Capítulo 28
(T.D.)
- ¿Qué es eso¿Otra invocación? – Gritó Sikoth haciéndose oír entre el estruendo que provocaba el rayo chocando con la torre de roca creada por Tyra.
- ¡No sé¡¿De dónde viene?! – Bramó el hermano. Todos iban corriendo en dirección opuesta al rayo.
- ¡Es demasiado poderosa para ser una invocación, y muy potente para ser un hechizo! – Respondió Elia.
No habían corrido más de treinta metros cuando les llovió otro rayo. Elia reaccionó justo a tiempo para proteger al grupo de la misma manera que había hecho anteriormente.
- ¡Escuda!
El rayo volvió a chocar con la barrea multicolor, haciendo un escándalo todavía peor que antes. Aunque Elia mantenía el báculo en alto, la fuerza le hizo doblar las rodillas.
- ¡Es demasiado, no podré aguantar mucho así! – Bramó la muchacha. Inmediatamente resbaló una gota de sudor por su frente.
"Piensa, piensa..."
"Si supiera de donde vienen estos rayos..."
Un segundo rayo cayó para reforzar al primero en el ataque contra Elia, quien solamente rugió en un intento por resistir más.
Tan pronto como cayó el segundo rayo, ambos se esfumaron, aunque el cielo no perdió su misteriosa tonalidad. Aún rugía el viento y varios rayos amenazaban con caer, asomándose entre las nubes.
- Impresionante para una chica tan joven, he de admitir – Dijo una voz que no se definía entre varonil o femenil, acarreada por el viento. Venía desde arriba, y todas las miradas se posaron en el sujeto que venía descendiendo del cielo.
Descendió lo suficiente para quedar lejos del alcance del grupo, pero todos lo alcanzaban a ver bien: era un sujeto delgado, cubierto por una gabardina negra con bordes azulados y soles de plata dibujados en su oscura superficie.
- No esperaba que hubiera alguien entre estos niñatos que pudiera contrarrestar el poder de la naturaleza – Dijo el sujeto. Aunque llevaba la capucha puesta su voz denotaba mofa. Aunque no podían ver sus ojos, supieron a quien miraba cuando movió su cabeza -. Y tú debes ser Torom Derdim...
- En persona – Respondió el mercenario -. Ahora tú identifícate.
- Lo haría, si tuviera un nombre... sólo sé que soy uno con la naturaleza.
Tyra entonces reconoció a esa persona. La había visto una sola vez, y ella sola lo había visto, el día que conoció a Torom, a Zul y a los hermanos... sólo que aquella vez el sujeto le había dicho algo que ni siquiera había entendido.
- Esperaba que fueras más alto, Torom Derdim, y que lucieras un poco más... varonil - De alguna forma, Torom supo que el sujeto sonreía -. Aunque hay algo peculiar sobre ti, cuando mis amos ven algo en una persona, debe ser algo valioso.
- ¿Quiénes? – Inquirió Torom -. Déjate de estupideces y baja a hablar ya.
Sin chistar, el recién llegado bajó a tierra, aunque se mantuvo a una distancia prudente.
- Me impresionan, jamás me hubiera esperado que sobrevivieran al ataque de las abejas... y cuando vi que lo hicieron, mucho menos esperé que pudieran evadir al poder del viento.
- Así que no era una invocación – Murmuró Koru.
- Por eso me impresiona que ésta bella muchachita pudiera contrarrestar el poder del rayo... muy pocos pueden pelear contra la misma naturaleza – Declaró el encapuchado con cierta satisfacción.
- ¿Qué es lo que quieres¡Escúpelo de una vez! – Bramó Lidda con fastidio.
- Hm... por ahora... – Finalmente se quitó la capucha, dejando ver su cabello café y corto, un rostro fino y casi perfecto rematado con unos ojos azules. Al instante, su voz tomó un tono varonil definido -... sólo me interesa Derdim. Muchacho, tendrás que venir conmigo, no me sirves muerto... si no vienes, tendré que forzarte a ello.
- ¡Y yo te forzaré a sacar tu trasero de aquí! – Saltó Zul con el bastón firmemente agarrado por ambas manos.
- Tú serás el primero, entonces – Musitó con tranquilidad el de la gabardina negra y volvió a alzarse en el aire a una altura mediana.
De forma inútil, Zul se abalanzó sobre el misterioso sujeto, aunque ni de broma lo alcanzaría.
- ¡Espera Zul, no hagas eso! – Torom salió detrás de él en cuanto lo vio pasar por su lado.
El de la gabardina sonrió, se volvió a tapar la cabeza con la capucha y alzó la mano. Un trueno cruzó el aire y un rayo violeta cruzó el cielo, en dirección al chico mestizo.
- ¡Escuda!
Zul se quedó ahí parado, cubriéndose inútilmente con los brazos, salvado por el hechizo de Elia, quien había rebasado a Torom y había saltado a un lado de Zul con el báculo en mano.
- ¿Quieres que maten a todos? No seas idiota... – Musitó Elia con enojo. Zul se le quedó mirando, entre azorado, avergonzado y molesto. Ya era el tercer rayo que bloqueaba Elia, su rostro ya estaba humedecido por el sudor.
- ¡Baja acá y pelea como es debido! – Bramó Torom con su espada de oro en mano. El resto del grupo le imitó y se paró detrás de él. El misterioso encapuchado sin nombre, sin embargo, sólo alzó su mano de nuevo.
- ¡No te atrevas! – Rugió otra voz.
Del este llegó volando otra... ¿persona? También iba vestida con capa negra y llevaba la cabeza cubierta, pero de la espalda sobresalían dos alas de color café amarillento, como dorado. Llevaba una gran hacha de bronce en las manos.
- No tú otra vez, Chrysos... – Musitó con enfado el sin-nombre. Su voz había cambiado de nuevo.
- ¡¿Piensas matarlos a todos¡Si lo haces te cortarán el cuello, te lo advierto! – Señaló Chrysos apuntando al otro con su dedo índice.
- ¿Estás aquí para advertirme, para sermonearme, o para robarte mi crédito, Chrysos? – Respondió el sin-nombre, levantando su mano otra vez y dejando caer otro rayo del cielo sobre Elia y Zul, y a la vez desafiando al tal Chrysos.
- ¡Terra yu onis!
Zul y Elia, quien ya no hubiera podido defenderse, fueron salvados por Tyra ésta vez.
- Confía en mi, Chrysos. La naturaleza y yo somos uno, mis ataques serán más precisos que los de cualquiera.
- Podrás abrir un hoyo en la tierra de esa forma – Contestó el ser alado -. A ti no te pidieron que hicieras esto, y lo estás haciendo mal... no debes destruir a ninguno¿me oyes?
En la discusión, Jason hizo señas al resto del grupo para que huyeran caminando, pero no les funcionó. El de la gabardina negra con los soles de plata alzó su mano, cerró el puño y frente al grupo se abrió una gran grieta en el suelo de la que salió fuego, bloqueándoles el paso.
- Déjame esto a mí¿quieres?. Los de tu clase, Chrysos, piensan con el instinto, no con la cabeza... por eso lo echan todo a perder.
- Te enseñaré...
Tan rápido como los rayos que lanzaba el otro, Chrysos se lanzó en picada sobre el grupo, y cuando levantó el vuelo otra vez ya llevaba agarrado a Sikoth por uno de sus brazos.
- ¡Déjalo ir! – Bramó Koru en el suelo, muy, muy debajo de donde se encontraba su hermano ya. Torom disparó una esfera de luz con su mano derecha, misma que rechazó Chrysos con su hacha.
Tyra volvió a usar Terra yu onis para crear una columna de roca bajo sus pies, para levantarse hasta la altura de Chrysos, a quien amenazó con otro hechizo. El ser alado volvió a descender en picada y estando al ras del suelo dejó caer a Sikoth, quien rodó varios metros hasta quedar tendido en la tierra, lleno de raspones y heridas. Torom, Elia y Zul fueron en su auxilio. El sin-nombre miraba, levitando, con los brazos cruzados.
- ¿Estás bien? – Inquirió Zul a Sikoth al arrodillarse a un lado de él, acompañado por Torom y Elia.
- ¡Cuidado atrás! – Gritó Sikoth como respuesta... muy tarde.
Chrysos se lanzó en picada, ésta vez hacia Torom... y tuvo éxito en atraparlo. Con uno de sus musculosos brazos rodeó su delgado cuerpo y se alzó en el aire junto con él.
- Eres un idiota, estimado Chrysos. Sé que él no quiere a ninguno de estos muertos, y no quiere a Torom Derdim... aún. Sólo quieres robarte mi crédito y, a la vez, ponerlo a él en deuda contigo. No te atreverías a regresar con él teniendo a Derdim, en tus brazos... estarías quebrantando sus órdenes, pues sólo te han pedido que observes e informes. Te dijeron que no les pusieras las manos encima, mucho menos a...
- ¡Calla!...
- ¡Déjalo bajar, pájaro de mierda! – Bramó Zul desde el lejano suelo, blandiendo el bastón con ambas manos. Tyra seguía amenazando a Chrysos desde su torre de roca.
- Yo he estado observándolos por cierto tiempo ya, Chrysos – siguió hablando el innombrado, ignorando las blasfemias del mestizo -. Yo ya los he estado poniendo a prueba, incluso desde antes de que te ordenarán a ti hacerlo... ahora bajarás a Derdim al suelo y nos iremos de aquí, juntos.
Torom ya se había desmayado por la presión del poderoso brazo de Chrysos, así que cayó pesadamente en la tierra cuando el ser lo dejó caer a tres metros de altura. Zul, Elia y Sikoth, los más cercanos, corrieron de inmediato en su auxilio. Chrysos emprendió el vuelo hacia el norte de inmediato, sin hacer ruido alguno y sin detenerse, pasando a un lado del encapuchado, murmurando algo que sólo ellos dos escucharon:
- Sabes que nada me daría más satisfacción que verlo a él muerto por mi propia mano: incluso si él llegara a darme órdenes, yo jamás las seguría...
- El viento lleva todo a mis oídos: te ha pedido investigarlos, a Derdim sobre todo...
Chrysos se alejó, quedándose el otro atrás, riendo y declarando al grupo algo más:
- Chrysos me lo ha arruinado ésta vez, pero no se preocupen... ésta no es la última vez que me verán...
Alzó su mano de nuevo y el cielo recobró su color normal. Bajó el brazo, sopló una fuerte brisa, y su cuerpo se desvaneció como polvo arrastrado por el viento.
Una pluma cayó agraciadamente segundos después de ambas desapariciones... una pluma de una tonalidad dorada, que cayó justo frente a los pies de Elia, quien la recogió. Fueron tantas cosas las que le vinieron a la mente que no sabía qué pensar... sintió que el corazón le latía a toda velocidad...
- No es un hechicero ni un invocador exactamente – Decía la voz de Elia desde muy, muy lejos -. Son seres vivos con el muy especial don de controlar la naturaleza a voluntad, de "ser uno" con ella. Pueden crear tornados y hacer que los volcanes estallen con sólo pestañear, son realmente poderosos. Por eso confundimos la vez pasada a la ráfaga de viento con una criatura de invocación, pues ambos son el poder puro de la naturaleza...
- ¿Y el otro sujeto? – Inquirió la voz de Zul, aunque él ya esperaba la respuesta.
- Un híbrido – Respondió Lidda con sequedad.
- Creí que los híbridos sólo tenían rasgos caninos o felinos – Musitó Jason.
- Hay de muchas clases – Siguió explicando la halfling -. Los hay hasta reptiles y aves... éstos últimos pueden tener desde solo alas hasta los cuerpos enteramente emplumados, o incluso picos.
- ¡Sh¡Está despertando! – Anunció Koru, la primera persona a quien Torom vio cuando despertó.
- ¿Cuánto tiempo llevo...? – Comenzó a decir el mercenario.
- No mucho, ni siquiera cinco minutos – Declaró Elia antes de que Torom pudiera articular la oración entera.
- ¿Están todos...?
- Sí – Respondió Sikoth con un dejo de frialdad en la voz.
- ¿Ellos se...?
- ¿Escaparon?. Seh – Respondió Jason ésta vez.
- ¿Me van a dejar terminar de...?
- No – Se burló Zul.
La reacción fue enteramente colectiva: una risa. Resultaba extraño, casi nunca (si no es que jamás) se habían reído todos estando juntos. Era una sensación abrumadora, pero agradablemente abrumadora.
- ¿Sigue en pie el viaje al mar? – Preguntó Koru al fin.
- Estamos todos enteros, Elia ya se encargó de curar a Sikoth y a Torom... – Señaló Tyra -. No veo motivo para cancelarlo.
- ¡A Puerto Mitra, entonces! – Declaró Zul con una alegría demasiado inusual para él.
- Tomará unos dos días de camino si mantenemos la perfecta línea recta hacia el oeste – Explicó la halfling -. En el camino está la pequeña aldea agrícola de Nimen, nos detendríamos allí por provisiones, y por refugio en caso de que el viaje se vuelva peligroso y nos agotemos.
La noche había caído antes de lo esperado y, de acuerdo a los hermanos y a Lidda, aquella región al oeste del lago Elyon era muy riesgosa por la noche: había lobos (aunque Anark se hubiera podido encargar de ellos fácilmente, por sí solo), bandas de ladrones y asesinos, además de algo de terreno accidentado. Su refugio aquella noche eran una roca grande y un sauce, bajo cuyas sombras se acurrucaron, alrededor de una "fogata artificial" (un fuego acogedor producido sin necesidad de leños) concedida por Elia, quien aún sostenía una pluma en su mano, pensativa y con la mirada fija en ella.
La partida de Keel había sido algo precipitada, habían perdido más de la mitad del dinero ganado, y no se habían hecho de provisiones... así que, por lógica, lo único que pudieron hacer alrededor de ese maravilloso fuego fue pensar, dormitar y mirarse las caras, completamente callados. Hasta que Zul se hartó, se levantó y fue a rondar cerca de ahí. Naturalmente, y porque tenía varias cosas que preguntarle, Torom le siguió.
- ¿Estás bien? – Fue lo primero que le preguntó.
- Seh... es una cualidad de nosotros los que tenemos sangre híbrida, sanamos rápidamente – Respondió el mestizo, refiriéndose a la herida hecha por los ababols. Le daba la espalda al mercenario.
- No me refiero a eso... a antes, al incidente con Lidda y con tus orejas...
- Oh, eso... pues todo bien, podría decirse. Ustedes me han aceptado bastante bien, no me puedo quejar... no – corrigió -, es imposible quejarse: les agradezco.
Hubo un momento en que lo único que se escuchó fue el crepitar del fuego y un largo y sonoro bostezo de Jason, quien ya se había quedado dormido.
- Pero ella...
- ¿Elia?
Zul soltó una casi inaudible risa, de esas que uno suelta cuando está fastidiado, o cuando se mofa de su propia vida. Seguía sin mirar a Torom, quien contrariamente, no despegaba los ojos de Zul.
- Somos seres repulsivos para ella. No nos soporta... será idiota.
- Zul... sé que lo que hace Elia está mal, lo que le pasó a ella no pudo ser tu culpa – Dijo Torom con aflicción en la voz -. Pero es precisamente por ese hecho que hay que entenderla. Lo que esos híbridos hicieron hace tantos años fue violencia sin sentido, y le quitaron a Elia todo lo que tenía, que ya era poco. Sus sentimientos sólo pueden llamarse naturales.
El mestizo volvió a reír de la misma forma.
- Es por tipos como ese tal Chrysos que nosotros sufrimos. Si no hicieran esas atrocidades.
- Zul, se nota a leguas que Chrysos es un híbrido puro, no un mestizo como tú – Explicó Torom -. Es bien sabido de donde vienen los híbridos, y es su naturaleza actuar así. No conocen otra forma de vida.
- Lo más mierda de todo esto es que eso está en mi sangre. Incluso cuando he sido inocente, la gente me hace la vida imposible.
- Precisamente es porque está en tu sangre que no puedes negar lo que eres. Pero has sabido llevarlo con la cara en alto, y debes estar aún más orgulloso por lo que eres: en muchas formas, eres superior a los humanos.
Volvió a reinar el silencio, roto por un suspiro de Zul, un suspiro que no se podría decir si era de fastidio, de alivio o de satisfacción.
- Gracias, Torom. Encima de todos los demás, tú eres el que ha saltado a cubrirme cuando he peligrado.
- Tú has hecho lo mismo por mi, Zul... hace unas horas lo hubieras hecho de tener la oportunidad, y te lo agradezco de la misma forma.
Aún en la oscuridad, supieron que las sonrisas eran mutuas.
- Por cierto, creo que esto es tuyo – Dijo Torom, sacando una moneda de su bolsillo.
- Cierto... ¡Carajo¿Qué le has echado¡Apesta!... de cualquier forma tendré que devolverle a Tyra lo que me dio a cambio de ésta moneda...
- Maldición chicos, esto es vomitivo... no creo que pueda comer el conejo después de ver esto – Dijo la voz de Koru en la oscuridad.
- ¿El qué? – Preguntaron los otros dos al unísono.
- El conejo. Anark nos ha traído algo para comer... al menos que no quieran...
- ¡Pero si ahora mismo voy! – Declaró Zul con creciente felicidad, abandonando a Torom y reuniéndose con el grupo.
- Ese perro no es tan inútil después de todo... – Musitó Torom.
"Pero no termina de agradarme, hay algo sobre él que sigue inquietándome..."
El cielo oscuro se tornaba de un color lila de forma paulatina y pacífica. Revitalizados y arrullados por la comida que tenían en el estómago, y abrazados por el fuego, el grupo durmió profundamente durante toda la noche, para despertarse llenos de energía y con una sensación de que nada, absolutamente nada, podría frenarlos en su viaje.
Al menos no hasta que llegaran a la ciudad costera de Mitra...
Con Anark cerrando la marcha, anduvieron hacia el oeste en línea recta, conversando entre ellos ocasionalmente, siendo el tema de discusión preferido los acontecimientos del día previo.
- Hemos recibido dos ataques, prácticamente seguidos... – Decía Sikoth, afligido y notablemente fastidiado por la situación.
- Por pura suerte, y con mucha ayuda de los demás, hemos podido mantenernos vivos – Le respondió su hermano. Los dos habían sufrido varias heridas, y sólo Elia les había salvado de desangrarse.
- Quienes sean, están muy empeñados en matarnos – Siguió diciendo el menor de ellos -. Lo que me inquieta es lo que dijo el tipo de la gabardina con los soles plateados: le interesa Torom... ¿no crees que él sea una especie de imán para el peligro?
- Son sólo tus celos, hermano mío – Declaró Koru, haciendo que Sikoth se detuviera en seco.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Vamos, eres demasiado obvio: cada vez que Torom se le acerca a Tyra, pones una cara de baboso que no puedes con ella. Y cuando uno intenta hablarte unos minutos después, o estás frustrado, o acelerado o enojado con la vida.
- Bueno... yo...
- Déjalo ya – Pidió Koru entre risas -. Sólo lo arruinas más.
- Así que – Intervino Jason, quien había escuchado un poco alejado, retomando el tema de conversación anterior -¿creen que las tales asesinas ciegas estén involucradas con los otros atacantes?
- Es difícil de saber – Respondió el mayor de los hermanos.
- Hasta ahora, y suponiendo que nuestros atacantes sean diferentes, sólo tenemos dos cosas claras – Dijo el menor -: las asesinas ciegas quieren la pluma, y los otros, quienes sean, no han mostrado un objetivo claro, más que Torom, claro.
- Medea...
- Esos tipos son demasiado parecidos¿no crees, Koru?
- No es gran cosa, todos son unos locos vistiendo capas negras... incluso los híbridos...
- No, no, no... sus voces. Éste se parecía a uno que enfrenté vi en Keel (y que luego enfrentamos todos cuando nos capturaron), antes de separarme de Medea... es escalofriante como les cambia la voz.
Antes del mediodía habían alcanzado la aldea de Nimen, como había previsto Lidda (y buen augurio de que no habían perdido la línea hacia el oeste). Con el poco dinero que tenían (y guardando una cantidad todavía más pequeña), pudieron hacerse de un poco de fruta. Al parecer los aldeanos no tenían contacto con el exterior más que para el comercio de sus pocos productos agrícolas, así que ni chistaron cuando vieron al grupo, ni a Tyra, ni a Jason. Un poco inquietante era Anark, más que nada por su descomunal tamaño para ser un lobo, aunque no hubo ningún contratiempo. Tras un descanso, siguieron el camino, y alcanzaron la ciudad de Mitra, desde cuyas lomas se tenía una hermosa vista del mar del mismo nombre.
- ¿Este... es el mar? – Jason se maravillaba al ver al disco dorado que era el sol sumergirse rozar el espejo de zafiro, despidiendo destellos amarillos y rojos que tornaban el cielo anaranjado y, al zafiro, violeta.
- Así es... ¿muy bello, verdad? – Musitó Elia, parándose a un lado de Pies de Fuego.
- ... Sí... – Declaró él sin quitar la vista del océano. Jamás había visto algo tan hermoso en su vida, pues nunca había visto más que un montón de ruinas y niños pobres. Cuando se percató de que el resto del grupo se alejaba, echó a correr, pasando de largo a un lado de la hechicera Greniana.
"Luzco patética... debo sacármelo de la cabeza... ésta no soy yo...".
El sol comenzaba a sumergirse en las azules aguas, a la vez que el grupo descendía la colina para sumergirse ellos en Puerto Mitra, una ciudad pesquera que por aquellas horas era el sitio más tranquilo, agradable y paradisiaco que podían imaginar: la iluminación daba una sensación extraña de paz, que aunada con el arrullo de las olas era una experiencia exquisita. Incluso Lidda sentía ganas de bajar la guardia y dejarse llevar...
- ¿Quién se quedó con la pieza del espejo?
- Yo – Respondió Zul, sacando el pequeño fragmento de su roído bolsillo.
- Seré idiota... – Se regañó Elia, tomando la pieza de la mano de Zul.
- ¿Por qué dices e...?
- ¿Por qué más? Por confiarte algo tan importante a ti – Respondió la hechicera con una frialdad que mataba.
- Estúpida... – Dijo Zul de forma que sólo él mismo se escuchó.
- Apunta casi todo hacia el norte... un poco hacia el noroeste – Anunció Sikoth.
- Supongo entonces que estará en una de las tres primeras islas del archipiélago – Dijo Lidda.
- Es difícil saber ahora, a menos que tuviéramos un telescopio... o nos esperamos a estar en el mar – Sugirió el mayor de los hermanos.
- ¿Alguien pensó en la embarcación? – Saltó Torom después de mucho tiempo de estar callado -. ¿Y las privisiones? La fruta que compramos no nos alcanzará ni para llegar a la última isla, la más cercana... y dinero para hacernos de comida suficiente no tenemos.
- Déjanos el barco a nosotros, tenemos algunos contactos en el pueblo – Declaró Koru -. El dinero es algo que podríamos conseguir rápido sí...
- Nada de robar.
- Te gusta hacer las cosas a la forma difícil¿verdad? – Respondió un receloso Sikoth.
- Pero de la forma correcta, si quieres mi opinión – Contestó Torom. La discusión llamó la atención de Tyra.
- ¿Qué piensas hacer, Torom? – Inquirió el menor de los hermanos con un tono un tanto desafiante -. ¿Piensas buscar trabajo a las siete de la noche, en un puerto vacío¿Vas a cazar a algún animal raro ésta vez?
- Podemos esperar hasta la mañana por la tarde para zarpar, y podemos trabajar desde hoy hasta que elevemos anclas – Respondió el otro con tranquilidad -. Al menos conservo mi dignidad.
- ¡Maldición señores, busquen consejo marital! – Exclamó la halfling totalmente fastidiada -. Bien, Koru, Sikoth y Jason vienen conmigo a buscar quien nos rente el barco, el resto vayan a... buscar trabajo. Oh, y me llevaré a Anark, es tan grande que podría espantar a la clientela.
El comentario sarcástico de la ladrona molestó un poco al mercenario. El grupo de Lidda partió hacia donde se veía el mar, hacia los puertos, donde aún debían quedar algunos marineros.
- Si entran a un bar, pregunten por "El búho", y digan que yo los mandé, seguro nos prestará su barco gratis – Indicó Koru antes de perderse entre las calles.
El otro grupo buscó un lugar más abierto y más concurrido, aunque concluyeron que debían buscarse un bar o una posada, o algo parecido. Torom tenía algunos trucos mágicos de luz que sólo servirían con niños... pensó en poner a Zul a hacer acrobacias sobre una mesa, pero si se le caía la capucha se iba a armar. Elia seguía observando una de las plumas que se le habían caído a Chrysos, y Tyra estaba ensimismada, mirando constantemente hacia el sur.
- ¿Ocurre algo? – Le preguntó.
- Oh... – Aunque los dos habían agarrado confianza para conversar entre ellos, aún le resultaba extraño a Tyra abrirse con alguien -. Nada, es que de allá vengo. Hay una pequeña aldea un poco hacia el sur desde aquí, es de allí de donde vengo. Es un pueblo tan pequeño y aislado que ni siquiera tiene nombre...
- Suena agradable, al menos para mi – Respondió el otro con una sonrisa. Miró brevemente a sus otros dos acompañantes, quienes caminaban separados por cinco metros uno del otro.
- Allá es donde vive mi maestro, Ethan – Siguió explicando la shinobi.
- Uno bastante bueno a juzgar por lo que nos has enseñado – Señaló Torom.
- ¿Y qué piensas hacer ahora para conseguir dinero? – Inquirió Tyra para cambiar un poco el rumbo de la conversación. Zul paró las orejas, alerta a cualquier oportunidad para mofarse de su amigo.
- Para serte honesto, no tengo idea... Es que yo no soy de la idea de robar...
- ¿Recuerdas a los caballos en Ravenloft? – Murmuró Zul con voz burlona, aunque ninguno de los otros dos le escucharon.
- Quizás debas confiar un poco más en ellos... digo, no lo hacen de mala intención, y se especializan en ello – Argumentó Tyra.
- No es dinero que ellos se hayan ganado, y obviamente afectan al que sí lo ganó... no importa a quien quieran ayudar – Contestó el otro.
- Hm – Tyra sonrió.
- ¿Qué?
- Nada... eres un chico muy interesante. Te mantienes fiel a lo que piensas, a tus ideales. Claro que es justo lo que hacen Sikoth y Koru...
Una hora después, cuando el sol ya se había sumergido casi totalmente en el horizonte, el otro bando rondaba uno de los muelles.
- ¿Jason¿Te encuentras bien? – Le preguntó Koru al muchacho cuando éste se quedó quieto y tieso, mirando a alguien que caminaba delante de ellos, perdiéndose en un callejón a un lado del puerto, mismo que estaba desierto salvo por un enano.
- No has parpadeado en un minuto¿seguro estás bien? – Inquirió Sikoth al ver la cara de Jason.
Jason sentía ganas de correr, aunque no sabía para donde: hacia el callejón o hacia el sitio opuesto.
- ¿Qué has visto, Jason? – Preguntó el hermano mayor poniéndole una mano en el hombro.
- Es él... – Murmuró, y una extraña inercia le obligó a correr hacia el callejón. Se trataba del encapuchado de negro que había enfrentado en Keel antes de separarse de Medea.
- ¿Que qué? – Bramó Lidda.
Haciendo honor a su apodo, Pies de Fuego se les adelantó en un santiamén, seguido de cerca por Lidda, la más veloz del grupo, luego rebasada por Anark, y seguida por los hermanos.
Jason ya se había sacado la espada del cinto, dobló a la izquierda para internarse en el callejón, justo para ver como el encapuchado doblaba a la derecha hacia otra calle repleta de gente, mercaderes que recogían su mercancía tras un arduo día de trabajo.
- ¡Espera, Jason! – Llamó Sikoth desde lejos. Ni él ni los otros sabían porqué el chico se había echado a correr tan de súbito.
Llegó un momento en que sólo Lidda pudo seguir persiguiéndole dada su pequeñez, que le concedía la habilidad de colarse en espacios pequeños entre la gente, las cajas y los animales.
Finalmente Jason se metió en un último callejón que estaba al fondo de la calle abarrotada. El callejón terminaba en muro, y no había nadie... el encapuchado no podía haberse metido a ningún otro lado, no había ninguna otra desviación en toda la calle, y su capa, aunque negra, era demasiado llamativa para perderse entre la multitud.
Decepcionado, decidió retirarse. Lo hizo de espaldas, aunque se topó con algo grande. Se dio la vuelta y allí estaba, un sujeto alto cubierto de negro de pies a cabeza.
El sujeto sujetó el brazo de Jason para interceptar el ataque que el muchacho le lanzó, y luego lo alzó por el cuello de la camisa.
- ¿Qué es lo que quieres? – Dijo el encapuchado... aunque su voz no sonaba neutra como se suponía que sonaría, ésta vez sonó más varonil.
- Deja al chico en paz – Dijo una voz detrás del encapuchado. Era Lidda, haciendo presión en la espalda del sujeto de negro con el florete.
La escena se congeló por varios segundos: Jason suspendido en el aire, el encapuchado sosteniéndole por el brazo y por la camisa, y Lidda con una sonrisa triunfal, amenazando con atravesar al hombre si se movía.
Y tan rápido como comenzó todo, terminó. Jason voló hasta el fondo del callejón y el encapuchado tumbó a Lidda de espaldas girando sobre sí mismo y barriendo a la halfling con el pie. El sujeto misterioso sacó del interior de su capa una daga afilada y reluciente, misma con cuyo filo mantuvo a Lidda en el suelo, haciendo firme contacto con el cuello de la chica.
- Eres bueno... – Murmuró ella desde el suelo, aún sin poder creérselo.
Inesperadamente, el tipo dejó caer su capucha a sus hombros, dejando ver un rostro pálido y un poco desgastado, de mirada dura y fría. Tenía el cabello negro despeinado y sin limpiar.
- Jason, tengo la impresión de que este no es el que buscas – Anunció la halfling desde el suelo.
- ¿Qué quieren de mi? – Musitó el hombre con voz firme y dura, pero no con rudeza. Su voz encajaba perfectamente con sus rasgos varoniles.
- ¡Eh, acá están! – Anunció otra voz a la entrada del callejón. Koru entró corriendo con la espada, dio un gran salto para caer sobre el sujeto de negro y tirarlo al suelo, y en un parpadeo el hombre lo recibió con una patada, enviándole a volar y a aterrizar justo encima de Jason, para entonces volver a amenazar a Lidda, quien apenas tuvo oportunidad de moverse.
Segundos después aparecieron Anark y Sikoth, amenazando atacar en cualquier momento
- ¡Eh, tú¡Déjalos ir! – Bramó Sikoth desenvainando la espada y alzándola sobre su cabeza, para poder contestar cualquier posible ataque.
El sujeto se les quedó viendo a todos un momento, primero a los recién llegados, luego a Jason y Koru tumbados junto al muro, luego a Lidda y de nuevo a los primeros. Finalmente se levantó y abrió su capa, dejando ver, colgando del cinto, a la funda de la daga, misma que guardó ahí.
- Lamento todo el desastre – Dijo el sujeto con tranquilidad a la vez que se echaba la capucha sobre la cabeza nuevamente.
- ¿Quién eres, y qué buscas con ellos? – Interrogó Sikoth al hombre.
- Lo siento – Dijo este. Desconcertados por las respuestas y aparente tranquilidad del misterioso hombre, lo único que pudieron hacer Sikoth y Anark fue apartarse cuando el encapuchado se disponía a salir del callejón. En instantes, el encapuchado se perdió en el mar de gente, cajas, frutas, caballos y sombras.
El desconcierto reinó por lo que parecieron horas, aunque sólo fueron unos segundos que culminaron con Koru diciendo:
- Si alguien quisiera ayudarme... Aterricé de culo sobre algo duro... espero que no haya sido Jason.
Sikoth se apresuró a asistir a Lidda (quien apartó la mano, indignada) y de inmediato a Koru. Finalmente levantó del suelo a Jason con ayuda de su hermano: Pies de Fuego debió haber caído de cabeza, o el impacto contra la pared había sido muy fuerte, pues estaba inconsciente.
- ¿Y de qué se trató todo esto? – Inquirió Sikoth cuando Lidda y Koru estuvieron de pie, el último con Jason apoyado de su hombro.
- Pregúntale a éste cuando despierte – Dijo Lidda, notablemente enfadada por la humillación -. Si no tuviera que preocuparme por que al muy idiota le arranquen el pellejo, no hubiéramos tenido que...
- Olvídalo... el tipo nos hizo puré por sí sólo, acéptalo – Pidió Koru, agradecido de que no le hubieran degollado ahí mismo.
- ¿Y te dices aprendiz de Ardilla silenciosa¡Pah!
- ¡Por acá! – Dijo una voz a la entrada del callejón. Era Zul haciendo señas a la otra mitad del grupo.
- ¡No llevamos ni dos horas separados y ya andan por acá¿Qué coño quieren? – Blasfemó Lidda.
- Parece que a alguien le ha ido mal... – Señaló Torom en cuanto se incorporó al grupo, detrás de Elia y Tyra.
- ¿Quién era ese sujeto? – Habló Tyra -. ¿No era el que usó a las fuerzas de Keel para apresarnos?
- Éste era otro... quién era, no lo sabemos, pero no parecía un mal tipo, se apartó y se fue en cuanto vio que no teníamos malas intenciones – Respondió Sikoth.
- Dirás que tú no tenías malas intenciones, pero si lo vuelvo a ver¡lo mato!
- No le hagan casi a Lidda, el tipo se encargó de ella, de Jason y de mi por sí solo, y...
- ¡Calla!
- ¿Y Jason? – Preguntó Elia con aflicción al ver su cabeza colgando descontroladamente.
- Sólo fue un golpe, no le pasará nada – La tranquilizó Koru.
- Bueno¿y a qué vienen ustedes, no tenían trabajo? – Inquirió Lidda, esperando que la respuesta no le fastidiara más.
- De hecho, acabábamos de salir de una cantina cuando los vimos a ustedes en el puerto, desde lejos, y vimos que Jason se lanzaba a perseguir al encapuchado – Explicó Elia.
- Temiendo que fuera el de Keel, y que se fueran a meter en problemas, fuimos detrás de ustedes – Terminó de decir el mercenario.
- Pero¡maldición, salimos vivos¿Por qué se molestan si tienen cosas que hacer? – Soltó la halfling.
- De hecho, ganamos dinero de forma muy fácil: Zul es muy bueno jugando al dominó, y tras una partida triplicamos el dinero que traíamos, lo que nos alcanza para el viaje – Dichas éstas palabras por Tyra, una orgullosa sonrisa se dibujó en los labios del chico lobo.
- Coincidentemente, el tal Búho estaba en el bar... – Señaló Elia, aunque su rostro palideció, lo que incitó la risa de Koru, quien preguntó:
- ¿Ah sí¿Y qué tal, te agradó?
- Es un hijo de puta – Intervinó Torom -. No dejaba de mirarle las piernas a Elia.
- Hasta que Elia le preguntó muy agresivamente qué le pasaba, Tyra tuvo que entrar en escena para evitar que se hiciera una bronca colectiva – Continuó Zul -. Era fácil decir que era El búho, tenía unos ojos y unas gafas enormes, y una capa café. Torom se acercó a preguntarle por su nombre, y él nos dio su apodo. Cuando le dijimos que Koru nos había enviado, casi le besó los pies a Elia y nos ofreció todo lo que quisiéramos.
- Que no piense que ya ha pagado su deuda, Koru – Señaló su hermano.
- Nah, déjalo así... aunque podré fastidiarlo con ello de vez en cuando si lo llego a ver.
- El búho mandó decir que prepararan a
La Santa Lila del Mar Rojo en el puerto, para que zarpemos cuando queramos. La hemos visto y es un barco grande – Explicó la hechicera Greniana.
- Lo mejor de todo es que regresamos al bar y le pedimos provisiones, así que tendremos el barco lleno de comida en un par de horas – Al mercenario se le notaba feliz, pues la situación había mejorado notablemente.
- No tuvimos que usar MI dinero – Enfatizó Zul, los ojos brillándole con avaricia.
- Vayamos al puerto entonces, a supervisar los preparativos – Sugirió Sikoth, con notable desconfianza hacia el tal búho.
- Avísenme cuando despierte éste – Pidió Lidda, refiriéndose a Jason -. De ésta no se escapa...
La noche había caído ya, envolviendo al grupo con el arrullador sonido de las olas, una húmeda y fresca brisa, y una luna llena preciosa. Cinco hombres se encargaban de llenar la bodega de La Santa Lila del Mar Rojo con fruta, algo de carne (salada) y hasta barriles de cerveza, mientras Lidda blasfemaba enfrente de Jason, quien sabía que defenderse era inútil.
- ¿Deberíamos zarpar ahora, en la noche? – Inquirió Torom a Koru. Él se metió un dedo a la boca, lo alzó y sintió el aire.
- Pues el viento es favorecedor, y no pinta para tormenta... Por cierto, creo que El búho ha descuidado bastante sus pertenencias – Koru miró la embarcación de arriba abajo con desdén e incredulidad -. La recuerdo más preciosa, más magnífica.
- Al menos conserva uno de los cañones – Intervino Sikoth -. Eso lo vuelve a poner en deuda contigo, hermano.
- Vaya que sí... pero ¡tenemos cerveza!
- No vamos de vacaciones, hijo – Lidda ya había dejado de discutir con Jason al ver que éste simplemente le ignoraba.
- ¡Todo listo, señor! – Intervino uno de los cargueros, alineándose los otros cuatro detrás de él, con un porte que rozaba lo militar.
- Uh... gracias, creo... – Contestó Koru haciendo una inclinación por educación -. Y díganle al Búho que todavía está en deuda.
Zul se dio el lujo de dar propinas, unas muy miserables por cierto. Constantemente se metía la mano al bolsillo derecho, donde tenía un saquito lleno de monedas que le gustaba hacer sonar. Aún no creía que la suerte le hubiera hecho semejante favor.
Minutos después estaban todos a bordo: Tyra, Torom, Sikoth, Koru, Zul, Elia, Jason, Lidda y Anark. A Koru le urgía probar la cerveza (y considerar si El Búho seguiría en deuda o no después de ello), aunque él se encargó del timón, Tyra se dedicó a contemplar el mar, Sikoth fue directito al timón, con su hermano. Lidda, enfurruñada, se buscó un rincón junto con Zul donde pudieran asomar la cabeza si querían vomitar, y Elia se puso a mimar a Anark, quien en esos momentos parecía un cachorro agigantado, pero muy disciplinado.
Elevaron anclas, un viento perfecto llenó las velas y comenzaron a moverse.
Torom fue a inspeccionar las cabinas, si es que las había, y a ver las provisiones que tenían para el viaje, y si había balas para usar con el cañón. Todo estaba oscuro y resquebrajado dentro , la madera húmeda estaba agujerada en algunas partes y crujía... sin contar que las arañas y el polvo se respiraban desde antes de entrar.
Torom abrió la puerta número uno y...
Tropezó con algo, posiblemente una rata. El polvo se levantaba con cada paso que daba mientras buscaba una vela a tientas. Como no halló ninguna hizo uso de su magia: levantó su dedo índice de la mano derecha y una lucecilla dorada iluminó una habitación pequeña y mugrosa hasta las grietas. Bajó el dedo para inspeccionar debajo de la mesa, repleta de mapas y velas derretidas, y vio una masa de tela negra... de la que sobresalían un par de botas cafés... lo peor era que la tela se movía.
- ¡Tenemos un poli...!
Apenas había abierto la boca y un sujeto encapuchado en negro se le echó encima y le cubrió la boca, aunque tuvo que arrojarse al suelo con él. Forcejearon unos instantes hasta que Torom le dio una patada en la espinilla, se levantó, pero de inmediato se dio de boca contra el suelo cuando el otro le metió la zancadilla. En un segundo ya lo tenía encima de nuevo, haciéndole una llave que le impedía mover más que los dedos, y ya no podía emitir sonido alguno.
- Por favor, no pretendo nada malo – Le dijo una voz casi inaudible. Aunque no podía verle la cara, la voz denotaba que era hombre.
- ¡Eh Torom, vinimos por algo de cerveza¿Quieres un poco? – La voz de Koru sonó al otro lado de la puerta. Iba seguido de Zul aparentemente, a juzgar por una segunda voz.
Se hizo el silencio, al parecer el otro par esperaba que Torom diera respuesta, pero no la hubo.
- ¿Torom? – Dijo la voz de Zul.
- Tú ve a buscar a las bodegas, yo buscaré acá arriba... mantente alerta, puede haber algún polizón... – Indicó Koru cuando, tras varios segundos, no hubo ninguna respuesta. Torom escuchó a Zul descender las escaleras con cautela, y, aunque Koru no hacía nada de ruido, supo que se acercaba.
El polizón apretó a Torom fuertemente y se movió con él, lentamente, hasta un lado de la entrada, de forma que si la puerta se abría, quedarían ocultos detrás de ella. Y así fue, Koru abrió la puerta con lentitud y caminó cautelosamente al interior, guiándose con la poca luz de la luna que lograba filtrarse hasta dentro. Con esa iluminación, a Torom jamás le verían, y le apretaban tan duro que apenas si podía mover sus dedos...
... sus dedos...
Torom dijo para sus adentros "Lumina", extendió el dedo índice de su mano derecha y una luz dorada muy intensa llenó el cuarto, cegando a Koru, aunque logró llamar su atención cuando la intensidad cayó y una lucecilla dorada se mantenía viva en el dedo del mercenario, aún aprisionado por los firmes brazos del encapuchado, quien cerró la puerta de una patada.
- Oye tú, ésta vez no nos agarraste desprevenidos, no pasará lo mismo que en el callejón – Dijo Koru desafiante.
- ¿... Qué dices? – Respondió el otro hombre. De inmediato Torom sintió la libertad, pues los fuertes brazos ya no le impedían respirar. Fue y se paró a un lado de Koru y levantó su dedo para iluminar al otro... al parecer Koru lo había reconocido, y el otro había respondido de igual manera.
En efecto, Koru vio al mismo sujeto del callejón cuando se descubrió la cabeza: cabello negro desarreglado, un rostro joven, pero algo demacrado, y una mirada inteligente, dura...
- ¿De qué se trata todo esto, él es...?
- El que enfrentamos en el callejón, sí – Dijo Koru sin quitar la vista del polizón.
- Siento el inconveniente – Respondió éste -. Les pido por favor que me permitan abordar su embarcación hasta que lleguemos a tierra, de nuevo – La voz varonil de aquél hombre ahora era calmada y firme, pero mostraba un porte educado.
- ¿No hubiera sido más fácil preguntar¿Antes de que abordáramos? – Torom sentía el cuello torcido.
- Te pido que me perdones, pero estabas a punto de delatarme... prefería haberlo hecho sin causar molestias y pasando desapercibido – Respondió el polizón con seriedad y cortesía, haciendo una inclinación.
- ... Si querías viajar a alguna de las islas del archipiélago sólo tenías que preguntar... – Señaló Koru.
- Perdónenme, no quería causarles molestia alguna.
- Bueno, si va a quedarse aquí hasta que lleguemos a la isla, creo que deberíamos decirle a todos – Sugirió el mercenario -. Digo, incluso aunque estén en desacuerdo no podríamos tirarlo por la borda...
- De acuerdo – Accedió el otro.
- Se los agradezco. Mi nombre es Ludovico Agustín Powelki Crépitienanse – Se inclinó de nuevo.
- ¿Ludovico?... Um... vamos afuera entonces... – Dijo Torom.
- Y deja que nosotros pasemos primero, por tu seguridad – Koru se acordó de Lidda.
La conversación había sido incómoda después de una batalla que pudo haber acabado en asesinato, pero afortunadamente todo había salido bien, y dejando a un lado el cuello de Torom y la patada a Ludovico, todos estaban perfectamente... ¿Y Zul?
- Le dijiste a Zul que bajara a la bodega a buscarme, y no ha regresado – Señaló el mercenario.
- Quizás la esté pasando bien con la cerveza¿quién sabe? – Comentó Koru, divertido -. Oh, ahí viene ya, salgamos y que nos alcance en cubierta.
Torom abrió la puerta y Koru salió. Ludovico se quedó atrás, esperando a que diera su anuncio:
- Tenemos un nuevo acompañante, por lo menos hasta que toquemos alguna de las islas.
Sus palabras fueron tan repentinas que todos se quedaron mirándole, algunos incrédulos, otros divertidos, Torom se golpeó la cabeza en señal de desaprobación y Zul, que apareció detrás de Ludovico, dejó caer una manzana que llevaba en la mano.
- ¿Y de quién se trata? – Dijo Lidda divertida como si se tratase de una broma. Aún sentía mareos, pero ya se había repuesto.
Torom se hizo a un lado para dejar pasar a Ludovico. Los que habían estado en el callejón se quedaron atónitos, los otros sólo expresaron curiosidad.
Lidda en especial parecía que sí vomitaría ésta vez. Su mirada expresaba algo como "No te mataré ahora porque no puedo...".
- Mi nombre es Ludovico Agustín Powelki Crépitienanse – Dando unos pasos adelante, Ludovico se presentó haciendo una inclinación de cabeza.
- ¿Ludoviblahblehbah qué? – Musitó Zul aún detrás de Torom.
La reacción no cambió mucho, todos seguían mirando incrédulos y callados, hasta que a dos personas se les ocurrió romper el silencio.
- Elia Luminen, vengo de...
- ¿Cómo diablos se subió al barco? – Bramó Lidda.
- Abordé justo después de encontrarme con ustedes en aquél callejón – Explicó Ludovico -. No sabía que iban a ser ustedes los que usarían ésta embarcación hasta que vi a este muchacho hace unos momentos – Dijo, refiriéndose a Torom -. No pretendo causar molestias, sólo quería que supieran que estaré aquí. Si les incomoda lo lamento, pero necesito llegar al archipiélago.
- Decía, yo soy Elia Luminen y vengo de Gren...
Todos fueron presentándose a aquél hombre que aparentaba andar en sus treintas. Todos menos Lidda, quien no creía que hubiera algo que pudiera fastidiarle más.
- ¿Cuándo vendrá mi hermano a relevarme? – Se quejaba Sikoth, al timón -. Ya durmió un turno entero...
- Yo ya me iré a dormir, me encargaré de despertarlo – Ofreció la hechicera de Gren -. ¿Alguien más viene?
- Yo en un rato – Dijo Jason.
- Yo en cuanto venga Koru, maldito desgraciado...
- ¿Tyra, Lidda, Torom... tú? – Dijo ésta última palabra con desdén, a Zul.
- Al rato iré – Declaró el chico lobo, y luego murmuró, de forma que nadie lo escuchó: -... cuando tú ya estés bien dormida y yo sepa donde estás, para alejarme de ti lo más posible.
Elia se retiró sola, con Anark, alcanzada por Jason y Sikoth cuando Koru se hizo cargo del Timón. Zul se fue a dormir minutos después, dejando a Lidda, Tyra, Koru y Torom solos... con Ludovico, quien dormía en el suelo, contrario a las invitaciones de casi todo el grupo de dormir dentro. Tyra observaba el mar, como llevaba haciendo casi desde que se había embarcado. Lidda ya podía mantenerse de pie, y Torom disfrutaba del sonido de las olas, aunque pensativo y callado... hasta que Lidda llegó a hablarle.
- ¿Así que tú entraste y él te atacó?
- De hecho, no lo hubiera hecho de no ser porque yo iba a delatarlo – Explicó Torom -. Me parece un tipo bastante decente, sólo quería pasar desapercibido... ha tenido oportunidad de matar a varios de nosotros, y dos veces, pero no lo ha hecho.
- Es sólo que éste grupo parece un imán de líos¿sabes? Siempre hay algo persiguiéndonos...
- No creo que sea nuestra culpa, no en gran parte... si secuestraban a Sikoth debíamos ir tras de él, si nos ofrecían trabajo era imposible saber que nos emboscarían un montón de ababols... No es que estemos lastimando a nadie, nosotros no provocamos que el peligro venga a nosotros...
- Lo sé... Pero tú en especial, Torom.
El comentario de Lidda le tomó por sorpresa, y sonó algo molesto.
- ¿Cuál es tu punto?
- Los tipos de la última vez se veían demasiado obsesionados contigo... no dejaban de nombrarte ayer.
- También me intriga, no sé qué querrán conmigo...
- Es sólo que has llamado mucho su atención, yo creo¿Umbra du Oblivio? Es uno de los tres llamados "Hechizos prohibidos" de las sombras, por cada elemento hay dos o tres hechizos prohibidos, incluidas las sombras y la luz... ni siquiera sé cómo alguien tan joven ha podido lograr algo de tal magnitud, Torom.
- Sinceramente, no sé qué quieran conmigo...
- ¿Omino? Es un asesino muy conocido en el bajo mundo, y tú has peleado con él varias veces... la vez de Keel también atrajo a todos los soldados¿recuerdas?
- Conozco a Omino mejor, si cabe, que él mismo... – A Torom le comenzaba a incomodar la conversación.
- Y tú espada es de oro puro, y es tan grande y pesada que ni siquiera los híbridos más fuertes pueden levantarla con facilidad... tú, en cambio, eres tan rápido como yo con ella...
- ¡Te juro que no sé qué quieren ellos conmigo, Lidda! – Ahora el fastidiado era él -. ¡Sólo trato de pasar desapercibido, pero ni siquiera sé quiénes son éstos sujetos, no sé qué querrán de mí¿Está bien¡No es mi culpa que los problemas vengan a nosotros! – Se detuvo, respiró hondo, suspiró, y ya más calmado, siguió: -. De no ser por mi, Zul estaría muerto.
- Te metes en muchos problemas, Torom – Siguió diciendo Lidda, con calma -. Omino es un hombre demasiado peligroso, lidiar con él es...
- No sabes ni la mitad de lo que yo sé de él... ni siquiera él sabe muchas cosas sobre sí mismo... te aseguro que él no es un hombre, quizás sólo yo sepa lo que es. Déjame a Omino a mi.
Quedaron en silencio por un rato, mirando hacia el frente, a las olas. El enojo de Torom había llamado la atención de los otros dos: desde lejos, Koru escuchaba lo que alcanzaban a captar sus oídos, e incluso Tyra, de espaldas a ellos, había ladeado la cabeza para escuchar. Entonces el mercenario torció los labios en una sonrisa que casi no se notaba.
- ¿Quieres hablar de atraer problemas, Lidda¿Qué me dices de aquél sujeto que vimos la otra vez, tu amigo Darkmantle?
- Es un amigo mío, no es ningún peligro.
- Déjame terminar: es sobre la pluma que te trajo.
- Es una pluma del halcón que hirió a mi rata...
- Por favor... Sikoth y Koru ya lo saben, entienden algo del idioma que hablaste aquél día, y cualquier ladrón que se considere digno de llamarse así sabe que eso es una pluma de Angelis. Incluso yo he oído hablar de ellas: son más afiladas, finas, grandes, lisas y brillantes que la pluma de cualquier animal. Definitivamente es mucha la diferencia entre eso y la pluma de un halcón.
- Ve al grano, por favor.
- Me dices que tenga cuidado de en donde me meto, pero los Angelis, como seguramente sabes, son seres extraordinarios, son incluso más poderosos que cualquier elfo vivo. No dudo de tu habilidad, pero los Angelis... Estás cazando a uno, supongo.
- No te interesa – Dijo Lidda tajante, pero Torom no se detuvo.
- No expusiste tus razones para acompañarnos a Keel, Lidda. Y por tu bien, sería mejor que me las dijeras.
- ¿Es eso una amenaza?
- Depende de cómo lo veas: puede ser eso o una oferta. Omino y los sujetos que enfrentamos ayer podrían ser un problema, pero nada mayor que atraer a un Angelis... si decías que yo era un imán que líos, espera a vernos enfrentándonos todos a uno de ellos. Pero si me dices cuáles son tus motivos para estar con nosotros en este barco, podríamos ayudarte, incluso protegerte.
- ¿Crees que no soy cautelosa, Torom? Sé lo que hago, sé en donde me estoy metiendo, sé que los Angelis son tan letales como lo es una araña para las moscas.
- Está bien, pero no quiero que seas tú la que traiga el peligro a nuestro viaje... ¿está bien?
Lidda movió la cabeza de un lado a otro en negación, aunque más bien parecía que un montón de mosquitos la molestaban.
- Sólo confía en mi – Dijo finalmente, mirando al mercenario a los ojos.
- Está bien... pero si necesitas ayuda con ello, no dudes en pedirla.
- Claro. Buenas noches – Contestó ella, tajante.
La halfling se despidió y se fue a una de las cabinas a dormir. Sólo quedaron Koru, Tyra y Torom, más Ludovico, durmiendo en el suelo. Torom no tardó ni dos minutos en recibir el mensaje de la luna: ya era muy tarde, había que levantarse temprano para decidir junto con el grupo a qué isla irían. Pero alguien debía quedarse con Koru.
- ¿Quieres que me quede aquí para que tú vayas a tomar una siesta? – Propuso el muchacho a Tyra con amabilidad.
- No te preocupes – Contestó ella. No llevaba la mascarilla puesta, así que la sonrisa que a tanto le había hechizado atrapó a Torom con la guardia baja -. Tú vete a dormir, yo no tengo sueño.
Un gesto que le agradeció mucho, una hora más y caería rendido en cubierta. Había sido un día duro para todos, pero Tyra parecía haberlo resentido menos.
- Muy bien entonces, buenas noches. Buenas noches, Koru.
- Felices sueños.
- Buenas noches.
Torom se perdió escaleras abajo, y entonces, al fin, se hizo completo silencio (si dejamos a un lado el crujir de la madera, el oleaje y el ocasionar murmullo de las velas). Koru se dedicó enteramente a gobernar a La Santa Lila del Mar Rojo, y Tyra seguía observando las estrellas, su perfecto rostro pálido acariciado por la brisa que hacía ondear sus rojos cabellos.
Pues sabía que Calik Ugishi andaba cerca de ella. Había reconocido sus técnicas en esos aprendices suyos el día de la pelea en el kekkai. Sabía que, tarde o temprano, y para bien o para mal, Tyra de Celes y Calik Ugishi se volverían a ver las caras algún día...
- ¡Finalmente has llegado, tú, pájaro carroñero!
La voz de Calik Ugishi resonó en la sala del trono cuando Chrysos irrumpió en ella. Era la misma sala donde ambos y el otro encapuchado se habían reunido la última vez.
- Lamentablemente, palabras sobre tus actos llegaron antes... eres muy poco sutil, sin duda...
- Es sólo que el otro idiota llegó antes que yo, siempre mete las narices donde no le incumbe – Se defendió el híbrido.
- Debo agradecerte, porque él pudo haberlo echado a perder... no los quiero muertos... aún, pero pudo haber matado a alguno de los dos que quiero.
- Es lo que le dije, pero hizo caso omiso... Y piensa seguir haciéndolo.
- Y aún así, irrumpiste en la batalla, armado. Mal, mal, mal. Son débiles, de haberte atacado a ti, hubieras tenido que contestar, y eso hubiera resultado en algo… lamentable.
- No me dejó oportunidad de averiguar gran cosa sobre Torom Derdim, ese infeliz, tan indigno que su resbalosa madre ni le puso un nombre.
- ¿Lo ves? Ustedes los híbridos son tan poco competentes. Sólo tenías que mantener distancia y esperar.
- ¡Tuve que detenerlo para que no los despedazara¡Es que le encanta jugar con nosotros¡Ni siquiera pensaba matarlos en primer lugar, sólo está jugando contigo y conmigo! – Chrysos estuvo a punto de agarrar a uno de los guardias por el cuello -. No todo salió mal, logré averiguar algo.
- Te escuchamos – El encapuchado de la voz neutral habló por primera vez.
- Ya venía de regreso cuando uno de mis hombres me alcanzó: los niños irán al archipiélago, parece que ahora buscan el espejo de Lathia.
- Hm... interesante – Dijo Ugishi -. ¿Es todo lo que tienes que decir?
- Hay más: parece que Sir Cameén San Espada se ha unido a ellos – Declaró Chrysos.
Sucedió algo que al mismo Chrysos le dio satisfacción, y que al encapuchado pudo alarmar en pequeña medida. Por primera vez en años, el rostro de Calik Ugishi demostró algo más que seriedad, enojo o arrogancia: aflicción. Luchó todo lo que pudo para minimizarla, logrando un resultado decente, más no satisfactorio.
- ¿Sir Cameén dices?
- El mismo – Confirmó el híbrido.
Se hizo silencio, Calik no pudo decir más, imagen que le alegraría a Chrysos la vida hasta el final de sus días. Al menos que pudiera descuartizar a Ugishi con sus propias manos, no podría haberse sentido más feliz.
- ¿Has traído algo mas? – Inquirió Calik tras un largo silencio.
- Nada de tu interés – Respondió Chrysos.
- Lárgate, y manda traer a Nikago, Saniru.
- Y a Omino – Añadió el encapuchado.
Chrysos ya se acercaba a la puerta cuando se detuvo, dio media vuelta, y volvió a hablar:
- Por cierto...
- ¿Ahora qué?
- Con esos muchachos he visto a un híbrido... a un mestizo de humano con un híbrido del clan de los lobos, quiero decir.
- ¿Y qué, quieres pedirme que no le ponga las manos encima, porque es uno de los tuyos¡Tonterías Chrysos! Lárgate de aquí ahora... todos ustedes desaparecerán de Mimir algún día.
- Ugishi, llegará el día en que lamentes cada palabra que digas sobre nosotros – Musitó el híbrido alado, dio media vuelta y en silencio se fue.
Un silencio que se prolongó más de lo normal.
- ¿Por qué tan callado, Ugishi? – Inquirió el encapuchado -. Te noto... preocupado.
- Calla, no es nada – Calik sabía que eso no era cierto. La noticia de Sir Cameén le daba mala espina.
- No me digas que te preocupa Sir Cameén...
- Para nada – Respondió el ninja, aunque de nueva cuenta, mentía -. Lo que me intriga es qué trama Aghamen...
- Es difícil saber si Aghamen está detrás de Sir Cameén ésta vez – Dijo el encapuchado -. A veces él trabaja para el rey, a veces anda la tierra por su cuenta.
- No será un problema...
En ese momento irrumpieron dos personas en la sala: Nikago y Saniru, los aprendices de Calik que habían sobrevivido a la batalla del kekkai. Se inclinaron primero ante su maestro y luego ante el encapuchado de la voz neutral.
- ¿Qué se le ofrece, maestro? – Dijo Saniru inclinando la cabeza al momento de arrodillarse.
- Levántense – Musitó Calik poniendo las manos atrás.
Calik miró a sus aprendices, caminando frente a ellos de un lado a otro.
- Ellos han partido al archipiélago desde Puerto Mitra. Ahora mismo recorren el mar. No quiero que los enfrenten... aún. Hay dos fragmentos de
la Pluma de Oth, hasta donde sabemos, en esas islas. Ellos han ido a las islas por otra razón, así que es momento de que aprovechen para llevarse las piezas de
la Pluma.
- ¿Y si nos encontramos con ellos, maestro? – Inquirió Nikago.
- Si se ven obligados a enfrentarlos, háganlo, pero no quiero que maten a ninguno... excepto a un tal muchacho de nombre Jason: lleva consigo otra pieza de
la Pluma de Oth. Háganlo SOLO si se ven obligados a ello, no quiero que ninguno otro de ellos salga lastimado. También pueden aniquilar a los hermanos si quieren, no tengo ningún interés en ellos. Busquen venganza si llegan a encontrárselos...
- Sí, maestro – Dijeron los aprendices al unísono.
- Consigan las dos piezas de las islas y regresen aquí. Les daré órdenes nuevas dependiendo de cómo se muevan las piezas del tablero.
- Sí maestro – Repitieron los aprendices.
- Retírense.
Nikago y Saniru volvieron a arrodillarse como despedida, dieron media vuelta y salieron de la sala.
- ¿No vas a decirles que Sir Cameén está con ellos? – Inquirió la voz neutral a espaldas de Calik -. Es un peligro potencial para ellos dos, incluso juntos.
- No espero que se encuentren con él... ni siquiera sé si Sir Cameén se quedará con los otros... – Calik se volvió hacia el encapuchado -. ¿Y tú para qué quieres a Omino? He observado a ese asesino, y su mente es muy inestable... en otras palabras, es un loco. No sé si sea confiable... y tenerlo aquí podría resultar en algunas "desgracias" para nuestros carceleros...
En ese momento irrumpió en la habitación el susodicho. Iba vestido como usualmente hacía, sólo que sus ropajes estaban cada vez más sucios y roídos.
- ¿Qué quieres? – Bramó en cuanto alcanzó la escalinata previa al trono, sin hacer ni una inclinación de saludo.
- Tienes trabajo – Dijo el encapuchado ésta vez.
- ¿Es sobre Derdim? – Inquirió Omino.
- Ya tenemos a algunas personas encargándose de Torom Derdim – Señaló Calik, cruzándose de brazos.
- Irás a Gren, Omino. Hay algo allá que nosotros queremos.
- Ve al grano – Pidió Omino con fastidio.
- Cuida tu forma de dirigirte a mi – Amenazó la voz neutra -. Hay un hechicero de nombre Renhart, director de una escuela de magia muy elitista. Irás y le preguntarás por "la pieza". Matarás a todo el que se te oponga, el propio Renhart si ha de ser así¿entiendes?
- Eres demasiado impreciso con tus órdenes – Reclamó el asesino -. ¿Pieza de qué?
- No te interesa, Omino – Se opuso el otro.
- Trabajar para ti me ha llevado a todos lados menos a lo que busco: Torom Derdim y el híbrido mestizo son míos. MÍOS – Su voz se tornó grave y su rostro adoptó una expresión obsesiva, enferma.
- Harás lo que se te indique, Omino – Replicó el encapuchado con una paciencia que comenzaba a desbaratarse.
- ¿Y si no? Éste trabajo me resulta contraproducente.
- ¿Qué pasará si desobedeces, preguntas? – La voz neutra ahora sonaba divertida.
Omino se quedó callado y cruzado de brazos, y el encapuchado comenzó a descender la escalinata, levantando los brazos para que la fina tela negra resbalara por ellos, revelando dos manos delgadas como arañas, más blancas que la nieve, y con dedos más afilados que las dagas. Cuando el encapuchado se hubo acercado demasiado, el rostro del asesino se desfiguró en angustia y terror, y comenzó a retroceder. Las palabras no le salían completas, a causa del miedo que le invadía. Calik observaba, cruzado de brazos, muy serio.
- No me to-to-toques – Dijo Omino, llevando una mano a la vaina de la espada. La amenaza no detuvo al encapuchado.
- La arrogancia y la desobediencia tienen un precio, Omino – Dijo con un tono de voz que casi denotaba ternura.
- ¡Retro-retrocede! – El asesino desenvainó una espada manchada de sangre y tierra, y comenzó a agitarla de forma imprecisa, con sus manos temblorosas.
El único golpe que logró conectar lo detuvo el otro con su mano desnuda, como si de espantar moscas se tratase. Al momento del contacto, Omino emitió un alarido de dolor y dejó caer su arma, golpe cuyo eco resonó en la sala por varios segundos. Doliéndose de la mano, el mercenario cayó de rodillas, chillando, sin inmutarse de la cercanía del encapuchado de negro. Éste posicionó sus manos en el rostro de Omino, con delicadeza, y alaridos todavía más fuertes llenaron la habitación.
Omino se convulsionaba, chillaba y suplicaba que lo soltaran, incapaz de moverse de su posición. No pasó ni un minuto cuando los gritos se convirtieron en llanto, y lágrimas de intenso dolor brotaron de sus ojos. Resistiendo el dolor por varios minutos, el asesino pataleó y golpeó los brazos de su atacante, aunque éste parecía una niñita acariciando a un cachorro, sin inmutarse de los golpes que recibía.
Segundos después se abrieron varias heridas en todo el cuerpo de Omino, como si varias dagas le hubieran hecho profundos y largos tajos, que sangraban como cataratas a cada segundo que pasaba. Omino chillaba como un bebé recién nacido, aunque pronto ese sonido comenzó a parecerse más al chillido de un cachorrito indefenso. Y todavía Omino seguía pataleando y chillando con toda la fuerza que al inicio del tormento, pero el encapuchado lo dejó ir cuando el suelo estaba tan encharcado de sangre que el borde de su capa se mojó en ella. El asesino dejó de sangrar, cayó de bruces al suelo, jadeando y gimoteando, bañándose más en su propia sangre, a la vez que el otro regresaba a sentarse en su trono, tranquilamente. Nadie se inmutó del gesto de repugnancia que había en el rostro de Calik.
- Irás a Gren y le pedirás a Renhart "la pieza". Matarás a todo el que se te oponga, y sólo si se llega a poner resistencia. ¿Me has escuchado, Omino?
El asesino se puso de pie, exhibiendo su rostro cubierto en sangre propia. Sonrió, y aunque estaba tambaleándose, se inclinó y dijo:
- Entiendo.
- Retírate – Ordenó Calik.
Antes de hacerlo, Omino comenzó a carcajearse sin explicación alguna, mostrando que sus ojos habían cambiado: las pupilas eran alargadas, y emitían un extraño brillo en la oscuridad, como el de los gatos. Tardó como un minuto, pero dejó de reírse súbitamente. Su respiración se volvió agitada, y fue hasta entonces que se dio media vuelta y se retiró, caminando como si su cuerpo no hubiera sufrido herida alguna.
- Es una gran cualidad en los de su especie: el miedo y el dolor pueden sacar al exterior su verdadera naturaleza – Musitó el encapuchado sentado en su trono. Parecía haber disfrutado del espectáculo como si se hubiera tratado de un bufón.
- Aún no confío en él, cuando sepa que lo has enviado por una de las Piezas de
la Pluma de Oth, y cuando note el valor que ésta tiene, no sé si vaya a regresar – Dijo Calik, contrariado.
- El miedo lo hará regresar aquí. Pronto se volverá en uno de nuestros aliados más poderosos, y llegará el momento en que trabaje para nosotros sin esperar pago a cambio... sólo carne fresca.
- Está obsesionado con Derdim, y tiene ideas bastante... incoherentes. No es normal... no sé si sea confiable... ¿Y qué pasará con su extraña obsesión con Derdim? Podría desobedecer e ir en su busca, y su sed por sangre y sufrimiento ajenos podría desembocar en infortunios. No quiero que nadie toque a esos chicos, menos a aquellos a los que cedí permiso a mis aprendices.
- Tú también estás obsesionado con Torom Derdim, Ugishi... podría impedirle a Omino que le ponga una mano encima si me explicaras qué es lo que quieres con él – Contestó el encapuchado.
- Hm...
- Pero dado a que tus motivos lucen más intrigantes, dejaré que seas tú el que le ponga las manos encima.
- Más vale que sea así.
Finalmente, Calik Ugishi se dio media vuelta y caminó hacia la puerta. Los soldados alzaron sus armas cuando pasó, y la puerta se abrió, dándole paso.
Esa noche tenía mucho en qué pensar... Sir Cameén le complicaba un acercamiento a aquellos chicos...
