Benimaru depositó sobre la mesa central de su sala de estar una bandeja con galletas de calabaza y nuez, mientras con su otra mano reposaba una jarra atiborrada con té helado.
– Llegas tarde como de costumbre. – Espeto el rubio molesto. Había esperado a Kyo mas de dos horas, luego de recibir su llamada y petición de encontrarse en su departamento. Ya cursaba el medio día y Kyo apenas estaba tomando asiento en la poltrona.
– Lo sé. Me tomó algo de tiempo dejar indicaciones en la casona, no puedo mover un dedo fuera sin que me interroguen, sumado que ante la ausencia de mi madre y con solo un miembro del concejo en la mansión Kusanagi, me andan preguntando mil y una estupideces sin importancia. – Respondió cansino.
Tras despertar aquella mañana había demorado más del tiempo previsto tomando un baño. Al tener expuesto su cuerpo desnudo bajo la ducha, había batallado consigo mismo para no recapitular la noche anterior, sin éxito. Pensar en Iori y rememorar lo que habían hecho en el departamento de King superó su evasiva y después de apreciar con estupor como su cuerpo reaccionaba con facilidad a los hechos, le había parecido desvergonzado de su parte no poder manejar su propia excitación. Precisó un poco más de tiempo para controlar aquella indecente reacción, temiendo una apreciación inoportuna de parte de los sirvientes. Se había rehusado a calmar aquel arranque de deseo de manera normal ya que lo enojaba el solo hecho de pensar en la causa. Había pasado largos minutos bajo la ducha fría preguntándose que estaba mal con él y como Iori lograba provocarlo de esa manera sin siquiera estar cerca. Finalmente, la sensación había cedido por si sola.
Benimaru observó el silencio meditabundo con que Kyo fruncía el entrecejo, y se presionaba la base de la nariz con los dedos, algo irritado. Ser líder de un clan debe ser complejo, pensó comprensivo, mientras apreciaba la cicatriz expuesta en el ojo izquierdo del castaño.
– Veo que aún no te adaptas del todo a ser el manda más. Tengo la impresión de que eres un jefe terrible y mal humorado. – habló Benimaru zampándose una galleta. Kyo le miró airado sin entender a qué se refería y luego asintió incómodo.
– Si es algo a lo que nunca me acostumbrare. –habló con tono despreocupado–. Con todas las demás cabezas ausentes, el viejo consejero no logra controlar nada de lo que hago y eso me permite tener más libertad por el momento…hasta que logren atarme la soga al cuello supongo. – puntualizo molesto, dando una mordida al pasa boca. Benimaru rió burlón.
– Bueno, cuando piensas decirme porque estamos reunidos los dos solos. – Espeto acomodándose en el sillón. Kyo alterno la vista entre el té y su amigo.
– Necesito que me ayudes a contactar a Saito. Necesito hablar con él a solas. – puntualizo resuelto.
– ¿Ah? ¿Y eso por qué? Pensé que ya estábamos en la fase de ser sinceros y colaboradores entre todos. – Acoto Benimaru indagando en la mirada de Kyo. El castaño gruño molesto, sabía que no podría pedirle algo así a su amigo sin darle explicaciones.
– Es Iori. –habló con cautela–. Hay algo raro en él. Diferente. Y no sé qué pueda estar planeando. – Espeto cortante, no quería tener que decirle nada a Benimaru, pero así se ahorraría la dinámica aún más tediosa de convencerlo.
– ¿Diferente? –habló el rubio en tono cínico–. Yo lo vi tan Yagami como siempre. – Acoto sin entender la cuestión.
Kyo se quedó callado un momento con expresión seria. La noche anterior ambos habían hablado con fluidez de temas personales por primera vez desde que se conocían. Palabras que posiblemente solo podrían compartir entre ellos, se cruzaron con honestidad. Kyo había recibido, sin el menor atisbo de lastima, la comprensión de Iori frente a la pérdida de su padre y frente a la pesada carga que significaba para él su actual cargo dentro del clan Kusanagi. Sintiéndose más liviano ante las palabras de tosca objetividad por parte del pelirrojo. Su cortante seguridad contagió en Kyo cierta voluntad para darle menos poder a esos hechos. Pero cuando logró que Iori compartiera con él su opinión frente a la situación de los Yagami, una densa amargura le envolvió. Sus palabras habían sido duras, pero no del todo sinceras.
Iori había hablado de una posible reforma cuando detuvieran a Takeshi, pero detrás de su voz; en aquellos pequeños detalles de su mirada, en ciertas particularidades de sus gestos, Kyo había percibido algo diferente. Algo estaba afectando al pelirrojo, algo desconocido para el castaño; una resolución amarga que daba ciertos toques peligrosos a su personalidad, y eso era mucho decir viniendo de un ser tan impredecible como Iori Yagami.
Por otro lado, también podía sentir en Iori una energía diferente a la casual. Sutil, casi imperceptible, pero de matices completamente ajenos a él. Aunque el pelirrojo había negado cualquier secuela dejada por el ritual, Kyo guardaba profundas dudas. Yagami estaba considerando ciertos aspectos personales y de la situación general del clan, que en realidad daba la impresión de tener resueltos hacia mucho. La dureza en su mirada inquietaba al castaño ya que tuvo la impresión en ese momento, de que el pelirrojo estaba considerando algo terrible. Esto le daba mala espina dado que gran parte del tiempo, Kyo no sabía que mierda estaba pensando Iori y desear una comunicación abierta entre ellos, sin riñas casuales, era esperar demasiado.
Benimaru suspiro cansino.
– Ok, evitemos estas extensas y esclarecedoras explicaciones. –rompió el silencio el rubio con sobre actuado tono, ante lo informativo que estaba siendo Kyo, quedándose callado y pensativo–. ¿Crees que Yagami está planeando algo bajo cuerda? – Preguntó echando tierra a las razones que podría tener el castaño para dudar. Kyo salió de su ensimismamiento.
– No lo creo...estoy seguro de que algo trama y sea lo que sea, Saito puede saber parte. – sonrió con amargura. Benimaru gruño dubitativo.
– Y que te hace pensar que el viejo zorro va a querer hablar a solas contigo. Ya con Yagami dándole indicaciones.
– Es un maldito espía. Dudo que vaya a perder la oportunidad de negociar con el actual líder del clan enemigo. – Espeto Kyo. Benimaru asintió pensativo.
– Anoche, cuando Kaoru y yo regresamos al departamento, Yagami estaba hablando por un móvil. Se notaba bastante serio. – Habló especulativo Nikaido.
– ¿Tiene celular? – Preguntó Kyo casi con indignación.
– Jeje. Eso mismo pensé cuando le vi. No sé en qué momento lo obtuvo, no le di importancia. Pero, ya que dices esto. Es posible que estuviese hablando con Saito.
– ¿Tienes el número?
– No, pero puedo llamar a Kaoru y ver si ella lo conoce. – Dijo Nikaido sacando su celular y buscando el contacto de la chica.
– No, está bien. Déjalo así, ya luego lo obtendré yo. – Puntualizo Kyo.
– Ciertamente la confianza nunca ha sido un fuerte entre ustedes. – Agregó Benimaru guardando el celular.
– La confianza entre nosotros es de otro tipo. – Sonrió Kyo con amargura. Él siempre podía confiar en que Yagami estaría ahí, en buenos o malos términos. Pero era imposible para ambos imponerse deseos u objetivos. Los dos eran libres de actuar como quisieran y ninguna voluntad aplacaría la otra, salvo por mutuo acuerdo; situación que se daba en contadas ocasiones a causa de sucesos devastadores. Benimaru miró a Kyo a punto de preguntar que carajos significaba eso, pero el celular de Kyo repicó repentino. El castaño contesto sin mirar la pantalla.
– Kusanagi Kyo. –resonó la voz fuerte de King–. ¿Cómo ha ido todo?
– Bien…–respondió Kyo quedamente al principio–. ¿Has conseguido información? – Preguntó ansioso.
– Tan directo como siempre Kusanagi. –rió por lo bajo la mujer–. He conseguido algo incluso mejor. Supe por Benimaru que lograron encontrar a Yagami y que los dos están metidos hasta el cuello en toda esta locura.
– Ciertamente…– respondió Kyo con tono frío mientras dirigía una mirada irritada al rubio. Este se encogió de hombros esquivando el reproche silencioso.
– Sabes Kyo, hice una gran excepción por nuestro querido Benimaru para que Iori Yagami se ocultara en una de mis propiedades. Y ahora haré un esfuerzo aun mayor al pedirte que vengan ambos a mi bar esta noche. –espeto King con voz severa–. Así que más te vale advertirle a Yagami que sea un buen chico y se comporte, porque si una sola y miserable llamita llega a quemar alguna parte del Illusion, esta ciudad será su tumba. – Puntualizó amenazante. Kyo sonrió con sorna.
– Yo me encargare de que nada suceda King. – Acoto el castaño con cierta amabilidad en la voz. Que ella no hubiese mencionado lo de la pierna era posiblemente cuestión de orgullo. Igual sentía cierto agradecimiento ante la aceptación de Iori en su plan de ayuda.
– Veo que ser líder de los Kusanagi le ha sentado bien a tus modales Kyo. Los espero aquí al caer la tarde. Salúdame a Beni. – Colgó la llamada.
Kaoru tomó un par de prendas sobrias, no muy costosas. Le avergonzaba enormemente haber tenido que pedir a Iori Yagami algo de dinero para abastecerse de algunas cosas personales. Sus cuentas habían sido bloqueadas y reclamar en los bancos habría sido darle su posición a las personas que debían estar encargadas de buscarlos, si es que las había. Consideraba imposible que no hubiese agentes Yagami buscando dar con el paradero de ambos.
Llevaba varios días usando las mismas ropas que lavaba pulcramente una y otra vez. Y aunque se había negado rotundamente ante los ofrecimientos de Nikaido de darle lo necesario, se avergonzaba mucho ante su posición tan limitada por el dinero.
Estaban en un centro comercial llamado Venus Fort situado en la isla artificial Odaiba en la bahía. Por petición de ella habían escogido ese lugar, ya que lo consideraba apartado del centro y menos propenso a rastreadores de la familia. De alguna manera Iori Yagami no parecía preocuparse en absoluto de si había espías tras ellos. Inclusive había ofrecido en primera instancia hacer las compras en el Shibuya 109, sacando a colación la edad de la chica, pero Kaoru se había opuesto a ir al centro comercial más concurrido y centralizado de todos.
Un sonido suave de toques sintoístas fue emitido del móvil que Benimaru le había obligado a usar días atrás. Al contestar con naturalidad y un toque más de confianza exigida por el rubio, se sorprendió un poco al escuchar la voz de Kyo Kusanagi.
Iori aceptó con desdén el sitio, le importaba muy poco donde quisiera hacer las compras aquella chica. Solo requería un cambio de espacio lo suficientemente bullicioso para aplacar las voces susurrantes en su cabeza. Tras perder el conocimiento bajo el control de las agujas negras con que el monje había perforado su cuerpo, desconocía los sucesos que se debieron desarrollar mientras el batallaba con aquel bucle de malos recuerdos. Desde su despertar, en intermitentes ocasiones, había algo similar a un panal de abejas que ululaban en el silencio. Eso y los sueños extraños que no llegaban a ser pesadillas, pero que de alguna manera le hacían despertar con emociones ajenas, le cabreaban.
Sospechaba del espectro, dada la terrible experiencia previa que tuvo, cuando la criatura le rastreaba. Tenía la impresión de que en sus sueños algo pedía su ayuda, pero nunca lograba recordar que era. Temía por lapsos que hubiesen reiniciado los sacrificios para dar con su paradero, pero con el paso de los días, entendía que era un estado diferente y aleatorio. Sencillamente apareciendo de la nada como el ulular de un panal humano, apagado y constante. En las noches solía aparecer antes o después de soñar, con la excepción de la noche anterior.
Tal vez debería tener más a Kyo a su lado, pensó divertido mientras cierta pulsión lujuriosa se revolcaba en su vientre. Sonrió molesto ante la repentina ocurrencia y observó su reflejo traslúcido en el vitral de enfrente. En la vitrina, reposando sobre bases de madera pulida, yacían un par de guitarras eléctricas marca Fender. Ya estaba automatizado en su modus operandi cual era el mayor interés que tenía al acceder a un centro comercial. De una u otra manera siempre terminaba en un local de instrumentos, buscando la sección acústica y curioseando los nuevos lanzamientos.
Llevaba mucho tiempo alejado de su música y esto provocaba en su psique, un vasto anhelo. Deseaba ir a su departamento por un par de instrumentos, pero era consciente de que la chica tenía razón y debían estar siendo buscados por su familia. Sus propiedades posiblemente estarían bajo vigilancia y acceder a ellas, aparte de tener sus riesgos, les daría su posición activa en la ciudad.
Gruño fastidiado negándose a considerar una nueva compra. Era una cuestión de orgullo que le impidieran acceder a sus pertenencias y le enojaba de sobremanera la sola idea de comprar su propia cobardía. Quitó la mano con brusquedad del vitral. Deseo ir en ese mismo instante a su departamento y hacer cenizas a quien se interpusiera.
– Yagami Sama –espeto la voz delicada de la chica–. Tiene una llamada. – Agregó tras atraer su atención, extendiendo la mano libre con el móvil activado. Iori contesto con cierto aire arisco.
– ¿Piensas abandonar el país con tu prometida sin siquiera compartir tu nuevo número Yagami? – Espeto la voz cínica del castaño al otro lado de la línea. Sonaba divertido y algo molesto.
– ¿Crees que tienes derecho a recalcármelo? – Respondió inmutable.
– Tal vez imponga algunos derechos por la fuerza. – Acoto Kyo con sorna. Dominante.
– Tal vez perderías la cabeza en el intento. – Habló Iori alejándose un poco del bullicio. Seguido de cerca por la chica.
– Puedo tomar los riesgos necesarios. – Espetó Kyo con una risa baja–. ¿Dónde demonios estas?
– Donde demonios esperas que este Kusanagi. ¿Esperando abnegado en un departamento ajeno?
– Vas a decirme o piensas rodear inútil…– La llamada se cortó. Kyo miró con enojo la pantalla en la que se desvanecía el icono rojo de llamada finalizada. Benimaru se acercaba saliendo del edificio en dirección a la motocicleta.
– ¿Contestó Kaoru? ¿Sabe algo de Yagami? – Preguntó el rubio acomodándose el casco en la cabeza. Kyo desvió una mirada asesina cargada de indignación. Benimaru no entendió el gesto, ni tampoco porque se sintió culpable de repente. El móvil de Kyo vibró entre sus dedos, bajo un número desconocido. El castaño contestó hosco.
– Ya tienes mi nuevo número Kusanagi. Estamos en Odaiba. ¿Dónde estás? – Preguntó Iori autoritario. Kyo suspiro molesto por el abrupto corte, aunque satisfecho de que Iori hubiese cedido a su demanda sin mayor oposición.
– No importa, Beni y yo vamos para allá. Llamare cuando estemos en la isla. – Respondió con una leve sonrisa ante la mirada irritada de Nikaido, que no comprendía aquel repentino cambio de humor.
Encontrarlos fue fácil, parados al límite del malecón bajo ráfagas gélidas de viento marino. Kaoru estaba sentada en una banca cercana al muro, con el cabello revuelto y una gran bufanda envolviéndole el cuello. Jugueteaba con el celular, controlando el temblor en sus manos mientras Iori yacía parado de espaldas, divisando la profundidad del océano. Su cabello rojo revoloteaba rebelde y parte de su camisa larga danzada parsimoniosa con el viento. Un humo de cigarrillo se alejaba a gran velocidad de la boca del pelirrojo, disolviéndose a los pocos centímetros en medio del torbellino. Una tormenta no muy lejana hundía sus garras en el horizonte, dejando poca gente en la zona exterior del malecón. Oscuros nubarrones cubrían el horizonte, ahogando los matices claros de una tarde joven en grisáceos opacos. Los relámpagos nadaban entre las formas densas de la tormenta, devorando el mar bajo ellas.
Kyo caminó acompañado de Benimaru a su encuentro. El rubio se desvió automáticamente hacia la banca desde donde la joven saludaba con el movimiento tembloroso de una mano enguantada. La bufanda a su alrededor se desenredo tras una ráfaga repentina y el repiqueteo lento de la llovizna. Nikaido tomó la tela danzante que amenazaba con escapar y rodeo el cuello de la chica con una sonrisa afable.
– Pareces el reno preferido de Santa querida, será mejor que te abrigues bien si no quieres enfermar. – Bromeo con cierta dulzura. La chica le sonrió con honestidad entre un tiritar leve.
– Podríamos tomar algo caliente dentro del lugar, esta vez invito yo. – Respondió ella con voz dulce. Ambos caminaron siguiendo el peregrinaje de las otras personas que rehuían la lluvia anunciada.
Kyo sintió las primeras gotas heladas en las mejillas, leves, delicadas. Iori aún continuaba de espaldas con la mirada fija en el horizonte gris, respirando hondo el aire salino. Se denotaba distante, pensativo. Una vez más la sensación se hizo latente. Un palpitar rezagado, contenido. Una característica particular de la energía de Iori, sumada a esa extraña sensación densa que le rodeaba, una esencia ajena. Había decidido no preguntarle directamente, evadir la necesidad de saber que le afectaba, pero estar cerca de él de esa manera y desconocer que lo abstraía de su entorno superaba la paciencia de Kyo. No perdería nada con hacerlo.
– Puedo sentir algo diferente en ti, en tu poder. Una sensación foránea…y aunque no se bien que es y porque lo percibo, sé que algo no está bien. ¿Cuándo piensas decirme que demonios te sucede? – Preguntó parándose a un costado de Iori, mirando la tempestad avanzar a pasos lentos. El pelirrojo lo miró de soslayo e inclino la cabeza bajo la lluvia con gesto calmo.
– Cuando te buscaba. Una y otra vez para enfrentar nuestras fuerzas. Había una razón por la cual siempre lograba encontrarte tarde o temprano. –hizo una pausa irguiendo la cabeza contra la llovizna creciente–. Puedo sentir tu energía. Puedo rastrearla independiente de las distancias. Nuestro poder ha vibrado siempre en la misma sintonía Kusanagi, y es así como finalmente te hallaba. –hizo una pausa mirando directamente al castaño–. Cada que estoy muy cerca de ti hay algo dentro de mí que exige contacto ígneo. – Acotó Iori acercándose a Kyo con lentitud, mientras las gotas le agredían la piel pálida y se deslizaban por su cabello ondeante. Kyo mantuvo su posición y sostuvo la mirada intensa de tonos carmesí. Era verdad, siempre se había percatado de la cercanía de Iori porque algo dentro de él reaccionaba primero, como un sexto sentido que le llenaba de una innegable emoción ante su presencia y el futuro enfrentamiento.
– Ahora no hay ninguna excepción, te percibo con la misma claridad Kusanagi. La diferencia es que, aunque en este momento no deseas agredirme, puedo sentir tu fuego con una intensidad devastadora. Como si estuviésemos enfrentados a muerte. – Habló bajo ya muy cerca de Kyo.
El castaño lo observó en un silencio tenso. Iori también se había percatado y se sintió tonto al pensar que no existían sospechas concretas en él. Ambos estaban conscientes de que sus energías divergentes tenían significados preocupantes, pero ninguno deseaba decirlo.
– Recientemente puedes percibir más mi energía y sus matices. Pero yo ya era consciente de la tuya desde hace mucho tiempo Kyo…supongo que hay aspectos que solo podemos enfrentar solos. ¿No crees? – Indago Iori esbozando una sonrisa, pero en su mirada rondaba cierta pesadumbre inusual. Esperaba la respuesta del castaño, porque compartir algo tan personal, relacionado o no a la situación apremiante, era mutuo o sencillamente no lo era.
Kyo maldijo para sus adentros. Para conocer que sucedía con Iori tenía que comunicar su propio problema y su conclusión siempre caía en negativa. Alertar a Yagami del actual estado de su poder, seria buscar una inhibición del mismo frente al pelirrojo. Sabía que él se encargaría de evitar que usara su fuego, impondría su voluntad sobre ello sin importarle nada y dados los cambios repentinos y peligrosos en toda la cuestión de las familias, esto pondría en mayor riesgo a Iori. Imaginarlo arriesgar su bienestar de nuevo por el suyo propio, era algo incuestionable. No podía decírselo aún. Confiaba en que los monjes habían asegurado que era una brecha temporal.
Kyo desvió finalmente la mirada, no hablaría, ya averiguaría que estaba afectando a Iori y si estaba relacionado con aquellas intenciones ocultas. Observó el Malecón con vista ágil. Bajo el creciente ataque de la tormenta que se erguía sobre la amplía platea, solo quedaban ellos dos, bajo el agreste clima que amenazaba con desplomarse.
Iori acepto el silencio de Kyo como una respuesta clara y una sonrisa amarga se dibujó en su rostro.
– Es mejor ingres…– Dijo girándose, pero fue interrumpido por un jalón fuerte que lo atrajo hacia Kyo. El castaño ciñó la espalda del pelirrojo, apretando su torso contra sí y lo besó. Tras un leve titubeo de sorpresa, Yagami respondió aquel beso con suavidad, sin ninguna carga de deseo.
Las gotas discurrieron heladas por las mejillas de ambos en un instante de delicada intimidad, rodeados por una extraña tristeza sin significado. Sus frentes reposaron juntas al separar sus labios. Los ojos de Kyo eran presa de un brillo indignado pero resuelto. Su expresión cargaba un millar de palabras no pronunciadas.
– No importa que nos digamos o no entre ambos. Nada cambia el hecho de que estamos juntos en esto. – Susurro Kyo entre vahos cálidos que revoloteaban en la baja temperatura exterior. La lluvia se tornó en un ataque torrencial transformando las gotas en densos surcos de agua sobre la piel. Ambos levantaron la vista a la inminente caída helada de la tormenta. Si, estaban juntos en eso sin importar que, pensó Yagami mientras Kyo se deslizaba a su lado en dirección a la zona cubierta, rozando su mano con gesto convidante.
– Eh Yagami, entremos. No creo que te agrade la idea de pasar postrado en una cama por una tempestad otoñal. – Habló fuerte para hacerse oír bajo el atronador sonido del cielo.
– El que tiene tendencias a enfermar por el frío no soy yo Kusanagi. – Acotó Iori con tranquilidad emprendiendo la retirada del malecón. Kyo no logró ocultar su evidente indignación.
– Estaba herido y mal medicado ¿Sabes? – Refuto con una sonrisa enojada. El cabello se le pegaba en la piel. Sus ojos de heterocromía leve parecían refulgir con claridad mientras sus labios se humedecían bajo las gotas, presa de un tono rosa más intenso. Iori deseó besarle nuevamente, allí bajo esa torrencial tormenta, pero se limitó a compartir una sonrisa maliciosa y pasó de largo.
Una risa estruendosa levanto la atención de algunas personas alrededor de la mesa donde estaban Benimaru y Kaoru. Estaban situados en un café abierto ubicado en la parte central de una plaza cubierta. El amplio interior del centro comercial se abría hasta una cúpula enorme en su punto más alto, desde la cual caían cristales irregulares, rodeados de balcones internos con acceso a los almacenes. El rubio controló una serie de carcajadas en risitas divertidas, ante el desproporcionado sonrojo de su joven acompañante que lo acusaba de algo.
– Por qué tanto escándalo. – Espetó la voz de Kyo desde un costado a pocos metros de la mesa ubicada al extremo lateral de la zona del café. Estaba parcialmente mojado al igual que Iori, quien metros atrás, reposaba con calma en la zona de fumadores.
Kaoru miró a Benimaru con una mezcla de vergüenza y absoluta expresión de "Si dices algo al respecto te mato." El rubio ahogó otra risita al ver semejante amenaza en su semblante delicado. Debía ser algo en su apellido, pensó divertido.
– Cosas sin importancia. Y ustedes que. ¿Tarde de caminata bajo una peligrosa tempestad? Podría jurar que los Yagami tienen esos gustos extraños. – Esbozo una sonrisa cínica, subrayando las palabras "gustos extraños" y dando una mirada de soslayo a la chica que se encogía de hombros hecha un tomate. Kyo rió sin darle importancia al asunto que deseaba ocultar la joven.
Como respondiendo las palabras de Benimaru un destello blanco ilumino la cúpula de la plazoleta y retumbo toda la vidriería con el violento estruendo. Algunas personas gritaron por lo bajo ante el sorpresivo destello y Kaoru se encogió en su silla algo asustada.
– Es un hecho que necesitamos un cambio de ropa. Así que aprovecharemos que estamos atrapados en un centro comercial. –acoto Kyo despreocupado–. Nos vemos más tarde. – Puntualizo dando la espalda y sacudiendo la mano. Benimaru lo vio reunirse con Iori y subir en las escalas eléctricas. Cada vez se le tornaba menos extraño verlos juntos de manera afable. Incluso podría llegar a considerar a Yagami como una persona decente al lado de Kyo.
Otro relámpago estalló dando visos azulados a los largos cristales que caían desde la parte baja de la cúpula y generaban, gracias a la refracción de la luz, una textura de iluminación marina sobre la plazoleta central y sus esculturas de toque francés. Kaoru apretó el recipiente de café silenciosa. El sonrojo había cedido a la tensión y una vez más su casual tristeza parecía inundarla.
– Sabes, no es que me incomode mucho estar bajo el furioso bombardeo del cielo, pero, si me molesta. –se levantó de la mesa despreocupado por la cuenta ya cancelada y extendió una mano a la chica–. Ven conmigo haremos algo más entretenido mientras acaba nuestro cautiverio en este lugar.
Accedieron a los pisos superiores lejos de los ventanales abiertos, que eran agredidos sin vehemencia por gotas desaforadas. Benimaru guió a la joven a la zona de videojuegos, llevándose una gran sorpresa al ver como la chica no parecía nada familiarizada con el entorno. Desconocía casi todas las dinámicas del lugar y observaba cada mínimo aparato con interés casi infantil. Al principio con torpeza, reacia a abandonar los intentos fallidos con los dispositivos, luego con gran excitación al lograr los objetivos, para estar avergonzada segundos después por su falta de etiqueta. Tenía una sonrisa honesta y dulce tras cada victoria o una indignación infante tras cada derrota. Era como traer una pequeña niña por primera vez a algo nuevo y divertido. Pero era hermosa y no tan pequeña. Benimaru notó que le era imposible ver a la chica fraternalmente, ya que la percibía de una manera inapropiada, disfrutando como su faceta de absoluta decencia se rompía con toques de confiable agrado. Como su sutil belleza delicada contrastaba con la mirada rapaz y carmesí de su sangre.
Se cubrió el rostro con una mano y suspiro entre risas. Estás loco Benimaru Nikaido, pensó. Deja de mirar a esa chica con ojos indecentes. Aparto la cuestión y se unió a la faena digital hasta que minutos después el eco de un estallido trajo consigo un sonido ahogado que arrastró la electricidad a un punto nulo, dejando todo el lugar a oscuras en medio de murmullos nerviosos.
Kyo analizó varios locales de marcas reconocidas distribuidos por la tercera planta, donde transitaba muy poca gente. Los espacios laterales de los corredores, que envolvían en balcones internos a la plazoleta central, eran enormes ventanales que permitían divisar los costados externos de la isla, en dirección al profundo horizonte marino. Por ende, muchas personas estaban alejadas, ya que cada relámpago refulgía con furia, estallando en destellos cegadores a través de la circulación abierta.
Caminó silencioso buscando un local de porte más informal ya que Iori parecía más interesado por las marcas elegantes y ese tipo de prendas nunca habían sido lo suyo. Miró su ropa un instante y consideró innecesario cambiarse, dado que no sentía frío alguno y eventualmente se secaría. Aunque en realidad, era verse al lado de Iori en una calma cómplice, yendo de compras, lo que le inquietaba. Jamás habría llegado a imaginar un momento así con Yagami. Tan natural como pudo haberlo sido cualquier cita.
Una punzada de culpa atravesó su pecho, había un parcial agrado en ese pensamiento, pero compartirlo con él le hizo sentirse injusto ante las dos chicas que debieron haber sido las personas indicadas en sus vidas.
Se detuvo frente a una vitrina de visos metálicos, esquivando cuestiones ante las que se sentía desarmado. En ella se enfilaban varios instrumentos de cuerda eléctricos.
Centró su atención en un bajo largo de blanco perlado.
– Es un bajo de precisión. Fender. – Habló Iori desde su espalda.
– Es similar al que usabas en algunas presentaciones. – Acotó el castaño distraído recordando la sonrisa afable y despreocupada del pelirrojo al tocar un instrumento. Deseó verle sonreír así para él y se avergonzó ante aquel deseo.
– ¿Algunas? – Preguntó Iori sin entonación. Kyo lo miró a través del reflejo en la vitrina. Tenía una sonrisa suave, de expresión aguda. Como miraría un artista a un fanático.
– No estoy seguro, fue por casualidad. –titubeo incomodo de repente–. Es el mismo que tenías en tu departamento ¿No? – Acoto cambiando el tema.
– Es de la misma gama, sí. Pero el mío fue personalizado bajo petición. – Respondió con repentino resentimiento.
– No escatimas en gastos ¿Eh? No te gusta tu posición en el clan, pero gastas como todo un líder.
– No recuerdo a ningún Yagami quejándose al respecto. De igual manera toda mi inversión en la música ha sido con el mismo dinero que he ganado en ella. – Agregó con voz fría abandonando la vitrina.
– Oh. ¿Debería disculparme? – Preguntó Kyo burlón.
– Deberías dejar de perder el tiempo y buscar algo que nos sea útil para este momento. – Respondió Iori alejándose por el corredor entre destellos de la tormenta, su camisa estaba completamente plegada a la piel, demarcando los músculos de la espalda. Kyo le siguió de buen agrado. Hacer enojar a Iori tenía un encanto peligroso.
El pelirrojo ingresó sin mediar palabras a un portón amplio en la parte central de la planta. Kyo gruñó molesto al ver el perfil elegante del local. Sabía que Yagami no estaba aguardando por su elección. Ya tenía resuelto que comprar desde que decidieron buscar ropa de cambio.
El almacén de diseño muy elegante y porte occidental, tenía segmentos rectangulares de tapizado sintético claro, con madera caoba bordeando la estantería. Su techo blanco era rodeado por delgadas franjas negras que reflejaban una iluminación oculta y dorada. Los armarios de negro brillante contrastaban con las texturas variadas en la zona de abrigos y chaquetas donde Kyo decidió esperar al pelirrojo.
Habían observado los diseños que considero demasiado elegantes del emporio Giorgio Armani. Iori había seleccionado un par de prendas que se adaptaban a sus gustos sin molestarse siquiera por mirar los costos. Había dicho al castaño con voz distraída ante la selección de diseños, que escogiera algo y se había retirado sin mayor espera a la zona de cambio, que contaba con largos espejos delgados. Kyo había optado por no comprar nada. Consideró aquel sitio demasiado ajeno para su gusto más casual y fresco. Aun así, no pudo evitar ser atraído al estante donde reposaban macizas chaquetas de cuero.
Estaba considerando adquirir una en especial, de corte amplio, cuero grueso, múltiples bolsillos bien disimulados en el diseño y ángulos rectos en las finalizaciones. Una prenda en extremo masculina, perfectamente entre sus gustos. Pero no se decidía a causa del desaforado precio acompañado de la etiqueta "Limitata Esclusiva" que reposaba sobre ella. No era que no pudiese gastar dinero en deseos particulares e innecesarios, era prácticamente el líder del clan, o lo sería dentro de poco; trago saliva incomodo ante el pensamiento.
Finalmente se negó a la compra, no quería que ninguno de sus consejeros, madre o administrador del clan, tuviesen una mínima excusa para cuestionarle su manejo del capital Kusanagi y tenía otros planes para el dinero que aún le restaba de los torneos ganados. Deslizó los dedos por el cuerpo parcialmente liso y regreso a la zona de vestier esperando no tener que esperar mucho por Iori.
Sus expectativas fueron respondidas de manera automática, cuando el pelirrojo ya organizado se acercó. Vestía una nueva camisa abrochada de color granate y visos oscurecidos, la prenda era un poco más ceñida en la zona de los hombros, remarcando su espalda ancha con una elegancia particular. Una larga gabardina de cuero oscuro colgaba de uno de sus brazos.
Se acercó a Kyo con aire casi petulante.
– Tomalá. – Habló imperativo. Kyo miró la chaqueta que hacía unos segundos había abandonado.
– No, está bien. No quiero comprar nada. – Espetó despreocupado negando con la cabeza. Iori se acercó y tomó la prenda del estante negro, extendiéndola hacía a Kyo en un gesto brusco.
– Considéralo un regalo Kusanagi. – Puntualizó autoritario, esperando que el castaño tomara la prenda. Pero Kyo no la recibió, no quería que Iori le regalara nada y menos una de las prendas exclusivas y más costosas del almacén. Iba a negarse de nuevo pero la chaqueta se acercó de golpe a su rostro cubriendo parte de su cabeza y cuello, reposando sobre el pecho. Kyo se descubrió la cara algo molesto por el repentino lanzamiento.
– Solo ponte la maldita chaqueta. – Gruño Iori irritado desviando la mirada. Luego caminó en dirección a la caja. Su expresión denotaba incomodidad y si no fuera por la tosca rigidez en sus rasgos, Kyo podría haber jurado que estaba algo apenado.
El castaño rió con ganas ante la impaciente actitud de Iori. Dominante e irrespetuoso hasta para dar un obsequio, pensó. El pelirrojo ignoró las risas del Kusanagi y continuó su camino a la recepción. Kyo apretó el cuero de la chaqueta con gesto casi cariñoso, pensando en que ese había sido un acto intencionalmente amable de parte de Yagami y le divirtió pensar en lo mucho que se les dificultaba compartir momentos tan casuales. Él también se sentía avergonzado.
Registraron las prendas bajo un silencio agradable entre miradas ocasionales de las mujeres del lugar. Justo después de cancelar el desaforado costo, estando a media impresión de la factura, el eco estridente de un estallido superior a los anteriores recorrió los pasillos abiertos, generando cierta exclamación de sorpresa en los encargados del almacén tras quedar a oscuras.
– Siento mucho lo sucedido señor. Si desea esperar su factura... – Se disculpó la mujer de la recepción. Pero Iori le quitó importancia al hecho interrumpiéndola, negándose a esperar. Agradeció con un movimiento corto de cabeza y abandono el almacén dando alcance a Kyo quien curioseaba afuera bajo la iluminación penumbrosa del exterior. Destellos blancos se filtraban a través de algunos ventanales.
– Creo que debió estallar un trasformador. –habló el castaño con expresión casi divertida. Esa emoción particular que envolvía a algunas personas frente a situaciones fuera de lo común–. Es mejor bajar y buscar a los demás. Apenas se calme todo debemos irnos. Por cierto, King nos espera en su bar esta noche. – Sonrió Kyo ante la expresión incrédula de Iori.
– ¿El Illusion? –
– Si, el mismo. Le prometí que no te permitiría quemar uno de sus bares más grandes. – Agregó Kyo divertido mientras se dirigían a las escaleras eléctricas.
– Dudo que tengas la necesidad de hacer eso. Y si la hubiese, no podrías evitarlo. – Acoto Iori con su particular seriedad, que hacía difícil entrever a veces si era una broma o un comentario serio.
– ¿Me estas retando? – Preguntó Kyo casi provocador. Pero su conversación fue interrumpida por el tono del móvil, que vibró entre el cuero de su nueva chaqueta. Gruñó por un instante cuando vio a Iori perder el interés en lo que iba a responder y se alejaba a uno de los espacios abiertos dentro de la planta, frente a un ventanal enorme escalonado a modo de mirador. Contestó la llamada con un sonido cortante.
– Donde andas Kyo, creo que nuestra diversión aquí fue abruptamente finalizada. – Habló Benimaru con voz juguetona.
– Estamos en la tercera planta, pero es mejor reunirnos en un punto más central, pronto será la hora de reunirnos con King. – Respondió Kyo mirando por el borde del balcón interno hacia abajo, donde la gente parecía organizarse en calma, esperando a que solucionaran el problema de la electricidad.
– Que sea en la zona de comidas. Aún deben tener algo caliente por allí y tenemos hambre. – Acoto despreocupado mientras se escuchaba un ahogado reproche de fondo.
– Esta bien. Yo invito. – Puntualizo Kyo antes de colgar. Observó de nuevo con más detalle, buscando si había algún daño evidente o personas alteradas, pero todo se veía tranquilo, rodeado de un temor generalizado que se iba aplacando con los segundos. Giró en dirección a Iori.
Había escuchado una voz alzarse entre aquel residente sonido apagado del panal humano, casi imperceptible, tenía la impresión de que algo le había llamado.
El ventanal daba a una zona del malecón, solitaria y abierta, directo al mar. Los limites artificiales contaban con algunos peñascos enanos que contrastaban negros entre la espuma del oleaje, cuando estallaban las olas furiosas contra la isla. Iori apreció con agrado los relámpagos, surcando como raíces de luz en el abultado cielo oscuro. Uno tras otro en una tormenta eléctrica sobre el mar abierto. Cada destello aclaraba la profundidad del bloque de agua generando una translucidez a los nubarrones. Iori sintió como algo dentro de él pugnaba y el silbido de voces enjambradas se intensificaba.
De las profundidades del abismo tormentoso, se configuro en la translucidez de los destellos, una figura amorfa y monstruosa. Una silueta colosal de múltiples cabezas, retorcida e insectoide. Aquella visión deformada de la criatura fue acompañada por una miríada de voces que dejaron de ser un enjambre ululante para transformarse en un lamento disonante. Frente a Iori se alzaba una montaña oscura. Entre los reflejos del vidrio había un monolito y más allá de las nubes se demarcaban las copas de abetos agudos como dientes. Las imágenes llegaban entrecortadas como una visión indiferenciable de la realidad y el ensueño. Unos símbolos de fuego marcaban la piedra del monolito y de esta se emitían voces atronadoras. La miríada de susurros cacofónicos provenía de la roca. Iori vio sobre el impecable piso baldosado del centro comercial como crecía hierva oscura y como telas negras tomaban forma de monjes sin rostro, que rezaban alrededor de la piedra.
Una mano de densa negrura espectral se extendió desde el monolito intentando tocar a Iori. "Ayúdame" susurro la oscuridad con la voz del espectro. Un nuevo estallido prominente de la tormenta iluminó todo el corredor cegando a Iori un instante. Luego vio su propio reflejo en el vidrio chorreante, su tez pálida y su rostro sorprendido. Su respiración había detenido su curso a un punto de apnea y sintió expandirse sus pulmones con aire templado. La luz cálida a sus espaldas le indico que habían restablecido la electricidad.
– Yagami... – Se escuchó la voz de Kyo distante, luego cercana, hasta tocar su hombro y girarlo. El rostro del castaño tenía cierta dureza y preocupación, la cual se aplaco al verlo cara a cara. Pareció confundido por un instante. ¿Habrá sentido algo también? Se cuestionó el pelirrojo un poco aturdido.
– ¿Qué sucede? – Preguntó Iori levemente irritado, evitando alimentar las dudas del castaño. Kyo dudo unos instantes, pero retorno a su tono habitual.
– Comeremos algo mientras baja la tormenta. No están esperando abajo. – Respondió finalmente. Iori accedió despreocupado y se adelantó a las escalas.
Kyo observó el enorme ventanal de tres módulos de cristal denso que daba a los destellos enraizados de mar abierto. Cuando se acercó a Iori había percibido algo extraño, algo que no alcanzaba a definir por su fugacidad. En el ventanal alrededor del reflejo de Yagami, una colosal sombra estaba a punto de engullirlo. Había sido un instante fugaz, que desapareció tras el estallido de luz.
Sacudió un poco la cabeza con molestia. El pelirrojo había actuado como si nada. Posiblemente solo eran impresiones paranoicas de su parte y aquello tan solo un efecto de luz creado por aquel relámpago. Aunque no parecía muy convencido, aisló el hecho y alcanzó a Iori en las escalas.
Comieron entre comentarios amenos y la ausencia meditabunda de Iori, que disfrutaba de su plato en un silencio calmo, ya casual en él. La tormenta amaino tras una hora cuando la tarde ya finalizaba su paso, dando tintes rebeldes a las nubes grisáceas. Entre esporádicas gotas rezagadas, abandonaron Odaiba rumbo al Illusion Bar.
La lluvia retomo su cauce en una caída constante, menos cuantiosa cuando cruzaron la entrada del Illusion Bar. Llegaron al último piso donde un hombre del personal de seguridad les dio la bienvenida. Avanzaron por el tapiz tinto del pasillo principal hasta el hall donde se podía divisar la barra centralizada a un costado de la amplia zona, usada tiempo atrás para combates y donde ahora reposaban elegantes muebles acolchados. El techo era de una amplitud que superaba tres veces la altura normal con un balcón interno estructurado por los muros detrás de la barra. Los mismos que envolvían el pasillo en dirección a la salida. Esa era posiblemente una zona VIP, analizó Iori poco familiarizado con el lugar. Casi siempre había evitado arribar a sitios frecuentados por miembros del torneo e incluso se había negado a dar presentaciones allí.
Cuando Kyo y Benimaru cruzaron al centro con la intención de localizar a King, solo percibieron en la barra un par de chicas ebrias coqueteando con los dos encargados. Había pocos consumidores distribuidos a lo largo de las mesas que lindaban con las ventanas y el balcón amplio a modo de mirador, pero ninguna señal de King. Cuando se dispusieron a preguntar en la barra una voz aguda y algo sensual les llamo la atención desde la segunda planta.
– Kyooo. Beniii. Aquí arriba. –sonó la voz juguetona de una mujer–. Suban chicos, los estábamos esperando. – Habló con tono dulzón, inclinada en el borde de la barda, apretando su pronunciado escote con jocosa naturalidad.
Mai Shiranui se irguió haciendo una seña al costado izquierdo indicando el acceso a la planta alta y guiñándoles un ojo, tras sonreír con encanto a Iori que acababa de levantar la cabeza con gesto huraño.
– ¿Estábamos? – Preguntó Iori con fastidio. Kyo lo miró compartiendo la incógnita y ambos pusieron su atención sobre Benimaru, el cual se había adelantado con risa nerviosa.
– Pensé que habías dicho que era una idea no consensuada aún. – Habló Kyo al rubio, estaba molesto.
– Jeje bueno. No se había concretado en ese momento, no esperábamos que Mai y Terry llegaran tan pronto. – Se excusó Benimaru ensanchando la distancia entre ellos.
– Lo sabias…– Habló Kyo por bajo calmando la punzada de rabia en contra del rubio.
– No se queden ahí parados. No escucharon que nos esperan. – Espeto con risa incomoda ante la mirada nada cordial de Iori y la desaprobación de Kyo. Kaoru siguió al rubio haciendo caso omiso de la tensión, para ella los miembros de KOF habían sonado en boca de Benimaru, como personas muy agradables.
Iori gruño sopesando la idea de irse, realmente considerando innecesario ese tipo de encuentros con otros miembros entrometidos de KOF, pero dudando ante la información prometida por la anfitriona del bar. Kyo le tiró con levedad de la gabardina y se adelantó con sonrisa conformista.
– Nadie va a morderte Yagami. Y me asegurare de que no muerdas tú a alguien. – Comento con cierta jocosidad. Iori bufó con dejo cínico y avanzó.
La voz de Benimaru aumento su volumen al saludar con animosidad al pequeño grupo reunido. En una de las mesas centrales yacía King rodeada por Goro y Mai, mientras Terry se levantaba del asiento y palmeaba el hombro del rubio con una ancha sonrisa que extendió hasta la joven bajita que le acompañaba.
En una presentación rápida y muy cortés, Benimaru dragó a la chica hasta los demás miembros del grupo, presentándola como una amiga, sin mencionar su relación con la familia Yagami. Aunque su mirada carmesí acentuara dudas en los presentes. Terry avanzó hasta el castaño y le saludo extendiéndole la mano.
– Tiempo sin verte Kyo. Siento mucho todo lo sucedido y es un gusto tenerte aquí amigo. Veo que la vida no te ha tratado muy bien. – Acotó Bogard deteniendo la atención en la cicatriz del ojo izquierdo de Kyo.
– Y desde cuando entramos en tantas formalidades. – Respondió Kyo evadiendo el pésame, ignorando el detalle de la herida y ambos rieron tras un apretón fuerte.
Iori apareció en escena con parsimoniosa calma. Hacía un par de meses, cuando cayó por primera vez ante la influencia del espectro, había destrozado parte de la propiedad de King e incluso había propiciado una herida grave sobre ella. Estaba considerando poder disculparse debidamente ante semejante falta de respeto en un espacio musical que siempre consideró sagrado y ajeno a la violencia. En esta ocasión haría aplomo de toda su etiqueta por la enorme falta cometida en su otro bar.
Al acercarse a la vista de todos, su presencia tuvo el efecto de las alas negras de una mala noticia. Desde la mesa cierto desdén se dibujó en el rostro del hombre mayor, Goro Daimon, mientras las dos mujeres, aunque afables, denotaban cierta desconfianza. Un silencio incomodo se plantó ante la hosca dominancia en el porte natural de Iori Yagami, pero el ambiente fue fácilmente suavizado cuando Terry Bogard, con una sonrisa amable, extendió su mano al pelirrojo al igual que con Kyo.
– Gracias por aceptar la invitación, Yagami. – Habló con tono fuerte y confiado. Iori lo miró de soslayo, suavizando su mirada en un saludo casi cordial ante la expresión de honesto agrado del hombre.
– Bogard. – Sus manos se estrecharon con fuerza.
Kyo sintió cierto alivio al ver como se normalizaba la atmósfera. En cualquiera de las posibilidades de que algo saliera mal, él estaría de parte de Iori, sabiendo que no sería una causa agradable de apoyar. Mai se acercó de manera casi atrevida a Kyo y depositó un beso en su mejilla a modo de saludo. Cada vez adaptaba más costumbres occidentales, pensó el castaño, desviando la mirada de manera inconsciente en dirección a Yagami. Este cruzaba un par de palabras con Terry, pero parecía clavar en Kyo cierta severidad recelosa, casi imperceptible. Sonrió divertido y permitió las libertades que quisiera tomarse Mai.
– Esa cicatriz ha aumentado un poco más tu belleza salvaje Kyo. – Agregó Mai con sonrisa encantadora. Kyo bufó divertido. Algo bueno debía sacarle a sus heridas.
Tomaron asiento, distribuidos en tres mesas contiguas. Entre saludos superficiales, amables y secos alrededor de la anfitriona, Kyo percibió el yeso extendido bajo la mesa, lo suficientemente amplia para evitar contacto accidental. Esta vez no había silla de ruedas, solo una muleta inclinada en el espaldar del sillón. Los asientos acolchados forrados en cuero negro rechinaron ante la compañía en la mesa de King. Toda la segunda planta, iluminada por lamparas de hierro forjado reposando decorativamente sobre los extensos muros que cortaban en el empedrado de una segunda barra de licores, estaba solo para ellos.
King hizo un gesto superfluo con la mano y un hombre joven se acercó a la mesa para después retirarse con una petición de alguna bebida de impronunciable nombre francés. Cruzaron comentarios casuales sobre el viaje repentino, algunas palabras de admiración ante la remodelación del bar, sumada a las acotaciones poco modestas de la participación de Benimaru en ello.
La segunda presentación de Kaoru fue corta y bien recibida por todos, aunque la chica hablaba poco, su tímida delicadeza se ganó el cariño de los miembros de KOF. Preguntó ocasionales cuestiones con los torneos que el rubio había pintado de manera magnifica para ella y todos respondieron de buen agrado entre anécdotas cortas.
El ambiente se vio sumergido en un estado muy ameno, aunque Iori no participara en lo absoluto, ofreciéndole más atención al licor intacto entre sus dedos y a la decoración del bar, que a la conversación. Se mantuvo en una de las mesas contiguas, lo suficientemente cerca para no parecer abandono, pero lo suficientemente lejos para que no lo incluyeran en el cotilleo. Aguardaba impaciente ante lo mucho que demoraban en tratar el tema en cuestión, sosteniendo solo ocasionales contactos visuales con King, que lo miraba reiteradamente con esa expresión de zorra astuta. Ella había percibido su intención de docilidad ante la reunión y parecía disfrutar con ello, alargando el momento y solicitando más bebidas a su camarero personal.
Iori se limitó a beber muy ocasionales sorbos, no pasando de una bebida, cuando ya todos habían tomado más de cuatro. Sabía que King buscaba una conversación más desinhibida y él no le daría el gusto de tenerlo a merced del licor. Observó a Kyo en varias ocasiones, apreciando una gradual energía jovial en el castaño, pasados unos tragos. Se denotaba tranquilo, incluso feliz, y aquello era lo único por lo que el pelirrojo se ahorraba comentarios que conllevaran a un abordaje rápido sobre la información pendiente. Evitó el contacto visual con Kyo a pesar de que podía sentir su atención cada vez más constante sobre si, especialmente después de unas cuantas rondas.
Lo que menos deseaba era ver esa expresión ebria, de inmanejable honestidad, que le recordaba aquella noche en el estudio de Alexander antes de que todo ardiera bajo las manos del Kusanagi.
Terry tomo asiento en la mesa del pelirrojo con su ancha sonrisa de porte paternal y ofreció una bebida a Iori. Este la recibió dejándola a un lado con desinterés.
– Es difícil abordar un tema serio cuando todos parecen disfrutar el momento. –bebió un sorbo de una gran jarra con cerveza. Bogard era una persona de gustos simples y prácticos–. En los medios informaron muchas cosas al respecto cuando iniciaron las desapariciones. Nos tomó mucho tiempo enterarnos y nos sorprendió ver el tema siendo comidilla de noticieros. Insinuando incluso algún tipo de nexos mafiosos en ambas familias. – rio por lo bajo el jovial rubio.
– Sé que no es por el simple hecho de apoyar una causa amiga que están acá. –habló Iori dando una fugaz mirada referencial a Kyo, apreciando por un corto instante como el castaño reía con absoluta sinceridad ante lo que estuviesen dialogando en la mesa contigua–. Espero que compartas en algún momento la verdadera razón. – Dio un sorbo a la bebida.
– Jejeje. Eres un hombre prevenido Yagami. Bueno, debo decir a favor de mi bella acompañante que ella solo vino hasta acá por el simple deseo de ayudar a un amigo. Pero por mi lado, tienes razón en parte, no es que no tenga la intención de colaborar, porque eso es justamente lo que hare de ser necesario. Pero ha habido ciertos movimientos extraños o eso me han contado. – Tomó un largo sorbo de cerveza hasta acabarla y levantó la mano pidiendo otra.
Kyo apreció durante un instante, que pudo haber sido más largo de lo que pensó, como Iori y Terry dialogaban fluidamente sobre algo que no alcanzaba a escuchar, pero que estaba cargado de seria complicidad.
– De que crees que estén hablando. – Comento Mai con voz juguetona, de repente, muy cerca de Kyo. Un brillo intrigante bordeaba sus ojos y Kyo se sintió incomodo sin saber por qué.
– No tengo idea. ¿Acaso tú sí? – Pregunto despreocupado, indagando en la sonrisa rojiza y brillante de la mujer.
– No, pero tal vez pueda averiguarlo. – Guiño un ojo a Kyo levantándose en dirección a la mesa.
Terry dio otro sorbo generoso a su nueva cerveza y continuo.
– Los viejos maestros parecen preocupados por ello. No trae ninguna buena impresión que haya movimientos de adoradores de aquel gusano de ocho cabezas. También tuve la oportunidad de hablar con Ralf. No dijo mucho, pero al parecer están en investigaciones de ciertas sectas en Europa oriental. –
– En resumen, estás diciendo que Orochi ha aumentado las manifestaciones entre sus esbirros. – Confirmó Iori pensativo.
– Algo así, no lo sé con seguridad, pero justo poco después de enterarme de aquello por Mary, que parece estar ayudando en las investigaciones de los Ikari, salen las terribles noticias de lo sucedido entre sus familias y luego, bueno…la muerte de Chizuru. –hizo una pausa amarga donde bebió otro sorbo pequeño–. No lo sé Yagami, nadie lo sabe al parecer. Y no tenemos idea de si todo esto puede tener una relación. Es posible que sean solo sucesos aislados, ya que los sectarios de Orochi nunca desaparecen, pero…aquí estoy buscando congruencias en este caos y me vendría muy bien algo de lo que ustedes sepan. – Miró directamente al pelirrojo con afabilidad y buena expectativa. Iori entrecerró los ojos.
– Esto no es un juego de detectives Bogard. Ustedes no saben lo peligroso que puede ser poner el cuello en estos asuntos. – Acotó Iori cansino.
– Puedo hacerme una idea Yagami. Déjanos tomar los riesgos por voluntad propia. – Sonrió Terry con una seguridad que Iori considero ignorante.
– Oh vamos, de que riesgos están hablando. Se les olvida que estamos juntos en esto. ¿De qué cosas serias están hablando sin mí? – Interrumpió Mai con las manos en las caderas simulando indignación. Terry termino de beber la cerveza.
– Ahh, nada que no sepas. – Mintió con irreverencia Terry. La mujer le dedico una sincera mirada de enojo.
– Eso lo veremos – Susurro molesta y se inclinó sobre la mesa posando los codos. Dedicando una simpática mirada sagaz a Iori. Terry abandono la mesa en busca del camarero. Llevando consigo la jarra de cristal vacía.
– No te había saludado propiamente Yagami. Tiempo sin saber de ti. –Iori la miro con cierto desdén, nunca le habían agradado mucho las mujeres de personalidad opulenta, le recordaba a las enviadas de Orochi y le molestaba pensar que en algún momento de quiebre debió haberlas asesinado. Dentro de él, algo en su sangre palpito repentino ante el recuerdo y eso le irritó.
– Ya no es necesario. – Agregó calmo pero cortante sin razón. Mai sonrió molesta.
– Te veo muy guapo hoy Yagami. ¿Te vestiste para la ocasión? – Pregunto la mujer, afilando sus palabras con cierta dulzura. No entendía por qué Iori Yagami siempre tenía que manejar respuestas irritantes, pero sentía la infantil necesidad de pagarle con el mismo gesto.
El pelirrojo tensó la mandíbula, estaba seguro de que la mujer sabía lo poco enterados que ellos estaban de los nuevos voluntarios en la reunión y solo deseaba provocarlo.
– Tenía la expectativa de otro tipo de compañía. – Respondió con cierto aire indulgente. Mai sintió repentinas ganas de golpear al pelirrojo, pero la voz de King los interrumpió.
– Creo que va siendo hora de tratar ciertos temas. –habló en voz alta–. Nuestro querido amigo y actual líder Kusanagi no parece muy cómodo aplazando la cuestión. –
– Es bastante agradable dialogar como en los viejos tiempos. Pero vinimos aquí por una razón en específico. – Respondió Kyo con tono altanero. Disfrutaba de la compañía, llevaba tiempo sin sentir un día tan casual como aquel; un día de pasatiempos tranquilos, sin situaciones tensas o dolorosas. Pero el deseo de conocer más sobre los movimientos enemigos y estar preparado mucho antes de que le golpeara en la cara cada suceso inesperado, era superior. King suspiró irritada ante la impaciencia de sus dos invitados centrales
– Un gusto hablar contigo. Sigues siendo un encanto como siempre. – Espetó Mai con resentimiento.
– Es bueno que lo reconozcas. – Puntualizó Iori acercándose a la mesa anfitriona.
Todos tomaron asiento alrededor del punto de interés, King. Esta solicitó otra botella de Krug Clos d'Ambonnay, palabra aún impronunciable para los presentes, pero bien disfrutada por todos. La mayoría ignoraba la buena reserva que King estaba usando para esa ocasión.
El mesero lleno una a una las copas con aquel liquido ambarino, fluido impecable de aroma sutil. King levantó la copa en agradecimiento por los visitantes y su buena intención de apoyar la delicada situación de Kyo. El castaño se mostró tenso. Pasar de la jovialidad de un reencuentro, para aterrizar las razones detrás del mismo, lo regresaba a la sensación de inconformidad ante la ayuda ofrecida.
– Haciendo un acote intermedio a nuestra reunión, que no solo está pensada para tratar temas de carácter preocupante. Debo decir que he conseguido más de lo que esperaba. Mi amiga, Amelie. No solo es la acompañante actual de un alto funcionario del gobierno, sino que es la mujer que este hombre lleva a cada eventualidad importante o no. Ya todos sabemos que al parecer los Yagami están más involucrados que cualquier otro grupo en los terribles acontecimientos de los últimos meses. –Iori se impaciento ante la corta pausa intencional que hizo la anfitriona. Que todos supieran parte de lo sucedido y especularan libremente sobre su familia le enojaba, aunque tuviesen palabras de peso sobre su cabeza–. Amelie asegura que la "tal familia Yagami", la cual ella desconoce casi por completo, es la comidilla de las altas clases políticas del país. Al parecer han tenido un repentino ascenso en las esferas de influencia del gobierno. Por ende, su apellido parece ser muy mencionado entre las personas que frecuentan estas reuniones. –
– No sabía que los Yagami tenían poder político. – Acoto Terry intrigado.
– No lo tienen. O no lo tenían hasta hace poco. Somos una familia de alta descendencia y tradición al igual que la Kusanagi y la Kagura. Estamos ligados a la historia tradicional de nuestro país y por ende hay un gran respeto hacia nuestros legados de parte del gobierno y otras familias descendientes de los shogunatos. No sabemos cómo paso, pero la escalada en la posición de los Yagami hacia las cuestiones burocráticas relacionadas al gobierno fue exactamente eso, repentina. Yo…dudo mucho que haya sido así. Es posible que solo ahora se esté manifestando su influencia y estoy segura que no fue algo consensuado por todas las cabezas del clan. – Agregó Kaoru con toda la casta de su posición frente a la familia. Había aprendido mucho de lo necesario para entender el desarrollo de su estructura y la participación de sus miembros.
Todos observaron a la chica son gran sorpresa, salvo Iori que había endurecido su semblante y Kyo que sonreía comprensivo. Aquella joven tímida, delicada, de rostro infante, había hecho una acertada apreciación, casi defendiendo la posición del clan Yagami. King sonrió complacida, aquella niña le gustaba.
– Son solo especulaciones hasta el momento, no tenemos completa certeza de nada linda. Amelie me comentó que, dentro de las exclusivas fiestas, hay reuniones incluso más privadas a las que nadie aparte de los funcionarios, pueden entrar. Ella se ha enterado de algunas cosas solo por los rumores entre los acompañantes y asistentes que disfrutan de la velada, mientras los importantes hablan a puerta cerrada. Dice que las mujeres desconfían de ella por sus sospechas bien infundadas en la naturaleza de su profesión, pero que los hombres parecen más amables e informativos. –sonrió King–. No estamos poniendo a tela de juicio a todos los Yagami, queremos solo ayudarles a ustedes a descubrir la verdad. – La última frase estaba intencionada para la joven Yagami que defendía las posibilidades de inocencia del clan, esta observaba Iori esperando algún apoyo a su posición, pero solo recibió de este un simple y tosco silencio.
– Si consideras que esa información es haber conseguido más de lo esperado, creo que teníamos expectativas mayores al resultado. – Acotó Iori, el enojo parecía creciente. Goro apretó los puños molesto, las únicas palabras que habían salido del Yagami para todos, eran nada más y nada menos que una irrespetuosa irreverencia. King posó una mano sobre la de Daimon, calmándolo con una sonrisa afable. Kyo sintió la necesidad de evitar que aquello detonase una mala reacción.
– No quiero sonar desagradecido King, pero hay algo cierto en las palabras de Yagami, esta no es información nueva y realmente esperaba algo, más revelador. – Acoto Kyo ansioso. Estaba agradecido con la mujer, pero seguía en desacuerdo con aquella reunión. No quería involucrar a más personas en una situación tan peligrosa y toda esa situación parecía ser solo una excusa para agregarlos forzadamente al problema. King rió irritada.
– En serio que odio sus conclusiones precipitadas y tu impaciencia Kyo Kusanagi. Si dije que tenía algo mejor, es porqué lo tengo. Amelie no comprende mucho de la situación, pero está completamente decidida a colaborar en todo lo que pueda, en nombre de nuestra gran amistad. –recalco la última palabra–. Ella está dispuesta a encontrarse con ustedes y explicarles bien los rumores, incluso parece tener una idea de cómo pueden conseguir más información, ustedes en persona. Pero eso ya lo trataran con ella. Claro está, si les parece suficiente. – Puntualizo King con aire indignado. Kyo guardó silencio apenado, pero mantuvo la compostura.
– Gracias King, realmente me parece más que suficiente. – Expreso con sincera gratitud.
– ¿Y a ti Yagami? – Preguntó casi con prepotencia. Iori inclino la cabeza en un gesto mudo de condescendencia. Tenía muchas palabras poco convenientes que compartir, pero las guardó. No se dejaría llevar por la irritación creciente. Debía aceptar que Kyo no estaba solo en esto como habían designado desde un principio y posiblemente era lo mejor para él. Aunque no pudiese ahogar aquella sensación egoísta de no ser el único en quien el Kusanagi pudiese refugiarse.
– Los medios hicieron un seguimiento y han tergiversado toda clase de información. Nosotros no somos los únicos interesados en ayudar. – Apunto Mai.
– No quiero más personas involucradas y eso los incluye a ustedes. – Espeto Kyo cortante.
– No seas tonto chico. –espeto Goro con voz grave–. No puedes impedir que te ayudemos. Mucho menos después de la muerte de tu padre y de tantas otras personas. – Habló enojado, reprendiendo a Kyo.
– Lo que Daimon quiere decir Kyo, es que deseamos ayudarte, pero también estamos preocupados por cómo están sucediendo las cosas. Orochi fue sellado por ustedes tres, los poseedores de esas reliquias mágicas. Pero en este momento Chizuru está muerta y ustedes dos que son los que quedan, han estado en peligro de muerte varias veces. Kyo…puede que esto de alguna manera esté muy ligado a ese gusano de Orochi. Y si es así entonces todos nos veremos afectados tarde o temprano. – Puntualizo Terry, calmando el arrebato de Daimon y el enojo de Kyo.
– Por favor Kyo, déjanos ayudarles. – Agregó Benimaru, mientras a su lado la joven Yagami miraba expectante al castaño, compartiendo las palabras del rubio en su expresión. Kyo bajo la mirada sopesando los riesgos al aceptar colaborar con todos.
Se vio una vez entre la espada y la pared, decidiendo cosas que nunca hubiese querido, con ganas de evadir todo y no cuestionarse más al respecto. Miro directamente a Iori esperando su opinión. Pero el pelirrojo, al igual que con la chica, solo mantenía un silencio inaportante, de inmutabilidad que Kyo había aprendido a leer.
Su espalda erguida, el cuello tenso, la mirada fija. Iori estaba molesto, posiblemente en contra de todo aquello. Kyo apretó los puños ante las miradas expectantes. No podía depender otra vez de de Yagami para proceder.
Iori conservaba una rigidez muda, estaba lleno de palabras que solo sembrarían discordia y era lo que menos necesitaban en esos momentos. Si llegaba a abrir la boca para decirles que podían irse al infierno y que no eran necesarios para ellos, pondría a Kyo en una posición crítica con las personas que se preocupaban por él y era algo en lo que no deseaba sumergirlo.
– Solo si no involucran a más. Si una sola persona aparte se entera de esto, no sabrán más de nosotros hasta que hayamos resuelto todo por nuestra cuenta. – Puntualizó Kyo. Todos sonrieron con la paciencia al límite ante tanta testarudez.
– Bueno no siendo más por el momento, creo que todos deberíamos relajarnos y disfrutar un poco más la velada. – Anuncio King con renovada animosidad.
Todos se dispersaron a lo largo de la zona VIP retomando la jovialidad inicial. King se acercó a la barra haciendo uso de su bien recibida muleta, acompañada por Goro, estableciendo una charla amena con su barman. Terry salió en busca del tocador de varones, sintiendo el efecto retardado de la cerveza en su vejiga. Mientras tanto Mai y Benimaru instaban a Kaoru a terminar su d'Ambonnay, única palabra que lograban pronunciar de aquel licor. La chica intentaba negarse, pero entre negativa y negativa, bebía un poco más. Kyo y Iori por su parte, continuaban en la mesa bajo un silencio tenso.
Kyo sabía que Yagami estaba en desacuerdo con su decisión de anexar más personas al problema, pero tampoco refutaba nada en absoluto. Mantenía una mudez exasperante para el castaño, que con ya varias copas encima, quería expresarle muchos de sus pensamientos. Aún así se resistía al impulso de hablarle, ya que todas sus palabras estaban enredadas en una amalgama indiferenciable de cuestiones personales y generales. No quería correr el riesgo de ser escuchado por otra persona aparte de Iori.
El mozo personal de King distribuyó algunas delicadas copas que contenían cócteles de colores fríos y visos escarchados. Kyo tomó una copa de mala gana, la cual vació de un trago, resintiendo luego el dolor congelante de la escarcha en el cerebro.
– Eres estúpido Kusanagi. – Espetó Iori airado sin soportar la mudez. Kyo lo miró resentido mientras pasaba el dolor. Iori sonrió con amargura y extendió una mano de manera inconsciente, discurriendo un par de mechones del rostro del castaño. La mirada de Kyo adopto un dejo de docilidad ante el gesto, pero un instante después, dio un respingo con brusquedad alejando la cabeza y miró a su alrededor. Nadie parecía haberse percatado de la caricia repentina de Yagami, hasta que observó en dirección a la mesa donde Benimaru y Mai estaban seleccionando un cóctel de bajos grados de alcohol para Kaoru. La chica giró el rostro sonrojada al cruzar la mirada del Kusanagi. Iori esbozó una sonrisa divertida ante la reacción del castaño y se levantó de la mesa central apreciando el color enrojecido que estaban tomando las orejas de Kyo.
– Tonto Kusanagi. No deberías beber más. – Reiteró antes de alejarse. El castaño evitó su mirada carmesí intentando poner a raya el creciente calor en su rostro. Le irritaba sentirse inseguro, deseaba tocar a Iori, así fuese de alguna sutil manera, pero estaban ahí en frente de todos. Eso había sido arriesgado, se cuestionó en que había pensado Iori para tal gesto inoportuno.
Cuando tuvo la vergüenza bajo control, apreció como Iori había retomado su dialogo con Terry, recostados en la barda del balcón interno, bajos los tonos cobrizos de la lampara central. Sus voces se perdían bajo la música de fondo, manteniendo entre ellos aquella misma complicidad concretada. Sintió una punzada de fastidio. ¿Por qué puede hablar tan fácilmente con Terry y no conmigo? Pensó, terminándose otro cóctel dulzón de colores fríos.
– ¿Porque tan solo Kyo? – Preguntó Mai con su característica sensualidad, al moverse, al hablar, al mirar. Kyo apreció como Benimaru se asomaba peligrosamente por la barda, preguntando entre gritos a los encargados de la planta baja si había posibilidad de montar un Karaoke.
– Nikaido siempre siendo el alma de la fiesta. – rio Mai sentándose al lado de Kyo.
Kyo la miro un instante. Su pronunciado escote, su mirada vivaz, sus labios de brillo rojizo, Mai le atraía, como cualquier mujer hermosa. En medio de un silencio meditabundo observó a Iori sin dar respuesta a la mujer. ¿Por qué? Pensó.
– Que pasa Kyo, por qué de repente pones esa expresión afligida. – Habló con dulzura Mai–. Creo que deberías dejar de beber cariño. – Agregó separando la copa de la mano de Kyo. El castaño rió por lo bajo.
– No estoy ebrio…solo tengo mucho en que pensar. – Respondió algo ausente. Si estaba ebrio, nunca había sido bueno con las bebidas alcohólicas, pero aún razonaba perfectamente o eso creía, entonces no tenía problema con ello.
– Y dime querido Kyo, vas a explicarme finalmente como uno de los más cotizados luchadores de KOF, con una linda prometida como Yuki, acaba enredado en toda esta locura con Iori Yagami. Su jurado archienemigo. – Indago Mai con gran curiosidad. Desde entrada la noche había notado ciertas particularidades en Kyo hacia Iori y aquello la intrigaba demasiado. Quería provocar un poco al castaño, aprovechando su evidente ebriedad, de pronto así podría ser un poco más sincero y decirle como es que habían terminado aliados de esa manera.
Kyo se puso rígido, como si le hubiese preguntado algo completamente indebido. Miró a Mai sin lograr formular una respuesta, confuso ante las palabras de la mujer. Su rostro comenzó a tornarse de un rosa claro, hasta enrojecer de repente.
No lograba controlarlo. Sintió un calor intenso subir por su cuello hasta las orejas. Las palabras de Mai le habían impactado, como agua helada y no sabía por qué. No estaba preparado para decir o asumir una acusación directa. ¿Era una acusación realmente? Ya no estaba seguro de las palabras textuales y escucharla mencionar abiertamente a Yuki en el mismo contexto, le afectó.
– No entiendo de que hablas. Nuestras familias están en medio de todo el problema. Que más podría ser. – Puntualizo con gran hosquedad evadiendo la mirada de Mai, sentía que la cabeza le daba vueltas y se maldijo por beber más de la cuenta. Hizo un gesto de forzada simpatía que Mai pudo a haber considerado grosero de no haber sido por el intenso sonrojo. Se levantó de la mesa y abandono la zona VIP.
Mai Shiranui se mantuvo un minuto entero mirando el puesto vacío que había dejado el castaño. Su pregunta, enfocada a una insinuación indecente, no era más que una broma provocadora. Tal vez se había pasado al mencionar a Yuki, dado su estado actual. Suspiro arrepentida, solía ser indiscreta luego de un par de copas, pero…Kyo Kusanagi se había sonrojado como un chiquillo al insinuar su alianza con Iori Yagami. No no no, se repitió a sí misma. Era imposible, algo debía estar mal interpretando, y aunque se repetía aquello, era la primera vez desde que había conocido a Kyo, hace más de una década, que le veía avergonzarse de esa manera. Tan diciente y emocional. Respiró profundo sin creerlo, bebió otro cóctel y observó durante un rato al pelirrojo en su conversación con Terry. Enfrascado en la seriedad de las palabras, inmutable, pero buscando al castaño con la mirada de cuando en cuando al no localizarlo en la mesa. Kyo Kusanagi y Iori Yagami…imposible. Negó con un gesto quedo, mientras la negación cedía a las dudas.
Kyo golpeó la copa reiteradamente con los dedos, se sentía incapaz de regresar a la parte superior del bar en ese estado, si volvía a sonrojarse de esa manera desvergonzada y evidente no se lo perdonaría. Abajo en la zona general quedaban pocos clientes ya entrados en tragos, algunos solicitaban al barman, alentando la petición del hombre del balcón, de abrir un Karaoke improvisado entre risas generales.
Suspiró mirando el vaso de licor con fastidio. Tenía la cabeza hecha un caos. ¿Acaso Mai estaba insinuado que él había abandono a Yuki…por Yagami? Eso no era cierto, no era como si hubiesen acordado algo así deliberadamente a espaldas de la chica en coma. No era como si existiera algún compromiso con Yuki a esas alturas, pero tampoco era como si lo tuviese con Iori...todo había sencillamente sucedido y no encontraba la mejor manera de pensar en ello. Él aún sentía una fuerte atracción por las mujeres, Mai personalmente había corroborado eso para él, pero entonces estaba Iori, siendo completamente ajeno a la feminidad y totalmente contrario al deseo natural de Kyo. Se preguntó si Iori también sentía atracción por ellas y un particular enojo le embargó al imaginarlo con otras mujeres. Con Kaoru.
Chocó la cabeza contra la mesa con levedad, viendo como su aliento empañaba el mesón. Iori había cambiado algo en él y no sabía desde cuándo. Una imagen fugaz de agitación y deseo cruzó por su cabeza, rememorando la unión sexual que habían tenido la noche anterior; Su cuerpo se estremeció entre el placer y la vergüenza. ¿Cómo había podido hacer algo así? Aberrante, era la palabra que había usado su madre cuando se refirió a ellos dos. ¿Por qué demonios estaba pensando en todas esas estupideces? Se suponía que nada importaba, se irguió cubriéndose el rostro con ambas manos, apoyando los codos en la mesa. Por su cabeza cruzaban un sinfín de pensamientos sin sentido, se sentía mareado.
– Si piensas quedarte aparte, es mejor que nos larguemos. – Habló Iori autoritario. Molesto por alguna razón que aun desconocía, pero seguro de que Kyo era el detonante. El castaño dio un respingo y lo miró como si no hubiese entendido sus palabras, guardó silencio hosco y el tinte rojizo de sus orejas se intensificó.
– Que demonios pasa contigo. – Preguntó Iori cortante en medio del bullicio de un victorioso karaoke improvisado en la planta baja. Kyo apretó los puños irritado.
– No pasa nada. – Respondió de mala gana sin aminorar el tinte de vergüenza.
Lo rodeaba un silencio extraño, cohibido. Parecía ansioso ante las posibles miradas que les dirigieran de la zona VIP. Las mismas que Iori había percibido sobre su espalda cuando decidieron sin preguntar, disfrutar la velada. Apreciaciones respetuosas en un principio, especulativas luego de muchos tragos.
Le escocía sentir a Kyo rígido, parcialmente azorado y confuso. Tan diferente de lo que expresaba con fluidez cuando estaban solos. No esperaba nada de él, ni deseaba ningún tipo de demostración que concluyera las sospechas de algunos, pero tampoco le importaba en lo más mínimo que mierda pensaran de ellos. Ver que a Kyo si le afectaba la opinión de sus amigos no lo consideraba extraño, pensaba que era normal y encajaba justamente en sus expectativas. Pero aun así no lograba evitar el creciente enojo que contradecía todo.
Se levantó de la mesa ignorando el descabellado impulso de golpear, someter y hacer suyo a Kyo en ese instante, en ese lugar. Su mano fue apresada por la el Kusanagi en un movimiento brusco, impidiéndole levantarla del mesón. Su fuerza era hiriente y aquello incito en Iori oscuros deseos, que se aplacaron ante la mirada vidriosa y resuelta de Kyo, alimentada por la ebriedad. Se debatía internamente entre actuar con libertad y destrozar la importancia a todo lo que significaba su posición actual y su amistad con las personas que le seguían, ante la limitada sobriedad que cuestionaba las consecuencias. Como si aquello fuese algo de extrema importancia.
– Estúpido Kusanagi. No debiste haber bebido de esa forma. –espeto Iori enervado–. Te ahorrare el dilema. – Agrego con calma, zafando de un tirón la mano apresada. No sonó enojado, pero lo estaba y le enfurecía más que fuese por semejante nimiedad.
No le importaba que Kyo se sintiera incomodo frente a las miradas inquisitivas camufladas en carismática decencia. Que se avergonzara e incluso que evadiera su cercanía frente a ellos, era mucho más fácil y manejable que aquella confusión creciente inducida por el licor.
El castaño vio alejarse a Iori sin atreverse a seguirlo, se levantó tambaleante de la mesa, sentía náuseas y no solo por la bebida. Maldijo por lo bajo y buscó el baño de hombres en la planta baja. Las voces estridentes del centro del bar, resonaron risueñas ante el primer artista improvisado que desafinaba en el escenario.
Iori salió al balcón empujando la puerta con un movimiento brusco. Fue recibido por una ráfaga álgida, la temperatura en el exterior estaba muy por debajo de la del bar y le agrado sentir aquel frío casi doloroso. Sacó un cigarrillo encendiéndolo con una chispa violeta. No le interesaban las charlas amistosas como tampoco deseaba en absoluto la ayuda de ninguno de ellos, pero debía aceptar que King tenía información realmente valiosa y reunirse con aquella prostituta de cuello blanco era una prioridad ahora.
Dio una bocanada profunda sintiendo el humo revolotear cálido y relajante dentro de sí. Nunca pretendió simpatía alguna, aunque varios de los presentes intentaran mostrársela, pero sopeso que a pesar de que ni Kyo ni él habían esperado más miembros de KOF en aquella reunión, el castaño se denotaba más cómodo con ellos cerca. Le brindaban cierta seguridad inconsciente y tras la pérdida que había sufrido, merecía sentirse seguro.
Exhaló humo que revoloteo con violencia entre los torrentes de viento que golpeaba con furia, silbando contra los ventanales. El bar reposaba en la parte más alta de un edificio de veinte pisos, y extendía una azotea a modo de balcón al costado oeste. El espacio de la plataforma contaba con casi un cuarto del área del bar. Una amplia platea de concreto segmentado con gárgolas talladas en piedra pulida, empotradas en los filos laterales como guardianes presa de un sueño eterno.
Una vez más el pelirrojo admiró el acertado estilo que manejaba King en sus bares. Las criaturas de piedra, con el rostro oscurecido por la penumbra, eran iluminadas por ligeros destellos de tormenta que aún se mantenían en la lejanía, cerca de la bahía. Iori endureció la expresión al recordar aquella visión incorpórea acompañada por las palabras que pedían auxilio. Había logrado eludir el cuestionamiento de Kyo, pero él mismo no concebía el significado de aquella manifestación. En otras épocas habría adjudicado todo a la locura bajo el acompañamiento de Orochi, pero a esas alturas, sabía que cada mínima muestra sobrenatural que acaecía sobre sí, siempre traía significados ocultos.
Pensó en Kyo y en su testaruda determinación de no compartirle sus propios problemas, y aunque la duda sembró en Iori un punzante temor, respetaría aquella decisión del Kusanagi.
La mano que sostenía el cigarrillo, reposaba sobre el borde de piedra que limitaba la caída, cerca de una de las criaturas de aspecto inquietante. Sintió que era rodeada por otras tibias, pequeñas y muy suaves. Iori miró con cierto recelo como su mano era levantada con delicadeza hasta posarse cerca del rostro de Mai Shiranui, quien lo miraba con ojos castaños y juguetones. Poso el filtro del tabaco en su boca e inhalo con suavidad. Iori sintió el tacto húmedo de sus labios en los dedos.
La mujer soltó la mano del pelirrojo con la misma naturalidad con que la había tomado y se recostó con grácil delicadeza en la gárgola. Iori dio otra calada al cigarrillo con aire despreocupado, sintiendo el dulzón sabor del labial en el reverso, tras lo cual hizo arder el cilindro restante con disgusto. Mai sonrió divertida ante el desagrado del pelirrojo.
–Perdón. – Dijo de repente con entonación lenta, arrastrando la palabra. Iori la miró con desdén.
– Fue mi culpa que Kyo se inquietara de esa manera. –acotó Mai con una sonrisa triste, pero sensual–. Dije algunas palabras indiscretas y creo que lo puse nervioso. Lo siento por eso. – Guiñó un ojo a modo de disculpa infantil.
– Porque te disculpas conmigo entonces. – Respondió Iori con desinterés, encendiendo otro cigarrillo.
– Bueno, supongo que te molesta verlo así. – Dijo la mujer recostando los codos en el borde del balcón, apreciando la tormenta en la profundidad de la ciudad.
Malditas mujeres agudas y pretenciosas, pensó Iori. Tenían un maldito sexto sentido para muchas cosas. Guardó silencio con hosquedad ante la compañía indeseada.
– Sabes. Nunca había visto a Kyo comportarse así frente a una persona en especial. Interesado por como reaccionaríamos contigo, casi feliz por ver que no había una incuestionable tensión en el ambiente. Ni cuando la pequeña Yuki estaba a su lado, Kyo llego a ofrecer un gesto tan dulce frente a nosotros. Supongo que es un hombre que le gusta expresarse en la privacidad. –habló Mai sin quitar su atención de los ígneos destellos de la tormenta–. Verlo tener ese tipo de detalles indulgentes contigo es bastante curioso. Si no fuese porque son ustedes dos, casi podría decir que es un hombre enamorado. – Puntualizó Mai apreciando de soslayo al pelirrojo, su mirada rígida y acusadora contrastaba con la sonrisa dulce. El rostro de Yagami acentuó la expresión hosca.
– Que demonios quieres. No me interesa escuchar toda esta mierda. – Habló a la defensiva. Le molestaba de sobremanera escuchar como analizaban descaradamente a Kyo. Mai giró el rostro con severidad.
– Es la primera vez que veo a Kyo Kusanagi alterado por una cuestión sentimental. Y eso que hemos compartido espacios más desinhibidos en múltiples ocasiones…–hizo una pausa recostando la espalda contra el respaldo del balcón mientras Iori miraba con una calma glacial el horizonte oscuro–. Sabes Yagami, lo que más me inquieta es que tú lo miras de la misma manera. Exactamente igual que antes, igual que siempre lo has hecho al retarlo, al agredirlo, al perseguirlo…En realidad no sé si lo odias demasiado o tal vez sea todo lo contrario. Y si ese fuera el caso Yagami. ¿Desde hace cuánto tiempo? – Preguntó ella con voz suave, escogiendo las palabras con mucho cuidado.
Iori esbozó una leve sonrisa cargada de amargura. A Mai Shiranui le preocupaba tener razón y que él estuviese manipulando a Kyo. Llevándolo a un sufrimiento superior a la derrota. Aquella pregunta había sido concreta, calculada. Se preocupaba por el imbécil Kusanagi y eso era todo. A ella le era imposible considerar que Iori fuese capaz de sentir algo que no fuese destructivo y obsesivo por el castaño. Y tal vez tenía razón.
– Soy consciente de que es algo completamente diferente. – Respondió, cansado de ocultarse entre palabras astutas, mientras el cigarrillo a medio fumar giraba en el aire, combustionando en un destello violeta segundos después. Sentía una profunda desazón ante las palabras de aquella mujer y le enervaba que todo lo relacionado a Kyo le afectara con tanta sencillez.
Salió del balcón sin mediar gesto o palabra alguna. Luego comunicaría debidamente su intención de disculpa a la dueña del bar, por lo pronto no soportaba más aquella velada y compañía. Prefería abandonar antes de que su ascendente molestia dañara todo.
Una vez más Mai Shiranui había quedado estupefacta y en silencio. La inmutabilidad de Iori Yagami se había quebrado por un fugaz instante ante sus palabras. Pero no era odio o malicia lo que vio en él. Había sido un abnegado desaire, casi triste, ínfimo en su duración.
Dudo contrariada, ya que había estado segura de que el pelirrojo tenía intenciones ulteriores en su alianza con Kyo. Ahora solo le quedaba la pesada impresión de que Iori compartía con ella algo no correspondido... ¿Se había llevado una impresión errada acaso?
Suspiro presionándose el pecho con una mano. No entendía por qué había pasado de sentir completa desconfianza hacia ese hombre, para ser reemplazada por una frustración sosegada, triste. Un sentimiento que parecía conocer bien frente a Andy.
Miró el cielo oscuro y entre ráfagas cruzadas, heladas, se sintió solitaria. Nunca pensó que en toda su vida, llegaría a empatizar algo con Iori Yagami.
Iori abandono el bar sin previo aviso. Si le molestaban los saludos forzados, le desangraban con creces las despedidas; acto que consideraba impuesto, obligándose a informar cuando decidía abandonaban un lugar. Había soportado lo suficiente de toda esa mierda para obtener la información de King, y ya que la conocía, no tenía la necesidad de continuar allí.
Lo había intentado. Por Kyo. Gruñó molesto ante semejante tontería de su parte.
Al salir del edificio, frente al callejón solitario que daba a la calle principal, reparo lo avanzada que estaba la noche. Reflexiono un momento largo, había dudado durante varios días acceder al lugar, pero en ese instante lo necesitaba. Camino resuelto, iría a su departamento y esperaba toparse, efectivamente, con enemigos. Oprimió un atisbo de auto desprecio al desear la violencia. Era algo intrínseco en sí y había aprendido a transigir a ella.
Kyo salió de cuarto de caballeros entre la fugacidad alargada de las luces. Se había tomado un largo rato en el que humedeció su rostro con agua, esperando a que cediera la ebriedad. El efecto había sido mínimo, pero refrescante. Miro su reflejo en los espejos largos del corredor que conectaba los lavados. Sus ojos levemente inyectados en sangre, su postura irregular y la sensación de que el piso se movía. Pensó en el pelirrojo y su rígida quietud, estaba enojado. Había sido una estupidez beber tanto. Todo estuvo tranquilo, jovial e incluso Yagami había actuado de manera despreocupada cruzando algunas palabras con Terry, Kaoru y Benimaru. Pero las palabras de Mai habían tenido un impacto demasiado dramático en él.
– Maldición. – Gruñó molesto rozando con delicadeza la chaqueta de cuero, el regalo de Yagami. Secó unas cuantas gotas que caían de su cabello y la abrochó. Necesitaba hablar con Iori.
Salió al hall principal sin reparar en la barra, analizó la zona central desde donde se apreciaba perfectamente el desastroso Karaoke entre risas ebrias, no vio a Yagami allí. Se acercó a los amplios vitrales divisando a través de su translucidez en dirección al balcón, pero no vio figura alguna afuera. Subió a la segunda planta y vio a Benimaru haciendo una exitosa representación de Chin mientras todos reían desaforados. Incluso la joven Yagami que solía tener un perfil bastante depresivo se denotaba ebria y risueña. Paso la mirada por toda la extensión, pero el pelirrojo tampoco se encontraba arriba. Sentía como el enojo crecía dentro de sí mientras se preguntaba donde demonios estaba metido.
Retornó a la barra como última instancia, para preguntar si le habían visto, pero aminoró el paso al ver a Mai sentada recibiendo una bebida de tintes magenta. Esta le hizo un gesto con la mano, pidiéndole que se acercara. Le expresaba una dulzura extraña, carente de atrevimiento.
– Si estás buscando a Yagami. Se fue. –habló con suavidad casi culposa–. Siento mucho haber dicho aquello Kyo. No soy nadie para indagar en tu vida privada. – Agregó encogiéndose de hombros, dando un sorbo a la bebida. Sus mejillas estaban enrojecidas y su postura descuidada.
Kyo apretó los dientes sintiéndose estúpido. Reaccionar de esa manera ante palabras tan simples. Poniendo en evidencia meras sospechas infundadas. Agradeció que la única en percibirlo hubiese sido ella, aunque estaba seguro de que todos especulaban con extrañeza sobre la repentina amistad que había entre ellos dos. Recordó las palabras de la mujer con frustración. Una sencilla respuesta despreocupada y casual hubiese zanjado el asunto con facilidad. Suspiro irritado.
– Despídeme de todos. Me iré primero. – Puntualizó con una sonrisa mal lograda. El alcohol en sus venas enardecía su ánimo ante cualquier provocación y en ese momento su enojo resonaba con ella. La intensa dulzura indulgente en Mai le hizo sentir incómodo. Parecía alegrarle que él anunciara su partida, como si estuviese esperando a que lo dijera.
– Sabes que cuentan conmigo para lo que necesiten Kyo. Les ayudare en todo lo que este a mi alcance. – Sonrió recobrando su coquetería. Kyo notó que lo había dicho en plural esta vez. El castaño asintió con un sonido monosílabo mostrándose desinteresado y abandono el bar. La necesidad de encontrar a Iori le apremiaba.
Condujo de forma peligrosa a través de las calles de una ciudad que no duerme, el asfalto parecía ondear como un oleaje suave, pero no encontró mayor inconveniente al cruzar por las zonas menos concurridas. Aceleró rumbó a la actual residencia de Iori, bajo potestad de King. No se le ocurrió a que otro lugar podría haber ido el pelirrojo.
