Capítulo 29: La otra cara de la luna
Para cuando la oscuridad de la noche se adueñó del lindero del bosque y sus alrededores, Tonks seguía sin haber podido encontrar prueba alguna acerca del paradero del hombre, mujer o niño que Remus había atacado recientemente.
Kingsley, quien fue el primero en llegar al lugar, consiguió averiguar sin levantar sospechas que nadie conocido en el pueblo había desaparecido aquella funesta noche de luna llena. Tampoco el cuerpo o la ropa de la victima fueron hallados, pero la joven no se dio entonces por vencida y decidió continuar por sí sola la búsqueda ya que Kingsley era uno de los aurores de mayor rango y se veía requerido por el departamento en relación a la fuga masiva de Azkaban.
La joven llevaba todo el día sin probar bocado y apenas había descansado unos minutos, pero no por ello desistió.
Apoyándose en el tronco de un árbol cercano fue repasando en su mente los posibles lugares que debía rastrear a continuación. Ni siquiera la noche la detuvo en su determinación, pues sabía que una noche más en el Bosque Prohibido sería la muerte del individuo, eso claro estaba, si seguía con vida.
No obstante había otra razón de peso para no detenerse y es que la metamorfomaga se sentía desfallecer de frustración solo con pensar que tendría que volver a ver a un Remus abatido por la incertidumbre de saberse o no asesino.
Con una última mirada dirigida hacia las titilantes luces de Hogsmeade, Tonks se internó en la profundidad del bosque. Sabía que era una insensatez, pero algo en su interior le decía que debía seguir adelante sin importar las consecuencias; la vida de una persona corría peligro, y la metamorfomaga no iba a volver a cometer el error de dejar morir a un inocente nunca más.
El tacto de la varita en su mano derecha la tranquilizaba hasta cierto punto. Nadie sabía con exactitud qué criaturas poblaban aquella espesura arbórea…, y lo más importante, si eran o no pacíficos. La neblina se iba expandiendo entre las raíces de los troncos más ancianos, pero eso no la evitó advertir unos matorrales cubiertos de una capa de líquido rojizo. Al tocar las hojas con la yema de sus dedos pudo comprobar que era una sustancia gelatinosa casi reseca, y sin duda alguna, sangre humana por el olor que despedía.
"Debe de estar cerca de aquí" pensó animada ante su descubrimiento.
Cercano al arbusto había pisadas por todas partes y la huella de una mano en el tronco del árbol. Eso quería decir que el individuo seguía aún con vida cuando fue atacado. Una sonrisa le iluminó el rostro mientras se apresuraba a seguir el rastro cuando unos ruidos a su espalda, hicieron que le desapareciera del rostro al instante…
Se había imaginado miles de posibilidades a la hora de girar la cabeza y toparse con los seres que había importunado con su presencia. Centauros, acromántulas…, mortífagos, pero nunca esos animales cuadrúpedos comúnmente conocidos como lobos.
Tonks los inspeccionó a fondo mientras se cerraban en círculo entorno a ella. Sostenía la varita ante ellos y estos la miraban con curiosidad, pero no con actitud hostil ya que ni siquiera enseñaron sus colmillos contra ella.
Remus le había dicho que los lobos rara vez atacaban a las personas, sin embargo y aunque eso fuera cierto, a la joven no le parecían ni por asomo lobos normales y corrientes. Tenían un tamaño superior al lobo común, con un hocico y cola más pequeños de lo normales y unos ojos expresivos que no dejaban de mirar los suyos ni por un instante. A nadie se le escaparía decir que esos seres no tenían inteligencia, de hecho, parecían más humanos que animales.
Ante ese pensamiento la metamorfomaga se atrevió a utilizar la única baza que le quedaba…
-Mi nombre es Nymphadora…, aunque todos me llaman Tonks- se presentó ante ellos intentando ocultar el nerviosismo de su voz-. Han atacado a alguien en el bosque-. Los lobos se miraron unos a otros ante sus palabras como si su mente estuviera conectada. Sorprendida, la joven continuó-: Por favor, necesito vuestra ayuda.
No quería ni imaginarse lo que pensarían sus compañeros de oficina si la vieran hablando a los animales en esos términos, pero eso era algo que no le importaba con tal de que surtiera efecto.
Aún estuvieron un buen rato observándose sin atreverse a marcharse o atacarla, hasta que el mayor de ellos; un anciano lobo gris con el lomo blanco se acercó a ella. Tenía los ojos de diferentes colores, uno verde y otro amarillo. Se sentó sobre sus cuartos traseros delante de ella.
Tonks no tenía ni idea de cómo tratar a los lobos ni el ritual a seguir, pero se arriesgo a arrodillarse ante él poniéndose a su misma altura. Los latidos de su corazón se incrementaron a un ritmo vertiginoso mientras el animal comenzó a olfatearle por todas partes. Sentía su aliento cálido en el rostro, y entonces sin previo aviso, el lobo le tocó con su pata en el hombro derecho. Después lanzó un aullido y el resto de su manada empezó a correr bosque adentro.
La joven aún se sentía desconcertada, cuando el gran lobo gris se volvió hacia ella y le mordió el bajo del abrigo instándola a que los siguiera. No tenía ni un minuto más que perder. Tonks se levantó y fue corriendo en pos de los lobos.
Corrió tras ellos intentando no caerse en la oscuridad ya que temía que no los volviera a encontrar si lo hacía.
-¡No tan deprisa…!- exclamó intentando que la oyeran.
"Jamás volveré a aparecerme. A partir de ahora iré andando a todas partes y me mantendré en forma".
Los lobos parecieron oírla, y más increíble aún, comprenderla porque inmediatamente después aminoraron la marcha. Unos segundos después se encontraron en un claro con una pequeña charca y junto a ella un hombre ensangrentado.
Tonks se abalanzó rauda sobre el cuerpo del yacente para comprobarle el pulso ante la mirada lobuna de sus compañeros.
-… He llegado demasiado tarde- susurró profundamente apenada mirando el rostro desgarrado del desconocido-. Está muerto.
Ellos también parecían compartir su dolor. Tonks no paraba de imaginar las funestas consecuencias que acarrearían en la conciencia del licántropo aquel horrible acontecimiento. Ella sabía que Remus era inocente; no era él quien le había matado, sino el monstruo que Snape había permitido liberar por su absurda venganza escolar.
Mientras pensaba en eso, su mano tanteó los bolsillos de la victima intentando encontrar algo de relevancia. Finalmente, consiguió extraer un pasaporte. El individuo era muggle y se llamaba Timothy Spaills.
"¿Qué diablos hacía un muggle en el Bosque Prohibido bajo la luna llena?"
Había resuelto un enigma, pero ante ella se planteaba uno nuevo y más difícil de resolver.
Antes de que pudiera pensar en el nuevo paso a seguir sus nuevos amigos cuadrúpedos olisquearon el aire enrarecido de pronto del bosque mostrando sus colmillos y erizándoseles el pelo del lomo. La joven se levantó lentamente mirando a todas partes con la varita en alto.
Apenas le dio tiempo a reaccionar…
De entre los árboles surgieron miles de rayos de luz mágica que petrificaron al instante a los lobos salvo a ella.
Eran seis personas las que se aproximaron al claro. La luna en su estado decreciente iluminó sus rostro haciéndoles reconocibles en la oscuridad por lo que Tonks pudo comprobar que sus asaltantes no eran del todo desconocidos para ella…
- ¿Qué les habéis hecho?- preguntó enfurecida mientras les observaba acercarse cada vez más.
-Tranquila, ellos volverán a corretear libremente por el bosque en menos de unas horas. Todo lo contrario que tú.
El individuo que había hablado debía tener unos 30 años aproximadamente, de rostro afilado, pelo castaño y sonrisa cruel. Al lado una mujer de pelo rizado y rubio, enmarañado cual melena leonina con hojas del bosque y demás maleza, le sonrió con complicidad.
-Nosotros jamás lastimaríamos a nuestros hermanos; en cambio a los humanos…- dijo siguiéndole el juego con sorna y señalando el cadáver del muggle-. Bueno, eso es otro asunto.
Tonks miraba a cada uno de ellos sopesando las probabilidades que tenía de salir viva de allí. No eran muchas, pero la metamorfomaga no iba a vender su pellejo barato. Todos la apuntaban con su varita, menos uno de ellos que había permanecido a la sombra hasta ese preciso instante; cuando lo hizo, la metamorfomaga no pudo por menos que sentir odio hacia él.
-Eres tú.
De repente, supo a quién quería atacar primero.
-¿Nos conocemos, my lady?- preguntó fingiendo sorpresa. Sus dientes eran amarillos tras su sonrisa, y sus ojos eran horribles pozos negros. Era más animal que hombre, puesto que era el licántropo que más había matado desde tiempos antiguos.
Fenrir Greyback estaba ahora frente a ella al igual que todos sus secuaces. Solo tenía que enseñarles la marca oscura para que se hicieran a un lado temblando de terror. No obstante, eso era algo que no la identificaba. Quería acabar con ellos siendo ella misma, y no una mortífaga.
Rápidamente aturdió al primer hombre lobo que se había dirigido a ella. Todos pensaron que atacaría primero a Greyback y se sintieron desconcertados; algo que la joven aprovecho para lanzarle arena a los ojos con el pie al más cercano. Consiguió cegarle momentáneamente mientras se agachaba y hacia que dos hechizos rebotaran sobre su cabeza impactando en dos de sus oponentes. Aún quedaban tres. No estaba en una buena posición, pero no por ello dejó de intentarlo.
Dirigiendo un último hechizo con todas sus fuerzas a Greyback que a duras penas logró esquivar; la mujer lobo consiguió reducirla y más tarde el sujeto que aún permanecía en pie la derribó finalmente con su varita.
No sintió ningún tipo de dolor al caer su cuerpo sobre el suelo, ni ningún pensamiento cruzó su mente. La muerte debía ser eso; un silencio prolongado a lo largo del tiempo.
N/A: ¡Hola a todos/as! Espero que les haya gustado el capítulo; ahora llega la marcha. Como habréis podido comprobar he utilizado información de Pottermore en lo relativo a los "licántropos" del Bosque Prohibido. Nos leemos pronto.
Un saludo:
Sisa Lupin
