Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-Epílogo-

6 meses después

Sonreí todavía medio atontada después de haberme despertado de mi apacible siesta. La hamaca que habíamos comprado semanas antes era la cama más cómoda que había probado nunca. Sin embargo, Jasper no había opinado lo mismo después de haberla probado, por lo que decidí apropiarme de ella. Fue una de mis mejores elecciones, sin duda.

Solía pasarme la gran mayoría de las tardes ahí, en la terraza de nuestra nueva casa en Florida, aprovechando el sol estival que no tardaría en desaparecer para dar paso al frío del otoño.

Seis meses antes no había imaginado que mi vida pudiese cambiar tanto y en tan poco tiempo, pero después de lo que ocurrió con Kate, todo lo que pasó a continuación sucedió demasiado rápido:

El entierro de Kate se celebró una semana después de que descubrieran que el asesino había sido Ben, y tanto Jasper como yo decidimos asistir para decirle el último adiós. Interiormente, sabíamos que aquello no era lo correcto, pero nadie más aparte de nosotros dos era consciente de que habíamos planeado una estafa contra ella, así que no quisimos que nadie sospechara en el caso de que no fuéramos a la ceremonia. Lo lógico era que la pareja de Kate asistiera, después de todo.

Al funeral no fue demasiada gente, aparte de nosotros. Sólo reconocí a Madeleine y a un par de amigas más de Kate que nunca me habían gustado. También había algún primo lejano de mi antigua jefa, pero no estaba muy interesada en conocer a los familiares de la fallecida justo en aquel momento.

El día que Jasper fue a hablar con el abogado de Kate no dejé de dar vueltas por el piso, con los nervios de punta. Sabía que la herencia ya era propiedad de Jasper, pero temía que alguien descubriera algo que nos delatara, y que al final nosotros también acabásemos en la cárcel. Era un padecimiento estúpido, lo sabía, pero no podía evitarlo. No volvería a estar tranquila hasta que estuviera segura de que nada nos delataba, de que nadie sabía nada sobre nuestro plan y que por supuesto, de que no íbamos a ser acusados.

En cuanto Jasper llegó al piso un par de horas después, cansado e intranquilo, lo abordé con preguntas histéricas:

-¿Cómo ha ido? ¿Qué te han preguntado? ¿Qué has contestado? ¿Ha salido todo bien? –pregunté, haciendo aspavientos con las manos. Quisiera o no, no hubiera podido detener el torrente de palabras que brotaron de mi garganta como si del agua de una fuente se tratara. Estaba ansiosa por saber el resultado de aquella reunión.

-Tranquila, Alice –me pidió suspirando, cogiéndome de las muñecas para apaciguarme. –Todo ha salido bien –se limitó a contestarme, quitándose la chaqueta y dejándola sobre el sofá.

-¿Ya está? –pregunté, atónita ante su brevedad, siguiéndolo con la mirada.

-Sí.

Carraspeé, totalmente incómoda con aquella situación tan poco común.

-¿Y la herencia? –me decidí a preguntarle, sentándome a su lado en el sofá, un par de segundos después de que lo hiciera él.

-Es nuestra –murmuró jugueteando con los botones de su camisa, como si no estuviese del todo satisfecho con lo que había ocurrido.

-Entonces, ¿por qué estás así?

Tardó en contestar, como si estuviese buscando las palabras adecuadas para hacerlo.

-No sé si lo que hemos hecho está bien –admitió pesaroso, sin atreverse a mirarme.

-No está bien, pero tampoco mal –le contesté, acariciando su mano con la mía, al mismo tiempo que lo obligaba a mirarme. –Pero no quiero que te sientas mal.

-No me siento mal. Sólo…tengo remordimientos.

-Ahora ya es tarde para eso –musité, acariciándole la mejilla mientras colocaba mi cabeza sobre su hombro, queriendo consolarlo.

-Tal vez…podríamos hacer algo bueno con el dinero –lo escuché farfullar mucho rato después, así que levanté la cabeza para observarlo.

-¿Una obra de caridad? –pregunté, sin estar segura de haber comprendido a la primera lo que había querido decir.

Jasper asintió, algo más animado que antes, después de haber entendido que tal vez, parte de ese dinero que no merecíamos podría ser utilizado para ayudar a otras personas.

-Me encantaría –lo apoyé con una sonrisa, feliz de haber encontrado una buena inversión en la que emplear el dinero.

Y así lo hicimos. Donamos una buena parte de toda la fortuna de Kate a diferentes orfanatos del estado, y también a algunas ONG que se ocupaban de los niños enfermos del país, cosa que resultó extremadamente gratificante y estimulante. No obstante, tanto Jasper como yo decidimos mantenernos en el anonimato. Sabíamos que revelar nuestra identidad nos causaría más problemas que beneficios.

Un par de meses después, acordamos irnos a vivir juntos. Al final llevaríamos a cabo el propósito que habíamos pactado al principio de nuestro plan: nos marcharíamos de Forks.

Tardamos unas cuantas semanas en decidirnos por un destino concreto, ya que lo único que yo quería era que hiciese sol y buen tiempo. Sólo eso. Jasper quería ir a California, pero me pareció un lugar demasiado turístico y muy, muy visto, así que después de algunas discusiones y de muchos berrinches por mi parte, acordamos mudarnos a Florida.

Nuestra acelerada elección pilló a todos nuestros amigos por sorpresa, ya que no se mostraron nada discretos con su desconcierto en cuanto les dimos la noticia:

-¿A Florida? –preguntó Emmett abriendo los ojos como platos cuando les explicamos nuestros planes de futuro. No fue el único, obviamente. Las tres personas restantes que ocupaban la mesa estaban igual que él.

-Sí –contesté yo algo nerviosa. Ellos no sabían que teníamos una cantidad considerable de dinero en el banco, así que seguramente no comprenderían nada de lo que estábamos a punto de decirles.

-¿Y a qué viene esto ahora? –cuestionó Rosalie, parpadeando seguidamente.

-Queremos marcharnos de Forks –explicó Jasper tranquilamente. Admiré su calma, a pesar de que estaba casi segura de que era fingida.

-¿Por qué? –volvió a preguntar su hermana.

-Porque estamos hartos de este pueblo.

-¿Y por qué a Florida? –cuestionó ésta vez Edward, mostrándose algo más comprensivo que los demás. – ¿Por qué no a Seattle? ¿O a algún otro lugar que esté más cerca de Forks?

Ambos nos encogimos de hombros, sin querer entrar en detalles. No pretendíamos que nos hicieran ninguna pregunta que nos fuese difícil de explicar.

-No sé. Queremos un cambio –murmuré yo, lentamente. –Florida parece un buen lugar para empezar desde cero.

Supe que había tenido éxito con mi explicación cuando todos nuestros amigos asintieron, como si comprendieran que después de lo que había ocurrido con Kate, quisiera marcharme para no volver jamás. Me alegré por ello.

-Pues en ese caso…creo que sólo hace falta que os desee mucha suerte –nos animó Emmett con su típica sonrisa de felicidad. –Pero eso sí, tenéis que invitarnos cada verano a vuestra nueva casa –nos pidió vanidosamente, y lo único que pude hacer fue negar con la cabeza sin poder dejar de reír. Lo que mejor se le daba a ese hombre era gorronear.

Rosalie tardó más en comprenderlo que los demás, aunque era lógico: su hermano y una de sus mejores amigas se marchaban a la otra punta del país de repente, en un visto y no visto. Era normal que se sintiera algo confusa al principio, aunque al final, fue la primera que nos ayudó con la mudanza. Incluso se atrevió a amenazarnos de muerte si osábamos casarnos en Las Vegas sin avisar a nadie. De eso no tenía porqué preocuparse. Yo jamás me casaría de esa forma.

-¿Qué haces? –la voz de Jasper me sacó de mi ensoñación, y di un respingo sobre la hamaca en la que me había quedado sentada antes de que los recuerdos llenaran mi mente.

-Sólo pensaba –le contesté distraídamente, haciendo círculos con mi pie descalzo sobre la madera del porche.

-¿En qué? –Jasper se sentó a mi lado, provocando que la hamaca se moviera bruscamente, por lo que tuve que agarrarme para no caerme hacia atrás.

-En realidad, estaba recordando los últimos meses –respondí entre risas causadas por el meneíto.

-¿Las cosas buenas o las malas? –preguntó, rodeándome con uno de sus brazos, acto que aproveché para arrimarme a él hasta que estuvimos pegados.

-Un poco de todo.

-Prefiero que recuerdes las buenas.

Sonreí y asentí con la cabeza, sabiendo que aunque lo intentara, jamás podría olvidar lo que sucedió con Ben, con Kate y con todo lo demás.

-¿Sabes? –preguntó Jasper jugando con uno de los mechones de mi cabello. –Acabo de hablar con mi hermana, y me ha informado de que la semana que viene vendrán todos.

-¿Ah sí? –volví a sonreír ampliamente al darme cuenta de que Emmett había conseguido lo que se había propuesto. Al final vendría a pasar unos días con nosotros en verano. – ¿Les has invitado?

-No, yo no. Se han invitado ellos, que es diferente –aclaró Jasper haciéndose el ofendido, aunque yo sabía que estaba tan encantado de volver a ver a nuestros amigos como lo estaba yo. Seis meses era mucho tiempo, y a pesar de que nos manteníamos en contacto a través del teléfono y de Internet, no era lo mismo verlos en persona que a través de una pantalla.

-¿Acaso eso te sorprende? –pregunté con una risita, empujando a Jasper para que se tumbara en la hamaca. Cuando logré que lo hiciera, me coloqué a su lado, intentando no moverme mucho para que no cayésemos al suelo.

-No, claro que no. Si proviene de Emmett o de mi hermana, es algo normal –me secundó él poniendo mala cara cuando se percató de dónde estaba. –No me gusta estar en la hamaca, hace que me duela todo –se quejó contra mi cabello, ya que había decidido apoyar mi cabeza sobre su pecho.

-¿Y no te gusta estar conmigo? –pregunté con los ojos entrecerrados. El movimiento de la hamaca y la brisa de la tarde me provocaban ganas de dormir.

-Claro que sí, pero no es lo mismo.

-Sí que lo es –lo contradije levantando la cabeza para mirarlo y para enfatizar mis palabras. –A mí me daría igual el lugar en el que estar mientras estuviese contigo.

Jasper sonrió y me dio un toquecito cariñoso en la nariz con uno de sus dedos, cosa que me hizo sonreír a mí también a pesar de que quería mostrarme molesta con él.

-Y a mí también –contestó suspirando. –Y si tengo que quedarme en esta incómoda hamaca durante toda la noche para que te convenzas de ello, lo haré –me aseguró casi teatralmente, y yo rodé los ojos ante su dramatismo.

-No hace falta. Con que te quedes conmigo para siempre, tengo bastante –le aclaré, acercándome lentamente a su boca.

-En ese caso, trato hecho –contestó cuando estuve a un centímetro de sus labios, capturando los míos una vez terminó de hablar.

Me había percatado hacía poco de que me encantaba hacer tratos con él…

Fin


Pues nada, hemos llegado al final de esta historia que espero que os haya gustado mucho. Como suelo decir siempre que acabo un fic, os agradezco enormemente el apoyo, los reviews y las alertas que me dejáis, y ya sabéis que os dedico la historia a cada una de vosotras por estar siempre ahí^^ ¡Sois las mejores!

Y tal y como dije hace algunos días, estoy a punto de terminar de escribir una nueva historia y también estoy trabajando en un one-shot, así que no os vais a librar de mí tan fácilmente P Sólo necesito un poco más de tiempo y por aquí me tendréis otra vez.

¡Hasta pronto! :)

XOXO

PD: Hace unos días entré a formar parte de la comunidad del Twitter xD Así que si alguien quiere seguirme o algo, dejaré mi dirección en mi perfil ;)