Ya estaba anocheciendo cuando salí de una de las tiendas 24 horas que había en el puerto. Había dejado a esos dos vagos fuera para poder comprar una linterna y algo para cenar, también porque se prohibían animales en el establecimiento. Estaba con los nervios a flor de piel, y eso no mejoró por la pedazo de cola que tuve que hacer.
Eran las siete y media de la tarde, y debía encontrar el modo de llegar a Irishbohn cuanto antes. Como no llegase allí al amanecer, todo lo que quería y conocía se iría a tomar por saco.
Para mi sorpresa, cuando le había preguntado a varios señores en el puerto (que, por cierto, me dedicaron unas miradas extrañas), por un barco que me pudiese llevar allí, me dijeron que era muy raro que un barco fuera hacia a esa isla, más aún cuando ya era de noche.
Encontraría la manera de llegar, sí o sí, y ya se me había ocurrido algo. Era arriesgado, pero no tenía muchas más opciones a la vista.
Fui buscando un lugar desierto en una de las playas que había cerca del puerto mientras caminaba y cenaba un sándwich vegetal. Se me iba a acabar dando bien la multitarea después de todo.
-¿Qué hacemos? ¿No podemos sentarnos a cenar como personas normales?
-En primer lugar, ninguno de nosotros es remotamente normal- le repliqué a Saoirse-. En segundo lugar, ninguno de nosotros es persona...o no del todo, al menos. Y no hay tiempo para poder sentarse.
Saoirse suspiró, con cansancio y diversión a partes iguales.
Hasta ahora, sólo había tenido como amigas a Niham y a Ausling, y no solíamos vernos. Bevin no cuenta, porque es chico y hablar con él era muy distinto a con otra chica. Pero me entendía muy bien con Saoirse, y en algunos momentos teníamos bastante complicidad.
Fiaccha me apretó fuerte el hombro con sus garras, devolviéndome a la realidad. Gritó virando la cabeza hacia una figura en la playa.
-Eureka- mascullé con sarcasmo, hasta las narices de todo.
Cuanto antes acabase con esto, mejor para todos. Bajé las escaleras hasta la playa saltando de dos en dos y me detuve a veinte metros de esa figura blancecina que había en la orilla del mar.
Era más alto que yo, por supuesto, y llevaba un traje de marinero antiguo. Gorrito incluido. Tenía las manos en la cabeza, como lamentándose, y aunque podía ver el mar a través de él, distinguía su gris figura.
Era un Lannic-ann-ôd, el espíritu de un ahogado. Iba mascullando ese típico "Ilou, ilou" que siempre decimos los suyos, no sé porqué. Era justo lo que estaba buscando, ahora tocaba llamar su atención sin que me matase.
-¡Ilou!- grité, escuchando cómo Saoirse cogía aire de pronto.
En un parpadeo, le tenía a diez metros de mi, mirándome fijamente con la cabeza inclinada a un lado.
-¡Ilou!
Me llegó el olor a algas cuando se plantó frente a mí, a dos dedos de distancia. A pesar de ser transparente, ahora podía distinguir un par de descocidos de su camisa y una mancha de salsa. Sus ojos grises me miraban como dagas.
-¿Ilou?- inquirió, inclinando la cabeza a la derecha.
Sabía que pretendía engañarme. En cuanto dijera ilou por tercera vez, me rompería el cuello como si fuera una ramita.
-Soy Lady de Connaught- le dije-. Necesito que me ayudes a llegar a Irishbohn, y si me ayudas, te juro que encontraré el modo de que te reencarnes de una vez y dejes de vagar por la tierra.
Puso la cabeza tiesa de pronto y me cogió la muñeca. Su tacto era frío y húmedo.
Reprimí un escalofrío mientras atravesábamos la playa con Saoirse y Fiaccha detrás. Caminamos unos veinte minutos antes de llegar a una casa a pie de playa, con su propio puertecito y un par de botes.
El Lannic-ann-ôd se detuvo en su puerta y gritó: "¡Ilou, ilou!".
Nos abrieron la puerta un par de niños de unos cinco y tres años, aproximadamente, antes de que una mujer les partara de pronto y les dejase dentro, cerrando la puerta mientras se ponía enfrente mío.
Gracias a los dioses, el fantasma me soltó la mano y le dijo un par de cosas en un idioma que no entendí. Ella respondió y me miró con una sonrisa tensa.
-Pequeña, te queda poco tiempo.
Fruncí el ceño.
-Lo sé, pero no hay barcos que lleven allí. A menos que robe uno de los barcos del puerto, no sé de qué forma podría llegar. Y aunque lo hiciera, no sé manejar un barco.
-No hay necesidad de ella- me sonrió-. Puedes coger uno de nuestros botes. Los Fomoré te llevarán, no hace falta nada más. En cuanto te bjes del barco, lo llevaran de vuelta a mi.
El alivio invadió mi pecho y me incliné levemente.
-Mil gracias. ¿Puedo saber su nombre?
La mujer sonrió levemente.
-Sólo soy una Merrow que ha encontrado el amor en los brazos de un humano, niña. Mi no!bre Mo tiene importancia. Ahora ve y cumple tu misión.
Me volví a inclinar y fui hacia el bote que me indicó, la ayudé a desatar el amarre y de pronto se puso a toda velocidad, alejándome de esa costa y llevándome a un punto en el horizonte.
Tragé saliva y miré a Saoirse. Fiaccha me clavo un poco las garras en el hombro, para reconfortarme. La verdad es que no reconfortaba mucho, pero él es así.
En nada vería el desenlace de esta historia.
A veces un final se convierte en un nuevo inicio.
