Oh por dios! Lamento traer hasta ahora la continuación, dormir cuatro horas diarias por varias semanas no es muy genial que digamos, pero bueno me he dado cuenta que ha pasado más de un año de que publiqué esta traducción, y agradezco a todas las personas que la han leído y a SiriusFan13 por dejarme traducirla.

Agradecimientos también a quienes dejen reviews como:

Alisse, Mei Fanel (lamento tardar tanto!) okashira janet, lapiz (gracias por leer esta historia, y pues, aquí tienes un regalo antes de navidad! Espero terminar la historia por esos días o lo más pronto posible.

Cada vez falta menos, así que los dejo ahora con el capítulo 29. Saludos!

Out of Time

Capítulo 29: Casa

1865

La habitación estaba totalmente oscura cuando Battousai despertó. Se desorientó al principio. Lo último que recordaba, era estar en el río. Entonces otro pensamiento desconcertante lo golpeó. Que había estado haciendo en el río? Que había sucedido? Sus pensamientos eran borrosos y confusos, y eso estaba aterrándolo.

Vacilantemente, sintió un ki familiar alrededor. Alguien… alguien definitivamente estaba con él, pero estaba demasiado cansado para percibir quién era. "Sanosuke?" masculló. El nombre se le escapó un segundo antes de que comprendiera lo que había dicho. Antes de que comprendiera que no podía ponerle un rostro a ese nombre, solo un confortable ki y un calido sentimiento de familiaridad.

"Luzco como un hombre, Himura-san?" fue de hecho la respuesta que lo apartó de sus pensamientos.

La familiaridad del ki. De su entorno. De la voz despertándolo. Los ojos del chico se abrieron con rapidez, e intentó levantarse, confiriéndole un agudo dolor que se propagaba a través de su hombro. Cayó hacia atrás sobre el futon. "Okami…" murmuró. "Yo…" Entrecerró sus ojos, combatiendo un dolor de cabeza. "Yo…"

"No debiste enfrentar al Shinsengumi en tu condición, eso es."

"Shinsengumi?"

"Si," Okami cortó, girándose para tomar mas vendas.

Fue entonces cuando Battousai comprendió que ella había estado curando una herida. De donde había venido? Un recuerdo de los Shinsengumi?

"No recuerdo haberlos enfrentado…" contestó, con frustración arrastrándose en su voz. "Okami…"

Ella resopló en respuesta, buscando otra cosa en su bandeja de medicinas. "Eso no me sorprende, Himura-san. La fiebre puede hacerle eso a un hombre. Tuviste suerte de que Ushiro-san estuviese lo suficientemente cerca para sacarte de ese río antes de que te ahogaras, congelaras o desangraras hasta morir. Estabas a mitad de ese camino para cuando llegaste aquí. Ah!" Finalmente encontró el pequeño bote que estaba buscando, y lo abrió cuidadosamente, revisando su contenido.

"Ushiro-san?"

Ella suspiró. "Si, Himura-san," contestó girándose hacia él, desacostumbrada a todas las preguntas. De hecho a las palabras. "Si, fuiste salvado por Ushir-" Dejó de hablar cuando vio el rostro del muchacho.

Él la miró fijamente en confusión. Con su mirada azul-violeta casi inocente, abierta en ese momento. Con miedo escrito por todas partes. No hubiese sido tan extraño si este siguiera siendo la madura contraparte del chico, pero ella decidió sin duda alguna, después de dos días tratándolo, que de alguna manera el joven había regresado. Hitokiri Battousai estaba de vuelta a su cuidado. Lo que la desconcertaba ahora era el hecho de que la mascara del Hitokiri hubiese caído, y por primera vez en mucho tiempo, reconoció al muchacho asustado que había entrado la primera vez en su posada con Katsura. Al chico que ella había tenido que tranquilizar y reconfortar aún cuando trataba de despojarse de su humanidad para su causa.

Era ese chico de nuevo, al menos solo por el momento. Asustado, confundido y buscándola por ayuda. Quizás eran solo los últimos remanentes de fiebre haciendo su magia, pero tenía que admitirlo, era un alivio ver al espíritu del muchacho alcanzar sus ojos otra vez.

"Okami?"

Su indecisa voz la sacó de sus pensamientos y la devolvió al presente. Le sonrió. "Te preocupas demasiado por eso, Himura-san. Enfrentaste a los Shinsengumi, caíste en el río, y Ushiro-san te salvó. Eso es todo lo que necesitas saber por ahora. Tienes que descansar, no más preguntas."

Finalmente asintió como un niño obediente, y cerró sus ojos, listo para dormir más. Cuando iba cayendo en el sueño, un caprichoso recuerdo flotó en su mente. Saito dirigiéndose hacia él en el puente. Eso debía ser de lo que Okami hablaba. Quizás sus recuerdos no estaban tan perdidos como había temido.

Y cayó dormido antes de permitirse siquiera formularse porqué el lobo estaba lejos de su pelotón, vestido en ropa de policía.

Fumando un cigarrillo…


1878

Gimió suavemente. Tenía calor y estaba incomodo. Su cabeza se sentía como si fuera a explotar, y sus numerosas heridas quemaban. En general, mientras Kenshin trataba de forzar su camino a la conciencia, se le ocurrió que quizás hubiese sido mejor morir. Estaba de tan raro mal humor que solo podría haber sido traído por un dolor extremo, agotamiento y estrés.

Abrió sus ojos lentamente. Su visión fue borrosa al principio, pero podía ver las paredes de una posada. Su confundida mente luchó por entender y parpadeó un par de veces, antes de cerrar los ojos. No había funcionado. Shishio debió haberle regresado a la posada Kohagi. "Kuso," gruñó, usando aquella maldición por primera vez en años. Sin importarle como hubiese sonado por su decepción.

Se sorprendió ante el coro de voces que acompañaron aquella palabra.

"Está despierto!"

"Muévete! Déjame ver!"

"Está bien? Megumi-san! Ven rápido!"

"Kenshin acaba de maldecir?"

Los ojos del pelirrojo se abrieron rápidamente, y se forzó un poco para sentarse, tratando de orientarse en la habitación a su alrededor. En las personas. Sorprendido de comprender que esta posada era el Aoi-ya. Lleno de alegría por ver a sus amigos.

Cuando luchó para moverse, un dolor agudo en su hombro le obligó a gritar y caer de nuevo. Kuso, pensó, usando la palabra otra vez. Me olvidé de ese brazo.

Pero todos los pensamientos de enojo y frustración se dispersaron cuando un par de familiares brazos se cerraron alrededor de él. "Kenshin," susurró Kaoru entre su cabello, donde ella había enterrado su rostro. "Pensé… pensé…" Pausó un momento mientras se permitió tomar un respiro. "Estás bien? Has estado inconsciente por tres días! Estábamos tan preocupados!"

"Estás sofocándolo, Jou-chan," Gruñó Sano de manera amistosa. Kenshin sabía que el luchador estaba cerca en algún lugar. No sabía exactamente donde, y se obligó a confiar en su oído mientras su rostro estaba enterrado en el gi de entrenamiento de Kaoru.

Ella se retiró, con sus azules ojos desesperadamente preocupados, pero aliviados al mismo tiempo.

Kenshin le sonrió con dulzura, levantando su brazo sano, y quitando una lágrima de su rostro en un movimiento que casi reflejaba a su contraparte más joven. "Lamento hacerte llorar, Kaoru-dono. No quise abandonarte."

Sus ojos se ensancharon, y tomó su mano, sonriendo. "Lo se…"

El momento fue roto por otro clamor de voces. "Hey, a nosotros también nos dejaste!" Rompió Sano, golpeando ligeramente a Kenshin en la cabeza.

"De verdad maldijiste!" anunció de nuevo Yahiko, sacudiendo su cabeza en asombro.

Misao tenía una mirada de completa confusión en so rostro mientras miraba de una persona a otra antes de preguntar en una tímida voz, "Irse? Cuando se fue?"

Fue ignorada por todos menos Yahiko, quien la golpeó, refunfuñando, "Baka," lo suficientemente alto para que ella lo escuchara.

Comenzaron a pelear como siempre.

Kaoru y Sano comenzaron a discutir sobre exactamente de quién era la culpa de que Kenshin estuviese así para empezar.

Megumi se deslizó en la habitación, como un punto tranquilo entre el caos, con vendas limpias. Los ignoró a todos a excepción de darle a Kaoru un rápido golpe en la cabeza antes de decirle que ayudara a Aoshi con el té. Después se arrodilló y comenzó a suavemente tratar de nuevo las heridas de Kenshin como si nada hubiese sucedido.

El Rurouni sonrió para sí. Eso era lo que extrañaba. Su familia. La discusión, la pelea, los gritos, las risas.

Suspiró, conteniéndose, mientras Megumi le advertía que su medicina podría doler. Solo le envió una sonrisa feliz y asintió, mirando a los demás vivir sus vidas.

Si… esto era exactamente lo que extrañaba.

Su casa.


Pasó casi una semana antes de que Megumi lo declarara lo suficientemente bien para andar. Kenshin sospechó fuertemente que esto era parcialmente debido al hecho que ella no quería que cayese en más trampas del tiempo. Al menos no hasta que estuviese lo suficientemente bien para sobrevivir a una.

Durante esa semana, había relatado su historia numerosas veces. Siempre haciendo una pausa para mencionar lo feliz que era por estar en casa. Kaoru sonreía cada vez que lo decía.

Y Sano…

Kenshin sonrió. El luchador había permanecido en su habitación día y noche hasta convencerse de que el rurouni estaría bien. Ofreciéndole comida, platica, todo lo que necesitaba. Era extraño. Sano era, por lo general demasiado activo para sentarse en un lugar por mucho tiempo, pero durante esa semana, no había parecido ni un poco incomodo de pasar todo ese tiempo en la pequeña habitación de la posada. Diciéndole a Kenshin como Kaoru, casi sin ayuda, lo había sacado del río. Como Saito (el bastardo) solo había estado de pie fumando y viéndola, antes de dejarlos. Sano nunca dejó a Kenshin hablar extensamente de las partes más oscuras de su viaje. Las partes difíciles donde le habían forzado a afrontar a los demonios de su pasado.

Tampoco sacó el tema del río o el puente. Kenshin no estaba lo suficientemente seguro de cómo abrir ese tema. Había algo de lo que necesitaba hablar sobre lo cual esperaba que Sano ya hubiese comprendido. Pero no parecía que el luchador iba a hacer las cosas así de fáciles para él.

Aún así, no había palabras para expresar lo agradecido que estaba por las acciones de sus amigos en los días anteriores. En varias formas, eso dolorosamente le recordaba a Ushiro.

Kenshin se estremeció, tomando su gi y colocándose su sakabatou. Se irían de Kyoto en algunos días. Esperaba con impaciencia su viaje de regreso a Tokio, pero aún así… había un negocio inconcluso que atender antes de irse.

Y eso era lo que lo conducía ahora por la calle, andando en un camino que no se imaginó recorrer de nuevo.

Ushiro había mencionado que tenía una casa en Kyoto. La había señalado una vez, cuando pasaban por la calle. En aquel tiempo, Kenshin simplemente guardó la información, sin intentar usarla.

Pero ahora, Kenshin solo podía esperar que su casa no hubiese sido una de las que se destruyeron durante la revolución. Porque el Rurouni tenía una promesa que cumplir. Siguió caminando, girando la esquina, siguiendo su camino hacia un grupo de pequeñas casas. Confortables, pero de ninguna manera ricas.

Finalmente se detuvo enfrente de un pequeño edificio. Seguía ahí. Justo como había estado cuando lo vio varios años atrás. Podía casi imaginar a su viejo amigo vivo, abriendo la puerta. Viejo, ciertamente, pero aún con esa sonrisa amistosa en su rostro. Invitandolo a entrar. Invitandole a conocer a su esposa.

El rurouni dudó, incierto de si sería capaz de golpear la puerta. De enfrentar a la viuda de Ushiro. Kenshin nunca la había conocido. Solo escuchó por casualidad durante su vagabundeo del matrimonio de su amigo años antes de su muerte. La esposa de Ushiro no le reconocería. No podría entender por qué esta reliquia una vez-mortal de la revolución podría estar en su puerta.

Era más difícil de lo que esperaba. Pero había dado su palabra… lentamente, tocó la puerta dando un profundo suspiro y reponiéndose. Dio un paso hacia la puerta, y firmemente la golpeó. Después se distanció y esperó.

Escuchó pasos desde dentro. Vio la puerta haciendo una grieta, revelando un par de ojos oscuros. Hubo un jadeo. Kenshin se estremeció, esperando que la mujer azotara la puerta en el rostro del hitokiri.

Se sorprendió cuando la puerta se deslizó el resto del camino, exponiendo a la viuda de Ushiro. "¡Battousai-san!" ella jadeó, inclinándose. "Yo… yo…"

"Nozomi-dono," susurró. Finalmente su impresión dio paso al alivio. Al menos ella no iba a correr del demonio del Bakumatsu.

"Realmente vino," dijo ella suavemente, aún viéndolo en asombro. "No estaba segura si todavía estuviese vivo." Enrojeció un poco ante eso, viéndose diez años menor al momento. "Aunque… estoy feliz de ver que está bien."

Sonrió con dulzura. "Es bueno verte también, Nozomi-dono," dijo con suavidad. "No sabía que fueras la esposa de Ryu." Se detuvo ante el parpadeo de dolor en sus ojos, entendiendo las crudas heridas que un amor perdido podían infligir a veces. Heridas que aún el tiempo no podía curar perfectamente. "Lo siento… No debí mencionarlo…"

Ella negó con la cabeza. "No. No. Battousai-san. Estoy siendo grosera, haciéndole esperar aquí afuera. Entre, por favor. Yo… yo tengo algo para usted."

"Oro?" parpadeó en sorpresa y le siguió dentro de la casa.

Era confortable. Calida. Se arrodilló en una mesa, mirando alrededor de la habitación. Sus ojos cayeron en una pequeño montículo cerca del muro.

Ella debió notar su expresión interrogante, porque sonrió. "Akira-chan está de visita con su sensei," explicó ligeramente. "Desearía que estuviese aquí. Podría conocerlo. Se parece mucho a su padre."

Kenshin parpadeó de nuevo con sus ojos lavanda muy abiertos en sorpresa, antes de sonreír otra vez. "Me gustaría conocerlo. Quizás la próxima vez que visite Kyoto. Si no te molesta mi intrusión."

Ella le devolvió la sonrisa. "Eso me gustaría, Battousai-san."

"Kenshin," contestó con suavidad. "Por favor. Solo llámame Kenshin."

Se sonrojó de nuevo, y asintió. "Bien… Ken-san." Ella parecía haber perdido las palabras. Finalmente aclarando su garganta, preguntó, "Quisiera algo de té?"

El pelirrojo sacudió su cabeza con suavidad. "No gracias, Nozomi-dono. En realidad no puedo quedarme mucho tiempo. Solo le prometí a Ryu hace mucho que lo visitaría." El dolor regresó a sus ojos. "Solo desearía que hubiese sido antes."

Nozomi asintió. "Lo sé," dijo suavemente. "Él me lo dijo." Se dio la vuelta hacia un pequeño cofre detrás de ella, ignorando la sorprendida mirada en el rostro del hitokiri, y comenzó a buscar algo adentro. Momentos después, se giró de nuevo, sosteniendo un pedazo de papel doblado.

Ella sonrió débilmente ante su mirada interrogante. "Dejó esto para usted," dijo con delicadeza, extendiendo el papel hacia él. "La escribió poco antes de que… antes de irse. Supongo que quería ser capaz de despedirse de usted." Su sonrisa se extendió cuando pensó de vuelta en su esposo. "Él no podía creer que pudiese estar muerto, y me hizo prometer que le entregaría esto, cuando viniese por el." Sacudió su cabeza. "Honestamente, pensé que era la enfermedad la que hablaba. Pero… él sabía… de alguna manera… no es cierto?"

Kenshin solo fue capaz de asentir en respuesta, tomando con cuidado el papel.

"Eso creo." Sus ojos se enfocaron en su invitado otra vez. "De verdad no quiere algo de té, Battou-Ken-san?"

Él negó con su cabeza, aún mirando fijamente en shock el papel doblado en sus manos. Finalmente encontró su voz. "No, gracias, Nozomi-dono. De todos modos, debería estar yéndome ahora. Solo vine a dar mis respetos, aunque creo que tarde." Se levantó.

Ella asintió. "Lo entiendo."

Caminaron juntos hacia la puerta. Cuando dio un paso afuera, ella dijo con suavidad. "Es usted libre de venir cuando quiera… Ken-san. Si quiere conocer a nuestro hijo… o hablar sobre Ryu…"

Kenshin se giró hacia ella y sonrió. "Eso me gustaría Nozomi-dono, eso haré." Se inclinó cortésmente. Ella le devolvió el gesto. Quizás el tiempo los había cambiado, solo añadiendo la distancia que él había mantenido entre ellos.

Él le ofreció una calida sonrisa, a la cual ella respondió con un débil rubor y una mirada esquiva.

Por otra parte, quizás no habían cambiado tanto.

No desdobló el papel en seguida, y se alejó de la casa. En lugar de eso, visitó una pequeña tienda, comprando una garrafa de sake, y comenzó a caminar hacia el bosque. Eso era algo para lo que necesitaba privacidad. Y de todos modos…tenía otra visita importante que hacer antes de irse.

Kenshin esperó hasta estar muy adentro del bosque cubierto de sombras y lejos de miradas curiosas antes de desdoblar cuidadosamente el papel. Los trazos de Ushiro saltaron de la página ante él, un poco temblorosos de lo que alguna vez fueron, pero con las palabras aun claras de su amigo. El rurouni tomó un profundo suspiro antes de leer.

Kenshin,

De alguna manera ya sabía que tendría que escribirte una nota de nuevo. Aunque me hubiese gustado que fuese en mejores circunstancias. Esperaba verte de nuevo. Al menos por una vez. Pero creo, que la vida sigue. Solo debería agradecer el saber que saliste bien de esto. Me temo que no pude convencer a Nozomi-chan de eso, pero ella lo entenderá eventualmente. Ella lo entenderá cuando la visites, cierto?

Unas palabras más entonces, antes de descansar. Cosas que quizás necesites escuchar una vez más para que penetren. Eres un gran hombre. Cada vez que dudes de eso, quiero que recuerdes a cuantos de nosotros salvaste. Cuanta gente protegiste. No te enfoques en las muertes que causaste. Todos matamos de una manera u otra. Era la guerra. Pudiste haber sido un Hitokiri, pero eso nunca estuvo en tu corazón. Esa es la belleza en las sombras, lo sabes. Siempre debe haber una luz que las crea. Eras único. Tu corazón era tu propia luz. Aquellos que nos molestamos en observar vimos eso. Aquellos que no miraron, no merecieron verte en absoluto.

Deseo lo mejor para ti, Kenshin. Para ti y quienes sean los que estén esperándote. Deseo que seas tan feliz como Nozomi-chan y yo lo somos.

Ahora estás a cargo de tu propia vida, así que no pienses tanto en el pasado. Vive tu presente. Piensa en tu futuro. Y si tienes tiempo entre todo eso, piensa en mi alguna vez.

Nos veremos por ahí tarde o temprano.

Ryu.


Kenshin caminó en un pensativo silencio por mucho tiempo después. Las palabras de Ryu flotaban en su mente. "Vive tu presente. Piensa en tu futuro… No pienses mucho en el pasado." Que irónico que un viaje a su pasado le hubiese traído esas palabras.

Cuidadosamente dejó esos pensamientos a un lado, cuando salió de los árboles hacia un pequeño y familiar claro. Era todo como recordaba. La pequeña choza. El horno encendido. Y el alto hombre en enfundado en una roja y blanca capa ante ella. Kenshin vaciló por un momento, recordando su conversación con su Shishou más joven. Cuando el alto hombre le había dado algo de sake para "enfocarse".

Kenshin formó una débil sonrisa, bajando la mirada a la fresca garrafa de sake en su cadera. Quizás era tiempo de devolverle el favor.

Con ese pensamiento, dio un paso fuera de los moteados bosques hacia la brillante luz del sol, acercándose silenciosamente al hombre.

Seguía aún a un par de yardas de distancia cuando Hiko rompió en irritada voz, "Qué quieres?" Ni siquiera se había dado la vuelta.

Kenshin parpadeó, sorprendido primero por la irritación en su voz. Después lo entendió. Oro… me ha estado esperando por días. Probablemente está furioso… a Kenshin le cayó una gota por la cien. "Shishou…" dijo tentativamente. "Traje algo de sake."

El hombre mayor resopló, mirando fijamente las llamas. "No trates de ensalzarme. No vas a echarme todas esas estupideces, y después esperar a que arregle todo en unos días comprándome alcohol." Finalmente miró hacia atrás a la botella, antes de girarse, resoplando de nuevo. "Y esa es la basura que venden en Kyoto. Tómatela tu."

Kenshin suspiró. "Shishou," dijo suavemente, un poco apenado. "Lo siento, llegué tarde. Pero la situación era… complicada. No estaba exactamente… aquí… para visitarte cuando me esperabas. No te pongas contra mi." Su ceja se arrugó un poco y refunfuñó. "Ya te has puesto en mi contra lo suficiente como si esto…"

Hiko finalmente giró hacia él, mirándolo. "De qué demonios estás hablando, Ken-" se detuvo cuando le dio un buen vistazo al hombre delante de él. "Kenshin…"

El pelirrojo parpadeó, sin comprender.

Hiko se levantó mirándolo críticamente, con una mirada ligeramente de sospecha en sus ojos, como si no creyera realmente que el hombre delante de él fuese su deshi. Finalmente satisfecho, su rostro se adaptó a su fruncido ceño acostumbrado y cortó. "Por qué demonios vienes y me molestas con eso si vas a mandarte a ti mismo a casa?"

Los ojos de Kenshin se ensancharon. "Shishou…" preguntó con vacilación. "Tu… tu sabes…? Vine a verte?" palideció visiblemente. "Lidiaste con Battousai…?"

Hiko resopló. "Lidié con mi baka deshi," gruñó, dándole de nuevo la espalda a Kenshin, y recogiendo su garrafa de sake. Miró hacia el pelirrojo, añadiendo, "Juré que nunca lidiaría con un hitokiri, mucho menos con Hitokiri Battousai." Caminó con fuerza a la choza.

Kenshin solo permaneció de pie, mirando detrás de él en silencio, inseguro de cómo responder.

"Baka!" Gritó Hiko desde dentro de la cabaña. "Vas a venir o no?"

Kenshin corrió hacia la pequeña choza. Se mantuvo torpemente de pie en la entrada, mirando a Hiko con cautela.

Hiko lo fulminó con la mirada. "Qué?"

Kenshin se movió incomodo. "Shishou… si no lidiaste con Battousai…" su voz era un mero susurro. "…entonces como…?"

Hiko no lo miró, observando a cambio su garrafa fijamente. "Dejaste de ser Battousai cuando esa muchacha murió," dijo en una atípica voz tranquila. Todo su comportamiento parecía haber cambiado. "Nunca comprendí…" Se detuvo, aclarando su garganta. "Como sea, no importa. Viniste a mí para arreglarlo, y ahora está arreglado. Así que olvídate de eso." Su expresión se oscureció por un momento, pareciendo casi triste. Confundiendo y estresando de nuevo a Kenshin. "Aunque parece que ya lo has olvidado…"

El pelirrojo finalmente dio un paso dentro de la pequeña habitación. "Shishou… Yo… lo siento… sucedió algo importante? No recuerdo nada sobre venir aquí. Pero no te olvidé…"

Hiko lo miró molesto. "Como si me importara lo que recuerdes y lo que olvides," rompió. "Olvida lo que quieras olvidar. Solo sirve el sake. Dios sabe que lo necesito contigo alrededor…" señaló hacia los estantes de sake. "Se útil y trae algunos vasos."

Kenshin suspiró, tratando de ignorar la avalancha emocional sin precedentes de Hiko. Este era un hombre que nunca había mostrado una emoción en su vida, por lo cual, Kenshin estaba preocupado. Porque lo estaba compensando ahora? Kenshin arrancó dos pequeños vasos del estante, y solo dio la vuelta, cuando un bulto deforme captó su atención. Resopló un poco y sacudió su cabeza antes de sentarse enfrente de su Shishou.

Hiko no perdió esa escena. Vertió un poco de su propio sake que había calentado afuera, ignorando la pequeña garrafa que Kenshin le ofreció. "Qué fue todo aquello?" gruñó, levantando una ceja.

Kenshin encogió los hombros. "Esa vasija tuya. Aún no puedo entender por qué la has guardado todo este tiempo. Es horrible."

"Así era tu caligrafía," se vengó Hiko sin pensar antes de que un razonamiento alocado lo golpeara, y fulminó con la mirada a su ignorante deshi. Espera un minuto… solo le he mostrado esa vasija una vez

Kenshin estudió su vaso en silencio por un momento antes de simplemente contestar, "No puedo creer que mantuvieras eso también. Que guardases todas mis cosas…" Dio un sorbo a su vaso, mirando hacia su shishou. "Gracias por eso," añadió suavemente. "Por no olvidarte totalmente de mi. No estoy seguro si lo he dicho antes… pero gracias…"

Hiko miró fijamente a su deshi en silencio antes de levantar su propio vaso hacia sus labios. No lo has olvidado, cierto? Comprendió. No recuerdas todo con tu mente… pero un poco de eso se te quedó, verdad…?

"Baka," murmuró, finalmente relajándose. Contento finalmente de que el chico hubiese recogido algo de sus conversaciones, aún si no estaba inmediato en su memoria. "Deja de recordar cosas como esas…"

Kenshin parpadeó hacia él. "Oro?"

Pero Hiko solo se rió de su deshi por primera vez en mucho tiempo, preocupándolo aún más. "Olvídalo," dijo con suavidad. Señaló el vaso en la mano de su deshi. "Como sabe?"

Kenshin tomó otro pequeño trago, saboreándolo por un momento. "Sabe bien," contestó.

Hiko asintió, contento. "Por una vez, tengo que estar de acuerdo."


Capítulo 30: Epilogo