Vacaciones de vacaciones 3: Melancolía.
Recomendación musical: "Inoccence " de Avril Lavigne.
La segunda semana de vacaciones llega demasiado rápido, entre arreglos para las fiestas y un propio empleo que pude conseguir. Mi madre dijo que fuera a alguna de esas agencias contratistas con mis documentos personales, no perdía nada con intentarlo. De todos modos, ¿Qué otra cosa podría hacer en vacaciones? Si solo me quedaba en casa a leer o ver televisión, comiendo golosinas, solo provocaría un aumento de grasa corporal increíble, no era porque me molestara, en lo absoluto, pero escuchar a mi madre decir todo el tiempo que solo de estar de vago he conseguido subir de peso considerablemente. La verdad, hay problemas que no deben provocarse, se es que se pueden evitar.
Mi empleo es sencillo pero mortalmente aburrido, ocho horas diarias, parado en un mismo lugar, sonriendo todo el tiempo mientras promuevo un artículo para bebés. Nada complicado. El problema es que no muchos se interesan en cosas para bebés sabiendo que crecerán y dejaran de utilizarlas, solo se quedaran arrumbadas hasta quien sabe cuándo. Tengo una cuota que cubrir pero en esta última semana preferiría darme un tiro. Promotor de productos en tiendas departamentales. Definitivamente no es el futuro que deseo. Un sueldo mediocre de doscientas Sinas diarias, para mi es suficiente, no pago renta, luz, agua, etc, solo colaboro con comprar mis propios objetos personales o ahorrarlo para hacer una compra más grande como una consola de videojuegos o un libro de pasta dura pero para una ama de casa o un padre de familia y con ese sueldo… creo que lo mejor es pensárselo muy bien.
Mi superior directo cree que al ser una marca proveniente de Italia, el producto debe salir como pan caliente, la realidad es que a nadie le interesa mucho de donde venga, si no el precio a pagar. Por supuesto, cinco mil Sinas por una carriola se les hace exagerado, más si el bebé no la ocupara más que un par de años, solo un par de veces. Solo sé que a la chica que promociona vinos y licores le va mucho mejor que a mí y tiene mucha mejor paga. No voy a renunciar, eso solo me haría inestable a la hora de mis decisiones, aunque una vez que empiece Enero simplemente podré olvídame de este asunto porque yo reanudo clases. Es un buen pretexto.
Después de la cena amistosa en casa de Levi, todos los Ackerman han tomado unas relajantes vacaciones al Distrito colindante, así que de vez en cuando hablamos por medio telefónico, más que platicas, son quejas mutuas sobre lo aburridas y desesperantes que son nuestras vacaciones. Al menos él tiene con quien desquitarse, aunque, a pesar de que se queje, sé que esta divirtiéndose. Me alegro por él. Uno de los dos de pasarla bien. Supongo que está bien que sea Levi.
—Hey, Eren.
—¿Mmm? ¿Qué pasa?
Un compañero de la tienda departamental se acerca hasta donde estoy. Es alegre, demasiado alegre y risueño; tiene ese aire que suelen desprender las mascotas bobas de la solterona de cuarenta años que ama a los perros y a los niños. No te cae mal pero de repente su presencia suele incomodarte.
—La siguiente hora es libre para ti también, ¿Cierto? —su sonrisa de oreja a oreja me dice que la chica de dulcería le ha aceptado una cita, anda tras ella desde mucho antes de que yo entrara aquí a trabajar.
—Sí, ¿Por? —dejo mi carpeta en uno de los mostradores.
—Tienes que acompañarnos. —supongo que mis pensamientos no estaban tan erráticos. —Gaby, Hanha y Colt, han aceptado salir con nosotros pero como solo somos Franz y yo… decidimos invitarte a ti también.
Tengo que hacer todo el esfuerzo del mundo para evitar hacer una mueca de fastidio y decir que hubiera preferido que no me metieran en sus asuntos, pero aun así soy capaz de sonreír y aceptar la invitación. Mi estómago gruñe unos minutos antes de mi hora de comida y no paro de ver el reloj, finjo entretenerme con las hojas que contienen la información de cada producto en existencia pero casi me la sé de memoria, por lo que simplemente es una pérdida de tiempo sin fondos. Bufo irritado.
Cuando el reloj da la hora voy directo con el supervisor de la tienda y aviso de mi salida, guardo esa esperanza de que olviden los planes de conquista en lo que estaba incluido. Por supuesto, no es así. El chico, Marlo, dejo la escuela y se dedicó a las ventas, dice que es lo suyo, su amigo, Colt, solo entra por temporadas gracias a la escuela pero también es un completo bobo e idiota, dice que su afición son las mujeres. No sé cómo entable una conversación con ellos mi primer día de trabajo. Gracias a eso ahora estoy envuelto en esto. Marlo me atrapa antes incluso de poder escapar, me rodea el cuello y me guía hasta la salida en donde las tres chicas nos esperan, me siento demasiado incomodo en esta situación, trato de convencerme de que aún tengo probabilidades de salir corriendo de esta.
—Hola. —saluda Marlo en un tono muy alegre.
Las chicas nos devuelven el saludo y sonríen, después nos indican que sigamos caminando. Los primeros minutos se limitan a presentaciones poco formales, nuestros propios puesto en la tienda y que hacemos realmente fuera del trabajo, de las tres chicas, Hanha es la que trabaja a tiempo completo, tiene un hijo y es madre soltera, a su corta edad de diecinueve años. Mentalmente le doy mi más sentido pésame.
—Eres nuevo, ¿Cierto?—dice la chica de bonito cabello rubio cenizo atado en una coleta alta.
—¿Ehh? Sí, es mi primer empleo. Todo me resulta demasiado nuevo. —confieso.
Ella sonríe con dulzura.
—Así somos todos al principio, ya te iras acostumbrando, es divertido este ambiente, hay personas muy interesantes.
Le sonrió en respuesta. Eso es lo que todo el mundo me ha estado diciendo desde que entre, pero sigo sin verle el lado divertido a este asunto de trabajar como promotor de ventas. Mi estómago gruñe pero seguimos caminando por alrededor de la plaza que está cerca de la tienda, las chicas parecen emocionadas, viendo cada escaparate y compartiendo entre si lo bonito y especial que sería recibir eso como obsequio de Navidad.
—Oh, Eren. —Me llama Gaby, la chica del área de vinos. —Mira, mira, ¿A que es hermoso?
Con algo de pereza, arrastrando los pies sobre las banquetas llenas de nieve, me acerco hasta el ventanal donde exhiben bellos collares de "Oro" y dijes de "Piedras preciosas"
—Sí, supongo. —murmuro viendo los precios. —Para ser un collar sencillo y de ese kilataje es muy caro.
Miro el nombre de la tienda y sonrió.
—Mi madre odia esta tienda, los precios son exagerado y muchas veces no es exactamente oro lo que venden.
Bajo la mirada y la chica se nota confundida y un tanto ofendida.
—Oh, no lo sabía. —murmura con la mirada agachada.
Un segundo después las otras dos la llaman y sin decir nada más se les une. Siento un golpe en la espalda que es lo suficientemente fuerte para desestabilizarme, me giro con una mirada molesta.
—¿Eres imbécil? ¿O qué?—me reprende Marlo
—¿A qué viene eso?—pregunto exasperado, tanto por el golpe como por la expresión.
—Realmente eres bruto, entonces ¿Ehh?
—Sigo sin saber a qué te refieres. —le miro con los ojos entrecerrados y él suspira.
—Eso fue una indirecta, Gaby acaba de darte la vía que debes tomar para poder salir con ella. —la forma en que lo dice, parece que le habla a un niño de tres años, lo que me ofende aún más.
—¿Por qué razón saldría con ella?
—Tú, sí que eres inocente, le gustas, por eso te invite, siempre que va con nosotros pregunta por ti y ahora no hace más que mirarte, en serio quiere salir contigo. Le gustas.
Antes, quizás, eso me caería de sorpresa, me reiría y luego me sonrojaría, ahora… trato de no dar media vuelta y dejarlo hablando solo.
—¿Y?—respondo como si no lo comprendiera del todo.
—¿Cómo que "Y"? ¿Es enserio? Es una belleza y…
—Si, creo que ya escuche suficiente, ¿Qué te hace pensar que yo quiero salir con ella? No me gusta ni me siento atraído hacia ella.—creo que sueno un poco brusco.
—¿Ya tienes novia?—mi brusquedad no le llega tan directamente.
Titubeo un momento y el rubor me tiña las mejillas.
— A-algo así. —murmuro.—Quiero ir a comer, la hora corre muy rápido y no desayune muy bien hoy.—mi voz se convierte en un susurro.
Sin esperar a que digan algo más, voy por el camino contrario, listo para desaparecer. Creo que ya tuve mucho por un día.
Poco a poco los días corren, se apresuran a terminar uno tras otro y muchas veces ni siquiera tienes tiempo para saber qué es lo que ha pasado durante las últimas horas, te desconcierta pero al final solo debes seguir hacia delante. Con esa rapidez, Navidad llega. Es el momento en el que uno se da cuenta de lo mucho que ha crecido, ahora, esta fecha tan importante que era para mí, simplemente se ha convertido en un día más, eso hace que me sienta triste y con un deje de olvido muy grande, un vació en mi pecho que crece con rapidez y absorbe todo a su paso. Melancolía y un poco de desdicha.
Mi madre nos manda a papá y a mí a comprar los últimos ingredientes faltantes para la cena, en el trayecto compramos algunos regalos, algo sencillo y no tan costoso pero demasiado útil.
—Dime que me regalaras un libro. —trato de sonar distraído pero no puedo dejar el tono de burla y deseo.
—De matemáticas. —responde mi padre y ríe con estrépito al ver mi cara de fastidio.
—No me causa risa.
—Tú querías un libro y eso voy a regalarte.
—Ash, en serio molestas. —a pesar de aparentar mi enojo sigo riéndome.
A mitad de nuestro trayecto, papá recibe una llamada urgente de mi madre. Sin terminar las comprar volvemos a casa. Al parecer hubo un pequeño percance en el hospital y deben ir, según mi madre no tardaran más de dos horas.
—¿Puedes hacer algo con el pavo?—pregunta mi madre.
—Explotarlo ¿Cuenta?
Ella pone los ojos en blanco.
—Hablo en serio.
—Yo también, sabes que incluso el agua se me quema, la cocina no es lo mío pero haré todo lo posible por no arruinarlo.
—Te lo agradecería mucho. —dice ella colgándose el bolso.
Ambos se despiden, observo por la ventana como desaparecen en el auto. Eso es una carga incluso más pesada de nostalgia y un poco de tristeza. Trato de convencerme en que volverán pronto e iremos a casa de Isabel, pero al poco tiempo llaman para avisar que tienen que quedarse en el hospital hasta mañana, al parecer hoy hay mucho más movimiento del normal.
—Lo siento, cariño. —se excusa mi madre del otro lado de la línea. —El director ha dicho que se requiere de todo el personal, sabes que es trabajo y no puedo ir en contra de las órdenes.
—Lo sé, mamá, no te preocupes, estaré bien.
—¿Crees que puedas ir solo a casa de Izzy?
—Prefiero quedarme aquí. Ir hasta allá en transporte público no es muy amigable y menos con este clima.
—¿En serio?
—Estaré bien.
—Te quiero.
—Yo igual.
Pongo el teléfono en su lugar y suspiro. Me abrazo a mí mismo como si eso evitara que me sintiera solo, de repente, comprendo lo que escriben muchos autores "La soledad es aplastante" es como si toda mi sangre se volviera pesada y mis músculos estuvieran rígidos. Me dejo caer en el sillón y abrazo mis piernas, dejando que mi barbilla se recargue entre mis rodillas. Vuelve esa pregunta. ¿Cuándo fue que empecé a sentirme solo?
Giro mi cabeza y mi mejilla se aplasta en mi rodilla derecha. ¿Cuándo fue que comencé a necesitar de la presencia de otro? Siempre puedo echarle la culpa a Levi. Vuelvo a suspirar y sonrió con debilidad. Ahora sería un buen momento para que estuviera conmigo, cierro los ojos e imagino que así es, su irritante presencia está aquí, haciendo que la soledad no sea tanta, imagino que me abraza, sin decir nada, solo me sostiene entre sus brazos y ya. El solo imaginarlo es, de cierta forma, un poco menos doloroso pasar una temporada festiva solo. Poco a poco pierdo el sentido, mi mente se nubla y me acomodo en el sillón para dormir, aunque sea solo un rato, imaginando que no estoy del todo solo.
El sonido de la llamada entrante me despierta de golpe, hace que me sienta mareado y en un momento no sepa ni en donde estoy, mi celular esta en mi habitación, así que entre saltos voy por él, al llegar, la llamada se ha terminado. Me pregunto en que momento, las veinte llamadas perdidas de mi madre pasaron a segundo plano y las quince de Levi empiezan a darme más miedo.
Hago una mueca que indica que no me va ir muy bien en cuando la siguiente llamada entre, sé que va a gritarme y a preguntar dónde demonios he estado o porque no le he contestado. "¿Cuándo me volví débil?" Levi es el culpable sin duda. Que le tenga más miedo a él que a mi propia madre no es exactamente muy bueno que digamos. La llamada entra y suspiro, listo para escuchar sus reclamos.
—¿Qué pasa contigo? ¿Por qué no me has contestado? ¿Sabes cuantas llamadas te he hecho?
No estaba tan equivocado.
—Durmiendo. Lo siento, el celular estaba en mi habitación, no lo escuche.
—¿Durmiendo? No se supone que estas preparando las cosas para la cena de esta noche, por lo que se tu madre va a preparar pavo.
Tuerzo los labios, no quiero que él, en especial él, sepa que estoy solo.
—Pues… tenia sueño. A cualquiera le pasa. ¿No?
—No si se trata de ti y más si esta tu madre alrededor tuyo.
—¿Ahora resulta que me conoces del todo bien?
—Eres un libro abierto en algunas ocasiones.
—O me acosas demasiado.
—Sí, también un poco.
Sonrió.
—Bien, solo hablaba para desearte felices fiestas. —susurra, haciendo que me deje caer en mi cama y mire con atención el techo.
—Felices para ti también, entonces.
—No te escuchas muy convencido. ¿Te pasa algo?
—Nada interesante.
—¿En serio?
—Hablo en serio, ¿Por qué mentiría?
—Porque eso haces comúnmente cuando pregunto por ti.
—Que observador. — bajo la voz una octava.
—¿Vas a decirme que pasa? O ¿Voy a tener que obligarte?
—No puedes obligarme, estas a bastantes kilómetros de mí.
—Puedo y lo sabes.
Me debato internamente en decirle si hacerlo o no. Dejo salir aire de más y sueno como un globo desinflándose.
—Pues… mis padres tuvieron una emergencia en el hospital y no van a volver hasta mañana, sé que no es raro, es su trabajo pero…
—¿Pero?
—Se siente vació, no soy bueno con las palabras si no las he memorizado o leído, pero podría decir que algo dentro de mí se siente mal, un poco solitario. Tal vez sea por la fecha, no quería realmente estar solo hoy.
Repito las palabras en mi mente y me sonrojo. Es lo más ridículo que he dicho hasta ahora. Es como si, indirectamente, le pidiera que viniera a mi casa. Aunque sería imposible.
El silencio entre nosotros se alarga y el calor dentro de mí se altera, multiplicándose por mil, por cien, haciendo que me sofoque. Deseando nunca haber dicho eso.
—Tengo que colgar.
Dicho esto la llamada se corta y yo siento que el mundo se me viene encima. Estoy en un casi estado de shock, que tardo un buen rato en quitar el teléfono de mi oído y tratar de procesar lo que acaba de pasar. No sé muy bien que pensar, decir que mi cerebro ha recibido un gran golpe es mucho. ¿Por qué me ha colgado? ¿Fue muy tonto lo que dije? ¿Por qué lo dije en primer lugar? ¿Qué pasaba por mi cabeza en ese instante? ¿Tal vez…? ¿Qué pasa si…? Ni siquiera quiero pensarlo. No ahora. Me digo a mi mismo que debo tranquilizarme, tal vez estoy haciendo una tormenta en un vaso, hay demasiadas razones por las que me pudo haber colgado. Muchas.
Pero… el cerebro es traicionero.
Gracias por leer.
Parlev.
