29. ¡No puedo vivir sin ti!
Ron caminaba despacio junto al doctor, que lo miraba de vez en cuando, con una incipiente curiosidad por saber cual era el tipo de relación que lo unía a su paciente. Sin embargo no encontraba la forma de preguntárselo sin que pareciera descortés y entrometido.
- El Señor Granger debe apreciarlo mucho para cederle el honor de ser el primero en visitar a Hermione.
Ron siguió caminando sin mirar a Tom, este notó la falta de ganas de hablar del muchacho, pero su curiosidad era demasiada y volvió de nuevo a la carga.
- Sin duda debe ser usted muy importante para la familia Granger.
- No, no lo soy, al menos para el padre de Hermione – dijo Ron al fin rompiendo su silencio.
Tom Riddle se quedó consternado por la respuesta del pelirrojo.
- Entonces no entiendo nada.
- Es una larga historia y no es muy agradable de contar, solo debe saber que la chica que intenta desesperadamente sobrevivir en esa habitación, es la persona que mas amo en este mundo, y si ella no logra superar esto, yo tampoco podré hacerlo.
El doctor se detuvo y observó al muchacho, era muy joven para hablar de esa forma, comprendió entonces que no debía indagar más, y continúo caminando a su lado sin hablar.
Antes de entrar en la habitación de Hermione, Ron tuvo que pasar por una sala de esterilización. Le hicieron colocarse una bata, un gorro y unas fundas protectoras para los pies de color azul. El doctor le entregó una mascarilla y unos guantes, una enfermera que llevaba su mismo atuendo, la invitó a seguirla.
- Ella te llevará junto a Hermione – dijo el doctor señalando a su enfermera.
Ron asintió y mirando a los ojos a Tom le preguntó.
- Si le hablo… ¿Me escuchará?
- No lo se… pero tú hazlo… a veces oyen, y si no es así, al menos no habrás guardado nada en tu corazón, que no desees confesarle – respondió Tom con dulzura.
Ron le sonrió, pero el cirujano no pudo notarlo porque el pelirrojo ya llevaba puesta la mascarilla. La enfermera le hizo un gesto con la mano y Ron la siguió temblando por la incertidumbre de ver el estado en se que iba a encontrar a Hermione.
No tardaron mucho en llegar a la habitación porque solo se distanciaba unos pocos metros, la enfermera puso una mano en el pomo y abrió la puerta, pero no entró.
- Yo me quedo aquí, no puedes estar mucho tiempo. Vendré a buscarte cuando sea la hora… Pasa, no tengas miedo – dijo al ver la inseguridad del pelirrojo.
Ron entró despacio y la puerta se cerró tras él. La luz era tenue, la habitación amplia y de color crema, Ron tuvo la impresión que si no fuese por aquel inconfundible olor a antisépticos y por el sonido de las máquinas, parecería la suite de algún lujoso hotel. Recordó cuando Julie lo trajo malherido allí mismo. Sus ojos recorrieron la habitación y se posaron en la cama donde Hermione tenía su involuntario sueño. Se acercó lentamente, porque unas finas cortinas le impedían ver bien a la muchacha, se hizo paso a través de ellas y ahí estaba, dormida y… Hermosa. Incluso en aquella horrible situación Hermione no dejaba de estar bella. El corazón de Ron comenzó a latirle más acompasadamente por el alivio que sintió al contemplarla.
Hermione tenía los ojos cerrados, y un rubor en sus mejillas que le daban calidez a su rostro. Ron pensó que le color se debía, con toda seguridad, a la sangre de Draco y suspiró mas animado. Un fino tubo de respiración salía por su pequeña nariz y las enfermeras habían abierto una vía en el dorso de su mano, para poder administrarle suero y sangre. Ron la miró de nuevo, se veía bien… mejor de lo que él había podido imaginar. Una venda de color rosada envolvía parte de su cabeza, pero los tirabuzones de su hermosa cabellera aun caían por sus hombros desnudos. Y Ron la seguía viendo bella, dormida apaciblemente como la princesa de aquel cuento, que todas las madres han narrado alguna vez a sus hijas. Y sonrió lleno de satisfacción.
Se acercó un poco más y despojándose de uno de sus guantes, le tomó la mano que le quedaba libre de cables. Sabía que no debía hacerlo pero quería sentirla. La mano de Hermione era calida y su piel suave como él la recordaba. Con la otra mano se acercó una silla y se sentó, sin soltar a su novia. Siguió contemplándola en silencio, si no fuese porque aquella fatídica noche notó la mano de Hermione resbalar de la suya y la vio caer al vacío, nadie diría que la joven, se estaba debatiendo en ese momento entre la vida y la muerte.
La máquina que registraba los débiles latidos del corazón de Hermione, no dejaba de sonar acompañando la suave respiración de la muchacha, su pulso era lento pero constante. Ron se acercó lentamente a los labios de Hermione y los besó sin quitarse la mascarilla, cuando se separó de ella, creyó ver que le sonreía, pero supo que solo había sido una mala jugada de su imaginación.
- Hermione… - susurró - ¿Me oyes?... Soy yo… Ron…
La muchacha no se inmutó, pero el pelirrojo recordó las palabras del doctor Riddle y continuó hablando sin estar seguro que ella lo pudiese escuchar.
- No imaginas cuanto me duele verte así, si supieras cuanta gente te quiere… están todos allí fuera pendientes de ti. Harry y Ginny… la pelirroja esta muy triste por todo lo que ha sucedido, Luna y Neville siempre tan leales. Luna quiso darte su sangre pero no valió, se sintió muy apenada. También estuvieron Fleur y Cedric, pero se han retirado a casa para descansar… Matt y Julie que no me dejan solo ni un solo instante y… Lavender que aun me parece mentira que nos este apoyando. Pero lo que más me cuesta creer, es que por tus venas corra ahora sangre Malfoy… ¿Quién nos iba a decir que Draco seria tan importante en nuestras vidas? Si pudieses ver lo cambiado que está… pero sus padres siguen siendo los mismos energúmenos de siempre – Ron hablaba en realidad sin saber que decir, pero volvía palabras sus propios pensamientos – Y hay alguien mas… alguien que ha sacrificado poder verte para que pudiese hacerlo yo… Tu padre está en la sala y se ve muy afectado Hermione, aunque no lo creas le importas mucho y se ha dado cuenta de su terrible error y de cuanto te quiere, en la sala de un hospital…
Hermione seguía impasible pero sus mejillas parecían aumentar la intensidad del color. Ron deseaba descargar la culpa que creía tener en todo lo que había sucedido y que se amontonaba en su corazón, así que sin dudarlo mas, comenzó a hablarle de nuevo.
- Es un problema que siempre he sufrido, quizás por algún trauma de mi niñez, pero no puedo evitar que en situaciones que me causan nervios o tensión, me suden las manos. Hermione… por mi culpa estas en este estado, no pude sujetarte… Debería ser yo quien ocupase esta cama y no tú. Durante estas horas en el hospital he pensado que quizás hubiese sido mejor para ti que yo jamás hubiese aparecido en tu vida… Te he ocasionado muchos problemas, mi amor… Pero no pude, no quise evitar enamorarme de ti, dime quien no te amaría si eres un ángel… Hemos vivido muchas cosas juntos en el poco tiempo que nos conocemos, y algunas de ella buenas, buenísimas… - sonrió al recordar la noche de la cabaña – Pero también terribles y esto es lo peor que nos ha tocado vivir… Si superamos esto lo habremos superado todo en la vida Hermione… Todo…
Ron no pudo más y se derrumbó hundiendo la cabeza entre las sabanas, llorando amargamente y sus lágrimas bañaban la mano inerte de Hermione.
Julie llevaba largo rato observando al Señor Granger, el gesto que había tenido con Ron le había llegado al corazón y verlo allí solo tan triste, le hacia sentirse tremendamente injusta. Se levantó de su sillón y caminó hacia él mientras Matthew la observaba sabiendo de sobra que Julie había tardado demasiado en hacer lo que estaba pensando.
- Señor Granger… Paul… - dijo muy bajito para no asustarlo.
El padre de Hermione levantó el rostro hacia Julie sorprendido.
- Estaba ahí sentada y tuve la necesidad de tomar un té, entonces pensé que quizás te gustaría acompañarme.
- Con mucho gusto Lady Dashwood – contestó él aliviado de poder comunicarse con alguien.
Julie le guiñó con complicidad un ojo a Matthew que seguía mirándola y salió de la sala acompañada por el Señor Granger hacia la cafetería del hospital. Durante el trayecto ninguno de los dos abrió la boca, el padre de Hermione como buen caballero pidió el té y no dejó que la joven abonara el importe. Luego se sentó junto a la madrina de Ron que ya ocupaba una mesa y comenzó a dar pequeños sorbos de su cálida y reconfortante bebida.
- Se que debes pensar lo peor de mi y no la culpo – dijo después de un rato.
- Nos conocemos desde hace algún tiempo Paul, y no voy a negarte que estoy muy sorprendida con tu actitud. Se que las cosas no han sido fáciles para ti desde que falleció Jane, pero eso justifica lo que has hecho con Hermione… Por el amor de Dios Paul… era tu hija…
- No hables de ella en pasado – dijo mirándola fijamente – no esta muerta.
Julie cayó en la cuenta de su error, la forma verbal usada no había sido la apropiada para ese momento.
- Discúlpame – dijo apenada – no quise dar a entender nada de eso.
- No… Perdóname tú a mí… estoy nervioso y la sola idea de perderla hace que me vuelva loco.
Julie lo miró compasiva, ella no era madre, la vida no la había premiado aun con semejante dicha, pero con Ron había experimentado algo parecido a lo que se debe sentir tener un hijo. Ella daría su vida por el pelirrojo y si algo le llegase a suceder estaba segura que no podría llegar a superarlo nunca. Por esa razón entendía perfectamente el sufrimiento de Paul Granger. Si ella era capaz de amar a Ron así sin ser de su sangre, que no haría ese hombre por Hermione que si lo era.
- Mi gran error fue no escuchar a mi hija… - Paul continuó desahogándose – Matthew tenia razón cuando me reprochó todas esas cosas esta mañana. Siempre intenté convencerme para acallar mi conciencia, que lo que Hermione sentía por Ron era simplemente un capricho de adolescentes sin importancia. Pero me he dado cuenta que lo que une a estos dos muchachos es mas fuerte de lo que creía y me asombro al ver como dos personas tan jóvenes son capaces de sentir un amor tan profundo el uno por el otro – el Señor Granger miró fijamente a Julie para darle a entender que le estaba siendo totalmente sincero – Tengo que confesarte que me di cuenta de todo esto el día en que fui a buscar a mi hija a tu casa… cuando vi a Ron arrodillado en su regazo llorando como un bebé. Me enterneció, pero fue mas fuerte mi ambición y mi temor a los Malfoy.
- Ya no debes culparte mas, los errores tarde o temprano nos pasan facturas, es nuestra responsabilidad. Ahora debemos confiar que el gesto altruista de Draco sirva para redimiros a ambos y salve a Hermione – Julie hablaba dulcemente tratando de consolar a aquel hombre tan afligido.
- Ojala, si es cierto que existe un Dios allí arriba, te esté escuchando Julie, porque no hay nada que desee mas en este mundo ver a mi hija recuperada. Y si es así, si se produce el milagro prometo… Juro y tú estás de testigo para certificarlo, que jamás volveré a intentar dirigir la vida de Hermione y la dejaré ser feliz con quien desee.
El hombre comenzó a llorar desconsoladamente y Julie se acercó más a él abrazándolo. Ella tenía la certeza de que Hermione saldría pronto de aquel horrible sueño y volvería a ser feliz ahora que todo parecía solucionarse.
Ron levantó la cabeza para volver a contemplar a su novia, el rostro aun compungido se hallaba húmedo por las lágrimas. La máquina seguía contando incansablemente los latidos de Hermione. El pelirrojo sabia que ya no le quedaba mucho mas tiempo para disfrutar de ella, la enfermera no tardaría en llegar y por esa razón no podía dejar de mirarla, intentado memorizar cada poro, cada peca del rostro de Hermione en su retina.
- La próxima vez que nos veamos, quiero volver a disfrutar del color de tus ojos Hermione y eso significará que habrás despertado… Quiero que me mires como siempre… Quiero verlos brillar cuando eres feliz y como los entrecierras si estas enfadada, como aquella vez cuando Umbrige nos castigó y Lavender aprovechó para besarme… Estabas tan hermosa así enojada, ese día fue cuando me enamore perdidamente de ti y supe que tarde o temprano serias mía.
Se oyeron pasos fuera de la habitación, Ron supo que era la enfermera que venia para alejarlo de Hermione, se aferró a la mano de la muchacha con desesperación.
- No quiero irme, quiero estar cerca de ti… Hermione si te vas… si me dejas ¿Qué va a ser de mi?... No me dejes sin ti, llévame contigo…
Y diciendo esto se acercó a la muchacha y quitándose la mascarilla que cubría su boca, la besó en los labios suavemente y con ternura, como si ese fuera la última vez que lo hiciese y las lágrimas rodaron por sus mejillas inundando los ojos de Hermione.
De pronto la máquina empezó a dar fuertes pitidos, estos se hacían cada vez mas intensos y rápidos y se volvió loca. Ron se separó de Hermione aterrado y corrió hacia la puerta para avisar a la enfermera. Luego volvió al lado de su novia y le agarró con fuerza la mano.
- ¡Hermione no me dejes! ¡Por favor! – gritaba desesperado.
La enfermera entró acompañada de otro hombre que sujeto rápidamente al muchacho, separándolo con dificultad de Hermione.
- Hay que avisar al doctor – dijo ella y salió disparada de la habitación.
- ¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué le ocurre a Hermione?! – Ron seguía gritando intentando llegar de nuevo junto a la cama, pero los fuertes brazos del celador se lo impedían - ¡Suélteme Maldita sea! ¡Quiero estar con ella!
- Tranquilízate muchacho, solo interferirías… No puedo hacer nada hasta que llegue el doctor.
La maquina insistía con sus pitidos ensordecedores y Ron intentaba desesperadamente una vez mas, liberarse de aquel hombre.
- ¡Hermione! – grito con todas sus fuerzas - ¡Despierta!... ¡Despierta!
Tom Riddle apareció precipitadamente y comenzó a mover cables, a tocar los botones de la máquina, tomó el pulso a la muchacha e hizo que la enfermera preparara de inmediato una jeringuilla. Ron lanzó un grito desgarrador y dijo.
- ¡Hermione no me dejes!... ¡No puedo vivir sin ti!
El silencio se hizo de repente dueño de la estancia, ya no se oían los insufribles pitidos de la máquina. Tom y la enfermera se miraban sin decir nada y Ron los observaba sin saber que había pasado realmente. Esperaban algo pero… ¿Qué? Ron quería gritar, deseaba correr junto a Hermione… ¿Por qué había dejado de sonar la máquina?... Acaso Hermione había… No, no quería pensar eso… Ella no podía haberlo dejado para siempre… Si alguien no le contaba lo que estaba ocurriendo se volvería loco…
'Pi… Pi… Pi…'
¿Qué era eso que sonaba…? La máquina comenzaba a emitir pitidos de nuevo, los latidos de Hermione ya no eran tan lentos y el sonido llevaba un ritmo acompasado. Ron la miró esperanzado e intentado comunicarse con ella gritaba desde su interior… '¡Despierta!... ¡Despierta y mírame! Los globos oculares de Hermione comenzaron a moverse bajo sus parpados y estos se abrieron lentamente. Todos pudieron contemplar entonces el hermoso color miel de sus ojos. Ron quedó paralizado y el doctor Riddle volvió a tomar el pulso a la muchacha. Hermione lo veía todo borroso, figuras sin rostro… Le dolía todo el cuerpo y la cabeza le iba a estallar… 'Estoy ¿Muerta?' pensó… '¿Dónde esta Ron…?
- ¡Ron! – gritó inconscientemente.
El pelirrojo se liberó con un brusco movimiento del desprevenido celador y corrió junto a la muchacha.
- Estoy aquí, estoy contigo… - dijo sonriendo pero nervioso.
- No consigo verte bien… ¡¿Qué me está pasando?! – gritó desesperada.
- No debes preocuparte, lo que te ocurre es normal. Pasará en unos minutos… Hermione has vuelto a la vida, eres una jovencita muy fuerte – dijo el doctor con calma – Su vida ya no corre peligro.
Esta última frase la pronunció dirigiéndose a Ron, que le sonrió con lágrimas en los ojos.
- Oíste Hermione, ya estas bien… Ahora te recuperarás y volveremos juntos a casa.
La joven intentó sonreír a la figura borrosa de Ron pero estaba demasiado dolorida. El doctor ordenó que le retirasen las unidades de sangre y que le aumentaran la dosis de calmantes, ahora que estaba despierta era más consciente del dolor.
- Ron tienes que salir ya, Hermione debe descansar. Y ahora que esta fuera de peligro, tú deberías hacer lo mismo, sino me veré obligado a tomar medidas drásticas y prohibirte volver a visitarla – dijo Tom moviendo el dedo hacia el pelirrojo.
Ron asintió, pero le rogó que dejara que se quedase solo cinco minutos más con ella a solas. El doctor aceptó a regañadientes y salió junto a la enfermera y el celador de la habitación.
Ron se aproximó mas a Hermione, mirándola sin poder creer que ya estaba consciente.
- ¿Me ves mejor así?, sabes que no me importa acercarme mas a ti.
Hermione sonrió, Ron hacia que casi no se acordase de sus dolores.
- Tengo tu imagen gravada en mis retinas Ron, te vería incluso en la mas absoluta oscuridad – contestó ella dulcemente.
Hermione sintió la necesidad de pestañear y todo se volvió un poco mas claro, ya comenzaba a distinguir el azul de los ojos de Ron.
- Tuve mucho miedo – dijo él – pensé que te perdía para siempre… Hermione te dije una vez que te seguiría al fin del mundo. Si no hubieses podido superar esto, me habría ido contigo…
Hermione acercó un dedo a los labios de Ron y lo silenció.
- No digas eso… Ya todo esta bien. Las cosas suceden por algo mi amor, y casi siempre es por algo bueno.
Ron suspiró de felicidad, era ella… Había vuelto… Y estaba junto a él. Besó con ternura el dedo de Hermione posado aun en sus labios.
- Voy a hacer lo que le prometí al doctor, iré a casa a descansar… Pero vuelvo pronto, no se te ocurra moverte de aquí…
Hermione rió con dificultad ante la ocurrencia de su novio y el dolor se volvió más agudo. La enfermera entró de nuevo en la habitación, pero esta vez lo hizo sola.
- Señor Weasley, debe abandonar la habitación – dijo amablemente.
Ron la miró y asintió, luego se giró hacia Hermione y la besó con suavidad. La joven cerró los ojos pensando, que si hubiese muerto esa seria la única sensación que habría echado de menos… Los cálidos labios de Ron.
El pelirrojo se levantó y se dirigió, acompañado de la emocionada enfermera hacia la puerta. Hermione ya lo distinguía con claridad y pensó que nunca lo había visto tan guapo.
- Ron…
- ¿Qué? – contesto él girándose para mirarla.
- Yo tampoco puedo vivir sin ti.
Nota del autor: Bueno la paciencia tiene sus frutos y ya hermione esta recuperada... gracias por seguir ahi un beso
