final… arremetió contra el cuerpo de Hermione, quien gemía de nuevo, complacida… Harry sonrió, pues sabía que de seguro ella otra vez culminaría… quizá junto con él.

Subiendo y bajando cada vez con mayor velocidad, Harry sintió que se derrumbaba… y ahí, en la soledad y el silencio de la torre, quietud rota solamente por sus gemidos y por el sonido de la humedad de sus cuerpos… y bajo las estrellas del mes de mayo, Harry se perdió en Hermione; y al hacerlo, encontró la pequeña Gloria, ésa que se abre por un breve momento para los que saben, como ellos, llevar sus cuerpos en una danza dirigida magistralmente por el amor, y sólo por él.

Ambos cerraron con fuerza sus ojos al terminar, Harry por primera vez y ella de nuevo… mientras una luz azul los envolvía a los dos como un enorme capullo… Resguardados ambos amantes, sin saberlo, contra la maldad… nada más ni nada menos que por el poder más antiguo del mundo.

----------oOo----------

El anciano director de Hogwarts estaba sentado en su escritorio, pensando en aquellas situaciones que últimamente no lo dejaban vivir tranquilo. Había estado conversando con la profesora McGonagall hasta muy tarde, y ella le había externado su preocupación por Hermione Granger, quien se negaba a tomar su poción.

Dumbledore la había tranquilizado con algunas sabias palabras, y la mandó a dormir con la promesa que él mismo hablaría con ella la mañana siguiente, convencido de cualquier forma que la decisión que ella y Harry tomaran sería la mejor.

"Tienes que comprender, Minerva…" le había susurrado el mago, "Ellos son la esperanza del mundo mágico… Tú sabes mejor que nadie que Harry necesita de ella, para ayudarse, para llegar con fuerzas al final. La necesita a su lado, pues ella lo complementa. Le brinda lo que al chico le falta. Es su alfa y omega".

"¡Por eso mismo, Albus!", había exclamado ella angustiada, "Me imagino que entiendes que si no se libran de esa dichosa maldición podría creerse engañada en cualquier momento y por cualquier circunstancia… dejando a Potter solo. ¡Imagínate, Albus, lo que eso significaría para Harry! Se nota que ella es lo que él más ama; lo sabes, tú conoces al muchacho… No sólo sería triste… ¡Sería desastroso! Harry no podría llegar al final con el corazón roto…".

Dumbledore había tenido que convencer a la profesora que la señorita Granger ya era mayor de edad y, por lo tanto, no se le podía obligar a nada, ni siquiera a aliviar una maldición o enfermedad. Que esa tenía que ser una decisión tomada por ellos y nada más. Y con esas palabras, arrastró casi literalmente a la mujer hasta la puerta, deseándole buenas noches y brindándole una sonrisa tranquilizadora.

Aunque ciertamente el director estaba de todo menos tranquilo. Sabía lo que se venía encima; comprendía que le quedaba poco tiempo, y suspirante, deseó poder estar aprovechándolo al máximo para dejar a Harry bien preparado… Sonrió al pensar en el muchacho, al cual había conocido desde bebé y ahora…

Un leve chillido de Fawkes sacó al hombre de su meditación. Volteó hacia su fénix, y le preguntó:

-¿Si?... ¿Sucede algo, amigo mío?

El ave carmesí inclinó su emplumada cabeza, como asintiendo. Y entonces, dirigió su largo pico hacia la ventana más cercana, indicándole al director lo que debía mirar.

Dumbledore caminó con lentitud hacia la ventana que el fénix le señaló para tener mejor visión, pero afuera no había nada más que oscuridad… la vista desde su torre (la segunda más alta después de la de Astronomía) era en realidad bastante impresionante de día. Pero de noche no había mucho que apreciar.

Pero el hombre sabía que si Fawkes le había llamado la atención era por algo, así que mantuvo sus cansados ojos de anciano fijos en la noche estrellada… esperando.

Un destello azul iluminó desde alguna parte del sur del castillo de repente. Asombrado y sospechando lo que sería, el mago miró hacia arriba, a la torre más alta… y de nuevo, un resplandor. Duró unos segundos y se apagó, devolviendo la oscuridad al lugar.

Dumbledore sonrió con gran calidez por un largo momento… se giró sobre sus talones y le dijo a su ave en un suave murmullo:

-Así es, Fawkes. Esa, como sabes, es la magia más antigua del mundo. Es magia poderosa que no cualquier mago logra poseer… y por la que Voldemort habrá de temer, si es que no lo está haciendo ya.

----------oOo----------

Ajenos a eso, completamente ignorantes de que alguien en ese momento pensaba en ellos, Harry y Hermione seguían en su maravilloso acto de entrega, brindándose el uno al otro el placer único que la pasión de mano con el más grande amor sabe dar.

Harry intentaba con todas sus fuerzas en no pensar nada, olvidar que esa podía ser la última vez, arrinconar en su mente que él tenía un destino marcado… desconocer hasta su propio nombre. Completamente abandonado a las sensaciones que los besos de ella le estaban regalando.

Hermione lo tenía boca arriba y ella estaba sentada sobre él… lo besaba con lentitud, dándole tiempo para recuperar el aliento después de haber finalizado otra vez. El cabello de la chica, revuelto y enredado, caía sobre las caras de ambos, cubriendo por completo el rostro de Harry hasta el cuello.

A Harry le fascinaba eso… él amaba su melena, indómita y rebelde como el amor que sentía por ella… Firmemente deseaba que ella nunca tuviera la idea de cortarse la cabellera, pues no podía imaginarse a la chica sin ella. Así había sido como la conoció en el tren… Despeinada y con cara de autosuficiencia, y ese recuerdo lo hacía sonreír. Eran ese tipo de cosas que las personas desean que nunca, nunca cambien.

Harry la tomó de las mejillas, gimiendo complacido al sentir a la chica deslizar su intimidad por una de las piernas del muchacho… Hermione dejó sus labios y levantó el rostro, pero Harry no la soltó.

Pasó sus pulgares en una caricia cerca de sus ojos… los paseó por sus cejas, haciendo que ella suspirara entrecerrando su mirada. Harry continuó deslizando sus dedos por su cara: su nariz respingada, sus labios rojos e hinchados de tanto besar, sus mejillas tersas y sus pequeñas orejas. La chica sonreía conmovida…

-Te estás ganando un premio… -le susurró con una sonrisa y levantando las cejas.

-¿En serio?. ¿Y qué sería? –preguntó Harry, sintiendo que su excitación crecía sólo de imaginar lo que Hermione le haría.

La chica rió y miró hacia abajo, percibiendo la repentina erección de Harry en su estómago.

-Creo que ya lo sabes. ¿no?

Harry cerró los ojos cuando la chica se inclinó de nuevo y se prendió de su cuello… pudo sentir su boca traviesa mordiendo y succionando, lamiendo y besando… un escalofrío tras otro atravesaba su cuerpo… y eso que sólo era el principio de su premio.

Hermione se sujetó de los hombros de Harry con fuerza, resbalando su cuerpo húmedo de sudor sobre él para dirigir su boca a los pectorales del chico, quien se cerró los ojos extasiado al sentir sus labios mojados besar sus tetillas.

Gimió encantado por la caricia pero a la vez se sentía desesperado, pues cada mordisquito que la muchacha le daba lo hacía temblar de placer, mientras su cuerpo le pedía a mudos gritos que le brindara la satisfacción que estaba anhelando.

Las manos de ella se deslizaron con indolencia desde sus hombros hasta sus caderas, y Harry pudo percibir los pulgares de la chica rozarle muy de cerca esa zona de su cuerpo, mientras jugaban descarados con sus pequeños y negros vellos… los cuales empezaban a crecer desde su ombligo y terminaban justo ahí… dónde él ansiaba que la chica llegara con sus besos.

Hermione, sin dejar de besar y lamer su pecho, lo torturaba con las manos y sus dedos… pues los acercaba y alejaba, sin llegar al destino final. De pronto, usó ambas palmas para atrapar al miembro del chico, arrancando de él un quejido suspirante y una reacción que incluyó un escalofrío y un arqueamiento total del cuerpo.

La chica rió juguetona, sabiendo que lo estaba torturando… Harry la tomó de su cabello, suprimiendo con mucha voluntad las ganas de empujar la cabeza de ella hacia allá… Sabía que eso no sería de caballeros, tendría que esperar que Hermione decidiera por ella misma poner fin a su tormento.

Suspiró pensando que cada segundo le parecía eterno… decidido a no demostrarle las enormes ganas que tenía que ella lo besara, le soltó su castaña melena y él mismo se tomó de sus azabaches cabellos, jalándoselos con desespero.

Hermione, al verlo hacer eso, se rió bajito pero sin dejar de deslizar sus labios sobre su plano estómago… llegó a su ombligo y sumergió su lengua retozona en él, haciendo que la piel del chico se erizara de placer, mientras que con sus manos le hacía caricias indescriptibles que Harry juraba, terminarían matándolo.

Tuvo que contenerse de gritar, cuando por fin, la lengua de Hermione tocó su caliente intimidad… se contentó con crispar los dedos de manos y pies, mientras se mordía los labios preso de una innombrable sensación.

-¿Te gusta, Harry? –cuestionó la chica con voz ingenua.

Harry jadeó asombrado por la pregunta. ¿Qué si le gustaba?. ¿Pues que no lo estaba viendo cómo lo ponía un simple roce de lengua? Respiró con la boca abierta y se humedeció los labios, pues los sentía tan secos que creyó que no podría pronunciar palabra.

-Hermione… -le dijo con voz carrasposa. –No sólo me gusta… Esto es, sinceramente… lo mejor… Yo… amo que tú… hagas eso.

Levantando un poco su cabeza, pudo ver la sonrisa de suficiencia de la chica, y volvió a dejarla caer hacia atrás cuando ella de nuevo arremetió contra él… Hermione se dedicó los siguientes minutos a explorar de manera íntegra y concienzuda con la sola ayuda de su húmeda lengua, esa parte del cuerpo de su novio, que increíblemente, le sabía muy bien.

Era curioso que ella también se sintiera estimulada al verlo al él excitarse… al apreciar la enorme satisfacción que le estaba produciendo.

Harry retorcía toda su anatomía con indecible gozo, la manera en que Hermione lo lamía y acariciaba, sin hacer uso de nada más que de su pequeña lengua… era alucinante.

Así que cuando la chica decidió usar su boca completa, el muchacho casi creyó que moría al sentir que el corazón se le detenía. Abrió los ojos creyendo que las estrellas del cielo se habían multiplicado por mil.

Era por esa manera, especial y única, que tiene la boca… con todo lo que la compone: labios, dientes, lengua y saliva… Es lo que hace que ese beso sea fenomenal. Harry podía apreciar con gran nitidez todo lo que conformaba esa nada sutil caricia que la chica le prodigaba. Y se creía enloquecer.

Sentía el calor de su interior; distinguía la humedad que lo rodeaba y provocaba que los labios de ella resbalaran por él con suavidad… Percibió sus dientes, apenas rozando de manera superficial… y para colmo de todo y como culminación final, la lengua de ella… haciéndole caricias y toqueteos tan indecentes como desquiciantes, provocándole perder el control.

Incapaz de aguantar eso más, se incorporó jadeante… intentando espantar las ganas de culminar, tomó a Hermione del rostro con suavidad y la separó con sutileza de dónde lo estaba besando. La chica lo miró interrogante, cómo si se cuestionara si no lo había hecho bien y le había dejado de gustar.

-No, no… -jadeó Harry. –Es que si continúas así, no podré contenerme más. Y yo… yo quiero… ¡Dios, Hermione! Quiero poseerte… Estar dentro de ti… otra vez… para siempre.

Hermione levantó las cejas sorprendida por la reacción de Harry, pero completamente halagada por ello, se dejó llevar…

Harry la jaló hacia él y la hizo recostar a su lado… ambos se fundieron en un beso anhelante y desesperado, mientras caían de lado sobre la ya empapada túnica del muchacho.

Una pierna de Harry buscó frenético meterse entre las dos de ella, y Hermione las abrió dándole paso y permiso para hacer lo que quisiera. El chico restregó con delicadeza su muslo contra la intimidad de ella, vengándose un poco de lo que ella le acababa de hacer pasar, ya que esa caricia provocó suspiros y respiración entrecortada en la chica.

Alucinado, Harry notó la abundante humedad en ella y, sintió, trastornado, que no podía resistir un segundo más… tenía que tomarla… pero ya.

Acercó su cadera hacia las de ella, mientras que con su mano atraía el muslo que Hermione tenía por encima, colocándolo sobre su pierna… sintiendo rozar la femenina cavidad con su intimidad, empujó con fuerza arremetiendo y metiéndose hasta el alma en ella.

Completamente desquiciado, olvidó la amabilidad… estrujó a Hermione entre sus brazos, devorando su boca con frenesí… mordiendo sus labios. La escuchó gemir largo y despacio, como si aquello fuera tan fuerte e inusual que estuviera demasiado sobre su alcance para soportarlo.

Y de hecho, dolía.

Pero era un dolor placentero, Hermione sentía su cuerpo oprimido en Harry, apachurrada entre sus brazos y piernas de un modo excitante… mientras el chico la golpeaba con su pelvis de un modo salvaje y trastornado… completamente sensual.

Y como si se hubieran puesto de acuerdo, ambos sostuvieron los ojos abiertos, mirándose… deleitándose en el gesto de enorme placer que cada uno tenía en el rostro. Reciprocándose.

Adiós mi amor… adiós amante mía. Tú has sido la única y así siempre será… por toda la eternidad.

-Pero yo te juro… -susurró él tan despacio que ella no oyó. –Que esta no será la última vez. De algún maldito modo…

Harry deseaba darle todo lo que poseía… le daría su casa, sus pertenencias, su nombre… lo que ella le pidiera. Pero sobre todas las cosas, le daría, en ese momento y para siempre, su vida misma.

Entonces, todo finalizó…

Y Harry la acurrucó en sus brazos, mirando las estrellas tintineantes del firmamento. Preguntándose curioso porqué todo se veía borroso… porqué la luz de la luna y los luceros se notaba difuminada.

No se había dado cuenta que tenía los ojos llenos de llanto.