Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer. Yo sólo juego con ellos.
La trama es mía.
AVISO: ¡Por favor léanlo HOY con la canción que les recomendaré! ¡Se los ruego, imploro, por favor!
Canción recomendada: In the arms of an angel – Sara McLachlan
El ángel fue llamado:
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Cuando la joven Isabella Cullen salió de su casa no sabía lo que el destino le tenía preparado.
Salió de su hogar en busca de ciertas cosas para su bebe, Renesmee de apenas tres meses de edad.
Aferró su bolso muy fuerte —por si acaso—, y emprendió su viaje a la tienda. Miró hacía todos lados antes de cruzar la calle.
En ese momento venía un joven de unos dieciocho años, borracho, conduciendo su auto último modelo, claro que a él no le importaba nada más que llegar a su casa.
La calle estaba vacía, él piso el acelerador a fondo. Y no se percató que Bella Cullen cruzaba la calle en ese preciso momento.
Él no alcanzó a frenar, impactándola de costado. La gente no tardó en llegar a ver lo sucedido, las sirenas de las ambulancias comenzaron a resonar por toda la ciudad.
Edward quien en ese momento estaba en su casa cuidando a Nessie, oyó un fuerte ruido y un montón de sirenas. Su corazón se comenzó a sentir de forma extraña, y esa fuerte sensación nuevamente invadió su pecho.
Salió de la casa y rogó al cielo que Bella estuviera bien, y sólo fuera otra persona la que estaba involucrada.
Corrió a toda velocidad hacía el lugar, y comenzó a encontrar cosas de mujer esparcidas por el suelo, una cartera azul —la misma que ella— una botella de perfume hecha trizas, papeles, y por último una billetera.
Tomó la billetera con las manos temblando, la abrió con los nervios a flor de piel y un sollozó se escapo de sus labios al ver una bonita foto familiar, en la cual salía un joven de cabello cobrizo, una mujer castaña y una bebe con pelusitas cobrizas.
—Bella... —susurro con la voz quebrada. Emprendió nuevamente una carrera hacía donde estaba centrada toda la muchedumbre , los comenzó a apartar, para encontrarse con lo peor.
Ahí estaba el cuerpo de Isabella Cullen —su ángel—, tenía unas cuantas salpicaduras de sangre, heridas en sus rosados labios, y frente. Al lado de la joven, había un doctor revisando su pulso. El doctor hizo una señal de cruz en la frente de la chica, y se retiró. Ella estaba muerta.
Edward se tiro de rodillas al suelo, tomo una de las manos de Bella y la besó. La miró por una última vez y besó sus labios, probando y recordando su sabor para siempre.
Lloró porque acababa de perder a su ángel, a lo que más amaba en este mundo — junto con su hija —, su vida, su Bella.
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El féretro estaba a punto de ser enterrado. Era un velorio privado, todos los más cercanos habían llegado muy temprano para darle su último adiós a Isabella Cullen.
Los padres de la joven, lloraban desconsolados por la perdida, aún no podían creerlo. Era su bebe quien estaba siendo enterrada.
Alice; ella estaba destrozada, aún no podía asimilarlo. Esme lloraba en el pecho de Carlisle y este abrazaba a su desconsolada esposa.
La sonrisa de Emmett ya no estaba y hasta Rosalie soltó lagrimas por Bella.
Los demás estaban en shock. Edward era el más afectado, su mirada estaba puesta en un punto fijo del ataúd de Bella, su vida.
—Bella, Bella, Bella — seguía susurrando Edward, quien estaba de rodillas al pie de donde descansaba su difunta esposa.
Al momento de bajar el ataúd, Edward lanzó un ramo de rosas blancas. Él siempre comparaba — en su mente — a Bella con esas flores, tan puras y delicadas, como ella.
Cuando ya hubo acabado el funeral, él fue el único que se quedo. Solo y triste. Todo lo que había hecho para que ella estuviera con él, y el destino le había jugado una mala pasada.
¿Qué le hizo él al destino, para que le hiciera esto? Nada. Sólo que el futuro de ella ya estaba escrito, todo a su tiempo, pero el tiempo se agotó. El reloj de arena se rompió y los granos de tiempo se escaparon de su celda.
Edward sentía culpa, una culpa tan grande. Se decía constantemente que si el hubiera estado ahí la hubiera salvado, pero no fue así.
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La familia Cullen y Withlock, estaban sentados mirando televisión y algunos cuidando de Renesmee. En el estado en que se encontraba Edward no era posible para él cuidarla.
Ya habían pasado tres meses desde el accidente en el cual había fallecido Bella. Y aunque la extrañaban, ellos debían superarlo por el bien de Edward.
Edward había viajado hacía Los Ángeles — lugar donde había fallecido Bella—,quería recordarla, la necesitaba demasiado.
Entró a su departamento con la decisión en la mente. Él necesitaba verla ahora.
Tomó las cosas necesarias para poder realizar su plan, ver a Bella.
Colocó meticulosamente las cosas en la mesa de centro.
—Te seguiré donde sea que estés, mi ángel —susurró antes de tomarse cuatro frascos colmados de pastillas.
Se dejó caer al sillón y comenzó a sentir dolor y sueño, todo mezclado. Todo se volvió negro para él, y nunca más despertó.
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Mientras tanto en Forks, la familia Cullen y Withlock veían la televisión, ya que Nessie se había dormido. Hubo una noticia de último momento.
La representante de Edward Cullen, Tanya Denalí; ella estaba informando que hace unas pocas horas habían hallado el cuerpo ya sin vida del joven actor y músico.
Un silencio invadió la sala.
Él se había ido.
Minuto de silencio para la pareja...
¡Hola! Lo sé, no me maten por eso. Pero su destino estuvo escrito desde que la idea apareció en mi mente.
Espero que les haya gustado, muy triste.
El epilogo ya esta listo. Gracias por haberme leído, las quiero.
LiahDragga.
