CAPÍTULO 28
—¿Qué está pasando? ¿Por qué no se le ve?
Ino apunta con la linterna hacia la piscina, pero el chico sigue sin aparecer. Gaara se quita la camiseta y se lanza en busca de su amigo. Sin embargo, cuando se sumerge en el agua, la cabeza del malagueño asoma en la superficie. Tras escupir un buche de agua, Itachi comienza a reírse a carcajadas.
—¡Eres gilipollas! —grita muy enfadada la gallega, iluminando la cara del joven—. ¡Luego quieres que no te insulte! Pero es que te lo mereces.
Aunque continúa bajo el efecto del alcohol que ha tomado, el susto la ha espabilado bastante. Por un momento creyó que Itachi se había ahogado y que ella era la culpable de aquella tragedia. Desbordada por las sensaciones, se acuclilla y se pone a llorar desconsoladamente.
—¡Vamos! ¡No llores! ¡Que estoy vivo!
—Eres un idiota —murmura sollozando—. Me lo has hecho pasar fatal.
—¿Tanto me quieres como para sufrir por mí de esa manera?
—¿Querer? Si supieras el odio que te tengo ahora mismo...
—No te creo. Se ve a kilómetros que te has enamorado de mí.
—Creído de mierda.
Itachi sonríe. Va a responderle de nuevo, pero Gaara acude nadando hasta él y le pide que no la presione más. El malagueño le hace caso por esta vez. La broma se ha terminado. Sale de la piscina y, desnudo, se dirige al pequeño aseo, a ver si encuentra allí una toalla.
—No le hagas caso. Es un idiota. Además, va muy borracho —le comenta el navarro a Ino, todavía desde dentro de la piscina.
—Uf. Es que no lo soporto. Se comporta de una manera...
—Pasa de él. De verdad. No merece la pena que te enfades.
La chica trata de calmarse; no lo consigue. La cabeza le da vueltas y de pronto siente ganas de vomitar. Sin ni siquiera poder avisar a Gaara, se gira e intenta alejarse todo lo posible de la piscina.
—Y esto, niños, es lo que pasa cuando uno bebe whisky del bueno sin tener el estómago preparado para ello —señala en voz alta Itachi, que regresa envuelto en una toalla de cintura para abajo.
—Déjala en paz, tío. ¿No has tenido ya bastante? —protesta Gaara—. Has sido tú el que la ha provocado para que beba.
—¿Yo? Creo que ella es mayorcita para saber lo que hace.
—Estás todo el tiempo pinchándola. Va a terminar cansándose.
—Bueno, mejor para ti, ¿no? Si se cansa de mí, tendrá más tiempo para estar contigo. ¿No es lo que te gustaría?
—No sabes lo que dices. Estás borracho.
—¿Tú no?
Gaara no contesta. Prefiere no seguir la discusión. Está preocupado por Ino: aún la oye vomitar. No debería haberla dejado beber tanto.
Cuando la chica regresa con ellos, se sienta en el bordillo de la piscina y agacha la cabeza. Respira hondo y se enjuaga la boca con un trago de Coca-Cola que luego escupe al suelo.
—No volveré a tomar alcohol en mi vida —indica la gallega, aún algo aturdida.
—Eso es lo que decimos todos.
—No quiero hablar contigo. Por esta noche ya he perdido demasiado el tiempo.
—Venga, gallega. No te lo tomes así. Todo esto no es más que un juego.
Sin embargo, Ino no está dispuesta a jugar más. Se pone de pie y se dirige solamente al otro chico.
—Gaara, me voy a tumbar allí, a ver si duermo algo. No me encuentro del todo bien.
—Vale. Ahora iré yo también. Descansa y mejórate.
—Buenas noches.
—Buenas noches, Ino.
Después de que la joven se despida, Gaara sale de la piscina y se sienta junto a su amigo. Ninguno de los dos abre la boca durante varios minutos.
—Es una buena chica y lo está pasando mal por lo de su novio. No le des tanta caña —comenta el navarro tras ponerse la camiseta.
—Tú y yo sabemos que esa relación está herida de muerte.
—Puede ser. Pero solo es cosa de ellos.
—También nuestra. Sobre todo tuya —insiste Itachi más sereno—. Ahora hablando en serio: esa chica te gusta. No puedes negármelo.
—No estábamos hablando de eso. No cambies de tema.
—Enamorarte de Ino solo te dará problemas.
—¿Tú no decías que no es posible controlar de quién te enamoras?
—Y me reafirmo en ello —dice el malagueño convencido—. Pero sí puedes controlar lo que haces y pensar en otras cosas. O en otras personas.
—¿Otras personas?
—Sí, ¿qué te parece la canaria? Está un poco pasadita de peso, pero es mona y simpática. Con unos kilillos menos, sería un bombón.
Gaara niega con la cabeza. Su amigo lo ha vuelto a hacer.
—Espero que no le digas a ella que está «un poco pasadita de peso».
—Te estás convirtiendo en alguien asquerosamente correcto. Pero no te preocupes, que no soy tan cruel como para llamarle gorda en su cara. Además, esa chica me cae bien.
—A mí también me cae bien.
—Pues sal con ella. No tiene novio. Así te quitarías a Ino de la cabeza. Uno no controla de quién se enamora, pero un amor se olvida con otro.
—Ni estoy enamorado de Ino, ni voy a pedirle salir a Hinata.
—¿Y a Tenten? No es un diez, pero está bien. Tiene buen cuerpo y no es nada fea. Tal vez se ríe demasiado, pero parece una tía legal.
—Ya puestos, ¿por qué no lo intento con Sakura?
Itachi ríe cuando Gaara menciona a la de Toledo. Con ella sí que no tendría absolutamente ninguna posibilidad. Además...
—Hay demasiada competencia para Sakura.
—Y tú eres uno de los que competirá por ella, ¿no?
—Has acertado. Pero no pienses que me he enamorado o algo así —le advierte el malagueño—. Aunque no puedo negar que me atrae mucho.
—¿Atracción no es igual a amor?
—Atracción es igual a sexo, amigo —le rectifica Itachi—. Tengo muy claro lo que quiero.
—Pero Sakura nunca ha estado con ningún chico, ¿no te da miedo hacerle daño si finalmente consigues lo que quieres?
—Como te he dicho antes acerca de Ino, ya somos mayorcitos. Estamos en la universidad, todos hemos cumplido los dieciocho. Si uno se lía o se acuesta con otro, lo hace con todas sus consecuencias. Bastante tengo con pensar en lo que mi cabeza me dice como para estar pendiente de lo que decide la cabeza de otro.
—¿Eso no es muy egoísta?
—Eso es supervivencia.
Gaara no está de acuerdo con la opinión de su amigo, aunque sabe que no logrará convencerle de otra cosa. Se incorpora y palpa su pantalón. Está muy mojado. También sus boxers lo están. Así no puede irse a dormir.
—Estoy por regresar a la residencia para coger ropa seca —señala el navarro.
—Imposible. Si te ve alguien, te pillarán y te someterán a las novatadas hasta que amanezca. Y seguro que lo que te hacen a ti será más fuerte al haberte perdido las primeras horas de la noche de los novatos. Además, nos pondrías en peligro también a nosotros.
—¿Y qué hago? No puedo dormir con esta ropa empapada.
—Hazlo desnudo. No creo que Ino se escandalice después de haberme visto a mí.
—No pienso dormir desnudo.
Ante la negativa de Gaara, Itachi también se levanta y camina hasta donde dejó caer su ropa. Se pone la camisa primero y, tras dejar la toalla a un lado, sus boxers.
—Toma, anda —le dice a su amigo entregándole sus pantalones—. Hasta que se te seque tu ropa, puedes ponerte esto.
Gaara acepta el préstamo, le da las gracias y se viste con ellos. Le quedan un poco cortos, pero se siente cómodo. Ambos se acercan hasta donde Ino ya duerme. La chica se ha acostado sobre el banco y utiliza su chaqueta como sábana para taparse. Los dos la observan atentamente.
—Con el carácter tan fuerte que tiene, y dormida, parece un bebé —indica Itachi echándose en el suelo y doblando la toalla que usará como almohada. El navarro se tumba a su lado.
—Es una gran chica. Espero que la dejes tranquila y no la molestes más.
—Solo son bromas inocentes.
—No tan inocentes. Algunas veces te pasas de la raya.
—Eres un exagerado. Pero si quieres, hacemos un trato —le propone el malagueño—: yo no me meto más con la gallega, ni con su novio Kankuro, si tú me prometes que no vas a intentar nada con ella.
—No pensaba intentar nada con ella. Tiene novio. Solo quiero ser su amigo.
—Bueno, si es así, te será muy fácil aceptar la propuesta.
—¿No te vas a meter más con Iria si acepto lo que dices?
—Promesa de boy scout.
—Tú no has sido nunca boy scout.
—¿Que no? ¡Hay muchas cosas que no sabes de mí, compañero!
Gaara mira hacia el techo y se le escapa una sonrisa. Está seguro de que no lo sabe todo sobre ese tipo irreverente. Pero también él se guarda cosas para sí mismo que nadie sabe.
—Está bien, acepto tu propuesta.
—Perfecto. A partir de ahora que no se te ocurra ir detrás de ella como si fueras su perrito.
—Y tú no vuelvas a faltarle al respeto.
—No lo haré.
Los dos sellan el pacto estrechándose las manos, tumbados en el suelo.
Ambos creen que han hecho una buena acción. Itachi considera que así salva al chico de un sufrimiento amoroso a corto plazo. Ino se lo haría pasar mal. Si mantiene las distancias con ella, lo que siente terminará apagándose. En la universidad hay cientos de chicas que se encargarán de ello; si no, ya estará él ahí presente para darle un empujoncito cuando haga falta.
Y Gaara, por su parte, duda que el malagueño cumpla con lo prometido. Aunque pactar aquello no le supone ningún esfuerzo. A pesar de que Itachi se empeñe, realmente no siente nada por Ino. Solo quiere ser su amigo. Y es que sus sentimientos van por otro camino completamente diferente. Un camino imposible que apenas ha empezado a recorrer.
